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Full text of "Morfología del Verbo Castellano, ó, explicación del verbo castellano actual ..."

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lORFOLOGti DEL TERBO CASTELLANO 



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MORFOLOGÍA BKL VERBO CASTELLANO 



EXPLICAGIÓN DEL 



flRBO ClSTlLLli ACTOIL 



SEGÚN LOS Plí INCIPIOS 
Y EL MÉTODO DE LA UJÍAÜÁTiCA COMPARADA É HISTÓRICA 



D. BOFINO LANCHETAS 

Cat^trítiíd numeraría d^ kifü y f:a.3UiUaüj 

electo dos vpces por oposición, j iitMdrdUcj audliar, lambíén por oposición, 

dd Iiistitulo de San isidro dn Madrid, 




MADKID 

LIBRERÍA EDITORIAL 

DE BAILLY-BAILLIERE É HIJOS 

Plaza de Santa Ana, número 10. 
1897 



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PROLOGO 



Yo me propongo, de conformidad con el título de esta obrita, explicar en 
ella el verbo castellano, según los procedimientos de la Gramática histórica y 
comparada, contribuyendo de este modo al mismo tiempo, en la medida de 
mis ftierzas, á vulgarizar entre nosotros los principios y el método de la lin- 
güística moderna. Hágolo así por abrigar la profunda convicción de que el 
castellano actual no puede ser explicado satisfactoriamente por los métodos 
y el criterio seguido por la escuela tradicional y empírica. Las lenguas deben 
ser explicadas como ellas son, y para explicar lo que son hay que conocerlaa 
en lo que han sido en los periodos precedentes de su existencia, Cariicter de 
las lenguas es la movilidad, la transformación incesante, aunque lenta y gra- 
dual, de alguno ó algunos de sus elementos materiales ó formales. La trans- 
formación es tanto mayor y más rápida cuanto menores son los obstáculos 
exteriores que se oponen á su espontáneo desarrollo. En la historia de las 
lenguas se observa que los períodos de gran cultura literaria son los que más 
impiden aquel natural desenvolvimiento; ínas en ellos la espontaneidad popu- 
lar, aunque parezca anulada, no llega jamás á extinguirse; ella con tiuuará la- 
tente, pero viva y animada como el fuego bajo la ceniaa. Ejemplo de esto en- 
contramos en nuestra sociedad entre los que se empeñan en pronunciar in- 
tervalo y colega contra las leyes de nuestra acentuación y las Academias que 
sostienen lo contrario; y no reconoce otra causa la tendencia á pronunciar 
tradució jprodució en vez de tradujo y produjo, por la semejanza que en- 
cuentran con el perfecto de Iticir que hace lucia. La tendencia innovadora y 
la tendencia generalizadora son dos fuerzas inherentes á la naturaleza hu- 
mana, las cuales podrán ser cohibidas, pero nunca aniquiladas y extinguidas. 

La lengua castellana no es como el Volapuk ó la Taquigrafía, obra de la 
convención humana, ni tampoco es imposición producida por la conquista; la 
lengua castellana, lo mismo que sus congéneres las demás lenguas neolatinas^ 
es continuadora directa y nunca interrumpida de su progenitora la latina; 
pjero no es de ella una continuación servil, mecánica, rutinaria y estacionada, 
sino una continuación tal cual requieren las condiciones del verdadero pro- 
greso humano. Vase formando éste con el substrátum que las generaciones 
humanas precedentes van legando, y délas innovaciones qne á at^uelloa ele- 
mentos tradicionales conservados van agregando las posteriores y sucesivas; 
de cuya concertada y ordenada ponderación y equilibrio resulta el perfeccio- 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 1 



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j 



II PRÓLOGO 

namiento social^ consistente en la refandición de los elementos conservadores, 
tradicionales, antigaos, con los elementos innovadores de unas y otras gene- 
raciones; en este sentido, la lengua castellana podemos afirmar desde laego 
que está formada según las condiciones j requisitos exigidos por el verdadero 
progreso humano. 

Impuesta en buen hora la lengua latina por los conquistadores y los colo- 
nos romanos, juntamente con otros elementos de su civilización, á los anti- 
guos habitantes de España, difundióse rápidamente por toda la península, sin 
3ue nos conste, antes al contrario, por documentos históricos, que en ninguno 
e los periodos posteriores de la historia hasta nuestros días haya sido ni por 
un solo día interrumpida, haya dejado de hablarse en nuestro suelo. En esta 
continuación no interrumpida es necesario reconocer desde luego la fase con- 
servadora de la lengua latina que dura todavía entre nosotros. Pero desapa- 
recieron los obstáculos gue contenían la espontaneidad popular; rompiéronse 
los diques morales que impedían que aquel majestuoso idioma se alterara sen - 
siblemente; sobrevino, primero con la irrupción de los bárbaros, y más tarde 
con.la de los árabes, un largo período de transformación social, y con él si- 
multáneamente una gran decadencia en la cultura literaria en los pueblos 
que componían el antiguo Imperio romano, y entonces la espontaneidad po- 
pular, libre de trabas exteriores, no teniendo estorbos que vencer por parte de 
las sociedades cultas, comenzó de una manera más ostensible á ejercer su in- 
fluencia modificadora sobre el primero de los vínculos sociales, que era su 
lengua, con lo cual la fase innovadora para la lengua latina comenzó visible- 
mente; innovación que no cesará hasta que por una serie de transformacio- 
nes de índole diferente operada en ella no consiga formar una nueva indivi- 
dualidad glótica distinta de la primera, que será denominada lengua caste- 
llana. De este modo considerada nuestra lengua, puede asegurarse que no es 
más que una nueva fase de la latina. Consecuencia de aquellas alteraciones 
fué el que se olvidara la cantidad silábica, elemento insustituible de la ar- 
monía rítmica en la poesía y freno del acento prosódico latino; el acento, de 
musical q^ue era, se convirtió en enérgico; modificóse profundamente el siste- 
ma fonético; en la derivación se formaron multitud de temas paralelos en 
nombres y verbos; la antigua flexión nominal pospositiva y sintética se cam- 
bió en prepositiva y perifrástica; desapareció la parte sintética de la voz pa- 
siva; la analogía extendió la pasiva perifrástica de los tiempos perfectos á los 
imperfectos, con lo cual se uniformó este aspecto de la flexión verbal; per- 
diéronse algunos tiempos del antiguo sistema de conjugación y se snstituye- 
ron con las nuevas formaciones, resultado del progresivo desenvolvimiento de 
los gérmenes antiguos iniciado ya por los clásicos latinos; el diccionario se 
disminuyó por la pérdida de muchas y muy significativas voces del antiguo 
vocabulario, compensando estas pérdidas, ya con las nuevas derivaciones he- 
chas en la lengua misma y con sus propios elementos, ya con voces introdu- 
cidas de los idiomas extraños; por último, hasta el sistema sintáxico hubo de 
modificarse, si bien en mucho menos grado que el fonético y el morfológico. 
He aquí la parte verdaderamente innovadora que la nneva sociedad fué in- 
troduciendo en la parte conservadora de la lengua latina, transmitida por la 
tradición romana. Hay que hacer constar que por lo que toca á la lengua 
castellana, y á pesar de la libertad absoluta v sin freno con que podía mo- 
verse la espontaneidad popular, aquellos cambios no fueron bruscos, no Ale- 
rón la obra de violentas sacudidas, sino que se verificaron de una manera re- 
posada, tranquila y gradual, como si se tratara del desarrollo de alguna de 



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PRÓLOGO III 

las prodacciones de la naturaleza. En la lengua castellana encontraremos ele- 
mentos materiales j formales que han sufrido cuatro y cinco transformacio* 
nes en el curso de su historia^ y bien á menudo hallaremos también que todos 
«líos nos han dejado vestigios bien marcados que nos acrediten los pasos de 
6u existencia. La lengua castellana se distingue por la moderación, por la so- 
briedad en sus transformaciones. Reposadamente y sin originar conflictos, 
como quien anda explorando nuevas vías, la veremos á veces al parecer que- 
riendo tomar rumbos desorientados y nada concordes con su carácter sono- 
ro, desembarazado y majestuoso, pero pronto también la veremos como arre- 
pentida reobrando para seguir confirmando la marcha que parecia haberse 
trazado. En este desenvolvimiento gradual, reposado y lento, la lengua caste- 
llana se distingue clarisimamente de sus hermanas la provenzal, la francesa y 
k catalana, las cuales, ante la energia de suB acentos, han sacrificado brusca- 
mente porciones enteras de sus propios vocablos. 

Generalmente se cree que nuestra lengua fué obra exclusiva del pueblo, 
que hablaba el latín corrompido, el latín vulgar. Si las lenguas se compusie- 
ran sola y exclusivamente de la parte innovadora, aun asi no podría conce- 
derse en absoluto; mas como las lenguas que proceden por evolución gra- 
dual, espontánea, como la nuestra, no pueden encamar aquellas innovaciones 
sino en alguna materia, que es la parte conservada, en tal sentido, la mejor 
parte es indudable que corresponde á los clásicos. Sobre cuatrocientas cin- 
cuenta raíces monosílabas tiene el diccionario etimológico latino; todas ellas 
se encuentran en los clásicos; de todas ellas hay palabras derivadas, y de al- 
gunas, familias enteras de derivados; pues todas ellas se encuentran en caste- 
llano con sus derivados, y de algunas bien numerosos. Unos sesenta sufijos 
de derivación contiene la misma lengua, de cuya unión con las raices re- 
sulta la prodigiosa riqueza de los diccionarios; todos ellos se encontraban 
en los clásicos latinos y todos ellos conservamos en castellano. Y el sistema 
completo de los pronombres y de las partículas, alma y vida de las lenguas, 
¿era por ventura del latín popular ó pertenecía todo entero á los clásicos? 
Pues todos ellos, ó su mayor parte, los conserva el castellano, incluso los nu- 
merales. Lo mismo acontece con los sufijos temporales personales y forma- 
tivos de los verbos. La misma declinación preposicional estaba ya iniciada 
-pov los clásicos por el uso frecuentísimo que hacía de las preposiciones; la voz 
pasiva perifrástica no tuvo más que extender á doble número de tiempos lo 
ue el latín clásico restringía á la mitad. Perdióse la cantidad silábica, que 
^e lleno pertenecía á los clásicos, pero nos dejaron sus efectos. Examínese con 
imparcialidad nuestra lengua desde lo más elemental de sus sonidos y sus 
letras hasta lo más complicado de sus períodos, y se verá que es incompara- 
blemente más lo que debemos al clasicismo latino que á la aoción popular y 
espontánea de nuestro pueblo. El examen atento nos da por resultado que 
la mayor y mejor parte del diccionario castellano es latino; latinas son las 
raices y los sufijos de derivación, con los cuales se forman familias enteras 
de palabras, y latinos son, en una palabra, todos los elementos formales, y por 
tanto es latina toda su gramática. El diccionario habrá podido enriquecerse 
con palabras de otros idiomas; pero las leyes á que tienen que someterse, si 
han de engendrar nuevos derivados, y en sus relaciones con las demás pala- 
bras, éstas son exclusivamente latinas: en lo material, tienen alguna parte 
otras lenguas; en lo formal, sola y exclusivamente la latina. 

Si el castellano ha recibido del latin tantos elementos, ¿cómo se hallan en 
nuestra lengua estos elementos? ¿Cómo han pasado? De todo el materialgló- 



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IV PRÓLOaO 

tico que nos transmitió la lengua latina, parte hemos conservado fidelísima* 
mente con sus propios sonidos, letras y acentos; v. gr.: tú, nos, me, te, se, 
amas, fueras, debes, cantabas, clames, dando, ibas; no pocos hemos perdido^ 
especialmente verbos primitivos, como frangere, ferré, docere, nocere, conser- 
vando en cambio sus derivados ó compuestos, como refracción, infringir, do^ 
cente^ conferir, nocivo é inocente; innumerables han pasado sufriendo alteracio- 
nes fonéticas y morfológicas, y á veces hasta prosódicas, como lumbre de 
lumen, amad de amate, perderás por perder habes y amábamos en lugar 
de amábamos, con la circunstancia especial de que muchos han sulrida 
cuatro y cinco transformaciones, siendo las unas causas de las otras, ó cuanda 
menos ocasión para que las otras se realizaran, cual sucede en los futuros, 
como poneré, ponré, porré j pondré, de las cuales es bien seguro que en la úl- 
tima no se hubiera verificado la atracción de la d, á no ser por la predilección 
por la atracción que los sonidos combinados nr ejercen sobre la d, no sólo 
en nuestro idioma, sino en otras lenguas también de la familia aria. Hase 
además en muchos cambiado la ideología, su significación. En toda la histo- 
ria del latín arcaico, clásico y de la decadencia no se encuentra el verbo pac- 
tare, ni aun siquiera en el Código visigótico, con el significado de tributación^ 
y en nuestros primeros monumentos del latín vulgar lo encontramos primero 
con \& foTinsí pactare, luego pectare, peitare, para convertirse por medio de 
una metátesis en petiare=peciare, acabando por engendrar el verbo pechar. 
Comparare significa en el buen latín comparar y reunir, mientras que en el 
latín vulgar lo encontramos á cada paso sustituyendo á emere, con el signifi- 
cado de comprar que hoy tiene, presentándose ya en la forma plena, como en 
élJudiciumliegis Alfonsi, Comparare illam monetam, al lado de empitone ipsius 
monete, ya en la contracta, cual aparece en el Fuero de Logroño, licencia de 
comprare ropa, trapos, bestias et tota animália. Ahora bien, si los elementos 
materiales y formales del latín han llegado hasta nosotros después de tantos 
cambios y transformaciones, hasta el punto de que algunos seüallan tan des* 
figurados, cuyo origen, á no ser por la comparación y por la historia, nos se- 
ría imposible reconocer, comprenderáse fácilmente que el conocimiento de 
estas alteraciones es obra de la mayor importancia é interés; porque él, seme* 
jante á un hilo conductor, y por un procedimiento progresivo ó regresivo, 
nos llevará hasta unir los dos polos opuestos de la serie, en vez de saltar vio- 
lentamente del uno al otro extremo sin pasar por el medio, como suelen hacer 
las escuelas que sólo toman para la comparación, de un lado el clasicismo ex- 
clusivamente y de otro el período actual de nuestra lengua. 

El conocimiento histórico nos revela claramente lo (jue el castellano ha 
sido en todas sus fases; él nos pone en el caso de investigar sus orígenes y 
las causas productoras délas múltiples transformaciones que ha sufrido. El 
conocimiento histórico de nuestro idioma satisface además una de las aspira- 
ciones más legítimas del espíritu humano, cual es la curiosidad de buscar los 
Erincipios de las cosas y reconocer las causas de los fenómenos. El método 
istórico, aplicado al lenguaje, tiene en las indagaciones glóticas otra función 
muy importante, cual es la de resolver, con presencia de. los hechos, las con- 
tiendas que pudieran suscitarse en la explicación de algunos cambios, suscep- 
tibles de atribuirse á diferentes causas, y de ser por tanto explicados de di- 
versas maneras. Si la historia no nos dijera que ya en el latín vulgar los i^ev^ 
ÍQotoi fui, fueram, fuissem, fuero, correspondientes al verbo sustantivo, ha- 
bían tomado la significación de marchar, de pasar de un punto á otro, acaso 
nos veríamos tentados á atribuir el origen de los perfectos fui, fuera, fuese. 



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PEÓLOQO y 

fmre del verbo ir al verbo fugi^ iñfúgere^fugir^ huir; pero cuando la historia 
DOS patentiza, como en su' lugar veremos, que los perfectos del verbo sustan- 
tivo habían tomado aquella significación antes de pasar al castellano, com- 
prenderemos sin dificultad cuál es el origen de todas aquellas formas. He 
aquí la importancia del procedimiento histórico en el conocimiento de los fe- 
nómenos lingüísticos. 

Mas para aue los resultados del método histórico sean eficaces y queden 
á salvo de toaa clase de error, hácese preciso muchas veces que vayan acom- 
ptóados del conocimiento de las leyes fonéticas. En las investigaciones lin- 
güísticas la fonología y la historia á menudo se necesitan, y á menudo también 
se complementan recíprocamente. En el párrafo anterior hemos visto la ne- 
cesidad de la historia para dirimir las contiendas fonéticas; ahora veremos la 
necesidad que tiene la historia en una lengua de ayudarse de la fonología. 

Proviene esta necesidad de la índole de los cambios glóticos, en los cuales 
con frecuencia vemos coexistir años y siglos las antiguas formas al lado de las 
nuevas que se han creado. El lingüista, como el geólogo, tiene que saber leer el 
orden en que han sucedido los fenómenos glóticos en la historia de las transfor- 
maciones. En la sucesión de los pontífices, monarcas, duques, etc., etc., allá em- 
Sieza el uno donde concluye el otro, con lo cual no es posible alterar la priori- 
ad y posterioridad vcronológicas; mas en las transformaciones ^lóticas, la suce- 
sividad no se descubre sino después de haber estado en uso simultáneamente 
las dos formas, si es que no llegan á fijarse ambas, cual sucede con las pala- 
bras de doble ó triple forma, que los franceses apellidan les doublets. Sin esta 
coexistencia, sin esta simultaneidad de las formas nuevas al lado de las anti- 
guas, no se conciben las transformaciones lingüísticas; la nueva forma tiene 
que adquirir hábito en la sociedad para ser entendida sin violencia por los 
que la emplean y servir de medio de expresión; y este hábito, esta educación 
la recibe la nueva forma en el roce con la antigua, sin la intervención deli- 
berada del hombre, inconsciente ó semiinconscientemente. Con la sucesivi- 
dad que excluyera aquel dualismo simultáneo de las formas antiguas y mo- 
dernas, el lenguaje seria ininteligible ó tendría que ser obra de la conven- 
ción; he aquí el gran secreto en la marcha de las lenguas. Hay más todavía: 
en la historia de las palabras nótanse á veces fenómenos que parecen verda- 
deros anacronismos, pues hay casos en que las formas, que son más antiguas, 
no se revelan las primeras en los documentos, lo cual se concibe muy bien, 
porque para la historia de las palabras sólo sirve lo escrito, y no todo lo que 
se habla se escribe; formas empleadas en la conversación hay que jamás figu- 
rarán en la escritura. Añádase la posibilidad de haber desaparecido los do- 
cumentos en que debían figurar aquellas formas, el no haber sido registra- 
das y el haber escapado á la observación más diligente. En la historia de 
las palabras y sus cambios con frecuencia faltan estados intermedios, perdi- 
dos como anillos rotos y extraviados de la cadena, porque hay fenómenos 
instantáneos que las leyes fonéticas no permiten que se fijen por tiempo algu- 
no. Tal debió suceder con las palabras semita^ comité y limite, al menos en la 
conversación, que al perder sus respectivas tes forzosamente hubieron de 
transformarse en conté, senta, Unte, si es que primeramente, como es lo pro- 
bable entre nosotros, no se convirtieron en semida, comide, limide, para dar, 
con la pérdida de la i, senda, linde, conde. Para prueba de lo que venimos 
ocupándonos, ó sea de la dificultad en que á veces se encuentra el lingüista 
€on sólo el procedimiento histórico para averiguar cuál de dos ó más fenóme- 
nos lingüísticos, que coexisten simultáneamente en los escritos, tiene la prio- 



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VI PRÓLOGO 

ridad cronológica sobre los demás, recordemos las palabras pactare^ pectaré* 
peitare, petiare=peciare j pechar, de que hemos hecho mención más ath^. Ad- 
mitida previamente la significación ae pagar tributo que tienen todas ellas^ 
pasemos á investigar su estructura v su historia. En el siglo x, año 995, en 
el Fuero de San Zadomín, otorgado por el conde Fernán González, se lee: 
Quiíi non háhuimus fu&ro de pecUire Jtomiddio, En la carta de población de 
Villanueva de Pomponeto, otorgada por D. Sancho el Mayor de Navarra en 
1032, se dice: Non habeant aliud pondus, nec aliud pactum, nisi dúos dias in 
cavare, el alios dúos in segq,re, Nun autem invenimus pro illo pacto, quod 
debent pactare ut unusquisque per suum caput pecet medio concollo de ordio, etc. 
reitet Regí mille mochales^ dice el fuero de Alquezar en 1069, y la carta de 
población de Artasona (Aragón), otorgada por Alfonso el Batallador en 1134, 
contiene: Et ullo peito non peitetis, nisi sola décima ad Deum, et suis sanctis. 
La forma metatética^fer=/?^¿ar, es una suposición necesaria que reclama 
la existencia de nuestra ch, la cual no se ha formado en su origen más que 
de la c^=z, seguida de una i y otra vocal; v, gr.: Sandio y Sanctia=Santio 
y Santia=Sancio y Sancia=^Sancho y Sancha, formas todas consignadas 
en los documentos. La forma pechar, conocidísima en toda la Edad Media 
y no desconocida entre nosotros, la hallamos también en el latín vulgar. 
En el privilegio concedido á los de Burgos por Fernando III en 1237, se lee; 
Et si probatum eifueritper diLOs bonos hómines de Burgos, pechet centum mo- 
rabetinos. Por los testimonios aducidos, y otros muchísimos que pudióramo» 
presentar acerca de estas formas, puede observarse que en el siglo x se en- 
cuentra ya la forma pectare, y con la misma significación pactare y peitare 
en el siglo xi. ¿Vamos á refutar á pectare como más antigua quepaciare? Im- 
posible. ¿Quién ha de decidir esto? La fonología latina, la románica y la cas- 
tellana. El proceso fonético en todas estas formas tiene que ser el siguiente: 
pactare, pectare, peitare, petiare=peciare=pec?uir. La fonología latina nos en- 
seña que no se han verificado cambios de e en a en grupos en que va seguida 
de cf, pero en cambio se encuentran muchísimos operados de la a en e, eo 
tales circunstancias. Confróntense los compuestos con-fecto y facto, con-iecto 
y iacto, per-cepto y capto. Lo mismo ha sucedido con lücte y lech&, lactuca y le^ 
chuga, tractu y treclw. Esto nos da á conocer de sobra que la a de pactare se 
debilitó en e, y con esto demostramos su prioridad. Respecto de pectare y 
peitare, es también indudable la prioridad de pectare, aunque coexisten siglos 
enteros. Transformada la vocal a en e, cúpole la suerte á la gutural c del 
grupo ct, y eisi pectare se transformó qu peitare, lo mismo que pectén en peine, 
que delectare en deleitar, que suspecta en suspeita. Et sisuspectan habuerint, 
dice el Fuero de Xájera; y los Pactos otorgados con los moros de Tudela por 
Alfonso el Batallador en 1115; /St habuerinl sospeita super moro, y también: 
Sihabuerint sospeita ad illo moro. Y en los Fueros de Tudela: drei-f^^^i 
drec-to=:directo; eslei'to=esleC'to=electo. La transformación de la gutural en 
la paladial y ó i fué muy frecuente en la permutación latino- castellana; pues 
en virtud de esta ley, pectare se transformó en peitare. El castellano fijó 
algunas de estas formas; tal sucedió con deleitar, peine, reino, lo mismo que 
los franceses y portugueses, cuyo proceso fonético, respecto á estas formas, 
quedó estacionado; así se explican las palabras ñ*ancesas portrait, lait, faity 
droit, extraity y las portuguesas noite, direito, estreito, leito, deleito. El caste- 
llano dio todavía dos pasos adelante: el primero de ellos fué el de transformar 
ék peitare por metátesis, progresiva enpetiare, y como la silaba tia se pronuu*> 
ciaba cia, y con ella alternaba hasta en la escritura, petiare se transformó al 



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PRÓLOGO VII 

punto en peciare. De esta forma no he hallado testimonios aue confirmen su 
existencia-histórica; pero es una exigencia fonética reclamada por la natura- 
leza de la ch, la cual en su origen, como hemos dicho, procedió de una dental 
aspirada c=z más una i seguida de vocal, como en Sancio y Sanelio, rancio y 
rancho, facie (í^acia=facha y fachada. Llegado á este punto, ya la explicación 
áe peciare enpecMre, pechar, no tiene dificultad alguna. De este modo la fo- 
nología ha resuelto la duda que podía ocurrir sobre si peciare era anterior á 
pactare por hallarse un siglo antes aquélla que ésta, y si peciare era anterior ó 
posterior á^ttorc, puesto que las dos coexisten y alternan la una con la otra. 
Así entendido el criterio histórico, auxiliado por la fonología, es de un valor 
incuestionable. Ahora se comprenderán las razones que nos asisten para ele- 
gir el método histórico en la explicación del verbo castellano. 

Como en el curso de esta obrita hemos de referirnos á períodos de la his- 
toria de nuestra lengua, paréceme conveniente indicar siquiera los que yo 
conceptúo que deben hacerse. Yo admito en la historia de nuestra lengua 
tres príodos fundamentales, que denomino morfológico, de perfeccionamiento 
fonético y de fijación. Estos tres periodos se caracterizan por el predominio 
de alguno de aquellos tres aspectos; pretender en la historia evolutiva de una 
lengua líneas de demarcación tan precisas como existen entre el mar y las 
rocas en que se estrellan sus ondas, es lo mismo que pretender alcanzar el 
cielo con la mano. En el período morfológico, sin dejar de ser fonético y de 
fijación, predomina el cambio de las flexiones nominal, pronominal y verbal. 
En este período, la declinación pospositiva y sintética latina ha desaparecido 
por completo; á los antiguos casos han ido paulatinamente suplantando y su- 
cediendo exclusivamente las preposiciones, que desde tiempo inmemorial ve- 
nían funcionando juntamente con los casos. El hábito latino, y más que latino 
indoeuropeo, de colocar las preposiciones delante de las palabras á que se re- 
fieren, y la repugnancia que todas las lenguas arias han tenido á poner los 
signos de la flexión en el primer miembro de los compuestos, ha debido con- 
tribuir á que las preposiciones no se fundieran en una síntesis con la palabra 
regida, resultando en su consecuencia la declinación perifrástica (^). Las for- 
mas conmigo, contigo, consigo, del y al son las únicas que han sintetizado su 
flexión, quedando los pronombres como empotrados entre dos preposiciones, 
esto es, entre co — go, pues sabido es que go es transformación de co = cum 
(cf. mecum, tecum, secum). En. este período se pierden los exponentes de la 
flexión verbal ó se transforman; desaparecen algunos tiempos, ciertas formas 
nominales, los verbos deponentes y la reduplicación de los perfectos. En él 
también se trazan las líneas generales de nuestra acentuación ; la pasiva la- 
tina sintética es sustituida merced á la analogía por la exclusivamente peri- 
frástica. Las pérdidas de ciertas formas de tiempo son reparadas por perífrasis 
del participio y el verbo haber. En una palabra, todo lo más fundamental de 
las flexiones se fija ya en este período, siendo muy poco lo que á los períodos 
sucesivos les queda por reformar, para poder equiparar sus formas con las que 
actualmente poseemos. Lo que en este período queda sin hacer, respecto á las 
flexiones, hállase reducido á que el verbo ser deje de intervenir en los per- 
fectos perifrásticos de ciertos verbos intransitivos, á que los futuros acaben 
de sintetizarse, á que los participios que acompañan al auxiliar haber pierdan 
en absoluto su carácter pasivo, dependiente y concordante, que desde su ori- 

(*) L(OS que dicen que en castellano no hay declinación, se han fijado única y exclusivamente en su aspecto 
externo, haciendo consistir la esencia de los casos en la síntesis pospositiva. Mirada la cuestión con menos su- 
perficialidad, no pueie menos de reconocerse que existen casos en todas las lenguas. 



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VIH PRÓLOGO 

-geu venían sosteniendo, al lado del activo, independiente y discordante, que 
desde los primeros tiempos del habla castellana se revela en el Poema del Vid. 
A este período morfológico pertenece también el cambio del acento, el cual, 
con la desaparición de la cantidad silábica, rompió la cadena que lo amarraba, 
adquirió una libertad que antes no tenía, convirtiéndose además de musical 
en enérgico. Estos dos hechos tan significativos, la transformación del acento 
prosódico de musical en enérgico, y el cambio de las flexiones, son los que á 
mi juicio dan á nuestra lengua y á las demás lenguas neolatinas el carácter 
específico que las distingue de la lengua madre: el acento por haber sido y 
seguir siendo el regulador de gran parte de las mutaciones fonéticas y el ele- 
mento primordial de nuestra armonía poética; las flexiones porque ellas re- 
presentan lo más importante en la vida de relación de la lengua. Toda la 
esencia de una lengua se divide en dos partes: la material y la formal, el 
significado y las relaciones; la materia, el significado, la suministra el Diccio- 
nario; las formas, las relaciones, constituyen la Gramática; el carácter distin- 
tivo de una lengua está en sus relaciones y las flexiones que las representan; 
el Diccionario, con su mayor ó menor número de voces, no es medio de espe- 
cificación; el más y el menos, dice el adagio, no hacen diversa la especie. 
La& flexiones con sus perífrasis han influido de una manera muy marcada 
en la construcción de nuestros períodos, (jue por magníficos y elegantes que 
ellos sean nunca podrán moverse con la libertad, soltura y desembarazo con 
que se movían en las obras maestras de las literaturas griega y latina. Si las 
transformaciones fonéticas hubiéranse por sí solas de adoptar como principio 
y base de la especificación glótica, tendriamos que admitir en España tantos 
idiomas, cuando menos, como comarcas existen. Porque sin profundizar mu- 
cho nos encontraríamos á cada paso con discrepancias d^ pronunciación muy 
señaladas; y así oiríamos á los castellanos viejos con su z final sistemática y 
las enclisis esdrújulas en combinación, como sú saber, mi dobr, tú bondad; á 
los valencianos con sus eses y la disolución de los diptongos, y á los andalu- 
ces con sus ceceos y declarando guerra sin cuartel ala dental suave interno- 
cálica. Mi pueblo natal, en la provincia de Navarra, marca la línea divisoria 
de una larffa zona ribereña en la pronunciación de las vibrantes r y 1. De 
dicho pueblo al Sur emplean espontánea y sistemáticamente la r en lugar 
de I y viceversa; diciendo Cairos por Carlos, comel y bebel en lugar de comer 
y beber. Del mismo pueblo inclusive hacia el Norte la pronunciación de 
aquellas consonantes es la normal. Pero en cambio, y á partir del mismo 
pueblo exclusive, aparece otra zona de 90 kilómetros de ancha, la zona vas- 
congada, que en su totalidad, ó sólo parcialmente, se ha castellanizado en este 
siglo y continúa castellanizándose, en la cual todos espontáneamente pronun- 
cian los perfectos graves sola y exclusivamente como agudos; diciendo vinéy 
vino, dije, dijo, en vez de vine, vino, dije, dijo. Es indudable que en el gran 
período de gestación morfológica castellana se realizaron cambios fonéticos 
importantísimos, tal vez los más importantes de nuestro sistema fonético; 
porque desde los primeros monumentos castellanos aparecen constantemente 
fijas la pérdida de la e final de todos los infinitivos, de la m y de la t finales 
de todas las palabras latinas; las contracciones en bU de los sufijos en bili\ 
la ley universal de nuestra diptongación, tan matemática y completa, cual 
ninguna otra lengua antigua ni moderna de la gran familia aria la posee; la 
aplicación en casi su totalidad de la vastísima ley de conversión de la i final 
átona en e, y la maravillosa y sorprendente de la alternativa vocálica, que yo 
llamo en parte ley del equilibrio fonético, aplicada con una regularidad pas- 



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PRÓLOGO IX 

mesa en una de las categorías de los llamados verbos irregulares. Todos estos 
cambios fonéticos, terminados j fijos, con otros muchos ya iniciados que, ó 
se terminaron más adelante ó quedaron sin completar su evolución fonética, 
tal vez por la transición violenta del fienacimiento, pero que se vienen trans- 
mitiendo sordamente á través del subsuelo moral de la espontaneidad popu- 
lar, contribuyeron á acentuar, á hacer resaltar más la individualidad de nuestra 
lengua, pero en manera alguna hubieran bastado á constituirla por si solos. 

Pebíodo de perfeccionamiento fonético. — En el periodo morfológico 
la lengua castellana se ha hecho apta para todas las necesidades de la vida 
ordinaria, las de la ciencia y las del arte; faltará la habilidad del artista que 
maneje con perfección tan delicado instrumento, pero á la lengua le bastan 
y aun le sobran condiciones para ser empleada ventajosamente hasta en las 
manifestaciones más perfectas del pensamiento humano. No tenemos necesi- 
dad de descender á la prosa abundante, robusta y varonil de las Partidas 
para encontrar aquellas condiciones; estudíese con cuidado el Poema del Cid, 
como yo he tenido ocasión de hacerlo repetidas veces, y en él se encontrarán, 
además de un regular diccionario y toda la ñexión completa, un buen sur- 
tido de partículas pronominales para la vida de relación. Hallaránse también 
en él cuantas especies de proposiciones puedan apetecer las gramáticas más 
completas, las simples de todas clases, las coordinadas de todos sus órdenes, 
las subordinadas en todas sus combinaciones, inclusas las comparativas ó in- 
directas con todas las equivalentes; está por tanto construido el edificio gra« 
matical de naestra lengua, fáltale ahora el pulimento, el ornato y la riqueza 
de voces, lo cual se consigue en el periodo siguiente. 

El gran trabajo interior de nuestra lengua (el del diccionario es más ex- 
terno) en este segundo período es predominantemente de perfeccionamiento 
de su sistema fonético. En el período precedente, y aun también dentro de 
este segundo periodo, unas veces la acción enérgica del acento, otras la pér- 
dida de las flexiones, no pocas la aplicación consecuente de las leyes fonéticas 
vigentes, y hasta las influencias gallegas y portuguesas, engendraron series 
enteras de combinaciones fonéticas pesadas, ásperas, cacofónicas; las cuales 
no sólo pugnan con la educación actual de nuestro oído, sino que también 
debieron ser poco agradables á los que vivían en aquella época. Lo cierto es 
que nuestra lengua, como si obedeciera á un plan fijo y de antemano prede- 
terminado, trabajó constantemente por hacerlas desaparecer, llevando el per- 
feccionamiento de su fonética no pocas veces hasta un grado casi inverosímil. 

En este trabajo de armonía musical el castellano parece que se propuso dos 
fines: dulcificar la pronunciación de las palabras y aligerarla en aquellas for- 
mas primitivas haciéndola menos pesada. Provenís^ la aspereza de las fre- 
cuentes síncopas producidas en las sílabas átonas cercanas al acento y favo- 
recidas con la presencia de la r, /, n en palabras tales como ponré, porné, 
venré, valré, morré, irarri, 6 de haber quedado al descubierto la t por la pér- 
dida de la flexión, como en bondaty veraat, potestat, ponet, aabet. Formas muy 
pesadas habíanse originado por el excesivo desarrollo de los diptongos, espe- 
cialmente al lado de consonantes mixtas aue llevan en su estructura fonética 
la vocal t, tales como la //, ^, eh, reuniénaose con esto dos diptongos, en con- 
tacto el uno del otro, cual sucedía en Gastiella^ siella, oriella, portiello, pas' 
torciello, y también al lado de grupos de consonantes, como en dixiestes, en 
siemplos, prüiesteSf Iroxieron. La concurrencia ó proximidad de la o, y en 
general de las vocales fuertes a, e, o, tan del agrado de gallegos y portugueses, 



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X PRÓLOaO 

hacía también difícil y pesada la pronunciación; tal sucedía en los perfecto» 
hovo^ andovo, tovo, estovo, copo, sopo, y en las síncopas seer, veer, piee, fee. Las 
formas en des, como quisiéredes, sopiérades, vmiésedes, lo mismo que los fu- 
turos con interposición de pronombres, como decir-te-hé, contar-vos-hemos, 
nada tenían de ligeras. La lengua corrigió la aspereza de los futuros y de la ¿ 
final por medio de la d, convirtiendo, v. gr., maiestat en maiestad-, vanitat en 
vanidad; valré y salré en valdré y saldré, ya también por la restauración de 
las formas primitivas, reaccionando sobre ellas, como en moriré y moriría, no 
quedando de estas últimas otras que querré y querría, y tal vez porque resul- 
taban poco agradables las epéntesis quedré, quedria, como se intentó, y aun 
las primitivas quereré y quererla. La explosiva labial suave h desempeñó un 
papel importante en los nombres que, como lumen, nomen, se habían transfor- 
mado en lumne, nomne, lume, nome, convirtiéndolos en lumbre y nombre al 
ser atraída por el grupo mr, lo mismo que la d lo había sido también por Ir, 
nr. También la gutural suave ^ tomó parte en caigo, traigo, oigo, valga y otros 
verbos, y á su intervención acaso se deba el que formas como cago, trago, oyó 
no convirtieran la y en la gutural a pirada ;, como se convirtió en otras mu- 
chas, especialmente en nombres. El peso de los diptongos se aligeró por medio 
de la débil i, resultando castillo y portillo donde antes era castiello y portiello; 
dijiste y viniste donde antes disieste y viníeste, y el de la aproximación de las oo, 
por la otra vocal débil u, diciéndose cupo y supo donde antes copo y sopo, y el 
de los futuros y formas en des por síncopas y contracciones; v. gr.: vermehás 
por me-verds, debedes por debes y debéis. Las tres consonantes suaves b, d, g, 
con las vibrantes r,lj las vocales débiles u, i, perfeccionaron indudablemente 
en este período el sistema fonético castellano, librándose con esto de caer en 
la pesadez de los gallegos y portugueses y de las formas violentas y ásperas 
de los. provenzales, catalanes y franceses, así como desde un principio habíase 
también apartado del vocalismo débil de los italianos. Peor librado salió el 
castellano con las aspiradas z, fjj, especialmente con las dos últimas. En este 
segundo período se dieron también los últimos retoques á la flexión; el diccio- 
nario se enriqueció copiosamente; introdujéronse en el siglo xiv los pronom- 
bres compuestos nosotros y vosotros, el superlativo sintético y las formas arti- 
ficiosas y cortesanas denominadas pronoaibres de respeto. En el siglo xv em- 
pezó la lengua á desprenderse del acumulamiento de proposiciones de forma 
independiente y del abuso de conjunciones coordinadas, tan característico en 
toda la Edad Media; pero la obra que más resalta y predomina, especial- 
mente en los siglos xiv y xv, es la de perfeccionar y completar el sistema 
ñ/uético. 

Período de fijación.-— El tercer período de la historia de nuestra lengua 
es el áe fijación. Yo le doy este nombre, no porque en él se hayan fijado los 
múltiples elementos materiales y formales que contiene una lengua tan rica 
como la nuestra, sino porque á él han llegado fijos la inmensa mayoría de 
ellos, adquiriendo ya cierta estabilidad en los períodos precedentes. Si exa- 
minamos la complejidad de nuestra lengua en sus sonidos, letras, acentos» 
raices, sufijos derivativos, flexiones, partículas, su ideología y sus relaciones 
sintáxicas, y todo esto en su material estructura y en los usos sintáxicos, nos 
causará admiración el ver cuan insignificante es lo que se ha fijado en el ter- 
cer período, respecto á lo que recibimos fijo del latín y á lo que paulatinamen- 
te vino fij^dose en los periodos anteriores. Tocante á esta materia, podría 
preguntarse: ¿Cuándo empieza á fijarse una lengua? ¿Cuándo acaba de fijar- 



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PRÓLOGO XI 

se? Teniendo como tenemos tantísimos elementos fijos, que ya los tenia la 
lengua latina en los periodos más remotos de su historia, ¿quién será cap&z de 
contestar á la primera pregunta? Respecto á la segunda, por lo que toca á 
nuestra lengua, podemos decir que ni está fija en el riguroso sentido de la 
palabra ni lo estará mientras sea lengua viva. La Real Academia tiene dicta- 
das en su Gramática reglas bien concretas y precisas para el uso de los pro- 
nombres de tercera persona; pero es el caso que algunos de sus ilustres miem- 
bros han sido y aun son los primeros en no someterse á ellas, y siguen em- 
pleando las formas á que están más habituados, según la región en que hayan 
nacido y se han educado, lia fijeza absoluta de una lengua pugna con el ca- 
rácter de movilidad que le es inherente. 

Duración de oada uno de estos tres períodos.— El primero, ó sea el 
período morfológico de nuestra lengua, no puede precisarse cuándo empieza, 
ni aun en su parte innovadora. Lo que caracteriza á este período es las flexio- 
nes nominal y verbal. La vida de una lengua, como hemos dicho, se divide 
entre el significado que lo da el Diccionario y las relaciones expresadas prin- 
cipalmente por las flexiones. El establecimiento de las flexiones es lo que da 
el ser especial á nuestra lengua, más que todos los demás cambios y transfor- 
maciones. Estas las encontramos casi totalmente fijas; lo que falta para equi- 
pararlas á las de hoy es más accidental que esencial ; por eso su término hay 
que ponerlo en el Poema del Cid, sin que esta sea una fecha cerrada, sino que 
debe quedar abierta, por si llegara á descubrirse otro documento anterior á 
él, en el cual se hallaran ya fijas las flexiones. No se sabe cuándo empieza^ 
porque se ignora el momento en que los casos no servían de nada. Las pre- 
posiciones se usaban ya desde tiempos antiquísimos al lado de los casos, y al 
lado de ellos las vemos en el latín Vulgar. No tiene medios la filoloe:ía com- 
parada para averiguar aquel momento con precisión. Hay más: la lengua es- 
crita nos engaña con frecuencia; por siglos enteros suelen venir escribiéndose 
á veces sonidos que no se pronuncian, que son letras muertas; tal vez se vi- 
nieron escribiendo los casos por espacio de muchos años al lado de las prepo- 
siciones y no tenían para los que las empleaban ningún valor ideológico. Al 
segundo período le pongo yo su comienzo en el Poema del Cid, Comparando 
este poema con las obras de Berceo, al menos gramaticalmente, yo encuentro 
que estas últimas llevan á aquél grandes ventajas en el orden estético, en lo 
que se refiere á la armonía de los tiempos en las proposiciones compuestas. La 
mayor rudeza de aquel venerable monumento se encuentra para mí en la fal- 
ta de armonía en la combinación de dichas proposiciones, y en la correspon- 
dencia de sus tiempos, según (^ue se trate de la simultaneidad, de la anterio- 
ridad ó posterioridad. El término de este período, en una Gramática, opino 
que debe ponerse en la aparición de la primera Gramática de la lengua caste- 
llana, en 1492, cual es la de Nebrija. El tercero, desde esa fecha hasta nues- 
tros días. 

Para concluir estas breves nociones relativas á la historia de nuestra len- 
gua, diremos que, como ramas de un mismo árbol, lo mismo que el castellano 
proceden de la lengua latina el italiano, el portugués, el provenzal, el fran- 
cés, el válaco y un gran número de dialectos, como el catalán, valenciano, 
gallego y otros. Estas lenguas, lo mismo que el castellano, se han desarrolla* 
do por evolución gradual y lenta, añadiendo sus innovaciones á la parte con- 
servadora que les legaba el latín, resultando de esta unión las nuevas indivi- 
dualidades glóticas, constituyendo otras tantas lenguas independientes. Sí-^ 



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XII PRÓLOGO 

guese de aquí que todas las lenguas procedentes del latín han de tener por 
necesidad muchos elementos comunes, así en lo que han innovado como en lo 
que han conservado. Sucede en las lenguas que proceden de una fuente común 
que ciertos fenómenos glóticos perdidos en las unas se conservan fielmente 
en las otras, y esta circunstancia es muy digna de tenerse en cuenta en la 
comparación y en la historia. 

La comparación. — La comparición por su naturaleza tiende á conocer lo 
que hay de común y de diferencial en los términos puestos en parangón. La 
<3omparación en el estudio de las lenguas puede considerarse como una con- 
secuencia del método histórico de las mismas. Porque desde el momento que 
en él curso de la historia veamos dos a:;pectos de una misma palabra, nos sen- 
timos tentados á establecer su comparación. La comparación puede hacer- 
se entre las diversas fases de una lengua, y en uno ó en muchos de sus ele- 
mentos materiales ó formales. Si comparamos la palabra actual reina con 
otras formas de la misma palabra, hallaremos que primero fué regina^ luego 
re-i-na y re-y-na, conservando la acentuación primitiva, y últimamente fun- 
didos sus elementos por contracción rei-na, reduciéndose las tres sílabas á dos, 
y pasando, por la índole de los diptongos, el acento de la i i la e, pues de lo 
contrario se disolvería. Esta pequeña historia nos enseñará cómo en las trans- 
formaciones no se hace todo de una vez, sino lentamente, y grado por grado. 
La comparación puede hacerse también entre dos lenguas de una familia mis- 
ma, y por ella se llega á reconocer los elementos que tienen un origen co- 
mún, y ver la diferente manera que unas y otras han tenido de conservarlos 
ó de alterarlos. Si comparamos nuestra lengua con la francesa, portuguesa 
é italiana en el período de perfeccionamiento fonético, hallaremos que todas 
ellas empleaban como auxiliar el verbo ser con ciertos verbos intransitivos, y 
esta concordancia nos hará conocer que no ha sido un préstamo hecho de unas 
á otras, sino que todas ellas, obedeciendo á una ley común, hicieron uso de 
aquel auxiliar como si se hubieran puesto todas de acuerdo. Y si después el 
castellano se separó de sus congéneres, confiando aquella función sola y exclu- 
sivamente al verbo haber, al paso que las demás lenguas le han conservado 
aquel uso al verbo sustantivo, en este caso la obra del castellano será peculiar 
y exclusivamente suya, sin que para nada hayan tenido que intervenir las 
otras lenguas, y constituirá un rasgo de su individualidad dentro del carác- 
ter específico. La comparación tiene gran importancia además en otro senti- 
do. Tratándose de lenguas hermanas, como son las neolatinas, poseyendo to- 
das ellas un fondo común, y realizadas muchas de sus transformaciones obe- 
deciendo á unas mismas leyes, acontece no pocas veces que alguno de los es- 
tados intermediarios, racionalmente sui)uestos en una lengua, no se hallen 
consignados en los documentos de la misma, pero en cambio se encuentran 
en otra ú otras de la misma familia; en tales casos el estado intermediario 
conservado en la lengua extraña adquiere, respecto á la propia, un grado de 
verosimilitud tal que raya en los linderos de la certeza. Así sucede con la for- 
ma castellana ame del pretérito perfecto. Comparando la forma latina amavi 
con la castellana amé, observamos que existe bastante distancia, f esta sola 
consideración nos pone en el caso de suponer estados intermediarios entre 
ambos extremos. Por otra parte, la historia del latín nos muestra que la sín- 
copa de la labial v se verificaba algunas veces, con lo que amavi se transfor- 
maba en amai, forma ya más próxiqua de amé que amavi. Siguiendo la com- 
paración, hallamos que el italiano mantiene dicha forma amai y el francés la 



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PRÓLOGO XIII 

conserva ortográficamente, y comparando nuevamente el gallego y el porta- 
gaés amei, con el castellano améy todavía las encontramos más cercanas. Y sí 
en la forma amei suponemos convertida, en e la i, por la ley de la i final áto- 
na, resaltará que afnei se ha transformado en amee. Llegado á este caso, la 
contracción de las dos ee se verifica, y amavi, pasando por los intermedia- 
ríos amai, améi, conservados en el francés y en el portugués, y hecha aplica- 
ción de una ley fonética muy segura, se encuentra convertido en amé. Lo 
cual se confirma comparando sei y M gallego y portugués con sé j he caste- 
llanos. 

Ahora podrán comprenderse mejot las razones en que me apoyo para se- 
guir el procedimiento histórico y comparado. , 

La antigua escuela, que tan inmensos beneficios prestó á la cansa de la ci- 
vilización, y que entre sus cultivadores españoles cuenta varones tan eximios 
como San Isiaoro y su comentarista Luis Vives, el célebre Nebrija, Simón 
Abril, el maestro Sánchez de las Brozas y Mayans y Sisear, no pudo disponer 
de los múltiples y valiosos recursos de que hoy dispone la filología moderna, 

por esta circunstancia sus resultados no fueron mayores aun dentro de la 
engua misma. La escuela empírica desconoció la fonología y sus leyes, y asi 
explicaba nuestro presente amáis, procedente de amatis, por la simple pérdida 
de la t, ignorando que esta pérdida, dentro de nuestro sistema fonético, era 
tan difícil como el que fructificara el trigo sobre un canto de piedra berroque- 
ña. Un gramático contemporáneo, cuya Gramática ha sido reimpresa varias 
veces, enseña con la mayor frescura que nuestros pronombres conmigo, contigo 
y consigo están formados de conmi, conti, consi, y de la sílaba go, sin tener 
en cuenta que son el desenvolvimiento de cummecum^ cumtecum, cumsecum. 
Desconoció la comparación sistemática, y por esta falta se hallaba imposi- 
bilitado para descubrir los estados intermedios entre los extremos de la evo- 
lución lingüística, cual sucedía en el ejemplo citado de amavi y amé. Descono- 
ció también la historia de la lengua en su aplicación á la comprobación de los 
fenómenos glóticos, y así ignoraba que nuestro verbo ser fuera contracción de 
seer, éste síncopa de seder y seder apócope de sedere, formas todas admirable- 
mente conservadas en nuestros documentos latinos y castellanos. Para la escuela 
empírica fué un verdadero misterio el conocimiento de la estructura de los 
vocablos, y en su consecuencia desconocía el procedimiento sencillísimo que 
hoy tenemos, no de destrozar las palabras á semejanza del carnicero (jue corta 
por donde le conviene, sino de desarticularlas por sus junturas, á imitación 
de lo que hace el anatomista con los cadáveres. La escuela antigua, desde Ya- 
rrón hasta nuestros días, usó y abusó desmedidamente del criterio de las apa- 
riencias. 

Aunque el autor de la Gramática Comparada no hubiera conseguido con su 
obra otro beneficio que el de acabar con este malhadado criterio, esto sólo ha- 
bría sido bastante para que mereciera bien de la ciencia. Este funesto cri- 
terio, que tan arraigado se halla todavía en nuestra enseñanza, ha sido y es 
manantial inagotable de errores. Apoyados en este criterio de las apariencias, 
hase venido enseñando por mucho tiempo que nuestros perfectos anduvo y es- 
tuvo, contra todas las leyes de la morfología neolatina, eran compuestos de 
andar, estar y hubo, sin más razón que la casi identidad fonética y ortográfica 
de las últimas letras de aquellas formas. En toda clase de obras hemos visto 
consignado, como verdad inconcusa, que lenguaje era compuesto de linguam* 
fl^^e=agitar la lengua, cuando no es más que una ligera transformación de 
linguatico, que nuestros antepasados escribían linguatje, derivados de lingua y 



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XIV . PRÓLOGO 

del sufijo tico, tan usado en la Edad Media, lo mismo c{\x^ portazgo y portaje 
lo son de portático y como viaje lo es de viatje y viático. Équinodermo, he- 
mos oído explicar como una composición híbrida del adjetivo latino equino y 
del griego dennos; de donde por su etimología esta palabra significaría piel 
de caballo, sin tener en cuenta que en nuestra lengua, antes del siglo actual, 
8e escribía echino-dermo^ lo mismo que se sigue escribiendo en francés, inglés 
y alemán echino-dermo, cuya ch responde perfectamente á la 5^ griega de iyXwoQ 
^=erizo, de que está compuesta dicha palabra. León, nombre de la ciudad y 
provincia del mismo nomore, ha venido explicándose como equívoco de león, 
nombre de persona, de un animal y de una constelación, cuando no es más que 
homónimo, porque León, nombre de dudad, es el antiguo Legión, como se ve 
usado constantemente en los documentos d^ latín vulgar y lo conservamos 
todavía en el adjetivo legioneme. Todavía sigue enseñándose en gramáticas 
impresas poco ha en Madrid que 6s«6=comer es el mismo verbo esse^=ser» 
Operación obligada de este criterio era el suprimir ó añadir letras según les 
convenía; tal sucedía con el famoso cadáver, que por contener las sílabas ini- 
ciales de tres palabras latinas m-ro, data, ver-mibus, sostenían sin más funda- 
mento que dicha palabra está compuesta de las tres indicadas. Este procedi- 
miento dio ocasión al bufón de Yoltaire para que lanzara contra la etimología 
su conocido sarcasmo, diciendo que la etimología era une choae oxí lea voyeles 
nefont rien et le consonnés peu de cJiose. 

Por una reacción violenta de esas que tan frecuentes son en el espíritu 
humano, desentendiéndose del cuerpo de la palabra, atendían únicamente á la 
semejanza de su significado. De conformidad con este procedimiento, hemos 
oído todavía en nuestros días explicar la palabra segundo como derivada de 
dos, cuando por su etimología y significación primitiva son cosas totalmente 
diversas. Dos, derivado de dúo latino, lleva en su origen las ideas de distin- 
ción, diferencia y separación, según se ve por la partícula dis, que tiene la 
misma procedencia y agrega la misma significación á sus compuestos, po- 
niéndose con esto enfrente de las ideas de identidad é igualdad que repre- 
sentan y llevan en sí todos y cada uno de los objetos; mientras que segundo, 
continuador del latino secundo, quiere decir el que sigue al primero, esto es, al 
que va ó está puesto delante» En este criterio reconocen su inspiración las ex- 
plicaciones que se dan en nuestras escuelas, enseñándose anacrónicamente que 
paterno, materno j fraterno son derivados de padre, madre v hermano, toda 
vez que paterno, materno y fraterno son anteriores con muchos siglos á pa- 
dre, madre y hermano, siendo solamente posteriores Ápater, mater j frater,. 
como descendientes directos que son de ellos por su significación y su es- 
tructura. 

Hay quien opina que el método histórico y comparado sólo sirve para los 
estudios superiores y en manera alguna para los elementales, si es que no re- 
sulta hasta perjudicial en los primeros grados de la enseñanza. Yo opino de 
otra manera, considerándolo altamente beneficioso hasta para los niños de 
las primeras escuelas. Yo, que he tenido no sé si la suerte ó la desgracia de 
pasar lo mejor de mi vida en este período de transición que de cuarenta 
años á esta parte vienen atravesando los estudios lingüísticos, y que para se- 
guir el movimiento científico me he visto en la precisión de aprender por 
los nuevos métodos desjjués de hallarme iniciado en los antiguos, y tener 
ya medio formado mi criterio según ellos, creo encontrarme en condiciones 
de apreciar con imparcialidad y conocimiento de cansa las ventajas y los in- 
convenientes de los unos y de ios otros. Cuando hace quince años me hallaba 



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PRÓLOGO XV 

verificando unas oposiciones de latín y castellano, de cuyo tribunal formaba 
parte el tan humilde como doctisimo sacerdote, y después obispo, D. Fran- 
cisco Caminero, este señor, en vista de la decisión con que defendía yo los 
nuevos estudios, preguntóme cierto día; ¿Cree usted que la introducción de 
los nuevos métodos puede ser beneficiosa en nuestra segunda enseñanza? 
Como á la sazón no teníamos textos arreglados á las nuevas doctrinas, y como 
consecuencia de esta falta no podía tener experiencia propia de los resultados 
de un procedimiento no puesto en práctica, me limité á contestarle que es- 
peraba que sí, porque tenía la convicción de que el procedimiento que era 
bueno para la investigación también debía serlo para la enseñanza aplicán- 
dolo discretamente y en su justa medida. Hoy le contestaría de otra manera 
más satisfactoria, especialmente en lo relativo á nuestra lengua. Veinte años, 
no interrumpidos, llevo dedicados á la enseñanza práctica de la lengua caste* 
llana, y en semejante lapso de tiempo he tenido ocasión de enseñar á.jóvenes 
nacionales y extranjeros, y de estos últimos á suecos, noruegos, alemanes y 
franceses. De propósito y por vía de estudio comparativo he puesto en juego 
ios dos métodos, el de la antigua escuela, seguido por nuestras gramáticas, y 
que en la enseñanza del verbo adopta la unidad de modo al exponer los tiem- 
pos, confundiéndolos todos lastimosamente, y el que está fundado en los re- 
sultados de la gramática histórica y comparada, que es el que seguiré en esta 
misma obrita. Con toda la sinceridad que me caracteriza, debo manifestar 
que empleado este segando método, que es el que únicamente sigo hace diez 
í^os, he podido ganar en igualdad de circunstancias un 50 por 100 de tiempo 
en lo relativo al aprendizaje de nuestros verbos, especialmente de los llama- 
dos irregulares, y un 100 por 100 en lo que mira á su retentiva, á la facili- 
dad de recordarlos y á la seguridad en su aplicación. Cuando exponga los 
verbos castellanos con arreglo á dicho método, cuyo uso no me cansaré de 
repetir que se ponga en práctica en nuestras escuelas, podrá decírseme si es 
ó no aplicable el método histórico y comparado hasta á las inteligencias más 
tiernas. Si los procedimientos de indagación de este método son superiores 
á los niños, los resultados por ellos obtenidos podrán ser muy accesibles. Yo 
me daría por satisfecho con que en la enseñanza elemental se les enseñaran 
los verbos por el método y clasificación que yo he adoptado en los cuadros 
sinópticos, los cuales son debidos á los trabajos históricos y comparados. 
Además, un profesor que domine el sistema moaerno puede enseñar en pocos 
minutos lo que ha costado años descubrir, y de este modo ir educando insen- 
siblemente la inteligencia del niño, preparándola en armonía con los estudios 
superiores y no desviándola de ellos. Repetimos que aplicando con discreción 
y en la medida adecuada al grado de enseñanza y edad de los niños los re- 
sultados del método comparado é histórico, pueden ser altamente beneficio- 
sos hasta para los mismos niños. Enséñense verbos como satisfacer ^ caler, 
traer, conducir por el método empírico y por el método que yo expondré en 
los cuadros á alumnos de una misma edad é igual capacidad, y se verá pal- 
. pablemente cuáles son los que salen más aprovechados en el mismo tiempo. 
Claro está que los procedimientos del método histórico no serían útiles para 
los niños, SI se quisiera enseñarles la fonología en su vastísima extensión, ó 
el tratado de la derivación en todos sus minuciosos detalles; pero aun en es- 
tas importantísimas materias podría iniciárseles con fruto, escogiendo algu- 
nas de sus leyes más conocidas y evidentes, y algunos de los sufijos que más 
resaltan y son más fáciles de reconocer, así por su estructura como por la mo- 
dificación que agregan. 



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XVI PRÓLOGO 

Otros hay, por el contrario, que creen que con el método comparativo no 
se presenta cuestión que no se resuelva satisfactoriamente, sin dejar linaje al- 
guno de duda. Los que asi piensan están en un crasísimo error. La moderna 
ciencia del lenguaje, como todas las ciencias humanas, posee buen número de 
verdades evidentes y ciertas; otras que no pasan de la verosimilitud y de la 
probabilidad; muchas que se hallan en terreno hipotético y dudoso, y muchí- 
simas que no se resolverán jamás, sino que quedarán para siempre envueltas 
en la profundidad del misterio y en las tinieblas de la ignorancia. £sto por lo 
que mira al método. 

Tócanos ahora hablar algo de nuestra obra y del público á quien va diri» 
gida. Tal vez llame ía atención de alguno el que haya publicado, no una obra 
completa de la lengua castellana, que bien la merece, sino tan sólo una parte 
de ella, la cual, por importante que sea y por más interés que revista, al fin 
es como una piedra destacada del edificio, como un miembro separado del or- 
ganismo gramatical, que necesariamente ha de quedar privada de la unidad 
del todo y de la armonía del conjunto. Además, no puede explicarse bien 
ninguna parte del discurso, y menos una tan complicada como el verbo cas- 
tellano, según los principios del método comparado, sin el conocimiento de 
la fonología y hasta de la derivación, A la primera debo responder que hace 
ya algunos meses tengo terminada una Gramática completa de la lengua cas- 
tellana y arreglada al mismo método y doctrinas que esta monografía, la cual 
ocupará cuatro volúmenes de regulares dimensiones. Su publicación está pen- 
diente dé circunstancias exteriores, que nada tienen que ver con el contenido 
de la misma obra, si bien directamente relacionadas con ella; el éxito de esta 
obríta decidirá tal vez si algún día se ha de publicar en su totalidad ó frac- 
cionada, ó si para siempre ha de quedar sepultada en el olvido. A la segunda 
confieso con sinceridad que uno de los graves inconvenientes que hoy tiene 
entre nosotros el publicar trabajos sueltos y aislados es el carecer de los fun- 
damentos de la fonología y de la derivación, y especialmente de la primera,, 
porque gran parte de los cambios son debidos al cumplimiento de lej^es foné- 
ticas. Mas yo pienso obviar este inconveniente, recordando las principales do 
aquellas leyes que tengan aplicación directa á los cambios de nuestro verba 
en su tránsito ael latín al castellano. De esta manera, recibiendo la enseñanza, 
en pequeñas dosis, tal vez sea más fácil la asimilación de las doctrinas y el 
vencimiento de las dificultades. 

Sespecto al público á quien va dirigida esta obrita, he tenido constante-^ 
mente á la vista el estado general en que se encuentran los estudios lingüís- 
ticos entre nosotros; por esta razón he procurado emplear un lenguaje sen- 
cillo, á fin de ser comprendido por cuantos la lean, y un estilo algo más 
difuso para evitar la oscuridad de la concisión. 



II 



El verbo castellano, lo mismo que las otras partes del discurso, puede estu- 
diarse bajo tres aspectos fundamentales: 1.", considerándolo como un con- 
junto de sonidos, letras y acentos, pero desprovisto, por abstracción, de todo 
significado; v. gr. dar, que consta de tres sonidos, con tres letras y un acento; 
2.**, en su estructura material, ó sea en sus elementos constitutivos, en cuanta 



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PRÓLOGO XVII 

estos elementos están provistos de ideas, son representativos de alguna sig- 
nificación concreta y general; v. gr. dá-ha-mos, que consta de una raíz que 
envuelve el concepto especial, que no le confunde con ningún otro verbo; 
de un sufijo temporal que expresa el concepto general de tiempo, común 
á todos los verbos, y de un exponente personal representativo de la idea de 
la primera persona del plural de activa, común también á todos los verbos; 
3.®, en las funciones que desempeña en la proposición y en sus relaciones con 
las demás palabras. Bajo el primer aspecto, el verbo es objeto de la Fonolo- 
gía, de la Prosodia y de la Ortografía, y constituye el aspecto musical de las 
palabras. En el segundo es objeto de la Morfología, y abraza por tanto la es- 
tructura exterior de la palabra y la ideología. En el tercero es objeto de la 
Sintaxis. Nosotros vamos á estudiarlo en el segundo de estos tres aspectos, ó 
sea en su morfología. La Morfología presupone el conocimiento de la Fono- 
logía, el de la Prosodia, el de la Ortografía y el del significado concreto de 
las palabras, que lo dan los diccionarios. No obstante, de la significación con- 
creta haremos mención siempre gue lo creamos necesario, y con especialidad 
al tratar de algún verbo en particular, y de la Fonología recordaremos, se- 
gún hemos dicho, por conveniencia de la exposición y de los lectores, algunas 
de sus leyes más importantes; vamos, pues, á ocuparnos de la morfología del 
verbo castellano. 

MoRFOLOQÍA. — Esta palabra, compuesta de las griegas [lópcfo; y Xo^eTot, 
quiere decir, según su etimología, tratado de las formas. La Morfología 
puede tomarse en dos sentidos, en sentido lato y en sentido estricto. Tomada 
en sentido estricto, no comprende más que el conocimiento de las flexiones 
nominal, pronominal y verbal; en este sentido, la Morfología es el tratado de 
las flexiones. En esta acepción la emplean Jorge Curtius en su excelente 
Gramática griega-, Víctor Henry en su precioso Compendio de Gramática 
Comparada del griego y del latín, y el autor de los Estudios Gramaticales, 
publicados en la Revista Calasanciana, Tomada en sentido lato, la Morfología 
comprende, además del tratado de las flexiones, el de la derivación. En este 
sentido la toman Augusto Schleicher en su célebre Compendio de Gramática 
Comparada de las Lenguas Indoeuropeas; Wilhelm Meyer Lübke en el tomo 
segundo de su Gramática de las Lenguas Romanas; Guardia y Vierzeiski en 
su Gramática latina, y el P. Jaume Nonell en su Análisis Morfologich de la 
Llenga Catalana Antiga, si bien este autor no distingue con precisión la de- 
rivación de las flexiones. Yo la tomo en este segundo sentido, y opino por 
tanto que la Morfología debe comprender el tratado de las flexiones y el de 
la derivación. Me fundo para esto en que los sufijos de la derivación son to- 
dos elementos de carácter formal. Cualquiera que haya sido su origen y su 
primitiva significación en sufijos, tales como tor, men, tat, ble, tro, etc., etc., 
lo cierto es que en todo el tiempo á que alcanza su historia los encontramos 
sin vida independiente, sin agregar á la raíz significación de sustancia ni de 
cualidad, y sin colocarse con ella ni con los temas en relación sintáxica; en 
esto se diferencian de las palabras compuestas. Los sufijos de derivación 
agregan á las raíces ó á los temas una modificación ó determinación, con la 
cual las mismas raíces ó temas restringen la extensión de su significado, y 
como esta misma determinación añaden á la variedad de raíces ó temas á que 
se juntan, fónnanse con esto clases enteras de derivados, los cuales no tienen 
otra relación que la idea general agregada por el sufijo. Así á las raíces tñc, 
da, reo, spec^frac, he, cau, doc, añadiéndoles el sufijo tor (cast. también dor y 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 2 



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XVIII PRÓLOGO 

sor), fórmase una clase de derivados cuyo vínculo de unidad es el sufijo tor, 
que á todos ellos añade la idea general de agente; v. gr.,doctor, el que enseña. 
Y si todo lo que es de carácter general es también de alguna manera elemento 
formal, los sufijos de derivación son elementos formales, y como la Morfolo- 
gía trata de los elementos formales, deben estar comprendidos en su tratado. 
Según esto, podremos definir la Morfología diciendo que es la parte de la 
Gramática que trata del conocimiento de los elementos formales que entran 
en la constitución de las palabras y de las ideas, ya concretas, ya generales, 
que dichos elementos representan. Y como estos elementos formales han de 
encarnarse por necesidad en alguna materia, de la misma manera que tiene 
que grabarse en el mármol la forma concebida por el escultor para que se 
forme la estatua, de aquí resulta que la Morfología tiene que ocuparse tam- 
bién de las raíces, porque las raíces son los elementos materiales de las pala- 
bras, á las cuales se agregan los elementos formales y con ellas viven unidos. 
La Morfología corresponde á lo que las gramáticas nuestras llaman Ana- 
logía \ yo prefiero el nombre de Morfología por ser más significativo, é indi- 
car con su etimología el objeto de su estudio. 

Concretando ahora nuestra definición al verbo castellano, diremos que la 
Morfología verbal es la parte de la Morfología general que trata de los ele- 
mentos constitutivos del verbo y de las ideas concretas y generales que aque- 
llos elementos representan. Las ideas concretas, las que se refieren á la signi- 
ficación propia, y peculiar de cada verbo, esas ya hemos dicho que son objeto 
del Diccionario y en él se expresan y no en la Gramática; la Gramática, en 
punto á ideología, estudia ante todo lo que es de carácter general, y tratán- 
dose del verbo, lo que es común á todos los verbos. La definición que acaba- 
mos de dar comprende á sn vez dos aspectos en el verbo: uno el que se refiere 
á su estructura material, otro al que mira á su. ideología. La ideología verbal 
comprende los conceptos lógicos y metafísicos del verbo ; la estructura mate- 
rial comprende los elementos materiales que representan exteriormente aque- 
llos conceptos. La ideología verbal nada na sufrido en su tránsito del latín 
al castellano, es la misma en ambas lenguas. 

Antes de entrar en el análisis de los elementos del verbo y su ideología, 
vamos á hacer sobre ellos algunas observaciones. Hablaremos primero algo 
acerca del aspecto material, y luego del ideológico; la parte material es la 
que ha expeiimentado los efectos de la transformación (^). Las alteraciones 
materiales que han sufrido los elementos verbales en su tránsito del latín al 
castellano son muchas, según tendremos ocasión de ver en el análisis que de 
ellos hemos de hacer. Estas alteraciones se refieren por sus efectos á dos cla- 
ses: ó han desaparecido por completo algunos tiempos, siendo reemplazados 
por nuevas creaciones, ó solamente se han perdido ó alterado alguno ó algu- 
nos de sus elementos. Las pérdidas completas de tiempos reconocen á mi 
juicio causas diferentes de las que han intervenido en las alteraciones ó pér- 
didas parciales de algunos de dichos elementos, y las causas de estas últimas 
son mejor conocidas que las de aquellas otras. Estas pérdidas y alteraciones 
parciales son en su mayoría efecto de las leyes eufónicas de permutación 
latino-castellana, pero muchas veces también son efectos claros de la analo- 
gía. Estas alteraciones generalmente nos ofrecen series de fenómenos más ó 
menos numerosas, y raras veces se nos presentan como hechos aislados* 

(i) Sin embargo, alganas formas de tiempos representan entre nosotros ideas de tiempo y de modo dife- 
rentes de las que expresaban en latín; v. gr., las formas condicionales en ra y fe. ^ 



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PRÓLOGO XIX 

Y si todo fenómeno reconoce una causa, estas diversas series de fenómenos 
tendrán también la suya, la cual unas veces nos será fácil reconocer con cla- 
ridad, otras nos será muy difícil y hasta imposible. En tal caso tendremos 
que contentarnos con el conocimiento de aquellas series de hechos fonéticos, 
lo cual aun así no dejará de revestir capital interés. La relación de aquellos 
fenómenos con sus causas constituirá las leyes fonéticas y morfológicas que 
han intervenido en las alteraciones del verbo latino hasta convertirlo en el 
castellano, tal cual en la actualidad lo poseemos. 

Vamos á recordar las leyes fonéticas más importantes que han intervenido 
en la transformación del verbo latino en castellano, y en cuanto tengan apli- 
cación directa al mismo verbo. Los números que las señalan no tienen más 
objeto que el de facilitar la referencia; nuestro objeto se comprenderá que no 
€S el de discutirlas, sino el de recordarlas para su más fácil aplicación. 

l.*^ La lengua castellana tiene tendencia á contraer en una sola vocal los 
grupos de vocales idénticas; v. gr.:/(?«, fe;piee, pie (jakutes/ede, piedé); mihi en 
mi. Ubi en ti, sihi en sí (con pérdida previa de las intermedias ^, h). Hoy 
mismo tenemos horror al hiato, empleando la sinalefa en la conversación 
y en la poesía; v. gr.: la aurora pronunciamos ¡aurora; no le entienden, 
nolentieTulen, 

2.*^ El castellano transformó en dio, t latina, que por la pérdida de las fle- 
xiones quedó al descubierto, como final del tema; v. gr.: potestaten potestad, 
pietat en piedad, varietat en variedad (dLntes potes tatis, pietatem, varietaté), y 
lo mismo sapite, sabet, sabed. 

8.* Los sonidos representados por II, ñ, ch, son compuestos de I, n, c=z y 
de la vocal i por segundo factor; v. gr. : mirahilia y maravilla, lievar y llevar, 
Hispania y España, anio y año, Sancio y Sancho, rancio y rancho. 

4.* Los grupos de consonantes nr, Ir, para impedir la aspereza que resulta 
de su contacto, atrajeron una d, que se colocó entre una y otra ; v. gr. ipon-d- 
ré, sal'dré. Esta ley se puede llamar ley de la atracción de los grupos nr, Ir, 
así como la hay del grupo mr en nombre, hombre, lumbre. 

5.* Las explosivas fuertes p, t, c=h, se transformaron en las suaves corres- 
pondientes entre dos vocales y entre vocal y vibrante r ó /; v. gr. : lupo en 
lobo, capistro en cabestro, super en sobre, capra en cabra, dúplex en doble, 
cateóla en cadena, materia en madera, smatu en senado, pater en padre, amico 
en amigo, tritico en trigo. 

6.* Las explosivas suaves b, d, g, entre dos vocales, se perdieron con mucha 
frecuencia; v. gr.: crudelis en cruel, ftdelis en ñel, laudare en lodar y loar, 
fovea en ío\\2k,foia en hoya, boves en bueyes, legere y lego en leer y leo, legali 
y regali en leal y real. 

7.* La vocal átona e, ante las vocales fuertes a, o, se perdió, con especiali- 
dad en los verbos: así, debeo y debeas se convirtieron en debo y debas, persua- 
deo y persuadeas en persuado y persuadas, moveo y moveas en muevo y muevas, 

8.* La vocal átona i, ante las vocales fuertes a, o, se perdió en muchos nom- 
bres y verbos; v. gr.: *malitia y malezia en maleza, pigritia en pereza, partió 
j partías en parto y partas, dormio y dormías en duermo y duermas. 

9.* La u átona se perdió con frecuencia ante las vocales a, o;V. gr.: batu^ 
j battuis en bato y batas, distinguo y distingues en distingo y distingas, extin- 
gw> y extinguías en extingo y extingas, carduo en cardo, liquor en licor, qua- 
litat en calidad, dúos en dos, y los arcaicos tuo y suo en to y sp, latín vulgar 
^iguo y sigiuimus en sigo y sigamos, constw y coso. 

10. Entre las dos vocales antedichas uo, ua, en vez de la supresión de la 



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XX PRÓLOGO 

primera se evitó el concurso con la inserción de la paladial y, v. gr.: tuo j tua, 
suo y $ua, en tuyo, tuya, suyo, suya; hio y lúas, en luyo y luyas. 

11. Ley de contracción del diptongo au en o; así tenemos mauro y moro^ 
tauro y toro, causa y cosa, cauda y coda, pausada y posada. 

12. Inserción de la paladial i6 y entre a-a, a-o; v. gr.: cayo, caya. 

13. Inserción de la gutural suave ante a-o; v. gr.: valgo, valga. 

14. Transformación de la aspirada labial / en A en principio de dicción; 
V. gr. : fariña y harina, fico é higo, fapünda y hacienda. 

Las leyes fonéticas designadas con los 14 números precedentes obedecen al 
principio de la menor acción. 

15. La w final se perdió ó se transformó en n, sin que quedara ni una sola 
por excepción; v. gr.: nunquam, nunca; iam, ia; tam, tan; Umplurriy templo; 
cum, con; conmeeum^ contecum, consecum, conmigo, contigo, consigo. 

16. La ¿ final latina se perdió, sin que quedara ni una sola por excepción; 
, V. gr. : et, é, y, i, aut y ó, caput y cabo (cf. el lat. vulg. ad caput = á cabo). 

17. El castellano na refundido en uno casi todos los grupos de consonantes 
dobles idénticas, como mm, U, pp, gg^Jf, tt, dd, ss; v. gr,:summo y sumo, illa- 
tion é ilación, appellativo y apelativo, aggredi ó aggredire y agredir, officio y 
oficio, attendmre y atender, addition y adición, remisso y remiso. 

18. La consonante 5, seguida de consonante, recibe en castellano en prin- 
cipio de dicción una e protética; v. gr. : specie y especie, statu y estado, sperare 
y esperar, studio y estudio. 

Las cuatro leyes precedentes podrían formularse bajo la denominación co- 
mún de ley de la concordancia fonética y gráfica, porque el castellano mues- 
tra gran tendencia á escribir como pronuncia. 

19. Ley de la alternativa fonética entre la vocal tónica media e y el dip- 
tongo is, reforzando la sílaba por la acción del acento; v. gr.: dente y diente 
al lado de dentista, serpente y serpiente al lado de serpentina, incensó é in- 
cienso al lado de incensario. Esta ley, si no es absoluta y universal, tiene mu- 
cha extensión y su causa es muy clara, 

20. Ley de la alternativa fonética entre la vocal tónica media í? y el dip- 
tongo ue, reforzando la raíz por la acción del acento; v. gr.: sarte y suerte al 
lado de sorteo, morte y muerte al lado de mortal, corpo y cuerpo al lado de 
corporal. También es ley muy extensa, tan segura como la anterior y recono- 
ce la misma causa. 

Las dos leyes señaladas con los números 19 y 20 podrían denominarse 
también con el nombre de leyes del acento enérgico y con el de leyes del 
énfasis. 

21. Ley de la e final átona influida por la r precedente. Por esta ley se per- 
dió la e final en numerosísimos casos en que la consonante podía sostenerse 
apoyándose sobre la sílaba anterior; v. gr.: solare y solar, lunare y luna^. Está 
regla comprende todos los infinitivos. 

22. Lé^ de la i final átona. Esta ley es universalísima, y consiste en cam- 
biarse la »'^nal, ya como último sonido de la palabra, ya como perteneciente á 
la sílaba final, en la vocal media e; v. gr.: duodecim y doce, vigititi y veinte^ 
amatili y amable. 

28. Ley de la u final átona. Esta ley, en los verbos, no admite, una sola ex-, 
cepción, y en los nombres y pronombres son muy pocos los que se sustraigan á 
ella; V. ^.i^senatu y senado, comu y cuerno, gustu y gusto, cum y con. Con- 
virtióse en la vocal media o, lo mismo que la i se había convertido en la me- 
dia e. 



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PEÓLO<iO XXI 

24. La i de las matátesis fué transformada en e; v. gr.: cábállarius^ coba- 
llairo, cahalleiro, caballero; primario, primairo, primeir o, primero. 

25. El diptongo ai en general y en las metátesis se transformó en e, pasando 
por los intermediarios ei, ee. La regla 24 puede refundirse en ésta; v. gr.: fe- 
rrario, ferrairo, ferreiro, */erreero, ferrar o j herrero; vaccario, vacairo, va- 
queiro, *vaqmerOy vaquero; coquinario, coquinairo, coquineiro, *coqumeero, 
coquinero ó cocinero. 

26. Transformación de la 8 en Z; cresco y crezco, cognosco v conozco. 

27. La gutural mixta x se transformó en la gutural aspirada fuerte; v. gr.: 
exempío y ejemplo, exercitu y ejército, exercere y ejercer. 

28. La ejla i finales átonas, infinidas por los sonidos circundantes n, I, 
se perdieron; v. gr. : Iiostile y hostil, utile y útil, fini y fin, pañi y pan. Esta 
ley podria formar una sola con la veintiuna. 

29. La atracción recíproca de la ^ y de la u; v. gr.: Vadana y Gruadiana, 
garnir y guarnición (lat. vulg.), miniuire y menguar. 

30. Ley de la alternativa fonética entre las vocales media e y la extrema 
correspondiente i, reforzando ó debilitando la vocal de la raíz, según el ma- 
yor ó menor peso de la vocal ó vocales de la sílaba siguiente. Esta ley es in- 
falible en los verbos á que se aplica. Yo la llamo de equilibrio fonético. Si la 
vocal de la raíz es la e, y en la sílaba siguiente se encuentran la a, la e, la o y 
los diptongos ie, io, entonces en la raíz la e se convierte en i; v. gr.: pedir, 
pido, pidamos, pidió, pidiera, piden; si en la sílaba siguiente hay una sim- 
ple i, entonces la e de la raíz se conserva: pedimos, pedía. 

81. Ley de la alternativa fonética entre las vocales media <? y la extrema 
correspondiente u en las mismas condiciones que en'la regla 30; v. gr.: mo- 
rimos, muramos; murió, morirá; muriendo, moría. Los fonetistas llaman á la 
a vocal de equilibrio entre la i, que es la más aguda de las vocales, y la u, la 
más grave. 

Causas de las transformaciones fonéticas.— Examinando los gru- 
pos de fenómenos fonéticos precedentes, parece ser que los catorce números 
{)rimeros reconocen por causa el principio de la menor acción. «Guardáronse 
os Trovadores, dice el marqués de Villena en su Arte de Trovar, de poner un 
vocablo que comenzasse en vocal tras otro que acabase en ella, como casa alta, 
que aquellas dos aa con/onden i detienen la voz. E quando la O se encuentra 
con la B en medio de dicción, detiene la voz, e por eso en su lugar ponen V, 
como por decir cobdo escriben coudo,)) Otros reconocen la acción del acento, 
como son los números 19 y 20, ó el acento combinado con la naturaleza de 
los sonidos circundantes, como en los números 21, 28 7 32, ó la tendencia á 
concordar fonética y gráficamente, escribiendo lo que se pronuncia y pro- 
nunciando lo que se escribe, cual sucede en los números 15, 16, 17 y 18, 
pues por el testimonio de los gramáticos latinos se sabe que la wi y la / finales 
en latín ó no sonaban ó su sonido era débilísimo; que las palabras que empe- 
zaban por 8 ya en la decadencia se percibía el sonido e y aun se escribía, y 
las consonantes dobles, al menos en el dominio castellano, debían sonar como 
una sola. Nebrija en su Gramática Castellana, edición de 1492, dice: «Avemos 
aquí de presuponer lo que todos los que escriven de ortografía presuponen t 
que así tenemos de escrivir como pronunciamos y pronunciar como escrivi- 
mos». Y en otro lugar añade: «Ninguna lengua puede sufrir que dos letras 
de una especie puedS juntas herir la vocab. La escritura nos engafiacon 
frecuenoia; muchas letras siguen escribiéndose aún después de haberse extin- 



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XXII 



PRÓLOGO 



guido el sonido que representan. El marqués de Villena, en su Arte de Tro- 
var, nota ya este hecho: «Algunas letras, dice, que se ponen e no se pro- 
nuncian. Quien dice Philosophia pronuncia P i no se pone, Psalmo pone P e 
no se pronuncia. Honor pone H e no se pronuncia». Valdés, en el Diálogo d& 
las Lengtcas, dice que escribe esphera con f por conformar su escritura con la 
pronunciación. Véanse en la octava edición de la Ortografía de la Real Aca- 
demia de 1815 las razones que tuvo para suprimir ciertas letras. La natura- 
leza dé los sonidos próximos ejerce una influencia muy marcada en las trans- 
formaciones fonéticas. ¿Podrán atribuirse á esta causa las dos preciosas leye» 
de la alternativa fonética, señaladas con los números 80 y 31, y que yo llama 
del equilibrio fonético, atendiendo á la pesadez y ligereza de los sonidos de la 
sílaba siguiente? ¿Son efectos de armonía musical, cuya causa, así como en 
muchas series de fenómenos, es para nosotros totalmente desconocida, por 
radicar en la naturaleza íntima, impenetrable, del sentimiento, en las leyes- 
del instinto estético? 

Vamos á recordar dos leyes de concordancia gallego-portuguesa y caste- 
llana, por tener grandísima aplicación en el estudio de nuestro verbo. 

1.* Al diptongo portugués cu corresponde generalmente en castellano la o^ 



lATÍN 



PORTUGUÉS 



aut OU O. 

antumno.. . . outono otoño. 

auro coro oro. 

altero outro otro. 

altario outero otero. 

adorat adoura adora. 

audire ouvir oir. 

causa cousa cosa. 

capuit coobe copo — cupo. 

do dou do — doy. 

dúos dous dos. 

habuit houve hobo — hubo. 

ilIumiDavit. . lembrou alumbró. 

Laurentio. , . Lourenzo. . . Lorenzo. 



LATÍN PORTUGuás CASTBLlAlf O 

mauro mouro moro. 

oblíto ouvído olvido. 

pauco pouco poco. 

pausare. . . . pousar posar. 

placuit. . . . prouve y prou- 

gue (are.).. . plogo— plugo. 

rauco rouco ronco. 

sto estou esto — estoy. 

sapuit souve sopo— supo. 

saltu souto soto. ^ 

sum sou so— soy. 

thesauro.. . . tesouro. .... tesoro. 

traxit trouxe troxo — trujo (arcV 

vado vou vo — voy. 



2.* Al diptongo portugués ei responde en castellano generalmente la e. 



LATÍN POlTUGUéS CASTELLANO 

amayi amei amé. 

área eirá era. 

caballarío. . . cavalleíro. . . . caballero. 

directa. . . . dereita derecha. 

facta feita fecha. 

frontaria. . . fronteira frontera. 

februario. , . fevereiro febrero. 



LATÍN 



habeo. . . 

Í anuario. . 
axare. . . 
primario . 
sapio. . . 
tertiario. . 
Tividario.. 



PORTUGUÉS CASTELLANO 

hei he. 

Janeiro enero. 

leixar dejar. 

primeiro primero. 

sei sé. 

terceiro tercero. 

viveiro vivero. 



Hemos indicado las leyes fonéticas más importantes, según las cuales parte 
del verbo latino se transformó en castellano; teniéndolas en cuenta, podrían 
restaurarse muchas de sus formas. Decimos muchas y no todas, porque existe 
un gran número de fenómenos glóticos en nuestra conjugación inexplicables 
perlas leyes fonéticas de permutación latino-castellana. Comparando las dos 
conjugaciones, hallaremos que las cuatro clases de temas verbales del latín se 
han reducido á tres en castellano; que los temas en e breve han pasado á la 
segunda y la tercera; que los verbos deponentes han desaparecido; que se 
perdió la reduph'cación; que la pasiva sintética ha sido sustituida perla peri- 



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PRÓLOGO XXIII 

frástica; que se han perdido muchos tiempos del antiguo sistema y se han 
creado otros nuevos según tipos que el mismo latín ofrecía; que los sufijos 
propios de ciertas formas se han extendido á otras; en fin, que el acento ha 
persistido en unas formas según la ley de la cantidad y en otras ha cambiado 
de sitio. 

Ahora bien; ¿es posible en castellano explicar sólo por las leyes fonéticas 
cambios tan radicales, como son todos aquellos á que nos referimos, por ejem- 
plo, que caí resulte sin violencia de cecidia conocí de cognovi, persuadido de 
jpersikzsso, soy amado de amor, murió de mortuus fuerü? Imposible; las len- 
guas proceden de otra manera. Lo que hay en todos estos fenómenos es que 
reconocen otra causa muy diversa; la mayoría de éstos son efectos de la ana- 
logía, que en ellos ha operado de la manera siguiente: 1°, creando formas pa- 
ralelas de tipos ya existentes en la misma lengua; 2.®, engendrando con esto 
dobles formas para expresar un mismo concepto; 3.**, eliminando por una es- 
pecie de selección espontánea, inconsciente, una de las formas de la pluralidad, 
generalmente la más antigua; 4.*^, en su consecuencia, acabando por fijarse 
la más moderna. 

De comprobar todos estos extremos hemos de tener frecuentes ocasiones 
en el curso de esta obrita; vamos á citar algunos ejemplos para ir preparando 
al lector en este importante procedimiento, que encierra en sí el secreto de 
transformación de las lenguas. Al lado de mortuus fueiit encontramos en la 
Confirmación de los Fueros de León, por doña Urraca, en 1109, m^orieril, imi- 
tación de audierit: ^Et cavalleiro si in sua corte, aut in suo lecto morierit)), 
<íEt caballeiro qui in fossatum mortuus fuerit^^ , El mismo concepto está ex- 
presado por moiierit que por mortuus fuerit. He aquí la creación de los 
temas paralelos; los dos siguen en uso; morif^rit va formando hábico y conso- 
lidando la misma significación de mortuus fuerit; hácese preponderante y 
concluye por eliminarlo, mediante el olvido que se hace de su uso. De morierit 
resulta sin videncia el muriere castellano, continuador del morierit y no del 
mortuus fuerit. ¿Quién ha hecho esto? la analogía, la imitación, que ha cal- 
cado á morierit como una copia de audierit. Otro ejemplo: En el latín vulgar 
se lee al lado del clásico inquirere el infinitivo inquiriré. <LEgo cepi inquiriré 
quenam esseti» (Juicio del Obispo don Sancho en 1148). Inquirere é inquiriré 
son con esto dos formas paralelas del infinitivo; de la segunda, que es la más 
moderna, resulta la nuestra inquirir, y la otra ha quedado relegada al olvido. 
Lo mismo sucedió con redimere y redimiré, sequi y sequire, exmentiri y exmen- 
tire. En los sufijos; por ejemplo, cognosco. Este sufijo seo se extendía sólo á 
los imperfectos; la analogía lo extendió á los perfectos, y esta forma última 
triunfó; así se explica que se diga en la Edad Media conosci. Lo mismo acon- 
teció con la pasiva. La pasiva latina poseía una doble forma: una sintética 
para los imperfectos, otra perifrástica para los perfectos. ¿Qué hizo la analo- 
gía? Extender la perifrástica de los perfectos á los imperfectos, uniformando 
con esto aquella voz. Por las leyes fonéticas latino-castellanas es imposible 
explicar sin gran violencia la pérdida de la pasiva sintética latina. Casi todas 
sus foiTnas terminaban en r, y la r final bien sabemos que es una de las pre- 
dilectas en el habla castellana. Pues contra todas las leyes fonéticas perdióse 
aquella forma pasiva; prueba evidente de que las causas fueron otras, y que 
yo no veo más que la analogía que hizo extensivas á los imperfectos hñ for- 
mas de los perfectos. En el latín clásico estaba ya iniciado este cambio. Bn- 
cuéntranse en los mejores tiempos de la lengua latina perífrasis aplicadas al 
presente con formas de perfecto y significación de presente. En este ejemplo 



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XXIV PRÓLOGO 

de Julio César: Omnis Oallia divisa est in partes tres. Divisa est, con forma 
de perfecto, es realmente un presente. Lo mismo en este otro de Fedro: Om- 
nes conientcB sunt, cuyas traducciones son: «Toda la Galia está dividida en 
tres partes»; «Todas están contentas». ¿Costaría mucho á la gente igno- 
rante el generalizar estas formas y otras parecidas por analogía, por imi- 
tación? 

Si la analogía ejerció tal influjo en la formación de nuestra lengua, ¿qué 
es la analogía aplicada á la transformación de las lenguas? 

1.*^ La analogía lingüística es fuerza instintiva, inconsciente ó semi- 
inconsciente. 

2,** Es tendencia uniformadora; v. gr., al oír q^ue Sevilla, villa y maravilla 
suenan de la misma manera, tiende á escribirlas igualmente, poniendo mará- 
villa y no marahilia, según el origen. 

3.* Como consecuencia de la propiedad anterior, es tendencia generali- 
zadora. 

4.^ La analogía es tendencia imitadora, es una copia de tipos existentes, y 
merced á estas copias se engendran las dobles formas, las formas paralelas, 
como en los ejemplos citados de sequi y sequire, mori y moriré, rediniere y re- 
dimiré, inquirere é inquiriré. El carácter de la analogía por esta tendencia á 
la imitación, á las copias, es del mayor interés. Con estas imitaciones fór- 
manse los temas paralelos, que los vemos continuar á veces por siglos enteros 
el uno junto al otro y los dos en uso. Esto sucede en épocas atrasadas, y por 
eso en la Edad Media encontramos tal riqueza y pluralidad de formas para 
un mismo concepto. En los pueblos vemos estas dobles formas diciendo unos 
yu^o, otros jubo; unos uncir, otros juñir; unos bueno, otros güeno, y todos se 
entienden. Las formas dialectales, no habiendo en estas épocas de atraso 
quien las regule, ejercen también su influencia tanto mayor cuanto más cer- 
canas. Hay quien opina que las lenguas son como los ríos, que cuando se les 
ciega un cauce se buscan otro; esta comparación es inexacta y hasta errónea 
en las lenguas, porque esto supondría que se estacionaban, que permanecían 
remansadas, y luego conscientemente se buscaban otros medios de expresión. 
Las lenguas, antes de perder el cauce primitivo, se forman otro; antes de per- 
der un medio de expresión ya se han creado otro, y siguen empleándose los 
dos; uno de ellos se va sobreponiendo al otro, y éste acaba por caer en el ol- 
vido, en el desuso, y el desuso es su muerte. Generalmente no se extinguen 
por completo, sino que dejan alguna reliquia de su anterior existencia, hasta 
que otro período posterior acabe con ella. Tales son nuestro querrá y querria 
en los futuros; los comparativos como mayor, mejor, y el verbo ila, conser- 
vando el sufijo ha, que se perdió en todos los de la tercera. 

5.** La analogía, por tanto, no es tendencia que crea; ella supone hechos los 
primeros tipos que imita; si ha de considerarse como fuerza creadora, lo es 
sólo indirectamente. Así, por ejemplo, los latinos no tuvieron la ley de la al- 
ternativa fonética entre los diptongos vs, ie y las vocales tónicas ó átonas o, e. 
El primer caso de estas formaciones ue, ie es obra del acento y de los sonidos 
circundantes; pero su generalización, extendiéndolos á otros de las mismas 
circunstancias, será obra también de la analogía, de la imitación. Lo mismo 
puede afirmarse de la formación de nuestros futuros. 

6.** La analogía lingüística es un aspecto particular de la asociación de las 
ideas, que tiende á unir en la memoria millares de palabras por la semejanza 
exterior, por clasificaciones empíricas más que por deducciones lógicas y eti- 
mológicas. Tal sucede en los niños, que por imitación de beber ú otro tipo 



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PEÓLOGO XXV 

tienden á decir saho y saha, como dicen bebo j beba, j como se decía en la 
Edad Media. 

7° La analogía, como tendencia imitadora, puede extenderse á todos lQ^ 
aspectos de una lengua; ella imita los sonidos, las letras, los acentos, los su- 
fijos, temas, elementos de flexión y hasta las proposiciones, pero con frecuen- 
cia no imita más que las formas exteriores. Así se explica el que en castellano 
tengamos tantos nombres femeninos procedentes de plurales neutros latinos, 
como leña, ceja, fecha, gesta, conseja^ arma, los cuales están formados induda- 
blemente como si fueran femeninos y á imitación de los singulares, por el 
parecido que tenían los plurales neutros con femeninos en a. distas conver- 
siones analógicas se hallan hechas ya en el latín vulgar. 

8.** La analogía no se contenta con imitar y copiar los tipos existentes en 
la propia lengua, también imita y copia las formas de otros idiomas. Si el 
francés dice: nQmation á resondre)), y esto es lo normal en aquella lengua, 
cuando oímos decir en nuestro Congreso que «tiene grandes problemas á re- 
solver» esto se reputa como un galicismo, que en realidad no es más que una 
imitación de las construcciones francesas, una constrocción analógica. 

Este carácter copista, imitador, de la analogía, nos explica una porción de 
hechos: a) que en los niños la fuerza de la analogía es mayor que en los 
adultos, y de éstos mayor en las gentes incultas que en las instruidas, pues 
las gentes incultas son intelectualmente como niños; b) que la imitación 
analógica crezca á manera que disminuye la cultura intelectual y decrezca 
con la reflexión y la cultura intelectual; consecuencia de esto es la fijeza que 
se nota en el período clásico latino y en el castellano de la Edad Moderna, 
respecto á la época arcaica de Boma y á la Edad Media, en que las forma- 
ciones analógicas fueron mucho mayores; c) la pluralidad de formas que en- 
{ centramos en la Edad Media, resultantes de la imitación de los dialectos, de 
as creaciones dentro de la misma lengua y de mantener al mismo tiempo las 
antiguas; ¿^) que la analogía subsista en todos tiempos; entre nosotros conti- 
núa bien á las claras: en el pueblo, tendiendo á decir producid, satis fació á imi- 
tación de lució; en la gente culta la tendencia es á imitar la tradición latina 
ó griega, y con esto se engendran otras clases de palabras de doble forma; 
e) el que los niños cometan grandes faltas en los análisis diciendo arma, nomi- 
nativo de arma, armae, en latín, y corporis, genitivo de corpor, corporis^ ten- 
diendo á la uniformidad. 

¿Cómo podrá definirse la analogía lingüística? Según las consideraciones 
precedentes podremos definirla, aunque no sea más que por aproximación, di- 
ciendo que es: «La tendencia espontánea que el hombre tiene á generalizar y 
uniformar el lenguaje, procurando expresar con unas mismas formas exterio- 
res un mismo concepto material ó formal, existente ya en una sola, ya en va- 
rias palabras»; v. gr., la tendencia á uniformar el radical en un mismo ver- 
bo, toda vez ^ue expresa un mismo concepto, y la misma propensión á expre- 
sar con un mismo sufijo, v. gr., men 6 mbre, una misma modificación en las 
Salabras derivadas, tales como costumen, costumbre, mansuetumen, manse- 
umbre, como lumen y lumbre, nomen y nombre, en vez de consuetudo y man- 
suetudo, y las formaciones que resultarían sobre estos nombres clásicos. 

La analogía, tal cual la entiende la lingüística moderna, recibe los nombres 
de traslación de formas, formaciones parálelas, conformaciones, asocitw^ión, 
üsimilación, apareamiento, atracción {}). 

O) Véaie Pjbii, La GrecUa a»¿ica.--DELBiucK, Introducción á la Ciencia del Lengwije. 



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XXVI PRÓLOGO 

Concepto EXAGERADO de la analogía. — Grande, grandísima es la in- 
fluencia que la analogía ejerce y ha ejercido en las lenguas, y nosotros tendre- 
mos ocasiones frecuentes de observarlo en esta obrita, pero algunos escritores 
modernos exageran sus efectos hasta un grado incomprensible. Mr. Víctor 
Henry, cuyas obras producen furor en Francia y fuera de Francia, hasta el 
punto de haberse hecho cinco grandes ediciones en seis años (1887 á 1898) 
de su Precis de Ghrammaire Comparée du Oree et du Laiin, es uno de los par« 
tidarios más fervientes del criterio de la analogía, asi como lo e3 también de 
la infalibilidad ó de la no excepción de las leyes fonéticas. Yoy á traducir 
literalmente algunos de sus conceptos: <icY es que la analogía lingüística^ 
forma especial de la facultad de la asociación de las ideas, aplicada al len->- 
guaje, no es solamente un agente indispensable, creador y perturbador á la 
vez de la formación de las palabras de una lengua, puede afirmarse que es la 
esencia misma del hablar humano. Sin este fenómeno, la inteligencia de una 
lengua sería un hecho inconcebible» (op. cit., p. 107). El mismo autor, ha- 
blando de las leyes fonéticas, dice: «Las leyes fonéticas, siendo establecidas 
sobre la doble base de la historia del lenguaje y de la fisiología, hay que re- 
conocer que al menos bajo el punto de vista del método del lingüista no 
admiten excepciones». Hay qne guardarse, por consiguiente, de frases tales 
como ésta: en latin, la s entre dos vocales se transforma con frecuencia en r. 
Una ley fonética es ó no lo es, no hay término medio. Si la s intervocálica 
latina se convierte en r, dicha s se convertirá siempre en r (ibíd., 16)^ 
A. H. Sayce, en su bella obra Principios de Filología Comparada, traduc- 
ción francesa de 1898, hablando de la analogía y de la fonética en el capí- 
tulo IX, se expresa diciendo: «Si examinamos atentamente la cuestión, en- 
contraremos que la alteración fonética sufre la influencia poderosa de un 
principio más comprensivo, como es el de la analogía». Es este un elementa 
capital del cambio de la significación y de la forma de las palabras; al mismo 
tiempo que la acción fonética destruye, la analogía reconstruye y repara. La 
una es agente destructor, la otra agente creador, aun cuando las dos recono- 
cen el mismo origen, esto es, la pereza humana (*). «Una de las funciones 
más importantes de la analogía es la producción de una nueva Gramática. 
La Gramática no es sólo el esqueleto de una lengua, es la misma sangre que 
sostiene la vida, y los cambios que en ella se verifican son en gran parte cau- 
sados por la analogía.» 

Es indudable que por la analogía, usada con discreción, se explican satis- 
factoriamente muchísimos de los fenómenos lingüísticos que se escapan á la 
acción fonética. Pero á la analogía debemos recurrir solamente cuando no 
podamos explicar aquellos hechos por otras causas, y aun asi habremos de 
tener especial cuidado para no considerar como fenómenos de analogía los que 
tal vez reconocen otro fundamento. Los hechos producidos por la acción fo- 
nética ó por la analogía, que nosotros citaremos en la exposición del ver- 
bo castellano, y que serán bastantes, parécenos que no han de dejar lugar á 
duda. 

La analogía y la fonética no se hallan en la actualidad exentas de graves 
dificultades. Una de ellas se refiere al conocimiento de los tipos primitivos 
que han servido á la imitación. Esta dificultad es mayor en los sonidos que 
en otro orden de fenómenos, ¡jorque en las transformaciones fonéticas es 

(O Este principio se conoce con el nombre de {.ey de la menor acción, y también con el de Ley de la eco* 
nomia en la actividad de los órganos orales. 



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PRÓLOGO XXVII 

donde las lenguas revelan su mayor grado de individualidad y distinción. 
Por eso es muy frecuente encontrar en las obras- de los partidarios exagerado» 
de la analogía y del absolutismo de las leyes fonéticas formas dubitativas» 
como tal vez, quizá, acaso, pmde ser. Otra grandísima dificultad con que tro- 
piezan dichos partidarios consiste en las numerosas excepciones que se sus- 
traen á las nuevas creaciones, ó en las que quedan sin extinguir de las anti- 
guas formas, á pesar de hallarse en circunstancias tan parecidas que, de no 
ser idénticas, no pueden ser más semejantes. Tal sucede en nuestra lengua 
con las palabras ponte, fonle y mante. Ponte y fonie han recibido en caste- 
llano los efectos de la nueva ley de la alternativa fonética, transformando 
la o tónica en el diptongo ue; ¿cómo no la recibió también monte, que no se 
diferencia de las otras dos más que en la m? ¿Qué obstáculos encontraron lo» 
órganos orales para no decir muente como se dice puente? ¿Qué causas impi- 
dieron que la analogía extendiera aquella ley á esta palabra? Porque ponte, 
fonte y monte son tres palabras de origen latino; las tres son antiquísimas en 
nuestra lengua; las tres constan de cinco sonidos, cuatro de ellos idénticos; 
las tres tienen larga la cantidad por posición, las tres el acento tónico sobre 
la o\ las tres cuentan igual número de silabas, dos cada una, y hasta los so- 
nidos diferenciales, que son la p, f, m, pertenecen á un mismo órgano, al ór- 
gano de las labiales; ¿pueden presentarse tres palabras diferentes que reúnan 
mayor número de circunstancias idénticas en la estructura glótica? ¿Cómo 
es que en las dos primeras se cumplió la ley fonética y en la tercera se in- 
fringió? La misma dificultad encontramos en el imperfecto iba, ibas, siendo 
el único que ha mantenido el sufijo temporal ba de la cuarta conjugación la- 
tina, así como en el latín clásico era el único de dicha conjugación que con- 
servaba el sufijo bo en el futuro. Los comparativos sintéticos que conservamos 
son otra de tantas excepciones escapadas á la fonética y á la analogía. 

Para defenderse de las objeciones que se les hacen, contestan, especial- 
mente los fonetistas, que son muchas las causas que militan contra los soni- 
dos, las cuales constituyen otros tantos agentes que favorecen las irregulari- 
dades y aumentan las excepciones. Entre estas causas ponen: 1.* La enorme 
diferencia entre el lenguaje hablado y el escrito, que no revela con fidelidad 
los sonidos, haciéndonos además traición con frecuencia; tal sucede con la c, 
que antes era solamente gutural y hoy es además dental. 2^ La forma que 
primitivamente tuvieron las palabras; así se explica que de jugar se forme 
fttego, juegas, por la acción del acento, lo cual es rarísimo en nuestra lengua, 
pues la u tónica no suele transformarse en aquel diptongo; pero atendiendo 
á su origen, encontramos que fugar viene del latino ioeari, tocare, resultando 
un fenómeno de atavismo lingüístico. 3.* La proximidad de ciertos sonidos, 
ó sea los sonidos circundantes, que favorecen ó impiden que los fenómenos 
se verifiquen, cual sucede en fábula, fabla y habla', opera, opra y obra, en las 
cuales, después de la pérdida de las vocales átonas u, e, se articulan muy bien 
las vibrantes I, r con las labiales explosivas b, p, lo cual no puede suceder en 
túmulo y cúmulo, 4.* Límites de espacio y tiempo señalados á la acción de 
las varias tendencias fonéticas; así se dan leyes fonéticas en vigor en ciertos 
tiempos, como la t del sufijo te¿en ia Edad Media, después de perder la flexión 
y las formas, como cobdo, debda, recabdar, que hoy son rechazadas; y por lo 
que se refiere al lugar, es tan grande la variación que á veces una pequeña 
montaña basta para que se engendren sonidos totalmente diversos entre dos 
pueblos. 5.* El no observar debidamente los fenómenos en que la ley se cum- 
ple y aquellos otros en que parece infringirse. 6.* Que en las lenguas, más 



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XXVIíI PRÓLOGO 

que eu la naturaleza física, unas leyes se oponen á otras, impidiendo con su 
cruzamiento el que los fenómenos se verifíquen, cual sucede con el humo, 
que en lugar de caer asciende por impedírselo otras capas más densaa. 
7.* Que muchas excepciones y anomalías son debidas á influencias dialectales; 
tal vez muchas formas de nuestros verbos irregulares no reconocen otra causa 
que las influencias gallegas y portuguesas en la Edad Media sobre nuestra 
lengua y literatura. 8.*^ La época en que una palabra se ha transformado ó 
ha entrado á formar parte de una lengua. Así cometería un craso error el 
que sostuviera que el futuro telegrafiaré ha pasado por todos los estados in- 
termedios porque pasaron otros futuros, desde las perífrasis al estado actual 
de síntesis, con pérdida total de la h del auxiliar. 9.* Finalmente, la mi^ma 
acción múltiple universal de la analogía, que invade todos los aspectos de una 
lengua, es considerada como una de las primeras causas perturbadoras de las 
leyes fonéticas. 

Y para ser imparciales debiéramos mencionar ahora los asombrosos tra- 
bajos que los lingüistas modernos, y con especialidad los llamados fonetistas, 
han realizado de veinte años á esta parte en el campo de la Fonología, exami- 
nando cuidadosa y minuciosamente los órganos todos del aparato vocal, la 
intervención que cada uno de ellos tiene en la formación de cada sonido, las 
innumerables posiciones que pueden adoptar, la infinidad de sonidos gra- 
duales é intermedios, resultantes de aquellas diversas posiciones; las influen- 
cias que el lugar, el tiempo, el hábito, los grados de cultura, las personas con 
quienes se vive y una porción de circunstancias ejercen en la producción de 
los sonidos; y todo esto observado en individuos de todas edades y en todos 
los lugares de la tierra, en los continentes, en las islas, en las naciones civi- 
lizadas, en las tribus salvajes, en las provincias y municipios, en los valles, 
en el hogar doméstico, en las lenguas vivas y muertas, antiguas y modernas, 
«n los dialectos de comarca, de valle, de aldea y hasta de un individuo en sus 
diversas edades, señalando en los sonidos de la palabra con ayuda de la mú- 
sica el timbre, la intensidad, su gravedad absoluta y relativa, inventando 
para su representación gráfica decenas y decenas de letras vocales, decenas y 
decenas de letras consonantes (*), con otra multitud de signos accesorios; 
todo lo cual, unido á un complicado y nada fácil tecnicismo, hace que el es- 
tudio de la Fonología sea en la actualidad uno de los más arduos que puede 
acometer un hombre de ciencia. Pero la índole de esta monografía nos impide 
extender ya más este prólogo, que dicho sea de paso va resultando despro- 
porcionado. Lo dicho en él creemos suficiente para hacer comprender que 
intentamos estudiar el verbo castellano á la luz de la historia y de la compa- 
ración, las cuales nos presentarán en la sucesividad de los cambios fonético- 
morfológicos unas veces transiciones graduales y lentas, otras saltos inespe- 
rados y bruscos. Las primeras contienen generalmente fenómenos debidos á 
la acción fonética, y por las leyes fonéticas habrán de ser explicados; los se- 
gundos serán fonéticos, prosódicos y con especialidad morfológicos y debi- 
dos á la analogía, y por tanto en la analogía habrán de encontrar su expli- 
cación. 

(O Passt, en su Elude tur les changemenU phonétiques lea. 1890), emplea 38 letras vocales y 58 con- 
sonaotes. 



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MORFOLOGÍA DEL VERBO CASTELLANO 



IDEOLOGÍA GENERAL 



Etimología de la palabra verbo. — La palabra castellana v&rlo es 
continuadora de la latina verbum; una y otra proceden de la raíz aria var, 
latino-castellana ver, que significa hablar, y del sufijo dha (?), transformado 
en ¡?o. Que el sufijo latino-castellano ho se corresponde con el dha, lo com- 
prueba el intermediario umbro ver-fale, que conserva la aspiración. La len- 
gua gótica, sus derivadas y las eslavas conservan la í ó la ^ correspondiente 
á dicho sufijo, unido á la raíz, procedente del mismo origen que la latina. La 
raíz var, ver, se conserva en todas las lenguas de la familia indoeuropea, y en 
todas ellas guarda la significación de hablar ó de algo que se refiere á la lo - 
cución. En la antigua lengua gótica era vaur-da, en alemán es wort, en in- 
glés wor-d y en lituanio var-das. Los griegos llamaron al verbo f ílp.a(t), cuya 
raíz ^n, al parecer tan diferente de var y ver, es en su origen la misma ver y 
con la misma significación. La gramática comparada ha puesto esta concor- 
dancia fuera de toda duda. La raíz ^t^ de p-h-v^vz no es otra cosa que una me- 
tátesis de f pii, la cual, por la pérdida del digamma cólico f = ^ quedó con- 
vertida en fn. Así se explica que f?i-ixa(T) signifique verbo, palabra, y que 
pT^-Tiop quiera decir orador, el que dirige la palabra. Hay, pues, una admirable 
concordancia en todas las lenguas arias respecto á la raíz, sufijo derivativo y 
significación de la palabra; esto es, respecto á su etimología. Por tanto, lapa- 
labra verbo, por su etimología misma, vale tanto como locución, palabra. Los 
alemanes llaman al verbo Zeii'Wort, esto es, palabra de tiempo (^). 

Concepto general del verbo. — Tanto por su etimología como por 
el sentido usual, el verbo ha sido llamado ^a^a^a por antonomasia, denomi- 
nación que en manera alguna está desprovista de fundamento. La Gramática 
de la Real Academia, en su primera edición, llamaba ya al verbo la palabra por 
excelencia. «El verbo, decía la docta Corporación, es una parte tan principal 
de la oración, que sin él no se puede formar sentido ni expresar concepto 
alguno. Así lo manifiesta su mismo nombre verbo, que quiere decir palabra; 
pues aunque las demás partes de la oración se llaman palabras, ésta lo es por 

(«) G. Cüinus, Grünzuge der Griechisehen Etymologie.—V aviceh^ Etymologischer Woriérbueh der 
Lateinischen SpracAe.— Klugb, Etymologischer Worterbuch der Deutscken Sprage, 



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2 HOBFOLOQÍA DEL VERBO 

€xcelenciai> (pág. 56). ¿Y qué razón hay para llamar al verbo palabra por an- 
tonomasia, palabra por excelencia? Examinando lo (jue es el verbo ante las 
operaciones del pensamiento, concepto, juicio y raciocinio, y lo que son el 
fiustantivo, el adjetivo y el pronombre, encontramos (jue éstos expresan sola- 
mente uno de los elementos del juicio, el concepto, mientras que ú verbo, co- 
locado en cualesquiera de las formas del indicativo, del imperativo y del sub- 
juntivo, expresa en su síntesis, por sí solo, un juicio completo; él, por sí solo, 
•encierra una proposición, porque en su misma forma sintética, en una sola 
palabra, lleva fundidos los elementos representativos del sujeto y del atri- 
buto, refiriéndose mutuamente el uno al otro. Si decimos, por ejemplo, vemos, 
oimos y callamos, hallaremos que en cada uno de los tres verbos existe una 
proposición completa, cuyo sujeto, común á todos ellos, es nosotros y está 
representado en su síntesis por el exponente mos, y que el atributo respectivo 
€on las acciones atribuidas á dichos sujetos y que se hallan representadas 
por sus correspondientes temas. 

En cada uno de dichos tres verbos encontramos una comparación previa y 
la afirmación de un término refiriéndose al otro, en lo cual se halla la esencia 
del juicio y de la proposición que exteriormente lo manifiesta. Por tanto, 
cuanta sea la diferencia y la excelencia que existe entre el juicio y el concep- 
to, noción, idea ó simple aprehensión, esa misma Berá la que exista entre el 
verbo y los sustantivos, adjetivos y pronombres. Los infinitivos, los partici- 
pios y los gerundios tampoco expresan más que conceptos. La morfología 
comparada arroja sobre esta materia una luz clarísima, desconocida de la an- 
tigua escuela. Con el auxilio de la comparación de las lenguas arias ha podido 
hacerse del verbo una completa desarticulación, una verdadera anatomía, 
cuando no un delicadísimo análisis químico, en virtud del cual se ha llegado 
á determinar con precisión extraordinaria los elementos constitutivos del 
mismo verbo, dando por resultado que unos representan el sujeto y las 
ideas á él anejas, otros el atributo y otros circunstancias que acompañan al 
sujeto y al atributo de la proposición en la producción de sus acciones y 
en la formación de sus estados. Hay razón, por consiguiente, para seguir lla- 
mando al verbo palabra por excelencia, por encerrar en la síntesis de sus ele- 
mentos una proposición completa, expresión á su vez de un juicio. 

Si el verbo contiene en su síntesis una proposición, ¿serán equivalentes 
estas dos proposiciones, oimos y escribimos, de estas otras, nosotros somos 
oyentes, nosotros somos escribientes? Así lo han creído muchos, y aun en 
nuestros días no faltan autores que así lo crean, tanto respecto de estas pro- 
posiciones como de otras análogas. Pero contra esta opinión, al menos tomada 
en absoluto, están la lógica en lo relativo al pensamiento y la morfología ver- 
bal por lo que se refiere á los elementos de su expresión. La lógica no puede 
nunca estimar como perfectamente equivalentes un simple acto y el hábito 
formado por la repetición de actos. Ahora bien; en la proposición nosotros 
escribimos no se enuncia más que un simple acto, referido á un solo momen- 
to de tiempo, al momento en que se profiere la palabra, prescindiendo de las 
demás categorías de tiempo; pero en la proposición nosotros somos escribien- 
tes prescíndese del tiempo en que se hace la afirmación, aquella cualidad se 
le atribuye al sujeto como un nábito, una costumbre, una cualidad, en una 
palabra, como algo que es en él permanente y duradero. La proposición nos- 
otros escribimos, ó escribimos simplemente, sin pronombre expreso fuera del 
verbo, podría tener su equivalencia completa en esta otra: nosotros esta- 
mos escribiendo, la cual no sólo nos daría á conocer el acto realizado en 



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lOEOLOQÍA GENERAL 3 

:aquel momento, sino qne al mismo tiempo nos baria ver la naturaleza del pre- 
sente, expresando una acción dnrativa. Cuanta sea la diferencia entre los ver- 
bos ser y estar, esa misma podría señalarse con aproximación á las proposi- 
oiones escribimos y somos escribientes. Estas doctrinas tienen su complemen- 
to en la sintaxis de nuestra lengua, donde una Gramática completa debe ocu- 
Í)arse de tales diferencias al estudiar el uso de las partes de la oración. Aque- 
la equivalencia podría encontrarse tal vez cuando el verbo atributivo expre- 
sa un hábito y no solamente una acción momentánea. A cada paso estamos 
oyendo en la vida ordinaria preguntas como ésta: ¿Fumas? Con la cual pre- 
gunta no se le quiere dar á entender si en el acto está fumando, sino si tiene 
el hábito de fumar. En este caso, la contestación yo no fumo es equivalente 
de esta otra: yo no soy fumador. La misma palabra fumo, fumas, puede re- 
presentar un acto solo, el acto de fumaren el momento en que se habla, y en- 
tonces ya no será equivalente de soy fumador, sino de estoy fumando. 

Si atendemos á los resultados de la morfología comparada, notaremos que 
«n la estructura verbal de los presentes de indicativo, imperativo y subjunti- 
vo no se ha encontrado vestigio alguno del verbo ser, pues de estos tiempos 
los dos primeros se componen simplemente de un elemento subjetivo y de 
otro atributivo sin más cópula; v. gr.: da-mos = nosotros dar, y en el presente 
de subjuntivo no entra más que un sufíjo temporal entre ambos elementos 
representativos de los conceptos del juicio. Y á manera que nos vamos remon- 
tando hacia los orígenes de las lenguas, si consultamos los restos conservados 
de sistemas de conjugación más antiguos en formas tales como fer-t, fer-tis, 
vul'tis, ^-¿=*c¿?^ (él-comer), descubriremos en su desnudez con toda claridad 
la ausencia del verbo sustantivo. Es verdad que en algunos de los otros tiem- 
pos se ha encontrado la presencia del verbo sustantivo; pero este verbo ha 
<]^uedado en ellos más bien como un sufíjo temporal que como cópula para 
ligar los elementos esenciales del juicio, el sujeto y el atributo, contenidos en 
la síntesis del verbo. 

Definición del verbo. — Con lo dicho acerca de la naturaleza del ver- 
bo, y sin aguardar á examinar el contenido del verbo castellano, y á título de 
irla confirmando en el examen que de él hemos de hacer, podemos definir esta 
parte del discurso diciendo que es: La palabra por excelencia, que por conte- 
ner en la síntesis de su estructura los elementos representativos del sujeto y 
del atributo, con otros circunstanciales de tiempo y modo, sirve para expre- 
43ar un juicio completo. 

CijASIFICAOIÓn del verbo castellano. — Del verbo castellano pueden 
hacerse varias clasificaciones, según el principio que se adopte; vamos á indi- 
-car las más principales. Verbos que expresan: 

A. La esencia de las cosas, como ser; v. gr.: el hombre es mortal. 

B. La existencia, como haber, existir; v. gr.: hay Dios; existen antípodas. 

C. Estado ó permanencia, como estar, hallarse, encontrarse, residir, dor- 
anir, enfermar; v. gr.: Pedro está irritado; Juan se halla enfermo; Antonio 
reside en Barcelona; el niño duerme. 

D. Acción inmanente (intransitiva), como andar, salir, penar; v. gr: tú vas 
por mal camino; ayer saliste tarde; ya no penará más. 

E. Acción transeúnte interna (reflexiva propiamente tal), como amarse, 
conocerse, alabarse; v. gr.: yo me amo; tú te alabas; él mismo se desprecia. 

F. Acción transeúnte extema (transitivos propiamente tales), como ven- 



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4 MORFOLOGÍA DBL VERBO 

der, esculpir, pintar, entregar; v. gr.: Zorrilla vendió sus obras; Pidias escul- 
pió una estatua; el inmortal Yelázquez pintó la rendición de Breda. 

G. Acción inmanente pleonástica, como dormirse, alegrarse, morirse, des> 
esperarse; v. gr.: las once son, yo me duermo; paisano, ¡que me muero! los 
miserables se alegran de las desgracias de sus semejantes; aquel pobre se des- 
espera. 

H. Por las facultades á que se refieren, se dividen en cognoscitivos, afectivos^ 
volitivos y sensitivos, como conocer, apetecer, llorar, resolver, sentir; v. gr.r 
conoce su debilidad; llora la muerte de un hijo querido; determinó quedarse; 
sintió ruido. 

I. Por la posición en que el sujeto del verbo se coloca respecto al atributa 
verbal, se dividen en activos y pasivos: activos, si el sujeto se considera 
autor de la acción contenida en el atributo verbal; v. gr.: Cervantes compuso 
el Quijote; pasivos, si el sujeto es meramente receptor de ella; v. gr.: un 
espía fué degollado por los insurrectos. 

J. Por la manera de presentarse los elementos constitutivos del verbo en 
sus diversas formas se dividen en regulares é irregulares (impropiamente). Son 
regulares, cuando en sus diversos elementos constitutivos se observan las re- 
glas generales que sigue la mayoría de los verbos, como cantar, vender, subir; 
son irregulares (impropiamente), si en alguno ó algunos de sus elementos cons- 
titutivos se observan leyes especiales de formación; v. gr. : estar, poner, decir. 

K. Defectivos, si carecen de alguna ó algunas formas de tiempo, número ó 
persona y modo; v. gr. : soler, nevar, tronar, urgir. 

L. Complementarios, si las diversas formas de tiempo no se expresan por 
una misma raíz, sino por dos ó más; v. gr.: ser y que forma sus tiempos con 
tres raíces diferentes, es,fUy sed; ir, con otras tres, i, fu, vad, 

M. Atributivos y formales ó auxiliares. Los primeros son todos los verbos, 
en cuanto contienen en su estructura los elementos materiales y formales del 
verbo, y por tanto encierran una afirmación; los segundos son todos aquellos 
que, al entrar con los participios ó infinitivos á constituir las perífrasis de los 
verbos, suministran á dichos participios ó infinitivos todos y sólo los elemen- 
tos formales de que carecen; v. gr.: ser y ha¡?er; haber, por ejemplo, al unirse 
con el participio, y formar había, habías, habíamos cantado, le presta la per- 
sona, el número y el tiempo que no contiene el participio; los verbos auxi- 
liares no prestan al participio su significación material. 

Complejidad del verbo castellano. — El verbo en castellano, en latía 
y en todas las lenguas arias, ya se atienda á su aspecto ideológico, ya á su es- 
tructura material, es muy complejo. Mirado el verbo castellano en su aspecto 
ideológico, encierra una idea material, objetiva, atributiva, que es su signifi- 
cación; tres ideas subjetivas, que son la de persona y sus inherentes de nú- 
mero y voz; dos ideas circunstanciales de tiempo y de modo, y si á éstas 
agregamos otra, cuyo objeto es convertir los materiales previos en temas 
verbales, resultará que la ideología del verbo castellano comprende siete con- 
ceptos diferentes. La idea material ó significativa varía de verbo á verbo ; las 
seis restantes son las mismas para los diversos verbos; por esta razón la idea 
material ó significativa es de carácter en cierta manera individuali las otras 
son formales y de carácter general. 

Estructura material del verbo castellano.— Para la representa- 
ción ó expresión de las siete ideas mencionadas, el verbo castellano dispone 



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IDEOLOGÍA GENERAL 5 

de nn número desigual de elementos morfológicos, que varía de unos á otros 
tiempos; elementos cuya síntesis constituye la estructura del mismo yerbo. 

Analizando dicha estructura encontraremos que el presente de indicativo 
consta en unos verbos de dos elementos, v. gr.: da-n, y en otros de tres, 
como en am-a-moa. En el imperfecto de indicativo unos verbos contendrán 
tres, como ¿r-^'tnos; otros cuatro, como atn-a-ba-n. Y en los tiempos perfectos 
ó en los derivados hasta cinco; v. gr.: part-ie-ra-mos; esta es la regla sene- 
ral; por una rara excepción, y sin forzar mucho la inteligencia, podremos hallar 
seis de estos elementos en an-du-vi-éra-mos. 

La estructura material de estos elementos no siempre es idéntica para todos 
los verbos, pues unas veces la diversidad de origen nos ofrece diversidad de 
sufijos para un mismo tiempo, v. gr.: en ér-a-mos y amá-da-mos, y en otras 
ocasiones los cambios fonéticos hacen que aparezcan como diversos aun 
aquellos que originariamente eran idénticos; v. gr. : el sufijo ba de canta-ba-s 
es el mismo en su origen que la a de perdi-a-s, como nos lo comprueba el 
IMnperde-ba-Sy cuya diferencia proviene de haberse perdido en el segundo 
la b, conservada en el primero. 

Grupos á que pueden reducirse los elementos constitutivos del 
VERBO castellano. — Los elementos materiales que constituyen la morfolo- 
gía verbal castellana se reducen á cinco grupos: 1.^ exponentes personales 
que representan la persona, el número y la voz; 2.**, sufijos temporales y mo- 
dales que designan el tiempo y el modo; 8.°, sufijos formativos especiales de 
ciertos tiempos; 4.**, sufijos verbales, formativos y generales que convierten 
la materia preexistente en temas verbales, y 5.**, parte uniforme y significa- 
tiva del verbo, que es la materia previa del verbo y que con los sufijos forma- 
tivos generales se convierte en verdadero tema verbal. A su debido tiempo 
observaremos que el sufijo formativo general falta en muchos verbos, por ha- 
llarse virtualmente sobrentendido á consecuencia de terminar la parte uni- 
forme del verbo en una vocal idéntica á la del mismo sufijo; v. gr.: en cama-r, 
cuyo tema es causa, al lado de cruz-a-r, cuya parte uniforme es cruz. 

Plan de las materias que hay que estudiar en el verbo caste- 
llano. — ^El plan que vamos á seguir en el estudio del verbo castellano com- 
prende tres partes principales: 1.*, análisis de los elementos constitutivos del 
verbo castellano; 2.% síntesis de los mismos elementos, constituyendo la con- 
jugación según las leyes más generales (verbos regulares); 3.*, estudio de los 
verbos en cuya constitución intervienen leyes especiales que no concurren en 
los generales (verbos irregulares). 

Subdivisiones. — La pnmera sección se subdividirá en tantos capítulos 
cuantos son los grupos de elementos que entran en la constitución del verbo 
castellano; comprenderá, por tanto: 1.°, los exponentes personales y las ideas 
que representan; 2.**, los sufijos temporales y modales, con las ideas que re- 
presentan; 3.0, los sufijos formativos especiales de ciertos tiempos; 4.^, los 
sufijos formativos generales de todos los tiempos y formas del verbo; 5.^ de 
la parte significativa é invariable del verbo; 6.% á estos cinco capítulos se 
"agregará el sexto, (yie tratará del acento del verbo castellano. 

La segunda sección comprenderá las materias siguientes: 1.^ la conjuga- 
ción, condiciones á que han de someterse los verbos regulares y fundamentos 
en que se apoya la unidad y la pluralidad de la conjugación; 2.^ cuadros 
sinópticos de los tiempos sintéticos, clasificándolos por un método entera- 

MOBFCLOGÍA DEL VERBO.— 3 



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() MORFOLOGÍA DEL YERBO 

mente nuevo; 3.^ caadros sinópticos de los tiempos perifrásticos de pasado; 
4.% cuadros sinópticos de los tiempos perifrásticos de pasiva; 5.% cuadros 
sinópticos de la conjugación perifrástica de frituro. 

La tercera sección comprenderá: 1.", concejjto de los verbos que se some- 
ten á leyes especiales en su formación (verbos irregulares); 2.**, verbos irre^- 
lares que pueden estudiarse colectivamente ó en grupos; nuevas subdivi- 
siones; 3.®, verbos irregulares que deben estudiarse individualmente; 4.**, ver- 
bos que completan sus tiempos por dos ó más raíces; 5.<>, verbos defectivos 
propiamente dichos^ 



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SECCIÓN PRIMERA 
DE LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL VERBO CASTELLANO 



CAPITULO PRIMERO 

PARTE SUBJETIVA 

Los elementos subjetivos del verbo, como lo indica su mismo nombre, son 
los que se refieren al sujeto que recibe la atribución contenida en el tema del 
mismo verbo. Son ideológicamente la persona, el número j la voz. La per- 
sona en el verbo es el mismo sujeto sobre el cual recae la atribución del 
verbo. Las personas son tres: primera, segunda y tercera. La primera per- 
sona es el sujeto que habla, el que lleva la voz en el discui-so; k segunda ea 
el sujeto que escucha ó aquel á quien se dirige la palabra, j la tercera es el 
sujeto de quien se habla ó de que se habla. 

Números, — ^Los números indican la cantidad de sujetos sobre loa cuales 
recae la atribución del verbo. Son dos, singular y plural: singular si el sajeto 
es uno solo; plural si son dos ó más. 

Las personas con sus números se representan en latín y en castellano de 
dos maneras: ó por los pronombres y los nombres separados del verbo, ó por 
los exponentes personales que se hallan en la síntesis del verbo formando 
con él una sola palabra. El pronombre yo representa á la primera persona 
en el singular, y nos, nosotros, nosotras en el plural. El pronombre íi¿ re- 
presenta á la segunda persona en el singular, y vos, vosotros, vosotras en el 
plural. Los pronombres él, ella, ello, ellos, ellas, y todo saatanLivo, adjetivo 
sustantivado y pronombres, adjetivos sustantivados, pueden representar a la 
tercera persona. 

Los nombres sustantivos, cuando representan á la primera ó segunda per- 
sona, suelen ir acompañados de los respectivos pronombres; v, ^, : Yo el Key, 
Nos el Doctor. El pronombre usted, lo mismo que otras fórmulas de respeto, 
como usía, Vuecencia, son mixtos de segunda y tercera persona: de segunda, 
porque por medio de ellos nos dirigimos a quien recibe la palabra; de tercera, 
porque la concordancia de número y de persona se hace en la tercera j^ de 
singular, ya de plural; son de segunda persona quoad semum^ como diría la 
antigua escuela, y de la tercera quoad formara. 

Voz. — ^La voz es aquél concepto verbal que indica si el sujeto es autor déla 



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8^ MORFOLOGÍA DEL YERBO 

acción expresada por el verbo ó solamente receptor de ella; en el primer caso 
la voz es activa, en el segundo pasiva; v. gr.: Yo perdono las ofensas; el dis- 
cipnlo ha sido premiado por su maestro. La voz asi considerada no puede 
abrazar toda la nniversalidad de los verbos, porqne se dan numerosos casos , 
en ^ue el sujeto ni es agente ni paciente; tal sucede con el verbo ser, los que 
indican la existencia v muchos que expresan estados inmanentes; sin em- 
bargo, la Gramática, a falta de otro nombre, no es mu^ escrujmlosa en esta 
materia, y denomina verbos activos á muchos que examinados rigurosamente 
en manera alguna podria convenirles semejante denominación. En castellano 
la voz no se representa por sustantivos ni pronombres, solamente el reflexivo 
se interviene parcialmente en ciertas formas de pasiva. Lo general es repre- 
sentar la voz activa por exponentes personales, y la pasiva por la perífrasis 
del participio y el verbo ser, al menos en las lenguas neolatinas. 

ExpoNBNTBS PERSONALES. — La representación subjetiva del verbo se hace 
también por exponentes personales. Dase el nombre ae exponentes persona- 
les á la letra ó letras que en la síntesis del verbo sirven para representar las 
personas, su número y la voz en los verbos activos. Cualquiera que sea su 
origen, es lo cierto que los exponentes personales desempeñan en la estruc- 
tura verbal las mismas funciones que los pronombres personales cuando son 
sujetos de la proposición. De lo cual resultan dos consecuenc^ para la prác- 
tica de la lengua: 1.*, que en lasTbrmas verbales que llevan exponente per- 
sonal expreso y bien definido, es superfina ó pleonástica la presencia de un 
pronombre de la misma persona; v. gr.: en salta-mos no hay necesidad algu- 
na de que añadamos el pronombre nosotros, porque el exponente mos lo indica 
suficientemente; 2.% que en aquellas formas verbales en que el exponente per- 
sonal ha desaparecido, cual sucede eu la primera y tercera persona del sin- 
gular del imperfecto de indicativo y otros tiempos, se hace más necesaria la 
presencia del pronombre personal correspondiente; v. gr.: en cantaba y can- 
taba, primera y tercera persona respectivamente. Tal vez no reconoce otra 
causa la tan molesta y pesada repetición que los franceses hacen de los pro- 
nombres personales como sujetos del verbo. Llámanse exponentes perso- 
nales porque son elementos indicadores de las personas. Estos elementos 
se colocan siempre al final de la palabra, y esta circunstancia ha contri- 
buido á que se les designara y designe todavía por muchos con el nombre 
de terminaciones y desinencias. Los nombres de terminaciones y desi- 
nencias son equívocos, pues si bien todo exponente es el término de la pa- 
labra, no toda terminación es exponente. Las dos formas amaba y amaba 
terminan en ba, j baño ea representativo de la persona; estas dos formas en 
nuestra lengua se hallan privadas de exponente personal, paes en el período 
morfológico desaparecieron la w y la t, que eran sus respectivos exponeñtes. 
En atención á esto yo prefiero darles el nombre de exponentes, denomina- 
ción que se va generalizando bastante entre nosotros, á lo cual ha contribuido 
no poco el excelente Compendio de Gramática latina de nuestro amigo y com- 
pañero D. Eugenio Méndez Caballero. 

La cuestión sobre el origen de los exponentes personales ha sido una de las 
más trascendentales de la Filología moderna. En el primer volumen de la 
Gramática Comparada de Bopp pueden verse las razones con que este sabio 
combate la teoría germinativa de Federico Schlegel. Desde Bopp, la genemfi- 
dad de los grandes lingüistas han venido atribuyendo á los exponeñtes p^ 
Bonales un origen pronominal. En los últimos años algunos eminentes glo- 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 



9t 



tólogos de los llamados neogramáticos han puesto en dada esta procedencia» 
especialmente para la tercera persona del plural {^'). 

GiiASiFiOAOiáN BB LOS EXPONENTBS PERSONALES .—Si la lengua Castellana 
€s continuadora directa de la latina, el número y la calidad de los exponentes 
personales del verbo castellano, lo mismo que los otros elementos constituti- 
vos del mismo, sólo podremos determinarlo por medio de la comparación con 
el verbo latino. Los exponentes personales son los últimos elementos morfo- 
lógicos del verbo, y al comenzar por ellos tenemos (]ue empezar el análisis 
por el lado derecho de la palabra. Para su mejor inteligencia, los iremos sepa- 
rando por medio de un guión. 

Los exponentes personales latinos eran unos de activa, otros de pasiva. Los 
de activa se dividían en tres grupos, los de pasiva en dos. Los tres grupos de 
exponentes de la voz activa eran: 1.®, exponentes del imperativo; 2." exponen- 
tes del pretérito perfecto de indicativo; 3.^ el más general, ó sea exponentes 
de todos los demás tiempos. Estos tres grupos tenemos en castellano, más ó 
menos alterados. 

Exponentes del imperativo: 



Singular, 



LATÍN 
CLÁSICO 

3.* persona, ama-to. 



CASTELLANO 

ABCAICO 



CASTELLANO 
ACTUAL 



ama. 



Plural. 



LATÍN 
CLÁSICO 



CASTELLANO 
ABCAICO 



CASTBLLiNa 
ACTUAL 



2.» persona.! J^Jlf^i^ *! ama-t y ama-d. ama-d. 
3.» persona, ama-nto. 



De la comparación de los cuadros precedentes se saca en consecuencia: 
1.% que el latín poseía en el imperativo dos formas para cada una de las se- 
gundas personas; 2.^ que del latín, en su tránsito al castellano, hemos conser- 
vado la primera de las dos formas del singular, ó sea la desprovista ya de ex- 
ponente en aquella lengua; 3.^ que el exponente te de la segunda persona del 
plural lo hemos transformado en d, pasando primero por el intermediario t; 
4.% que en la Edad Media alternaban los dos exponentes en castellano, t^j d\ 
5.% que hemos perdido por completo los demás exponentes to, tote y nto; 
€.^ que el imperativo castellano sólo tiene dos formas, una sin exponente para 
la segunda persona del singular, ama, otra con el exponente d, ama-d. Por 
consiguiente, el grupo de los exponentes latinos del imperativo ha quedado 
reducido á uno solo, al exponente d. De aquí se infiere que las personas como 
ams (él), amemos (nosotros), amen (ellos), que le ponen nuestras gramáticas al 
imperativo, son prestadas de otro tiempo, (jue es el presente de subjuntivo, 
como luego veremos. El exponente d, y lo mismo la forma desprovista de ex- 
ponente, que no es otra cosa que el tema verbal, son los mismos para todos 
IOS verbos castellanos; v. gr.: tem>e (tú), teme-d; parte (tú), parti-d (vosotros). 
La segunda persona del singular sufre algunas ligeras alteraciones; pero esas 
corresponden al sufijo formativo, y de ellas se hablará en su lugar. 

¿Oómo se explican tales fenómenos? Lo que hemos conservado es efecto del 
carácter evolutivo de las lenguas que no se extinguen, sino aue se transforman 
en lo material y formal, y se conservan también en ambas clases de elementos. 

(<) Consúltese acerca de esta materia la sobria y docta mooografia de Delbbuck, titulada: Iiúroduceión al 
Bttudio de la Ciencia del Lenguaje, 



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10 



MORFOLOGÍA BEL VBRBO 



La transformación del exponente personal teent jd Be explica por la ley fo- 
nética segunda. La pérdida de la e pertenece al periodo morfológico de nues- 
tra lengua. La alternativa de la ¿ y de la d dura más de tres siglos, y la en- 
contramos ya en los primeros monumentos del habla castellana: ^Hy-d e veni-t 
da quivos do mi grapiaj> {P, del Cid), nl-d por Laurmpioi> (Bbrc, S. L., 92). 
<LPm8a4, diz Laurenpioy> (ibíd. 104). Esta alternativa de los exponentes ty d 
llega hasta el siglo xv. En el Marqués de Santillana (primera mitad del si- 
glo xv) se encuentran todavía bastantes formas con t, como ésttcdia-t, abri t, 
mira-t, sáhe-t. Mas en la segunda mitad de dicho si^lo apenas si se encuentran 
ya; con la Edad Media á una sucumbió la fuerte, siendo reemplazada en todo 
por la suave d. La alternativa en el uso de estos dos exponentes; el tránsito 
lento, gradual y reposado con que van sucediéndose unas formas á otras y 
suavizándose al mismo tiempo, confirman va muchas de las ideas que hemos 
emitido en el prólogo de esta obrita sobre la manera con que se van transfor- 
mando y fijando las palabras en las lenguas, y especialmente en la castellana. 
La pérdida de los exponentes to, tote, nto reconoce otra causa. Yo creo que su 
pérdida se debe atribuir al poco uso que de ellas se hacia en los últimos tiem- 
pos. Bastante usadas en antiguos documentos legislativos, yo no he podido en- 
contrarlas ni en el Código de los Visigodos, ni en los Fueros y Cartas-Pueblas 
de la Edad Media. El proceso fonético seguido por el exponente latino te es el 
indicado en los cuadros: te, t, d. El procedimiento histórico, si no fuera auxilia- 
do por la fonología, no podría por si solo damos testimonio de la prioridad de 
la i respecto de la d, porque según hemos visto, las dos formas coexisten ya 
en los primeros documentos del idioma castellano. A primera vista parecerá 
que la forma amate podía convertir la í en ¿? por la ley fonética quinta; efecti- 
vamente, pero en tal caso la e no hubiera desaparecido, porque la tendencia 
antigua, y no menos la moderna, es á perder la d entre vocales antes que per- 
der la vocal anterior ó posterior, y si antes se dijo de credere creet, hoy se 
dice en la conversación dau en lugar de dado. 

Exponentes personales del pretérito perfecto sintético ó simple de indi- 
cativo: 



Singular. 



LATÍN 
C LÁ 8 1 C O 

1.* persona, fui. . . 
2.* persona. íai-«ti.. 
3.* persona, fui-t. . 



CASTELLANO 
ABCAICO 



CASTELLANO 
ACTUAL 



fui. 



fui fui. 

fni-ste y fni-stes. fni-ste. 



fué 



fué. 



Plural. 



LATÍN 
CLÁSICO 



CASTELLANO 
AKCAICO 



1.* persona. foi*mns.< fni-mos. 
2.* persona, fni-stis. . fui-stes. 
3.' persona. fne-rn>nt fue-ron . 



CASTELLANO 
ACTUAL 

fni-mos. 
fui-steis. 
fue-ron. 



De la comparación de los cuadros precedentes resulta: 1.®, que la primera 
persona del singular en este tiempo carecía en latín de exponenf e, y sin ex- 
ponente la conservamos; 2.^ que de los exponentes personales, exclusivos de 
este tiempo, no hemos conservado ninguno sin alteración; 3.**, que se trans- 
formaron sti en 8te, mus en mos, stis en ates primero y por último en éteis, y 
runt en ron; 4.^ que hemos perdido la t de las terceras personas del singular 
y plural. Según esto, los exponentes personales del pretérito perfecto sintético 
son en la actualidad: — , ste^ — , moSy steü, ron, para todos los verbos de la 
lengua castellana. 

ExPLiOAOióN DE ESTOS FENÓMEMOS. — La pérdida de la / en las terceras 
personas del singular y plural se explica por la ley fonética diez y seis. La 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 11 

transformación de mus en mos de la primera persona del plural, y de runt en 
ron de la tercera del mismo número, obedecen á la ley fonética veintitrés, y la 
de sfá en sle y de sHs en stes se explican por la veintidós. Estas transforma- 
ciones se verificaron en el período morfológico de nuestra lengua. 
En Berceo, al lado de las formas ste y sus se encuentra la latina sti: 

«Fuisti de Sancto Spirita largamente embebida, 
Pariste e mamantesti, et non faisti corrompida.» 

(Bbkc, Loor 208.) 

Con lo cual resultaban tres formas en uso para una misma persona. La for- 
ma latina sti desapareció pronto, cediendo definitivamente el campo á las 
otras dos sie y stes. De estas dos la forma ste es la normal, porque es el resul- 
tado de la aplicación de la ley fonética veintidós á la i final átona. Esta se 
encuentra desde los primeros tiempos de nuestra lengua; continuó á través de 
toda la Edad Media, y ella acabó por fijarse en los escritos y en la conversa- 
ción de las personas cultas. La forma stes, aplicada á la segunda persona del 
singular, es antiquísima, lo mismo que la anterior: aTa Campeador en huen 
ora finxiestes e^ada» (P. del Cid), <iiYa Campeador en huen ora /uestes nadoD 
(ibíd.). Esta forma se usó bastante en la Edad Media y continúa usándose en 
el lenguaje popular. 



«Por vos mi fijo infante 
Poca será la mi vida, 
Morútes desamparado » 



(P. A. Onc, 887.) 



La forma stes en la segunda persona del singular, en mi opinión, es una 
intrusión de la segunda persona del plural del mismo tiempo, que en toda 
la Edad Media y principios de la moderna estaba representada por stes. Para 
explicar esta influencia é invasión de la segunda persona del plural en la se- 
gunda persona del singular del mismo tiempo, hay que tener presente que en 
los primeros siglos de nuestra lengua, y antes de que se introdujeran los pro- 
nombres vosotros, vosotras, y las fórmulas de respeto usted y otras, sólo se 
empleaba el pronombre vos para la pluralidad de la segunda persona. Este 
mismo pronombre se usaba como forma de respeto, en una extensión de la 
cual hoy no podemos formamos idea. De vos trataba el señor á sus vasallos, 
el amigo al amigo, el esposo á la mujer, el padre i los hijos. Al verificar la 
concordancia con este pronombre vos, lo hacían siempre en la segunda per- 
sona del plural, aunque el vos se refiriera á uno solo: 

«Rey noble, sennor onrado, 
Perdütes el corason.:» 

(P. A. Onc, 887.) 

Jorge Manrique {Antol. del Sr. M. Pelayo), dirigiéndose á una amiga, le 
dice: 

«Vos eometistes traycion, 
Pnes me heri¿tes dormiendo 
Herida como me distes.:» 

Ouevara, en el primer tercio del siglo xvi, dirigiéndose al célebre obispo 
Acuña, le dice: cEn la niñez fuistes penoso». cLo cual no diremos de vos que 



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12 MORFOLOaÍA DBL VERBO 

lo eonsmtistes, sino qne lo hicistes, paes trajiatea de Zamora á Tordesillas tres- 
cientos clérigos de misa» (Ep. 48). Y si á la misma persona se dirigían tu- 
teindola, entonces el pronombre tú lo concertaban con la segnnda persona 
del singular. Berceo tiene un pasaje en que, hablando Santiago con el diablo^ 
primero le tatea y laeso le trata de vos; en el primer caso emplea el singular, 
en el segundo el plural; véase á continuación: 

iíDUsoli Santiago^ Don traydor palabrero 
Si tu non le dissiesses que Santiago eras ^ 
Non dannaire sa cuerpo con sus mismes tiseras; 
Tengo que la mi forma es de vos escarnida, 
Matagtei mi romeo con mentira sabida.» 

(Berc, Mil. 202, 203 y 204.) 

Empleando de esta manera el plural aUi con una sola persona, aunane se 
usara en un principio sólo con voa^ yo encuentro muy probable la conmsión 
de formas, y que la que sólo se aplicaba al vos se aplicara en adelante tam- 
bién al tú, cuando vos y tú se referían á una sola persona. De ser esto así, el 
instinto popular habria procedido como si discurriera de la manera siguiente: 
tú es igual á vos^ porque los dos se refieren á un mismo sujeto, á la segunda 
persona del singular; vos se construye con sUSy luego tú debe concordar tam- 
bién con sUs. Esta atracción es un efecto de la analogía. Si fué así ó no, lo 
cierto es que hoy se halla muy en uso esta forma, según hemos dicho, en el 
lenguaje popular, trascendiendo algunas veces á los escritos de los que no sa- 
ben mucha gramática. Hace algunos atios recogí en un cementerio una ins- 
cripción funeraria que, tomada á la letra, dice así: <íMaria, naeistes, vivistes, 
moristes; al suelo bajastes, al cielo subisfes:». No cito el nombre del cemente- 
rio, ni menos el de la sepultura^ por respeto á la piedad. 

La forma stes de la segunda persona del nlural es completamente normal, 
en virtud de la ley fonética veintidós aplicada al exponente stís latino; de ma- 
nera que en cumplimiento de aquella ley, fuistis tenia que convertirse en 
fuisies. Efectivamente; la Edad Media, con una lógica y fidelidad sorpren- 
dente, empleó casi exclusivamente dicha forma stes, lo mismo refiriéndose á 
una sola persona, cuando se le trataba de vos, según hemos visto, como refi- 
riéndose á muchas. Alfonso VI en el Poema del Cid, dirigiéndose á los in&n- 

tes de Carrión, les dice: <tNo saeastes ninguna cuando oviemos la cort.]» 

<Ca todos lo saben que los buseastes vos:» . Berceo, dirigiéndose también á 
muchos, les dice: 

«Res9ebit galardón de lo que me serviestes^ 
Vos bien me apacientes. 
Vidiestes me sediento, bien á beber me diestes. 
Si me menguó vestido, de grado me vestiestes,'» 

(Sig. 28.) 

En el libro de Apolonio, copla 207, se encuentra: ik Amigos, bien fiziestes; 
también vos abiniestes.,.. en mal tiempo vinyestes,,,. entenderlo piidiestes'k . 
El célebre obispo de Mondofiedo, Guevara, ep. 1.% dirigiéndose á muchos, les 
dice: uTambien me escribis, que no solo porfiastes, mas aun apostastes una 
buena muía para el que diesen por él la sentencia». De una sola persona em- 
pleando el vos ya hemor citado ejemplos en el párrafo anterior. Esta forma 
stes, que dominó en todft la Edad Media, logrando penetrar en la moderna. 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 13 

se transformó en stm, y con esta forma es como ha llegado hasta nosotros. 
La forma steis es anómala; no hay ley en naestra fonología qne jastifíque 
esta conversión, como no sea ana atracción de la seganda persona del plnral 
de los demás tiempos, los cuales tienen esta forma eis en los verbos de la se- 
gunda conjagación. Hay que tener en cnenta además que esta forma es rela- 
tivamente mny moderna. La primera vez qne la he encontrado, y sólo una 
vez, y al lado de muchas en stes, ha sido en el Poema de José; semejante ais- 
lamiento en medio de tal pluralidad me hace sospechar de su legitimidad; 
dice así el pasaje, refiriéndose á los hijos de Jacob, cop. 303: 

«B dirá aqueste son que todos sois pecadores, 
E que á yneso padre higisteis malas labores » 

Refiriéndose á los mismos se encuentran al lado: <iOaerra me htcistes. Yo 
creo que lo fipistes. E quando lo sacastes. No me quisistes creyer». 

Para encontrar corriente el uso del exponente sieis hay que venir al si- 
glo XVI. Fray Luis de Granada emplea exclusivamente dicha forma: «Fuis- 
teis testigos de toda mi vida. Visteis mí resurrección)». (La Ascensión.) 

EXPONBNTBS PERSONALES DE TODOS LOS DEMÁS TIEMPOS. — LoS exponCU- 

tes personales que vamos á examinar son comunes á los tiempos siguientes: 

Sresente de indicativo de activa; presente de subjuntivo; pretérito imperfecto 
e indicativo; futuro absoluto; futuro condicionado; condicional en ra; con- 
dicional en se, y futuro de subjuntivo en re; total, ocho tiempos. 
Los exponentes comunes á estos ocho tiempos son los siguientes: 





( i • persona.. 
j 2.» persona.. 
( 3.> persona.. 

M.« persona.. 
J 2.» persona.. 
(3.' persona.. . 


LATÍN CLÁSICO 


CASTELLANO ABCAICO 


CASTELLANO ACTOAL 




. ame-m 

. ame-s 

. _ ame-t 

. ame-mus 

. ame-tís 

. ame-nt 


ame. . . 








ame. 


Singular. . 


ame-<i.t 








ame-s. 


ame-. . . 








ame-. 




ame-mos 
. ame-des, 
. ame-n. . 








ame-mos. 


Plural., . 


amees, 


amos 


y améis. . 


amé-is. 
ame-n (»). 



Comparando los cuadros precedentes se observa: 1.*, que el exponente s lo 
hemos conservado intacto; 2.^ que el exponente mus lo hemos transformado 
en mos por la misma ley que en el perfecto; 3.°, que el tis ha sufrido una serie 
de transformaciones; 4.**, que la t de las terceras personas del singular y plu- 
ral la hemos perdido por la misma ley que las del perfecto, y la wi por la ley 
fonética quince. 

Explicación de estos fenómenos. — Guando yo estudiaba latín, época en 
que las leyes fonéticas no eran muy conocidas en España, ni aun en las na- 
ciones extranjeras, si exceptuamos á Alemania, se nos enseñaba que la forma 
ama4is y otras análo^, perdiendo la t de tis, se había convertido en amáis. 
En efecto, comparando los dos extremos de la cadena histórica, el latín clá- 
sico y el castellano actual, y omitiendo todos los anillos intermedios, así re- 
sulta. Amatis, perdiendo la /, se convirtió en amáis; la explicación no podía 

(<) Como este estudio Tersa solamente sobre los exponentes personales, y los exponentes personales son los 
•a todos los Terbos, importa poco encarnarlos en el tema ama ó en otro cualquiera. 



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14 morfología dsl verbo 

resultar más sencilla, ¡pero cuánto le feltaba para ser exacta! La historia de 
las transformaciones que ha sufrido la forma tís, para convertirse en la actual 
is, es una de las mejor comprobadas por los documentos castellanos, y de las 
que mejor marcan el procedimiento gradual de los cambios fonéticos en nues- 
tra lengua. No hay para qué decir que todos ellos están completamente acor- 
des con las leyes de permutación fonética latino-castellana. El proceso foné- 
tico seguido por el exponente tis ha sido el siguiente: iis, *te8, des, es, «, y 
combinándose con temas en e, todavía resultó otro por contracción, como 
luego veremos. Según la ley veintidós citada, el exponente tis debía conver- 
tirse primero en tes, lo mismo que las formas sti, stis del perfecto se convir- 
tieron en ste, stes. El italiano conserva amate por amatis, aveva-te por haheha- 
tis. Verificada esta primera transformación, debió ocurrir pronto la segunda, 
ó sea amades, de conformidad con la ley fonética quinta, transformación fa- 
vorecida por la presencia de las vocales fuertes a, e, anterior y plosterior á la 
d de amades. Esta segunda transformación era tan necesaria en nuestra len- 
gua para llegar de amatis á amáis, como lo son las leyes físicas para que los 
fenómenos de la naturaleza se verifiquen. Ni un solo ejemplo se podra pre- 
sentar en nuestra fonética de que una t entre dos vocales haya desaparecido 
sin pasar primeramente por la intermediaria d; mientras que es muy frecuen- 
ta, aun en nuestros días, al menos en la conversación, la pérdida de una ¿Cen- 
tre vocales. Por la ley sexta convirtióse de nuevo en ees, resultando ama-des 
transformado en ama-es. 

Por último, la forma es acabó por cambiarse en ¿s, y así ama-es se fijó en 
amá'is. El cambio aes en ais es conforme á nuestra fonética; aer se decía en 
latín y nosotros aire, y en la conversación y en la lectura de los versos con 
frecuencia producimos disimilaciones de ae en ai, 

A cada paso oímos en los pueblos: voy á laira, vengo de laira, en lugar de 
voy á la era, vengo de la era; traime en vez de tráeme: nE trairemos delpam>, 
(Poema de José, 2101.) 

Pruebas del proceso histórico. — En todas las épocas del latín, incluso la del 
latín vulgar, encontramos constante la forma tis; ni un solo ejemplo, á pesar 
del empeño con que la he buscado, he podido encontrar de la forma tes, que 
yo supongo necesaria y consecuencia de la ley fonética veintidós. La trans- 
formación se verificó en el periodo morfológico de nuestra lengua, y aun 
cuando yo no he dado con ella tal vez otro sea más afortunado y la encuentre. 
La transformación de tes en des se verificó también en el período morfológi- 
co, pues la encontramos corriente en el Poema del Cid: 

«Non lo detardedes, los dos yd para allá; 
Tres mili moros leuedes con armas de lidiar.» 
iiVenides, Albar Fanez, una fardida lanza.» 

abíd.) 

La forma des se usa exclusivamente en los siglos xii, xiii y en casi todo 
el XIV: 

ikSodes de mal sentido, commo loco fablades, 
Feryos e sin los oios, si mucho papeades; 
Mas conseiarros quiero, que caÚaao seades, 
Fablades con licencia, mucho desordenadés,!^ 

(Bbrc, S. M., 143.) 

A fines del siglo xiv ó principios del xv, al lado de la forma des^ empieza 
á presentarse la forma es por síncopa de la d. La primera vez que he enoon» 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 15 

trado esta última forma es en la Danza de la Mmrte, poema que el Sr. Me- 
néndez Pelajo coloca á fines del siglo xiv ó principios del xv (Antolo- 
gia, III, p. CXXXVII). En dicho poema hallamos so-es y vaya-es en lugar de 
socíes y vayades: 



«A la dan^a mortal venit los nascidos, 
Que en el mando so-es de qualquiera estado.» 



((Pues que ya el frayre vos ha pedricado 
Que todos vaya-es á faser penitencia.» 



(Cop. 8.) 



(Ibíd.) 



Si el poema aljamiado de José fuera, como quiere el Sr. Amador de los 
Ríos, de principios de la segunda mitad del siglo xiii, habría que confesar 
que la forma es se encontraba ya en uso en este siglo, y no sólo es, sino hasta 
la última is. En este poema encontramos: (íDecidme de donde soisi> (copla 
180). aCa si sois de aquesta tierray> (ibíd.). aPorqm podáis ansi da queste pan 
levara (ibíd., 181). (íQuanto queráis mercary> (ibíd.). La circunstancia de no 
hallarse ni en el Poema del Cid, ni en Berceo, ni en Álexandre, ni en las 
Partidas, ni en el Fuero Juzgo, ni en Santa María Egipciaca, ni en el Libro 
de Apolonio, ni en el Arcipreste de Fita, ni en otras obras castellanas de los 
siglos XIII y XIV de más importancia que el Poema, nos hace sospechar oue 
todas las formas citadas y otras que podríamos citar sean del siglo xiii. En 
el mismo Poema hay otros motivos para sospechar que sea anterior al fin del 
siglo XIV ó principios del xv, cuales son el uso frecuente de los pronombres 
nosotros y vosotros, la inserción de la g, el refnerzo de la ^ y la supresión de 
la d en guardaos por el corriente guardadvos. En el Rimado de Palacio del 
Canciller Ayala se encuentra rarísimas veces la forma es-, casi todo es en des. 
La forma es debió durar muy poco tiempo; así es que desde el Marqués de 
Santillana, sin desaparecer la forma des, y en lugar de la sincopada es, em- 
pléase is, ys la mayor parte de las veces. 

En Lope de Estóñiga no hay formas en des, todo es en es, como soes y 
quedaes, y en ys, como soys y creays. En Carvajal se encuentran podeys, que- 
reys, soys y servís, esta última ya contraída en lugar de servias. En Juan 
Alfonso de Baena predomina en tal manera la forma des, que no se encuentra 
un solo caso en es ó en ts. En la segunda mitad del siglo xv va acentuándose 
el predominio de las formas ys 6 is, como se ve en Gómez Manrique, en donde 
al lado de algunas formas en des hay numerosísimas en m y en ys; en Jorge 
Manrique no hay ya ni una sola en des. 

Esta forma des llegó á penetrar en el siglo xvi, encontrándose bastantes 
veces en el P. M. Avila. Encuéntrase en Cervantes también; mas yo creo 
que deben reputarse como arcaísmos, alusivos á los tienipos de los caballeros 
andantes, los ejemplos usados por el inmortal autor del Quijote. 

Podrá comprenderse fácilmente que por la pérdida de la letra d tenían que 
resultar diversas combinaciones de vocales á consecuencia de terminar los 
temas verbales en a, e, i; v. gr.: ama-es, fare-es, servi-es, de ama-des, fare-des, 
servi-des. No estando estas diversas combinaciones sujetas á las mismas leyes, 
¿cómo ha resultado una sola y misma forma para^ todos, esto es, la forma is, 
amd'is, dehé-is,part-is? 

Respecto á la combinación oes, se concibe muy bien que se transformara 
en ais, por ser conforme á las leyes fonéticas, según hemos ^a indicado. Por 
lo qne toca á los grupos ees, lo que debía esperarse de las nusmas leyes foné- 



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16 MOBFOLOGÍA DBL VBRBO 

ticas era la contracción en es, según iban también contrayéndose formaciones 
análogas, como veer en ver, seer en ser, piee y fes en pie j fe. Y en efecto, la 
contracción comenzó según estas leyes á iniciarse, como lo testifican Carvajal 
y Diego del Castillo (*). 
El primero de ellos dice: 

ccReplicó: yd en buen hora, 
Non cures de amar yillana, 
Pnes sertü á tal sennora, 
Non troqtíég seda por lana.» 

Cures, servís y troques están en lugar de curses, serviis, traquees. 
En el segando se encuentra: 

«Non yos engañe la grand confíanya 
De yuestras riquezas, tnesoros guardados 
Que tantos dolores veres ayuntados 
Que presto f ares de siglos mudanza.» 

( Visión sobre la mtierte del Bey Don Alfonso,) 

Las formas veres y farés están por verees y farees. Alguno dirá que son 
licencias de poetas tal vez, pero lo extraño es que sean la confirmación de la 
deducción más lógica que puede hacerse en Fonología. Sin embargo, estas 
contracciones no prevalecieron, sino las que actualmente poseemos, y que ya 
se usaban también entonces: 

« Ansy que si padesceys 
Ganáis eterna memoria, 
Y el deleite que sabeys 
No es virtud ni menos gloria.» 

(Cabvajal, Ant,^ II, 188.) 

Las formas contractas en es se conservan admirablemente en el dialecto 
BahU\ asi se dice: seres, tenes, ternes, teneres, donde nosotros decimos seréis, 
tenéis, tendréis, (Arg., Comp. Gram.) 

En cuanto á la combinación tes, debo confesar que no he encontrado las 
formas que tenemos derecho á esperar de la sínco{>a de la d; cuantos ejemplos 
conozco todos están contraídos en i, como en el ejemplo citado de Carvajal: 
« Pues servis á tal sennora^ . La contracción en %s supone la existencia de 
serviis, y como consecuencia, para evitar el hiato, la contracción en is, servis. 
La Eeal Academia, en la primera edición de su Gramática, pone las dos ü en 
el modelo partir; v. gr.: vosotros partiis; yo repito que no he encontrado 
ningún ejemplo sin contraer. ¿Cómo se explica que se hayan transformado 
farees y servtes en fareis y servis? To afirmo que la analogía ó atracción de 
las combinaciones en ais han ejercido decisiva influencia sobre las otras dos y 
se las han asimilado; esta creo que es la explicación más verosímil; en servies, 
verificada la transformación de la e en i, se explica fácilmente la contracción 
serviis en servis. 

Resumen de los exponentes personales de la voz activa del actual verbo 
castellano: 

(<) Para todas estas formas en et, i$, yi, Téanse los tomos II y III de la Antología de Poetas Lirteo$y del 
Sr. Mbvíndxs Pxláto. 



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ELEMENTOS CONSTITUTITOS 17 

IMPUATITO PKETéBITO PBBFBCTO SIIIT¿TlCO LOS DXMXS TIS1IM8 



Singular, 
Plural., . 



1.* persona 

2.* persona -ste -s. 

5.' persona 

1.» persona -mos -mos. 

2.' persona. . . . -d -steis -is. 

3.» persona -ron. -n. 



Ni los infinitivos, ni los participios, ni gerundios, no tienen exponentes 
personales, porque en ellos no va representada ninguna idea subjetiva; en 
esto se halla la diferencia enorme de estas formas nominales respecto á las 
formas de indicativo, imperativo y subjuntivo. Estas últimas, como dijimos, 
contienen una proposición completa, representan un juicio; las formas nomi- 
nales sólo expresan un concepto, á semejanza de los sustantivos y adjetivos 
verbales. Por esta razón los lingüistas modernos niegan i estas formas el 
concepto de la modalidad, y solamente son formas equivalentes cuando se les 
agrega un sujeto exterior á ellas, que es lo que les Mía, 

ExpoNENTBS DE LA VOZ PASIVA. — La lengua latina formaba la pasiva de 
dos maneras: seis tiempos, los llamados imperfectos, la formaban con expo- 
nentes unidos á los temas, lo mismo que en activa; y los restantes, ó sea los 
perfectos, la formaban por perífrasis, ó sea con el participio pasivo del verbo 

aue se empleaba y el auxiliar sustantivo. La lengua latina, al pasar al caste- 
ano, perdió los exponentes de los tiempos imperfectos de pasiva, siendo 
compensada aquella pérdida por el otro procedimiento que la analogía aplicó 
en toda su extensión y con perfecta regularidad. 

Los exponentes personales latinos de la voz pasiva eran: 

Imperativo: re, tor, tor, mini, ntor. 

Para los demás tiempos: r, ris, tur, mur, mini, ntur. 

La formación de la voz pasiva en castellano ofrece nmy poca dificultad; 
fórmase con el participio de pretérito del verbo que se emplea y el auxiliar 
sustantivo ser. Su formación, por tanto, resulta perifrástica; por estas razones 
basta presentarla en cuadros sinópticos, según lo haremos en la segunda 
parte. . 

Observacioiíes sobre los bxponbntes personales. — Del estudio que 
hemos hecho sobre los exponentes personales se saca en consecuencia que la 
mayoría de las pérdidas sufridas ó de sus transformaciones son debidas á la 
Fonética y no á la Morfología en los de la voz activa. La pérdida de los de 
pasiva en cambio no puede atribuirse á la misma causa. Observando los ex- 
ponentes latinos de la voz pasiva, se advertirá que la mayor parte de ellos 
terminan en r; pero la fonética castellana apenas si tiene una consonante 
final más favorecida que la r. En todos los infinitivos se sacrificó la e final 
por el carácter especial de la r y por su influencia con el acento; lo mismo 
sucedió en muchos adjetivos que perdieron sus vocales finales por influencia 
de la r precedente, v. gr.: solar, lunar, estelar, y sustantivos, como mar, efem- 
piar, torcular; multitud de nombres terminados en dor, tor, sor, or conservan 
este sonido vibrante. Y si esto es así, ¿puede admitirse que las formas pasi- 
vas r, ris, tur, mur, etc., desaparecieron por causas fonéticas? Esto no es ad- 
misible en nuestra lengua. Yo atribuyo la pérdida de la voz pasiva á la ana- 
logia, que primeramente extendió las formas de los perfectos á los tiempos 



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18 MORFOLOGÍA DEL YERBO 

imperfectos, y resultando más clara la formación perifrástica, terminó por 
imponerse á la sintética, haciéndola desaparecer. Por los documentos del latín 
vulgar no se puede conocer cuándo dejó de usarse la antigna forma; mucho 
menos se conoce por los documentos castellanos, en los cuales se encuentra 
desde los primeros tiempos aquella voz empleada lo mismo que en la actuali- 
dad, ó sea en la perífrasis. 



PARTE CmCUNSTAlíCIAL DEL VERBO 



CAPITULO II 

DE LOS SUPIJOR TEMPORALES Y MODALES DEL VERBO OASTBLLAUO 
T DE LAS IDEAS QUE REPRESENTAN 

Ideología relativa á los tiempos y modos del verbo.— El tiempo 
aplicado al verbo es aquel concepto que indica de una manera general la 
época á que se refiere la atribución contenida en el mismo verbo. Los tiempos 
se dividen en imperfectos j perfectos. Tiempos imperfectos son todos aquellos 
que indican la acción como incompleta y sin terminar, y tiempos perfectos 
son los que expresan la acción completa y acabada. Los tiempos imperfectos 
son los presentes, pretéritos imperfectos y el futuro imperfecto, y los perfectos 
son los perfectos, los pluscuamperfectos y futuro perfecto. 

Divídense también por su estructura en sintéticos y perifrásticos: sinté- 
ticos son los que reúnen todos sus elementos constitutivos en una sola pala- 
bra; V. gr.: saltábamos; perifrásticos, son aquellos cuyos elementos constitu- 
tivos se expresan por dos ó más palabras, separadas la una de la otra; v. gr. : ha- 
bíamos llegado. 

Mirado el tiempo en su rigor metafísico abraza tres conceptos: el a?u>ra, el 
atites y el después. El ahora es el momento indivisible del tiempo y de nues- 
tra existencia, es el hic et nunc, limite de] antes y del después; momento tan 
imperceptible, que cuando queremos fijarnos en él ya ha desaparecido y se 
ha convertido en pasado. El antes comprende todo el tiempo pasado, y el 
después todo el tiempo futuro. En estos tres conceptos tienen su fundamento 
los tiempos principales llamados presente, pretérito y futuro. En la vida real, 
el presente tiene una extensión muy variada; asi decimos vida, siglo, afio, 
mes, día, hora y momento presente. Del pasado, ¿quién señalará A primer 
momento? Y del futuro, ¿quién fijará su término? 

El pasado se va formando por la serie de momentos que sucesivamente 
pasan y se alejan cada vez más del presente; el futuro á su vez está consti- 
tuido por aquella otra serie de momentos que cada vez se van aproximando 
más al momento presente; el presente es el centro del cual parten los unos y 
al cual llegan los otros, y al mismo tiempo que el centro es el limite de lo 
pasado y de lo futuro. La época del presente es la menos indeterminada. 

á Poseen los verbos de nuestra lengua formas para expresar las innumerables 
iferencias'que lleva consigo la sucesividad de los tiempos? Imposible. Pero 



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PARTK CIROUNSTANOIAL 19 

lo qne no puede precisarse y determinarse únicamente por los verbos se con- 
signe con el auxilio de adverbios, sustantivos, numerales y por medio de 
proposiciones subordinadas. 

Nuestra lengua, lo mismo que la latina v las otras lenguas de la familia, 
dispone, además de las formas fundamentales de presente, pasado y futuro, 
de otras que sirven para indicar la simultaneidad, anterioridad y posteriori- 
dad en que se hallan respecto del tiempo de otra acción; tal sucede con nues- 
tro pretérito imperfecto de indicativo, que á menudo indica la simultaneidad 
de dos acciones; v. gr : Citando yo velaba, tú dormios; ó el pluscuamperfecto 
de indicativo, que denota anterioridad en el pasado; v. gr.: Aun no se kabia 
atrevido la pesada reja á penetrar en las entrañas de nuestra madre común 
(mientras duraba la edad de oro); ó el futuro llamado perfecto ó anterior, que 
señala anterioridad en el futuro; v. gr.: Para cuando tú te pr^ares ya habré 
vuelto de mi excursión» 

No son estos los únicos tiempos que sirven para las relaciones antedichas; 
los mismos tiempos principales se colocan á veces entre si en relaciones de si- 
multaneidad, anterioridad y posterioridad. Entre éstos, el presente, que es el 
más pobre en formas, tiene que apelar con más frecuencia á este recurso, 
V. gr.: Yo velo cuando tú duermes (simultaneidad). En cuanto termina su la- 
bor marchase de paseo (anterioridad y posterioridad). El futuro y el perfecto 
disponen de mayor número de formas correlativas para la expresión de estas 
relaciones: el primero en el presente de subjuntivo, futuros ae subjuntivo y 
hasta en el imperativo; el segundo en los pretéritos imperfectos y pluscuam- 
perfectos. Si con el ejemplo anterior. Yo velo, etc., quisiéramos expresar la si- 
multaneidad en lo futuro, diríamos: Yo velaré mientras tú duermas, y si in- 
tentáramos con el perfecto, usaríamos del imperfecto en uno de los miembros; 
V. gr.: Mientras tú velaste yo dormía; y mejor: Mientras tú velabas yo dormia, 
por el carácter durativo del imperfecto enfrente de la acción momentánea del 
perfecto. Dar á conocer la inagotable variedad de combinaciones que la ar- 
monía temporal ha sabido formar en nuestra lengua no corresponde á la Mor- 
fología; esto es obra de la Sintaxis, donde se deben estudiar los usos á que 
están destinadas las formas gramaticales en sus frinciones. 

Nosotros, dado el objeto que nos hemos propuesto, vamos primero á enu- 
merar, y clasificar los tiempos, pasando luego á examinar los sufijos que los 
representan. Respetaremos en lo posible la actual nomenclatura, á pesar de 
los grandes defectos que contiene, y esto lo hacemos convencidos de la difi- 
culí^ que hay de dar nombres adecuados á los tiempos, causando tal vez 
iteraciones profundas sin ventajas positivas. 

Enümbeación de los tiempos del verbo castellano. — Los tiempos 
del verbo castellano los dividimos primero en dos grandes grupos, sintéticos 
y perifrásticos. Los tiempos sintéticos se subdividen á su vez en los cuatro 
grupos siguientes, cuyo fundamento señalaremos más adelante. Primer grupo: 
Comprende el presente de indicativo, el de imperativo y el de subjuntivo, Se- 

Íundo grupo: Comprende el pretérito imperfecto de indicativo. Tercer grupo: 
lO componen el futuro absoluto y futuro condicionado. Cuarto grupo: Lo 
forman el pretérito perfecto simple, los condicionales enre^yensej el futuro 
imperfecto de subjuntivo. A estos cuatro grupos añadiremos el quinto, for- 
mado por el inñniüvo, participios y gerundio sintéticos. En este grupo estu- 
diaremos algunas veces la forma del participio de presente, aunque ha queda- 
do reducido á la categoría de adjetivo. 



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20 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

Tiempos perifrásticos. — Estos tiempos, atendiendo á los del auxiliar Aa- 
ber, que entran en su constitución, se subdividen, como los anteriores, en cua* 
tro grupos. 

Primer grupo: Comprende él perfecto de indicativo próximo y el perfecto de 
subjuntivo. Segundo grupo: Comprende el pluscuamperfecto de indicativo. Bl 
tercer grupo los áoñ futuros, perfecto y condicionado perifrástico. El cuarto gru- 
po ú perfecto remoto de indicativo, el condicional hubiera, el condicional hubie^ 
se y el futuro perfecto de subjuntivo, A estos cuatro grupos puede añadirse el 
de las formas nominales perifrásticas, aue son: pretérito de infinitivo, futuros 
de infinitivo (éstos para la perifrástica de futuro), pretérito del gerundio jfu' 
turos del gerundio (estos últimos para la perifrástica de futuro). 

Primer grupo. — Presentes. — El presente de indicativo indica que la acción 
se está ejecutando en el momento de proferirse la palabra; v. gr.: Yo leo;e\ 
imperativo, ruego, mandato j exhortación; v. gr.: Practicad la virtud, salid 
temprano; y el de subjuntivo indica en general idea de futuro, ya penda de 
un deseo, de un mandato ó exprese tiempo; v. ^.: Ctuindo venga, saldremos. 

Segundo grupo. — El pretérito imperfecto de indicativo indica simultanei- 
dad de acción pasada, pero que era presente cuando otra también lo era; v. gr.: 
Yo tañia cuando él bailaba. 

Tercer grupo — El futuro absoluto indica acción venidera independiente: 
Yo defenderé mi patria. El futuro condicionado expresa el consiguiente de 
una proposición condicional, ó sea la proposición condicionada; v. gr.: S¿ me 
pagaran, trabajaría. 

Cuarto grupo. — El perfecto simple denota acción cumplida: Murió. Bl 
condicional ra expresa el antecedente en una proposición condicional; él en- 
cierra la condición en las proposiciones hipotéticas: Si me pagaran. El condi- 
cional se expresa la misma condición que el anterior; v. gr.: Si me pagasen. 
El futuro imperfecto de subjuntivo indica acción futura dependiente y muy 
parecida á la del presente de subjuntivo; v. gr.: Cuando le viere, cua7ido te 
vea, y también á la del condicional ra. 

Quinto grupo.—Formas nominales. ^Freaente de infinitivo denota acción 
en general, y que se acomoda á todos los tiempos del verbo determinante: 
quiero cantar, quise cantar, querrá cantar. Gerundio indica modo y otras 
relaciones; v. ^,1 Errando se corrige el error. Participio pasivo indica pasi- 
vidad y tiempo pasado; v. gr.: Terminado el acto. El participio de presente es 
un adjetivo que denota agente. 

Tiempos perifrásticos. — Primer grupo. — Perfecto próximo. Denota a^ 
ción pasada, cuya unidad de tiempo dura todavía: Hoy he trabajado poco . 

El perfecto de subjuntivo indica acción dependiente de una duda, posibili- 
dad, etc.; V. gr.: Tal vez se haya marchado, ¡ojalá no haya venido! 

Segundo grupo. ^E\ pluscuamperfecto de indicativo indica acción pasada 
en tiempo, anterior á otra también pasada: Ya habían comido cuando yo 



Tercer grupo. — El futuro perfecto de indicativo denota acción venidera, 
pero anterior á otra venidera: Ya habré salido para cuando tú te levantes. El 
condicionado habría indica el consiguiente ó condicionado de una proposi- 
ción hipotética referente á tiempo pasado, y por tanto imposible de realizar- 
se: &* fo hubieran avisado á tiempo, habría acudido á Ja reunión. 

Ciuirto grupo. — El perfecto remoto expresa anterioridad respecto de otra 
acción pasada, pero una anterioridad próxima; v. gr. : Cuando hubo termina-^ 



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PARTE CIRCUNSTANCIAL 21 

do SU discurso, retiróse á descansar. El condicional hubiera índica el antece- 
dente de nna proposición hipotética, ó sea la condición referente á tiempo 
pasado, y por tanto imposible de realizarse: Si hubiera sabido nadar ^ no se 
habría ahogado. El condicional hubiese indica lo mismo qne el anterior: Si 
hubiese vivido con moderación, habría tenido recursos de sobra. El fatnro per- 
fecto de snbjnntivo indica acción pasada respecto de otra acción venide- 
ra; V. gr.: Conw hubieres sembrado, recogerás. Nótese con todo eso la facili- 
dad de convertirlo en un verdadero fntnro; v. gr.< Como siembres recogerás, 
como sembrares recogerás, como hubieres sembrad recogerás. 

Quinto grupo. — Formas nominales. — Pretérito de infinitivo. Indica acción 
pasada; v. gr.: Después de haber gastado la mañana. Futuro imperfecto de 
infinitivo. Esta forma indica acción venidera, dependiente de una necesidad 
ú obligación; es el presente de la conjng|ación perifrástica de ñituro: ffaber de 
salir temprano. El futuro perfecto de infinitivo es de poquísimo uso, y en 
redidad es el pretérito de infinitivo de la perifiástica de futuro; v. gr.: Eaber 
de haber cantado. Gerundios. Pretérito de gerundio. Esta forma indica ac- 
ción pasada; v. gr.: Habiendo terminado mi carrera, comenzaré á efercerla. 
Futuro imperfecto del gerundio. Esta forma es el gerundio de futuro de la 
conjugación perifrástica de futuro: Habiendo de madrugar. Lleva consigo la 
idea de necesidad ú obligación. El futuro perfecto del gerundio es el gerundio 
de pretérito de la conjugación perifrástica de futuro; indica acción pasada 
con obligación ó necesioad: Habiendo de haber cantcuio ayer en el teatro, no 
asistió el tenor. 

Cuando terminemos el análisis de todos los elementos del verbo castellano 
será ocasión de mostrar los fundamentos sólidos en que nos apoyamos para 
hacer esta clasificación con ventajas muy positivas para el aprendizaje de los 
verbos, y con especialidad de los llamados irregulares. 

Los MODOS. — El modo es aquel concepto verbal que indica la manera de 
hacerse la afirmación. Si la afirmación se hace en el verbo con entera inde- 
pendencia de otra acción, el modo se llama indicativo; v. gr.: Hoy han nacido 
cuatro niños. Si el verbo contiene la idea de ruego, mandato ó exhortación, 
el modo se llama imperativo; v. gr.: Practica la virtud, aborreced el vicio. Y 
si la afirmación del verbo se hace con dependencia de otra acción, como de un 
deseo, mandato, duda, concesión, el modo se llama subjuntivo. 

Ni los infinitivos, ni los participios, ni los gerundios son modos verbales, 
sino formas nominales; ellos carecen de los elementos subjetivos del verbo y no 
expresan como aquél la idea del sujeto, ni contienen tampoco la significación 
de una proposición completa. De llamar modos á los infinitivos y participios 
habría que llamar también á los sustantivos y adjetivos verbales. Incluímos 
entre los participios al de presente, por tener los sufijos del participio latino, 
aunque sus funciones no son ya más que las de un adjetivo. No encontramos 
razón suficiente para crear un modo condicional, como hacen algunos autores. 
El condicional de que nos hablan no es por de pronto más que un condicio- 
nado, y es extrafio que en el mismo modo no hayan colocado las verdaderas 
formas condicionales, que son las en ra j se. Además, las funciones de las for- 
mas en ria no son exclusivamente condicionales; v. gr.: Le prometió que Upa- 
garia; patria está, respecto á prometió, como lo está pagará respecto á le 
promete. Si, pues, pagará está en indicativo, pagaría tamoién debiera estarlo, 

Snardando la misma proporción. Dudaba si se quedaría; aquí es dependiente 
e nna duda, y está en la misma relación con dudaba que el futuro quedará lo 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 4 



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22 MORFOLOGÍA DJEL YERBO 

«stá con duda. Lé amenazó que le cortaría la cabeza; le ammam que le cortará 
la cabeza; siempre encontramos qne la forma ria está con los perfectos en la 
misma relación aue el futuro lo está con los presentes. Es más, en las mismas 
condicionales hallaremos la misma proporción: Si me pagaran trabajaría; si 
me pagan, 6 como me paguen, trabajaré. La consecuencia creo que se impone. 
Si el mturo se ha de llamar de indicativo, la forma en ria, que está en la 
misma proporción y en la misma función que aquél, debe colocarse en el modo 
indicatiro, y no formar modo aparte para él. Espero qm vendrá, esperaba que 
vendria. Creo que se morírd, creí que se moriría. La misma dependencia ó in- 
dependencia que tiene el futuro tiene la forma ria. 
rara las relaciones sintáxicas creemos que es más conveniente conocer este 

Clelismo, esta correspondencia de las formas temporales, aue no el que se 
e con este ó con el otro nombre. Siempre que sepamos de qué forma se 
habla, una vez que estamos convencidos de la imposibilidad de dar nombre 
adecuado á las formas temporales, por las múltiples y variadas relaciones que 
expresan, poco nos importa que se llame con este ó con el otro nombre. 

insistimos en esto, porque desde hace bastantes años eminentes lingüistas 
vienen reconociendo las grandes inexactitudes que encierra el tecnicismo gra- 
matical, y con especialidad el del verbo; pero también han comprendido la di- 
ficultad grandisima que encierra la innovación, y temen que las nuevas deno- 
minaciones resulten quizá tan inexactas ó más que las antiguas. La renova- 
ción de la nomenclatura verbal es diñcilisima, por las numerosas combinacio- 
nes que en las proposiciones subordinadas se pueden formar y de hecho se for- 
man. 

Examinando detenidamente las proposiciones subordinadas, veremos in- 
fluir en la elección de modos y tiempos: I.®, el aspecto lógico, según que 
sean sujetos ó atributos de la principal; 2.% el metafísico, según q[U6 se unan 
en relación de medios á ñnes, de causas á efectos, reales ó ficticios; 3.^, la 
misma relación temporal, según qué se trate de la simultaneidad, anteriori- 
dad y posterioridad; 4^^ la identidad ó diversidad de sujetos; 5.^ la escasez 
de formas en unas, la superabundancia en otras; 6.^ el carácter narrativo, 
dubitativo, imperativo, conminatorio ó promisorio de la principal; 7.°, el len- 

fnaje directo ó indirecto que el narrador emplee; 8.^, la demostración directa 
mediata del raciocinio; 9.^ las formas interrogativas, dubitativas, enuncia- 
tivas, afirmativas ó negativas; 10, hasta las mismas formas que reconocen un 
mismo procedimiento morfológico en su constitución las veremos empleadas 
en funciones diversas; 11, finalmente, la elección que el uso ha hecho de las 
formas que expresan una misma ó parecida relación. Ahora bien; si tal es el 
cúmulo de circunstancias influyentes en la elección de tiempos y modos, com- 
préndese que las relaciones asignadas á cada forma de tiempo y modo han de 
ser muchas v diversas, de lo cual nacerá la dificultad de encerrar con exactitud 
y precisión bajo un solo y mismo nombre relaciones diferentes y á veces hasta 
opuestas. 

En efecto, si miramos las proposiciones que en su aspecto lógico hacen de 
sujeto, atributo ó término paciente de la proposición principtu, hallaremos 
que unas, como las narrativas, eligen el modo indicativo; v. gr.: Dicen que pasó 
la vida en los sufrimientos; las imperativas el subjuntivo, v. gr.: Le dijo que se 
rindiera; y si se nos dice que estas últimas adoptan el subjuntivo por llevar la 
segunda una relación de futurición, de posterioridad, vendnbi en seguida las 
conminatorias y promisorias, que necesariamente han de expresarse en futuro 
y no elegirán el subjuntivo, sino el indicativo; v. gr.: Le esoribe diciendo que 



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PARTE CmOUiraTANOUL 28 

U abandonará, pero que no le desampararía. La identidad ó diversidad de bu- 
jetos hará que en unas se adopte el indicativo, en otras el infinitivo, en otras 
el subjuntivo; v. gr.: Quiero cantar, quiero que cantes; pienso dejarlo, pienso 
que lo dejarás. El imperativo se dice (]^ue es el modo del mandato, ruego, ex- 
hortación, y luego veremos que el subjuntivo se emplea más que aquél en es- 
tas fanciones, y hasta el mismo futuro veremos qae no es ajeno á ellas. Pa- 
4sando á los tiempos, unas veces encontraremos al presente de subjuntivo 
como si ñiera un futuro, cual sucede en la relación de finalidad; v. gr.: Te 
remito dinero para que te vistas; y en la temporal, que los franceses expresan 
por el f aturo de indicativo: Guando llegue la primavera tendremos flores en 
abundancia; |>ero luego le veremos expresar una relación de presente, cnal su- 
cede en este ejemplo de Qucvedo: «iVo hay vieja que no me quierai^, el cual 
equivale á este otro: Todas las viejas me quieren, Y que expresa tiempo pre- 
sente, se demuestra porque entre las dos proposiciones existe una relación de 
simultaneidad; ejemplo que por otra parte nos demuestra cómo en castellano 
dos proposiciones negativas afirman, y luego expresando esta misma relación, 
doblemente negativa, porque una negación es negación de otra negación, ve- 
remos al mismo presente expresar relación de simultaneidad futura; v. gr.: No 
habrá dificultad ^ue no resuelva. Si pasamos del presente á los llamados im- 
perfectos de subjuntivo, especialmente los qae yo llamo condicionales en ra y 
se, los encontraremos haciendo veces de pluscuamperfecto, cual se ve en este 
ejemplo, tomado de un cantar popular que dice: 

«Si San Pedro no negara 
Como á Cristo le negó. 
Otro gallo le cantara, 
Aunque bueno le cantó.» 

En el cual las formas negara y cantara están evidentemente haciendo las 
veces de hubiera negado, habría ó hubiera cantado. Si los empleamos después 
de una proposición imperativa, como en el ejemplo del Quijote: Le dijo que se 
rindiera, el condicionado en ra se encontrará en relación de posterioridad resr 
pecto á dijo; pero en esta otra: Si me pagaran, trabajaría, aparecerá como un 
mturo anterior á' otro, si bien no enteramente definido; ftituro en absoluto y 
futuro en relación al trabajaría, por denotar prioridad respecto á la segunda 
acción. Véase, en atención á estas ligeras consideraciones, si es posible dar 
denominación precisa, exacta y comprensiva de todas las relaciones en que 
son capaces de colocarse las formas modales y temporales en sus armoniosas 
combinaciones. 

Y volviendo al modo condicional, creo que no hay razones suficientes para 
formar un modo con la forma ría exclusivamente. Y de ser así, no sé por qué 
no se han de formar modos optativos, concesivos, finales, <}ue tan importantes 
son aquellas relaciones como las condicionales y condicionadas. Todavía 
podría admitirse esta nueva formación, si todas absolutamente las proposi- 
ciones condicionales se expresaran por medio de la forma ría; pero esto no es 
así, porque la práctica nos dice lo contrario. Si me enseñan aprenderé, como 
me costeen el viaje me embarcaré; creo que estos dos futuros son tan condi- 
cionados como estos otros: Si me enseñaran aprendería, si me costearan el 
viaje me embarcaría. No veo, pues, razón para llamar modo condicional á la 
forma en ría y modo indicativo al futuro, expresando los dos una misma re- 
lación en las proposiciones condicionales. 



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2i MOBFOLOGÍA DBL VBRBO 

Si á mí se me preguntara en qné modo creia que debía colocarse dicha for- 
ma ría, que yo llamo futuro condicionado, diría que en el mismo modo en 
que se coloca el futuro absoluto. Y al hacer esta afirmación me fundo en las 
razones siguientes: 1.% las dos formas de tiempo, futuro absoluto y futuro 
condicionado, tienen por base de su formación, como elemento atributivo, nn 
infinitivo; 2.% en la formación de uno y otro entra un tiempo del auxiliar 
haber: en el primero el presente, en el segundo el imperfecto de indicativo^ 
3.% las dos K)rmas de tiempo reconocieron en su origen un mismo proceso 
de formación, esto es, una perífrasis de ñituro; esto por lo que mira á la mor- 
fología en su parte material ó atributiva, como en la formal y subjetiva. 

!E^pecto á la armonía temporal sintáxica, la concordancia entre ambas for- 
mas es mayor todavía si cabe. Para las proposiciones subordinadas, en lo con- 
cerniente a estas dos formas de futuro, podemos establecer la proporción si- 
guiente: lo que es el futuro absoluto respecto de los presentes, eso mismo es 
el futuro condicionado respecto á los pretéritos imperfectos y pretéritos per- 
fectos; y esto por un doble procedimiento, por presencia, si se presenta el fa- 
turo, y por ausencia, si ausente está el futuro. Veámoslo. 

Fov presencia: 

1.® En condicionales: Si me jubilan, ó como me jubilen, lo sentiré; si me 
jubilaran, lo sentirla. 

2.** En proposiciones concesivas: Aunque me maten no cederé; aunque me 
mataran no cedería. 

S."" En proposiciones temporales: Cuando llegue el verano, tendrá descanso; 
dijo que, cuando llegara el verano, tendría descanso. 

4.® Con verbos de inteligencia: Pienso que saldrá mal; pensaba que sal- 
dría mal. 

bJ" Con verbos de lengua expresando un anuncio, vaticinio: Dicen que 
habrá eclipse; decían que habría eclipse. 

6.** Con verbos de esperanza, temor, recelo; Espero que saldré bien; espe- 
raba que saldría bien. 

7."" Con verbos que indican promesa, amenaza, juramento; v. gr. : Promete 
que le dará dinero; le prometió que le daría dinero. 

Por ausencia: 

1.° Con verbos que significan mandar, ordenar, decretar, prohibir: Ordena 
que le formen sumaria; ordenó que le formaran sumaria. 

2.** En proposiciones finales: Le envía dinero para que se vista; le envió 
para que se vistiera. 

3.® Con verbos de necesidad, precisión, conveniencia: Es preciso que se 
cuide; fué preciso que se cuidará. 

Por estos ejemplos se ve que allí donde se presenta el futuro absoluto con 
tiempos de presente, allí también se presenta el futuro condicionado con los 
tiempos imperfectos ó perfectos, y donde falta el primero, tampoco se presenta 
el segundo. Si, pues, el futuro absoluto se coloca en el modo indicativo, el 
futuro condicionado deberá colocarse también en el modo indicativo. 

En los ejemplos citados, lo mismo que el futaro, donde éste hace de 
principal el condicionado también; donde el absoluto hace de dependiente, el 
condicionado también. 

Se observará que he llamado condicionado á este futuro y condicionales á 
los imperfectos en ra y se. Al hacerlo así he tenido por objeto dar una de- 
nominación algo más clara á todas esas formas, y además para corregir el 
error (tan di^ndido por las gramáticas francesas) de llamar en nuestra 



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PARTE CIRCUNSTANCIAL 55 

lengua condicional á formas de tiempo que no llevan más que entre el vulgo 
la partícula condicional, ni son el antecedente en las proposiciones hipóte- 
ticas, sino el consiguiente. Y rectificando esta forma, y puesta ya en uso la 
denominación de condicional, había que aplicárselo á las formas á que corres- 
ponde tal denominación. 

Sufijos temporales y modales. — ^Al comenzar el estudio de los sufijos 
temporales, ó sea do aquellos elementos que representan el tiempo y el modo, 
tenemos que repetir lo que dijimos acerca de los exponentes personales, esto 
€s, que cualquiera que haya sido su origen y la significación que originaria- 
mente agregaron á los temas verbales, es lo cierto que hoy son un distintivo 
de los tiempos y de los modos, y por ellos no confundimos unos con otros; 
amalas se distingue de amas sólo por el sufijo temporal la, lo mismo que ibas 
de irás = iha-s, irá-s. Nosotros no tenemos sufijos diferentes para distin- 
guir los modos y los tiempos. Podremos definir los sufijos temporales dicien- 
do que son: Aquellos elementos que en la síntesis del verbo sirven para dar á 
conocer los tiempos y los modos, Eespecto al lugar que ocupan en la síntesis 
del verbo, hay que advertir que se colocan á la izquierda de los exponentes 
y á la derecha de los temas verbales, esto es, entre los temas verbales y los 
exponentes personales; v. gr.: amá-ba-mos; el sufijo ba es el elemento tem- 
poral colocado entre el exponente mos y el tema verbal ama; los separaremos 
por otro guión. 

¿Puede hacerse de ellos algiina clasificación? La clasificación que de ellos 
se haga resulta inútil en la práctica, porque cada sufijo temporal y modal es 
propio y peculiar de un tiempo y no sirve más que para él; por esta razón los 
iremos exponiendo según el orden con que hemos clasificado los tiempos sin- 
téticos; los tiempos perifrásticos no tienen necesidad de ser estudiados bajo 
este aspecto, porque los elementos que los constituyen serán examinados por 
parte y esto basta. 

Presentes be indicativo é imperativo. — Estos dos tiempos, lo mismo 
en latín aue en castellano, carecen de sufijo temporal; la ausencia de todo 
sufijo y el sentido de la proposición son signos distintivos de estos tiempos, 
los cuales se hallan formados por el tema verbal y los exponentes, donde éstos 
no se hayan perdido : 



PBBSRNTB DE INDICATITO. 



\ Latín. . . . ama-s, ama-mus; tíme-s, tíme-mus; parti-s, partí-mus. 
I Castellano, ama-s, ama-mos; teme-s, teme-mos; parte, parti-mos. 



í ^^^^' • • • *"^*'» a»na-te; time, time-te; parti, parti-te. 
iMPBBATivo. j Castellano, ama-, ama-d; teme, teme-d; parte, parti-d. 

Presente de subjuntivo.— Este tiempo, en la época clásica del latín y 
las posteriores, tenía dos sufijos temporales y modales, la a y la i. El sufijo a 
se empleaba con todos los verbos cuyos temas verbales terminaban en e, en t 
6 en consonante, ó sea con los verbos de la segunda, tercera y cuarta conju- 
gación; y como estas tres conjugaciones latinas se han refundido en la segun- 
da y tercera castellanas, los verbos castellanos de la segunda y tercera con- 
jugación llevan este sufijo como continuador suyo; v. gr.: 

.._ ^. .„.„ „„ i Latín. . . . debe-a-s, debe-a-mus; leg-a-s, leg-a-mus; parti-a-s, parti-a-mos. 

PE88BHTB DB soBWiiTivo. j Castellono. deb-a-s, deb-a-mos; le-a-s, le-a-mos; part-a-s, part-a-mos. 



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2€ morfología DISL TIBBBO 

El sufijo • se encontraba en latin de dos maneras, ó libre de los demás ele- 
mentos oonstitatívos de la palabra, y. gr. : vel-üSy si-mm, ó fdndido con la 
vocal precedente, y. gr.; ameSf amemus^ss^a-ma'i'S, ^ama^i-mus. El qae se 
encontraba libre hallábase tan sólo en algunos presentes de subjuntivo, restos 
de antiguos optativos, los cuales todos han desaparecido en el tránsito al cas- 
tellano; el que se hallaba fundido con la vocal precedente se encontraba con 
los verbos de la primera conjugación latina, ó temas en a, y de la misma ma- 
nera que se hdkba en latín asi ha pasado ai castellano; v. gr.: 



nSSBNTB DB SUBJUHTITO. 



I Latín, . . . ame-s, ame-mus; cante-e, cantenmus. 
í Castellano, ame-s, ame-mos; cante-9, cante-mos. 



La contracción de los dos elementos a '\' i ene impide separarlos, según 
hemos hecho en temamos. 

Pretérito imperfecto de indicativo. — Los sufijos temporales de esta 
forma de tiempo eran en latin dos, a para el verbo sustantivo sum y sus once 
compuestos y oa para todos los demás verbos. Estos dos sufijos han pasado al 
castellano, pero cambiando su extensión. 

El sufijo ha se halla en castellano solamente en los verbos de la primera 
conjugación y en el verbo ir; v. gr.: 

Latín. . . . ama-ba-s, ama-ba-mus;.i-ba-s, i-ba-mus. 
Castellano, ama-ba-s, amá-ba-mos; i-ba-s, i-ba-mos. 

El sufijo a se extiende en castellano al verbo ser j & todos los yerbos de la 
segunda y tercera conjugación, excepto iba, ibas, etc.; v. gr.: 

Latin, . . . er-a-s, er-a-mus; perde-ba-s, perde-ba-mus; partíe-ba-s, partie-ba-mus. 
Castellano, er-a-s, ér-a-mos; perdí— a-s, perdí — a-mos; partí— a-s, partí— a-mos. 

Nuestras gramáticas suelen decir <|ue el imperfecto de indicativo termina 
en ^ ó en ^; con esto confunden la «, que es del sufijo formativo, con la a del 
sufijo temporal; el sufijo temporal en estos verbos es tan solamente la a, en 
los anteriores ba. La pérdida de la b se explica por la ley fonética sexta. 
Esta b se perdió en el periodo morfológico de nuestra lengua; v. gr.: €A las 
sm fijas en hrapos lasprendiay> (P. del Cid), m^a mucho las qmriai> (ibíd.). 

Futuro absoluto. — ^Todos los sufijos temporales latinos correspondientes 
á este tiempo han desaparecido en el tránsito al castellano; el fataro que 
nosotros poseemos, si bien con elementos latinos, es de formación moderna y 
común á todas las lenguas romances. Por tanto, el sufijo temporal no pode- 
mos sacarlo por comparación del latín en esta forma de tiempo. El mturo 
castellano se formó con el infinitivo del verbo correspondiente y el presente 
de indicativo del verbo haber. La formación de este tiempo es tan clara, <][ue 
en los primeros tiempos de nuestra lengua conservaba hasta la h etimológica 
de haber que después ha perdido; y. gr.: ^Ser-vos han dohladosn = vos ser- 
han doblados (P. del Cid). ^Partt-nos hemos en vida:» fibíd.) = nos partir- 
hemos en vida. ^CasUgar-Jos he commo abran a far» (ioíd.) = los castigar- 
he. Esta clase de futuros, conservando la h del auxiliar é interponiendo un 
pronombre, la encontramos todavía, aunque ya en decadencia, en el Canciller 
Ayalai nQue mededes lo mandado darlohedes en buen lugar» (Bim. 442). 



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PABTE CntCüNSTANClÁL 27 

La historia de la lengua, conservando la h del auxiliar haber , nos pone fuera 
de duda acerca de los elementos constitutivos de este tiempo. En el mismo 
Poema del Cid encontramos también la forma completamente sintetizada v 
sin h, que es la que prevaleció, la que acabó por fijarse j la misma que actual- 
mente poseemos: <íNon se si entrare = (entraré) y más)) (P. del Cid), 
üAntes seré con'Uuscoi> (ibid.). El presente de indicativo del verbo haber, 
al sintetizarse con el infinitivo de los verbos, agrególe los elementos formales 
de que carecía para representar las ideas de persona, número, voz y tiempo. 
Las de persona, número y voz con los exponentes personales; las de tiempo 
y modo con la parte atributiva, que estaba ya convertida en un mero sufijo 
temporal. El sufijo temporal del futuro absoluto es el tema del verbo haber con 
todas las alteraciones que aquél ha sufrido en el presente de indicativo, con 
más la pérdida de la h y una nueva contracción en la segunda persona del 
plural. Así se explica que el sufijo temporal de dicho ^turo absoluto sea 
actualmente e para la primera persona del singular, primera y segunda del 
plural V a para las otras tres. Véase amaréy amar-e-mos, amar-e-is; amar-ás, 
amar-a, amar-á-n; cf. ?ie, has, ha; he-mos, ha-bé-is, ha-n. 

Futuro condiciokado (forma en ria del pretérito imperfecto de subjun- 
tivo de nuestras gramáticas). — Este tiempo se formó de una manera idéntica 
al futuro absoluto; esto es, con el infinitivo de los verbos y el pretérito im- 
perfecto de indicativo Juibia del auxiliar haber 0)- El imperfecto de sub- 
juntivo latino, al cual responde con frecuencia, se perdió por completo. El 
auxiliar habia se encuentra más desfigurado que el presente, y en la actuali- 
dad todavía más que en la Edad Media, porque en aquella época se encuen- 
tra la h lo mismo que en el futuro absoluto: n Poderlo Man perder:»; «Poder- 
hian-lo perder» (Part. 1.', T. II, L. II). El auxiliar habia, transformado 
en hia, hias, agregó los elementos formales, lo mismo que en el anterior lo 
hizo el presente, y el tema del verbo hia se convirtió en sufijo temporal, dis- 
tintivo de este tiempo. Las formas sin h se encuentran ya en el Poema del 
Cid, y de dos maneras, ya sintetizadas, ya en forma de palabras compuestas, 
sin unir sus elementos: <íBien abria tal esperamai>; ^Pagar^se ya = se pagaría 
della Alfonssoi>, La forma sintetizada y sin h acabó por fijarse, y ésta posee- 
mos actualmente. El sufijo de este tiempo es ia, sin alteración para todas las 
Eirsonas; v, gr.: amar-ía, amar-ía-mos; ser-ía, ser-ía-n; habr-ía-s, habr-ía-is. 
a pérdida de la A de este sufijo y del anterior se explica porque, como dice 
el Marqués de Villena en su Arte de Trovar, la ^ no se pronunciaba, aunque 
se escribía (*). Nebrija, en su Gramática castellana de 1492, dice en cambio 
cque la h puede contarse en el número de las letras porque se pronuncia hi- 
riendo la gargantai». Hoy mismo se observa que en fdgunas comarcas de Es- 
paña se pronuncia algo esta aspirada, pero en la mayor parte de las provin- 
cias es muda aquella letra. 

Pretérito perfecto. — Este tiempo carecía de sufijo temporal en latín, y 
tampoco lo tiene en castellano. Los cuatro sufijos », vi, ui, si, que poseía el 
latín, eran sufijos formativos especiales y comunes á todos los tiempos del gru- 
po de los perfectos, y eso mismo sucede en castellano con los escasos restos 



(1) La acentuación es la misma para el suñjo y el auxiliar había; esto confirma su procedencia, 
(í) Antol. del Sr. M. Pblato, tomo V, pág. 14. 



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28 MOBFOLOaÍA DEL YBBBO 

que de ellos conservamos; el pretérito ^rfecto sintético castellano podemos, 
según esto, asegurar que carece de sufijos temporales: 

„._¿ „_.„„««v í Latín, . . . amaTÍ-sti, amavi-mus; legí-stí, legi-stis. 

PEKTÉEiTO PBtFECTO. . j cattelUino. ama-ste, ama— mos; lei-8te, lei-stcls. 

Condicional en ra. — El sufijo temporal del condicional en ra es este 
mismo sufijo ra para todos los verbos. Este sufijo, en su estructura material, es 
continuador del mismo sufijo latino ra, que lo era de los pluscuamperfectos 
de indicativo de todos los verbos. Al pasar al castellano han cambiado sus 
funciones, como se verá en la sintaxis, pero la estructura del sufijo es la mis- 
ma que tenia en latín; v. gr.: 

,.nw«.n,n«., »« ^ ) Latin. . . . fue-ra-s, fue-ra-mus; lege-ra-s, lege-ra-mus. 
LONDicioNAL EN ra.. j Costellano. fue-ra-s, fué-ra-mos; leye-ra-s, leyé-ra-raos. 

Condicional en se — El sufijo temporal del condicional en se es este 
mismo sufijo se, que es continuador del sufijo latino sse, y que entraba en los 
pluscuamperfectos del subjuntivo. Al pasar al castellano ha perdido una de 
las ss, que se conservó, al menos en la escritura, por espacio de siglos, hasta 
que ajustando la ortografía á la pronunciación por la ley fonética diez y siete, 
quedó en la forma que ahora tiene; v. gr.: 

Latín., . . fui-sse-s, fuí*sse-miis; legi-sse-s, legí-sse-mus. 
Castellano, fue-se-s, fué— se-mos; leye— se-s, leyé-se-mos. 

Los dos condicionales en ra y se figuran en nuestras gramáticas como pre- 
téritos imperfectos de subjuntivo, agrupados confusamente los dos con el fu- 
turo condicionado. 

Futuro imperfecto de subjuntivo.— El sufijo temporal del fiíturo sin- 
tético de subjuntivo es re para todas las personas y para todos los verbos. Este 
sufijo es continuador del latino ri y en la primera persona del singular ro. La 
transformación de la i en e se explica por la lev fonética veintidós, y el cam- 
bio de la o en e es debido á la atracción que sobre aquella vocal y sobre aque- 
lla persona ejercieran las demás; es, en una palabra, efecto de la analogía. Por 
otra parte, no es fenómeno tan raro el encontrar convertida la o átona en e y 

viceversa; v. gr. : fornioso, fermoso y hermoso; vípera y vigora. Ejemplos: 

Latín. . . . fue-ro, fue-ri-s; fiíe-ri-mus, fae-ri-tis. 
Castellano, fue-re, fue-re-s; fué-re-mos, fué-re-is. 

EbSUMEN de los sufijos TEMPORALES: 

1.® Para el presente de subjuntivo a,e = (aA- i). 

2,^ Para el pretérito imperfecto a, ba, 

3.® Para el futuro absoluto a, e, 

4.° Para el condicionado ia. 

5.° Para el condicional en ra, ra, 

6.** Para el condicional en se, se. 

7.® Para el futuro imperfecto de subjuntivo re. 

Origen de estos sufijos. — El sufijo a del presente de subjuntivo es 
de origen desconocido; el sufijo t del mismo tiempo, que aparece fundido con 



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PARTE CIRCUNSTANCIAL 29 

la ñ temática, pertenecia en otro tiempo al modo optativo. El sufijo ha del 
imperfecto se considera originario del imperfecto /í^, que con pérdida de la/ 
y semivocalización de la u resultó ha. Este verbo fuam es de la misma raíz 
qvLefU'i y futuro; antiguamente émfuo. El sufijo a del imperfecto de indica- 
tivo es resfco de ha, y en er-a-s, er-a, éra-mos, etc., se desconoce su origen. 
Los sufijos de los futuros e, a, ia hemos visto que proceden del presente y pre- 
térito imperfecto del verbo haber. Los sufijos ra, se y re se consideran origi- 
narios del verbo sustantivo latino sum'^ ra sería un recorte de era, se de esse 
y re (de ro, ri) parece serlo del futuro ero^ eris. 

En la formación de los futuros absoluto y condicionado, la lengua latina 
nos suministró ya los gérmenes que desarrollados y con el tiempo habían de 
engendrar dichos futuros. Las locuciones latinas como haheo dicere, tengo que 
decir, expresaban al principio una necesidad, una obligación que había que 
cumplir. Estas fórmulas perifrásticas fueron generalizadas con el tiempo y con 
el USO; las ideas de necesidad y de obligación fueron debilitándose y oscure- 
ciéndose cada vez más, llegando á confundirse con la simple futurición, y de 
este modo, lo que en un principio era una necesidad, una obligación, acabó 
por convertirse en uña idea meramente de tiempo futuro. Respecto á la unión 
material de aquellos elementos, debieron influir el acento y la posición del uno 
respecto del otro. Eespecto al acento, el infinitivo debió perder el suyo ante 
el acento del auxiliar haber, convirtiéndose el infinitivo en proclítico del ver- 
bo haher. La atracción del acento debió empezar por fijar la posición de uno 
y otro. Colocado ya habitualmente el infinitivo antes que el auxiliar, éste pudo 
unir á aquél los signos de la flexión, que las lenguas arias han ¿endido siem- 
pre á colocarlos por el fin de las palabras, al menos entrando en síntesis con 
ellas. Yo opino que el verbo tener no pudo formar la síntesis que se formó 
con haher por colocarse sistemáticamente delante del infinitivo. Así me ex- 
plico yo también que los pronombres personales se unan á los verbos por el 
fin y no se les unan por el principio, diciendo danme y me-dan. 

Yo abrigo la convicción de que, si las preposiciones se hubieran colocado 
pospuestas á los sustantivos, hoy tendríamos una nueva flexión nominal sin- 
tética pospositiva, enteramente igual á la griega y latina. Los ablativos 
conmigo, contigo, consigo, qae en latín eran mecum, tecum, secum, llevando 
la preposición pegada por el fin, nos permiten formar una idea de lo que 
hubiera sido la flexión nominal si las preposiciones se hubieran pospuesto 
á los sustantivos. En la Edad Media se inició una especie de flexión sinté- 
tica prepositiva, poniendo delante del sustantivo la preposición y uniéndola 
materialmente á la palabra. Así decían: Dalgo, daqmste, dalma, doro; pero 
no prevaleció, porque de toda aquella nueva dirección no han quedado más 
que dos, que son del y al. 

SüFuos PERDIDOS. — Al pasar el latín al castellano se perdieron los sufijos 
del futuro imperfecto de indicativo y del pretérito imperfecto de subjuntivo, 
perdiéndose á la vez los tiempos que con ellos se formaban. En los pluscuam- 

Eerfecto de indicativo y de subjuntivo, si no se alteró su estructura, se cam- 
iaron sus funciones, y en las formas nominales desaparecieron participios 
como los en turus, surus y en endus, formas de infinitivo y del gerundio con 
los dos supinos. 

La lengua, sacando recursos de sus propias fuerzas, creó por otro procedi- 
miento, por el procedimiento de la perífrasis, mayor número de formas de 
tiempo que las que había perdido. El verbo haber entró también á servir en 



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so MORFOLOGÍA DEL YBBBO 

este género de formaciones, creándose tantas formas perifírásticas cnantas 
eran Tas formas simples del verbo haber, á exoepci<Jn dd imperativo, podien- 
do constituirse, merced á esta simetría, otros tantos grupos de tiempos cuan- 
tos son los que resultan en los tiempos de forma sintética. 

Vamos á enumerarlos sencillamente y clasificarlos de la misma manera que 
\o hemos hecho con los tiempos sintéticos, sin necesidad de que nos detenga- 
mos á discutirlos. 

Tiempos pbeiprIsticos. Su clasificación y formación. — Estos tiem- 
pos se forman con el participio de forma pasiva del verbo que se conjuga y 
con los tiempos del auxiliar haber. El participio representa en ellos la parte 
atributiva del verbo, y el auxiliar la parte suDJetiva y circunstancial. El au- 
xiliar desempeña en ellos las mismas funciones (]ue en los tiempos sintéticos 
desempeñan los exponentes personales y los sufijos temporales. Es muy digno 
de tenerse en cuenta para las combinaciones temporales que se estudian en la 
sintaxis, y que se emplean por tanto en la práctica, el tiempo del auxiliar ha- 
ber que entra en la constitución de estas perífrasis (^). 

Primer grupo perifrástico, — Este grupo lo constituyen el pretérito perfecto 
próximo de indicativo y el pretérito perfecto de subjuntivo. El primero está 
formado por el presente de indicativo del auxiliar haber; v. gr.: To he ama- 
do, tú has amadoy etc. El segundo lo está por el presente de subjuntivo del 
mismo auxiliar; v. gr.: To haya sido, tú hayas sido, etc. La influencia del 
presente en las combinaciones sintáxicas es bien notoria, pues mientras pode- 
mos decir: Ayer supe que llegó, no podemos, sin cometer un enorme dispa- 
rate, decir: Ayer supe que ha llegado, porque equivaldría á tener que admitir 
que ayer se supo que ha llegado hoy, y ei esto es lógicamente un absurdo, gra- 
maticalmente es un disparate. 

Segundo grupo. — Lo constituye el pluscuamperfecto de iadicativo. Se for- 
ma con el pretérito imperfecto del auxiliar, que es había: To hahia cantado, 
?iosotros habíamos partido. 

Tercer grupo. — Lo constituyen el futuro perfecto de indicativo y el futuro 
condicionado perifirástico. El primero se forma con el futuro imperfecto del 
verbo auxiliar haber: To habré vendido, nosotros habremos comprado. El se- 
gundo está formado por el futuro condicionado sintético del mismo auxiliar, 
que es habría: To habría querido, nosotros habríamos sabido. 

Cuarto grupo. — Lo constituyen el perfecto remoto, el condicional perifrás- 
tico en ra, el condicional perifrástico en se y el futuro perfecto de subjun- 
tivo. 

El primero está formado por el perfecto remoto hube del auxiliar haber; 
V. gr.: To hube amado; el segundo por el condicional en ra del auxiliar ha- 
ber; V. gr.: To hubiera salido, nosotros hubiéram>os entrado; el tercero por el 
condicional en se del mismo auxiliar; v. gr.: To hubiese tenido, nosotros hu- 
biésemos dejado, y el cuarto por el futuro imperfecto de subjuntivo de aquel 
mismo verbo; v. gr. : To hubiere podido, nosotros hubiéremos querido. Los pe- 
rifrásticos de las formas nominales se estudiarán en el capítulo siguiente, al 
tratar de los sufijos formativos, de los infinitivos, participios y gerundios. 

(>) El iránaito gradnal por que hao pasado tanto tí. auxiliar como el participio, hasta Ue^^ar i CMtft&nirse 
tal cual ma la actualidad lo» poseemos, se estodiaxá al ocupamos del yerbo haber en lot llamados initgidaíes. 



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BLBHENTOS OONSTITUTITOtj 81 



ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL VERBO. PARTE ATRIBUTIVA 



CAPÍTULO III 

La parte atributiva del verbo castellano comprende tres capítulos: el pri- 
mero trata de los elementos materiales ^ue llevan la significación del verbo; 
ellos son la parte uniforme de la síntesis verbal; el segundo de los elementos 
que transforman los materiales previos en temas verbales generales, que se 
llaman sufijos formativos generales, y* el tercero de los elementos que con- 
vierten á los temas generales en temas especiales de ciertos grupos de tiempos, 
los cuales elementos son comunes á todos los del grupo, le dan su unidad es> 
pecial 7 se llaman sufijos formativos especiales. En la estructura material, el 
orden de estos tres elementos resulta invertido al en que los presentamos en 
las líneas precedentes, y nosotros, ateniéndonos á la realidad j siguiendo de 
derecha á izquierda, como lo venimos haciendo, empezaremos por los sufijos 
formativos especiales, por hallarse colocados entre los temas generales y los 
sufijos temporales. 

De los sufijos formativos bspecialbs. — Cualquiera que haya sido el 
origen de estos sufijos formativos especiales y la significación que primitiva- 
mente aportaran á la síntesis del verbo, es lo cierto que en la actualidad sir- 
ven para convertir los temas generales djd los verbos en temas especiales de 
algunos grupos de tiempos. En su consecuencia ellos restringen la estructura 
general del verbo, ellos son un determinativo común de los tiempos del grupo, 
ellos le dan unidad especial dentro de otra más general y se convierten en 
un nuevo distintivo de los tiempos. No todos los sufijos formativos especiales 
distinguen grupos de tiempo; en las formas nomínales del verbo castellano 
distinguen una forma nominal de otra, un infinitivo de un gerundio y de un 
participio, como si 'fueran sufijos temporales. De los sufijos formativos espe- 
cíales, unos los hemos heredado del latín, otros hemos perdido, algunos ha 
formado el castellano con elementos latinos y la mayor parte los hemos al- 
terado por diversos conceptos; el estudio de estos sufijos, especialmente el de 
los tiempos del cuarto grupo, es el más difícil de todos los elementos constí- ^ 
tutivos del verbo castellano, como luego veremos. La complejidad de este 
grupo cuarto, ya por las grandes influencias analógicas, ya por los diversos 
procedimientos que se han seguido en la transformación, contrasta notable- 
mente con la sencillez de los perfectos latinos, cuyas principales dificultades 
casi estaban reducidas á saber qué número de verbos llevan tal sufijo y cuáles 
aquel otro. En la práctica, el empirismo ha hecho fácil el aprendizaje de los 
perfectos de las conjugaciones regulares, no así el de los verbos irregulares» 
El análisis detenido de ellos nos dará á conocer cuan difícil es de concorda? 
lo que en esta materia reclama la ciencia con lo que preceptúan las gramáti- 
csA empíricas; nosotros procuraremos armonizar las dos tendencias, con el fin 
de que la práctica no resulte esterilizada por la teoría, ni la teoría resulte 
demasiado superficial pcn: mirar con excesiva preferencia á la práctica. Proce- 
deremos por partes, según lo venimos hacienao. 



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32 MOUFOLOatA DEL VERBO 

Primer grupo ó grupo üb los presentes. — Este primer grupo no tiene 
sufijo formativo especial en castellano, fin la lengua latina existían algunos 
sufijos especiales de los tiempos imperfectos, tales como seo, n; pero como se 
dirá en el siguiente capitulo, la lengua castellana, por la acción de la analogía, 
los hizo extensivos á todas las formas del verbo, unificando de esta manera 
todos los tiempos. 

Segundo grupo ó del imperfecto db indicativo. — Tampoco tiene en 
castellano sufijo formativo especial alguno; las diferencias que hay entre la i 
de temi-a y la e de terne r no constituyen un nuevo sufijo, sino una modifi- 
oación fonética, debida tal vez á la acción del acento sobre la e, si es que no 
hay una influencia analógica de la tercera conjugación sobre la segunda. 

Tercer grupo ó de los futuros.— Estos dos tiempos, cuales son el fu- 
turo absoluto y el futuro condicionado, tienen por sufijo formativo especial 
la r del infinitivo que entra en su constitución. Esta r acredita la proceden- 
cia común de ambos tiempos, les da unidad y á nosotros nos sirve de funda- 
mento para formar con ellos un grupo aparte de las demás formaciones tem- 
porales. Este sufijo se halla en los dos tiempos de todos los verbos de la len- 
gua castellana sin excepción alguna; v. gr.: se-r-é, hah-r-á; se-r-ia, hab T'iai 
ama-r-emos, teme-r-iamos. 

Como la r, sufijo de estos dos tiempos, es la misma qué la del infinitivo 
correspondiente, á primera vista parecerá que debían agruparse con aquella 
forma nominal. Nosotros no lo hacemos asi, porque además de este principio 
de unidad tienen los dos futuros otros vínculos comunes que no alcanzan al 
infinitivo, cuales son el suñ*ir con un rigor matemático la misma alteración 
en los llamados irregulares, alteración que no se halla en los infinitivos co- 
rrespondientes; V. gr.: di-r-é, di-ria; pond-r-é, pond-r-ia; quer-r-é, quer-r-ia; 
mientras que sus infinitivos son: deci-r, pone-r, qtiere-r. 

Cuarto grupo ó sea de los perfectos. — Este grupo, que en castellano 
ha quedado reducido á cuatro tiempos, cuales son el pretérito perfecto sin- 
tético ó simple, el condicional sintético en ra, el condicional sintético en se 
y el futuro imperfecto de subjuntivo, tenía en latín cuatro sufijos formativos 
especiales, á saber: i en fu-i, vi en ama-vi, ui en doc-ui, si en man-si y 
dic'si = dixi. Estos sufijos pasaban á los demás tiempos del perfecto ó con- 
servándose inalterable la i respectiva, como sucedía en fui-ssem, ama-vi-ssem, 
mon-ui-ssem, man-si-ssem, dixi-ssem, 6 transformándose en e por la acción de 
la r, sonido que en latín tuvo una predilección especial por aquella vocal y 
que no la ha perdido en castellano; v. gr.: fu-e-ram, ama-ve^runt, mon-ue'rim, 
dixe-ro, 

¿Y qué ha sucedido de aquellos cuatro sufijos formativos en el tránsito del 
latín al castellano? Para contestar á esta pregunta hay que tener presente 
que la resolución acertada de este problema es en gran parte cuestión de pro- 
cedimiento. Si quisiéramos seguir como hasta aquí, examinando sufijo por 
sufijo, en lugar de encontrar luz por este camino, hallaríamos confusión y 
tinieblas, porque tropezaríamos: 1.^ con que un mismo sufijo invadió las 
cuatro conjugaciones latinas; asi el sufijo simple i lo hallamos con temas de 
la primera conjugación, lav-i al lado de lava-re; de la segunda, v. gr., en 
mov-i al lado de move'fe; de la tercera, en Ug-i al lado de ¡ege-re, y de la cuarta. 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 33 

en ven-i al lado de venire; 2.®, que un mismo sufijo ha experimentado dife- 
rentes cambios, según el tema verbal á que estaba unido; 3.^ que de seguir 
el procedimiento de los sufijos» la lógica exigiría que comenzáramos por el 
más simple, por ser anterior á los otros, y hallarse los demás formados con él; 
y en tal caso, ni encontraríamos leyes en nuestra prosodia ni en nuestra fo- 
nética para explicar racionalmente los cambios, ni sería posible aplicar la 
gran ley de la analogía, que tanta intervención ha tenido en nuestros per- 
fectos, porque nos faltaría la base cierta para aplicarla, y tendríamos que 
considerar cómo caprichos ó arbitrariedades de las lenguas lo que es conse- 
cuencia lógica y natural de su desarrollo y de las causas que en los cambios 
han tenido parte; 4.^ después de grandes esfuerzos no sería posible uniformar 
los perfectos de la segunda y tercera conjugación castellana, procedentes de 
la segunda, tercera y cuarta conjugación latina, y la unidad que en la mayo- 
ría de ellos se encuentra no tendríamos derecho á reputarla como natural y 
como el producto de las causas que en ellos han influido, sino á lo sumo ten- 
dríamos derecho á mirarlos como meras coincidencias. 

Para obviar estos inconvenientes hay que apelar á otro procedimiento, 
que consiste en tomar por base y unidad la unidad temática, la unidad de al- 
guna de las conjugaciones latinas, subordinando la variedad del sufijo ante 
la unidad del tema verbal general, pues los efectos fonéticos y morfológicos 
de los tiempos perfectos por razón de los sufijos formativos especiales han 
sido diferentes, según que era también diferente el sonido ó letra final de los 
temas verbales generales con que aquellos elementos se ponían en contacto. 
Así, un ama-vi dio amé; xmparti-vi, partí; de reg si, tenemos regí, y de dic-si, 
dije. Para esto no tenemos necesidad de formar cuatro artículos correspon- 
dientes á las cuatro conjugaciones latinas, ni aun siquiera tres según las cas* 
tellanas; nos bastará examinar primeramente la primera conjugación latino- 
castellana, y en segundo lugar la cuarta conjugación latina = tercera caste- 
llana, y en torno de ésta veremos agruparse gran número de perfectos de la 
segunda y tercera conjugación latina, ó quedar excluidos ó fiíera de ella, 
según que hayan seguido una ú otra de las dos leyes más fundamentales de 
transformación de los perfectos latino-castellanos, cuales son la analogía y la 
fonética. Comenzaremos por la primera conjugación, ó temas en a larga (*). 

Los sufijos formativos especiales (]ue entraban en la constitución del 
grupo de los perfectos latinos de la primera conjugación eran tres, i, vi, ui\ 
no había ningún perfecto formado con el sufijo si; v. gr. : lav4, ded-i; ama-viy 
canta-vi; plic-ni, fric-ni. Estos mismos sufijos pasaban á los demás perfectos 
con las modificaciones de que hemos hecho mención; v. gr.: lav-e-ro, ded-i- 
ssem, ama-veram, canta-ve-runL 

Para explicar con estos datos la transformación de los perfectos latino- 
castellanos debemos empezar: a) por eliminar los perfectos de los verbos dar, 
estar j andar, que serán objeto de estudio especial en la sección tercera; 
bj por suponer que los tres sufijos, en los demás verbos de esta conju- 
gación, i, ui, vi, se redujeron á uno solo, que fué vi. Hecha esta reduc- 
ción, podemos proceder á la comparación. La suposición de que los sufi- 
jos /, ui acabaron por desaparecer de la primera conjugación latina se funda 
en la existencia de temas paralelos en vi al lado de los en ui. Efectivamente, 
en los autores latinos se encuentran al lado de donui, domavi; al lado de 

(1) Yo prefiero emplear el nombre de primera 6 segunda conjugación, por ser de más fácil manejo que el 
de temas en a, temas en e, etc., etc. 



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34 MORFOLOGÍA DSL VERBO 

2>lícui, BUS compuestos mpliawi, replícavi; al lado de crepui, increpavi y dis- 
crepavi (^). De estas dos fonnas se perdieron las en ui, quedando las en vi. El 
sufijo ui desapareció, no sólo de la primera conjugación, sino de la segunda, 
tercera y cuúrta, no conservándose más que en 3 verbo tener, y promnda- 
mente alterado, y en sus compuestos. La analogía détnó contribuir á unifor- 
mar cGiK un sola sufijo la primera conjugación latina, al menos en el ten- 
guaje popular, haciendo que todos los verbos adoptaran el sufijo vi. 

Argumentando áposteriori se llega á la misma consecuencia, porque si amé 
procede de amavi y amaste de amavisti, lavé y lavaste, domé y domaste, soné 
y sonaste, etc., etc., deben proceder de lavavi y lavavisti, domavi y domavtsti, 
sonavi y sonavisU. La analogía y la selección uniformaron la primera conju- 
gación latina en su tránsito al castellano. 

Comparación entre los perfectos latinos y castellanos de la primera conju- 
gación en lo relativo al sufijo vi: 

PRETÉBiTO PBBPBCTO í Latiti. . . . ama-vi, ama-vT-sti, ama-vi-t; amá-vi-mus, ama-vr-stis, ama-Te-ruot. 
jutnmckTvro.. ,\ Castellano, amé, ama — ste, amó; ama — mos, ama — steis, ama ron. 

í'A««./.,A»., » »o § Latin. . . . amá-ve-ras, ama-ve-rümus. 
C0ICD1CI05AL EK ra. . '{castellano, ama— ras, ama— ramos. 



CORDICIONÁI. BH I 



í Latin. . . . ama-Ti-sses, ama-vi-sseinus. 
'{Castellano, ama ses, ama semos. 



puTüio ikPKRrECTO DEfLüíiñ, . . . amá-ve-ris, ama-T¿-rTmiis. 
sowDimTO ( Castellano, ama — res, ami remos. 

De la comparación de los cuadros precedentes se saca en consecuencia que 
el sufijo latino vi en los perfectos de la primera conjugación ha desaparecido 
en su tránsito al castellano, por tanto los cuatro tiempos del cuarto grupo de 
la primera conjugación castellana se hallan desprovistos del sufijo formativo 
especial que tenían en aquella lengua. En la primera y tercera persona del 
singular del pretérito perfecto, y hasta en la primera persona del plural, queda, 
al menos en apariencia, alguna duda sobre si en aquellas personas subsistirá 
algún resto del sufijo vi 6 si desapareció por completo. 

La pérdida del sufijo vi en los tiempos que acabamos de comparar no es 
obra exclusiva de las lenguas romanas. En el latín de la decadencia, entre los 
clásicos y aun en los tiemi)os arcaicos, era muy frecuente la síncopa de dicho 
sufijo. En los autores clásicos hallamos á cada paso donarat por donaverat, 
laudarim por ¡audaverim, gustassent por gustavissent, appellarat y appéllasset 
por appellaveral y appelkivüset, loearunt por locaverunt y otras semejantes. 
Cicerón dice que de estas dos clases de formas, plenas y sincopadas, las ple- 
nas eran más correctas y las sincopadas más familiares (^). Éstas segundas 
acabaron por imponerse á las primeras en el período morfológico de nuestra 
lengua, en tal manera que ya no se encuentra en el Poema del Cid ni un solo 

Gnecto que no sea sincopado. La selección lingüística hizo que prevalecieran 
i formas sincopadas. 

Pero la pérdida de este sufijo ¿se verificó brusca ó ^adualmente, esto es, 
perdiéndose de una vez todo el sufijo ó perdiéndose primero la t; y lu^o la •? 



r4 



i| Véase Goabou j Wibbxitset, Gram. de la Lang. lat., pág. 237. 
*) Véase GüáiDiA y Wibubtskt, Op. cit, pág. 198. 



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ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 35 

% consideramos que las transformaciones fonéticas son ante todo la obra del 
organismo inconsciente, y que aquellos cambios no se verifican por saltos» sino 
por grados, nos inclinamos á creer que, al menos en la conversación, la pér- 
mda se efectuó conforme al segundo procedimiento. Mas si atendemos al len- 
guaje escrito, encontraremos datos para sostener las dos opiniones. Bespecto á 
las sincopas bruscas, recuérdense los ejemplos citados, á los cuales pudieran 
agriarse millares. Eespecto á las sincopas graduales en la época imperial, se 
encuentran ya inscripciones que nos muestran la pérdida sola de la v en for- 
mas como prohai en vez deprobavi, probait 'povprohavit, probaimus en lusar de 
probammus (^). Las lenguas neolatinas vienen en apoyo de esta opinión. £1 
italiano conserva caniai, el franca chantai, elprovenzal ehantei y el portu- 
gués y el gallego cantei, formas todas sincopadas de cantavi (^). El castellano 
nos presenta en todas las épocas eanU, amé, etc.; las otras lenguas neolatinas, 
sus congéneres han conservado mejor los estados intermedios, que han de- 
bido existir para llegar desde eaniavi á canté. Con estas advertencias vamos á 
explicar las tres formas antedichas: amé^ amó y amamos (castellano popular, 
amemos). 

Hay quien explica la é de amé como la transformación inmediata de amai^ 
fundándose para esto en que el francés escribiendo amai pronuncia amé, y tal 
vez también en que el sánscrito, donde quiera que se presenta el diptongo ai, 
se convierte ^sofodo en e. Por lo que toca al sáascrito, es muy grande la dis- 
tancia que nos separa en tiempo y en lugar para que pudiera mirarse (caso 
que hubiera sucedido como se pretende) más que como una mera coinciden- 
cia. La lengua latina, que estaba más cercana de aquella lengua que la caste- 
llana, antes de pronunciar e los diptongos ai, oi, transformó la i en e; asi Cai- 
sar en CoRsar, César; mmsai en mmsae, mense. Las mismas palabras griegas que 
han llegado á nosotros por mediación de los latinos, como esfera, fenómeno, 
pedagogía y otras muchas, convirtieron el diptongo ai griego en ¿w; v. gr.: 
sphaera, phaenomsmo, paedagogia. En cuanto al francés, recuérdese que la len- 
gua escrita en punto á fonología nos engaña con frecuencia, conservando le- 
tras de sonidos que no existen. ¿Podrá asegurarse que el francés, antes de lle- 
gar á pronunciar ehanU la forma cMntai, no pasó por otro estado intermedia- 
rio más próximo á esta pronunciación? El provenzal ehantei no es extraño á 
esta suposición. Contra la opinión de que am¿ es la transformación inmediata 
de amai, admito yo que el castellano pasó todaviapor dos intermediarios más, 
que fueron ei, *ee; así, amavi se habría transformado en amai, amei, ^amee, 
amé. He aquí el proceso fonético de esta forma. Ninguna de las formas inter- 
medias entre amavi y amé se conserva en castellano, ni tampoco he podido 
hallarlas en el latín vulgar. La primera amai es una consecuencia de la sin- 
copa gradual, y se conserva en el italiano amai y en el francés amai. La segun- 
da amsiee conserva en el portugués y en el gallego amei, amei. Yo prefiero 
explicar estos cambios, admitiendo el intermediario portugués y gallego ei, 
conservado y fijo en estas dos lenguas, que tienen con la castellana una rela- 
ción más intima y más directa que la que tienen, por mucha que sea, la len- 
gua francesa y la lengua sánscrita. Si para algo sirven las leyes fonéticas y la 
correspondencia oue tienen los idiomas entre sí, es admirable la concordancia 
que nos ofrecen el diptongo ei gallego y pcnrtugués y la vocal intermedia e cas- 
tellana, refiriéndose ambos á un diptongo anterior ai. Caballarius se dijo en 



i5| 



«) Véa«e Pmzi, Gram. Stor, Campar. j págs. 166, 167 y 335. 
'^ Veas* Din, Chram. Comp,, II, 106 j sigáento». 



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86 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

el latín vulgar, loego caballairo j cahalleiro; en portugués y gallego quedó ea* 
valldro, j el castellano, yendo más allá, formó caballeo; ferrarlo, pasando por 
ferrairOy quedó fijo en el portugués j^mro, y en castellano ferrero y herrero^ 
rvp\mr%o ó ripario, pasando por ripairo y ripeiro, se fijó en riveiro, castellano 
ribero. Sei es la forma del verbo saber, que en castellano se corresponde por 
uiLsé. 

En el latin vulgar, en nuestros Fueros y Cartas-Pueblas, encontramos la 
gradación ai, ei, e, si no en los perfectos como amé, en sustantivos como los 
que acabamos de citar. Si en el latin vulgar se formó caballarius, en el mis- 
mo latín se formó caballairo, caballeiro y caballero. En los Fueros de Brafio- 
sera se encuentra caballairus; en la confirmación de los de León y Oarrión, 
cavalleiro, j en el de Castrojeriz caballero. Es más, yo supongo que atnei, por 
la ley fonética veintidós, se transformó en amee, y finalmente, por la primera 
se fundió en amé, concluyendo de este modo toda su evolución fonética. El 
salto de amai en amé es demasiado brusco para una lengua tal como la caste- 
llana, que ha llevado sus transformaciones fonéticas hasta un grado invero* 
símil y con una lógica y gradación admirables. Según esta hipótesis tan vero* 
símil, no quedó del sufijo vi la menor reliquia en la e de amé, no siendo esta 
vocal con su acento más que una modificación de la a, efecto de los muchos 
cambios que experimentó. 

La tercera persona del singular amó, — Por el procedimiento gradual de la 
síncopa se podía esperar que amavit, después de perder la t final por la 
\qj diez y seis, y de conformidad con el probait de las inscripciones, diera 
amai; pero en este caso, am>a% de la tercera persona se encontraría confundido 
con el amai de la primera, y según las mismas leyes fonéticas se habría con- 
vertido en amé, lo mismo que aquélla. Sea porque aquí obró el principium 
discretíonis causa, á que tan afectos se muestran los partidarios exagerados de 
la analogía, ó sea otra la razón, lo cierto es aue la lengua en su desarrollo 
adoptó para esta forma otro procedimiento del empleado para la primera. 
Este procedimiento consiste en conservar primero la v del sufijo, con lo 

?[ue amavit, amavi, transformó la v en u, resultando amaui ó amaue según la 
ey veintidós, y por la pérdida de la e (el italiano arcaico la conserva en 
amoe, donde hoy dice amó), quedó transformada en amou. La forma amou, lo 
mismo que amai, creen algunos que se convirtió inmediatamente en o, á 
imitación del francés, que escribiendo au pronuncia o, y del sánscrito, que 
donde quiera que se presenta dicho diptongo au lo convierte en o. 

Yo prefiero explicar esta forma, ó sea la (> de amó, de conformidad con el 
procedimiento seguido por el portugués y el gallego, que transformaron el dip- 
tongo au en ou, y así resultó la forma amou, que hoy poseen ambas lenguas. Bien 
sabido es que estas dos lenguas transformaron el diptongo au latino en ou, y 
muchas palabras que empezaban con al sufrieron la misma transformación; 
V. gr.: latín m^auro, portugués mouro; latín tauro, portugués touro; latín auro, 
portugués ouro; latín causa, portugués cousa; latín Laurentio, portugués Lou^ 
remo; latín pateco, portugués pouco^, latín autumno, portugués outono; latín 
saltu, portugués souto; latín altero, portugués outro. A todas estas formas res^ 
ponde el castellano con una <?; v. gr,: moro, toro, oro, cosa, Lorenzo^ poco, 
otoño, soto, otro. Estas leyes nos autorizan para suponer que en gallego y por- 
tugués, antes de la forma amou, existió la otra amau, y que el castelmno pasó 
por los intermediarios amau, amou, antes de convertirse en amó. Es más: de 
la misma manera que en amé admito otros intermediarios, así en esta forma 
admito que amou se transformó en *amoo, cumpliendo la ley fonética veinti- 



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ELEMENTOS 00N8TITÜTIV08 87 

tres, y luego por la primera acabaría de fundirse en la que actualmente tiene, 
que es am¿, terminando así toda su evolución fonética. El proceso fonético de 
esta forma, en mi opinión, fué amavit, amauü, arnaui, amaue, amau, amoun 
amoo, amó. ' 

La primera persona del plural amamos. — La forma probaimus por probavi - 
mus de la época imperial nos autoriza á suponer racionalmente que cantavi- 
mus se transformó gradualmente en cantaimus, cantaimos; éste en canteimos, 
^canteemos, y por último en cantemos. El provenzal chantem viene en apoyo de 
esta hipótesis; pero mejor que en el provenzal encontramos su confirmación 
en el idioma popular, en la tendencia constante que el pueblo tiene á decir 
amemos y no amamos, cantemos y no cantamos, sáltemeos y no salíamos. Con 
esto resultan dos formas para la primera persona del plural en castellano: una 
la culta amamos, otra la popular amamos. Para conciliar la existencia de estas 
dos formas, hay que admitir diversos procedimientos. Amemos se ha visto que 
es el desarrollo completo y natural de amaimus; amamos tiene que explicarse 
ó por la supresión brusca de amavimus en ámameos, como se hacía en el latín 
clásico y arcaico: laudasti por laudavisti, donasti por donavisti, nosti por no- 
vistí; si es que éstas, que parecen síncopas, no son restos de conjugaciones 
más antiguas, de otro sistema de conjugación, ó también por analogía con 
las otras personas del plural. La forma amemos podría explicarse además por 
analogía de amé. De esto se ve mucho en los niños, los cuales al hacerles con- 
jugar amé, amaste, amó, se inclinan al punto en su rutina á decir amemos en 
lugar de amamos. 

Besultado de todo esto es que los cuatro tiempos del cuarto grupo, como 
ya hemos dicho, han perdido en la primera conjugación al pasar del latín al 
castellano el sufijo formativo especial vi, construyéndose ahora sin dicho 
sufijo. 



LOS SUFIJOS FORMATIVOS ESPECIALES EN LA CUARTA CONJUGACIÓN LATINA 
(TERCERA CASTELLANA), Ó SEA EN LOS TEMAS EN VOCAL i LARGA 

Saltamos de la primera conjugación latina á la cuarta, porque constituidos 
normalmente en castellano los perfectos de esta conjugación, la mayoría de 
los perfectos de la segunda y tercera conjugación latinas se inclinan por la 
ley de la analogía á constituirse según la norma de los de la cuarta (tercera 
en castellano). 

La gran mayoría de los perfectos latinos de la cuarta conjugación estaban 
constituidos con el sufijo vi, modificado en ve ante r. Lo mismo que en los de 
la primera, aparecen desde los tiempos arcaicos las dos clases de síncopas del 
sufijo, la del procedimiento brusco, ijerdiendo de una vez todo el sufijo audi- 
sti por audivisti, y la del procedimiento gradual, perdiendo la v primera- 
mente. Estas síncopas se remontan á los tiempos más antiguos. En Planto se 
encuentra ya isti en lugar de i-vi-sti. La síncopa gradual estaba muy genera- 
lizada en los tiempos clasicos; decíase audierunt por audiverunt, rediit por re- 
divit, esierii por esiverit, dormierant por dormiverant. Existen pjor consiguien- 
te, lo mismo que en la primera, dos formas: las plenas y las sincopadas, y á 
éstas como á aquéllas se refiere el testimonio de Cicerón acerca de su uso. La 
sincopa gradual es la que prevaleció, en tal manera que muchas de las formas 
de nuestros perfectos no son otra cosa que las mismas formas latinas sincopa- 

MOBFOLOOÍA DEL VERBO.— 5 



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S8 MORFOLOGÍA DEL YERBO 

das. La comparación nos informará mejor que cualquiera otro procedímí^ito 
acerca de las analogías y diferencias en los perfectos de las dos lenguas: 

PBBT¿B.PBBFBC. DBlLa^in. . . . partí-vi, partí-T¡-st¡, parü-vi-t; partí-vb-mus, partí-vi-stís, partí-ye-rant 
nfDicATivo. . . .) Castellano, partí, partí — ste, partió; parti — mos, partí — ste, parti-^-ron. 

( Latin. . . . partí-ve-ras, partí-vé-ramus. 
coKDicioirAL BK ra. I Castellano, partí-e-ras, partí—é-ramos. 

( Latin. . . . partl-vi-sses, parü-TÍ-sséjnos. 
coKDicioirAL KK se. ^ Castellano, parti-e-ses, parti-é-semos. 

FCTUio iMPBtFECTO í Lütín. . . . partí-vc-rís, partí-vé-rTnius. 
DB süBJüKTiTO.. . \ Castellono. partí— e-rca, parti—é-remos. 

De la comparación de los cuadros precedentes se saca en consecuencia que 
la cuarta conjugación latina, al pasar al castellano y constituir la tercera, per- 
dió definitivamente la v del sufijo vi en los dos condicionales, en el fntnro 
imperfecto de subjuntivo y en la tercera persona del plural del pretérito per- 
fecto, imponiéndose con esto la síncopa gradual, y que en las personas segun- 
da del singular y primera y segunda del plural la pérdida del sufijo vi fué 
completa. Las dos personas primera y tercera del singular necesitan explica- 
ción especial. Las ligeras diferencias prosódicas,' lo mismo en esta oonju- 

ñ ación que én las otras, se explicarán al tratar del acento en el verbo caste- 
ano. 

Primera persona. — Con la pérdida de la v del sufijo vi, la forms^ partivi de 
la primera persona quedó transformada en partii, que en cumplimiento de la 
ley fonética primera se contrajo en parti, tal cual hoy subsiste entre nosotros. 
El acento que recaía en la sílaba ti, por ser larga esta silaba en 2?ar¿^-t;^, al per- 
derse la V, no cambió de lugar (*), quedando ^ar^-i y contraídas parti. El por- 
tugués conservó las dos ii hasta el si^lo xvi (Díbz, Op. cit., II, pág. 177), y 
el italiano actual las mantiene todavía. 

Tercera persona. — La tercera persona del singular partivit, sincopada par- 
tiit y con pérdida de la t parti'i, de seguir el procedimiento seguido en la 
primera persona, procedimiento que siguieron el provenzal parti ó partü, y el 
italiano ^artí, habría venido á parar también en parti, lo mismo que la pri- 
mera y que el italiano y provenzal. Pero sea por el principium discreUonis 
causa, sea por lo que quiera, es lo cierto que nuestra lengua, lo mismo que la 
portuguesa y la gallega, siguió otro procedimiento, enteramente análogo al 
seguido en la misma persona del perfecto de la primera conjugación. Aquí, 
como allí, el procedimiento consiste en conservar la v del sufijo, semivocali- 
zándola, ó sea pronunciándola como ti. La lengua portuguesa antigua con- 
servaba esta vocal, y así decía: jt?«rí«w,/mw, serviu (Díbz, II, 177). 

El castellano ha sido desde sus orígenes opuesto á las finales en ti, y así, en 
cumplimiento de la ley fonética veintitrés, convirtió la ti en o, resultando de 

(<) En los tíempos clásicos el acento, al verificarse estas síncopas, saltaba ana silaba hacía atrás, por la ley 
de vocal ante vocal; v. gs.'.partivi, pártti; pero esta ley no debió tener aplicación en el lenguaje popular, y 
menos después de perderse la cantidad silábica. Asi vemos entre nosotros que palabras como regina, ooj^tia, 
erudélit al perder la g las primeras, conservóse su acento, pronunciando re-i-na, va-i-na, hasta que el4íp- 
tongo le obUgó á pa ar á la c y á la a respectivamente. Los valencianos dicen todavía la va-i-na Én cruel s« 
mantiene lo mismo que en latín. 



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BLBMKÍTOS OONBTITÜTIVOS 89 

este modo la actual forma partió, cual se halla también en los primeros mo- 
numentos de nuestra lengua. El cambio del acento, pasando de la i á la o, se 
explica por el diptongo. Si hubo una forma partioe, no consta por los docu- 
mentos; en el caso de que la hubiera, aquella e desapareció. 

Según esta explicación tan verosímil, resulta que del antiguo sufijo forma- 
tivo vi, especial de perfectos, no quedan en el pretérito perfecto de indicativo 
de la cuarta conjugación latina, tercera castellana, más vestigios que la v 
transformada en o, después de pasar por w, para la tercera persona del singu- 
lar, y la t, transformada en e ante la r, para la tercera persona del plural. La 
e de los condicionales en ra y se j la del futuro imperfecto de subjuntivo, 
siendo la misma que la de la tercera persona del plural del pretérito perfecto 
de indicativo, nos explica el que tengan una misma formación los cuatro tiem- 
pos del gnipo cuarto, la cual constituye un principio de unidad que se robus- 
tece porque los mismos cuatro tiempos sufren en los temas las mismas alte- 
raciones: así hice, hicieron, hiciera, hiciese, hiciere; este conocimiento y mé- 
todo es de la mayor importancia para aprender prácticamente los verbos, y 
con especialidad los irregulares. En la primera conjugación, la pérdida del su- 
fijo fué total; pero en elfos se mantiene virtualmente el antiguo principio de 
unidad, y su aprendizaje no se ha perjudicado en nada por la desaparición to- 
tal de dicho sufijo. El conáicionBl partieses, según su origen latino áeparti- 
visses y en cumplimiento de nuestras leyes fonéticas, pasando por el interme- 
diario partiisses, debía mr partises, como lo es el portugués partisses y el ita- 
liano partissi; pero la fuerza de la analogía transformó la i en e por atracción 
ó imitación de la e de partiera, partiere y partieran. De este modo se transfor- 
maron las conjugaciones latinas primera y cuarta, y se constituyeron las dos 
fandamentales castellanas, primera y tercera, en el cuarto grupo, ó grupo de 
los perfectos. 

Observaciones y oonsboübncias. — El análisis precedente nos hace ver 
que los perfectos de la tercera conjugación castellana, lo mismo que los de la 
primera, se constituyeron sin violencia, naturalmente, siguiendo en su des- 
envolvimiento las leyes de nuestra fonética y de la fonética latina, de manera 
que en ellos todo es perfectamente normal. El acento en ellos es el que co- 
rresponde á las dos grandes leyes que han regulado nuestra prosodia: la de la 
variedad, fundada en la cantidad silábica latina; la de la uniformidad, que la 
analogía, apoyada primero en la misma cantidad silábica, hizo extensiva á 
otras formas la posición del acento de aquellas que tomó como tipos. La exis- 
tencia de los diptongos io, ie de los condicionales, del futuro imperfecto de 
subjuntivo y de las terceras personas del singular y del plural, tienen su ex- 

Í>licación cumplida, porque son la consecuencia lógica de la aplicación de las 
eyes de permutación latino-castellana. Con esta normalidad se logró además 
establecer una segura base, tipos sólidos para las grandes formaciones analó- 
gicas, que en tan grande escala tuvieron lugar en los prfectos de la segunda 
conjugación casteUana, segunda y tercera de los latmos, cuyos perfectos en 
su mayoría estaban constituidos por los sufijos formativos especiales i, ui, si', 
tenían acentuación diferente por las exigencias de las vocales de sus temas 
respectivos, y se hallaban sometidos á leyes de permutación fonética diversas 
de aquellos que llevaban el sufijo vi. 

Sólo de esta manera se explicará el que, sie^ndo los perfectos de la segunda 
y tercera conjugación latina tan diferentes de los de la cuarta, hayan venido 
en castellano sus correspondientes de la segunda áiüesultar ^ su mayoría 



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40 



HORFOliOatA DBL VBRBO 



con exactitud matemática iguales á los de la tercera. Si nosotros hubiéramos 
tomado por unidad de nuestro plan, en el estudio de los perfectos, la unidad 
del sufijo, sometiendo á ella la pluralidad temática, ahora nos encontraríamos 
sin saber explicar ni la acentuación de los perfectos de nuestra segunda con- 
jugación ni los diptongos io,ie;j aunque hubiéramos apelado á la compara- 
ción con el latín, el resultado no habría pasado del que se obtiene por el más 
superficial empirismo, quedando limitados á decir aue enperdi, por ejemplo, 
después de la supresión de la reduplicación áe pérdidi j^aaó el acento de la ^ á 
la i; que en perdió se introdujo una • ó una o, y que en perdieron j perdiera 
se había también introducido otra t, y asi resultaron las formas que hoy te- 
nemos. Mas con el procedimiento seguido, y habiendo en su consecuencia 
obtenido una base normal, incontrovertible y segura para las formaciones 
analógicas, la explicación sobre la manera que tuvieron de transformarse los 
perfectos de la segunda y tercera conjugación latina (segunda .y tercera cas- 
tellana), constituyéndose la inmensa mayoría de ellos á imitación servil de 
los perfectos de la cuarta conjugación regular (tercera conjugación regular 
castellana), se nos hará facilísima, y fócil lo será también de comprender para 
quien los estudie. 

LOS PERFECTOS DE LA SEGUNDA Y TERCERA CONJUGACIÓN LATINA, CON AL- 
GUNOS DE LA CUARTA, EN SO TRÁNSITO AL CASTELLANO, CONSTITUYÉNDOSE 
Á SEMEJANZA MÁS Ó MENOS PERFECTA DE LOS PERFECTOS REGULARES DB 
LA CUARTA CONJUGACIÓN LATINA (TERCERA CASTELLANA). 

Para aplicar con fruto la ley de la analogía á los perfectos de la segunda 
y tercera conjugación latina y algunos de la cuarta, con objeto de hacer ver 
que los perfectos de nuestra segunda conjugación regular están material- 
mente en todos sus aspectos calcados sobre la norma de los perfectos de la ter- 
cera regular, y que hasta los llamados irregulares participan en mayor ó me-i. 
ñor grado de aquellas inñuencias, ningún procedimiento encuentro más á 
propósito que el de la comparación. 

La comparación nos ofrece desde luego dos verdades evidentes: una en el 
dominio castellano, en el término á que lian llegado á su desarrollo los per- 
fectos de la segunda y tercera conjugación castellana; otra en el dominio la- 
tino, en el punto de partida del movimiento fonético y morfológico de aque- 
llos perfectos. Hallaremos la primera comparando los perfectos de ambas 
conjugaciones castellanas: 



5.' CON. partf, partiste, partió; 

2.'coirj. debí, debiste, debió; 

— cred, creciste, creció; 

— nad, nadste, nació; 

— perdí, perdiste, perdió; 

— bebí, bebiste, bebió; 

— caí, caíste, cayó; 

— cedí, cediste, cedió; 

— protegí, protegiste, protegió; 



partimos. 


partisteis, 


partieron; 


partiera, 


partiese, 


debimos, 


debisteis. 


debieron: 


debiera. 


debiese, 


crecimos. 


credsteis. 




credera, 


credese, 


nacimos. 


nadsteis. 


naderon; 


nadera, 


nádese. 


perdimos. 


perdisteis, 


perdieron; 


perdiera, 


perdiese. 


bebimos. 


bebisteis. 


bebieron; 


bebiera. 


bebiese, 


caímos. 


caísteis, 


cayeron; 


cayera. 


cayese. 


cedmios. 


cedisteis. 


cedieron; 


cediera. 


cediese. 


protegimos. 


protegisteis, protegieron; 


protegiera, 


protegiese, 



partiere. 

debiere. 

creciere. 

nadere. 

perdiere. 

bebiere. 

cayere. 

cediere. 

protegiere. 



Comparando los ocho verbos precedentes de la segunda conjugación con 
partir, que lo es de la tercera, ¿quién dirá que en su origen no llevaban todos 
el mismo sufijo formativo vi? La comparación y la historía nos dan testimo- 
nio de todo ló contrario. El perfecto correspondiste á bebí era en latín hibi, 
¡nbisfi; el de crecí, creviy erevisii; el de defoí> debut, debüisH; el de protegí» 



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BLBMEIÍTOS CONSTITUTIVOS 41 

protexiy protexisti; el de cedí, céssi, cessüti; el de caí, cecidi, cecidisti; el de 
^lái, perdidi, perdidisH, j el de nací, natus stm. Aquellos ocho verbos te- 
nían fonnados sus perfectos, unos con el sufijo i, otros con vi, con ui, con si 
libre, con si fundido en x, con reduplicación, con temas diferentes del de 
presente. Todos ellos tenían acentuación diversa de la de partívi; éste la 
tenía en la silaba ti, 6 sea en la.¿ del sufijo general formativo; los otros colo- 
caban su acento en la vocal de la raíz. En. partivi eran y son naturales las 
combinaciones io, ie, como consecuencia de las síncopas graduales; en los otros 
no había lugar á sincopa ni á concurso de vocales semejantes. En los condi- 
cionales y en el futuro de partivi, el acento sobre la e resulta como un efecto 
del diptongo producido primero por las sincopas y luego por la contracción 
de las vocales; en los demás el acento no podía recaer sino antes de la e del 
sufijo ó después de él; v. gr.: césseras, cesserumus. Siendo estas dos verdades 
tan evidentes por una parte y tan opuestas por otra, como son lo idéntico y lo 
diverso, la unicidad y la pluralidad, ¿cómo conciliar el que aquella identidad 
y unicidad hayan salido d^ la diversidad y de la pluralidad? La pluralidad 
no se reduce á la unidad sino mediante algún principio de unidad. Yo me 
figuro esta pluralidad de sufijos, temas y formas de conjugación, al ser redu- 
cidos á la unidad ó unicidad, de la misma manera que un río caudaloso antes 
de su desembocadura con los diversos afluentes que recibe. En el complicado 
proceso empleado para llegar á aquella identidad y unicidad de los perfectos 
regulares de la segunda y tercera conjugación castellana, la lengua, desple- 
gando todo el poderlo de la analogía, de esa grandiosa fuerza glótica de atrac- 
ción y asimilación, empezó por crear ó continuó creando formas paralelas de 
todos géneros, produciendo temas nuevos enfrente de los existentes; así, al 
lado de un cecidi clásico formó un popular cadi, al lado áeperdidi y credidi 
reduplicados un perdi y un credi, al lado de un crevi un cresci; junto á mor- 
iuusfuerü encontramos un morierit, al lado de vendidi un vendivi, de un 
sequi un sequire, de potui y pottm-it un poterit, de poterat un podibat y de 
rexerit un regerit. Constituido por analogía este paralelismo, creado por atrac- 
ción de este dualismo de formas nuevas al lado de las antiguas existentes, la 
selección glótica se encargó de ir eliminando las unas y quedándose con las 
otras, sacrificando las antiguas y consolidando las modernas, en cuya selec- 
ción, aplicada á los perfectos de que venimos ocupándonos, vemos que la di- 
versidad temática de presentes y perfectos se uniforma mediante la amplia- 
ción analógica del tema del presente al del perfecto; así, de crescere se forma 
e9*esci¡ en la reduplicación y las nuevas creaciones no reduplicadas éstas pre- 
valecen, así mordi por momordi, tendi por tentendi^ credi por credidi; en la di- 
versidad de formas de conjugación la activa expulsa á los deponentes; v. gr. : un 
s$quire y sequatis concluyen con sequamini y sequi; las diferencias prosó- 
dica>s uniformáronse haciendo saltar los acentos de la raíz hacia los sufijos; 
V. gr.: de un dólui á doU, y la variedad y pluralidad de sufijos i, vi, ui, si,xi, 
i^ás tarde ó más temprano, quedó reducida al simple sufijo i, y éste sometido 
en mayor ó menor grado á las formas sincopadas de la cuarta conjugación 
latina, que en su tránsito al castellano iban engendrando la tercera castellana. 
De este modo la tercera conjugación castellana, con sus atracciones en di ver-: 
sps Bientidos, se enseñoreó total ó parcialmente de los tiempos del cuarto grupo,] 
ó sea de los perfectos y de algunas formas nominales de la segunda conjugación. 
Los perfectos de la segunda y tercera conjugación latina, y aun algunos de la 
misma cuarta que no llevaban el sufijo vi, fueron entrando poco Ipooo en 



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42 morfología del vsbbo 

alguno de los tres estadios por que atravesó partivi, por ejemplo, ó sea la 
cuarta conjugación regular latina en los pei^ectos, hasta constituir la tercera 
conjugación castellana en el mismo grupo, y de este modo la segunda conju- 
gación castellana participó más ó menos de las influencias analógicas de la 
tercera conjugación, siendo la tercera el principio de unidad que redujo la 
diversidad á la identidad, la pluralidad á la unidad, y la analogía el agente 
que la redujo. 

Para que se vea que la existencia de temas paralelos en la formación de los 
perfectos latino-castellanos es una realidad y no meras suposiciones destitui- 
das de fundamento, voy á citar algunos ejemplos que he recogido del latín 
vulgar. En los Pactos con los moros de Tudela^en 1115 encontramos cadierit 
por cedderit; en el Privilegio de Sigüenza en 1140, poterint en lugar del clá- 
sico potuerint; en el Fuero de Daroca, poterit en vez de potuerit; en el de Pe- 
ralta en 11^4, morierít por mortuusfuerü; perdism por perdidissmt, en los 
Fueros de Aragón de 1129; caperit por ceperit se halla en el Fuero de Alque- 
zar en 1069; vmdierint por vendiderint, en los de Villavicencio de 1020; rege- 
rit por rexerit, en la Escritura del Monasterio de Govarrubias en 978; adqui- 
sistis por adquisivistis, en el citado de Alquezar; conaverü por conatusftíerít, 
en los de Sahagún; esmentire por desmenttri, en los de Caparrosa de 1102; 
inquiriré por inquirere, en los de Cillaperil en 1160; redimiré por redimiré, en 
el de Logroño, y redimere, en el de Miranda; sequire y sequatis, en el de Bar- 
bastro en 1100; vendiuimus, dos veces, por vendidimus, en el Cartulario de 
Eslonza en 943; queritis por quaeritis, en el de Carcastillo en 1129; quiaierint 
por quesierint ó qttaesiverint, en los de Toledo en 1101; traherit por traxerU, 
en el de Jaca en 1094; commmimus por commonenvs, en la Carta de Población 
de Cardona en 986 0). 

En el Cartulario de Eslonza, año 1050, se halla complistis por complevistis, 
tradi por tradidi en 928, complitum est en 1129, cognoH en 924, vendivi y 
vendidi en 946, tradimua por tradidimua en 948, offerui por oUuli en 1015, 
includmt en lugar de includunt en 1049. Podríamos duplicar los ejemplos; 
los aducidos bastan para formar alguna idea de lo que iba sucediendo en el 
período morfológico de nuestra lengua. Algunos de los sufijos extinguidos, 
como vi, ai, llegaron á la Edad Media; el sufijo vi se encuentra en este verso 
de Berceo: «Algunos connuvieron que fijo de Dios mataron» (Bbrc, Loor 76). 
Gonnuvieron es el cognoverunt del Evangelio. En verbos como aovo, crovo, 
andovo, eatovo j algún otro, se encuentra un sufijo que al parecer es conti- 
nuador del sufijo vi, tantas veces mencionado; yo opino que tienen otro origen, 
como veremos á su debido tiempo. 

Del sufijo ai hay muchos, como priai,fuaao, diaao, en la Edad Media; en la 
moderna han desaparecido, no quedando de este sufijo más que en algunos 
completamente iterado y convertido en je, ji. Del sufijo ui, como no sea en 
el verbo tener y sus compuestos, no ha quedado nada más. El sufijo t es el 
único que se conserva; pero tan de lleno sometido á las influencias de la ter- 
cera, que á excepción de unos pocos prfectos graves, y éstos limitados á dos 
personas del singular,' la primera y la tercera, que puede asegurarse que en 
los verbos regulares de la segunda conjugación la segunda no tiene perfec- 
tos, sino que todos son de la tercera conjugación. Veamos ahora cómo ha in- 
fluido la tercera sobre la s^nda conjugación y todavía signe influyendo. 
Para entender esto bien detemos representarnos en la cuarta conjugación 

iS) Lót docmiMDiot dtadM BehtUan «o U Coleettán. de Futro$ y Cartat-Pueblat del Sr. Muikn. 

4 



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FORMAS NOMINALES 48 

latina, para convertirse en la tercera castellana, tres estadios: 1.% la cuarta 
conjugación latina conservando en los perfectos las formas plenas: partivi, 
partívisti, partiveras, etc.; 2.®, la cuarta conjugación latina con la síncopa 
de la V en el dominio latino; v. gr.: partii", partiit, partieras; a.**, la cuarta 
conjugación latina convertida en la tercera castellana; v. gr.: partí, partió, 
partiera, partiese, etc. Estos tres estadios pudieran representarse por tres 
círculos abiertos y en comunicación el uno con el otro. Y se vería que en el 
primero, en la época del iatín vulgar, han entrado pocos; en el segundo mu- 
chísimos, como quesierit, morierit, cádierit, perdierü, prendierit-, en el tercero 
el mayor número. 

La analogía ha ejercido su acción sobre los perfectos de la segunda, atra- 
yéndolos á la tercera de tres maneras: 1.^ La tercera conjugación castellana 
ha sometido en absoluto á todos los perfectos regulares de la segunda, de tal 
manera que los acentos de la una son los mismos que los de la otra, los dip- 
tongos los mismos, las vocales simples las mismas; no citamos ejemplos, ya 
Sresentamos más atrás la comparación de los ocho perfectos. 2.* Otro grupo 
e perfectos, llamados irregulares de perfecto grave, ha recibido de la tercera 
todas sus influencias, excepto en dos personas, que son la primera y la tercera 
del singular del pretérito perfecto; v. gr.: vine, vino, las cuales ni tienen el 
acento agudo, ni la vocal i, ni el diptongo io\ lo demás es completamente 
igual: vinieras, pudieras, estuvieron. Hay quien explica estos diptongos como 
un efecto de la ley fonética diez y nueve; yo no participo de la misma opi- 



nión. Me fundo para ello en que la e, transformada en ie, v. gr.¡ vinieras, la- 
tín verterás ', vinieres, latín vmeris, es átona, y la transformación en ie es en las 
sílabas tónicas; yo lo exi)lico por analogía y nada más. 3.* Otro pequeño gru- 
po hay que sólo ha recibido de la tercera conjugación la influencia prosódica 
en todas las formas de los perfectos, excepto en la primera y tercera {)ersona 
del singular; estos son algunos que llevan el sufijo je, ji; v. gr.: dije, dijo; pero 
dijeras, cf. el latín díxeras. Hay tendencia á mayor analogía; en el lenguaje 
popular es frecuente oir dijieron, trajieron. iíDixieron los de Troya-», Alex., 
4(76. Estas últimas formas abundan en la Edad Media. 

Los primeros han recibido y aun reciben la influencia total en vocales 
simples, acentos y diptongos; los segundos los acentos y diptongos en los 
condicionales, en el futuro y de seis personas del pretérito perfecto en cuatro; 
los terceros sólo el acento en los condicionales, en el futuro y en la persona 
primera del plural. 

El principio de unidad ha sido el sufijo sincopado de los 'perfectos de la 
cuarta conjugación latina (tercera castellana). 



FORMAS NOMINALES DEL VERBO 

Con esta denominación se conocen los infinitivos, los participios y los ^- 
rundios. Dáseles este nombre por participar del doble carócter de nombres y 
vfiri>0B; participan del nombre porque reciben articolos, prq>osicíones y tienen 
formas genéricas, números y casos« Participan del carácter verbal porque ri- 

En.los mismos casos que el verbo, y agre^doles un. sujeto sustituyen á 
\ formas de indicativo y subjuntivo. También expresan tiempo, aunque de 
una muiera poco precisa y determinada, y acción y pasión. No se induyen 



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44 MORFOLOGÍA DEL VBBBO 

entre los modos del verbo, porque en su estructura no llevan elementos re- 
presentativos del sujeto; por esta razón dichas formas ^r si solas nunca ex- 
presan una proposición completa, y sola y únicamente simples conceptos, atri- 
butivos ú objetivos, como ya hemos dicho. 

El infinitivo es un nombre verbal que expresa la acción en abstracto, sin re- 
ferirla á ninguna determinada persona. Puede recibir el artículo y las prepo- 
siciones, y desempeñar en la proposición todas las funciones de un sustanti- 
vo. El infinitivo expresa la acción y el concepto general que expresa el tema 
verbal. 

ElparUdpio es un nombre verbal que, con forma de adjetivo, índica acción 
ó pasión referida á tiempo presente ó pasado. El participio puede entrar en 
concordancia de género, número y caso con los sustantivos á que se refiere. El 
participio desempeña un gran papel en la conjugación pasiva y en los tiempos 
perifrásticos de activa. 

£1 gerundio es otra forma nominal del verbo, que indica la acción en abs- 
tracto; no expresa tiempo determinado, pues depende del tiempo de otra pro- 
posición; es de forma activa, rige los casos de los verbos respectivos, no reci- 
be artículos ni puede entrar en concordancia, y alguna vez recibe preposi- 
ción; V, gr.: En cenando, me iré á pasear. El gerundio en castellano hace con 
frecuencia las veces de un participio activo, mas el determinar los usos de 
estas formas pertenece á la sintaxis. 

Sufijos formativos especiales de las formas nominales. — Las formas 
nominales sintéticas, infiniUvoa, participios y gerundios, son más fáciles de ex- 
plicar qne las anteriores; las examinaremos por partes. 

Infinitivos. — El sufijo formativo especial de los infinitivos es la r. En latín 
era el sufijo re. En su paso al castellano por la ]ey fonética veintiuna desapare- 
ció la final e, quedando la r como signo de esta forma. El castellano fué en este 
punto tan consecuente, que ni uno sólo existe que no termine en r precedida 
de vocal: amar, teme-r/parti-r^ se-r, ve-r. Si en latín existían algunos infini- 
tivos con otro sufijo como esse, potesse, velle, nolis, ó se perdieron como vell§ 
y sus compuestos ó fueron sustituidos con otras formaciones; así esse cedió á 
seclere, poüsse Á potere (i). El sufijo formativo del infinitivo castellano desde los 
primeros tiempos de nuestra lengua es la r; en el Poema del Gid se encuentra 
tan corriente como entre nosotros. En la Edad Media fué bastante frecuente 
la asimilación de la r en Z cuando seguía algún pronombre, como amaUo por 
amarlo, eseribillo por escribirlo, pero no ha prevalecido. 

Participios. — Sufijos formativos de los participios. — Participio de presente. 
— El sufijo del participio de presente era en latín, en griego y sánscrito nt. 
Este sufijo, en latín, bailábase ampliado mediante una i en algunos casos; 
V. gr. : ama-nt'is y ama-nt-i-um. En castellano es el mismo sufijo nt, con adi- 
ción de una e eufónica. Este sufijo se añade á temas «n a, en ^ y en i; v. gr.: 
amante, docente, oyente, viniente. Hay quienes explican estos adjetivos, pro- 
cedentes de participios latinos, como si fueran ablativos del singular de los 
mismos participios, fundados en la identidad de forma que tienen amante cas- 
tellano y amante 6 amanti, ablativos latinos. Yo opino que la e, que acompaña 
á este sufijo en castellano, es meramente fonética, reclamada por la t final, pues 
de lo contrario habría desaparecido, quedando aman. Los nombres snstniti- 
YOB monte, furntCy puente, serpiente y otros llevan esta misma e fonética. La t 

(<) Italiano pó¿ere,ca9télIatío poder. ■ ■' ^ . . . .ü 



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F0aMA8 NOMINALES 4$ 

final ha anfrido tres clases de modificaciones: ó se perdió como en ¿^man/, 
aman, ó se suavizó como variek^t en variedad, ó recibió la e eufónica, como 
amante, prudente, doliente. El averiguar si los nombres sustantivos y adjeti- 
vos, en una palabra, si los declinables castellanos proceden de ciertos casos de 
la declinación latina ó son meros temas, como yo sostengo, es un punto mix- 
to, cuya discusión corresponde por iguaJes partes á la fonología y á la mor- 
fología nominal, y por consiguiente no es propia de este lugar. Yo me con- 
tentaré únicamente con llamar la atención de los partidarios del origen casual 
de nuestros declinables, recordándoles que los temas castellanos que terminan 
en alguna consonante final, compatible con nuestro sistema fonético, esos te- 
mas no contienen señal alguna de ablativo ni de acusativo. Tal sucede con 
temas en r final, como amor, doctor; en /, como sal, cárcel, sol; en n, como 
sermón, germen, titán; en d, como merced, virtud, bondad; en z, como luz, 
voz, atroz; en y, como reloj, hqj, y que los que debían terminar en alguna con- 
sonante simple, ó en grupos de consonantes, incompatibles con nuestra eufo- 
nía, esos temas son los que en apariencia proceden de algún determinado caso 
de la declinación latina; tales son los participios de presente ama/»^ y los sus- 
tantivos citados monte, fuente, trámite, conde, padre, afable, vientre, los cuales 
narecen ablativos singulares latinos. Si observamos que estos y otros parecí- 
aos nombres, de no llevar la e hubieran tenido que terminar en amantte mont, 
font, tramit, cont ó cond, padr ó patr, afabl, vientr, cosa que rechaza nuestra 
eufonía, en este caso ya surge cuando menos la duda de si, en efecto, serán 
fenómenos morfológicos ó puramente fonéticos. Muchas de estas palabras, que 
hoy escribimos con e, en la Edad Media se encuentran ó sin ella ó alternan- 
do con las que la llevan; v. gr.: noch, gent, ynfant, prudient, etc., etc. 

Sufijos fobmativos del paetioipio db prbtérito pasivo. — ^Los sufijos 
formativos del participio de pretérito pasivo en latín eran dos: to, ta;Y. gr. : 
ama-to, ama-ta; comple-to, comple-ta; audi-to, audi-ta, y so, sa, v. gr.: spar»so, 
spar'Sa; mis-so, mis'sa; pres-so, pres-sa. 

El prímero de estos sufijos ha pasado al castellano de tres maneras: 

!.■ Sin alteración alguna; v. gr.: 

Latin. . . . scríp-to, scrip-ta; posi-to, posi-ta. 
Cattellano* escn-to, escrí-ta: paes-to, poes-ta. 

2/ Suavizado en d por la ley fonética quinta; v. gr.: 

Latin., . , aiiia-4o, ama-ta; debi-to, debi-4a; aadi-to, audT'ta. 
CatteWiW). ama-do, ama-da; debi-do, debí-da; o( — do, oí — da. 

3.* Transformado en unión con la c final del tema en ch; v. gr.: 

Latin. . . . fac-to, (ac-ta; dic-to, dic-ta. 
r>».#«if»..A S fecho, fecha; dicho, dicha. 
^«*^^^*^) hecho, hecha. 

La explicación acerca de la conversión de los grupos cto, cta en eh^,^cha 
corresponde á la fonología. Yo sostengo que el proceso fonético seguido por 
estos grupos ha sido el siguiente: facto ó fecto, fei-to, ^fe-Oo = *fecio, fecho. 
Fecto lo encontramos ya en los compuestos la>tinos en la época clásípi^: rf./<x;- 



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49 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

to, con-fee-to; feito se halla en el portugués ;/e^ es una metátesis indispensa- 
ble para formar la ch, lo mismo que dijimos al hablar de pac-tare, pec-tare, 
pei'tare y pechar. 

El sufijo 80 hállase todavia en algunos participios, que en su mayoría han 
quedado reducidos á simples adjetivos; v. gr.: 

Latín. . . . impres-so, impres-sa; confes-so, confes-sa; prehen-so, prehen-sa. 
Castellano, impre—so, imprc— sa; confe--so, confe~sa; pre ^so, pre sa. 

El participio pasivo formado con el sufijo do, da es el que domina casi ex- 
clusivamente en la conjugación castellana. En la primera conjugación todos 
los participios se forman con aquel sufijo. La cuarta latina, tercera castella- 
na, tenía la mayor parte de sus participios formados con to, ta. Estos sufijos, 
suavizados en ao, da, han servido de norma á las numerosas formaciones ana- 
lógicas; la primera conjugación para lo que se crea, y la tercera para lo que 
estaba crédulo, han arrastrado en pos de sí casi toda la conjugación. La 
cuarta conjugación latina, con sus transformaciones, impuso la ley de los per- 
fectos á la mayor parte de la segunda y tercera conjugación; esta misma con- 
jugación en los participios pasivos ejerce la misma atracción respecto de las 
otras dos conjugaciones, por eso la tercera castellana es tan abundante en 
formasen ido. 

La analogía desplegó toda su poderosa acción en la formación de los parti- 
cipios pasivos castellanos. Muchos verbos que carecían de participio en latín 
los hallamos, á imitación de partido, completos en castellano; v. g.: podido, 
sido, batido. No se conoce menos la influencia de la analogía en la creación 
de participios pasivos con el sufijo do, da al lado de los que existían con so, 
8a, concluyendo por prevalecer los modernos sobre los antiguos. Gasum res- 
pondía á cadere, caer, y en castellano es caído ifueum respondía áfundere, y en 
castellano es fundido; stcasum era el participio de stkzdere y per8uadere, y en 
castellano perstmlido. Todavía se muestra la lucha, lucha decidida ya á favor 
de la analogía, en las formaciones paralelas de participios que en castellano los 
más antiguos, ó sea los en 80, 8a, han caído en desuso, quedando vigentes los 
modernos, ó sea los en ido (*). De los participios de doble forma sólo citare- 
mos los que están en uso en su doble forma, que son frito, preso, provisto y 
roto, al lado de freido, prendido, proveído y rompido. Los demás, como oprimi- 
do y opreso, confesado y confeso, smpendido y suspenso, no hay necesidad de 
citarlos, porque entonces tendrían derecho á serlo todos los participios. Ad- 
jetivos hay como docto, recto, nato, que son de igual forma que los participios 
latinos docto, docta^ recto, recta; nato, nata. De los que conservan el sufijo U), ta 
inalterable son escrito, abierto, cubierto, roto, muerto, puesto, revuelto, vuelto, 
visto y sus compuestos, descubierto, compuesto, resuelto, provisto (y proveído), 
inscripto é inscrito, proscripto y proscrito. De los que lo han modificado en 
cho hay pocos: hecho, satisfecho, dicho, predicho, rehecho. La existencia de las 
formas paralelas y de estos pequeños restos antiguos revela bien á las claras 
cómo se van elaborando y transformando las lenguas y sustituyéndose unas 
á otras; esto es, creándose primeramente nuevas formas al lado de las existen- 
tes, continuando juntas por algún tiempo, sobreponiéndose las modernas á 
la» uitiguas y acabando por imponerse, quedando de las antiguas formaciones 
algunas pequeñas reliquias que atestigüen su vida anterior; raras veces se 

(*) VteBM IftB listas de verbos que la Gramática de la íkeal Academia trat-eo las págs. 17fty 177. 



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FOBMAS NOMINALES 47 

extingue una forma que en época anterior estaba en pleno uso; estas peque- 
ñas reliquias, que van quedando de las épocas anteriores, engendran tas ex- 
cepciones. 

Los latinos, además de los participios de presente y de pretérito pasado, te- 
nían otros dos participios, que eran los de futuro activo, formados con los sufi- 
jos turOf tura-, suro, sura, j ndo, nda; unos y otros se perdieron al pasar al 
castellano. Poseemos algunos adjetivos y sustantivos de la misma forma que 
aquellos participios; v. gr.: futuro y futura; venturo, ventura; horrendo, tre- 
mendo, nefando, estupendo, execrando j venerando, 

ScTFiJO FOBMATiYo DEL GERUNDIO. — El gerundio latíuo se declinaba, ja 
como un sustantivo, ya como un adjetivo de tres formas en los casos oblicuos. 
El sufijo formativo era ndo. Ese mismo sufijo es el del gerundio castellano. La 
forma del gerundio castellano es enteramente igual á la del ablativo del gerun- 
dio latino; V. gr.: ama-ndo, latín; ama-ndo, castellano. Si procede del ablati- 
vo, la forma de aquel caso era igual al tema. Este es el único sufijo formativo 
de gerundios, y con él sola y exclusivamente se forman. 

Resumen de los sufijos pobmativos especiales de la conjugación 
castellana: 

1 .^ Para los futuros absoluto y condicionado, r. 

2.** Para los perfectos de la primera conjugación, nada. 

3.** Para los perfectos de la tercera conjugación, o, e, 

4.^ Para los perfectos de la segunda conjugación, que siguen la analogía 
completa de los regulares de la tercera, o, e. 

6.** Para los que han transformado la x enj,je,ji, jo. 

6.* Para los que no llevan y ni han recibido la influencia total de los de la 
tercera, e, i, o, ie, 

7.® Para todos los infinitivos, r. 

8.** Para los participios de presente, nte, 

9.** Para los participios de pretérito pasivo, to, do, so, cho. 

10. Para los gerundios, ndo, 

OrigFíN de los sufijos formativos especiales. — La r procede del sufijo 
latino re. El origen de este sufijo re = se opinan algunos eminentes lingüis- 
tas que es un antiguo dativo, ó signo del dativo = sai. El origen del sufijo i, 
primitivo de los latinos, es de origen no bien conocido. Vi y ui se consideran 
como procedentes de fui, según se ve enpotui por por-fui; el sufijo si es con- 
siderado como resto de un antiguo perfecto, esi, del verbo sustantivo; nt es su- 
fijo ario, pero se desconoce su primitivo origen; to es también sufijo ario, for- 
mador de muchos adjetivos; so es mirado como una modificación de to, y eruto 
es sufijo muy general y muy antiguo en latín para gerundios, participios y 
adjetivos, pero de origen desconocido. Mr. V. Henry, en su Compendio de 
Gramática Comparada, edición de 1894, emite una teoría muy extraña respecto 
al origen de este sufijo, queriéndolo identificar con el sufijo t*evo<;, y en este 
caso ortundus seria lo mismo que oriomenus y merenda = meremerui; mientras 
no se presenten más datos, no es posible admitir semejante hipótesis. 



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48 MORFOLOGÍA DEL VBEBO 

CAPÍTULO IV 

DB LOS SUFIJOS FOBMATIYOS GBNBBALES DBL YERBO CASTELLANO 

Cualquiera que sea el origen de los sufijos formativos generales de nuestro 
verbo, podemos definirlos hoy diciendo que son aquellos elementos morfoló- 
gicos que en nuestro sistema actual de conjugación se unen á la parte inva- 
riable del verbo para constituirla en tema verbal y hacerla apta para recibir 
los elementos de la flexión (sufijos temporales y exponentes personales). 

Decimos que son elementos morfológicos porque entran en la constitución 
del verbo, no como meras vocales conjuntivas con carácter fonético para fa- 
cultar la unión de otros elementos, sino como partes integrantes de la estruc- 
tura verbal. Añadimos <i:en nuestro sistema actual de conjugación», porque la 
historia del latín y la de otras lenguas arias nos presentan muchos ejemplos 
en que los exponentes personales se hallan unidos á las raíces, ya en vocal, ya 
en consonante, sin intervención de otros elementos fonéticos ni morfológicos, 
tal vez como restos de un sistema de conjugación más antiguo, en el cual la 
parte subjetiva del verbo ? la atributiva se combinaban de aquella manera. 
Esto lo vemos en fer-t^ jertis, fer-to^ es4, eS'to, es-U, es-tote, vul-t, vuUtis, 
da-mtiSy sta-tis, así como también en los participios pasivos; v. gr.: fac-tum, 
rap'tum, scrip-íum, restos que al pasar al castellano han desaparecido en su 
inmensa mayoría. 

Los sufijos formativos generales úñense inmediatamente á la parte invaria- 
ble del verbo, cual se ve en am-a, tem-e, part'i, constituyéndola en tema ver- 
bal; en los verbos denominativos, que tanto abundan en castellano v en todas 
las lenguas romances, es donde mejor se nota la combinación. Así la palabra 
cruz, nombre sustantivo, conviértese en tema verbal mediante su unión con 
el sufijo a, y en virtud de esta unión el sustantivo cruz recibe aquel carácter 
especial que distingue á los verbos de los nombres. Un tema verbal se distin- 
gue de un tema nominal, como se distinguen la acción y el movimiento de la 
pasividad, de la quietud y del reposo. La palabra martillo denota un utensi- 
lio, un instrumento destinado á servir de medio para determinados fines; mas 
si por la unión del sufijo a convertimos este sustantivo martillo en el tema 
verbal martilla^ entonces la nueva formación ya no denota el objeto simple- 
mente, sino el objeto, el instrumento puesto en movimiento, funcionando, 
como lo revela el infinitivo, que expresa la misma acción general que el tema, 
y que en el caso presente es la de martillar ó dar con el martillo en el yun- 
que, en el hierro, en otro objeto cualquiera. Estos son los temas verbales en 
los cuales la acción general se va determinando á manera que se va poniendo 
en contacto con los elementos subjetivos del mismo verbo. 

Mediante estos sufijos formativos cambia, sobre todo en los nombres, por 
completo la predicación ai transformarse en temas verbales. Supongamos 
puesto en síntesis un sustantivo, como cruz y el exponente subjetivo tnits, 
formuido eruzmus^ como |si fuera una lengua aglutinante; entonces la atri- 
bución sería la siguiente: nosotros cruz = nosotros somos eruzi mas al con- 
vertirse en tema verbal cruza = cru^'r por la adición del sufijo formativo a, 



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SUFIJOS FORHATIVOS GENERALES 49 

ya no se atribuirá al sajeto verbal la objetividad gnstancia) de la figura cruz, 
sipo solamente la acción agregada á dicho sustantivo para ponerlo en movi- 
miento, dibujando aquella figura, ó sea haciendo una cruz, como en realidad 
la hace quien atraviesa una calle, entre la dirección que él lleva j la dirección 
de la misma calle. Por la adición de los sufijos hácense los materiales inva- 
riables aptos para recibir los elementos de la flexión. 

Tomemos la palabra doctor; añadámosle los elementos de la flexión sin su- 
fijo formativo, y de esta unión no resultará otra cosa que conjuntos de soni- 
dos bárbaros, palabras ininteligibles y por tanto sin aplicación práctica. 

Escríbanse los grupos fonéticos doctor -r, docior-mos, doctor-n, y nada signi- 
ficarán en la práctica; es más, hasta la significación de aquel nombre sus- 
tantivo se habrá perdido; agregúeseles en cambio el sufijo a, y al punto se 
constituirá en un tema verbal completo y con capacidad para ir recibiendo 
las diversas formas de la flexión, resultando todas perfectamente compren- 
sibles. 

Los sufijos formatívos distinguen cierta clase de verbos de otras clases 
también de verbos, una conjugación de otra, con lo cual se consigue dar va- 
riedad á esta parte tan importante del discurso. 

Los sufijos forma tivos que merecen el nombre de tales son tres: a, i, e. 
Estos tres sufijos en latín se extendían á todas las formas del verbo, si bien 
el sufijo e en pocos verbos. Al pasar al castellano los dos primeros lo han 
hecho conservando toda su extensión, salvo los casos en que las leyes foné- 
ticas les han obligado á desaparecer. Tal sucede en el presente de subjuntivo: 
latín, partías; castellano, partas. Mas el tercero, ó sea la e, además de quedar 
limitado á los tiempos imperfectos, en estos mismos ha sufrido pérdidas en 
el presente de subjuntivo y primera persona del de indicativo, transformán- 
dose en i en el imperfecto de indicativo. 

¿Entran los sufijos formatívos en las raíces, sustantivos, adjetivos, pro- 
nombres, participios, en una palabra, en todo aquello que constituye los ma- 
teriales pasivos, la materia preexistente é invariable de los temas verbales? 
Para contestar á esta pregunta hay que considerar en los verbos de nuestra 
lengua el dominio latino y el dominio castellano. Por lo que toca al dominio 
castellano, la contestación tiene que ser afirmativa; nosotros no formamos 
ningún verbo cuyo tema verbal no acabe en una de las tres vocales forma- 
tivas a, i, e; nosotros hemos concluido con las formaciones cuyo tema verbal 
terminaba en consonante, y si conservamos algún pequeñísimo vestigio de 
aquellas antiguas formas, como scrip-to, rup-to, han tienido que alterarse para 
quedar terminando en vocal, escri-to, ro-to, ó en alguna consonante fácil de 
pronunciar, como vis-to pms-to. Lo que sucede muy á menudo en castellano 
es que muchos sustantivos, adjetivos y otras partes del discurso terminan en 
la misma vocal que el sufijo que se les debe agregar para convertirlos en 
temas verbales, y entonces, sin dar lugar al concurso de las dos vocales homo- 
géneas, V. gr.: aa, ee, ii, las contraemos interiormente en una sola. Así, con 
la palabra ruina, si queremos formar el verbo arruinar, no formamos primero 
un arruinaar, sino que mentalmente, y en cumplimiento de la ley fonética 
primera, las contraemos antes que se pronuncien y manifiesten al exterior (}), 
En cambio, en todas las demás formaciones el sufijo formativo aparece clara- 
mente expreso. Llévanlo expreso y bien distinto los radicales en consonante; 

(1) Téngase presente que los escritM, ni aun la 'conversación, revelan siempre con distinción todos lo» di- 
Tcrsos matioes por que pasan los sonidos. 



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50 HOBFOL06ÍÁ DEL TBRBO 

V. gr.: amor y enamor-a-r^ sal y sal-a-r, reacción j reaedoiua-r^ cárctty 
encarcel-a-r, cruz y cruz-a-ry parea y empared-a-r. Los terminados en ¿», b» 
transforman en «; v. gr.: martillo y martüla-r, grande y agranda-r. El 
cambio de estas vocales nos da á entender que no son elementos meramente 
fonéticos, sino qoe reconocen alguna cansa morfológica. El sufijo a es el que 
en castellano forma el mayor número de verbos; ignoro la proporción en aue 
estiurán los verbos de nuestras tres conjugaciones, pero es indudable ^ne las 
formaciones con el sufijo a sumarán mayor número que las otras dos juntas. 
Esta desproporción no es exclusiva del castellano, sucede lo mismo en las 
demás lenguas neolatinas. 

Mr. Augusto Brachet dice en su Gramática Histórica de la lengua fran- 
cesa que de los 4.060 verbos que tiene aquella lengua, 3.620 pertenecen á la 
primera conjugación y los restantes á las otras tres. Si tenemos que formar 
algún verbo nuevo, lo hacemos especialmente según el tipo de la primera 
conjugación. Los adelantos en las ciencias han hecho necesarios ciertos 
verbos, como fotografiar, telegrafiar, descarrilar, imantar; todos ellos están 
calcados sobre la norma de la primera conjugación. La primera conjugación 
se va atrayendo lo moderno; la tercera atrajo hacia sí gran parte de lo anti- 
guo que no le corres^ndía. 

Respecto al dominio latino, encontrámouos con un grandísimo número de 
verbos formados ya en aquella lengua, que nos han sido transmitidos sin 
que nosotros hayamos tenido parte en su formación. Be tales verbos unos se 
hallan constituidos de simples raíces, v. gr.: da r, esta-r, i-r; otros de raíces 
ampliadas, sin que se sepa si aquellas raíces con sus ampliaciones han sido 
en otras épocas sustantivos ó adjetivos que se han perdido, ó son tan sólo 
formaciones analógicas. Esto sucede con los temas am-a (raíz ca; cf. ca-ro, 
ca-riño, ca-ridad), tem-e (raíz ti\ cf. ti-mor y tp-tulus), que no sabemos si exis- 
tieron temas nominales amiés, timus, parecidos á fic-us (reÁZjfic, en magni/h-us, 
que sólo se halla en palabras compuestas), y por esta causa no podemos ase- 
gurar con certeza si amare, timére y otros proceden de temas nominales ó no. 
Otros hay que á pesar de su mucha antigüedad muestran claramente su ori- 
gen nominal, como en salutare, saludar; laudare, loar, y constüuere, todos ellos 
formados sobre la base de los temas nominales salut, laúd, statu. En los 
verbos procedentes del latín, esto es, en los que hemos recibido ya formados, 
se descubren algunos en los cuales la letra nnal era idéntica á la vocal del 
sufijo; V. gr.: esta-r, da-r, multa-r, i-r, definir, cuyas raíces y temas respec- 
tivos son sta, da, multa, i, definí. Hay además muchos verbos que hemos re- 
cibido formados sobre participios de otros verbos; v. gr.: cantar de canta-re, 
formado sobre el participio cantus, de caru)-, regentar sobre el participio r«- 
gente, de regens, regentis. 

Ahora podemos preguntar: ¿Los verbos latinos que han pasado al caste- 
llano, sea cualquiera su procedencia y formación, recibieron en su origen al- 
guno de los tres sufijos rormativos a, i, e? Según Bopp, Schleicher, Curtins, 
León Meyer y otros eminentes filólogos modernos, los verbos de la primera, 
segunda y cuarta conjugación latina todos estaban constituidos con dichos 
sufijos (^). Según Merguet, en los verbos formados de raíces como da, sta, i, 
P^f fl\ne, no entraban aquellos sufijos. Mr. Víctor Eenry considera á dore, 
stare, iré, formados únicamente por la raíz y sin sufijo alguno formativo. 

(<) Los de la tercera, qoe en latín lleran otro safijo, lo cambiaron por la e larga ó la » larga pasando al 
castellano. 



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SUFIJOS FOBHATIYOS GBNEBALBS 61 

Tal vez el terminar las raices de estos verbos en vocal los ha preservado de 
tm rnina, pnes las formaciones que tenia el latín sin sufijo int^fmediario ó 
se han perdido ó han tenido que venir de alguna manera á terminar en nna 
vocal, como escruto, ro-to, eres, i-d. Si los verbos estar, dar é ir no recibie- 
ron los sufijos formativos a, i, e, la circunstancia de terminar sus raíces 
en a, i respectivamente contribuye, al menos en apariencia, á que sean mira- 
dos como verbos formados con aquellos sufijos. 

Según esto, podemos afirmar que todos los verbos castellanos se hallan 
constituidos con uno de los tres sufijos formativos a, i, e, á excepción tal vez 
de tres, dar, estar é ir, con algunos de sus compuestos, y que si en algunos no 
aparecen, es por hallarse contraídos con otras vocales idénticas de la parte in- 
variable del verbo. 

¿T qué significación añaden los sufijos formativos á la parte invariable del 
verbo, á los materiales pasivos, al convertirlos en temas verbales? 

Para contestar satisfactoriamente á esta pregunta debiéramos conocer con 
exactitud el origen de estos sufijos, su significación y la función con que en- 
traban en los temas; mas en esto no se hallan del todo conformes los filólogos 
modernos. Generalmente se admite que los tres sufijos a, i, e provienen del 
sufijo ario afa^ contraído por diversos procedimientos en a, e, i Q), Corsen, 
sin embargo, no admite tal procedencia para el sufijo a. Dicho sunjo aja pro- 
cede, según unos, de la raíz i, marchar, 6 de i, desear; según otros, del sufijo 
apafa, formador de causativos; otros lo consideran compuesto de a y ja, sien- 
do este último elemento una raíz con función relativa ó demostrativa. La 
opinión más general parece ser la de que este sufijo aja tenía función causa- 
tiva, como lo prueba el sánscrito manaj'ami = yo hago pensar y svapaja- 
mi = yo hago dormir, verbos á los cuales responden los latinos rrumco y sopio. 
En latín, la fanción causativa está muy oscurecida. 

Como se ve los orígenes son bastante oscuros, y su significación y sus fun- 
ciones tampoco se hallan bien definidas. En nuestros verbos existen muchísi- 
mos en los cuales no es posible descubrir el sentido causativo ó factitivo que 
verosímilmente debieron tener en su origen. Esto sucede con todos aquellos 
verbos cuya formación no es de origen conocidamente nominal. En estos ver- 
bos la fanción de los sufijos, al menos en la actualidad, es'á limitada á la cons- 
titución de los temas verbales, distinguiendo unos de otros y formando en 
castellano tres conjugaciones. Mas en los verbos procedentes de sustantivos, 
adjetivos, pronombres y hasta de participios, los efectos de los sufijos son bas- 
tante más notorios. Como los sustantivos, adjetivos, etc., etc., al entrar por 
base en las formaciones verbales, llevan ya consigo una significación de ser ú 
objeto, de cualidad ó relación, al convertirse en temas verbales por la adición 
de los sufijos formativos, reciben la idea general de acción, como hacer, poner, 
dar, causar, recibir, etc., etc., de la misma manera que si en su estructura en- 
trara á constituirlos algún verbo, el verbo hacer por ejemplo. Con esto, aque- 
llos materiales, sustantivos, adjetivos, etc., etc., al convertirse en temas ver- 
bales, contienen dos ideas, una de la significación que tenían antes de trans- 
formarse en temas verbales, otra la que han recibido al verificarse la transfor- 
mación por la adición de los sufijos. Esta idea de acción, de carácter general, 
se pone con la otra idea, con la idea significativa, en relaciones diferentes j va- 
riadas, unas veces se verá que la idea que les correspondía, como sustantivos, 

{*) Véase Bopp, Gram. Comp., t UI.— Schlbichei, Compendium.— Cvnma^ Erlanterungen.—VéaM 
también Pbsi, Gram. Stor, Comp, 



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52 horfología dbl verbo 

se pone en relación de ténnino paciente de la acción; v. gr. : vocear, cuya equi- 
valencia es dar voces; otra se encontrará en relación de instrumento; v. gr.: 
martillar, cuja equivalencia es dar con el martillo en el hierro, en el yunque, 
etcétera. Si la base es un adjetivo, aquella cualidad se aplicará á un sustanti- 
vo que figure exteriormente en la proposición j en cualquiera relación en que 
se halle; v. gr.: blanquear una pared será ponerla blanca, esto es, trasladar la 
cualidad de la blancura al muro, expresada por el adjetivo blanco que entra 
de base en el verbo blanquear, y en un verbo como tutear se notará fácilmen- 
te la relación de reciprocidad, que no contienen los pronombres tú j te; en 
fin, se encontrará siempre en estas formaciones algo que no se halla en los ver- 
bos, cuyo origen no es nominal. Si los demás verbos expresan una acción, éa- 
tos expresan la acción y algún otro término de la proposición, sea un com- 
plemento directo, un indirecto ó un circunstancial, lo cual se conoce muy bien 
por las e(|uivalencias. Los demás temas verbales se colocan con el sujeto en 
una relación simplemente atributiva; en los denominativos además del atri- 
buto verbal les acompaña algún complemento de este atributo que no es la 
acción, aunque sí algo que con ella se relaciona. En los primeros verbos, na- 
turalmente somos inclinados á descubrir el verbo ser; en estos otros, el verbo 
hacer. Las equivalencias confirman esto. Nosotros decimos naufragar ionde 
los franceses dicen faire naufrage; naufi*agar no es otra cosa, gramaticalmente, 
que un verbo que tiene por base el sustantivo naufragio. Véase lo que hacen 
los sufijos formativos, constituir los temas verbales. 

Los verbos castellanos, por razón del sufijo formativo, se dividen en dos 
clases desiguales: 1,% verbos en cuya constitución es dudoso que entrara el 
sufijo formativo a-, v. gr.: esta-r, dista-r, consta^r, presta-r, da-r, circunda-r, 
ó el sufijo i; V. gr.: »-r, subi-r; 2.», verbos en cuya constitución ha entrado 
alguno de los tres sufijos formativos a, i, e, que son todos los que no entran 
en la primera clase y forman la casi totalidad de nuestros verbos. Para subdi- 
vidir este segundo grupo debemos admitir que el sufijo primitivo afa tenia 
originariamente función causativa y denominativa. La función causativa 
entre nosotros se halla completamente oscurecida, totalmente anulada, y en 
latín es dificilísimo descubrirla. La ñmción causativa reconocen algunos 
autores en el verbo griego «popé-to por ^pE-rw = yo hago temer. También la 
reconocen en monere = Jiacer recordar; terrere, causar terror; nocere, causar 
daño. 

La función denominativa es más extensa y más fácil de reconocer, espe- 
cialmente en castellano, que ha tomado una extensión asombrosa. Los verbos 
como salutare, fugare, laudare, multare, formare, de los cuales provienen los 
castellanos saludar, fugarse, loar, multar, formar, son evidentemente verbos 
denominativos, formados sobre la base de los sustantivos salut, fuga, laúd, 
multa, forma, lo mismo que definiré, statuere, partiré, de donde vienen los 
castellanos deñnir, estatuir, partir, formados en aquella lengua sobre la base 
nominal/?»», statu,parti. En el dominio castellano forman una mina inago- 
table los temas verbales sacados de la fuente nominal: de cárcel formamos 
encarcelar; i& pared, emparedar; de amor, enamorar; de sangriento, ensan- 
grentar; de sangre, sangrar; de mismo, enshnismar. 

Ahora ocurre preguntar: si la casi totalidad de los verbos castellanos han 
recibido los sufijos formativos a, e, i, procedentes de afa, ¿han recibido tam- 
bién todos ellos con los mismos sufijos las funciones causativa ó denomina- 
tiva? A primera visca la contestación afirmativa parece que no debiera ha- 
cerse esperar, pero en realidad no ha sucedido así. Es indudable que en el 



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SUFIJOS FOBMATIVOS GENERALES 53^ 

catálogo de verbos castellanos, lo mismo en los procedentes del latín como en 
los qae nosotros hemos formado, existen numerosos que han sido formados por 
analogía, y no por la que pudiéramos llamar analogía extema é interna, como 
sucede en todas aquellas formaciones que hacemos subre temas nominales, que 
resultan calcadas sobre una norma exterior, j añadiendo interiormente á la 
idea de acción alguna nueva relación, sino que existen muchísimos formados 
por una imitación meramente exterior. Tales deben reputarse todos a(][uellos 
verbos de la tercera conjugación latina que, sin alterar para nada su signifi- 
cado, cambiaron el sufijo formativo que llevaban en los tiempos imperfectos 
a, By ¿, o, u, procedente de otro origen, por uno de los dos fundamentales que 
hemos señalado e, t, los cuales en latín tenían larga la cantidad, y como tales 
en su consecuencia hicieron cambiar el acento. De estas formaciones analógi- 
cas, meramente exteriores, son los numerosos verbos formados con el sufijo 
SCO, zco, los cuales han recibido de dicho sufijo lo exterior, pero no la función 
incoativa que en latín recibían muchos de los que lo llevaban. 

Según esto, podrían dividirse los verbos castellanos en verbos que reci- 
bieron ijrimitivamente los sufijos formativos a, i, e, procedentes de aja, con 
las funciones causativa y denominativa, constituyéndose en tipos de ulterio- 
res formaciones y ampliación de ellas; otros que por influencia analógica in- 
terna y externa se formaron á imitación de aquéllos y por atracción suya, y 
finalmente verbos que no han recibido por analogía más que la parte externa, 
la materialidad del sufijo. ¿Pero quién se atreverá á tirar la3 líneas divisorias 
con exactitud entre los miembros de esta clasificación? Nosotros al menos 
estamos lejos de intentarlo, ni tampoco tenemos empeño en ello. A nosotros 
nos es más útil otra clasificación, dividiendo todos los verbos castellanos, 
cualquiera que sea su procedencia, hayan recibido ó no aquellos sufijos, en 
dos grupos: 1°, verbos cuyos elementos invariables proceden de otras partes 
del discurso (sustantivos, adjetivos, pronombres, participios, adverbios); 
2.®, verbos que no proceden de otras partes de la oración, sino que proceden 
de raíces simples ó ampliadas, ó que si proceden de nombres, hoy se hace 
difícil ó imposible el averiguarlo. Hacemos esta división para que se vea la 
diferente manera de hacer la atribución en los unos y los otros, y señalar al 
mismo tiempo el cambio que recibe en las relaciones sintáxicas un sustantivo, 
un adjetivo, un pronombre, según que sea atributo fuera del verbo, atributo 
meramente nominal, ó se convierta por la adición de un sufijo formativo en 
tema verbal, en atributo verbal. 

La atrilmión en los verbos del segundo grupo, —Los verbos cuya parte in- 
variable se halla formada por una raíz simple ó por una raíz ampliada, qne 
no se sabe positivamente si en otro tiempo fué nombre sustantivo ó adjetivo, 
expresan la esencia, la existencia, acción, pasión, hábito, constituyéndose 
lógicamente con el sujeto del mismo verbo en una relación directamente 
atributiva; aquel atributo verbal entonces se le aplica como una existencia 
encarnada en su esencia, como una cualidad inherente á su sustancia, como 
una acción á su supuesto, y si por otra parte la acción contenida en la parte 
atributiva ha de exteriorizarse, ó el sujeto necesita de medios para llevarla 
á cabo, esto se hace mediante otras palabras exteriores al mismo verbo; 
V. gr.: existió, vives, duerme, trabaja con la pluma, pide limosna. 

Mas con los verbos llamados denominativos, la atribución no se hace de la 
misma manera. El atributo contenido en el tema verbal no puede en su tota- 
lidad ni directamente atribuirse al sujeto verbal. Si recordamos que en los 
verbos denominativos entran dos ideas cuando menos, una la de acción que 

MORFOLOGÍA DEL VERBO. — 6 



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54 MOBFOLOGÍA DEL VERBO 

reciben al convertirse en temas verbales y otra la que les corresponde por el 
origen nominal ane traen, hallaremos que lo que se predica directamente del 
sujeto verbal es la idea de acción que á la materia invariable se les añade, ya 
sea liacer^ ponera dar, acción que se conoce por las equivalencias, mientras que 
la otra idea, ó sea la que como sustantivos, adjetivos, etc., aportan á los te- 
mas verbales, esa se pone en relación directa con la acción, ja expresando 
una pasividad, ya una finalidad, ó ya concurre como concausa, con el sujeto, 
c<mio un instrumento, ya es una cualidad determinativa de algún término de 
la proposición. La misma ó mayor diferencia existe entre los sustantivos, ad> 
jetivos y pronombres cuando, como tales partes de la oración, son atributos 
de un sujeto, y luego cuando esos mismos nombres por la adición de los su- 
fijos pasan á convertirse en temas verbales. Cuando son atributos nominales 
lo que ellos representan, se atribuye al sujeto como á una sustancia una cuali- 
dad, como á un supuesto una acción. Esta doctrina se comprenderá mejor con 
ejemplos. En esta afirmación, vienes, la acción de venir contenida en el tema 
se atribuye directamente al sujeto tú, representado por la 8, como un movi- 
miento que le pertenece. En esta otra, eres blanco, la blancura se atribuye 
directamente como una cualidad exterior inherente á la sustancia. Mas si con 
blanco formamos un verbo, blanquear, y se dice blanqueamos, la cualidad 
de la blancura no se atribuye á nosotros; la cualidad de la blancura se trans- 
mite á un objeto exterior, á una pared, por ejemplo: blanqueamos las pare- 
des; esto es, ponemos blancas las paredes; transmitimos, llevamos la blancura 
á las paredes, y á nosotros únicamente se nos atribuye la acción de llevar, 
transmitir aquella blancura; acción contenida implícitamente en el tema 
verbal blanquear, y justa con la idea de blancura. Si decimos: esta figura es 
una cruz, la palabra crm es atributo directo, especificativo de figura; pero 
si con este sustantivo formamos el verbo cruzar, y decimos cruzamos la calle, 
entonces ya no se dice que somos cruces, sino aue hemos trazado una cruz, 
formada con la dirección perpendicular que llevamos á la dirección de la 
calle que atravesamos. En tal caso cruzar es lo mismo que formar una cruz 
con dos lineas que se atraviesan y se colocan gramaticalmente en una relación 
de pasividad respecto á la acción atribuida al sujeto. Si decimos: este objeto 
es un martillo, se coloca eu el mismo sentido que los anteriores en su relación 
lógica; pero si formamos el tema verbal martillar, entonces ya no se puede 
predicar del sujeto del verbo la idea de martillo, sino que se colocará en una 
relación de instrumento con dicho sujeto, y así yo martillo será lo mismo que 
yo doy con el martillo en el yunque, en el hierro, etc. Véase con esto la dife- 
rencia enorme entre un predicaao verbal de un verbo denominativo y el predi- 
cado nominal que no se ha constituido en tema verbal. En los temas verbales 
denominativos se nota fácilmente la idea de hacer, poner algún verbo de sig- 
nificación común. La antigua flexión verbal constituida por proposiciones 
lógicas, como el hombre es bueno, y por verbos en que la raíz se unía sin in- 
termediarios á los temas, como ferUs, estis, vul-t, era tal vez únicamente de 
atribución directa; la introducción de estos sufijos formando los causativos y 
denominativos fué en mi concepto un progreso muy grande en la conjuga- 
ción. Su importancia en la flexión verbal es muy grande dentro de nuestro 
actual sistema de conjugación, sobre todo convirtiendo los elementos inva- 
riables en temas verbales, en atributos verbales. La unión de aquellos mate- 
riales con los sufijos formativos constituye hoy los temas verbales, atributos 
verbales, y aunque afectan directamente á la parte atributiva, yo los con- 
flidero como elementos formales en la constitución del verbo. Ellos en- 



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SUFIJOS FORMATIVOS GENERALES 55 

tran dando unidad i gran número de verbos, formando las diversas conjaga- 
ciones. 

Ahora podrá conocerse en qué está el fundamento de la pluralidad de con- 
jugaciones. La conjugación es una por la flexión, esto es, por los exponentes 
personales j sufijos temporales; los mismos son para todos; la variedad viene 
de los tres sufijos, de las tres clases de temas verbales acabados en a, e, i, 
ama, teme, parti. La r del infinitivo es común á todos los verbos; esa no es 
signo de distinción. Como hemos dicho, el infinitivo lleva consigo, representa 
k misma idea general que el tema, pero el infinitivo no es el tema verbal; 
está en lo que hemos dicho, en la unión de la parte invariable con los sufi- 
jos a, i, e. 

Tócanos ahora exponer cada uno de los sufijos a, i, e en su aplicación. 

Sufijo a. — Este sufijo tenia en latín larga la cantidad; en castellano la 
ha perdido, pero conservamos sus efectos. Encuéntrase, como hemos dicho, en 
todas las formas del verbo, teniendo e& cuenta las modificaciones que ha su- 
frido por causas fonéticas. 



Primer orneo ( ^™°' ^™*"^' ^^™^! ama-mos, amá-is, ama-n. La o de la primera persona es explica- 
«.ircirw^o n» ™«»n.«i,« i da por algunos como una modificación del sufijo o; otros admiten una contrac- 
PBESENTB DB iNDicAmo. ^ cióu por awia-o, y otros por oma-i/0. 
PBKSENTE DE SDBjüTn'ivo. ame, ame-s, ame; ame-mos, amé-is, ame-n. 
Segundo grnpo. • . ama-bas, amá-bamos, ama-ban, etc., etc. 

Tercer grupo ama-ré, ama-rás, ama-remos; ama-ría, ama-rías, ama-riamos. 

Cuarto grnpo amé, amaste, amó, ama-mos; ama-ras, amá-ramos, amá-semos, ama-sen, ama-res. 

FORMAS KOMiNALBS. . . . iifFiüfiTivo: ama-r. participio: ama-nte, ama-do. gbruniho: ama-ndo. 



. En lo tocante á este sufijo, la concordancia es tan grande en las dos len- 
guas que no hemos creído necesaria la comparación. La e del presente de 
subjuntivo ha quedado explicada al tratar de los sufijos temporales, y la ¿ y 
la ó del perfecto en los sufijos formativos especíales. 

Formaciones analógicas. — Este sufijo ejerció su influencia analógica sobre 
algunos verbos latinos que en los tiempos imperfectos llevaban este mismo 
sufijo a, y que en los pretéritos perfectos y ciertas formas nominales carecían 
de él, como formas de conjugación más antigua. La atracción hizo que se 
formaran en ellos temas paralelos, prevaleciendo las formaciones modernas y 
uniformando la conjugación. De estos hablamos ya al tratar de los sufijos for- 
mativos de los perfectos. Estos verbos son doma-r, trona-r, sona-Vjplega-r, in- 
crepa-r, discrepa-r, aplica-r, veda r y algunos otros, los cuales en los perfectos 
hacían dom-ui, ton-uit, aplic-ui, etc., y en el participio de pretérito, domi tun, 
veti'tum, etc., y hoy llevan el sufijo a, lo mismo que amar, y así se dice: veda- 
ste, dom^a-sUy veda-do, doma-do, explicasteis, explica-do, sonaste y sona-do. Es 
evidente la acción de la analogía en estas transformaciones. Uno solo resis- 
tió estas influencias, que fué Mi, castellano di, dis-te; su compuesto circundé 
recibió la analogía, pues está formado como si fuera drcundavi y era circun- 
dedi. De andar y estar se tratará en los irregulares. Los compuestos de sta, 
como distar, constar, prestos, obstar, instar, recibieron la acción de la ana- 
logía, y el sufijo a se extendió en ellos á todas sus formas. Dar se libró de la 
influencia de la a, pero cayó en la de la i larga de la cuarta conjugación lati- 
na (terceni castellana). 

Sufijo formativo general i. — Este sufijo castellano es continuador 
del latino i, que en aquella lengua tenía larga la cantidad. Este sufijo es tam* 



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56 MORFOLOGÍA DEL YBBBO 

bien general como el anterior a, pero en su tránsito al castellano ha sufrido 
algunas alteraciones más que aqnél, y hasta ciertas pérdidas qne el otro no ha 
experimentado. 

Primer grupo. í Latín. . . . definió, defin-i>s, defin-i-t; defín-í-mus, defin-i-tis, defin-i-unt. 
PRESENTE DE iKDiCATiTO. ( Costellano. defino, defin-e-s, defin-e; defín-i-mos, defin-i — s, defin-e-n. 

Por la comparación se ve qne la i sufijo se ha perdido en la primera per- 
sona del singular por la ley mnética octa?a; que se ha transformado en e por 
la veintidós en las personas segunda y tercera del singular y la Jbercera del 
plural, conservándose inalterable en la primera del plural y contraído con la 
t del exponente en la segunda del plural, según dijimos al tratar del exponen- 
te is. 



IMPBKATnrO.. 



I Latin. . . . defin-i, defín-n-te. 
Castellano, defín-e, defín-i-d. 



En este ^^iempo, la i sufijo de la segunda persona del singular se transformó 
en e por la ley veintidós; en la segunda del plural permanece inalterable. 

»-ooB»»„ n. B.,»«r»^,^« f Latin. . . . defin-i-am, defin-i-as, defin-i-at; defín-i-amus, defin-i-atís, defin-i-ant. 
PRESENTE DI SUBJUNTIVO. ^ castelUino. defin— a, defin-as, defin-^i; defin— amos, defin— ais, defin— an. 

En todo este tiempo se ha perdido la i, sufijo formativo por la ley octava. 
Esta ley es constante en todos los verbos de la tercera conjugación; en algu- 
nos irregulares es cuestionable si se perdió primeramente el sufijo y después 
se introdujo la consonante paladial, ó si la paladial de aquellos verbos no es 
otra cosa que una modificación de la i, sufijo formativo. Véanse algunos 
ejemplos más en confirmación de la regla: 

Latin. . . . sent-i-as, part-i-as, donn-i-as, ment-i-as (')> vest-i-as, nutr-i-as, pol-i-as, uior-i-as. 
Castellano, sient-as, part — as, duerm-as, mient— as, vist — as, nutr — as, pul — ^as, maer-as. 

Segundo grupo. ( Latin. . . . deñn-ie-bas, defín-ie-bamus, defin-ie-bant. * 

PRETÉRITO IMPERFECTO. ( Castcllano. defin-í — as, defín-ía — mos, defín-í — an, etc., etc. 

Este tiempo conserva en castellano puro y sin mezcla el sufijo formativo i. 
En el latín arcaico dicho sufijo i se unía al sufijo temporal ba sin intermedia- 
rio, y así se decía audi-bam, sci-bam, gestUbat, insani-bat, molU-bat, custodi- 
bat, operi'bantur (*). En el latin clásico prevaleció la idea de interponer una 
e entre dicho sufijo i y el sufijo temporal ba, como se ve en los ejemplos d¿- 
finiebas, partiebas, etc.; fenómeno oue se atribuye á la influencia de ciertos 
verbos, como capie'bam,Jacie'bam, de la tercera conjugación latina. Ni el per- 
fecto ibam ni sus compuestos redibam, exibam recibieron aquella e intermedia- 
ria.' Sea porque aquellas formas primitivas, como avdibam, se perpetuaron en 
el idioma popular, sea que nuestro pueblo por instinto glótico ó por imita- 
ción de iba, ibas, que hemos conservado con aquel sufijo, es lo cierto que en 
nuestros imperfectos de indicativo el primitivo sufijo i se encuentra restau- 
rado. 



(•) Recuérdense los temas paralelos esmentire, sequire^ moñerit, conaverit y otros creados por el latín 
vulgar, y que han tríun&do sobre los antiguos deponentes, 
(í) Cf. Pbzzi, op. cit. 



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SUFIJOS FORMATIVOS GENERALES 57 

Terc«r grupo, defin-i-ré, defin-i-rás, defin-i-remos, defín-i-rías, defín-i-ríamos, etc. 
Cuarto grupo. ( Latín, defíni-vi, defini-visti, defini-vit; defíni-vimus, defíni-TÍsÜ9, defini-verunt. 
PBKTÉBiTO PERFECTO, t Caíí. . dcfipí, definí— stc, defini-ó (»); definí— moa, defini-steis, definí— eron (2), 
coNDicioHALES BR ra í Latín. . . . definí-veras, definí-veramus; defíni-visses, definí-vissemas. 

Y se \ Castellano, definí-eras, definí— éramos; definí— eses, definí — ésemos. 

FU TUBO DE SDBJDN- í Lutin. . . . definí-veris, definí-verimus, defini-?erínt. 

Tivo \ Castellano, definí- eres, definí— eremos, definí— eren. 

FOBKAS NOMINALES. í Latín. . . . definí-re. . ..,„„.« í definí-ente, definí-to. _„.„«„„ í defini-endo. 
ijiriNiTivo \ Castellano, definí-r. '**"""*** \ definí-ente, definí-do. <'^*"^"'°- \ definí-endo. 

El participio de presente y los gerundios de la cuarta conjugación latinti 
reforzaban estos temas por medio de una e colocada entre el tema y los san- 
ios nt, ndo; V. gr.: deñni-e-nte, defini-e-ndo; dicho refuerzo ha pasado tam- 
bién al castellano. 

Formaciones analógicas debidas al sufijo i. — ^Este sufijo i de la cuarta con- 
jugación latina ejerció gran influencia sobre la segunda y tercera conjuga- 
ción, y hasta en la primera y la misma cuarta se dejaron sentir sus efectos. 
Esta influencia del sufijo formativo i es en muchos de aquellos verbos total , 
en otros es solamente parcial. 

Primera conjugación. — El verbo daré recibió en los tiempos perfectos la in- 
fluencia analógica de la cuarta conjugación l^ina; así se explica el que di, 
diste, dio esté formado exactamente igual que partí, partiste, partió, etc., y 
diera, diese, diere, como partiera, partieses, partiere. 

Cuarta conjugación latina. — Los verbos latinos aperire y cooperire, de los 
cuales provienen castellanos abrir y cubrir, tenían sus perfectos aperui, coope- 
rui, y sus participios pasivos apertum, coopertum. La analogía extendió su ac- 
ción á los perfectos solamente, y así decimos abri, cubrió, abriera, cubriera, 
{)ero abierto y no abrido, cubierto y no cübrido; la analogía no alcanzó al par- 
ticipio pasivo. 

Venir y sus compuestos se sustrajeron en el pretérito perfecto en las per- 
sonas primera y tercera del singular vin^^ vino; pero en todo lo demás si- 
guieron la analogía, y por eso decimos vinieron, viniera, viniese, viniere, veni- 
do, como partiera, partiere, partiese, partido. 

Segunda conjt£gación. — De esta conjugación, los verbos que adoptaron el su- ' 
fijo i son especialmente algunos que llevaban el sufijo si en los perfectos; v. gr. : 
urge re, urgi-r; persuade-re, persuadi-r; dísuadé-re, disuadi-r; luce-re, luci-r, 
y sus compuestos. En estos verbos la atracción fué total, extendiéndose á to- 
das las formas. Y los que no recibieron aquella influencia en su totalidad, la 
recibieron parcialmente; los regulares de la segunda conjugación se hallan to- 
dos en este segundo caso; v. gr.: temí, temiste, temi-era, temi-ese, temi-endo, 
¿emi'do-, debiste, debi-era, debi-ese, debi-ere, debi-endo, debi-do. En los irregulares 
«e encuentran muchos que recibieron esta influencia en los perfectos y formas 
nominales: vali, valió, valiera, valiese, valiere, valiendo, valido. 

Tercera conjugación latina (segunda y tercera castellana). — De esta conju- 
gación recibieron la influencia analógica total de la cuarta bastantes verbos; 
tales son, entre otros, regir y sus compuestos, elegir y otros análogos; los com- 
puestos de /ero, como conferir; los áefrango, como infringir; los de capio, como 
recibir, concebir; los de preño, como reprimir. Otros la recibieron parcialmen- 
te, como escribí al lado de scripsi, pero no alcanzó á escri-to, que debía ser 
escribi-do. Algunos, como conducir, redimir, se sustrajeron á la influencia en 



\ ante r. 



^) La o de definió es resto del sufijo vi, ui, m, o. 

(«) La e de definieron, definiera, es resto del sufijo vi, ve, i 

y Google 



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58 MORFOLOGÍA DBL VERBO 

los perfectos; v. gr.: redu-je, condurje, pero la recibieron en las formas nomi- 
nales, condtici-r, conánci-do, condmi-endo. Los que pasaron á la segunda con- 
jugación, como crécíSre, creer ^ legére, her, siendo regalares, la recibieron en lo» 
perfectos y formas de participio y gerundio: lei, leíste, ley-e-ra, lei-do, ley-e- 
ndo, etc. (}\ Bastan estas indicaciones pai*a dar á conocer la grandísima in- 
fluencia del sufijo i formati?o; el que conozca un poco el latín podrá por sí 
mismo extenderlo á mayor número de verbos. 

Sufijo fobmativo e. — Este sufijo formativo castellano es continuador 
del latino e que tenia larga la cantidad, y colocado en la penúltima en los in- 
finitivos, atraía el acento sobre ella; v. gr.: vid-ere, sed-ere. Este sufijo é déla 
Eegunda ^njugación latina y castellana, salvo en poquísimos verbos, no pa- 
saba de los tiempos imperfectos. Da la casualidad de que aquellos verbos, cu- 
yos temas generales terminaban en e larga, como fie -re, impUre, nere, ó no lian 
pasado al castellano, y si han pasado, como complere, cumplir, han cambiado- 
de sufijo. 

El sufijo formativo e en la mayoríai de los temas no pasaba de los tiempo» 
imperfectos, y en castellano tampoco se extiende más allá de los tres primero» 
grupos de tiempos y del infinitivo. La comparación nos hará ver también 
que en cumplimiento de leyes fonéticas falta en algunas formas del primer 
grupo. 

Primer grupo. í Latin. . . . debe-o, debe-s, debe-t; debe-mus, debe-tis, debe-nt 
PBRSBNTB OB INDICATIVO* . ( CasteUatio, deb— o, debe-s, debe; debe-mos, debé~is, debe-n. 
,„„„.. „„^ (Latin.... debe, debe-te. 

iMPEBATivo \ Castellano, debe, debe-d. 

« — e ,».„»,..«« i Latin. . . . debe-am, debe-as, debe-at; debe-amos, debe-atts, debe-anL 
PEESEirTB DE SUBJUNTIVO. . ^ castcllano. deb-a, deb-as, deb-a; deb— amos, deb— ais, deb-an. 

De la comparación de los cuadros precedentes se saca en consecuencia que 
la e sufijo formativo se ha perdido ante la o y la a en todo el presente de sub- 
jnntivo y en la primera persona del singular del presente de indicativo por 
la ley fonética séptima. La o de dedo por debe-o, es considerada por los moder- 
nos lingüistas, lo mismo que la de amo j parto, como un resto del sufijo yo, 
que se añadía á toda clase de tema» nominales, extendiéndose por analogía á 
otras formaciones en las cuales no se descubre tema nominal ó porque no ha 
existido ó porque ha caído en desuso si existió (^j. 

Segundo grupo. í Latin. . . . debe-bam, debe-bas, debe-bamus, etc. 
IMPERFECTO DE INDICATIVO. \ CastellQno. debí— a, debí — as, debí — amos, etc. 

La comparación de este tiempo nos hace ver que el sufijo formativo é se 
ha transformado en i, tal vez por analogía de la tercera. Federico Diez cita 
podibat del siglo vii y potehat de la L. Long. {Oram., II, 128). 

Tercer grupo. ( fctubo absoluto. . . debe-ré, debe-rás, debe-rá, debe-remos, etc. 
FUTUBOS \ FUTURO CONDICIONADO, debe-ría, debe-rías, debe-ría, debe-riamos, etc. 

En estos dos tiempos, lo mismo que en el infinitivo, el sufijo e permanece 
inalterable. 

(') El cambio de i en ?/ es sólo eufónico, no morfológico. 
(2) Cf. V. Henry, op. cit., 152 y 153. 



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SUFIJOS FORMATIVOS GENERALES 69 

Cumio grupo, — En el grupo de los perfectos el sufijo e no entra; los verbos 
que lo llevaban en latín, como nevi^ vievi, flevi, implevi, no han pasado al 
castellano; alguno como cumplir, que subsiste, ha pasado á la tercera conju- 
gación. 

En el capítulo anterior vimos que los perfectos regulares de la segunda 
conjugación habían adoptado la misma vocal, los mismos diptongos, el mismo 
acento que los de la tercera; de consiguiente, aunque en latín estos perfectos 
no pertenecieran á los temas en T larga, la formación que tienen en castellano 
es como si todos hubieran pasado por la adopción del sufijo vi, luego por la 
síncopa gradual y, por último, por la forma que hoy tienen, idéntica en abso- 
luto á la departir. Lo dicho respecto al perfecto de indicativo es aplicable 
á los perfectos condicionales en ra y se, y futuro de subjuntivo en re. Hay 
que reconocer que en nuestra lengua los perfectos regulares de la segunda 
conjugación se han convertido en temas en i, en temas de la tercera lo mismo 
que partí. Comparemos: 



PERFECTO DR INDICATIVO. 
CONDICIOHALES Y FUTL'BO 



(3.* conj. partí, parti-ste, partf-6; parti-mos, parti-steis, parti-eron. 
2.» conj. debí, debi-ste, debi-ój debi-mos, debi-steis, debi-eron. 

{partí-era, parti-éramos, partí-eses; parti-éseyos, parti-eres, parti-éremos. 
debí-era, debi-éramos, debí-eses; debí-ésemos, debí-eres, debí-ércmos. 



No puede ser mayor la identidad; si, pues, á parti lo reputamos por un tema 
verbal general, porque lleva un sufijo i, formativo general," á debí, valí y 
temí, etc., los debemos considerar también como temas en i ó de la tercera 
conjugación, aunque no sea más que parcialmente, ó sea en el grupo de los 
cuatro perfectos. Todavía veremos extenderse la tercera conjugación con sus 
influencias á algunas formas nominales de la segunda: 

FORMAS NOMINALES, i Latín. . . . debe-Tc. 
INFINITIVO ( Castellano, debe-r. 

Resumen de este sufijo ?.— De la comparación rigurosa de todas estas for- 
mas resulta que el sufijo e, formativo de la segunda conjugación, se encuen- 
tra en el infinitivo, en los dos futuros, absoluto y condicionado, y en los pre- 
sentes de imperativo é indicativo, excepto en la primera persona del singular; 
que en el presente de subjuntivo y en la primera persona del singular del 
presente de indicativo se ha perdido por la ley fonética séptima; que en el 
perfecto de indicativo se ha transformado en i; que en los cuatro tiempos 
del perfecto, en los participios de presente y de pretérito y en el gerundio, en 
los cuales no entraba el dicho sufijo e, tienen a lora el mismo sufijo que los 
perfectos regulares de la tercera, por la atracción que ésta ha ejercido sobre 
aquélla. 

Al comparar las formas debeo y debo, debeas y debas, hemos observado que 
en cumplimiento de la ley fonética séptima habíase perdido el sufijo forma- 
tivo e ante la o y la « de aquellos presentes. Como este fenómeno se ha repe- 
tido con una fidelidad sorprendente, y como del mantenimiento de aquella e ó 
de su desaparición pueden resultar explicaciones diversas al tratar de ciertos 
verbos irregulares, vamos á presentar algunos verbos más con objeto de hacer 
más palpable esta ley y prevenir las soluciones para más adelante: 



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MOttPOLOGÍA DKL VEEBO 



LATÍN 



debeo debo. 

debeas^ debas. 

doleo dado. 

doleas duelas. 

moveo. ..... muevo. 

nioveas muevas. 

precaveo precavo. 

precaveas precavas. 

prohibeo prohibo. 

prohibeas prohibas. 

soleo. suelo. 

soleas suelas. 

sorbeo sorbo. 

sorbeas sorbas. 

absorbeo absorbo. 

absorbeas absorbas. 

ardeo ardo. 

árdeas ardas. 



LATÍN 



persuadeo persuado. 

persuadeas. . . . persuadas, 

dissuadeo.. . . . disuado. 

dissuadeas disuadas. 

adhaereo adhiero. 

adhaereas adhieras. 

torqueo tuerto. 

torqueas tuertas. 

luceo lutco. 

luceas. luzcas. 

urgeo. ...... urjo. 

urgeas urjas. 

compleo.. .... cumplo. 

compleas cumplas. 

mordeo muerdo. 

mordeas muerdas. 

pendeo pendo. 

pendeas.. «... pendas. 



LATÍN 



video ve-o. 

videas.. . « . . . ve-as. 

sedeo se-o (are.). 

sedeas se-as. 

rideo rí-o. 

rideas rí-as. 

valeo valo. 

valeas . valas (are). 

timeo temo. 

timeas temas. 

oleo huelo. 

oleas huelas. 

ferveo hiervo. 

ferveas hiervas. 

cohibeo cohibo. 

cohibeas cohibas. 

respondeo respondo. 

resp ondeas. . . . respondas. 



Formaciones analógicas, — La segunda conjugación ejerció también su in- 
fluencia de atracción sobre la tercera conjugación latina^ al menos en los tres 
grupos primeros y f n el infinitivo. Los verbos de la tercera, como pérólsre^ 
crédere, tenían el sufijo de los imperfectos breve, y en su consecuencia en los 
infinitivos el acento recaía en la antepenúltima silaba. La atracción ejercida 
por la segunda, creando temas en é larga, acabó por imponerse sobre la ter- 
cera; otros fueron atraídos por la cuarta conjugación latma, y de este modo 
la segunda y la cuarta asegunda y tercera castellana) acabaron con la tercera 
latina. En estos verbos hay que contar hacer, perder , creer, caer, leer, prender, 
tender, beber, comer, saber, caber, ceder, romper, raer, roer, cocer, vencer, pro- 
teger, traer, crecer, cerner, querer, etc., etc. 

En los irregulares veremos que hay algunos verbos que en los cuatro per- 
fectos carecen de sufijo formativo general. Estos son los que conservan el su- 
fijo C'Si = xi transformado en je, ji; v. gr.: dije, dijiste = dicsi, sti, en el cual 
se ve, cómo separando el exponente ste y el sufijo formativo especial si queda 
el tema en consonante; esto pasa á los cuatro tiempos, dic-se-ras, dic-se-ses, 
dic'seres = dijeras, dijeses, dijeres. Otros hay de perfecto grave que no llevan 
, sufijo formativo general; v. gr. vine; éstos solamente en dos personas vin-e, 
vin-o, dejan de tener sufijo formativo; en vini-e-ron, vini-e-ra, formados se- 
gún la tercera, la i hay que mirarla como el sufijo i en parti-e-ron. 

La analogía ejerció también su poderosa atracción sobre los participios, 
yie en latín no unían los sufijos formativos especiales á temas en i ó en a. 
La inmensa mayoría tuvo que asimilarse á los en a ó á los en i; de este modo 
á los temas en consonante han precedido en castellano temas en a ó en i. 
Igualmente aconteció con los que llevaban el sufijo so, sa. Si en latín al lado 
de seca-re había un sec-tum, la analogía formó un secado en disecado ó un 
segado de segar; vetare tenía vetitum, la analogía formó vedado; sonare, soni- 
tum, y se formó sonado. Esto respecto á los temas de sufijo formativo a. 
En los de la segunda y tercera fué mayor la atracción. Por esta influencia 
analógica, deregere, que tenía rec-to, rec-ta en latín, se formó regi-do, regi-da; 
trahere tenía tracti), tracta, y resultó traido, traida; infringere tenía infracto, 
infracta, y resultó infringido. Persuadere tenía persuaso, persuasa, y se formó 
persiíadido; cederé hacía cesso, cessa, y resultó cedido. Nato era de nasear^ y 
hoy es nacido. En la Edad Media se decía aún nado, al lado de nascido ó nacido ; 
venire tenía vento, venta, y se formó venido. En fin, que los temas en a y 



L 



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SUFIJOS FOBMATIVOS GENERALES 61 

«n i prevalecieron en las formas nominales, andando á los en e, quedando la 
inmensa mayoría en a-do^ i-do, j ni uno solo en e-do. 

ün tema especial de participios estuvo muy en boga en la Edad Media, 
pero que desapareció por completo. Me refiero á participios cuya vocal temá- 
tica ó sufijo formativo érala u; v. gr.: venpudo, temido^ sabudo, connospu- 
do, etc., etc. Estas formaciones en u no fueron exclusivas del castellano; las 
tuvo en abundancia el portu^és, y no carecieron de ellas las demás lenguas 
romanas. Hay que advertir, sin embargo, que al lado de estas formas en u-do 
existían las en i-do, v. gr., vend-do y vengu do, conoscido y connuzuda ó con- 
nusctcdo, Federico Diez atribuye estas formaciones á la atracción ejercida por 
participios latinos en u-ttis, como statu-tus, trihvr-tus, solu-tus. Todos des- 
aparecieron, prevaleciendo las formas en ido. 

Para que se vea con más claridad la acción ejercida por la analogía en el 
fiufijo formativo de los participios de la segunda, vamos á presentar compa- 
rados algunos ejemplos más. 

Podemos presentar para la comparación dos tipos normales, que son los 
participios que llevaban en latín a larga, como aníd-to, ta (O, y los que lle- 
vaban por sufijo formativo í larga, como parU-to, ta. Estos dos tipos son per- 
fectamente normales, porque á ellos se ba llegado sin violencia alguna; son el 
resultado cierto, seguro, indefectible, de las leyes fonéticas y morfológicas á 
•que han estado sometidos durante el tránsito del latín al castellano. Su acento 
^ el que tenían en latín, su vocal temática la misma, la transformación de 
Isit en d ya la vimos cuál era al tratar de los sufijos formativos especiales; 
por tanto, la analogía contaba con una base cierta y segura para ejercer su 
mfluencia. Veámoslo: 

LATÍN CASTELLANO 

Temas en a para todas las formas del verbo ama-re, ama-to. ama-do (este es norivaV)- 

Í doma-re, dómi-to. doma-do. 

sona-re, sóm-to. sona-do. 

veta-re, vétií-to. veda-do. 

/ seca-re, sec-to. seca-do (en disecado). 

Temas en a para presentes, en consonante para participios. . < sega-do. 

\ frica-re, fric-to. frega-do. 

La comparación de estos participios nos da á conocer dos hechos evidentes: 
1 °, que el participio con sufijo formativo a se ha impuesto, es el único que 
domina en toda la primera conjugación; 2.°, que la unidad de sufijo procede 
en su origen de tres clases de formas diferentes en a, en í y en consonante. 
¿Cómo se han uniformado? Por la atracción de los que llevaban el sufijo a 
sobre los otros; este es el principio de unidad, que ha reducido la pluralidad y 
la diversidad á la unicidad é identidad de sufijo; fonéticamente no existen 
leyes en nuestro idioma que hagan esperar de un secto un secado 6 segado, ni 
aun siquiera de un vétttnm un vedado, porque ni la i se transforma en a ni 
«1 acento saltaría sin causa justificativa para ello. Pues bien, cuando en las 
leyes fonéticas ó morfológicas de una lengua ni en las influencias extrañas se 
encuentran razones con que explicar los fenómenos glóticos, tenemos derecho 
á invocar la analogía como ultimum rtfugium, y en efecto, no puede menos 

» 

(*) Téngase presente lo que hemos advertido ein otro lugar respecto á los ejemplos de palabras declinables, 
esto es, que no las presentamos en ninguno de los casos, sino en su forma temática. 

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62 . MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

de reconocerse que la reducción á la unidad es debida á la atracción que 
ejercieron los temas en a. Mucho más fácil de comprender se nos hará esta 
doctrina si recordamos el procedimiento seguido en los perfectos, ó mejor 
dicho en la marcha general de la lengua. En los participios pasivos como en 
los perfectos se crearon temas paralelos; al lado de las antiguas formas, sin 
vocal temática 6 con vocal i breve, aparecieron otras, y así se encuentra a! 
lado de un sónito un sonato, de secto un secato, de fricto un fricato y de véñta 
un vetato en el Fuero de Barbastro. De estas dos formas la selección incons- 
ciente eligió la más moderna, quedando relegada al olvido la más antigua. 

Incomparablemente major fué la acción de la analogía ó atracción que 
ejercieron los participios en i de la tercera sobre los de la segunda, y esto en 
diferentes épocas, ó sea en los dos estadios por que pasó la forma parti-to, 
partido. En estos participios es mucho mayor la diversidad que en la pri- 
mera, mas el procedimiento seguido es el mismo. La unicidad del sufijo se 
consiguió, excepto en unos pocos en to, so, cha, de que hablamos al tratar 
de los sufijos formativos especiales en el capítulo anterior. La comparación 
nos hará ver la diversidad de origen de que procede la unidad de los par- 
ticipios: 



LATÍN CASTELLANO 

Temas en i larga, participios normales, típicos.. parti-re, parti-to, parti-do.. 

Temas en i breve en el participio i debe-re, debr-to, debi-do. 

Temas en vocal é larga en el participio , comple-re, complé-to, cumpli-do. 

Temas en vocal u larga en el participio constitue-re, constitu-to, ^ constituí-do^ 

' rege-re, rec-to, regi-do> 

Temas en consonante gutural en el participio ) trahe-re, trac-to, traí-do. 

' infringe-re, infrac-to, infringi-do. 

\ corrumpe-re, corrup-to, corrompi-do. 

Temas en consonante labial en el participio ( 

I cave-re, cau-to, precavi-do^ 

\ remitte-re, remis-so, remiti-do- 

Temas en dental asimilada á Si { , ,. , 

/ cede-re, ces-so, cedt-do. 

'\ tene-re, ten-to, teni-do. 

Temas en n en el participio { 

I veni-re, ven-to, veni-do. 

Temas en í en el participio sali-re, sal-to, sali-do. 

Temas en r en el participio pari-re, par-to, pari-do^ 

Temas con metátesis cerne-re, cre-to, cerni-do. 

Temas carentes de participio feri-re, heri-do. 



La comparación precedente nos muestra la unidad del sufijo formativo i ea 
castellano para los verbos de la tercera y secunda conjugación, y la variedad 
extraordinaria de que procede esa unidad. Toda ella, lo mismo que en el su- 
fijo a, se ha unificado por analogía con los tipos normales do. Iji, tercera con- 
jugación castellana. 

El procedimiento seguido es el ordinario; creáronse formas. paralelas, coma 
se ve en nuestros Fueros Municipales, tales como itas, venitas, salitas, feritUy 
y en ellas prevaleció la más moderna, la que procedía de formaciones analógi- 
cas. No todas las formas entraron en el primer estadio, en que la ¿ no se había 
debilitado en d. En Berceo encontramos muy usado el participio nado, con- 
tinuador del nato, y al lado de nasfido y de napido, prevaleciendo este último 
sobre los otros dos. Y para que se mostrara mejor la marcha de la lengua^ 



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SUFIJOS FORMATIVOS GKNERALR3 6^ 

después de ]a creación de formas paralelas y de haber alternado las dos for- 
maciones, prevaleciendo la más moderna, qaedaron unas cuantas formas que 
no adoptaron la innovación, permaneciendo como preciosas reliquias que nos- 
atestiguan la existencia de una formación más antigua. Entre éstas se hallan 
los participios escrito, ro-to, mtcer-to, stcel-to, disuel-to, impreso. El principio- 
. de unidad en los participios pasivos se halla en los sufijos a, i. 

Además de los tres sufijos fundamentales a, i, e, que acabamos de estudiar,, 
j que son los. característicos de las tres conjugaciones castellanas, existen al- 
gunos otros que se interponen entre la parte invariable de la palabra y los^ 
sufijos formativos generales, los cuales añaden alguna nueva modificación ya 
á la acción en general contenida en el tema verbal, ya á algunos de los miem- 
bros de la proposición. Asi, un sufijo incoativo modifica á la acción misma, 
atribuida al sujeto; v. gi\: Athenienses extimeacelant, los atenienses empeza- 
ban á temer, y un sufijo partitivo, como fico, expresa la acción que acompaña 
á los verbos denominativos implícitamente ó sólo representada por el sufijo- 
formativo. Estos sufijos ó carecen de vocal final ó es idéntica á la del sufijo 
formativo, con la cual se contrae. Los examinaremos brevemente. 

Sufijo seo. — Este sufijo se añadía en latín á dos clases de temas: ya á te- 
mas raíces, v. gr.: pasco, vosco, cresco {rñices pa, va, ere), ya á temas ver- 
bales, V. gi'.: esUmesco, floresco, laba-sco, ohdormisco, y también á nomi- 
nales, V. gr. : ira seo, puerasco, maturasco. 

En la decadencia se aumentó extraordinariamente esta clase de forma- 
ciones. Este sufijo incoativo indicaba el comienzo de una acción en loa 
verbos formados sobre base nominal ó tema verbal; en los formados sobre 
raíces, como los citsiáoñ pasco, vosco, ere- seo, no se encontraba esta modifi- 
cación ideológica. 

La función incoativa se aviene mucho mejor con los tiempos de acción 
durativa, cuales son los imperfectos, que con los de acción cumplida, como 
son los perfectos. En castellano, los verbos formados con este sufijo son muy 
numerosos; pero la función incoativa ha quedado en ellos, si no anulada por 
completo, al menos muy oscurecida. En verbos como amanece, anochece, oscu^ 
rece y algunos otros, se nos figura que se descubre algo de dicha acción in- 
coativa, equivaliendo su significado á empieza á amanecer, á oscurecer, i ano- 
checer, cuando se emplean en los tiempoe presentes; mas esta idea se desva- 
nece al emplear los tiempos perfectos; v. gr. : amaneció, esclareció, apareció^ 
anocheció; ya no indican el comienzo, sino la terminación, la acción cumplida,^ 
terminada, y para que en ellos se mantuviera la acción incoativa era preciso 
que significaran: empezó á oscurecer, comenzó á anochecer, etc. Repito que tal 
vez esta idea incoativa, que se no» figura descubrir en tales verbos, es acaso 
nada náás que un efecto de la acción durativa de los presentes. 

El castellano extendió el sufijo seo á todos los tiempos del verbo, inclusas 
las formas nominales, y hasta á sustantivos, mientras que el latín clásico al 
menos lo hacía tan sólo en los tiempos inperfectos. La analogía uniformó con 
él á todos los tiempos, mas no les transmitió su acción incoativa, sino que la 
atracción fué meramente externa, consistente en agregar á todas las fbrmas^ 
la materialidad del sufijo. En este sentido, la analogía lo extendió por una 
parte á mayor número de verbos y por otra á mayor número de formas den- 
tro de un mismo verbo. 

Y así en los documentos de la Edad Media encontramos corrientemente 
con este sufijo los presentes y los perfectos, las formas nominales y muchog 



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64 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

«ustantivos. El que en huen ora nasco = nació (P. del Cid), Nunca con^ 
nos^ó omne su par en la sufrenpia (Alsx.^ 6). Orandes signos contiron guando 
4st infant naspió (ibíd. 8), Toda muger naspida es fecha de tal masa (Aro. db 
Fita, 497). Én el siglo xv abundan todavía las formaciones con la s expresa. 
En el M. de Santillana hay cresgió, paresciera, parescera, fallespe, padescer, 
nasdon, naseimiehto, pascientes, offrescieron , aborresció, merescientes. En €ró- 
mez Manrique se encuentra caresdente, desfallece al lado de fallece, esclaresei- 
doSy carescer, acaescio^ fallesce. En Jorge Manrique fallescer, pero también 
muchas formas desprovistas de la s, como ru^cer, conocer. La s de este sufijo 
penetró, aunque ya agonizante, hasta en el siglo xvi; los valencianos la con- 
eervan todavía, pronunciando crescOy caresco, conosco, etc., como en la Edad 
Media. La transformación del sonido s, tan próximo al de la e, se encuentra 
ya en Berceo. En la vida de Santo Domingo, copla 1^4, se halla: 

«Rey, dixo el monge, mucho te lo gradesco, 
Que me das tan grant omia, la que yo no merezco; 
Mas por Dios te lo pido, á quien yo obedezco. 
Que recibas un ruego que yo á ti ofrezco.» 

Hay que confesar, sin embargo, que en las buenas ediciones la s domina 
«casi en absoluto en los siglos xii, xiii y xiv y primera mitad del xv. En 
J. del Encina se encuentran bastantes formas en que alternan la ^ y la «, y 
así al lado de merezca, merecimiento, conozco y conozca, obedezcamos, tenemos 
agradesdda, merescer y padesciendo. En la segunda mitad del siglo xv, la z 
acabó por imponerse, y si llega hasta el siglo xvi, es, como hemos dicho, ago- 
n izando. VerificüJEi la transformación de la « en 2, se echará de ver que dicha 
transformación sólo aparece ante las sílabas ca, eo, y que falta ante las c« y 
<?í ; V. gr. : 

creseo, nasca, cresció, connoscer. 
crezco, nazca, creció, conocer. 

La explicación de este fenómeno es sencillísima; como que no es, otra cosa 
que el cumplimiento de la ley fonética diez y siete. Yo sostengo que el cam- 
bio de la « en 21 fué general, no sólo ante las sílabas co, ca, guturales, sino tam- 
bién ante las silabas dentales ce, ci; pero la z no podía subsistir en virtud de 
la citada ley diez y siete, porque se reunían dos sonidos homorgánicos, dos 
sonidos dentales, el de la c ante e, i, y el de la z ante ce, ci, debiendo resultar 
zce, zci; V. gr.: crezce, conozci. Hágase la comparación y se notará que ante to - 
das las sílabas ce, ci faltan la s y la 21, y sólo faltan en ellas. Para la explica- 
•ción de la falta de la s tenemos la transformación sistemática de la misma ante 
las guturales ca, co, y para la explicación de la falta de la z la ley diez y sie- 
te, fundada en la aversión que el castellano ha tenido á los sonidos homorgá- 
nicos dobles y en la aversión también á escribir sonidos que no se pronun- 
•cían. Si se nos dice que no se encuentran formas que atestigüen la existencia 
de la z ante las dentales ce, ci, contestaremos que este es uno de aquellos fe- 
nómenos que se realizan y no se escríbeo, ni aun tal vez se pronuncian, sino 
que ipsofacto se transforman en otros ó se pierden. La preposición tn, al co- 
locarse delante de la ^ y de la I, ¿ha pasado primero por el estado interme- 
diario in-poner ó se ha escrito siempre imponer, exigiéndoselo así la labial pf 
En comité, semita, limite, se conocen los estados intermediarios graduales 
tomide, semida, limide, y mucho menos los más próximos á las formas actua- 



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SUFIJOS FORMATIYOS GENERALES 65 

les, comde^ seinda, Umde. Yo de comidepueáo presentar ejemplos, y otro los po- 
drá presentar de semida j limtde, pero casi me atrevo á asegurar, sin miedo de 
equivocarme, que no se han de encontrar, á pesar de los vapuleos propinados 
. á los pobres copistas, ni un eomde, ni un semda, ni un Umde, j sin embargo, 
estos cambios delicadísimos han debido de ser tan reales j tan efectivos como 
los de la ^ en ¿í entre vocales, que en lingüistica no es menos verdadero el fa- 
moso principio de in natura non datur saltus. De escribirse la z ante todas las 
silabas guturales j dentales, sería como sigue: crezco, crezees, crezco, erezcemos, 
crezceis, crezcen; crezco, crozced; crezca, etc.; crezda, etc.; crezceré, crezceria;. 
crezci, erezciora, crezciore, crezciese, crezcer, crezcido, crezcionte, crezciendo, Pero 
crezco en la escritura es en la pronunciación crezze, y crezzo no lo admite núes* 
tra fonética, como no admite summo, appellaUvo, cometió, aggression, etc. 

Hay algunos verbos castellanos, procedentes del latín, en que la falsa ana- 
logía ejerció también su acción. En virtud de esta falsa analogía, verbos como 
liíctr, traducir, inducir, etc., esto es, algunos que llevaban c en la raíz, parece 
que están compuestos con dicho sufijo seo, y en realidad no han recibido más 
que la 5 = 2?, ravorecidos por la c idéntica á la del sufijo. Y si en crezco y naz^ 
ca, r1 tratarse de la derivación y llegar á su raíz más simple, tenemos que qui- 
tar zco, quedando sus raíces puras ere =^ cer y na, en luzco, traduzca, reduz- 
ca, no podemos quitar más que la z, porque las raíces son luc y duc respec- 
tivamente. De este modo, el conocimiento de la falsa analogía puede ser útil 
para el tratado de la derivación. De manera que los verbos de esta naturaleza 
sólo han recibido la s, transformada después en z, debida á la atracción de cOy 
ca, silabas idénticas á las del sufijo seo, sea, que en langüistica ciertos sonidos 
son materia abonada para ciertas transformaciones. Pasa en fonología, como 
en agricultura, en que unos terrenos son más á propósito que otros para cier- 
tas producciones, y como en medicina, en que unas naturalezas son más pro- 
pensas al desarrollo de ciertas enfermedades que otras; gran parte de los cam- 
bios fonéticos se debe á la naturaleza de los sonidos circundantes al sonido 
que se altera. 

Sufijo iá = sánscrito ja. — Este sufijo, que se halla en la cuarta clase 
de los temas especiales de sánscrito, parece ser el mismo que llevaban al- 
gunos verbos latinos delante de las vocales largas de los tiempos imperfectos; 
V. gr.: eapio, capia, capiebat; fació, /acia, faciebat, y otros, al lado de caperet, 
fac^ret, etc. Su función en latín está completamente oscurecida. En latín la 
vocal final de este sufijo hallábase contraída con la del sufijo formativo, y al 
pasar al castellano por la ley fonética octava ha desaparecido; no nos queda de 
él ningún recuerdo exterior ni interior (*). En virtud de dicha ley octava se 
ha perdido la *, entre otros, en los verbos siguientes: concipio, concibo; conci- 
pías, concibas; recipio, recibo; recipius, recibas; fació, fago; f acias, fagas; satis- 
fació, satisfago; satisfacías, satisfagas; parió, paro; parias, paras. 

Sufijo no. — Algunos temas imperfectos latinos recibían el sufijo no. Su 
origen y sus funciones son poco conocidas. Entre estos verbos se hallan si no, 
pono, sper-no, cer-no, li-no. En castellano conservamos cer-ne-r, dis-cer-ni-r, 
con-cer-ni-r, po-ne-r, dis-po-ne-r y demás compuestos. En latín, como hemos 
dicho, este sufijo no pasaba de los tiempos imperfectos; asi se decía cer-no, 

(♦) Como no sea la metátesis de capio, «opio, «CJt ipo, saipo, que ha dado lugar á quepo, íé, sepa, quepo, y 
algún otro fenómeno fonético. 



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66 MOBFOLOaiA DEL VERBO 

pero en el perfecto cre-viipo-no, pero en el perfecto po-sui. En castellano, la 
analogía ha extendido esta forma hasta los perfectos y participios pasivos en 
cerner, cerni, discemir, discerni, discernido, etc. La analogía, que ha penetrado 
-en el cadi^lano popnlar, diciendo jM)m deponer, como eemí de cerner^ no ha 
logrado imponerse en el lenguaje correcto j caito, 7 así decimos pusé,^ pusie- 
ra, etc., ptmese, pusiere j sus compnestos supuse, compuse, etc. 

Sufijos ta, sa. — Con estos sufijos que son del participio pasivo latino, y que 
«e conservan todavía en algunos castellanos, ó mejor dicho, sobre la base de 
los participios pasivos, se formaban en latín muchos verbos, llamados frecuen- 
tativos, por indicar acción repetida y también intensidad de la misma acción. 
En estas segundas formaciones, la vocal ñnal temática ó sufijo formativo se 
-debilitaba en « ó ?. Cuando en participios como ac-to, ac-ta, faltaba el sufijo 
formativo general, la analogía suplía la t: así, agi-to, agi-ioi, etc. Los nuevos 
verbos formados por este procedimiento pertenecían á la primera conjuga- 
<5ión; V. gr.: de clama io, participio de clama-re, se formaba dami-ta-re; de 
grava-to, participio de grava-re, gravita-re', de ae-to, participio de age-re, 
<igi-ia-re. En algunos participios, por analogía de los anteriores, se añadía ó 
más bien se repetía el mismo sufijo de participio; v. gr.: de curso, partici- 
pio de curso, se formaba cursi-ta-re, y de uso, participio de utor, usi-ta-re. De 
aiMo, participio de audeo, se formó ausare, y de aquí el castellano osa-r. Esta 
<;lase ¿e verbos está bastante generalizada en castellano; v. gr.: agitar, gravi- 
tar, dormitar, transitar, palpitar, apellidar, ^'ercitar; frecuentar, formado so- 
bre el adjetivo /r^ii^¿¿, lleva la idea de acción, repetida en su misma signi- 
ficación, lo mismo que la de habitar, formado sobre el participio habito de M- 
bere. Además de los verbos frecuentativos, formados sobre la base del partici- 
pio pasivo, tenemos otros que reconocen por base un adjetivo; v. gr.: debili- 
ia'r,facili'ta-r, capaci-ta-r, utili-zar, necesi-ta-r; pero estas formaciones se dan 
ya la mano con los denominativos, y en lugar de afectar á la acción modifi- 
can más bien al sustantivo á que se aplican como objeto. 

Una formación especial tenemos en castellano y otras lenguas romanas que 
no conocía la lengua latina. Los verbos á que nos referimos están formados, 
como los anteriores, sobre la base de los participios pasivos latinos en to, ta, 
ó sobre adjetivos que llevan el mismo sufijo, como alto, corto. En estas forma- 
oiones, la vocal final del participio ó del adjetivo se debilita en i, recibiendo 
ademáis el sufijo formativo a, con lo cual entran en la primera conjugación. 
Son muchísimos los verbos que tenemos formados por este procedimiento; 
V. gr.: de capto, captiar, cazar; de alto, altiar, alzar-, de corto ó curto, corti-a r, 
acortar y acorzar; de aculo, acutiar, aguzar; de directo, directi-a-r, enderezar; 
de siricto, estricti-a-r, estrechar, si es que primero no se tormo estrecho y de aquí 
estrechar. Estos verbos tienen de denominativos más que de frecuentativos. La 
conversión de liar en zar es sencillísima dentro de nuestras leyes fonéticas. 
En altiar, por ejemplo, la t seguida de ia se pronunciaba como c = alciar = 
-alziar. Perdida la i átona ante la a por la ley octava, tenemos ahar. El mis- 
mo procedimiento aplicado á las demás formas nos dará la misma explicación 
j resultado. 

Entre los sonidos de la raíz de algunos verbos latinos encuéntrase una n 
extraña á ellos. Esta inserción no pasaba de los tiempos imperfectos, v al fenó- 
meno producido por ella llaman los modernos lingüistas nasalización; v. gr.: 
rumpo y rup-i, fundo y fud-i, /rango y freg-i y frac-tum. Este sufijo ha pa- 
sado también al castellano, pero la analogía de los presentes lo hizo extensivo 



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SUFIJOS FOBIUTIYOS GENERALES 67 

á todas las demás formas. Sa conocimiento importa para el conocimiento de 
^a derivación, para despojar de este modo á la raíz de todos los sonidos ex- 
traños á ella. Entre estos verbos hállanse en castellano romper j corromper, 
Ír otros compuestos como interrumpir, prorrumpir, fundir y sus compuestos; 
os de frangere latino, como infringir; los de sdndo, como rescindir, prescin- 
dir, en extinguir y algunos más. Restringir llevaba la n también en los perfec- 
tos, pero en los participios no; v. gr.: estricto, restricto. 

De origen griego es el sufijo zar ó izar, introducido por escritores del tiem- 
po de la decadencia de la lengua latina. Los verbos formados con él sobre la 
base de sustantivos y adjetivos tienen más relación con los denominativos; 
V. gr.: moralizar, fraternizar, solemnizar, latinizar, castellanizar, eternizar, ti- 
ranizar. Este sufijo, por su significación, tiene mucha analogía con el factitivo 
fico, y en todos ellos se encuentra fácilmente la equivalencia con el verbo ha- 
cer. Expresa también imitación, á semejanza de, v. gr., judaizar, obrar como 
losjudios. 

Sufijo fico. — Este sufijo tiene una significación factitiva tan clara, que 
las palabras en que entra más parecen compuestas que derivadas. Procede de 
la raíz^, y su significación está bien terminante. Este sufijo era ya muy an- 
tiguo en latín, y no lo colocamos entre los compuestos porque no tiene sub- 
sistencia por sí solo ni en la conversación ni en la escritura. Los verbos for- 
mados con este sufijo tienen por base sustantivos, como metri-ficar, petri^ficar 
(convertir á uno en piedra); pero más todavía se torma con adjetivos, v. gr.: 
dulci'ficar, ¡santi-ficar, puri-ñcar, mortificar. 

Sufijo ca. — Con este sufijo se formaron en el latín de la decadencia y en 
el latín vulgar muchos verbos sobre la base de sustantivos y adjetivos, por 
cuya razón pueden considerarse como denominativos ó factitivos; v. gr.: albi- 
care, de albo = blanco; amaricare^ de anuiro = amargo; nigricare, de nigro = 
negro; atcctoricare, de auctor, otorgar y autorizar. Los verbos formados con 
este sufijo han pasado al castellano: 1.^ sin alteración; v. gr.: masti-car, 
ras-car {^rasicare) ("); 2.*>, transformados en ga-r; v. gr.: casti-ga-r, amar-gar, 
cabahga-r = caballi-ca-re, madru-ga-r = maturi-ca-re; 3.®, con pérdida de la 
gutural y refuerzo de la i en e; v. gr.: albor-ea r = albor-icare = albori-ga- 
re = albor-ea-r; labori-ca-re, labor-ea-r; falsi-ca-re, false-ar; 4.°, en jar, pa- 
sando primero por la paladial y; v. gr.: mani-ca-re = mani-ga-re = mani-iar 
= mani'ja-r = maneja-r. 

El portugués conserva la ;, aunque con sonido paladial = y\ cf. corte-ja-r, 
mane-ja-r = corle-ya r, mane-ya-r. Numerosas formaciones analógicas han 
resultado según estos procedimientos (*). Los italianos conservan también 
las^^ en estos casos, pero con sonido paladial asibilado: biancheggiare, corteg- 
giare, amareggiare. 

¿Cómo se explican los verbos en gíia-r, tales como santiguar, apaciguar, 
amortiguar, averiguar y otros análogos? Federíco Diez explica el sufijo guar 
q ue entra en estos verbos como una transformación del sufijo factitivo fica r, 
de que ya nos hemos ocupado. Yo opinaba que dicho sufijo gua-r era simple- 
xn ente una modificación del sufijo ca-r, transformado primeramente en ga-r 
j después en gua-r, que tiene significación idéntica ó muy parecida á la de 

(*) Diez, Gram., t. II, p. 367. 

(2) Véase Díbz, Gram., t II, p. 368. 



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68 MOBFOLGOÍA DEL YBBBO 

ñca-r, Pero la circunstancia de hallarse en Berceo (Sacrif. 97) el verbo sanU^ 
ñcar con la misma significación de sanctigtuir (ibid. 184), me inclina á creer 
que efectivamente el sufijo gua-r es transformación fonética de ftca-r. Los 
pasajes de Berceo citados son respectivamente los siguientes: 

«En el primero capitolo nuestro misacantano, 
Tres vegadas sanctijíca con la su diestra mano; 
Las tres cosas significa del tiempo anciano, 
El cabrón, el camero, el noyiello lozano, d 

oEl yicario de Chrísto, de las manos sagradas, 
Sobre el sacrificio sanctigua tres vegadas, 
Tres palabras diziendo, todas bien sennaladas.» 

Mas aun cuando el sufijo gua-r proceda de ficar, para transformarse en 
giux-r ha tenido que venir á parar por sincopas en ca-r. Sólo así podemos 
explicamos las formas en gar y guar. 

Si el sufijo gua-r es modificación de ficorr, en este caso el proceso foné- 
tico debió ser el siguiente: sancHfíca-re, sanctífica-r, *sancUica-r, ^santica-r, 
sanctiga-r, sanctigua^r , santiguar. Haciéndolo derivar de ca-r, el proceso fo-- 
nético seria más sencillo, porque nos ahorraría las síncopas sanctiiea-r, sancti- 
ca-r, intermediarias, pero indispensables, para llegar de sanctificar á sanctigar, 
formas históricas una y otra. 

De dichas formas intermediarias sanctiica-r y sancUca-r, no puedo presen- 
tar testimonios históricos; son suposiciones necesarias en la fonética gradual, 
para unir sin saltos á sanctificar con sanctigar. De sanctificar ya he citado el 
ejemplo de Berceo. De sanctigar j sanctiguar existen muchísimos ejemplos, 
alternando el uno con el otro: <íQuando despertó el Cid la cara se sanctigos> 
(P. del Cid), <íAlpo la mano diestra, la cara se sanctigoi^ (ibid.). <í.EI rey don 
Alfonso seyse sancttguando7> (ibid.). (nEl rey alpo la mano, la cara se sancti- 
guoi> (ibid.). uSanctigo asi mismo porfer buen cumplimiento!) (Berc, S. M. 301). 
^Sanctiguaba su ceboi> (ibid., S. D. 16). 

La forma sanctigar se explica muy bien como aplicación de la ley fonética 
quinta. La forma sancfágtuzr, posterior cronológicamente á sanctigar, á pesar 
de hallarse en uso al mismo tiempo, es á su vez efecto de la ley fonética vein- 
tinueve, ó sea de atracción recíproca entre la gutural suave g = gue y la 
vocal labial u. 

Los fonetistas modernos afirman que la consonante gutural g = gue es la 
más grave, y entre las vocales la u por la mayor longitud del tubo vocal con 
que este último sonido se forma (^). Esta coincidencia en la gravedad tónica 
nos explica la atracción recíproca de las labiales sobre la gutural g — gue, y 
viceversa de la g sobre la u. Así se explica que muchas palabras árabes, ale- 
manas é inglesas, que comienzan en aquellas lenguas con u ó oon w, en cas- 
tellano empiecen con g; v. gr.: Guadalquivir, Guadalaviar, Guadiana, Gui- 
llelmo, guerra, guardia. En esta misma ley se funda la tendencia espontánea 
á áecir güevo, güeso, güelta, güeno, güerta, la cual, en lo referente á las palabras 
que empiezan por diptongo, ha sido sustituida en el lenguaje culto por la 
adición de la 7i, que es el sonido gutural más débil. Mayans y Sisear (Oríge- 
nes), dice que en su tiempo unos escribían güeso y güevo y otros hueso y hue- 
vo, y que él prefería escribir dichas palabras con h. La ^ = gue á su vez ha 

(!) Véase V. Hkkiy y Passy, ops. dts. 



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PARTE INVARIABLE Ó RADICAL 69 

hecho desarrollar una u; asi se explica el que en el castellano an^aico se en- 
cuentren Yaguo j Tapice al lado de Taco y Tago^ formas todas de lacoho, j 
guarnecer y guarnicién al lado de las palabras francesas garnir y gamison. 
Por esta misma atracción, la forma sanctigar se debió transformar en saiuti- 
guar y últimamente en santigiuzr. Hoy la palabra santiguar no tiene la acep- 
ción de santificar, y ni una ni otra conservan la de hacer tres cruces, según 
hemos visto en Berceo. Berceo emplea también la palabra signar en el mismo 
sentido que nosotros: mSigna sobre la hostia:» (Sac. 208). 

Verificar y averiguar parecen ser también dos formas paralelas á santificar 
y santiguar. También presentan diferencias de significado. Averigicar es más 
subjetiva, lleva la idea de investigar, de adquirir la verdad; verificar es más 
objetiva, lleva la idea de efectividad, la de mostrar con hechos la verdad, la 
de ejecutar algo. 

Sobre la base de los participios de presente latinos hay en castellano for- 
mados bastantes verbos; v. gr. : regentar, presentar, sentar (cf. los part. lat, re- 
gente, praesente, sedente). Estas formaciones son sencillísimas, pues sobre el 
tema del participio regent, praesent, sedent reciben el sufijo formativo a, con- 
virtiéndose en verbos de la primera conjugación. 

Empléanse en castellano además algunos otros sufijos de menos importan- 
cia en la formación de los verbos; v. gr. : en gesticula-r, espeluzna-r, acri- 
hilla-r, si es que este último no se halla formado sobre el sustantivo diminu- 
tivo cribillo. 

CAPÍTULO V 

DE LA PARTE INVARIABLE DEL VERBO CASTELLANO, LLAMADA POR MUCHOS 

- RADICAL 

Ea el capítulo anterior hemos tratado de los sufijos formativos que trans- 
forman los materiales previos en verdaderos temas verbales, como si dijéra- 
mos, de la parte activa del atributo verbal; tócanos ahora en cambio estudiar 
la parte pasiva ó material de dicho atributo, ó sea aquellos materiales de los 
cuales, por la adición de los sufijos formativos, resultan los temas verbales. 
Este es el elemento invariable del verbo, pues aunque su parte externa, su es- 
tructura, se altere algunas veces, obedeciendo á leyes especiales, el concepto 
que representa es el mismo para todas las formas del verbo, por complicado 
que éste sea. Las personas, los tiempos, los modos, cambian de unas formas 
á otras dentro de un mismo verbo; este material pasivo es el que no cambia 
dentro de un mismo verbo. En cambio los exponentes personales y los sufijos 
temporales son los mismos para todos los verbos, con lo cual se constituye la 
unidad de flexión; la parte invariable de cada verbo es en cambio la más in- 
dividual, varía de verbo á verbo; los exponentes personales son lo más uni- 
versal; la parte invariable del verbo lo más particular é individual, por eso 
tenemos pluralidad de materia, unidad de forma; los sufijos formativos guar- 
dan un lugar intermedio, ni son tan uni versales como los exponentes perso- 
nales ni tan individuales como la parte invariable del verbo; son los mismos 
para una catesroría de verbos, pero no para todos los verbos; por eso al lado 
de la unidad de flexión impuesta por los exponentes personales y sufijos tem- 
porales viene la pluralidad, ocasionada por la menor extensión y variedad de 
los sufijos formativos. Si los exponentes personales y los sufijos temporales 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 7 



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70 MORFOLOGÍA DBL VIEBO 

han de oonsiderarse como elementos formales por su carácter nniversal, los 
sufijos formativos, aunque afecten directamente á la parte atributiva y ma- 
terial del verbo, por su generalidad y sus principios de unidad, si bien en 
menor grado que los otros sufijos, deben considerarse también como elemen- 
tos formales del verbo. 

Nombre con que se designa á la parte invariable del verbo. — ^No 
encuentro una palabra adecuada con que denominar e3ta parte invariable del 
verbo; llamarla tema es usar una palabra equívoca, j aunque el tema verbal 
lleva ya su distintivo específico en el adjetivo verbal, no podemos hacer esto 
con dicha parte invariable,^ porque si la llamamos tema nominal no toda la 
lüateria previa es nombre; las raíces, los pronombres y participios, que entran 
á constituir los verbos, no estarían comprendidos en ella. Llamarla parte in- 
variable, material previo, materia preexistente del verbo, ni son denomina- 
ciones apropiadas para la concisión del tecnicismo, ni tampoco son fáciles de 
manejar. Una palabra de muy fácil manejo es la denominación de radical, qae 
le dan la mayoría, la casi totalidad de nuestras gramáticas; pero esta denomi- 
nación ea también equívoca y al mismo tiempo inexacta. La palabra radical 
es un adjetivo derivado del tema latino radie, y como tal se refiere á cualida- 
des internas de la raíz; así es que quien oye pronunciar la palabra radical^ 
sin poder evitarlo se le figura que lo designado con tal nombre es la verda- 
dera raíz y no un sustantivo, un adjetivo, una raíz ampliada por algún sufijo 
añadido exteriormente á la misma raíz. Sólo convencionalmente, y después 
de explicar el alcance que debe tener este vocablo técnico radical, compren- 
diendo raíces, sustantivos, adjetivos, pronombres, en una palabra, toda la 
parte invariable del verbo, todo lo que puede mirarse como materia prima del 
verbo, sea cualquiera su procedencia, podrá adoptarse dicha denominación 
de radical por su fácil manejo y hasta tanto que se invente otro término más 
apropiado. Con esta explicación adoptamos, aunque con gran repugnancia, la 
palabra radical para designar la parte invariable del verbo, la que queda á 
la izquierda de los sufijos formativos, estudiados en el capítulo anterior. 

Origen de los elementos que forman la materia prima del verbo 
CONOCIDA con el NOMBRE DE RADICAL. — Los materiales significativos que se 
unen á los sufijos formativos para constituir los temas verbales son muy di- 
versos v variados por su origen. Los hay: 

1.0 Qae consisten en meras -raíces, y que por terminar en vocales idénticas 
á las de los sufijos dúdase si reciben ó no dichos sufijos formativos; v. gr.: da, 
está y sus compuestos, como circun da-r; di-sta-r, con-sta-r, pre-sta-r, obstar, 
re-sta-r; es, fu, i-r, sub i-r, 

2.® En raíces que so unen á alguno de los tres sufijos fonnativos; v. gr. : 
lav-a-r, hac-e-r, sah-e-v, cab-er, veni-r, sal-i r, Itcc-i-r. 

3.® Otros se componen de una raíz ampliada por algún sufijo, pero que no 
forman anteriormente temas nominales sustantivos ó adjetivos, porque ó no 
han existido ó si han existido se han perdido; v. gr.: a-m-a-r, tem-er. Cf. las 
raíces ca, ti, 

4.® Innumerables son los radicales formados de nombres sustantivos, ya 
transmitidos por el latín, ya formados dentro del dominio castellano; v, gr.: 
numera-r de número, denomin-a-r de nomen, cambi-a-r de cambio, escald-a r 
de caldo, ensill-ar de silla, encarceha-r de cárcel, arrincon-a-r de rincón, 
encarton-a-r de cartón, enamor-a-r de amor. 



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PAKTB INVARIABLE Ó RADICAL 71 

5.^ No son menos los que resultan formados de adjetivos; v. gr. : endulz-a-r 
de dulce, igiMd-a-r de igual, agrand a-r de grande, ahrevi-ar de breve. 

6.® De pronombres; v. gr.: tute-a-r = hablarse de tú (reciprocidad), ensi- 
mism-a-r de si mismo, dobl ar de doble, aun-a-r de uno, terci-a-r de tercio, 
cuarte-a^r j quinte-a-r de cuarto y quinto. 

7.® De participios de presente; v. gr.: present-a-r de presente, ausent-a-r 
de ausenté, regerd-a-r Añ regente, levanta-r. 

8.*" De participios de pretérito, ya formados en el dominio latino, ya en el 
castellano; V. gr.: at;*s¿-a-r de visto, complet-a-r de completo, aquiet-a-r de 
quieto (cf. en latín quietus y compleius). . 

9.° De adverbios; v. gT.iabaj-a-r de abajo, alei-a-r de lejos, acerc-a-r de cerca. 

10. De voces onomatopeicas; v. gr.: sisear, chiflar. 

11. De temas verbales, como de corre corre-te-ar. 

12. De temas nominales ó verbales con interposición de otros sufijos entre 
dichos temas y los sufijos formativos; v. gr.: sacrific-a-r, mere c-e-r (cf. la- 
tín mere-re), anatemat-iz-a-r, miti-g-ar (cf. mili), suavi-z-a-r. 

Los radicales verbales pueden proceder de la lengua propia y de lenguas 
extrañas. 

La parte material puede ser mixta, y en su consecuencia nada tiene de par- 
ticular el que el castellano, siendo tantas las relaciones sociales, contenga 
en su Diccionario radicales procedentes del griego, árabe, alemán, inglés, 
francés, vascuence y hasta de los antiguos idiomas hablados en la península 
antes de la conquista romana; todo esto es compatible en las lenguas; pero 
aun así, la mayor y mejor parte de nuestros radicales verbales, directa ó in- 
directamente, son de origen latino. En lo que no admite semejante mezcla 
es en su parte formal, en la vida de relación, en su gramática; ésta es esen- 
cial y exclusivamente latina; por eso los exponentes personales, los sufijos 
temporales, los sufijos formativos, todo lo que constituye la parte formal, esto 
es todo de origen latino. «Las lenguas, dice Mr. MuUer (i), por mixtas que 
sean en su Diccionario, jamás son mixtas en su gramática. Podemos, añade, 
en inglés formar proposiciones enteras, compuestas de palabras latinas ó ro - 
mánicas; pero cuanto en ellas hay de gramática, eso es todo de origen teutó- 
nico.» El abate Hervas, informado por los misioneros, asegura que los arau- 
canos, en la mitad del siglo xviii, no usaban palabras que no fueran espa- 
ñolas, pero la gramática era la de su propio idioma (^). Esta consideración 
sola basta para comprender la participación exigua que las demás lenguas 
han tenido en la formación del idioma castellano, comparada con la que de 
derecho corresponde á la latina por su Diccionario y por su Gramática. 

La lengua castellana, aunque no conservara de la latina más que la parte 
formal, en la cual se halla toda la vida de relación, sería lengua neolatina por 
excelencia; que una <5olumna jónica ó un capitel corinto no se llaman así por- 
que el mármol sea de Paros ó de Carrara, sino por la forma bellísima que ca- 
racteriza á aquellos graciosísimos ornamentos de la arquitectura clásica. 

Los RADICALES VERBALES BN SU RELACIÓN FONÉTICA CON LOS SUFIJOS 

FORMATIVOS GENERALES a, i, 6. — Los sufijos formativos generales se unen 
de diversas maneras á los radicales verbales, según que estos radicales termi- 
nen en consonante ó en vocal, y según que esta última sea idéntica ó diversa 

(*) Lect. on the Scien. of Lana.. 1. 1, p. 2. 
(2) Catálogo, 1. 1, p. 16, 



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72 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

de la vocal del sufijo. Aunque de esto hemos hecho algunas indicaciones en 
el capítulo anterior, vamos á reproducirlas procurando ampliarlas. 

RadimUs en consonante, — Sufijo a, — Este sufijo se une en toda su integri- 
dad y pureza: 

l.o A totlos los radicales terminados en consonante; v. gr.: am- y am-a-r, 
lav' y, lav-ar, labor y elahor-ar, germen y germin-a-Vy corral y acorral-a-r, 
seg- y seg-a-r, sec- y disec-a-r, 

2."* A radicales terminados en w; v. gr.: efectu-ar^fiuctu a r (temas latinos 
effectuy fluctu), 

3." Esta misma ley se observa cuando los radicales transforman la o final 
en u; V. gr.: acento y acentúa r, concepto y conceptu-ar. De virtud se forma 
desvirtua^r, por desvirtud-a-r; pero en cambio saludar no está formado de 
salud, sino qiie viene del latino salutare, sobre la base temática salut, 

4.** Cuando los radicales terminan en o cambian esta vocal en a, y el efec- 
to que entonces se produce equivale á una contracción de dicha a final con 
la del sufijo; v. gr.: de estudio, estudi-ar; de consejo, aconsefa-r; perpetuo jper- 
petua-r, vacuo y evacu-a-r, exactamente igual que en latín; v. gr.: speculo y 
specul-a-ri, A esta misma regla se someten los radicales sustantivos, como de 
mareo mare-a-r, toreo y tore-a-r, saqueo y saque-a r, rodeo y rodé a-r, sondeo 
y sonde- a- r. Mas en temas de esta naturaleza, puede suscitarse la cuestión de 
si marear, torear, saquear son derivados de los sustantivos citados, ó si unos y 
otros son formaciones independientes, al menos en su origen. Esta clase de ra- 
dicales se derivan del sufijo car, así labore-a r de labori-ca-r, *laboriga r, la- 
borega-r, laboreya-r, y al lado de los verbos se formaron temas sustantivos por 
el mismo procedimiento, como blanqueo al lado de blanquea-r, ital. biancheggia- 
re, que supone un blanquicare. 

' 5.® Los radicales en e cambian esta vocal en a, lo mismo que los en <?, y se 
contraen con el sufijo a; así de tarde, tard-a-r; de escape, escapa-r; de galo- 
pe, galop a-r y galope-a-r; cf. «El que de joven no trotea, de viejo galopea»; 
de adelante, adelant-a-r; de impaciente, impacientar; de aparente, aparent-a-r. 
Los participios de presente siguen esta ley, si son de origen castellano; v. gr.: 
regente y regent-a-r. Mas también hay otros que conservan la e inalterable. El 
ejemplo citado de trotea y galopea, íute-a-r (de tú y te), coste y coste -a-r, 

6." Los radicales en a contraen esta vocal con la a del sufijo; v. gr.: de 
losa, enlosa-r = enlosa a-r; de ronda, rond-a-r; de pluma, emplum ar, Pero 
muchas veces transforman la a final del radical en e, y reciben el sufijo a\ 
V. gr.: de guerra, guerre-a-r; de capa, cape-a-r; de trampa, trampe ar j en- 
trampa-r; de broma, brome-a-r y embroma-r. ¿Cuál es la regla para el empleo 
de e-ar ó de a-r? Es dificilísimo dar regla fija para este uso. Obsérvase con 
todo eso, que los terminados en vocal precedida de II, ñ, che, son refractarios 
á emplear la forma ea r, y así prefieren la a; v. gr.: maravilla y maravilla-r, 
banderilla y banderilla-r, cuchillo y acuchilla-r, ponzoña y emponzoña-r, retoño 
y retoña^r, noche y trasnocha-r; sin embargo, cuchiche-a-r , Yo explico este fe- 
nómeno porque las tres consonantes dichas llevan una i en su estructura, cu- 
ya resonancia, por la ley fonética tercera, parece que se opone á tales forma- 
ciones. Tal vez ayudará á fijar la regla el conocer si las formas en ea proce- 
dían de radicales en ca, como guerrica-re y guerrea-r, ó tan sólo de los en a, 
como de fama, fama r. Obsérvase también que cuando los radicales van com- 
puestos de preposición prefieren la a solamente; v. gr.: broma, brome-a-r y ím- 
broma-r; hoja, luije-a-r y deshqfa-r; trampa, trampe-a-r y entrampa-r; cobarde, 
cobarde-a-r y acobarda-r. 



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PARTE INVARIABLE Ó RADICAL , 73 

7.^ Las raices como da, esta, dista y demás compuestos, ja hemos dicho 
repetidas veces que se duda si son raices puras ó si han recibido el sufijo a, 
contrayéndose con él; hay quien opina que da-r está por da-ar, y esta-r por 
esta-a-r; otros sostienen que son raices puras, que se unian inmediatamente á 
los elementos de flexión sin sufijo formativo a; v. gr.: da-r {da-re), esta-r = 
stare. 

Sufijo e. — ^A. Este sufijo lo reciben radicales en consonante; v. gr.: tem- 
e-r, corr-e-Ty eals-r, euh-e-r, mov-e-r, 

B. Muchos radicales hay que terminan en ^ y conservan además la del su- 
fijo; V. gr.: le-e-r, are e-r, provee-r^pose e-r. Todos estos, al pasar del latín, 
han perdido una consonante: lege re, crede-re, provide^re, posside-re. 

C. Otros hay que la contraen, como ver, ser-, are. ve-e-r y se- e-r, de ved- 
e-r, sed-e r. 

Sufijo i. — A. Este sufijo se une á radicales en consonante; v. gr.: ven-i-r, 
sal i r, luc> i-r, reg i r, 

B. A radicales en w; v. gr.: constitu i-r, restitu-i r (cf. statu latino), ar- 
gU'i r, lu i r, 

0. Cuando el radical termina en vocal i, se contrae con la i del sufijo; 
V. gr.: defini'r = definí i-r (cf. el latino /?m). 

D. Al lado de otras vocales se conserva; v. gr.: re-i-r, oi-r. Estos radicales 
perdieron la ¿?; v. gr.: ridere, audi-re. 

La signifkjaoión de los radicales antes de constituirse en temas 
VERBALES Y DESPüÉá DE coNSTiTUÍDOS. — Los radicales, autes de convertirse 
en temas verbales, tienen la significación que les corresponde. Los sustanti- 
vos, adjetivos, pronombres, no ofrecen duda alguna de que contienen y re- 
presentan alguna idea; la dificultad está en las raices. ¿Son meras abstrac- 
ciones? ¿Tienen significación independíente de los temas en cuya constitución 
entran? Es indudable que las raices tienen significación a prior i-, no importa 
que no la conozcamos sino por las palabras de que forman parte; uno es el 
orden de ser, otro el de conocer; bien pueden ellas tener significación á priori 
y nosotros no conocerla más que á posteriori, por no funcionar por sí solas, 
independientemente de los temas. Pero la gramática no puede ocuparse de 
la significación individual y concreta de cada radical; esto corresponde á 
los diccionarios. La gramática se ocupa de algunos conceptos generales, me- 
tafísicos, que entran en categorías enteras de verbos, comunes á todos ellos, 
y en los cuales los gramáticos se fijan para las divisiones que han hecho del 
verbo. Después de constituirse los radicales en temas verbales por la unión 
de los sufijos formativos, conservando éta el fondo la primitiva significación, 
se ponen en relaciones lógicas con el sujeto, á menudo bien diferentes de las 
que tendrían si fueran atributos nominales. De esta materia hemos dicho lo 
bastante para que se comprenda qué son temas verbales y la relación lógica 
en que se colocan con el sujeto del mismo verbo. 

Diferencias entre los temas verbales latinos y los castellanos. 
— La principal diferencia de los temas verbales de ambas lenguas consiste en 
que los latinos presentaban gran variedad y diversidad, y los castellanos tien- 
den á la uniformidad. En los latinos eran muy frecuentes las variaciones del 
tema verbal de los imperfectos á los perfectos y á los participios. Estas dife - 
rencias consistían: 1.**, en que muchos perfectos llevaban reduplicación de la 
raíz y los demás tiempos no; v. gr.: cade-re y cedd-i, tende-re y tetend i, mor- 



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74 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

de-re y momor^di; 2.®, en que muchos perfectos y participios se unían á lo» 
elementos de la flexión sin sufijo formativo; v. gr.: seca-re, sec-ui, sec-tum; 
scribe-fe, scrip^si, scrip-tum; venire, ven^i, ven-tum; 3.°, en que ciertos sufijo» 
especiales, como seo, r, io, no pasaban de los tiempos imperfectos: frange-re, 
freg'i,frac'lum; crescere, cre-vi, cre-tum; 4.°, en los cambios de la vocal de la 
raíz, que también sufrían en los perfectos; v. gr.: cape-re y cep4, iace-rej 
iec-i, tac tum. Esta diversidad provenía: 1.% de que en los tiempos clásicos se 
conservaban todavía muchas existencias de perfectos y participios, que erau 
restos de otros sistemas de conjugación más antigua; 2.'^ de que ciertos sufi- 
jos no estaban en uso en los tiempos perfectos, sin que se conozca la razón d& 
aquella restricción. El castellano acabó con la reduplicación, y á los temas sin 
sufijo los proveyó de él; las formas exclusivas de los imperfectos las hizo ex- 
tensivas á los perfectos y formas nominales, y de este modo tendió á la uni- 
formidad, por la creación de temas acomodados á ciertos tipos que le fueron 
instintivamente más simpáticos; el paralelismo primero y la selección despuéa 
acabaron con la mayor parte de las antiguas formaciones. La analogía con 
sus atracciones, con su imitación servil, desplegó maravillosamente toda su 
acción en el arreglo de los temas verbales. La imitación analógica, propia de 
los niños, de las gentes sin instrucción y de las épocas de escasa cultura inte- 
lectual, no pudiendo remontarse á las grandes concepciones científicas ó ar- 
tísticas, ni penetrar en la grandeza interior de las cosas, conténtase con imi- 
tar la mera forma externa de ellas, y de este modo, adoptando como tipo 
ciertas formas, á semejanza de una plantilla, las extiende á mayor ó menor 
número de casos. Las formaciones analógicas son en gramática lo que la rima 
en la poesía, imitaciones exteriores; la analogía no es poder artístico, no e» 
genio creador, es solamente copia material, y con especialidad de las formas 
extemas. La uniformidad de los temas verbales parece ser una exigencia de 
la lógica, porque se encuentra muy racional que la identidad de concepto 
del atributo verbal en diez, veinte, cien formas verbales, sea expresada por 
unos mismos sonidos en la conversación y por unas mismas letras en la es- 
critura. 

Si alguna vez encontraría justificada la aplicación del principio discreUonis^ 
causa, de ese principio sepultado en el olvido por los grandes cultivadores de 
la Gramática Comparada, y resucitado en los últimos años por los partidarios 
exagerados de la analogía, sería en la tendencia á uniformar los temas verba- 
les, correspondiendo así á la identidad de concepto la identidad de expresión. 
Mas en otro lugar he manifestado ya la poca confianza que me inspira dicho 
principio, por no acertar á compaginarlo con la acción semiinconsciente ó to- 
talmente inconsciente que acompaña ^ las transformaciones glóticas. Por eso 
yo creo que el instinto popular, al hacer tal uso de la analogía, de la imita- 
ción, fué guiado únicamente por la atracción de la forma externa de las pala- 
bras, y en el caso concreto de que tratamos, por la atracción de la forma exte- 
rior del verbo. 

Según esto, la transformacióni^de la lengua latina en castellana en gran 
parte no resulta otra cosa que un trabajo de analogía, de imitación servil, 
de copia y propagación de ciertos tipos, existentes al lado de otros, que aca- 
baron por imponérseles; y en esta elaboración, el clasicismo ó la decadencia 
habrían sido los creadores de aquellos tipos, y el pueblo, que tanto gusta 
de las imitaciones exteriores, de la analogía, habría sido el encargado de 
extenderlas. De este modo me explico yo que si la cultura clásica hubiera 
durado, las nuevas lenguas no se habrían engendrado, y que el lenguaje popn- 



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PAUTE INVARIABLE Ó RADICAL 75 

lar no seria otra cosa, respecto al ]%tÍD, que lo que es hoy el castellano popular 
respecto á la lengua castellana culüa. Yo opino que las nuevas lenguas las in- 
novó solamente el pueblo, y es más, que sólo el pueblo, coa su poca cultura j 
con su instinto analógico, con su tendencia á generalizar j uniformar, podía 
formarlas, imitando tipos existentes j creados por otros. Yo soy de parecer 
que las épocas cultas son las que fijan el idioma mucho mejor que las socie- 
dades creadas con este objeto. 

El castellano tiene también su diversidad temática en algunos tiempos res- 
pecto de otros, cual sucede en algunos restos del latín , que en los perfectos y 
en el participio rechazaron el influjo de la analogía, y también en verbos que 
llevan zco, zca^ ne, te, g en determinadas personas de ciertos tiempos de algu- 
nos verbos; pero estas diferencias son en su mayoría efecto de las leyes de 
nuestra fonética, mientras que en latín eran variedades morfológicas. . 

El TECNICISMO VERBAL EN LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL VBRBÓ. — 

La escuela tradicional estuvo poco afortunada en el tecnicismo aplicado á los 
elementos constitutivos del verbo. A la parte uniforme llamó radical, y á todo 
lo demás comprendió con el nombre de terndnadán; así, en esta palabra: es- 
tuviéramos, est era la radical y uviéramoa la terminación. La denominación 
de radical, que yo también he adoptado para la parte uniforme del verbo, 
aunque con repugnancia y en espera de que se adopte otra más adecuada, ya 
he dicho que es equívoca, y por equívoca la rechaza Víctor Henry en su obra 
citada. 

Todavía, y con alguna explicación, puede pasar la palabra radical, ¿pero 
quién es capaz de admitir de buen grado que se llame * terminación nada me- 
nos que á una porción de palabra que contiene cuatro sílabas ? En Ha- 
mos, ¿cuál es la radical, cuál la terminación? porque consecuentes con su sis- 
tema de tomar por norma el infinitivo, y para tomar la parte invariable del 
verbo en los temas de la tercera, quitaban la sílaba ir; v. gr.: en part-ir, part, 
y al llegar al verbo ir, tenían que quitar para terminación todo lo aue era el 
verbo, y en íbamos lo mismo; resultando así un verbo que tenía sólo termi- 
nación, sólo fin, sin haber tenido ni principio ni medio; lo cual, de ser ver- 
dad, con dicho verbo ir iríamos á parar al más rabioso y exagerado romanti- 
cismo é idealismo. Como se ve, la escuela tradicional conglobaba bajo un 
solo nombre, equívoco, incorrecto y hasta absurdo, y sigue haciéndolo, uno, 
dos, tres y hasta cuatro elementos- en una palabra, todo lo que hay de for- 
mal en el verbo. La escuela moderua respeta bastante el tecnicismo antiguo, 
á pesar de reconocer sus graves defectos; sin embargo, ha introducido ciertas 
novedades, y nosotros heñios empleado algunas de ellas, distinguiendo uno 
por uno los elementos en vez de confundirlos, como lo hace la escuela tradi- 
cional. La escuela moderna en cambio ha extendido demasiado la palabra 
técnica tema, resultando á veces confusa por aplicarse ya á lo que llamamos 
radical, y también á la unión del radical con el sufijo formativo, ó sea tema 
verbal; ya á formaciones de ciertos tiempos, como tema del perfecto, tema del 
presente; ya á tiempos aislados, como tema del pretérito imperfecto, hacién- 
dose precisa la adición de adjetivos determinativos y especificativos de cada 
una de aquellas denominaciones. 

Los accidentes gramaticales,-— En gQnevBÁ, al menos entre nosotros, seco- 
noce con el nombre de accidentes gramaticales todo aquello aue en realidad 
constituye los elementos formales, ó sea los exponentes, sunjos temporales, 
sufijos formativos especiales y generales. Esta denominación es inexacta, y 



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76 MOfiFOLOaÍA DEL VERBO 

más que inexacta, errónea, como es el Hangar accidental á lo que es esencial; 
tan necesarios son en nuestro sistema de conjugación aquellos elementos sub- 
jetivos como el mismo radical con su funci<ki atributiva, y si es indiferente 
el empleo de ellos ó su omisión hágase la prueba, y constituyase al arbitrio 
una conjugación sin ellos, y hágase aplicación de ella en la escritura y en el 
lenguaje hablado. Si el exponente mus es accidental en la primera persona del 
plural, suprímase y dígasenos entonces qué será aquella forma; si accidental 
es el Ja de amabas, hágase la operación, suprímase y dígase si aquella forma 
de tiempo es imperfecto, y así vayase practicando con las demás formas, y se 
verá si es accidental ó esencial su existencia. Los elementos formales son tan 
esenciales al verbo castellano como es la diferencia última para engendrar una 
especie, como lo es la forma concebida por el escultor y esculpida en el már- 
mol para que resulte la estatua, como lo es la unión del alma con el cuerpo 
para la constitución del hombre, como era la forma sustancial de los escolás- 
ticos en la materia para la formación de los cuerpos. 

Los partidarios de la antigua escuela, tal vez influidos por las doctrinas 
predominantemente objetivas de la doctrina aristotélica, como predominante- 
mente objetivas son sus famosas categorías, se fijaron tal vez en la objetividad 
del radical, y vieron que el radical dentro de un mismo verbo era lo que per- 
manecía invariable, y todo lo demás observarían que variaba, y cómo lo que 
permanece es lo esencial y lo que varía lo accidental; he aquí el fundamento 
de llamar á la parte formal del verbo accidentes gramaticales. Pero si hu- 
bieran procedido de otra manera y hubieran mirado más allá, habrían en- 
contrado que lo que más varía de verbo á verbo es el radical, y que lo que 
permanece y da unidad grandiosa y transcendental á todos los verbos es lo 
formal, de tal manera que una lengua que tenga diez mil verbos tiene diez 
mil radicales diferentes, y en cambio los diez mil tendrán unos mismos ele- 
mentos formales, que les darán unidad con la unidad de sus flexiones. No sé 
los verbos que tendrá la lengua castellana, porque no he tenido paciencia 
para contarlos ni es fácil saberlos con exactitud; pero supongamos que tenga 
ocho mil; los ocho mil tendrán radicales diversos, y en cambio una sola r 
bastará para dar unidad á todos en el infinitivo, un solo mus para la primera 
persona del plural de todos ellos, un solo ría para todos los futuros condicio- 
nados. ¿Qué es ahora lo que varía? el radical; ¿qué es lo que permanece y da 
unidad? lo formal; véase si hay razón para llamar á estos elementos formales 
accidentes gramaticales. La r del infinitivo es tan esencial para constituir 
esta forma que no se puede hacer de otra manera; lo mismo sucede con mus 
para la primera persona del plural, con s para la segunda del singular, y así 
de todos los demás elementos. Las denominaciones de terminación y de a^cci- 
dentes gramaticales debieran proscribirse de nuestras gramáticas para siempre. 
Las denominaciones que nosotros hemos empleado tienen cuando menos la 
ventaja de ser distintas, y por tanto evitar confusiones. En esta palabra, por 
ejemplo, constituyéramos = constitu-y-e-ra-mos, constitu es el radical ;y =zi, 
el sufijo general íbrmativo de la tercera conjugación; e, sufijo formativo es- 
pecial de los perfectos; ra, sufijo temporal de los condicionales en ra (antiguo 
plusq latino), y mos, el exponente personal. 

Los tiempos perifrásticos, -^En los perifrásticos de perfecto, el auxiliar ?iaber 
lleva de la parte formal los exponentes personales, el número, voz y tiempo; 
y el participio el sufijo especial formativo de perfectos, el sufijo formativo 
general y el radical. 

En la pasiva, el auxiliar ser lleva de la parte formal el exponente perso- 



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DEL ACBNTO EN BL VBBBO CASTELLANO 77 

nal, el número y el tiempo; la voz, los sufijos especiales formativos, el sufijo 
formativo general, éstos los lleva el radical. 



CAPÍTULO VI 

DEL ACBNTO EN EL VEEBO CASTELLANO 

La explicación acerca de la posición del acento en el verbo castellano es 
sencillísima para quien conozca un poco el latín; no lo es tanto para quien 
lo ignora por completo. La posición del acento en el verbo castellano obedece 
á dos principios, al de la cantidad silábica latina y al de la analogía. Hay 
que advertir que hasta la analogía toma por base la cantidad silábica ó sus 
efectos, pues los tipos de que se ha servido para trasladar á ciertas formas el 
acento de otras están calcados en las leyes de dicha cantidad. La cantidad 
silábica trae como consecuencia la movilidad del acento, el salto de unas si- 
labas á otras; la analogía en cambio lleva consigo la uniformidad de una 
misma sílaba, la inmovilidad del acento dentro de nuestra lengua. 

Con el fin de que esta doctrina sea mejor comprendida, vamos á dar algu- 
nas ligerísimas noticias sobre la cantidad silábica latina en su relación con el 
acento. 

Cantidad es el tiempo invertido en la pronunciación de las sílabas. En la- 
tín se dividían por este concepto en breves y largas: eran breves las que se 
pronunciaban en un solo tiempo y largas las que se pronunciaban en dos 
tiempos; V. gr.: la primera e de cápere era breve y la de moveré larga. La 
cantidad breve se marca con un semicirculito, como en cápere , y la larga con 
una rayita horizontal como en moveré. La cantidad en latín enfrenaba al 
acento; el acento no podía colocarse sino donde lo exigía la cantidad; las re- 
glas para esta colocación eran sencillísimas: 1.% en palabras de dos ó más sí- 
labas el acento nnnca recaía en la última; 2.% en las palabras bisílabas el 
acento se colocaba en la penúltima; v. gr.: páter^ máter; 3.% en palabras de 
tres ó más silabas el acento recaía en la penúltima, si la penúltima era largan 
V. gr.: amd'bas; 4.% en palabras de dos ó más sílabas el acento recaía en la 
antepenúltima, si la penúltima era breve; v. gr.: amáveras. Ea castellano 
hemos perdido la cantidad silábica, pero conservamos sus efectos. 

Hay que tener eu cuenta lo dicho en los capítulos precedentes, esto es, 
que la tercera conjugación latina desapareció, pasando los verbos que de ella 
hemos conservado á la segunda y tercera conjugación castellana, y que los 
perfectos de la segunda conjugación castellana y los participios están forma- 
dos por analogía según la norma de la tercera conjugación. De lo cual resulta 
que para los efectos del acento debemos considerar aquellos verbos y estos 
perfectos y participios como si todos hubieran estado formados con los sufijos 
formativos largos é, i, como si todos los verbos latinos hubieran sido de la 
primera, segunda y cuarta conjugaciones latinas. 

Con estas observaciones podemos presentar los dos enunciados siguientes: 
1.**, los tres presentes de indicativo, imperativo y subjuntivo, el futuro abso- 
luto de indicativo, el pretérito perfecto, los infinitivos, los participívis y los 
gerundios colocan su respectivo acento según las leyes de la cantidad silábica 
latina; 2.% el pretérito imperfecto de indicativo, el futuro condicionado, los 



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78 MORFOLOGÍA DEL VBBBO 

condicionales en ra j se j el futuro imperfecto de subjuntivo colocan su 
acento en las tres personas del singular y en la tercera del plural según las 
lejes de la cantidad silábica latina, y las dos personas restantes según la 
analogía, á la cual sirven de base las cuatro primeras personas antedichas. 
Para comprobar estas afirmaciones bástanos establecer la comparación, sin 
que sea necesario hacerlo en todas sus formas. 



Primera conjugación. — Primer enunciado: 



Latín. . . . amas, ama-mus; ama, ama-ie; ames, ametis. 
Castellano, amas, amá-mos; ama, amá-d; ames, améis. 



N^ota. —Gnmáo los temas latinos eran de tres ó más sílabas en el singular 
de estos presentes, el acento recaía algunas veces, cuando la penúltima era 
4}reve, en la antepenúltima. En castellano la analogía de los bisílabos ejerció 
su atracción sobre aquéllos, haciéndolos todos graves; v. gr.: término, caste- 
llano termino; terminamus, termÍ7iámos, 

i Latín. . . . bábes, habémus. 

FUTURO ABSOLUTO. < - ... .1., 

( Castellano, has, hemos. 

Hacemos la comparación del futuro con el presente del verbo habere por- 
que el futuro está formado con él y su acentuación es la de aquel presente. 

í Latín. . . . amavi, amái; amávimus, amamus; amaverunt, amSrunt. 
PRETiBiTO PERFECTO.. I ^^^^^^^^^^^ amé; amámos; amaron. 

Para explicar estas formas recuérdense las sincopas de que hablamos en el 
capítulo III. 

( Latín. . . . amá-re. ( amante, amato. í amando. 

INFINITIVO. ..♦,,, , PARTICIPIOS. \ , ^ ,, GERUNDIO. \ ., 

\ Castellano, amar. I amante, amado. ( amando. 

Tercera conjugación. — Primer enunciado: 

í Latín. . . . partís, parlTmus; párti, partite; partías, partiamus. 



PRESENTES. 



í Latín. . . . partís, partimus; partí, partite; partías, partiamus. 
' \ Castellano, partes, partimos; parte, partid; partas, pártanos. 

Futuro absoluto. — Está formado por el mismo presente que el de amar y 
tiene el mismo acento. 

í Latín, . . . partívi, pariTí, partí; partívimus, partíimus, parúmus; partíverunt, partíerunt. 
'{Castellano. partí; partimos; partieron. 

Recuérdense las síncopas graduales de este tiempo, de que hablamos en el 
capítulo III. 

La tercera persona, jp^rító, á primera vista parece infringir la ley de la can- 
tidad; pero no es así (cf. parttvit, partívi, partTi, partió). Según la ley latina, 
debía estar el acento en la i departió, pero como la i entró á formar diptongo 
con la o, siendo ésta la vocal fuerte, atrajo el acento sobre sí, para no destruir 
el diptongo; de conservarlo en la i, ñeñs^parti-o; el acento está en el diptongo, 
del cual forma parte la i, 

í Latín. . . . partiré. ( partiente, panTto. i partiendo. 

INFINinVO. i ^ j „ , PARTICIPIOS. ) " ,^ GBRtNDIO. J ^.. . 

^Castellano, partir. ( partido. (partiendo. 



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DEL ACENTO EN EL VERBO CASTELLANO 79 

Segunda conjugación. — Primer enunciado: 

í Latin, . . . debes, debemua; debe, débete; débeas, debe^us. 
' ^ CaUellano, debes, debemos; debe, debed; debas, debamos. 

Futuro. — Como en las otras dos. 

Perfecto. — Los regulares están calcados según la norma de la tercera. Los 
irregulares, unos siguieron la analogía de los de la tercera, otros no; pero aun 
los que no la siguieron, conservan los efectos de la cantidad silábica latina. 

Latín, . . . d¿u, dixístí, díxit; diíamus, dixlstis, dixemnt. 
Castellano, dije, dijiste, dijo; dijimos, dijistds, dijeron. 

Sólo la primera persona del plural sigue la analogía de la tercera. 

( Latín. . . . deberé. ( déln>to. ( debeddo. 

\ Castellano, deber. ( debi-do. (debiendo. 

En los participios y gerundio, el acento se regula por la analogía de los de 
la tercera. 

Primera conjugación. — Segundo enunciado: 

( latin. . . . amabas, amabamus. 



PRET^lITO IMPEIFECTO. i 



Castellano, amabas, amábamos. 



La cantidad silábica pedía que dijéramos amábamos, pero la analogía uni- 
formó el acento según la base del singular. 

FUTURO CONDICIONADO. . amarias, amaríamos, amaríais, amarían. 

Este tiempo, fundado sobre el imperfecto había, tiene la misma acentua- 
ción que él. 

í'Latin. . , , amáveras, amaverámus; amavlsses, amasses, amassemus. 

COITDICIOHALBS BN ra Y 86. < ^ . ,, . . . . ... 

( Castellano, ama— ras, ama — ^ramos; amases, amáse-mos (i). 

( Latin, . . . amáveris, amáris; amavénmus, amárimus. 

FUTUIO IMPBIPRCTO DB SUBJUNTIVO. . { ^ ^ ., , , 

\ Castellano. amares; amaremos. 

La cantidad silábica pedía amaramos, amasemos, pero la analogía los uni- 
formó según la base del singular. 

Tercera conjugación. — Segundo enunciado: 

(Latin.. . . parliel)as, partÜMs; partiebamas, partibamus. 
PBBTíÍBiTO I-PB.PBCTO. \ Castellano. parti-as; parti-amos. 

Las mismas observaciones que en la primera. 

« 
Futuro condicionado. — Es el mismo para todos los verbos, y en todos guar- 
da la misma acentuación. 

J Latin. . . . partiveras, partieras; partiveramus, partieramus. 

partieras; partiéramos (»). 

(*) Recuérdense las sincopas estudiadas en el capítulo III de esta sección. 
(^) Recuérdense las sincopas graduales estudiadas en el capitulo 111. 



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80 MORPOLOaÍA DEL VERBO 

SegÚQ la cantidad latina, debía ser partieras, pero entonces se disolvería 
el diptongo; la exigencia del diptongo, que lleva el acento en la fiíerte, hizo 
que pasara de la t á la e; por lo demás, la i forma parte de la silaba que lleva 
el acento. 

íLatin.,., partivíi5se8,partíníses,partíe8ses;partívissemus,partiiBsémiis,partícs9e^ 
{Castellano. partíóses; partíésemos. 

í Latín, . . . partíveris, partíeris; partivénmu», partíénmus. 

> Castellano. partieres; partiéremos. 

Segunda conjugación. — Segundo enunciado: 

(Latín. . , , perdebas, perdebamus. 
* Castellano, perdías, perdíamos. 

Futuro condicionado, — Perderías, perderíamos. — La explicación lo mismo 
que en las anteriores. 

Condicionales y futuro de subjuntivo. — Los regulares de la segunda están 
formados según la analogía de los de la cuarta. 

Los irregulares todos, en lo relativo al acento, se hallan regulados por la ley 
de la tercera conjugación; v. gr.: pusiera, hiciese, tuviere, lo mismo que «ar- 
itera, partiese, pariiére, etc. Hasta los que llevan el sufijo xi transformado en 
/^,y/ han adoptado la ley de la tercera en cuanto al acento; v. gr.: 

díxeras, dizisses, dízeris. 
dijeras, dijeses, dijéred. 

Como se ve por la comparación, dijeras, según la cantidad, debía ser dije- 
ras, y dijeres, dijeres; la analogía los uniformó según la ley de la tercera. 

(Latín. . . . deberé, 
t Castellano, deber. 

Los participios y gerundios están acentuados según la base de la tercera. 

Creo haber demostrado los dos enunciados propuestos precedentemente. 

En los perfectos de la segunda y algunos de la tercera conjugación se ha- 
brá podido observar que la mayoría siguen la norma de los regulares de la 
tercera; pero que hay otros que si bien siguen las leyes de la cantidad silábi- 
ca, no se someten á la influencia analógica de aquellos regulares. Con esto 
resultan entre los mismos irregulares dos clases de pretéritos por razón del 
acento: unos irregulares que son totalmente graves, como dije, dijo; vine, vino. 

Lo tros que son mixtos, ó sea gra ve-agudos; v. gr. : sali, salió; saliste, salieron. 
os perfectos regulares de la segunda y tercera conjugación son todos gra ve- 
agudos. 

FIN DEL ACENTO 

De lo expuesto resulta que el acento castellano en el verbo reconoce por 
base la cantidad silábica; en unos tiempos sin mezcla alguna de analogía; en 
otros sirviendo de base, suministrando los tipos normales á aquellas formacio- 
nes. Infiérese también que quien ignora el latín no puede conocer la posición 
de nuestro acento, si no es por hábito, por rutina ó por autoridad, no por 
convencimiento propio. 



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DBL ACENTO EN EL VEBBO CASTELLANO 81 

Habráse observado que en castellano, á pesar de la fidelidad con que se ha 
conservado el acento en las mismas sílabas que en latín, con todo eso muchas 
de las palabras graves latinas han resultado agudas en castellano, como en los 
infinitivos y pretéritos perfectos; en cambio, en otras que eran graves en la- 
tín son esdrújulas en castellano, como en las primeras personas del imperfec- 
to y los condicionales, y otras que eran esdrújulas en latín son graves en cas- 
tellano, como dmóniino, determino, réptico; castellano determino, denomino, 
replico. Todo esto se explica por los cambios fonéticos y por la analogía. En 
castellano predominan las formas graves sobre las agudas y las esdrújulas. En 
el verbo reblar se hallan en la proporción siguiente: graves, 141 formas en 
las tres conjugaciones; agudas, 24, y 15 esdrújulas. 

. Resumen de los efectos producidos por la analogía en la forma- 
ción DEL verbo castellano. — Para que se vea de una simple ojeada la par- 
te que la analogía ha tenido en la formación del verbo castellano, vamos á 
resumir los principales efectos por ella producidos. 

J .® La analogía extendió la pasiva perifrástica de los perfectos latinos á los 
imperfectos castellanos y á las formas nominales. 

2.® Extendió los sufijos seo, no, n de los tiempos imperfectos latinos á los 
perfectos castellanos y al participio pasivo. 

3.° Extendió la formación de la cuarta conjugación latina en sus diversas 
fases (tercera castellana), y en los tiempos perfectos á los perfectos de la se- 
gunda y tercera conjugación latina (segunda y tercera castellana), trasladan- 
do la cantidad, el acento, los diptongos ió, ie á todos los regulares, y á los 
irregulares las mismas innovaciones, ya en su totalidad, ya en parte. 

4.*" Extendió los sufijos formativos largos a, ?, 7, á formas que no los te- 
nían, ya en los tiempos imperfectos, ya en los perfectos, ya en las formas no- 
minales. 

5.** Trasladó el acento de algupas formas á otras, inmovilizándolo en una 
misma sílaba. 

En toda esta labor procedió, ya extendiendo simplemente sufijos á formas 
que no los tenían , ya creando temas paralelos al lado de las formas existentes, 
y en este segundo caso fué ayudada de la selección, rechazando las antiguas 
formas y sacando triunfantes las modernas. El instinto popular, al servirse 
de la imitación analógica, parece que obedecía á un plan preconcebido, á un 
fin determinado, cual era el procurar la uniformidad castellana enfrente de la 
diversidad temática latina. 



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SECCIÓN SEGUNDA 
SÍNTESIS DE LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL VERBO 

CASTELLANO 



CAPÍTULO PRIMERO 

La conjugación.— Condiciones á que han de someterse los verbos 
regulares.— fandamento en que sb apoya la unidad y pluralidad 
DE LA coNJUGAoióN.— Grupos de tiempos. 

En la sección precedente hemos examinado los elementos constitutivos del 
verbo castellano, descomponiéndolos uno por uno, cual lo exi^e el análisis 
morfológico; tócanos ahora reunirlos en su síntesis. El trabajo anterior ha 
sido de separación ; el presente ha de serlo de reconstitución y unión. La 
unión de los elementos constitutivos del verbo, materiales j formales, consti- 
tuye la conjugación. 

Etimología de esta palabra, — La palabra conjugación^ continuadora de la 
latina coniugatio, es compuesta de con = cum y de *iugatio. La preposición 
con denota compañía; la palabra iugatio es derivada de la raíz ixig, que en 
latín y en todas las lenguas arias lleva la idea general de unir, juntar. 

Esta palabra iíigatio no se encontraba en los tiempos clásicos latinos con 
existencia independiente y faera de la coujngación, mas la derivación de la 
raíz iug es evidente. La raíz iug lleva en latín la idea de unión bien determi- 
nada y precisa; ella significa apareamiento, ó sea unión de dos personas ó 
cosas. Esto se manifiesta clarisi mamen te en las palabras latinas y castellanas 
yugo, utensilio para unir dos bueyes, para formar pareja; cónyuges se llaman 
los dos seres unidos por el vínculo del matrimonio, y nuestro pueblo, con 
su buen sentido, llama yv^o jjubo á la banda nupcial con que la Iglesia cubre 
á los contrayentes del matrimonio, como lazo indisoluble de aquella unión. 
Según esto, la palabra conjugación lleva también la idea de apareamiento. Los 
gramáticos dieron esta denominación al conjunto de elementos constitutivos 
del verbo, porque todos ellos los reducían á dos clases, á los elementos mate- 
riales y á los formales, llamando á los primeros letras radicales ó simplemente 
radical y al conjunto de todos los formales terminación. La palabra conjuga- 
ción, según esto, no significa otra cosa que la unión de los elementos materia- 
les y formales del verlK>, y según la'^^scuela antigua, sería la unión del radical 



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SlNTBIálS DE LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 83 

con la terminación; he aquí la idea del apareamiento. Los griegos, que faeron 
los inventores de casi todo el tecnicismo gramatical, le dieron el nombre de 
autoYia, palacra derivada de la misma raíz iug que coniugatio y confugación. 
De conformidad con la etimología, podemos definir la conjugación diciendo 
aue es: «La unión ó síntesis de los diferentes elementos materiales y formales 
ael verbo». 

¿T con qué elementos hemos de constituir la conjugación castellana ó sín- 
tesis del verbo? La contestación es fácil de dar, una vez que tenemos hecho el 
análisis completo y detallado de todos los elementos que entran en la consti- 
tución de nuestro verbo. 

La lengua castellana es la misma lengua latina transformada, y en su con-^ 
secuencia debemos encontrar.en el verbo castellano los caracteres todos de las 
transformaciones lingüísticas, hechas por un desenvolvimiento gradual, lento 
y continuado. De conformidad con estos caracteres hemos encontrado, como 
resultante de nuestro análisis, que de los elementos constitutivos del verbo 
latino unos hemos perdido sin compensación, como los exponentes personales 
mjt, los sufijos formativos e, i, en el presente de subjuntivo, y los sufijos for- 
mativos especiales i, ut, vi, si; otros hemos perdido, pero sustituyéndolos con 
otros de la misma lengua, como los exponentes personales de pasiva, que ce- 
dieron el campo á las perífrasis pasivas, existentes en la misma lengua; otros 
han sido ampliados á mayor número de tiempos, como los sufijos seo, no, n, 
extendidos á los tiempos perfectos y formas nominales, que no los tenían; y, 
por último, el castellano ha puesto también de su propia cosecha, particular- 
mente en lo tocante á la fonética, v. gr., los diptongos en las vocales átonas, 
la adición de ciertos sonidos guturales en los presentes y la ¿í de los futuros 
para evitar la aspereza de ciertas combinaciones fonéticas. 

Por tanto, natural y lógico es que la conjugación castellana se constituya 
con todo lo que de la latina hemos conservado, alterado ó sin alterar; despro- 
vista de cuanto hemos perdido sin compensación, y adicionada con las modi- 
ficaciones fonéticas que nosotros hemos introducido; en una palabra, con 
todos aquellos elementos sancionados por el uso, y que nosotros, al mismo 
tiempo de examinarlos, hemos cuidado también de advertirlo que se hallaban 
vigentes en la actualidad. Es más; la transformación de equellos múltiples 
elementos en su tránsito al castellano hase desarrollado natural, lenta y gra- 
dualmente, sin violencia alguna, y todo conforme á las leyes fonéticas y mor- 
fológicas de permutación latino-castellana. Lo cual nos da motivo para ase- 
gurar que la conjugación formada con aquellos elementos, y en tales condi- 
ciones, es una conjugación regular, por haberse formado con arreglo á las 
leyes dé permutación latino-castellana. 

Pero hay que tener en cuenta además que en el análisis practicado en la 
sección precedente, acerca de los elementos constitutivos del verbo castellano, 
lo hemos hecho encamando dichos elementos .de propósito en radicales uni- 
formes llamados regulares, como am, tem, part, y con ellos hemos venido á 
obtener aquellos resultados. Pero si en lugar de haber incrustado aquellos ele- 
mentos formales en los radicales regulares antedichos, lo hubiéramos hecho va- 
liéndonos de otros radicales también latinos, y regulares por añadidura, codqo 
val de valere^ esta de stare, sal de salire, en este caso los resultados habrían 
sido diferentes, aunque también con arreglo á leyes fonéticas y morfológicas 
latino-castellanas; que no se esculpe la figura humana igualmente en el már- 
mol, en el bronce y en la madera aue en el yeso ó en la cera. De tomar el ra- 
dical val y con él el verbo valere latino, en vez de tomar deb de deberé ó tem 



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84 MORFOLOGÍA DBL VERBO 

de temeré, nos encontraríamos qne en la formación de los futuros absoluto y 
condicionado faltaba el sufijo formativo «, que conservan deberé j debería, j 
que en cambio los futuros de valer, valdré j valdría, poseen una d que no 
llevan los de temer ni los de deber j otros,- y que estas diferencias, acaecidas 
por defecto unas y por exceso otras, eran también el resultado de otras leyes 
no menos positivas y ciertas que las anteriores; pues sí la forma valere per- 
dió su e por sincopa en un tiempo en que había predilección por estas supre- 
siones al lado de fas líquidas, la aspereza fonética de un valré hizo necesaria 
para evitarla la inserción de una d, tal como se encuentra en toda la Edad 
Moderna. De lo cual resulta una consecuencia, y es que si aquellos verbos 
amar, temer, partir han de llamarse verbos regulares, por estar formados con 
arreglo á las leyes de permutación latino -castellana, también los otros, como 
valer, salir, poner, etc., etc., tienen el mismo derecho á ser llamados regula- 
res, por estar formados según aquellas mismas leyes, y según otras no menos 
positivas y ciertas de permutación de las dos lenguas; sin embargo, á aquellos 
verbos se les llama regulares y á éstos irregulares. La uniformidad del radical 
es uno de los caracteres de la conjugación regular. 

¿Qué diferencia hay entre una y otra regularidad? La más principal con- 
siste en que los verbos llamados regulares están en mayor número que los 
otros, y esta circunstancia de ser mayores en número hace que sus leyes se 
consideren como generales y norma de la conjugación. Los llamados irre- 
gulares son mucho menores en número, en los cuales, por otra parte, además de 
las leyes generales á que están sometidos, han intervenido otras especiales en 
su formación, siendo tan regulares como aquéllos. Yo llamaré verbos regula- 
res á los que se hallan constituidos según las leyes generales de la conjuga- 
ción castellana, y á los otros verbos regulares constituidos por ciertas leyes 
especiales á que no están sometidos los anteriores. Como par» el manejo de 
los términos técnicos es más cómodo el nombre de regulares é irregulares, 
tan en boga entre nosotros, haré uso de estas dos denominaciones, entendien- 
do que yo llamo regulares á los que están constituidos por las leyes generales 
de nuestra conjugación, é irregulares á aquellos en cuya constitución ha in- 
tervenido además alguna ley especial. De aquí la división de los verbos en re- 
gulares, cuya síntesis vamos á presentar en esta segunda sección, é irregula- 
res, de los cuales nos ocuparemos en la tercera. 

¿Cuántas conjugaciones hay en castellano? El número de conjugaciones 
variará según el principio de clasificación que se adopte. La lengua sáns- 
crita contaba diez conjugaciones, que el célebre autor de la Gramática Com- 
parada, Francisco Bopp, adoptó para la exposición del verbo en su famosa 
obra (tomo III), por lo cual dice su traductor Breal que en esta parte se 
mostró el discípulo de los indios. Algunos gramáticos griegos daban á su len- 
gua hasta trece conjugaciones. Si atendiéramos al número de radicales, se- 
rian tantas cuanta es la materia que representan. La Oramática Comparada 
ha descubierto la unidad de conjugación en la unidad de flexiones, cosa que 
la antigua gramática no llegó á bislumbrar, porque englobaban en la termi- 
nación toda la parte formal del verbo. La Gramática Comparada ha puesto 
bien en claro lo que hay de verdad en esta materia, unidad de conjugación 
en lo relativo á la flexión, tomando por flexión con especialidad la parte sub- 
jetiva del verbo, representada por los exponentes personales, y aun si se quiere 
por los sufijos temporales; pues como hemos visto en njiestro análisis, los ex- 
ponentes personales que comprenden tres grupos son respectivamente los 
mismos para todos los verbos de nuestra lengua, y por este lado la conjuga- 



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SÍNTESIS DE LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS 85 

ción es una sola; y pluralidad temática, pues como también hemos estudiado, 
los sufijos formativos de los temas verbales son tres en nuestra lengua, y estos 
tres sufijos formativos dividen todos los verbos castellanos en tres grandes 
categorías, ó tres conjugaciones en a, en «, en i, y que convencionalmente se 
llaman respectivamente primera, segunda y tercera conjugación: ama^ teme, 
partL De manera que nuestra conjugación es una por su flexión y triple por 
los sufijos formativos, por sus temas verbales. La r del infinitivo no es signo 
«de distinción, sino de unicidad; la misma r llevan todos los infinitivos. El 
nombre más adecuado es el de temas en a, temas en e y temas en í] pero es 
más cómodo para manejar el nombre de primera, segunda ó tercera conjuga- 
ción que el de temas en a, e, i; por esta razón llamaremos, como se acostum- 
bra, primera, segunda y tercera á los temas en a, e, i, respectivamente. 

Grupos de tiempos. — ^Las diferentes formas de tiempo que contiene la 
conjugación castellana vamos á presentarlas clasificadas por un método ente- 
ramente nuevo, que consiste en hacer de todas ellas cuatro grupos, y además 
uno de formas nominales. En el primero están los tres presentes de indica- 
tivo, imperativo y subjuntivo; en el segundo, el pretérito imperfecto de indi- 
cativo; en el tercero, los futuros absoluto y condicionado, y en el cuarto, los 
perfectos, ó sea el pretérito perfecto simple, el condicional en m, el comli- 
cional en se y el futuro imperfecto de subjuntivo. En las formas nominales, 
el presente de infinitivo, los participios y el gerundio. Esto hacemos con los 
tiempos sintéticos, y la misma clasificación simétrica haremos con los perifrás- 
ticos de perfecto, la pasiva y los perifrásticos de futuro. Esta tílasificación, 
que no nos cansaremos de repetir y aconsejar que se aplique en la práctica, 
por los excelentes resultados c[ue da en ella, por ser la única racional que cabe 
darse, está fundada en los principios siguientes: 

El cuarto grupo tenia un mismo sufijo formativo, más claro en latín que 
en castellano; v. gr.: amavi, amave-ran, amavi-ssen, amave-ro. En los irregu- 
lares y en la tercera conjugación castellana se nota la presencia del dicho 
sufijo en los cuatro tiempos; v. gr.: dije, dije-ra, dijese, dije-re; estuvie-ron, 
estuvie-ra, estuviese y esiuvie-re. La modificación especial de la raíz en el 
perfecto alcanzará también á los demás tiempos de este grupo; v. gr.: de 
Meer, hicieron, hiciera, hiciese, hiciere; de poner, pusieron, pusiera, pusiese, pu- 
siere. 

El grupo tercero tiene su fundamento en la identidad de sufijo formativo, 
que es la r del infinitivo, común á los dos futuros; en que los dos están for- 
maos con el verbo auxiliar haber, y en que unas mismas irregularidades al- 
canzan al uno y al otro tiempo. 

El grupo segundo se distingue de todos los otros tres porque no admite 
irregularidad alguna, como no sea la d^l imperfecto ibas. 

El primer grupo está fundado en la acentuación común á los tres, basada 
en las leyes de la cantidad silábica, y en que muchas de las irregularidades 
se extienden á los tres presentes y á nada más; v. gr.: los diptongos ue, ie; 
el grupo zc; la inserción de una g, y algunas otras, sólo alcanzan á los presen- 
tes. La clasificación que acabamos de bosquejar es morfológica, y por eso 
facilita de un inodo extraordinario su aprendizaje; se conserva con tenacidad 
en la memoria, ge recuerda con facilidad y se aplica con seguridad. Póngase 
por este método á conjugar á un niño y pídasele que conjugue el cuarto 
grupo del vetbo satisfacer, y no vacilará un piomento en contestarlo. En los 
cuadros que vamos á presentar, pueden encontrarse grandes ventajas prácti- 

MOBFOLOaÍA DEL VERBO. — 8 



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86 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

cas; por experiencia lo sé que se gana un 50 por 100 de tiempo en aprender 
por este método. 



CAPITULO II 

CUADROS SINÓPTICOS DE LOS TIEMPOS SINTÉTICOS. — TEMAS VERBALES EN a 

(primera conjugación). — ^RADICAL, Am; TEMA VERBAL, Ama. 
Yoz activa,— Verlo Am>a-r. 



^inqular. 



Plural. . 






Primer grupo de tiempos. 





PRESENTK 
DE INDICATH-O 


PHESEUTE 
DE IMPBBATIVO 


PBESEOTE 
I}B SUBJUNTIVO 


persona. . 
persona. . 
persona. 

persona. . 
persona. . 
persona. . 


amo 




ame. 


ama-s 

ama. 


ama (tú). . . . 


ame-s. 
ame. 


ama-mos 




ame-mos'. 


amá-is 

ama-n 


ama-d (vosotros) 


amé-ís. 
ame-n. 



Singular. 



Segundo grupo de tiempos. 

PBETÉBITO IMPEBFECTO 
DE INDICATIVO 



Plural. 






persona. . ania-ba. 

persona. . ama-ba-s. 

persona. . ama-ba. 

persona. . amá-ba-mos. 

persona. . ama-ba-is. 

persona. . ama-ba-n. 



Tercer grupo de tiempos. 



FÜTÜBO ABSOLUTO 
DE INDICATIVO 



FÜTÜBO 
CONDICIONADO 



Singular 



Plu7'al. 



.. { 2.» 
(3.» 



persona. . 
persona. . 
persona. . 

persona. . 
persona. . 
persona. . 



PBETÉBITO PEBFECTO 
DE INDICATIVO 



ama-r-é ama-r-ía. 

ama-r-ás ama-r-ías. 

ama-r-á ama-r-ía. 

ama-r-emos. . . . ama-r-íamos. 

ama-r-éis ama-r-íais. 

ama-r-án ama-r-ían. 

Cuarto grupo de tiempos. 

CONDICIONAL CONDICIONAL 

EN ra EN se 



FUTUBO IMPEBFKCTO 
DE SUBJUNTIVO 



Singular. 



Plural. 



{!.* persona. . amé ama-ra. . . . ama-se. . . . ama-re. 

2.* persona. . ama-ste ama-ra-s. . . ama-se-s.. . . ama-re-s. 

3.» persona. . amó. ....... ama-ra. . . . ama-se. . . . ama-re. 

{!.■ personp. . ama-mos.. .... amá-ra-mcs.. amá-se-mos. . amá-re-mos. 

2.* persona. . ama-steis ama-ra-is. . . ama-se-is. . . ama-re-is. 

3.* persona. . ama-ron. ..... ama-ra-n. . . ama-se-n. . . ama-re-n. 



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CUADROS SINÓPTIOOS DB LOS TIEMPOS SINTÉTIOOS 
Formas nominales del verbo. 

PRESEIfTEDE INFINITIVO PARTICIPIO DB PIESENTB PABnCIPIO PASIVO OEBUNDIO 



'87 



Ama-r Ama-nte. 



Ama-do. 



Aiua-ndo* 



CUADROS SINÓPTICOS DB LOS TIEMPOS SINTÉTICOS.— TEMAS VERBALES EN « 
(SEGUKDA conjugación). — ^RADICAL, Deb; TEMA VERBAL, Debe, 

Voz activa, — Verbo Deb-e-r. 



Primer grupo de tiempos. 



PRESENTE 
DB INDICATIVO 



PRESENTE 
DE IMPERATIVO 



DE arajuTíTlTO 



Singular. 



Plural 



% 
■% 



.» persona. . debo deb-n, 

persona. . debe-s debe (tú) deb-j-;s. 

persona. . debe deb-q. 

persona. . debe-mos deb-a-mn 

persona. . debé-is debe-d (vosotros), deb-á-is. 

persona. . debe-n deb-a-ii» 



Singular 
Plural. 



Segrundo grupo de tiempos. 

PRETÉRITO IMPERFECTO 
DE INDICATIVO 






1.* persona. . debí-a. 

persona. . debí-a-s. 

.» persona. . debí-a. 

I.» persona. . debí-a-mos; 

".» persona. . debí-a-ís. 

* persona. . debí-a-n. 



Tercer grupo de tiempos. 



FCTÜRCi ABSOLUTO 
DE INDICATIVO 



FUTURO 
CONDICIONADO 



Singular, 



Plural 



(1.* 

1. . .<2.« 

(3." 



persona. . debe-r-é. . 
persona. . debe-r-ás.. 
persona. . debe-r-á. . 



persona, 
persona, 
persona. 



debe-r-emos. , 
debe-r-óis. . , 
debe-r-án. . 



debe-r-ía. 

debe-r-ías. 

debe-r-ía. 

debe-r-íamos, 

debe-r-íais, 

debe-r-ían. 



Cuarto grupo de tiempos. 



PRETÉRITO PERFECTO 
DE INDICATIVO 



CONDICIONAL 

EN ra 



CONDICIONAL 

EN se 



PC TURO JMPKMlCTO 



Singular, 



Plural. 



'..<2.« 
(3.' 

;. . .<2.* 



1.» persona. . 
persona. . 
persona. 

persona, 
persona, 
persona. 



debí debi-e-ra. . . . debi-e-se debl-e-re. 

debí-ste debi-e-ras. . . . debi-e-se-s . . . debl-e-re-s, 

debi-ó debi-e-ra .... debi-e-se liebi-e-rc^ 

debi-mos debi-é-ra-mos. . debi-é-se-mos. . debi-^-re-mof. 

debi-steis debi-e-ra-is. . . debi-e-se-is. . . íiebí-e-rít-¡3. 

debi-eron debi-e-ra-n . . . debi-e-se-n . . . tkbi-e-i-e-n. 



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88 



MORFOLOGÍA DEL VERBO 

Formas nominales del verbo. 

i>R mvimntti pábticipio db pbbseittb pábticipio pasivo 



Jkbfl^r. 



Debie-nte (*). . • . ¿ . . Debi-do Debie-ndo. 



CCTABROH SINÓPTICOS DE LOS TIEMPOS SINTÉTICOS. — ^TEMAS VERBALES EN i 
(TEHOERA conjugación). — ^RADICAL, Part; TEMA VERBAL, Partí. 

Voz activa. — Verbo Part-i-r. 



Primer grupo de tiempos. 



PRESENTE 
DB INDICATIVO 



PRESENTE 
DE IMPERATIVO 



PRESENTE 
DE SUBJUNTIVO 



Íl." per!-r)na. . parto part-a. 
2.' perstma. . parte-s parte (tú) part-a-s, 
3.' jx'isjma. . parte part-a. 



FlitraL . 



2.» pej 
3^'^ pe] 



Tj^ona. . parti-mos part-a-mos. 

persona. . partí-s parti-d (vosotros), part-á-is. 

perMjna. . parte-n part-a-n. 



Segundo grupo de tiempos. 

PRETÉRITO IMPERFECTO 
DE INDICATIVO 



S'iiifíular, 



■% 



persona. . partí-a. 

,» persona. . partí-a-s. 

persona. . partí-a. 



{!.• persona. . partí-a-mos. 
2.» persona. . partí-a-is. 
3." ] 



' persona. . partí-a-n. 



Tercer grupo de tiempos. 



FUTURO ABSOLUTO 
DE INDICATIVO 



FUTURO 
CONDICIONADO 



SínsvUt 



Plui-ai 



(1.* 
r..{2.* 

(3.« 



persona. . parti-r-é. 
persona. . partí-r-ás 
persona. . parti-r-á. 



1.* persona. . parti-r-enios. 

" ' persona. . parti-r-éis. . 

persona. . parti-r-án. . 



parti-r-ía. 
parti-r-ías. 
parti-r-ía. 

parti-r-íamos. 

parti-r-íais. 

parti-r-ían. 



Cuarto grupo de tiempos. 



f B£T¿BITO PEBFECTO 
VE INDICATIVO 



CONDICIONAL 

EN ra 



CONDICIONAL 

EN se 



FUTUBO IMPEBFECTO 
DE SUBJUNTIVO 






Plnrai. 



i." periJOiiEL 
jiei'soiia. 
pt^rsoFiü, 

poT<iona. 
jiersonn. 



(1) Ko tsíi en uso. 



partí parti-e-ra. . . . 

parti-ste parti-e-ra-s. . . 

paiti-ó parti-e-ra. . . . 

parti-mos parti-é-ra-mos.. 

pnirti-steis parti-e-ra-is. . . 

parti-eron part¡-e-ra-n. . , 



parti-e-se. . 
parti-e-se-s. 
parti-e-se. . 



parti-e-re. 

parti-e-re-s. 

partí-e-re. 



par ti-é-se-mos . . parti-é-re-mos. 
parti-e-se-is. . . partí-e-re-is. 
partí-e-se-n. . . parti-e-re-n. 



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U 



CUADROS SINÓPTICOS DB LOS TIEMPOS PERIFE.ÍSTICOS 



89 



Formas nominales del verbo. 

PIESEirrR DE IlíFINITITO PABTICIPIO DK PEESBNTK PABTICIPIO PASIVO 



Partí-r Partíe-nte (*) Partí-do. Partíe-ndo. 

TIEMPOS PERIFRÁSTICOS DE PERFECTO 

Estos tiempos se forman en castellano con el auxiliar haber y el participio 
pasivo del verbo que se conjuga, en el número aparentemente singular y en 
el género también en apariencia masculino {J). Los tiempos así formados son 
tantos cuantos son los tiempos sintéticos del verbo haler y de todos los ver- 
bos completos, á excepción del imperativo. Con los tiempos perifrásticos, por 
tanto, podrán constituirse simétricamente los mismos cuatro grupos de tiem- 
pos que hemos formado con los tiempos sintéticos. Esta clasificación, además 
de la importancia para su mejor aprendizaje, la tiene muy grande para faci- 
litar la exposición de los usos sintáxicos, por la correspondencia que con aqué- 
llos guardan las proposiciones compuestas. En esta fase especial de nuestra 
conjugación, el auxiliar representa las ideas de persona, número, voz y rela- 
ción temporal y modal; y el participio, además de representar las ideas co- 
rrespondientes al radical, lleva el sufijo formativo de la conjugación respec- 
tiva y el del grupo de los perfectos. Su conocimiento y formación son fáciles, 
muy fáciles, conocido que sea el auxiliar haber y el participio que con él en- 
tra á constituirlos. El participio representa al tema verbal, y contiene, por 
tanto, el atributo del verbo. 

CUADROS SINÓPTICOS DB LOS TIEMPOS PERIFRÁSTICOS DB PERFECTO.— TEMAS 

EN a, e, i (primera, segunda y tercera conjugación) 
Voz activa.^Verbos Amar, Deber, Partir. 



Primer grupo de tiempos. 

PERFECTO PRÓXIMO DB INDICATITO PERFECTO DE SCBJÜNTITO 



Singular. 



Plural. 



[ !.• persona. , 
~ ** persona. 
» persona. , 

1 .* persona. , 
persona, 
persona. 



<2.« 



he. . 
has., 
ha. . 

hemos, 
habéis, 
han.. 



os. i 
is. 1 



amado, debido, partido. 



haya. . 
hayas., 
haya. . 

hayamos. I 
hayáis. , 
hayan.. 



Samado, debido, partido. 



Segando grupo de tiempos. 

PLUSCUAMPERFECTO DE INDICATIVO 



Singular, 



Plural. 



(l.« 

. . .<2.« 
(3.a 



1." persona. . 

~ * persona. , 

" persona. 

1.a persona, 
persona, 
persona. 



había. . . 
habias.. 
había. . . 

habíamos, 
habíais. . 
habían. . 



> amado, debido, partído. 



í*) No está en uso. 

(5) El participio en estas formaciones, aunque en apariencia es del género masculino, realmente no tiene 
género, pues la misma forma se emplea con un sufijo masculino que con un femenino. Tampoco tiene núme- 
ro, pues se refiere con la misma forma al singular y al plural. 



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90 



MORFOLOGÍA DEL VERBO 



(1.a 
Singular., I 2.^ 

(l.« 

il.. .{2.* 

(3.« 



Plural, 



1.* persona. 

" ° persona. 

persona. 

1.* persona. 

" * persona. 

persona. 



Tercer grupo de tiempos. 

FUTUEO PEBFECTO DE INDICATIVO FUTUHO CONDICIONADO HABEÍA 



habré.. . . 
habrás. . . 
habrá. . . . 

habremos. . 
habréis. . . 
habrán. . . 



> amado, debido, partido. 



habría.. . 
habrías. , 
habría.. 

habríamos, 
habríais., 
habrían. . 



) amado, debido, partido. 



Singular, 



Plural. 



[ 1.* persona. 

~ "* persona. 

^ persona. 

^ 1.* persona. 

" ** persona. 

' persona. 



(l.«p 
(3.a I 

.<2.ai 
(3.«1 



Singular,. < 2.» 

(1.a 

lí. . .<2.a 

(3.« 



Plural, 



persona, 
persona, 
persona. 

l.a persona, 

" * persona. 

persona. 



Cuarto grrupo de tiempos. 



PERFECTO REMOTO DE INDICATIVO 



hube. . . . 
hubiste. . . 
hubo. . . . 

hubimos. . 
hubisteis, 
hubieron. , 



CONDICIONAL HUBIERA 



S amado, debido, partido. 



hubiera. . . 
hubieras. . 
hubiera. . , 



; amado, debido, partido. 



CONDICIONAL HUBIESE 



hubiéramos i 
hubierais. . I 
hubieran. . ) 

FUTURO PERFECTO DE SUBJUNTIVO 



hubiese, 
hubieses, 
hubiese 



hubiere. . . 
hubieres. . 
hubiere. 



)iese. . . I 
ñeses.. . I 
Hese. . . ! hubiere. . . I 

(^ amado, debido, partido. \ amado, debido, partido, 

hubiéremos f 
hubiereis. . 
hubieren. 



Formas nominales del verbo. 

PERFECTO DE INFINITIVO GERUNDIO DE PRETÉRITO 



Haber amado, debido, partido. Habiendo amado, debido, partido. 

Voz PASIVA. — La VOZ pasiva en castellano se forma con el auxiliar ser j el 
participio pasivo del verbo que se conjuga. Este participio, como si fuera un 
adjetivo, concuerda con el sujeto del verbo en género y número, expresándo- 
se en la forma masculina ó femenina según que el sujeto sea del género mas- 
culino ó femenino j en singular ó plural según que dicho sujeto sea uno ó 
muchos. Esto constituye una diferencia capital entre el participio que entra 
en la pasiva y el mismo participio de los tiempos perifrásticos de perfecto en 
la voz activa. Ccn la voz pasiva se forman los mismos grupos de tiempos 
que en la voz activa con los tiempos sintéticos y perifrásticos. De esto resulta 
que nuestra pasiva tenga cuatro grupos de tiempos simplemente perifrásticos 
y otros cuatro grupos de doblemente perifrásticos, además de las formas no- 
minales. Etí la voz pasiva, el auxiliar ser representa la persona, el número, el 
tiempo y el modo, y el participio lleva consigo el radical, el sufijo formativo 
general y la voz pasiva con el sufijo formativo. El participio representa por 
tanto el tema verbal, y en su consecuencia él contiene la parte atributiva del 
verbo. Su conocimiento y formación son sencillísimos, conocido que sea el 
auxiliar ser y el participio pasivo que entra en la constitución de todas las 
formas de esta voz. 



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CUADROS SINÓPTICOS DE LA VOZ PASIVA 



9,1 



CUADROS SINÓPTICOS DE LA VOZ PASIVA. — TIEMPOS SIiyiPLEMÉNTE PERI- 
FRÁSTICOS. — TEMAS EN a, e, i (PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA CON- 
JUGACIÓN). 



pua 



PBESBNTE SE INDICATIVO 



Primer grupo de tiempos. 



PRESENTE DE IMPERATIVO 



PHESBNTE DE SUBJUNTIVO 



1.» 

2.* 
3.« 

' 1.» 
2.* 
3.« 



eres U^^**®» debido, partido. 
* '(amada, debida, partida. 



Singular. 

sé /túíí^^*"^*^**' debido, partido. 
^ ajamada, debida, partida. 

Plural. 



^' • '(amado, debido, partido. 
* • jamada, debida, partida. 



g^.?**^íí"nados, debidos, partidos. , (amados, debidos, partidos. Jf??"^^ I amados, 
^jj* 'iamadas, debidas, partidas. *^' '¡amadas, debidas, partidas. !~~ ' '(amadas, 



debidos, partidos.^ 
debidas, partidas. 



Segundo grapo de tiempos. 

PRET^.SITO IMPERFECTO DE INDICATIVO 



Singular. 



Plural. 



•,.12.* 
1 3.* 

■íi; 



persona. . 
persona. , 
persona. , 

persona, 
persona, 
persona. 



era. . . 
eras.. . 
era. . . 

éramos 

erais. 

eran, 



} amado, debido, partido, 
amada, debida, partida. 



IOS 'í 



amados, debidos, partidos, 
amadas, debidas, partidas. 



Singular.. 



Plural. 



lií 



Tercer grupo de tiempos. 



FUTURO ABSOLUTO DE INDICATIVO 



FUTURO CONDICIONADO 



■■ Süa ■ Zí ■ • l^^^O' «"«"do, partido. 



serías (aunado, debido, partido, 
sería j aunada, debida, partida. 

Í2 * persona seréis **^ i ^°*2idos, debidos, partidos. ffJJais *'^ V *""^dos, debidos, partidos. 
s!» persona! '. serán.' .*/ amadas, debidas, partidas. ^^^^^^' ; Jamadas, debidas, partidas. 



PRETÉRITO PERFECTO 
DE INDICATIVO 



Cuarto grupo de tiempos. 

CONDICIONAL EN Fa CONDICIONAL EN Se 



FUTURO IMPERFECTO 
DE SUBJUNTIVO 



Singular. 

l."p» '**^- • -í^dcf nartído fuera. . .jamado , da; fiíese. . ./amado , da; fuere. . .íamado , da; 

2.* p.8 **"^*®-* Jamada debí *«*«ras.. .[ debido, da; fueses.. .[ debido, da; fueres.. .[ debido, da; 

3.* p.a íué. . .( ^^ partida f"®'*^- • -i partido, da. fuese. . .) partido, da. fuere.. .) partido, da. 

Plural. 

1.® p." ft»únos í^^^^ ^' ..^ '" fuéramos ) amados , das; fuésemos) amados, das; fuéremos , amados, das; 

2.» p." fuisteisr^Jr^P^""^^^^ fuerais. .[ debidos, das; fueseis. .[ debidos, das; fuereis. .> debidos, das; 

3.a p.» f^6^*>"*( das partiXs ^"^^an.. .) partidos, das. fuesen. .) partidos, das. fueren. .) partidos, das. 

Formas nominales del verbo. 

PRESENTE DE INFINITIVO PARTICIPIO PASH'O GERUNDIO 



Ser amado, debido, partido. Sido amado, debido, partido. Siendo amado, debido, partido. 



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92 



MORFOLOGÍA. DEL VERBO 



CUADROS SINÓPTICOS DE LA VOZ PASIVA. — TIEMPOS DOBLEMENTE PERI- 
FRÁSTICOS. — TEMAS EN a, e, i (PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA CON- 
JUGACIÓN). 



(1.a 
Singular., ] 2.» 

. . J 2.» 
(3.a 



Plural. 



Primer grupo de tiempos. 

PBEFKCTO PEÓXIMO DE INDICATIVO PEBFBCTO DB SÜBÍUNTITO 



persona. . 

persona. . 

3.a persona. . 

1 .a persona. . 

" " persona. . 

persona. . 



he sido. , 
has sido., 
ha sido. 



\amado^ da; debido, da; J^JJ/sidi.. 
partido, da. <» . . 



•J 



haya sido. 



* I amado, da; debido, da; 

* I partido, da. 



hemos sido. -í amado», das; debidos, l;*S'*lidf °' W^<«' '^J '*í'''«"' 
¡¡^''ido.'"::! -ia': partidos, das. ¡¡«J^lf ^tíit i | das; partidos, das. 



Segundo grupo de tiempos. 

PLDSCUAMPBBFECTO DE INDICATIVO 



Singular 



Plural 



(1.a 

■..i 2.a 

(3.a 

(1.a 

1. . .] 2.a 

fsa 



persona, 
persona, 
persona. 



había sido 
habías 
había sido 



sido. . .) 
sido. . . > 
sido. . . / 



amado, da; debido, da; partido, da. 



.a persona. . habíamos sido. ) . ... 

" persona. . habíais sido.. . > amados, das; debidos, das; partidos, das. 
3.a persona. . habían sido.. . ) 



Plural. 



(1.a 



persona, 
persona, 
persona. 



Tercer grupo de tiempos. 

FOTUBO PEEFECTO DE INDICATIVO FUTÜBO CONDICIONADO HABBÍA 



(1.a persona. . 

Singular. . ] 2.* persona. . 

' 3.a persona. . 



habré sido.. . . ^ j j j u'j habría sido, 
ffis^do.: :h7,^^^^^^ habrías sido, 

habrá sido.. . . ) ^^' P^'^''^^' ^^- habría sido. 



¡amado, da; debido, 
da; partido, da. 



habrán sido.. . ) ^^' V^^^os, das. ^^^^j^^ g.¿,^ ^ j 



das; partidos, das. 



(1.a 
Singular.. < 2.a 

(1.a 

.«{2.a 

(3.« 



Plural. 



1.a persona. 

" a persona. 

persona. 

1 .a persona. 

" * persona. 

persona. 



Cuarto grupo de tiempos. 

PEBPECTO BEMOTO CONDICIONAL HÜBIEBA 



hube sido.% . 
hubiste sido.. . > 
hubo sido. . . . j 



hubimos sido, 
hubisteis sido, 
hubieron sido, 



( amado, da; debido, 
da; partido, da. 



(amados, das; debidos, 
das; partidos, das. 



hubiera sido.. .í^mado, da; debido, 
SeTsSt-:! <^;¿artido,da. 



hubiéramos sido 
hubierais sido. . 
hubieran sido. 



:! 



amados, das; debidos, 
das; partidos, das. 



CONDICIONAL HUBIESE 



FCTÜBO PEBFECTO DB SüBJüNTITO 



Singular. 



Plur 



(1.a 
J o a 

'(3> 

(1.a 

ral. . ,<2.a 

(3.a 



persona, 
persona, 
persona. 

1 .a persona. , 

^ " persona. , 

persona. , 



hubiese sido.. .1^,^ 4 ¿1^^^ 
íotesTsfiJ:-:! «»a;par«áo.da. 
hubiésemos sido I ¿ ¿ ¿^^.¿ 
íübresen:^:::! Oas; partidos, das. 



hubiere sido, 
hubieres sido. 



(amado, da; debido, 
da; partido, da. 

hubiéronos sido 1 ^ ^ ¿ yj 
£S:'usMo":;( «ian partidos, das. 



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CUADROS SINÓPTICOS DE LA. CONJUGACIÓN PERIFRÁSTICA 
Formas nominales del verbo. 

PREFECTO DK I^KJPÍITIVO GEHUNDIO DE PRETÉRITO 



{amado, da; dos, das; ( amado, da; dos, das; 

debido, da; dos, das; Habiendo^sído. .< debido, da; dos, das; 
partido, da; dos, das. * ( partido, da; dos, das. 



CUADROS SINÓPTICOS DE LA PASIVA REFLEXIVA 



La pasiva reflexiva se forma añadiendo el pronombre reflexivo se á verbos 
transitivos en la tercera persona del singular y del plural de la voz activa. La 
pasiva reflexiva puede confundirse fácilmente con las proposiciones transiti- 
vas reflexivas. Para distinguirla se mira si responde á una proposición de la 
pasiva ordinaria; v. g.: No se daba ni se pedia cuartel. Estes dos proposicio- 
nes son pasivas reflexivas, y equivalen á estas otras: Cuartel no era dado, 
cuartel no era pedido. En la sintaxis, donde se exponen sus usos, es donde 
mejor puede conocerse la diferencia entre unas y otras reflexivas; el siguiente 
cuadro dará una idea de lo que son estas pasivas: 



TIEMPOS SINGULAR PLURAL 



Presente de indicativo Se da cuartel Se respetan las vidas. 

Presente de sübjcntiyo. Se dé cuartel Se respeten las vidas. 

Pretérito imperfecto Se daba cuartel • Se respetaban las vidas. 

Futuro absoluto. Se dará cuartel Se respetarán las vidas. 

Futuro condicionado Se daría cuartel Se respetarían las vidas. 

Pretérito perfecto de indicativo.. Se dio c^iartel Se respetaron las vidas. 

Condicional ra Se diera cuartel Sé respetaran las vidas. 

Condicional se Se diese cuartel Se respetasen las vidas. 

Futuro de subjuntivo Se diere cuartel Se respetaren las vidas. 

Presente de infinitivo Darse cuartel Respetarse las vidas. 

Gerundio Dándose cuartel Respetándose las vidas. 

Perfecto próximo Se ha dado cuartel Se han respetado las vidas. 

Perfecto de subjuntivo Se" haya dado cuartel. . . . Se hayan respetado las vidas. 

Pluscuamperfecto de indicativo.. . Se había dado cuartel. ... Se habían respetado las vidas. 

Futuro perfecto Se habrá dado cuartel. ... Se habrán respetado las vidas. 

Indicativo Se habría dado cuartel. . . Se habrían respetado las vidas. 

Perfecto remoto Se hubo dado cuartel. ... Se hubieron respetado las vidas. 

Condicional hubiera Se hubiera dado cuartel. . . Se hubieran respetado las vidas. 

. Condicional hubiese.. Se hubiese dado cuartel. . Se hubiesen respetado las vidas. 

Futuro perfecto de subjuntivo. . . Se hubiere dado cuartel. . . Se hubieren respetado las vidas. 

Pretérito de infinitivo Haberse dado cuartel. . . . Haberse respetado las vidas. 

Gerundio de perfecto Habiéndose dado cuartel. . Habiéndose respetado las vidas. 



CUADROS SINÓPTICOS DE LA CONJUGACIÓN PERIFRÁSTICA 

Esta conjugación se forma con el auxiliar haber, la preposición ¿fo y el pre- 
sente ó pretérito de infinitivo. Llámase también de obligación, porque ade- 
más de la idea de futuro expresa la necesidad ú obligación de hacer lo que 
significa el infinitivo. En lugar del verbo haber, puede emplearse en esta perí- 
frasis el verbo tener con de ó con que. Vamos á indicar solamente las prime- 
ras personas, pues su conocimiento y formación son sumamente fáciles. 



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04 MORFOLOGÍA DEL VEBBO 

TIEMPOS ACTIVA PASIVA 



Pbbsente de indicativo He de dar. He de ser dado. 

Pbksente dk subjuntivo Haya de dar Haya de ser dado. 

PBETjéBrro IMPEBFBCTO. Había de dar Había de ser dado. 

FcTUBO ABSOLUTO Habré de dar Habré de ser dado. 

FuTUBO CONDICIONAL Habría de dar Habría de ser dado. 

Pbetébito pebfecto Hube de dar Hube de ser dado. 

Condicional rlbieba Hubiera de dar Hubiera de ser dado 

Condicional hubiese Hubiese de dar Hubiese de ser dado. 

FuTüBo de subjuntivo.. Hubiere de dar Hubiere di ser dado. 

Pbbsente de indicativo Haber de dar Haber de ser dado. 

Gebundio de FUTUBO Habiendo de dar Habiendo de ser dado. 

Pebfecto pbóximo He de haber dado He de haber sido dado. 

Pebfecto de subjuntivo Haya de haber dado Haya de haber sido dado. 

Pluscuampebfecto de indicativo.. . Había de haber dado. . . . Había de haber sido dado. 

FüTUBO pebfecto Habré de haber dado Habré de haber sido dado. 

FuTUBO condicional. , , . Habría de haber dado. . . . Habría de haber sido dado. 

Pebfecto bemoto Hube de haber -dado Hube de haber sido dado. 

Condicional hubieba Hubiera de haber dado. . . Hubiera de haber sido dado. 

Condicional hubiese Hubiese de haber dado. . . Hubiese de haber sido dado. 

FuTüBO pebfecto de subjuntivo. . . Hubiere de haber dado. . . Hubiere de haber sido dado. 

FuTUBO DE iNFiNiTWo Haber de haber dado. . . . Haber de haber sido dado. 

Gebundio de futubo Habiendo de haber dado.. . Habiendo de haber sido dado. 



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SECCIÓN TERCERA 
DE LOS VERBOS QUE EN SU CONSTITUCIÓN SE Rl&EN 

POR LEYES ESPECIALES 
^ VERBOS «IBBEGULARBS» Ó D& «RADICAL MULTIFORME» 

Se llaman asi por los gramáticos todos aquellos yerbos que, por seguir algu- 
nas leyes especiales, presentan en su constitución ciertas diferencias respecto 
de los llamados regulares. Estas diferencias no se hallan en los tiempos j^m- 
frásticos j si sólo en los sintético». Tampoco se hallan en los exponentes per- 
sonales ni en los sufijos temporales; encuéntranse únicamente en el radical y 
en los sufijos formativos, generales ó especiales. Las diferencias consisten en 
el acento alguna vez; en supresión de sonidos, como en habré por Mberé; en 
adiciones, como la d en tendré; en refuerzo de vocales tónicas en diptongos, 
y otras varias que tendremos ocasión de observar. 

Plan que hemos de seguir en el estudio de los verbos irregulares. — ^El plan 
que vamos á seguir es el siguiente: verbos que tienen completos todos sus 
tiempos y verbos que no los tienen. Los verbos irregulares completos son: 
1.°, verbos de diferentes raices ó grupos de verbos que sufren una misma 
irregularidad; 2.*, verbos que, procedentes de una sola raíz, admiten varias 
irregularidades. Los incompletos son también de dos clases: 1.*, verbos que 
completan sus tiempos con diversas raíces; 2.*, verbos que no se usan más que 
en algunos tiempos, números y personas. Con esto podemos formar cuatro 
capítulos, susceptibles de nuevas subdivisiones. 



VERBOS IRREGULARES 



CAPITULO PRIMERO 



CLASE PRIMERA Ó CLASE DE LA ALTERNATIVA FONÉTICA ENTRE LA 6 ÁTONA 
QUE SE CONSERVA Y LA é TÓNICA QUE SE TRANSFORMA EN EL DIPTONGO ic 

Entre los verbos que trausforman la e del radical en el diptongo ie, están 
los siguientes: 

Sosegar. 

Desasosegar. 

Temblar. 

Temar. 

Atentar. 

Intentar. 

Trasegar. 

Travesar. 

Atravesar. 

Tropezar. 

Aventar. 

Reventar. 



Acertar. 


Recalentar. 


Empedrar. 


Helar. 


Regar. 


Concertar. 


Cegar. 


Desempedrar. 


Deshelar. 


Regimentar 


Desacertar. 


Cerrar. 


Empezar. 


Herrar. 


Negar. 


Acrecentar. 


Encerrar. 


Enmendar. 


Incensar. 


Renegar. 


Adestrar. 


Cimentar. 


Encomendar. 


Manifestar. 


Sarmentar. 


Alentar. 


Comenzar. 


Recomendar. 


Mentar. 


Segar. 


Desalentar. 


Confesar. 


Ensangrentar. 


Merendar. 


Sembrar. 


Apretar. 


Desmembrar. 


Errar. 


Nevar. 


Sementar. 


Arrendar. 


Desterrar. 


Aferrar. 


Pensar. 


Sentar. 


Subarrendar. 


Enterrar. 


Fregar. 


Plegar. 


Asentar. 


'Desarrendar. 


Desenterrar. 


Gobernar. 


Desplegar. 


Serrar. 


Calentar. 


Emparentar. 


Desgobernar. 


Replegar. 


Aserrar. 



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96 



MORFOLOGÍA DEL VERBO 



La mayor parte de los verbos irregulares que refuerzan la e tónica con el 
diptongo ie pertenecen á la primera conjugación; pero los hay también de la 
segunda y de la tercera, y á veces mezclados con otras irregularidades. Véanse 
entre otros los siguientes: 



Ascender. 


Defender. 


Atender. 


Desmentir. 


Discernir. 


Descender. 


Cerner. 


Desatender. 


Sentir. 


Concernir. 


Encender. 


Tender. 


Extender. 


Consentir. 


Convertir. 


Trascender. 


Verter, 


Perder. 


Disentir. 


Invertir. 


Hender. 


Contender. 


Mentin 


Resentir. ^ 


Revestir (»). 



Estos verbos refuerzan la e del radical en el diptongo ie cuando el acento 
recae sobre dicha e. Esto se verifica solamente en el primer grupo de tiempos, 
y de este grupo sólo en nueve formas: cuatro del presente ae indicativo, que 
son primera, segunda y tercera del singular y tercera del plural; una del im- 
perativo, segunda del singular y cutitro del presente de subjuntivo, que son 
primera, tegunda y tercera del singular y tercera del plural. T como el acen- 
to no vuelve á recaer sobre aquella e del radical en ninguna de las múltiples 
formas del verbo, el fenómeno de^ refuerzo en el diptongo ie tampoco se repro- 
duce; un ejemplo nos hará ver esto con toda claridad, sea el verbo cerner: 

p í Sin reforzar sería: cerno, cernes, cerne; cernemos, cernéis, cernen. 

i'iKSEME DE INDICATIVO. | ^gf^jp^ado es: cierno, ciernes, cierne; cernemos, cernéis, ciernen, 

T í Sin reforzar sería: cerne (tú), cerned (vosotros). 

IMPERATIVO ( Reforzado es: cierne (tú), cerned (vosotros).- 

Prkspntp xív sriuiiNTivn / ^^" reforzar sería: cérna, c^rnas, cérna; cernamos, cernáis, cérnan. 
SUBJUNTIVO. I Hefor2ado es: cierna, ciernas, cierna-, cernamos, cernáis, ciernan. 

Pretérito imperfecto > « . „„,„!«.««„ «♦« 
DE INDICATIVO } C^^"'^' cemíamos, etc. 

"coiÍdicionado^^^^ ^ } Cerneré, cerneremos; cernerías, cerneríamos. 

^T^rf ?°J,.*.fíf!l^f 1Í!!.V \ Cerní, cernimos; cerniera, cerniéramos; cernieses, cerniésemos; cerniere, cerniéremos. 

lAiía 1 FUTURO DE SuBJ^ I 

Formas nominales. . . infinitivo, cerner; participio pasivo, cernido ;"gebündio, cerniendo. 

Esto nos demuestra hasta la evidencia que la causa primordial de este fe- 
nómeno es el acento; á estos cambios puede aplicárseles en toda su integridad 
el principio lógico de posita causa, ponitur ef/ectus; aúblata causa, tolUtur effec- 
tus. El refuerzo de la e tónica en «^ se explica por la ley fonética diez y nueve. 

Conviene, sin embargo, advertir que la posición y energía del acento favo- 
recen ó contrarían la cantidad que tenía en latín aquella vocal, pero más que 
todo los sonidos circundantes anteriores y posteriores á la vocal e del radical. 
Sin que pueda establecerse una regla fija y absoluta, es indudable que ciertos 
sonidos favorecen ó contrarían la transformación de la e en ie. Favorecen este 
desarrollo: 1.®, la r ya sola, ya seguida de obra consonante, especialmente den- 
tal; V. gr.: herir y hiere; errar ^ yerra-, perder, pierde; advertir y advierte; 2.°, la 
n seguida de las dentales; v. gr.: mentir, miente-, ascender, asciende-, 3.®, la s 
ya sola, ya seguida de otra dental; v. gr.: manifestar y manifiesta-, adestrar y 
adiestra-, confesar y confiesa-, 4.*, la z no es extraña á estos fenómenos. Empe- 
zar y empieza; comenzar y comienza; tropezar y tropieza. 

Contrarían aquella transformación: I.**, los diptongos que empiezan con i, 
como ie, ia, io; v..gr.: compendiar, compendio, compendias, compendies; reme- 

(O De algunos de estos verbos se hablará más adelante, con motivo de otros cambios que sufren las vocales. 



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VERBOS IRRBaULAREB ' 97 

diar, remedio, remedias y remedies; sería cacofónica la concurrencia de dos dip- 
tongos en dos silabas inmediatas; el castellano rehuye estas combinaciones; 
2,°, los radicales que llevan 11, ñ, ch, junto á la e de que tratamos; v. gr.: lle- 
nar, llevar, llegar; lleno, llevo, llego; acorchetar, acorcheto; S.®, los mismos so- 
nidos II, ch, ñ cuando siguen á la e del radical; v. g.: atropellar y atropellas; 
sellar y sellas; sospechar y sospechas; desechar y desechas; domeñar y domeñas; 
empeñar y empeñas; reseñar y reseñas. Los números 2 y 3 obedecen á la mis- 
ma ley que el primero. La th, II, ñ, llevan todavía la resonancia de la i que 
entró en su formación, y esta resonancia forma un diptongo con la vocal que 
sigue á la II, ch, ñ, que es la e radical ú otra vocal, si es en la sílaba siguien- 
te. El casteÚano actual, así como rechaza la concurrencia de diptongos, recha- 
za también la del diptongo al lado de la II, ch, ñ, porque estas consonantes, con 
la resonancia de su i constitutiva, forman siempre un diptongo ó una con- 
tracción con la vocal que les sigue. lAegar y lievar se decía antes, y hoy llegar 
y llevar. En la Edad Media, siglos xii, xiii y aun en el xiv, se toleraban mu- 
chas concurrencias de diptongos, como castiello, portiello, raliello, que en el 
período de perfeccionamiento fonético desaparecieron. También se toleraban 
diptongos, como en siemplos, viedar, disiestes, que hoy no existen. 4.°, los 
grupos ct, ng, zc; v. gi*. : inyectar, inyectas; vengo ai lado de vienes; tengo al lado 
de tienes; crecer y crezca; 5.^ los que llevan gutural aspirada^ ó;i antes ó des- 
pués de la e radical; v. gr. : d^ar y dejas; aquejar y aquejas; injertar é injertas, 
enajenar y enajeno. Las reglas que se oponen al refuerzo son más absolutas que 
las que lo favorecen. En estas últimas hay muchos verbos que no refuerzan la e 
tónica; V. gr.: insertar, itiserto, al lado de desertar, desiertas; al lado de defien- 
do se halla ofendo. Esto nos da á entender que el refuerzo d^ la e tónica en ie 
por la acción del acento dista mucho de ser universal; la causa de no verificar- 
se es bien clara en algunos, especialmente en los que se oponen por diptongo 
y por las consonantes II, ch, ñ, pero en otros muchos no. ¿Cómo averiguar la 
causa de que se diga defiendo y ofendo, siendo los dos derivados de una misma 
raíz? Templar y temblar son bien parecidos, y de templar decimos templas y de 
temblar tiemblas. Aprendo, reprendo, comprendo, dependo, suspendo, llevan el 
grupo nd'y no se transforman en ie; segar y disecar^ llevar y elevar, recono- 
cen un mismo origen; de lo cual resulta que en la práctica el mejor procedi- 
miento para el uso de estos verbos es proporcionarse catálogos de verbos ad- 
mitidos por el uso, siquiera hayan sido recogidos empíricamente, pues no se 
pueden dar reglas fijas positivas; las negativas son más seguras. Este fenó- 
meno es propio de las lenguas romances, y con especialidad de la lengua cas- 
tellana; lo^ latinos carecían de este refuerzo debido al acento. 

Muchos de estos verbos tienen correspondencia en sustantivos y adjetivos, 
los cuales, y por las mismas leyes, transforman la e de las raíces en ie; v. gr. : 
dente y diente; nieve y nieva; comienzo y comienzas; tierra y desterrar; desierto 
y desiertas; esta correspondencia es una regla bastante aproximada paia co- 
nocer si un verbo que lleva e en la raíz, cuando sea tónica, se ha de trasfor- 
mar en «^ ó no. 

El refuerzo de la e tónica en ie es tan antiguo como nuestra lengua; perte- 
nece al período morfológico. En el Poema del Cid se encuentra corriente- 
mente; V. gr.: dYa quiebran los albores e vinie la mannanaj>. «E por la loma 
ayuso pienssan de andary> (ibíd.). ^Mientes Ferrando de quanto dicho hasi> 
(ibídem). ^Defiende las mongiasy> (Bbrceo, Loor 228). 

No se debe confundir este diptongo variable, debido á la acción del acento, 
con el otro que es permanente en todas las formas del verbo, porque este úl- 



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98 



MORFOLOafi. DEL VBRBO 



timo proviene por contracción de dos vocales que antes se pronunciaban se- 
paradamente en latín; por esta razón, aunque el acento salte á otra silaba, el 
diptongo subsiste, al contrario de lo que en el primero sucede; v. gr.: orien- 
tar j desorientar y impacientar, aquietar , inquietar, todos los cuales reconocen 
su origen en el latín; esto es, de oriente, impatiente, quieto, los cuales se pro- 
nunciaban ori-ente, impaci-ente, qui-eto. 

Estos verbos que transforman la e radical en ie, obedeciendo á nna de las 
leyes más eficaces de la lingüística neolatina, cual es el acento, son por esto 
solamente llamados irregulares. Las diferencias que estos verbos presentan en 
las nueve personas antedichas se hallan solamente en uno de los varios ele- 
mentos constitutivos, que es el radical; en todos los demás no hay variación 
alguna. 

¿Se transforma en ie la vocal radical tónica de cualquier verbo castellano? 
Ya hemos visto que no. ¿Qué regla práctica puede señalarse para su acertado 
uso? Ya hemos dicho que las reglas negativas son seguras, al menos las de 
los diptongos ia, ie, io, y las de las consonantes II, ch, ñ, porque con éstas re- 
sulta incompatible, f^gún nuestra fonética. Para las positivas no hay regla 
fija; las palabras simples ayudan á^ conocer á las compuestas, pero no siem- 
pre; los sustantivos y adjetivos á los verbos de la misma familia, p©ro no es 
seguro. Al lado de deñendo está ofendo, aterrar y aterro. 

Parecidos son temblar y templar, y el primero forma tiemblo y el otro templo 
y contemplo. 

Hay numerosos verbos que no reciben el diptongo, como rezar, elevar, pe- 
car, secar, pegar, legar, delegar, elevar, insertar, regentar, injertar, ciajenar, 
pelar, velar, repeler, sin que sepamos designar la causa de que la analogía no 
los haya extendido también á ellos. Por esta razón el uso es el que domina, y 
para proceder con acierto, lo mejor es formarse catálogos de esta clase de 
verbos. 

No se consideran como irregularidades los simples cambios.de ortografía; 
V. gr.: en corregir y corrijo; creyó, creyera, en lugar de creió, creiera; sacar y 
saqué. 

En el verbo errar se dice yerro, yerra, en vez de ierro, ierra, porque en 
principio de dicción seguida de vocal, lo mismo que en principio de sílaba 
intermedia, la i se hace consonante, y el sonido consonante paladial actual- 
mente lo representamos por y. 

SEGUNDA CLASE DE VEEBOS IRREGULAEES 

ó CLASE DE LA ALTERNATIVA FONÉTICA ENTRE JjIí O ÁTONA QUE SE CONSERVA 
Y LA Ó TÓNICA QUE SE TRANSFORMA EN EL DIQTONGO UC 

Entre los verbos que refuerzan la o en ue, cuando recae el acento tónico 
sobre ella, están como más usados los siguientes: 



Acordar. 

Concordar. 

Recordar. 

Desacordar, 

Acornar. 

Descornar. 

Aforar. 

Desaforar. 



Agorar. 


Consolar. 


Desosar. 


Holgar. 
Hollar. 


Repoblar. 


Almorxar. 


Desconsolar. 


Encontrar. 


Probar. 


Amolar. 


Contar. 


Encordar. 


Amoblar. 


Aprobar. 


Apostar. 


Descontar, 


Engrosar. 


Desamoblar. 


Desaprobar. 


Avergonzar. 


Recontar. 


Desengrosar. 


Mostrar. 


Comprobar. 


Desvergonzarse, 


Degollar. 


Forzar. 


Demostrar. 


Reprobar. 


Colgar. 


Denostar, 


Reforzar. 


Poblar. 


Acostar. 


Descolgar. 


Desollar. 


Esforzar. 


Despoblar. 


Recontar. 



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^ \ 



' Apostar. 
Regoldar. 
Renovar. 
Resollar. 
Rodar. 
Rogar. 
Sonar. 
Asonar. 
•Resonar. 
Consonar. 



SEGUNDA CLASE DE 


VERBOS IRRBaiTLARES 




Disonar. 


Volcar. 


Recocer. 


Demoler. 


Retorcer. 


Tostar. 


Revolcar. 


Doler. 


Morder. 


Volver. , 


Retostar. 


Soñar. 


Condoler. 


Remorder. 


Devolver. 


Trocar. 


Soltar. 


Llover. 


Oler. 


Desenvolver. 


Destrocar. 


Solar. 


, Mover. 
Conmover. 


Soler. 


Envolver. 


Trastrocar. 


Asplar. 


Absolver. 


Revolver. 


Tronar. 


Sobresolar. 


P/omover. 


Disolver. 




Atronar. 


Cocer. • 


Remover. 


Resolver. 


■x 


Volar. 


Descocer. 


Moler. 


Torcer. 




Revolar. 


Escocer. 


Remoler. 


Destorcer. 





99 



Los verbos que refuerzan la vocal o del radical en el diptongo ue tienen 
grandísima analogía con los de la clase primera, así por el procedimiento que 
emplean como por los fenómenos que se producen y las causas á que obede- 
cen. Las vocales e, o, son dos sonidos intermedios; el primero entre a, i, y el 
segundo entre a, u\ en los unos la vocal intermedia se refuerza en ie, en los 
otros la vocal del mismo grado en ue. Estos verbos refuerzan la o del radical 
en el diptongo ue, cuando el acento recae sobre dicha o. Lo mismo qne en los 
verbos de la primera clase, este fenómeno se verifica únicamente en el primer 
grupo de tiempos, en el grupo de los presentes, y de este grupo, solamente en 
nueve formas, como en aquéllos, que son primera, segunda y tercera personas 
del singular y tercera del plural de los presentes de indicativo y de subjun- 
tivo, y en la segunda persona del singular del imperativo. Y como el acento 
no vuelve á recaer más sobre la o del radical, el fenómeno del refuerzo en el 
diptongo ue tampoco se reproduce; un ejemplo, lo mismo que en la clase an- 
terior, nos hará ver con toda claridad esta verdad; sea el verbo mover: 



PbESEMTE de IJÍDIC.UIVO 

Impbiativo 



p«esbnte de subjuntivo. ■ 

Pretérito imperfecto 
db indicativo. . , . 

Futuros absoluto y 

condicionado 

Perfecto, condicionales 

Y FUTURO de SUBJUNTIVO. 

Formas nominales. . . 



Sin reforzar sería; móvo, móves, móve; movemos, movéis, móven. 

Reforzado es: muevo^ mueves, mueve', movemos, movéis, mueven. 

Sin reforzar sería: móve, moved. 

Reforzado es: mueve, moved. 

Sin reforzar sería: móva, móvás, móva; movamos, mováis, móvan. 

Reforzado es: .mueva, musvas, mueva; movamos, mováis, muevan. 

■ Movía, movíamos. 

Moveré, moveremos; movería, moveríamos. 

Moví, movimos; movieras, moviéramos; moviese, moviésemos; moviere, moviéremos. 
INFINITIVO, mover; participio pasivo, movido; gerundio, moviendo. 



Lo mismo que en los verbos de la clase anterior, es evidente que la causa 
primera y principal de estos fcLómenos es el acento, porque puesto el acento 
sobre la o radical, aparece el diptongo ice; pasando el acento á otra sílaba, el 
diptongo no se presenta. El reftierzo de la o del radical en ue se explica por 
la ley fonética veinte. Aquella ley nos manifiesta que existen muchísimos 
sustantivos y adjetivos que, como los verbos de que tratamos, refuerzan \sl o 
de sus correspondientes temas cuando el acento recae sobre ella, dejando de 
producirse aquel diptongo cuando salta el acento á otra sílaba; v, gr.: latín 
pirco, castellano ^wcrco j porquero; latín cdrnu, castellano cicerno y cornada; 
latín grosso, castellano grueso y grosura; latín morte, castellano muerte j mor- 
tecino. Esta ley y la anterior son de las más curiosas é interesantes de la fo- 
nología latino- castellana. El fenómeno debido á ellas se rej^roduce con una 
exactitud matemática dentro de las diversas formas de un mismo verbo y en 
los nombres de unos á otros derivados de la misma raíz. 

Lo mismo que en la clase primera, en estos verbos la acción del acento se 



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100 MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

halla favorecida ó contrariada por los sonidos circundantes í\b,o del radical 
cuando lleva el acento; mas la causa principal se halla en el acento, porque 
subsistiendo invariables los demás sonidos, el refuerzo no se verifica si falta 
el acento. 

Favorecen la acción del acento los sonidos vibrantes r, 1; v. gr.: forzar y 
refimzas; morir j muere; colar y cmla; soler j suele; el nasal m contar y óuen- 
tas; encontrar y encuentra; tronar y truena; el silbante s: acostar y acuesta; 
apostar y apuesta; desosar j deshuesa; los labiales h, v: renovar y renueva; 
poblar j puebla; la simple c no se opone; v. gr.: cocer y cuece; recocer, recuece. 
Los que más favorecen el desarrollo de este diptongo, son indudablemente la 
?, la r y la 5. 

Parecen contrariar aquella acción algunos grupos de consonantes, como 
ng; V. gr. : prolongar, prolongas; diptongar, diptongas. La Real Academia ex- 
ceptúa á alongar, almnga, que es de poco uso; álcese luengo de longo; zc, 
V. gr.: conocer y conozco; reconocer y reconoces. Hay tendencia en el pueblo á 
decir cuezco y cuezca; mas el lenguaje culto rechaza la z inorgánica, diciendo 
cuezo y recuece. La espontaneidad popular va impulsada por la analogía de co- 
nocer, cognoscere; cognosco, conozco, queriendo hacer con este verbo lo mismo 
que hizo con Iv^ir y luzco de luceo. La ch parece también ser opuesta al dip- 
tongo ue entre nosotros; v. gr.: trasnochar y trasnocha; desmochar y desmo- 
cha; encorchar y encorcha. La II y la ñ, que se oponen al desarrollo del dip- 
tongo te, favorecen en cambio el ue; v. gr.: degollar y degüella; hollar y hvs- 
llas; soñar y sueña. La existencia de los diptongos que empiezan con ue en la 
sílaba siguiente á la de la vocal o del radical es sin duda la circunstancia 
que más se opone al desarrollo del diptongo de que tratamos; decimos ruego 
y ruegue, pero la u de la silaba gue es puramente ortográfica y no fonética; 
aquella combinación no forma un diptongo; en castellano serían intolerables 
los concursos de diptongos como rue^uo, ruegua, ruegüe. 

Las reglas precedentes, con especialidad las que son favorables á la forma- 
ción del diptongo ue, distan mucho de ser absolutas; la analogía ha extendido 
en esta materia muy poco su acción; muchísimos verbos existen que conser- 
van inalterable la o del radical, aun cuando ésta reciba el acento, y aun cuan- 
do se halle rodeada de los sonidos que le son más favorecedores, como orar, 
adorar^ dorar, morar, enarbolar, encolar, inmolar, montar, remontar, desmon- 
tar, remolcar, colocar, dislocar, arrollar, embrollar, adornar, toryíar, agostar, 
cortar, recortar, importar, deportar, etc., etc., permanecen inalterables en to- 
das las formas de sus respectivos tiempos. Es más; hay verbo simple, como lo 
es rogar, que transforma la o en el diptongo, y sus compuestos como arrogar, 
derogar, irrogar, prorrogar, subrogar, no lo hacen. Renovar hace renuevo, é 
innovar, compuesto del mismo adjetivo, innovo, innovas. 

De lo cual resulta una consecuencia, y es que no se pueden dar reglas se- 
guras en la práctica respecto al número de verbos que convierten la o tónica 
en el diptongo vs y de los que se abstienen de hacerlo, no quedando otro re- 
curso que la formación de listas de verbos recogidos empíricamente, siempre 
que estén autorizados por el uso en una ú otra forma. Tan segura y tan fija 
como es la ley para el uso del diptongo, ó de la vocal o, dentro de los verbos 
en que tiene lugar aquel refuerzo, tan incierta resulta en cambio cuando se 
trata de saber cuántos y cuáles son los verbos que lo admiten, cuántos y 
cuáles son los que lo rechazan. 

No se debe confundir este diptongo ue variable, debido á la acción del 
acento, con el otro que es permanente para todas las formas del verbo y que 



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CLASE TBROBBÁ Ó DE LOS iKdOATrirOS 101 

reconoce otro origen y otras cansas; tal sucede con frecuentar, hiin /recen- 
tare; en santigüe, santiguar; averigüe, de averiguar, j otros de formación idén- 
tica. El diptongo m, qae resulta de la combinación de la u del radical con el 
sufijo e del presente de subjuntivo y del pretérito perfecto en su primera per- 
sona, no tiene más extensión que la que le permite está combinación. 

Las diferencias que estos verbos, llamados irregulares, presentan en las 
nueve formas antedichas, se hallan solamente en uno de los elementos cons- 
titutiTOB, que es el radical; los demás elementos no se alteran para nada. El 
mispio radical suele recibir una h cuando el diptongo debiera empezar la pa- 
labra. En palabras simples no ocurre este fenómeno, pero sí en las compues- 
tas. No hay en el castellano actual un osar que dé hueso y huesas; pero sí un 
desosar que h&ce deshueso, deshuesas. 

El refuerzo de la o tónica en ue no lo tuvieron los latinos; estos fueron más 
amantes de contraer los antiguos diptongos que de formar nuevos. Además 
ellos no formaban diptongos, poniendo por primer factor de la combinación 
ni la i ni la u. La transformación de la vocal o tónica en el diptongo ue co- 
rresponde ante todo á nuestra lengua, y la hallamos y& en los monumentos 
más antiguos de nuestro idioma: ^Sueltan ¡as riendas e pienssan de aguijary> 
(Poema del Cid), (uNon duerme sin sospecha qui auer tiene monedadoy> (ibíd.). 
aHi muestran los forados que las sierpes ficierony> (Bbrc, S. M., 81). aPuedsh 
commo dos nevos, non mat/ores estaría (ibíd., 485). Este refuerzo pertenece al 
período morfológico del idioma castellano. 

El verbo jugar sigue la misma ley que los verbos citados en el catálogo de 
esta segunda clase. Parece efecto de atavismo lingüístico, pues en latín era 
iocari:^iogar, tugar, jugar. 

ca Qui pudo ver nímqtuí cu&iyo tan palagiaiio y 
Nin que tavihien podiessc iogar a su christianoh) 

(Berc, S. D , 485.) 

logar la pella = Jugar á la pelota. (Alex., 2026.) . 

¿Cuál fué el procedimiento fonético seguido por el diptongo uef Yo opino 
que antes de llegar á transformarse en we, pasó por los intermediarios <?«, oo; 
así cório, por la ley octava, resultaría *cÓ70; la o tónica, insistiendo el acento en 
ella co^ mayor energía, habría dado *cooro; la o, por la influencia de la r, se 
transformaría en e, resultando ^coero, y luego por una disimulación cuero. Un 
procedimiento parecido he observado en algunos pueblos con las palabras 
mócete y. cohete\ unos pronuncian mócete y cohete\ otros moete y cuete^ j los ter- 
ceros muete y güete. Así dicen: más ligero que un güete. 

Los verbos morir j dormir, que también refuerzan la o tónica en tie, se ex- 
plicarán más adelante, al hablar de los verbos que sufren la alternativa foné- 
tica entre las vocales extremas i, w, y las intermedias respectivas e,o. 

CLASE TERCERA Ó DE LOS mCOATIYOS 

t¿Ré0S IRREGULARES EN CUYA FORMACIÓN ENTRA EL SUFIJO SCÓ, ZCQ 

loL^ diferencias que preseiítan los verbos formados coü este sufijo háílaáse 
ya en su mayor pa^te explicadas en la primera sección de esta ¿brfta-ai tratar 
del sufijo SCO. Esta circunstancia nos permitirá ser más breves en el presente 
artículo. 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 9 



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102 MORFOLOGÍA DBL YJBBBO 

Entre los nnmeroaos verbos castellanos que á primera vista, j i josgar por 
los infinitivos, parecen hallarse formados con este sufijo, los haj unos qne en 
realidad lo están, otros (jne lo han recibido en parte v una tercera porción 
qne no lo han recibido ni en todo ni en parte. Entre los primeros se hallan 
aquellos verbos cuyo radical en castellano está formado por una raíz j el su- 
fijo se^ ze; V. gr. : crezco, nazca, pazcan, conozcas (cf. los latinos cresco^ naaeor, 
pascant, cognoscas); los que los forman con un tema verbal j los mismos sufi- 
jos; V. gü.iperten^scú, carezca, merezcan (cf. el latín pertíne-re, care-re^ merC' 
re), j aquellos otros que los tienen formados de sustantivos j adjetivos j los 
mismos sufijos; v. gr.: anoche-zca, engrande-zco. 

Entre los segundos se encuentran muchos que por terminar sus raices en c 
hallábanse preparados para recibir las inflaencías analógicas de estos sufijos, 

Ír así recibieron ó la « ó la 0, sc^n el periodo en que sobre ellos obró la ana- 
ogia. Tales son, entre otros, luc-ir j sus compuestos réluc^ir, deslucir; los 
compuestos del latino dúc-ere, como conduc-ir, reduc-ir, mduc-ir, aduc-ir, se^ 
duC'ir,prodtic4r, etc., etc. Estos verbos, cuyos presentes de indicativo y sub- 
juntivo son luzco, luzca, deduzco, deduzca, parecen á primera vista hallarse 
formados lo mismo qne na-zeo y cre-zco, mas en realidad no es asi. Las raices 
de nazco, pazca, crezco, conozco, son na = gna; pa,crej no== gno. £1 sufijo 
ZC'O se añade á estas raíces en su totalidad. Pero en luzco, deduzca, las raíces 
son kic, deduc; por consiguiente, no se les añade más qne parcialmente; esto 
es, la « ó la z. 

Entre los terceros deben contarse todos aquellos que, terminando sus raíces 
en c, han resistido las influencias analógicas de este sufijo. Entre éstos se de- 
ben contar hac-er y sus compuestos rehacer, deshac er, aatisfae^er, etc. ; eoc-er, 
eecoc^er, recoc er, cuya raíz terminaba en g' =r- ^ (cf. el latín coq^ ue-re) y en 
c (cf. coc-tum y coc-tion), y con éstos mec-er y remec-er, dec-ir y sus com- 
puestos. La distinción entre los primeros y segundos es de grande importan- 
cia para la derivación, pues conociendo que los uiíos han recibido el sufijo ín- 
tegro y los otros solamente en parte, sábese con esto lo que hay que descartar 
en aquellas formaciones para obtener la verdadera raíz con exactitud. 

Lo primero que debemos hacer es desprendernos de todos los verbos qne 
forman el tercer grupo, como hacer, deshacer, rehacer, contrahacer, satisfacer, 
cocer, escocer, recocer, decir, desdecir, contradecir, maldecir, bendecir, predecir, 
con los cuales nada tiene que ver el sufijo seo, zco. Respecto á los verbo! del 

S rimero y segundo de estos grupos, hay que manifestar que si, como hemos 
icho, su distinción es de grande importancia para la derivación, por lo que 
mira á los efectos de las llamadas irregularidades, los verbos de uno y otro 
deben ser estudiados como si todos hubieran recibido aquel sufijo en toda su 
integridad. Preparado el terreno de esta manera, ocurre preguntar: ¿Qué cla- 
se de irregularidad hay en los verbos que total ó parcialmente han recibido el 
sufijo zcO'Sco? ¿Cuántos y cuáles son los verbos en los cuales se encuentra esa 
mal llamada irregularidad? ¿Cómo se explica este fenómeno? 

Contestando á la primera de estas preguntas, decimos que estos verbos han 
sido llamados irregulares porque, salvas las diferencias ortográficas iee=:2, 
de c = k, han conservado en siete formas del grupo de los presentes la del 
sufijo zco = SCO. Estas formas son: las seis de singular y plural del presente 
de subjuntivo y la primera del singular del presente de indicativo^ oomo se 
ve en el siguiente ejemplo. Sirva para ello el verbo crecer. 



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CLASÍ TBECBEA Ó DE LOS INCOATIVOS 

Pbbuhtk ds nruciTiTo ( ^^^^ • • • cresco, crescis, crescit; cresdmus, crescitis, creseunt 
«mu ^ ( Castellano, crexco, creces, crece; crecemos, crecéis, crecen. 

PftKSKKTK DK aüiuüiiTiTo ( ^«'^'»- • • ' crcscam, crescas, crescat; crescamus, crescatís, crescant. 
MOMA V. Dvw «xtfu. ^ Castellano, crezca, crezcas, crezca: crezcamos, crezcáis, crezcan. 

i^-__._„ { Latín. , . . cresce, crescite. 

uiPK«AiiTO j Castellano, crece, creced. 

PEBTéBiTO iMPUFiCTO DE ( Latín. . . . crescebas, crescebamos. 
iNDicATiyo ( Castellano, crecías, crecíamos. 

FcTUROÍi ABSOLUTO T CON- ( Latín. . . . crescere babeo. 

BiGiONADO {Castellano, creceré, crecerás, etc.; crecería, creceríamos. 

^S^^^'^w^Efu^^nyo^. ! I "^^' crecimos; crecieras, creciéramos; creciésemos, crctíeres. 

i7^.»^« «AW....M í infinitivo: crecer; paiticipio pasado: crecido; pabticipio dk pibskntb: creciente; 
FowAi NOMWAU». . J ^^^, cretíendo. 



103 



En co&teatacíón á la segunda pregunta, debemos manifestar que como es- 
tos verbos son muy numerosos para presentar de ellos un catálogo completo, 
conviene en la práctica recordar la regla empírica que nuestras gramáticas 
formulan, sobre poco más ó menos, como sigae: Los verbos cuyos infinitivos 
acaban en acer, ecer^ ocer, tidr, á excepción de hacer y sus compuestos, de cO- 
cer y los suyos, de mecer y los suyos, conservan la z del sufijo zoo = seo ante 
las silabas co, ca de los mismos verbos. Gomo estas silabas co, ca, con gutural 
fuerte, sólo se hallan en las siete formas antedichas^ la regla empírica con- 
cuerda con lo que aparece en el cuadro sinóptico. 

Para contestar á la tercera pregunta, necesitamos recordar, siquiera sea 
brevemente, la historia del sufijo sco-zco. Este sufijo sco-zco, en latín sólo se 
extendía á los tiempos imperfectos. En su tránsito al castellano la analogía 
lo extendió formando numerosos verbos, y dentro de un mismo verbo lo ex- 
tendió á todos los tiempos: « Vino pora la tienda del que en buen ora nasco = 
nasdó^ (P. del Cid), ^A ti lo gradesco Dios que cielo e tierra guiasi^ (ibid.). 
€ Antes que anochesca piensan de caualgari» (ibid.). ^Contienda que le naspió al 
preposo varonil (Bbboeo, S. D., 126). ^Gonoscemos en elle de bondat compli^ 
mient03 (ibid., 116). ^Todos lo entendemos, cosa es conoscidaí^ (ibid., 201). 



«Sennor, dixo e padre, yo a ti lo gradesco; 
En tierra de christianos yo por ti aparesco. 
Por ti esi de cárcel, se que por ti gtLaresco^ 
Commo ta me mandaste los fierros te ofrezcoji 



(Ibíd.p 6170.) 



«El segundo fué complido 
Quando fué de ti nas^ido.» 



«Por nos otros pecadores 
Non aborrescas. 
Pues por nos ser mereseas 
Madre de Dios.;» 



€De los ángeles serrido 
fué luego e.ono8gidoj> 

<rEI s^nd quando nastpó 
B sin dotor apareseié.:» 



(Fita, 26.) 

(Ibid., 33.) 

(Ibid.) 

(Ibid., 16.) 



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Iftt MORFOLOGÍA DEL VERBO 

Este sufijo* s¿;o lo éncontrañios ya transformado en zco en Berceo> y rimando 
el uno con el otro: 

«Guaresco, ofrezco.^ 

(Loe. cit) 

«A Dios mucho lo agradescio.» 

(Sta. M.» Egipciaca, pág. 312, 1.») 

«Rey, dixo el monge, mucho te lo gradesco, 
Que me das tan grant onrra, la que yo no merezco \ 
Mas por Dios te lo pido, á quien yo obedezco-^ 
Que recibas un ruego que yo á ti ofrezco j) 

(Berceo, S. D., 184.) 

El tránsito de uno á otro sonido es facilísimo; para convertir la s en 2? 
basta adelantar suavemente la lengua un poco y colocarla entr^ los dientes. 
Dos comarcas hay en España que se distinguen todavía: los unos por su siseo, 
que son los valencianos; v. gr.: faseii, dism, por hacen, dicen; los otros por su 
cefieo, que son los andaluces, ce por se. En el siglo xiv son frecuentes las al- 
ternativas entre la y la s, diciendo crus y cruz, lusj tuz, vos y voz^ dis y. 
diz. En dos pasajes de Berceo hemos visto que riman la s y la z, A pesar 
de hallarse ya la z en el siglo xiii, puede asegurarse que en los siglos xii , 
XIII y XIV dominó la s en este sufijo. En el xv va la z tomando preponde- 
rancia, hasta acabar por imponerse, llegando no obstante las formas con s 
hasta el siglo xvi. Desapareció la s del sufijo seo, pero la z no se encuentra 
reemplazándola más que en las siete formas que hemos indicado de los pre- 
sentes de indicativo y subjuntivo. ¿Cómo se explica que haya quedado en es- 
tas siete formas y en las demás haya desaparecido? Recuérdese que en las 
siete formas las sílabas co, ca suenan igual ko, ka; esto es, con gutural fuerte; 
por consiguiente, al juntarse la z con dichas sílabas, resulta concurso de una 
gutural con una dental aspirada; pero en todas las demáa formas las sílabas 
ce, ci suenan igual ze, zi; esto es, con dental aspirada. Si á esta dental aspi- 
rada ce, ci = ze, zi se hubiera añadido la z, esto es, otro sonido dental aspi- 
rado, homogéneo de ce, ci, en aquel concurso se habrían encontrado dos soni- 
dos dentales aspirados, con la única diferencia de la ortografía, y así tendría- 
mos: crezco, crezces = crezzes; crezce = crezze; crezcia =crezzia; crezci = crezzi, 
etcétera, etc. Pero nuestra lengua rechaza estos concursos de sonidos dobl^ 
homogéneos por la ley fonética diez y siete. En su consecuencia, la z debió 
desaparecer, y desapareció de hecho ante las sílabas ce, ci, que eran todas las 
demás; esto es, todas aquellas que no llevan z, Yéase en qué consisten nues- 
tras irregularidades, en el cumplimiento exacto de las leyes fonéticas. 

Hay entre nosotros quien explica la z ante las formas co, ca,jBxx ausencia 
ante ce, ci, fundándose en razones meramente prosódicas. Según esta opinión, 
la s de SCO se transforma en z cuando le precede la sílaba acentuada; así crezco 
crezca, dicen de este modo, y no cresco ni cresca, porque la e de ere es tónica^ 
lleva el acento, y en cambio en erecta se ha perdido la s y no dice crescia, 
porque el acento se halla después del grupo se. Esta opinión carece de funda- 
mento, y se desvanece por sí misma con sólo presentar las seis formas del pre- 
sente de subjuntivo, las cuales, merced á los efectos de la cantidad silábica, 
tienen variable su acento. Así crezca, crezcas, crezca; crezcamos, crezcáis, crezcan. 
En ellas la z se conserva independientemente del acento. La historia de este 
sufijo además "nos pone de manifiesto que hay muchísimas formas en la Edad 



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OLASE TERCERA Ó DÉ LOS INCOATIVOS 



•lOo 



Media que onservanla 5 lo mismo estando el acento antes del sufijo que des - 
pués; t^l,^s .sou,, entre otras, násco j nasció, gradéscOy anochésca, pare^cádss, 
conoscúdQ\ cenósció y' apáreselo, guaresció. Para mí, la causa de est'oí feüóinenos 
es sola y exclusivamente fonética, y nace de la compatibilidad ó incompatibi- 
lidad de la z con lá c, según que ésta sea gutural ó dental aspirada bomo la 
misma z. 

Los verbos compuestos del latino ¿^wcere se estudiarán más adelante, asi 
KioiXLO yacer j placer. 

Los compuestos de ducere, aducir, reducir, introducir, etc., no han recibido 
la influencia analógica en todos sus tiempos; la falsa analogía no ha logrado 
penetrar en el grupo de los perfectos, al menos entre las personas cultas. En 
el lenguaje popular, y hasta en personas de cierta ilustración, es corriente el 
uso de producid, conducid, redució, indució, etc. Los verbos que se hayan for- 
mado por analogía, después de fijarse la ^ del sufijo zco, éstos no reciben más 
influencia qué la que pueden suministrarles los tipos que les sirven de norma 
para la imitación. Supongamos que al lado del verbo engordar se formara 
^ngordecer, como otros tantos que están formados de adjetivos y el Sufijo de 
que nos ocupamos; este nuevo verbo recibiría zc en las siete formas en que 
este sufijo se conserva, y en todas las demás solamente la c del mismo. Esto 
sucede con todas aquellas formas que han experimentado diversos cambios, 
según vimos en los perfectos formados por analogía de los tipos normales de 
la tercera conjugación, los cuales habiendo pasado por los tres estadios de 
formas plenas, formas sincopadas latinas y sincopas castellanizadas, y habién- 
dose verificado atracciones analógicas en cada uno de aquellos tres períodos, 
«8 evidente que los que entraban en el segundo ó tercero no podían recibir las 
influencias del primero; las lenguas no retroceden ni la analogía puede imi- 
tar lo desconocido, lo que ha caído en desuso. 

Como prueba de los numerosos verbos castellanos en cuya constitución en- 
tra total ó parcialmente el sufijo zco = seo, vamos á presentar la siguiente 
lista: 



Abastecer. . • . 


Deducir. 


Ensordecer. 


Acaecer. 


Inducir. 


Empequeñecer 


Acontecer. 


Introducir. 


Establecer. 


Adolecer. 


Producir. 


Enrarecer. 


Agradecer, 


Reducir. 


Ensoberbecer. 


Amanecer. 


Seducir. 


Encallecer. 


Anochecer. 


Enaltecer. 


Embravecer. 


Aparecer. 


E^nnoblecer. 


Envejecer. 


Apetecer. 


Engrandecer. 


Enflaquecer. 


Conocer. 


Enfurecer. 


Reblandecer. 


Desconocer. 


Ennegrecer. 


Rejuvenecer. 


Reconocer. 


Enrojecer. 
Envilecer. 


Carecer. 


Crecer. 


Encarecer. 


Decrece?. 


Empobrecer. 


Enloquecer. 


Aducir. 


Esclarecer. 


Enmohecer, 


Conducir. 


Entontecer. 


Lucir. 



Relucir. 


Nacer. 


Deslucir. 


Renacer. 


Traslucir. 


Obedecer. 


Merecer. 


Desobedecer. 


Desmerecer. 


Favorecer. 


Ofrecer. 


Desfavorecer 


Padecer. 


Complacer. 


Compadecer. 


Desplacer. 


Oscurecer. 


Placer. 


Entorpecer. 


Fallecer. 


Pacer. 


Desfallecer. 


Enardecer. 


Endurecer. 


Recrudecer. 


Estremecer. 


Comparecer. 


Reaparecer. 


Envanecer. 


Entristecer. 


Florecer. 





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106 MORFOLOGÍA DEL YERBO 

CLASE CUARTA Ó DE CONTRACCIÓN DE LAS VOCALES ü 

YERBOS LLAMADOS IRREaULARES, CUYOS RADI0ALE8 TERMINAN EN U, ñ, ch 

Entre los verbos cuyos radicales terminan en 11, ñ, eh, están engullir, mu - 
llñ-, zambullir, tañe?, atañer, estriñir, gruñir, plañir, reñir, ceñir, henchir y 
rehenchir (*). 

Llaman irregulares á estos Yerbos porque no contienen expresa la i de los 
diptongos te, io, correspondiente al cuarto grupo de tiempos, ó grupo de loa 
perfectos, y al gerundio, como puede verse en el siguiente cuadro: 

P..,^ ««:. » nnnc.™. ^ V^¿^ ^:¿; ^-^^ ^^^^ ^:^l ^^1^ 
coHDiciOKAiiSHiraY 8eYF0.{ ^ j^g.^;;^ ^g^l tañ-eron; tañ-cra; tafi-ese; tan-ere 
henchí, henchiste, hinch-ó, hinch-eron; hinch-era; hinch-ese; hinch-er« 



TUBO DE SUBJUlfTIYO 

GuciiDio. . • parti-endo, muU-endo, taff-endo, hinch-endo. 

¿Cómo se explica el que estos verbos, procedentes en su mayoría de la ter- 
cera conjugación latina, hayan recibido todas las influencias analógicas de los 
temas en i y no hayan conservado también la misma i, sufijo formativo, en 
las varias formas indicadas y otras análogas? 

La explicación de este fenómeno es sencillísima; la pérdida de aquella i no 
es más que un efecto de la ley fotética tercera, que á su vez, y para el caso 
presente, no es más que una ampliación de la primera. Para comprender esto» 
recordemos que las consonantes II, ñ, ch llevan fundida una i originaria con 
Ihnjc, que les sirven de base; así llevar^ España y Sancho eran antes lievar^ 
Hispania y Sancio, En virtud de este origen, las tres consonantes dichas lle- 
van implícito un sonido débilísimo, paladial, el más aproximado á la i, (|ue 
no es suficiente para sostenerlas, en tal manera que, si se han de pronunciar, 
hay que añadirles otra vocal; v. gr.: lU, ñe, che. Dicho sonido paladial débi- 
lísimo es de aquellos sonidos que no tienen aisladamente representación en 
los alñibetos ordinarios, y en su consecuencia este sonido tampoco la tiene en 
el nuestro separado de las consonantes; y tanto es asi que, si aescomponemos 
la II, ñ, ch en los dos sonidos / -|- ** ^ + *> ^ + * q^© '^s formaron las dos conso- 
nantes quedan en el acto desnaturalizadas por completo, pues si grande es la 
aproximación entre Z + i y la II, entre w + * y la ^, entre c -f- i y la ch, nunca se 
confunden en la pronunciación. Dicho sonido paladial débilísimo, como resto 
de la i, que entró en la constitución de aquellas tres consonantes, ha dejado ^ 
ellas una resonancia bien marcada, que se percibe clarísimameute cuando di- 
chas consonantes se juntan con otras vocales y aun con la misma i. Buena 
prueba de esto encontramos en extranjeros á quienes enseñando de viva voz la 
pronunciación de las tres consonantes II, ñ, ch, en palabras tales como pollo, 
gallo, año, niño, mancha, plancha, ellos, procurando imitarlas con exactitud, re- 
petían ^0/20, galio, anio, ninio, manchia, planchia. Este sonido paladial débilísi- 
mo, que ni vale para sustentar sonidos consonantes ni tiene representación 
ortográfica en nuestro alfabeto; esta resonancia que se percibe claramente al 
iuntarse con las vocales, al ponerse en contacto sus consonantes II, ñ, ch con 
los diptongos que empiezan con i, como ia, ie, io, produce con ellos los mis- 

(<) De «rtoi Terhos algunos han de ser estudiados en otro artículo higo diferente aspecto.- 



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CLA8B CUABTA Ó DE CONTBAOGIÓN DB LAS VOCALES II 107 

mos efisctos fonétioos qne si realmente se hallara representado por nna i exte- 
rior á aquellas consonantes. Este hecho nos autoriza para representar aquella 
resonancia paladial por una i cuando en la explicación lo creamos convenien- 
te. Con objeto de facilitar más la explicación de los fenómenos de que nos es- 
tamos ocupando vamos á poner un ejemplo parecido, pero formado con otra 
combinación fonética. Si ponemos xinup en contacto con dos ii y una a, v. gr., 
piia, es evidente que no podremos pronunciarlas con una sola emisión de la 
voz, porque aquel concurso de sonidos no forma un triptongo. Los triptongos 
en nuestra lengua no se forman sino colocando entre dos v<x»les débiles u, i, 
uno de los sonidos inertes a,e,o; v. gr.: averiguáis, santigüéis, desprecidiSy y 
cargando el acento con especialidad en dicha vocal fuerte; y de no ser así, no 
hay en nuestra lengua posibilidad de formar los triptongos, como no la hay 
en el ejemplo jma, por hallarse las dos ii á un lado y la a en el otro. Es físi- 
camente imposible formar diptongo con dos vocales idénticas i-i; imposibili- 
dad que proviene de la necesidad de pronunciar el diptongo en una sola emi- 
sión de voz, y las dos vocales idénticas no pueden ser pronunciadas en una 
sola tirada, sino qne se necesitan dob emisiones. Guando los órganos orales se 
hallan emitiendo, por ejemplo, la primera i, no pueden simultáneamente dis- 
ponerse á emitir la segunda sin haoer terminado la primera, teniendo en su 
consecuencia que mediar algún intervalo de tiempo entre las dos emisiones, el 
cual, por pequeño é imperceptible que sea, es suficiente para no confandir una 
emisión con otra, como se confunden en la pronunciación de los diptongos (^). 
Besnltado de esto será que el grupo piia no pueda pronunciarse con una sola 
emisión de voz. Pero teniendo tres vocales, podrá también pronunciarse en 
tres tiempos distintos con tres sllabae, diciendo ji?»-» a, y pudiendo contraerse 
la segunda i con la a, se pronunciará en dos tiempos, v. gr.ipi-ia =zpi-ya 6 
pi'iá, y contrayendo las dos íí del grupo ^'-i-fl, conservando el acento en la i 
y sacrificando fonética y ortográficamente la otra i, se pronunciará j^t-a. Si, por 
último, contraemos estas dos vocales y trasladamos el acento á la fuerte, para 
no disolver el diptongo, tendremos j^ia. De esta manera, lo que en un princi- 
pio no era dable pronunciarse con una sola emisión de voz, por medio de un 
triptongo, se ha conseguido mediante contracciones y cambio del acento. Eu 
todo el proceso con el grupo pi-i-a se ha visto que podían combinars^e lo?t so- 
nidos de cuat o maaeras, resultanlo cuatro maieras distintas do pnnan- 
ciarlo. 

Hagamos ahora aplicación á los sonidos II, ñ, eh, en contacto con los dip- 
tongos io, ie, formando las sílabas llió, fUó, chió; Ilie, ñie, chie, cual pedía la 
analogía de partió, partiera, teniendo presente que la i resonante que llevan 
la II, n, ch no está expresa, como lo está la primera i de pi-i-a. En la combi- 
nación de estas tres consonantes con los diptongos io, ie no podía verificarse 
la primera pronunciación de tres tiempos W-i-¿, ñi-ó, ch-i-ó, porque la i reso- 
nante no puede sostener por sí sola á ninguna de aquellas tres consonantes. 
Por la misma razón tampoco podía verificarse la segunda U-io, ñ-io, ch-io; 
ll'ie ñ'ie, chie, semejante á pi-i-a. Podía verificarse la tercera, contrayéndose 
la i resonante con la i de los diptongos io, ie, diciendo lli^, fU-o, chi o; lli-e, 
ñi-e, eki'é, conservando el acento en la i, á semejanza de pi-a, y en este caso 
nos encontramos con los imperfectos de indicativo, mulH-a, tañi-a, hencM-a, 
resultando identidad con pi-a, por el sacrificio de una de las ii en la contrac- 

(<) No podiendo formar diptongo las doe primeras vocales del triptongo, no es poeible la formación del 
triptongo. 



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108 I MORFOLOGÍA DEL VERBO 

cióa de las dos vocales homogéneas. T finalmente, podía también verfficarse 
la cuarta, semejante á piá, con la particularidad de que en las combinaciones 
lió, ñó,Áó; lié, ñé, che, de las dos ü, verificadas aquí entre la i^esonante y la 
expresa i del diptongo io, te, quedó sacrificada la i de los dos diptongos para 
no desnaturalizarse los sonidos II, ñ, ch. He aquí la explicación completa de 
mulló j mullera, mullese, mullere j mullendo-, tañó, tañera, tañese, tañere j 
iafíendo; hinchó, hinchera, hinchese, hiiichere é hinchendo. Que la i que se ha 
sacrificado es la exterior del sufijo y no la resonancia lo confima la historia, 
la cual nos muestra que en la Edad Media se empleó aquella i expresa: 

aNqn possaron en tierra^ cimiieron las espadas}) (Alex., 1841). aDesent algos vnpoco e 
g¿»i<? (hoy clfíd) Vespadaj) (Alex., \\0).<íAlcóforó les oios, tinnió (hoy Uñó) las soberceiasj> 
(ibíd. 354). (íMíicho pecaron e mucho fallieron'» (del verbo SLutlgno fallir)', cf, fallido, latín 
fallere (STA.M.afiGiPClACA"). dTollió de si el niantoí) ( Apol., 298). (íEel santo omnege las 
ensenyéy) {hoy enseñó) (Sta. M.* Egipciaca). aDe emhasillamiento de oro que henckiessen 
(hoy In^jhesen) las mesase) (P. DE José, 231). <íSu viola taniendo uieno al rey reery> (Alex., 
211). 

Hay quien explica estos fenómenos diciendo que la Z/y la^ son ^conso- 
nantes muy débiles, y que no tienen fuerza bastante para modificar el sonido 
de las dos vocales ie, io, que como diptongos han de pronunciarse con una sola 
emisión de voz. A decir verdad, no encontramos dónde está la fuerza de este 
argumento, porque la buena ó mala articulación de los sonidos no depende 
de la debilidad ó robustez de los mismos. No hay sonidos vocales más débiles 
que la i y la u, por ser las más próxíimas á la naturaleza de las consonantes, 
y con todo eso, gracias á ellas podemos formar los diptongos que no se pue- 
den formar con sólo las vocales fuertes. El fenómeno de que nos hemos ocu- 
pado es indudablemente debido á causas fonéticas; pero á nada más que á la 
imposibilidad de aroicular en una sola emisión de voz las dos ii, la dexla re- 
sonancia de la U, ñ, ch, y la del diptongo con la e y la í? de los mismos dip- 
tongos, que tienen además que llevar sobre si el acento. Esta ley es tan uni- 
versal que creo no se encontrará hoy un solo ejemplo que la contraríe. 



CLASE QUINTA DE VERBOS IRREGULARES CASTELLANOS 

ó SEA CLASE DE LA ALTERNATIVA FONÉTICA ENTRE LA VOCAL MEDIA 6. Y SU. 
CORRESPONDIENTE SEMIVOCAL EXTREMA i 

Las diferencias que las tres primeras clases de verbos, regidos por leyes es- 

f>eciales, presentan respecto á los llamados regulares correspondientes, se ha- 
lan tan sólo en el primer grupo de tiempos, y las que presentan los de la 
cuarta clase encuéntranse únicamente en el cuarto. 

Los que vamos á estudiar en este artículo se encuentran en los grupos 
primero y cuarto. Los verbos de esta clase son bastante numerosos; entre 
ellos se cuentan: 

Colegir. 
Elegü*. 
Pe(Hr. 
Expedir. 

Todos ellos, como se ve, pertenecen á la tercera conjugación castellana, ó 
temas verbales en «/aunque en latín la mayoría de ellos pertenecían á otra 
clase de tenías (cf. pélere, gémeré, córtcípeté, refere, eligere, etc.). 



Despedir 


Concebir. 


Medir. 


Seguir. 


Serrir. 


Imt>edir. 


Derretir. 


Regir. 


Proseguir, 


Vwtír.. 


Competir. 


Embestir. 


Corregir. 


Perseguir. 


Investir. 


Repetir. 


Gemir. 


Rendir. 


Conseguir. 


RereMir. 



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CLASE QUINTA. DB VEEBOS IBRBGULARBS 109 

Las diferencias que estos verbos presentan respecto al tipo pcurfir ñehsí- 
Uan en el primero y cuarto grupo de tiempos. Estas consisten, como hemos 
dicho, en cambiar la e de la raíz en i, como puede verse en el siguiente cua- 
dro sinóptico; sirva de ejemplo pedir. 

¡PKES. DK iKDic. . pido, pides, pide; pedimos, pedís, piden. 
PSRS. DK iMPRR. . pide (tú), pedid (vosotros). 

PHES. DE suBj. . . pida, pidas, pida; pidamos, pidáis, pidan. 

I PRFT IMPRKP DK \ 

Orupo 2.° I ' * * [ pedia, pedías, pedía: pedíamos, pedíais, pedían. 

I INDICATIVO. . . ) *^ '^ *^ "^ 

Qo i ''^"''^'■** ABsoLCTO. pediré, pedirás, pediremos, etc. 

I FUTUio coNDic. . pediría, pedirías, pediríamos, etc. 

í PBBF. DB iNDicAT.. pedí, pediste, pidió; pedimos, pedisteis, pidierort. 

Grupo 4.* < coND. KJf TB. Y se. pidiera, pidiéramos, etc.; pidiese, pidiésemos,, etc. 

. ( FUTüto DK 8UBJ. . pidiere, pidiéremos. 

FotMAs MomirALRS. . infinitivo: pedir, participio pasado: pedido. gf.rundio: pidiendo. 

' De la inspección del cuadro precedente se saca en consecuencia que la e de 
la raíz se transforma en i sola y exclusivamente delante de las tres vocales más 
fuertes, que son a, o, e, y delante de los diptongos ie, io; v. gr.: pida, pido^ 
pide, pidió, pidiera, pidiendo, j que la e de la raíz se conserva delante de la 
mcal débil i, y sólo delante de ella. Así tenemos: pedimos, pedís, pedia, pediré, 
pediría, pedí, pedir, pedido. 

Esto nos permite formular para la práctica de estos verbos una. regla senci- 
lla, infalible, absoluta y sin excepción alguna, que es la sijuiente: 

En el uso de los verbos que figuran en el catálogo precedente, y algunos 
otros análogos, se usará la e de la raíz siempre que en la silaba siguiente se 
halle la vocal débil i, y se cambiará la e de la raíz en i siempre que en la sí- 
laba siguiente se encuentre alguna de las vocales fuertes a, o, e, ó los dipton- 
gos ie,io. 

Se observará también en el cuadro que la vocal e se cambia en i en el pri- 
mero y ctuzrto grupo de tiempos, aunque no siempre en todas las personas, y 
que la e se conserva en el segundo y tercero y en algunas personas del primero 
yjmarto. 

, El gerundio transforma la e en «; el infinitivo y el participio pasivo la con- 
servan, siguiendo la misma ley. 

Para comprender mejor estas alternativas fonéticas de la e y de la t en pre- 
sencia de ciertas vocales ó grupos de vocales, conviene tener presente que las 
vocales a, o, e, por su mayor grado de sonoridad, son también las más inten- 
sas, y que en los diptongos ié, ió, las vocales e, o, por su propia naturaleza, y 
por ía cipcunstancia de llevar sobre si el acento enérgico, se sobreponen de tal 
manera á la i que casi anulan su sonido. Ejemplo de esto encontramos en las 
rimas asonantes, cuando se presenta algún diptongo, en cuyo caso la asonan- 
. cia se verifica con la vocal más sonora que es la a, la « ó la o, y n(3 con las 
débiles u, i. La m y la t, por el contrario, son las vocales menos sonoras, y por 
tanto las menos intensas. Ellas representan la transición entre las consonan- 
tea y las tres vocales fuertes propiamente dichas; por esto se las llama semi- 
noealesi ; . 

♦ Pues bien, lo que sucede con las transformaciones de estos verl)Qíi, esicjjae 
la e de la raíz, desprovista de acento, se conserva siempre que en la sílaba in- 



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lio 



MORFOLOGÍA DEL VEBBO 



3; 



mediata siguiente se encuentre la vocal débil i, y que la misma e, ya con 
acento^ ya sin él, es sustituida por la semivocal i, siempre que en la silaba in- 
mediata siguiente se encuentre una de las tres vocales más sonoras a, o, $,6 
los diptongos te, io. 

¿Y cuál es la verdadera cauda de estos fenómenos tan curiosos y con tanta 
fidelidad y exactitud matemática reproducidos, fenómenos que desconocían 
los latinos? ¿Es la acción del acento, como en la alternativa fonética de las 
clases primera y segunda de verbos irregulares? 

Yo he participado de esta opinión por algún tiempo, teniendo en cuenta 
ue la e (jue se conserva es siempre átona; v. gr.i pedimos, peáis, pedid, pe- 
lia, pediré,' pediria, pedir, pedido; pero la tengo abandonada desde que ob- 
servé que la e es sustituida por la i, no sólo cuando es tónica, como en pido 
por *pedo, pides por *pedes, pida por *peda (cf. las formas latinas peto, pé» 
tis, pétit, pétam), sino también cuando es átona dicha e; v. gr.: en pidamos 
por pedamos, pidió por pedió, pidiera por pediera (cf. petamus, peUvit, pe* 
tiveram, etc., etc.). 

Tampoco es la causa de estos fenómenos la cantidad silábica en combina- 
ción con el acento, porque se verifican igualmente cuando la vocal de la raíz 
es larga ó breve en su origen. Así, medir y mido, vestir y visto, tenían en latín 
larga la e de la raíz (cf. m'iñri ó rñetíre y vestiré), y pedir y gemir breve 
(cf. pííire j geniere). 

La causa de estos fenómenos de la alternativa vocálica, más bien que pro^ 
sódica, ha sido en su origen fonética y fonética lo es en la actualidad. No 
consiste, como algunos quieren, en la atracción de la i, en una asimilación; 
por el contrario, antes bien se encuentra la disimilación, la repulsión de unos 
sonidos á otros. 

La verdadera causa de esta alternativa fonética se halla en la tendencia á 
evitar: 1.^ la proximidad inmediata de dos ü, como en pidimos; 2.*, la misma 
proximidad entre dos ee, medes, ó entre la ^ y las otras dos vocales más so- 
noras; V. gr.: medo y medamos, y por último entre la e y los diptongos ie, io\ 
v. gr. : gmió, gemiera. 

Para convencerse de esto baste saber que de las 59 formas sintéticas qne 
tiene en castellano un verbo completo, 32 de ellas tienden en estos verbos á 
evitar el concurso de las vocales más sonoras, esto es, de la e-e, e-a, eo, e-ii, 
e-ió, de manera que donde la etimología nos autoriza para reconocer una 
original ante dichos sonidos, es sustituida por la i, como puede venie en el 
cuculro siguiente. Sea el verbo gemir, latín g'imre, raíz gem. 



COX LA e SERÍA 



CON LA i ES 



Gemo Gimo. 

Gemes Gimes. 

Geme Gime. 

Gemen Gimen. 

Geme Gime (tú). 

Gema, etc Gima. 



CON LA e SBBÍA 



CON LA i ES 



Gemió Gimió. 

Gemiera, etc Gimiera. 

Gemiese, etc Gimiese. 

Gemiere, etc ... . Gimiere. 

Gemiendo Gimiendo. 



La0 27 restantes tienden en estos verbos á evitar el concurso de la semivo* 
cal i, esto es, i i-, de manera que donde la etimología nos enseña que debia 
existir una i original ante otra i, es sustituida por la e, como puede tarse en 
el cuadro siguiente; sea el verbo concebir, latín concípere, raíz eip^=xap. 



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CLASE QUINTA DE YERBOS IRREGULARES 

con LA 1 SKKÍA CON LA 6 ES COR» LA i SEBÍA COR LA 6 K8 



111 



<!!oocU)imos Coocebimos. 

Concibir Concelñr. 

Concibid Concebid. 

Concibía. Concebía. 

Condbiré Concebiré. 



Condbiria Concebiría. 

Condbí (O Concebí. 

Concibir Concebir. 

Concibido Concebido. 



Hay qne tener presente también qae de los verbos sujetos á la alternativa 
fonética qne estamos estadiando, nnos llevaban originariamente en la raís 
una t, V. gr.: decir, reir, teñir (cf. latín dicere, ridere, tingere); otros una e, 
V. gr.: pedir, gemir, regir (cf. latín petere, gemere, regere), y otros la t en unoa 
tiempos y la 6 en otros, v. gr.: concebir, elegir (cf. latín condpere, coneepi; elv- 
gere, elegí). 

Como consecuencia de esta circunstancia, los qne llevaban originariamente 
i en la raíz tendrán 32 formas normales, como exige su etimología y deriva- 
ción, y no debidas á las alteraciones fonéticas; los que tienen e en la raíz con- 
tarán con 27 formas normales, y los que llevaban i en los imperfectos y la ^ 
en los perfectos tendrán menor número de formas normales. 

De este modo se complementan recíprocamente estas especies de verbos. 
Pero esta reciprocidad ¿es debida en parte á la analogía ó, por el contrario, es 
una y misma la ley de repulsión que ha operado unos y otros fenómenos, esto 
es, los de la i en los unos y los de la e en los otros? Yo opino que las dos cla- 
ses de fenómenos reconocen una misma causa, ó si no enteramente parecida» 
esto es, los unos respecto á evitar el concurso próximo mediato de las semi- 
vocales ii, los otros respecto al mismo concurso próximo mediato de las voca- 
les más sonoras, y que todos ellos vienen á caer, como casos particulares, en 
la ley general que tiende á evitar el hiato, hallándose por tanto comprendidos 
en el principio de la menor accióji. 

Soy también de parecer que estos fenómenos de alternativa fonétka son 
relativamente modernos, y que á pesar de encontrarse ya en los primeros mo- 
numentos del idioma castellano, se han verificado con posterioridad á los que 
se realizaron en las flexiones. Así se explica el que se diga en Berceo: ^Rendiá 
del la alma^ (S. D., 521), y ^Pediendo en mi nombre con habito mezquino» 
(ídem Signos, 35), y <íD¿cie entre si mismoi> (S. D., 221); y en Alexandre: 
^Compepo de rien> (1990), en lugar de rindió, pidiendo, decía y reir, que em- 
pleamos actualmente. 

Conociendo la naturaleza de los verbos que estudiamos ahora, y con los da- 
tos que poseemos acerca de ellos, se puede afirmar con fundamento que la 
vocal de la raíz en ellos, después de salir del dominio latino, presenta en cas- 
tellano tres fases: 1.*^ Radical uniforms, conservando la « ó la i originaria en 
todas las formas. Prueba de esto es el mismo origen latino y los testimonios 
que acabamos de presentar, con otros que podríamos añadir. 2.*^ Radical uni- 
forme, pro con la vocal i en todas las formas. Esta fase la encontramos en el 
lenguaje popular que tiende á decir, mido y pido, midia y pidia, midir ypidir, 
pidemos y midemos. En los documentos se hallan, como hemos dicho, ridie, 
dicie y ptdien, donde hoy tenemos reta, decia, pedia. 3.*^ Radical di/orme, como 
actualmente en las dos clases de formas que constituyen la alternativa foné- 
tica. Esta ley se complica con otras no menos importantes, y así tenemos ver- 
bos como teñir y reñir sometidos además á los cambios de los verbos de la 

(«) Cf. reeihii pereibi, redimi; lat recepi, pereepif redemi. 



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112 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

clase cuarta; otros como sentir y arrepentir á los de la segunda, y otros como 
decir y sus compuestos á las alteraciones especiales de los verbos aislados. 

Los verbos recibir y percibir, con sus perfectos recibí y percibí, enfrente de 
concebí, parecen contrariar la ley según la cual yo opino que se han verificado 
los fenómenos que estudiamos en este artículo. Pero lejos de contrariarla, son 
su mejor confirmación. En primer lugar, estos verbos con otros, como ¿?4r/^*r, 
redimir, exigir, eximir, uniformaron la i de su radical, que en unos tiempos 
era i y en otro e-, v. gr.: recepi, percepi, exegi, redemi, direxi. 

¿Cómo no la uniformó concebir, sino que se quedó diciendo concebí de con- 
cepi, y donde debía esperarse recebi, percebi, de recepi y percepi? Y en rec&pi y 
percepi se encontraban próximas las dos ee, y si para medes y reges vale la ley, 
se transforman en mides y riges; la misma ley, aplicada á recebi, percebi, debía 
darnos recibí, percibí, por una disimulación. Este concurso de las dos ee no se 
hallaba en concepi, concebí. 

A la ley según la cnal se verifican estos fenómenos de alternativa fonética 
llamo yo también ley de equilibrio fonético, porque en muchas de las formas, 
enfrente de una de las vocales más sonoras a, o, e, y por tanto más intensas, 
aparece la i acentuada, con lo cual se refuerza y se hace más intensa, y de 
est^ modo la menor intensidad que corresponde á la í por su naturaleza de 
«emivocal se compensa con la energía que le presta el acento, y con este au- 
mento de energía llega á equilibrarse con el exceso que las otras vocales le 
levan por su naturaleza. 



CLASE SEXTA DE VERBOS IRREGULARES 

Esta clase es mixta de alternativa fonética y de contracción, según la clase 
cuarta. 
Los verbos que figuran en esta sexta clase son: 



Desleír. 


Reír. 


Desceñir. 


Reteñir. 


Engreír. 


Sonreír. 


Teñir. 


Constreñir 


Freír. 


Ceñir. 


Desteñir. 


Henchir. 



Las diferencias que estos yerbos presentan respecto al tipo partir son de 
dos clases: unas veces transforman la e del radical en i, como los de la clase 
quinta, y otras pierden la i del sufijo formativo, igualmente que los verbos 
estudiados en la clase cuarta. En algunos de los verbos de aquella clase en- 
cuéntranse las dos especies de diferencias. Para formar idea exacta de ellos, 
véase el siguiente cuadro, sirviendo de ejemplo reir comparado con gemir: 



i 



PIRS.. DB SOBJ. 



PRES. DE iiíDiG.. ( ^^^' *^"*®*' ^"*®' 8^®"*^"»°*' «^^^> g^^en. 
I ' " ' * rio, ríes, ríe; reímos, reís, ríen. 

Orapo 1.» P..». »B .«».. . f «""" í'*'- «*»"* (vMotro.). 

: ^ ríe (tú), reíd (vosotros). 

( gima, gimas, gima; gimamos, gimáis, giman. 

*^ ría, rías, ría; riamos, riáis, rían. 

Grano 2 o ! '*"' '"'**^' ^^ ( K®"*^^> gemías, gemía; gemíamos, etc. 
' urDiGATiTD.. . . * reía, reías, reía; reíamos, etc. 

Grano 3 <> I ^°^*o ^■^'^^"^o.. gemirí, gemiremos; gemiría, gemiríamos, etc. 
' FUTUKo coNDic. . reiré, reiremos; reiría, reiríamos, etc. 



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CLASE S15XTÁ DE VERBOS IRREGULARES Í18 



Grupo 4.<* 



PBET. PEBF. DEiN- ( geiiii, gemi-ste, gimi-ó; gemi-mos, gemí-steis, gjmireron 

DiCATivo * reí, rei-ste, rí-ó; reírmos, rei-steis, ri-eron, 

coND. EN ra Y se. gimi-era; gimi-ese; gimi-ere. 
FUTURO DK suBj. . lí-era: ri-ese; ri-ere. 



_ f gemi-r. i gemi-do. ( gimi-endo. 

FOBMAS NOMINALES. . INFIN. i . PAW.PASIVO. I , ^ GERUNDIO, i ' . ^ , 

^ rei-r. ' reí-do. ^ ri-endp. 

El cuadro precedente nos muestra que la transformación de la e en isólo 
se verifica en cuatro formas del presente de indicativo, en una del iinperati- 
vo j en todas las del presente de subjuntivo. En los grupos segundo y terce- 
ro se mantiene la e inalterable, y en el cuarto sólo en las personas primera y 
segunda del singular y del plural del pretérito perfecto. En todos los demás 
tiempos de este grupo, y en las personas terceras del singular y del plural, se 
producen las dos clases de fenómenos ante los diptongos io, ie: la transforma- 
ción de la e en i por seguir diptongo en la silaba inmediata, y la pérdida de 
la i, sufijo formativo, por la ley fonética primera, lo mismo que los perfectos 
de los yerbos de la cuarta clase. De no perderse la i del sufijo formativo ante 
los diptongos io, ie, j debiendo de pronunciarse con acento agudo en lá o, e, 
necesariamente habían de resultar dos emisiones de voz f>or la imposibilidad 
de formar triptongo, existiendo antes de la o, e, las dos ti reunidas. Ei^ pre- 
ciso dividir la pronunciación diciendo: ri-io, ri-iera, ri-iese, riiere; de este 
modo se explican las antiguas formas ri¡/o, riyera, riyese, riyere. 

El proceso completo de estos cambios encuéntrase clarísimo en el gerundio. 
Reír procede del latino ride-re, cuyo gerundio er&ride-ndo, como tema termi- 
nado en e larga (cf . Hor., Ep. ad Pis., Castigat ridendo mores). Después de re- 
cibir la influencia analógica de los temas en i, debía transformarse eu ridien" 
do, y por la ley treinta de equilibrio fonético continuar en ridiendo. Así lo 
encontramos en Berceo, S. Mili., 219: «El enemigo malo non sefo del ridiendoy> , 
Verificada la pérdida de la d en todo el verbo por la ley fonética sexta, debía 
resultar riiendo ó riyendo, como se encuentra en el Kabbi Don San. Tob.: 

«Como el pes en el rrío 
vigioso y rriyendo » (Prov. Mor., H93.) 

Contraídas las dos paladiales por la ley fonética primera, resultó el actual 
riendo. No puede pedirse gradación más perfecta ni en las obras de la natu^ 
raleza, y consignado además todo el proceso por documentos históricos. Apli- 
qúese este procedimiento á los perfectos rió, riera, riese, riere, y la explicación 
será completa. Hay que señalar, sin embargo, una diferencia de origen, en los 
perfectos respecto al gerundio, y es que los verbos reir, ceñir, freiry estññir^ 
teñir, procedentes de ridere, cingere, frigere, stringere, tingere, tenían sus. per- 
fectos fo^m^os con el sufijo si: risi, riseras; cinxi, cinxeras; frixi^ frixeras^^ 
strinxi, sírinxeras; tinxi, tinxeras, y los actuales perfectos castellano rió, riñó, 
frió, estriñó. Uñó, sus correspondientes, no pueden considerarse continuadores 
de ellos. Para explicar esto es necesario admitir la existencia de temas para- 
lelos, form^^ps unos según los antiguos tipos risi, cinxi, etc., y ot¿ros según 
las influencíaa analógicas de los perfectos de la tercera conjugación castella- 
na. Estas dos clases de perfectos se encuentran en algunos; de reir hay riso. 
Berceo dice : «Por poco m non riso, tant ovo grant sabory> (S. Mili, 2M)' <^Son- 
rriao (seyMyó p¿d, estaualoa fahlandoi> {P, del CVí?). Aunque esté perfecto del 



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lU 



MORFOLOGÍA DEL TBEBO 



Poema del (7^^ puede referirse al tipo sonrrisar, que se halla en el mismo poe- 
ma: €Violo8 el rei/,formo80 sonrrisava^ (ibíd.). De ceñir tenemos claras las 
dos formas. Becaérdese úpnió V espada (de Alex., 110) y eitmieran las espadas 
(ídem), citados ya en la clase cuarta. En el Poema del Cid tenemos dnxo j 
einxiestee: ^Ta Campeador en buen ora cinxiestes espadáis. €El que en huén 
<n'a cmxa e$pada^ (ibkL). Al lado de imié detñó existir na tinxo ó Unso, como 
al lado de tani^ hay nn tanso: €N'unca lo ovo visto mil tanto do ¡a mano^ 
(Bebceo, St. Or., 144). ^Tansieron las campanas, tovieron grant clamor:» 
(ídem, S. Mili., 887). Giníco, riso y algunos otros son continuadores de los la- 
tinos einxit y risit; tanso es una intrusión de la analogía de la Edad Media, 
que tuvo varios perfectos formados con el sufijo si. 

En los yerbos tañer, ceñir, teñir, reñir, la ñ está formada por la vocaliza- 
ción de la gutural suave g en la paladial i 6 y; primeramente, v. gr., tangere 
en tanier, cingere en cinier, iingere en tinier, ringere en rinier^ éstos en tañer^ 
€iñer, riñer, y, por último, en tañer, ceñir, teñir, reñir. Yo opino ^ne d pro- 
ceso fonético fué éste, porque de suponer primero un cingir, tíngir, riñgvr, y 
luego ciniir, tinür, riniir, no se ei^Iica cómo no se verificó primero la contrac- 
ción cin^, Unir, rinir, impidiendo de este modo la formación de la ñ; en tan^ 
gere, txmm^ tamendo, se ve clara la transformación de la gutural en paladial^ 
así como es msmyar de insignare, *insegnar, *in8einar, enseniar, enseñar. 

CLASE SÉPTIMA DE LOS VERBOS LLAMADOS IRREGULARES 

CLASE MIXTA DE LA ALTERNATIVA FONÉTICA 

Pertenecen á esta clase los verbos sigaientes : 



Conferir. 

Deferir. 

Diferir. 

Inferir. 

Referir. 



Preferir. 


Sentir. 


Resentir. 


Controvertir. 


Proferir. 


Disentir. 


Verter («). 


Pervertir. 


Transferir (*). 


Asentir. 


Divertir. 


Subvertir. 


Mentir. 


Consentir. 


Convertir. 


Arrepentirse. 


Desmentir. 


Presentir. 


Advertir. 


Herir. 



Adherir. 

Hervir. 

Sugerir. 

Zaherir. 

Requerir. 



Las diferencias que estos verbos presentan respecto al tipo partir son de 
dos clases. Uaas consisten en reforzar la e de la raíz en el diptongo ie, en las 
nueve formas en que la consienten los verbos irregulares de la primera clase, 
j por la misma causa del acento; y otras en transformar la misma e de la raíz 
«n i ante los diptongos ie, io, y ante la a de las personas primera y segunda 
•del plural del presente de subjuntivo. La e permanece inalterable, lo mismo 
que en los verbos de la quinta clase, siempre que en la sílaba siguiente se 
halle la vocal simple i. Por tanto, las diferencias de estos verbos se explican 
según las mismas leyes especiales que han intervenido en los de las clases pri* 
mera y quinta respectivamente. El cambio de la e en i hállase más restrin- 
gido que en los verbos de la clase quinta á causa de transformarse la e, cuando 
«s tónica, en el diptongo ie. Véase el cuadro siguiente, sirviendo de ejemplo 
el verbo sentir: 



Ompo 1.® 



pii». pi iifDiG. . siento, sientes, siente; sentimos, sentís, sienten. 
piRS. l>^ iHFXB. . siente (tú), sentid (vosotrot). 

raxs. DK lüBj. . . sienta, sientas, sienta; untamos, sintáis, sientan. 



<<) Son t»ám éstos eompoestos del latino fero, que no ha pasado al castellano. 

<S) I>e~«fle.«t^, correspondiente al latino vert^efWa compueatos advertir ^ con$miUr,^c. 



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CLASE OCTAVA BE LOS YERBOS IBBEQUIíARES 



115 



Grupo 2.® 
CkmpoS.* } 



I sentía, sentías, sentía; sentíamos^ etc. 



I PUT. IMPBIF. DR 
[ IlfDIGATITO. 

niTDBO ABSOLUTO., scntjréy sentirás, sentiremos, etc. 

FUTUKO GONDic. . scntÍTÍa, Sentirías, sentiríamos, etc. 

i PBBT. PKBVBCTO. . SBití, seotíste, síntió; sentimos, sentisteis, siatieroa. 

Grupo 4.^ I coifD. SN ra T se. sintiera, sintiéramos; sintiese, sintiésemos. 

( FUTUBO DK suBJ. . Sintiere, sintiéronos. 

FoBMAS iroMiirAus. iirriinTiyo: sentir. PABTicino pasito: sentida, gebdndio: 



Explicados estos fenómenos al hablar de las clases primera y quinta, no haj 
para qué detenemos aquí repitiendo lo qae allí dejamos dicho. 



CLASE OCTAVA DE LOS VERBOS LLAMADOS IRREGULARES 

CLA^E DE LA INSERCIÓN DE LA PALADIAL y CONTRA EL HIATO 

Esta clase comprende los verbos cuya radical termina en castellano en la 
vocal w, y su tema verbal en «, excepto inmiscuir; v. gr.: constiéu-i-r. Entre 
éstos se encuentran los siguientes: 



Construir. 


Luir. 


Destruir. 


Diluir. 


Instruir. 


Fluir. 


Obstruir, 


Afluir. 


Reconstruir. 


Confluir 



Influir. 
Refluir. 
Argüir. 
Imbuir. 
Disminuir. 



Estatuir. 


Restituir. 


Recluir. 


Constituir. 


Substituir. 


Huir. 


Destituir. 


Concluir. 


Rduiir. 


Instituir. 


Excluir. 


Circuir. 


Prostituir. 


Incluir. 





Estos verbos proceden de orígenes diversos. Hay unos que provienen de 
verbos latinos cuya radical es una raíz en u, como lu-ir; otros de raíces am- 
pliadas, como argü'ir; otros tienen su radical formado por un tema sustanti- 
vo, son denominativos, como estalu-ir, del tema statu (cf. el latín stcttus); 
otros proceden de verbos cuya radical es una raíz terminada en consonante 
dental, precedida de una u, y que por la pérdida de la d han quedado ter- 
minando en u, como concluir, del latín concludere, conclvdir, y por pérdida de 
la d conducir; y finalmente hay otros cuyo radical es una raíz ta*minada en 
gutural, como huir (fmr, del lat. fugare, fu^i-re), fu4i\ 

Luir, diluir, proceden de la raíz lu, que significa soltur, desatar. Son con- 
tinuadores de los latinos lu-ere, diluyere. 

Fluir, afluir, confluir, refluir, son continuadores de los latinos fluiré, aflu- 
ere, confíu-ere, refluere; todos ellos son derivados de la raíz^It^ óflug, que 
significa correr. 

Argüir, continuador del latino argu-ere, procede de la raíz arg = hacer 
luz, aclarar, ampliada con el sufijo u (cf. argu-mento). 

Imbuir, continuador del latino imbu-ere; su origen no es muy conocido. 
Yanicek lo considera derivado de la raíz abh, reforzada en ambh, después 
cambiada en imb y ampliada de nuevo en u, imbu. Breal cree que viene de 
una raíz supuesta *buo, *buei para nosotros es un tema verbal eau. ^ 

Construir y los otros compuestos de struere, de la raíz slru, qoe significa 
amontonar» 

Disminuir, lat. disminuyere, tiene su radical minu, derivado de la raíz mi, 
ampliada con el sufijo nu (cf. mUnu-to), y no del comparativo mimr^ mums. 



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116 MORFOLOGÍA DBL VERBO 

Estatuir y los demás compuestos proceden del tema nominal statu, derivado 
de la raíz sUi = estar en pie j del sufijo tu. 

Concluir j demás compuestos proceden de claudere, latino que no ha pa- 
sado al castellano. Los compuestos de claudere contraían el diptongo au enu; 
así concludere. Todos se refieren á la raíz klu = cerrar. 

Huir, áric. fuir y fugir, se refieren inmediatamente á fugi-re, clásico fúg-ere^ 
de la raíz fug = huir (cf. fug-a) {}). 

Todos estos verbos, cualquiera que sea su origen, llevan la paladial y 
cuando' á la u del radical sigue una de las vocales f uéf tes a, e, o, según se ve 

en el siguiente cuadro; sirva de ejemplo huir: 

'{■'■','■■ ' . . ■ ' ■ 

í PRES. DE iNDic. . huyo, hufes, huye; huí-mos, huís, huyen. 
Grupo 1.° < PRES. DE iMPEB. . huyc (tú), huid (vosotros). 

( PRES. DE suBj. . . huya, huyas, huya; huyamos, huyáis, huyan. 

■ " ■ ' _ í PRET. IMPERF. DE i , . , . , ,, ■.,.'," . 

Grupo 2.0 { > hui-a, hui-as, hui-a; hui-amos, hui-ais, huí-an. 

I INDICATIVO . . . ) 

P _ ^ I FUTURO ABSOLUTO.. hui-ré, hui-rás, hui-remos. 

•í FUTURO coNDic. . hui-ría, hui-rías, hui-ríanios. 

!PRET. PERFECTO. . hul, huistc, huyó; huíríios, huísteis, huyeron. 

COND. E3Í ra V se. huyeras, huyéramos; huyeses, liuyésemos. 

FUTURO DE SUBJ. . huycre, huy eremos. 

Formas komijíales.. infinitivo: hui-r. papticipio pasivo: huí-do. gerundio: huyendo. 

Observaciones. — La paladial y, en los perfectos huyó, huyeron, huyeras, 
huyese, huyere, y en el gerundio huyendo, es una simple modificación de la i 
normal, de modo que huyo está por huio y huyendo por huiendo (cf. partió y 
partiendo). La misma ley se aplica á los demás: argüyó por arguió; afluyeron 
por aftuieron. Esta suposición la confirma la historia: <í.Tu finca en el campo 
maguar ellos fugiereny> (Alex., 73); de futieren, con pérdida de la gutural, 
queda fuieren, hoy huyeren, 

La,y = i de los perfectos y del gerundio es el mismo sufijo formativo t. 
Así, argüimos es respecto de argüi-r lo que parti-mos de parti-r. No sucede 
lo mismo con la y de los presentes huyo, huye, huya', arguyo, arguye^ arguya. 
Comparándolos gor parto, parte, ^aría, debieran ñev huo, hue, hua;arguo^ 
argüe, arguu. Si comparamos las formas castellanas huyo, huya, con las lati^- 
mL^fugio,fugis^ fugias, hallaremos que, perdiendo la gutural g por la ley fo- 
nética sexta, y transformando la f en h por la catorce, huyo, huyas coincidea 
Gonfuió, fuias, fugio, fugias-, mientras que huyes, con la paladial y, excede á 
la íoxxs\2k \9itmsk fugis {^fu-is, *fu-es), así como á la normal castellana que 
debiera ser Áw-e5 ó /*w-«5. 

0,ompa)P.aAdo el latín arguo, arguis, arguas, con el castellano arguyo, ar- 
guyes, arguyas, encontraremos también que las formas castellanas exceden á 
las latina^ ei^ la paladial y, debiendo ser por tanto su constitución normal 
argu-o,, arguyes, argu-as. 

De Jo expuesto resulta que eii huyo j huyas la paladial 2/ = « es normal y 
continuaüjQra de la latina i-, pero en huyes, huye^ huyen, huye (tú;, lo mismo 
. qú^m^anguyOi arguyes, arguye, arguyen, arguya, etc., etq., dicha paladial es 
extraña, es una intrusión. 

(«j VéaiiéeVÁiíickk, Etj/m. W<>r^, y Brbai, Dkl. eí2/mií^^^ . .... 

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CLASE OCTAVA DB LOS VERBOS IBBBaULABES 117 

Esta circunstancia hace que las formas \s,tin2A/ugio,/ugia8, cast. ñrc.fuio, 
futas; fui/o, fuyas, j las actaales huyo, huyas, sean consideradas como típi- 
cas y normales para todos estos verbos, á imitación de las cuales se constitu- 
yeron huyes, huye, huyen; arguyo, arguyes, arguya, y las mismas formas en 
los demás verbos que figuran en el catálogo» y en general en todos los termi- 
nados en uir, menos en inmiscuir. 

Esta parece ser también !a opinión del eminente lingüista Meyer (>). Mien- 
tras no se pruebe que en arguyo, destruyo, ú otros, se empleaba ya la 
paladial y, que les es extraña, antes que fuyo, fuya, creo que estas dos 
formas tienen derecho á ser consideradas como tipos, á cuya imitación se 
han constituido los verbos en uir, por la influencia analógica ejercida sobre 
ellos, asi como también sobre las foxxnsi&fuyes,fuye, fuyen, del mismo verbo 
fuir. 

Puede objetarse diciendo que la i iñfugio, fugias, más bien que conver- 
tirse en y, debió desaparecer por la ley fonética octava, lo mismo que en/a- 
cío, f acias, *faco, *facas, fago, fagas. En verdad que aquella ley, aplicada á 
los presentes, es una de las que con más fidelidad se han cumplido en el trán- 
sito del latín al castellano; pero también es muy común en las lenguas el que 
un mismo sonido se modifique por diversos procedimientos, y con especiali- 
dad bajo la influencia de los sonidos circundantes. Los grupos uo, ua, los he- 
mos tratado de diversas maneras: suo, sua, tuo, lúa, hacen hoy suyo, suya, 
tuyo, tuya; dúo ó dúos, dos; aliquo, algo; carduo, cardo, y suave y arduo son 
hoy suave y arduo. En fugio y fugias, la i se hallaba en contacto con la gu- 
tural g, tan simpática á las paladiales, como la i lo fué á las guturales, y en 
esta afinidad, en esta atracción recíproca, la paladial debió ejercer su acción 
preponderante, consiguiendo que gutural y paladial se fundieran en este úl- 
timo sonido. Enfado yfaeia, y siendo dental en el latín vulgar la letra c, os- 
cureció á la paladial, lo mismo que en pigritia = pigricia la dental aspi- 
rada oscureció á la paladial y acabó por destruirla, engenáiñndo pereza . 
De no admitir esta explicación hay que suponer que primero se perdió la i, 
y luego la g se trasformó en y, como en reg y reges se transformó en rey y 
reyes. 

Este verbo lo encontramos en la Edad Media ostentando varias formas. 

Consérvase con la/ y la ^ y sin la paladial y; con esta letra y sin la^, y 
con la aspirada actual en vez de /. En los perfectos además empleó otra 
nueva formación con el sufijo si. Véanse algunos ejemplos: <íTu ñnca en el 
campo maguar ellos fugiermí* (Alex., 73). ^Que por la vista sola de Menelao 
fugiai> (ibíd.). a^Fuyó á los desiertosj> (Bbrc, S. D., 55). <aFuyen anteUi las 
bestias fierasi> (ibíd., S. M., 30). ^Fuyendo de los omnesy> (ibíd., 67). uSerán 
bienaventurados los que las fuyrám (Loor 183). ^Del diablo fuyamosi> (ibí- 
dem, Loor 183;. El Marqués de Santillana, en su Doctrinal de Privados, 
dice: ^uy de la caridat y mridat me fuyói>. ^Fuxeron a Asturias:», dice el 
P. M. Plórez, Fsp. Sag., 38, trad. de la Orón, del Arz. D. Rodrigo. aFussoli 
él maridóla (Berc.,Mí11., 213 y 548). ^Fuxo el vezin maloj> (ibíd., S. D. 332). 
^Fuxieron una nochei> (ibíd., 433). ^Fusso mal crebrantado)y (ibíd., 121). «Fu- 
xieron los demonios:» (ibíd., 224). Las formss fuxeron,fusso, deben reputarse 
como influencias analógicas de temas guturales con perfectos en si, xi; v. gr.: 
conduxeron, disseron, disso. 

(O Véase su obra, Grammaire des Langues Romanes; traducción francesa de 1895, en Lovaina y Fri- 
borgo, tomo U. 

MORFOLOGÍA DKL VERBO.— 10 



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118 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

CLASE NOVENA DE LOS VERBOS LLAMADOS IRREGULARES 

CLASE DE LA ALTERNATIVA* FONÉTICA ENTRE EL DIPTONGO ie Y LA VOCAL i, 
EN VERBOS CUYO RADICAL TERMINA EN T Y SU TEMA VERBAL EN i; V, GR.: 

inquir-i-r. 

Esta clase comprende todos los verbos cuyos infinitivos acaban en irir, 
como adquirir, inquirir. Su diferencia respecto al tipo partir consiste en con- 
vertir la i del radical, cuando es tónica, en el diptongo ie en las nueve formas 
del grupo de los presentes, exactamente igual que los verbos irregulares de la 

f)rimera clase convierten la vocal e del radical en el mismo diptongo «e, y por 
a misma causa, que es la acción del acento. 

No es lo común que la i tónica se transforme en el diptongo «¡e; pero en es- 
tos verbos se verifica una especie de atavismo gramatical, lo mismo que en 
otro lugar notamos, hablando de jugar ^ respecto al latino iocari^ porque la i, 
reforzada en el diptongo ¿e, procede á su vez del diptongo latino ae=^e, pues 
los verbos adquirir, inquirir, lo mismo que requerir, son, además de compues- 
tos, derivados del verbo latino qtuiero. Por esta razóii los verbos estudiados 
en esta clase debieran figurar con los irregulares de la primera clase, no te- 
niendo por otra parte más irregularidad que la que aquéllos tienen y en las 
mismas nueve formas que aquéllos. 
Yéase el siguiente cuadro sinóptico, verbo adquirir: 

!PBES. DE iiíDic. . . adquiero, adquieres, adquiere; adquirimos, adquirís, adquieren. 
PUES. DE IMPERA!. . adquiere (tú), adquirid (vosotros). 

PRES. DK suBj. . . . adquiera, , adquieras, adquiera; adquiramos, adquiráis, adquieran. 

Grupo 2." PRET. iMPERF. . . . adquiría, adquirías; adquiríamos, adquiríais; etc., etc. 

Grupo 3.° FUTUROS adquií-iré, adquiriremos; adquiriría, adquiriríamos; etc., etc. 

Grupo 4.° PERFECTOS adquirí, adquirimos; adquiriera, adquiriese, adquiriere. 

Formas NOMINALES, infinitivo: adquirir, part. pas.: adquirido, gerundio : adquiriendo. 

Es curioso para la fonética el perfecto paralelismo que ofrecen la u de jugar 
con la i de adquirir y sus transformaciones. La u de jugar, vocal extrema, la- 
bial y semivocal, procede de la o, intermedia de a w, y engendra el diptongo 
v^e. La i de inquirir, vocal extrema, paladial y semivocal, procede Aq ae=^e, 
vocal intermedia de q-t, y engendra el diptongo ie, en los mismos casos que 
la u de jugar, 

CLASE DÉCIMA DE VEEBOS IRREGÜLAEES 

CLASE DE LA ALTERNATIVA FONÉTICA MIXTA. — ^VERBOS doriXÜr Y morir. 

Considerando estos dos verbos en relación con el tv^o partir, no se encuen- 
tra en la actualidad diferencia alguna en los grupos segundo y tercero, ni en 
las formas nominales, á excepción del participio pasivo muerto, que era en la- 
tín mortuo. Las diferencias especiales se hallan en los grupos primero y cuarto 
y en el gerundio. Las diferencias del primer grupo son de dos clases: unas 
consisten en reforzar la o de la raíz en el diptongo ue, como los verbos de la 
segunda clase, en las mismas nueve formas y por la misma causa, que es el 
acento; otras consisten en cambiar la o de la misma raíz en u jante la vocal a 



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CLASE DÉCIMA DÉ VERBOS IRRBGULARBS 119 

de las personas 1.* y 2.* del plural del presente de subjuntivo. Las diferen- 
cias del cuarto grupo y del gerundio consisten en transformar la o de la raíz 
en t« ante los diptongos «b, íb. En todos estos fenómenos hay un sorprendente 
paralelismo con los del verbo sintii, mintió, y en general con todos los de la 
clase séptima, salvo la diferencia de naturaleza de sonidos. 

Puede sentarse la siguiente proporción: Lo que acontece con la e áe sentir^ 
vocal intermedia entre a4, convirtiéndose unas veces en i, vocal extrema, pa- 
ladial y semivocal, y otras en el diptongo te, eso mismo ocurre con la vocal o 
de dormir y morir, vocal intermedia entre a-u, convirtiéndose unas veces en 
u, vocal extrema labial, y otras en el diptongo m. 

Véase el cuadro siguiente, formado con el verbo dormir: 

L FRES. DK iifMC. . . duemio, duermes, duerme; dormimos, dormís, duermen. 
Grupo 1." \ PBES. DB IMPSXAT . duermc (tú), dormid (vosotros). 

t FRES. DE suBj. . . duerma, duermas, duerma; durmamos, durmáis, duerman. 

Grupo 2.** PRET. iMPERF.. . . dormía, dormías, dormíamos, etc., etc. 

Grupo 3.° FUTUROS dormiré, dormiremos; dormiría, dormiríamos; etc., etc. 

I FRET. FERF. DE iND. domií, dormiste, durmió; dormimos, dormisteis durmieron. 

Grupo 4.* ! coiíDic. y fut. de j . . . , . . ^ -i ^ • 

i > durmieras, durmiéramos; durmieses, durmiésemos; durmieres, etc. 

í subjuntivo» . , J 

Formas nominales. . infinitito: dormir, farticifio pasivo: dormido, gerundio: durmiendo. 

Eeglaf; práotioas infalibles. — La o de la raíz, en los verbos dormir y 
morir, se conserva inalterable si en la sílaba siguiente se halla sola la i del 
sufijo formativo i, lo mismo que en sentir se conserva la e de la raíz siempre 
que en la sílaba siguiente se encuentre sola la i del mismo sufijo. 

Otra. — Se transforma Isk o entce en las nueve formas del primer grupo en 
que el acento recae sobre dicha o y en el participio por la misma ley. 

Otra, — En todas las demás la o de la raíz se convertirá en u. Son las mis- 
mas reglas prácticas que se dan para sentir. Exceptúase el participio muerto 
del latín mor tito, que conserva el antiguo sufijo to de los participios latinos. 
Estos fenómenos reconocen la misma causa que los de los verbos de la clase 
séptima, por tanto nos abstenemos de dar más explicaciones. 

El verbo castellano morir derívase del vulgar moriré, según vimos en el 
capítulo de los sufijos de perfecto, y no del clásico mori, como antes se creía; 
todos se refieren á la raíz mar, que encierra la misma idea; cf. muer-te, mor- 
tal, mor-bo. El participio mortuo perdió la u por la ley novena, cf. batuo y 
bato, y la o de la raíz se transformó en ice por la ley fonética veinte, resultan- 
do muerto. Las transformaciones de estos verbos se hallan ya en los primeros 
monumentos del idioma castellano: «&* nos muriéremos en campo, en castiello 
nos enterraran)) (P, del Cid), nCayen en vn poco de logar moros muertos mili e 
GGG ya)) (ibíd.). «Vn suenno prisso dulce, tan bien se adurmió» (ibíd.). <íEI 
pastor que non duerme» (Berc, S. D., 24). € Apremió la cabera, fosse adormi- 
tando)) (id., S. M., 10). Pero no se encuentran usadas con la misma regulari- 
dad y simetría que en la actualidad. Al lado de durmió dice Berceo: dMientre 
tapie dormiendoy> (S. Mili., 10). aQuando veno la noch la ora que dormiessen» 
(Mili., 347). 

Estas dobles formas dormiendo y durmió, que acabamos de citar, nos revelan 
la gradación por que han pasado los verbos morir y dormir, especialmente en 
algunas de sus formas, lo mismo que hacíamos notar al hablar de pedir, con^ 
cebir y demás verbos de aquella clase. 

Si los radicales de estos verbos mor y dorm tienen la vocal o, parece lógico 



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120 morfología del verbo 

que dicha Oy lo mismo que en latín, se encontrara en todas las formas del ver- 
bo castellano antes de cambiarse en u en los pretéritos perfectos y en el ge- 
rundio. En efecto, en los documentos de la Eaad Media, especialmente en loa 
siglos XIII y XIV, se encuentran numerosos ejemplos en los cuales permanece 
la o etimológica en lugar de la u actual. Yamos á citar algunos de los ma- 
chos que tenemos recogidos: 

«En Almodouar durmieron 
E posieroii y penada.» (Ibíd., 1335.) 

(í Morid como león fuerte, 
Por la ley que nos avenios.» (A. Onc, 906. ) 

ccQue morio por nos todos.» (Berc, Sac, 129.) 

dCon ludas en el ¿nfyerno yagtuí quando moriere* (P. de F. Gonz., 445). «Pare89e que 
.con vusco non se estaría dormiendoy> {ElTJí^, 785). (íAdormier&nse todos después de la hora 
buena» (ibíd., 1071). «Velaron con espanto, nin punto non dormierony> (ibíd., 1072). «Si tu 
nunca morieses vivir yo non podría» (JBerceo, Loor 97). 

Lo mismo sucede con la o del participio: 

«Sennor, que por mi fuste morto e mortaiado.j> (Bebceo, S. D., 651.) 

En el grupo de los futuros predominan en la Edad Medía las formas sinco - 
padas morré y morria, lo cual parece ser debido á influencias gallegas y por- 
tuguesas: 

iiMorreredes de tal mano que tws dette plaxer.j> (Alex., 1207.) 

aDixo el quinto maestro: morra en agua afogado.y> (FiTA, 121.) 

«Ca d'otra manera los unos serian 
* Monarchas del mundo e grandes señores, 

E otros languiendo de fambre morrian.y> 

(Santill., Comd. de Ponza.) 

Otras formas no sincopadas, como morrer por morir^ morria por moría, mo' 
rreredes por moriredes, jnoriréis y morrerian por morirían, confirman aquellaa 
influencias. Por fortuna han desaparecido de nuestra lengua estas asperísimas 
y desagradables formas. Las que actualmente poseemos, ya hemos dicho y 
comprobado que existían al lado de otras formas originarias desde los prime- 
ros tiempos del idioma castellano. 

CAPÍTULO II 

TBBBOS LLAMADOS IRREGULARES QUE DEBEN ESTUDIARSE POR SEPARADO 
DE OTROS DE DIFERENTES RAÍCES 

En este capítab comprendemos los verbos que, siendo completos, hay ne- 
cesidad de estudiarlos individualmente, porque no todas las leyes especíale» 
que han intervenido en la formación de uno han intervenido también en la 
de otro, procedente de diversa raíz. La razón, por tanto, de seguir este plan 
en e! presente capitulo se funda en que la mayoría de estos verbos presentan 
dos ó m¿s claBes de diferencias, respecto á los tipos de las llamadas conjuga- 
cionea regulares^ y no es posible encontrar series de verbos procedentes de 



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VERBOS AISLADOS 121 

diversas raices que contengan el mismo número y las mismas clases de dis- 
crepancias; nnas mismas irregularidades apenas si se hallarán más que en el 
simple 7 los compuestos de una misma raíz. No es posible, en sn consecaencia 
hacer con estos verbos clasificaciones, tomando por principio de ellas la tota- 
lidad de SUS divergencias. Mas á fin de no presentarlos en su escueta indivi- 
dualidad y sin nmgún vinculo de conexión, aunque dentro de sus mismas 
irregularidades, vamos á clasificarlos, siquiera sea muy imperfectamente, en 
tres clases, para lo cual tomaremos por principio los grados mayor ^ medio y 
mínimo de influencia analógica, de atracción, que, según indicamos en el capi- 
tulo de los sufijos formativos especiales, han ejercido sobre sus perfectos los 
perfectos de la tercera conjugación regular. Según este principio, los dividi- 
remos en las tres series siguientes: !.•, verbos irregulares aislados, cuyos per- 
fectos han recibido de los perfectos de la tercera conjugación regular toda la 
influencia analógica^ consistente en el acento y sus consecuencias fonéticas, j 
los diptongos iOy ie; 2.\ verbos irregulares aislados, cuyos perfectos han reci- 
bido de los perfectos de la tercera conjugación regular la influencia analógica 
en su grado medio, consistente en el dip^ngo ie y el acefito en los condiciona- 
les en rajsej en el futuro de subjuntivo, conservando en el pretérito per- 
fecto el acento que les correspondía en latín y las consecv^encias fonétims en 
la i final de las personas primera y tercera del singular; 3.% verbos irregula- 
res aislados, cuyos perfectos han recibido de los perfectos de la tercera con- 
jugación regular la influencia analógica en su grado mínimo, consistente en 
haber recibido el acento en los condicionales en ra jensej en el futuro de 
subjuntivo. Los perfectos de estos últimos verbos no recibieron de los de la 
tercera ni los diptongos io, ie ni el acento en las personas primera y tercera 
del singular del pretérito perfecto, y en su consecuencia ni los cambios foné- 
ticos relativos á aquélla. Hay y ha habido sin embargo, en el castellano popu- 
lar, grandes tendencias á decir trajieron, dijieron, difiera, esto es, á imitar los 
diptongos de la segunda de estas series. 

A los pretéritos de estas dos series últimas que no han recibido el acento de 
los de la tercera en las personas primera y tercera del singular se les Uama 
, perfectos fuertes, á todos los demás débiles. Estas denominaciones han sido 
introducidas en España por las gramáticas alemanas, francesas é italianas. 
Para nosotros son dos términos vacíos de sentido, nada nos dicen ni la debi- 
lidad de los unos ni \si fortaleza de los otros; es preferible llamar perfectos 
graves á los que llaman /w^^, porque todas las personas del pretérito perfec- 
to son graves, y grave-agudos á los que llaman débiles. Nosotros los iremos 
revisando según las tres series que hemos hecho, basadas en el grado de in- 
fluencia analógica que han recibido los perfectos. 

t 

SERIE PRIMERA 

VERBOS AISLADOS, CUYOS PERFECTOS HAN RECIBIDO DE LOS DE LA TERCERA 
TODA LA INFLUENCIA ANALÓGICA 

Los verbos irregulares aislados que han recibido en sus perfectos todas las 
influencias analógicas de los de la tercera conjugación regular son los si- 
guientes: 

Salir. I Asir. I Erguir. I Yacer. I Ver. I Dar. 

Valer. Caer. Oir. | Pudrir. | | 



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122 morfoloqía del yerbo 

Todos estos verbos llevan en el grupo de los perfectos la misma acentoa- 
ción que los perfectos de la tercera conjugación regular, siendo agudas las 
personas primera j tercera del singular como aquéllos; v. gr.: vali, valió; sa- 
li, salió; vi, vio, etc. En su consecuencia, la i tónica persiste, y de lo contra- 
rio, por la ley veintidós habría sido e, como lo es en vine, tuve, puse, etc. 
Tampoco hubieran tenido el diptongo io, á imitación de los de la tercera, 
sino la e, como fué, are. fu-e, ó la simple o, como dijo. A ninguno de ellos le 
correspondía el acento de los otros tiempos; v. gr.: videras, valúeras, salüé- 
ris, ni tampoco el diptongo ie, porque la e resultaba átona. Todo esto, que co- 
rresponde al natural desenvolvimiento de los perfectos de la tercera, lo han 
recibido todos estos verbos por imitación de aquéllos. En esta participación 
común se halla el principio de unión de los diez verbos enumerados y algu- 
nos compuestos suyos. Esto es lo que tienen de común; veamos ahora lo que 
tienen de diferencial, examinándolos en su individualidad. 

Yerbo salir. — Este verbo es por su estructura continuador del latino sa- 
Vire, Por su significación no es tan exacta la concordancia. El latino sálire 
corresponde á nuestro verbo participial saltar, formado sobre la base del par- 
ticipio salto, salta, correspondiente á salire. La significación de salir debió 
tomarla en la Edad Media, pues en los documentos del latín vulgar lo encon- 
tramos ya con esta significación: e^Exito sive salitor., se lee en la confirmación 
de los Fueros de Carrión en 1109. La significación que tiene hoy nuestro 
verbo salir es la que corresponde al latino exire, verbo muy en uso en el anti- 
guo castellano y que hoy se halla relegado al olvido. El verbo salir, con sig- 
nificación de saltar, se encuentra alguna vez en el castellano arcaico: <LQue 
salgas contra fuera = que saltesi> (Alex., 2062). <íNon es para Ion rey tal 
cosa fazedera. Podiendo sallir dentro de sallir contra fueroh (ibíd., 2064). 

Salir y salire se derivan de la raíz greco-itálica sal. Esta raíz lleva consigo 
idea de movimiento; esto es, significa andar, salir, saltar {}). La idea de sal- 
lar se halla en castellano, además del verbo, en salta-dor, salió, a-sal- tar, 
asal'to, 

Salire pertenecía á la cuarta conjugación latina ó temas en t larga, y en 
castellano á la tercera que es la continuadora de aquélla; se conjuga por tan- 
to como partir. Discrepa del tipo partir en los grupos de tiempos pnmero y 
tercero; en el segundo y cuarto están perfectamente acordes. 

Según las leyes generales, que se cumplen en el tipo partir: 

Pebskntb db iiidicativo. Í ^^^^^ ^^''- *^^«> '^^' «^*' *^°»^'' ^'^' '^^"• 
^ Pero es: salgo, sales, sale; salimos, salís, salen. 

Impbeativo i ^^^^^ ^^- ^® í"^^' ^^** (Tosotros). 

^ Pero es: sal (tú), salid (vosotros). 

PiE8E5TEDBSüBjüiinvo.P®^^^s«'*= «^ ^^^> ^^*' salamos, saléis, salan, 
* Pero es: salga, salgas, salga; salgamos, salgáis, salgan. 

De la comparación resulta que el verbo salir discrepa del tipo ^rtir en la 
gutural g colocada entre el radical sal y los sufijos o, a de la primera perso- 
na del singular del presente de indicativo y en todo el presente de subjuntivo 
en virtud de la ley fonética trece. Además, en el imperativo, por la ley foné- 
tica veintiocho, pierde la e final, que es el sufijo formativo. 

(i) Cf. Vahicee, Etynf, Wort. 



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VERBOS AISLADOS 128 

La g de salgo, salga, se mira como una imitación de la g de los verbos imgq 
y vengo. Estas últimas formas son consideradas como las más antiguas y típi- 
cas en los verbos qae llevan en castellano la g epéntica. 

El uso de la^ en el verbo salir es bastante antiguo, aunque muy raro: 
ikQvs salgas contra fuerai> (Albx., 2062). Nótese que sólo se introduce la^ 
ante las vocales más sonoras a, (?. De introducirla ante e éi resultaría salges, 
salgi, pronunciación muy áspera. La inserción de la g es indudablemente de- 
bida á razones de eufonía, 

¿Pero es esta;^ el desarrollo natural de la », de las formas latinas salió y 
saliaSf ó se perdió primero aquella i por la ley fonética octava, quedando salo, 
salas, lo mismo que valo, vaías, y por fin se introdujo la g, formándose salgo, 
salgas, lo mismo que valgo, valgas'^ 

Yo opino que primero se perdió la i por la ley fonética octava y que des- 
pués se introdujo la g. Me fundo para esto en que el procedimiento seguido 
por el castellano en los grupos fonéticos átonos lia, lie, lio, cuando han sufri- 
do alteración sin perderse la i, ha sido: 1.% hacer desaparecer la vibrante 1; 
2.^, conservarse la paladial i\ 3.^ transformarse dicha paladial i en la aspira- 
da fuerte/; v. gv.\ folia, foia, foja, hüja\ mulier, muier, mujer; alio, aio, ajo. 
Según este procedimiento, debiéramos esperar de salió, salias que se formara 
primero saio, saia, como en el gallego sayo, sagas, y después safo, sajas. Otro 
procedimiento seguido en estos grupos ha sido el de transformarse la I con la 
i en //; así lievar arcaico, llevar; mirahilia, maravilla, y según este procedi- 
miento, de salió y salias debiera formarse sallo y sallas. 

La tendencia de la i no ha sido, pues, á convertirse en gutural explosiva 
stmve, sino en la aspirada ; ó fundirse con la I en II. 

En otros casos ha permanecido inalterable, como en concilio, auxilio, Basi- 
lio, Sicilia, si bien con tendencia en el lenguaje popular á decir concillo, au- 
xilio, Basilio, Sicilia-, ^Sallá a mancebia y xib sancto varoni> (Berc, 8. D., 40). 
uSalló fuera del lechos libíd., 308). ' 

Por último, en este caso concreto de salió, salias, por la citada ley fonética 
octava se perdió la i, resultando sab, salas, y después salgo, salgas. Esta 
aserción se confirma por la historia: Wa yo non aqui non ueo mata onde lobo 
salai> (Albx., 140). 

Como ya hemos dicho, el uso de la g en salgo, salga es bastante antiguo, 
aunque raro hasta el siglo xv: «Fata que salga mi alma desta carnal prisión» 
(BEttC, 247). (íSi desta regla me salgo» (Montes, AntoL, IV). «iVo sálgameos» 
(J. DEL Encina, ibíd.). 

*^ * \ salía, salías; salíamos, salíais; etc., etc. 

PtUTRTITO IMPERFECTO . . . . ) 

Grupo 3.^ ( Debía ser: saliré, salirás, salirá; saliremos, saliróis, salirán. 

FUTURO ABSOLUTO V Pero es: saldré, saldrás, saldrá; saldremos, saldréis, saldrán. 

La forma plena se encuentra alguna vez: «Por joyas e dinero salirá de ca- 
rrera)) (Pita, 485). El Bable conserva salirá, salirán. La comparación nos da 
á conocer que primero se perdió el sufijo formativo i y luego se introdujo una 
d fonética. El proceso fonético seguido en estos fenómenos fué: saliré, sal-ré, 
sahd-ré. De salré no he hallado ejemplos; es probable que, dada la aspereza que 
resultó de la pérdida del sufijo i, y por más que en la Edad Media no era todo 
suavidad y dulzura, y á pesar de ser muy aficionada á las sincopas y concurso 



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124 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

de consonantes Ir, nr, rr, al mismo tiempo de verificarse la síncopa de la i, se 
introdujera la dental suave d. 

ü -„-^ «.>..»,«.««.«« / Debía ser; saliria, salirías, saliria; saliriamos, saliríais, salirían. 
t Pero es: saldría, saldrías, saldría; saldríamos, saldríais, saldrían. 

Los procedimientos, las pérdidas, la suavización, todo es igual al otro fu- 
turo; no haj necesidad de más explicaciones. 

ÍPBET¿RiTO PERFECTO. . salí, salíste, salíó; salimos, salisteis, salieron. 
í saliera, saliéramos: saliese, saliésemos; saliere, saliéremos, etc. etc. 
RO DE SUBJOIfTIVO. . ' 

Formas nominales. . infinitivo: salir, participio pasivo: salido, gerundio: saliendo. 

<íEl día salido e la noche entrada^» (P, del Cid). aSálidos son todos armados 
pora la toma de Valenp¿aj> (ibid.;. En latía, el participio pasivo era salto, salta. 

Verbo valer. — Este verbo es continuador del latino valere, que signifi- 
caba ser fuerte, ser vigoroso, tener poder (cf. inválido, el que no puede, y con- 
valeciente, el que está adquiriendo fuerzas). Entre nosotros se toma con fre- 
cuencia en el sentido de ser útil. Provienen uno y otro de la raíz val = var^ 
que significa impedir, proteger, reverenciar. En latín pertenecía á los temas 
en e larga, y en castellano sigue á la misma conjugación; su flexión, por tan- 
to, ee la misma de tetner. 

Se diferencia de tem£r, ó lo que es lo mismo, se aparta de las leyes genera- 
les de la segunda conjugación, como salir se aparta departir, ó sea de las le- 
yes generales de la tercera. 

En el primer grupo de tiempos introduce la gutural explosiva suave ^en- 
tre los sufijos a, o, y el radical en la primera persona del singular del presente 
de indicativo y en todo el presente ái subjuntivo, ó sea en siete formas. En 
el grupo tercero, ó grupo de los futuros, se han verificado los mismos fenóme- 
nos de sincopa y epéntesis que en saldré y saldria. En los grupos segundo y 
cuarto es completamente regular, lo mismo que salir. Véase el siguiente cua- 
dro sinóptico: 

í Debía ser: valo, vales, vale; valemos, valéis, valen. 
, presente de indicativo. ) _ - , , , , f. , 

' ^ Pero es: valgo, vales, vale; valemos, valéis, valen. 

^ ^ \ í Debía ser: vale (tú), valed (vosotros). 

Grupo l.<» presente DK imperativo, i „ ^ X \ U'^ i^/ . n 

i • * Pero es: val o vale (tu), valed (vosotros). 

f i Debía ser: vala, valas, vala; valamos, valáis, valan. 

^ presente de subjuntivo, •i „ , , . , . ,. . 

^ Pero es: valgas, valgas, valga; valgamos, valgáis, valgan. 

Por la comparación se ve que valgo, valgas llevan como salgo y salgas una 
g que les es extraña. En valgo, valga, el uso de la g es mucho más moderno; 
aun en el siglo xv es difícil encontrarla. 

Generalmente se admite que la g es el desarrollo natural de la e, sufijo for- 
mativo de los verbos de la segunda conjugación (cf. el latín valeo, valeos). 

Pero esta explicación se opone á la ley fonética séptima y contradice á la 
historia. La historia de la lengua castellana nos muestra que antes de em- 
plearse las formas valgo, valgas con g se usaron sola y exclusivamente por 
siglos enteros las mismas formas sin ella, y así se decía corrientemente, v. gr.: 
(íValan-me tus vertibles gloriosa Sancta Mariay> (P. del Cid). ^Vuestra vertud 
me uala, gloriosa» (ibíd.). <íDixo él Campeador: Valelde por caridat^ (ibíd.). 



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VERBOS AISLADOS 125 

Valélde^=valedle (cf. curialde = curiadle). ^Valame la tu piedaU (L. Aya- 
la, Rim. 1069). iíValaa á la pobre lazradaT> (Bbec, 8. Mili., 137). ^LValas- 
me, Ohristo, la tu piedad 8affradaj> (P. Fbrn. Gonz., 497). <iiValanme los pen- 
samientos^ (Montes, Ant. del Sr. M. Pblayo, IV). En el dialecto gallego se 
conservan todavía las formas sin g: ^Valíate o ceo, que aUendida vés\) (Lamas 
Carvajal, Espinas), También se halla en el Bable como interjección, dice 
el Sr. Bato de Arguelles; pero se emplean corrientemente las formas con g en 
aquel dialecto: 

«Válgame el Señor San Pedro, 

Nuestra señora me valga; 

La Virgen de Covadonga, 

Ye piquinina y galana.» 

(Cuesta, Poes. Asturianas,) 

Mal podría formarse la g por desarrollo de la e, sufijo formativo, si dicha e, 
por la ley fonética séptima, se perdió, usándose en su consecuencia las formas 
válo, vaías por mucho tiempo antes sola y exclusivamente. La inserción de la 
g es debida á la influencia de tengo y valgo, que son bastante más antiguas. 

La segunda persona del singular del imperativo tiene dos formas, la plena 
vale y la apocopada val; esta segunda por la ley fonética veintiocho: <iiValms 
^loriosa^ (Bebo., Mil., 536). 

Grupo 2.® PKETétiTO iMPEKPKCTo. . Valía, valias, valíamos, etc. 

í Debía ser: valere, valerás, valerá; valéremos, valereis, valerán. 

^ ^ A I ^ Pero es: valdrá, valdrás, valdrá; valdremos, valdréis, valdrán. 

Orupc 3." { » > » » ' 

I í Debía ser: valería, Valerias, valeríamos, etc. 

I FÜTO»0 COHDICIOIIAIK). . i ^ ,_,. , , . ... 

^ Pero es: valdría, valdrías, valdría, etc. 

La explicación de la pérdida del sufijo e y de la inserción de la d eufónica 
«es la misma que para saldré. 

Las formas sincopadas valré, valria apenas si se hallan. Las formas con la 
d eufónica son antiquísimas: «CaZ crepé companna porque más valdrái^ (P. C). 
<lEI Cid siempre valdrá más-» (ibíd.). ^Bün valdrá commo creo un vaso de bon 
vino)) (Bero., S. D., 2). nMucho le valdrya mas que no fuesse nascido^ 
(Fee. Gonz!, 533). ^Vdldrianos mas que fuessemos en un dia soterra- 
dos» (Alex , 1827). 

ÍHKTÉBITO PERFECTO, COIf- 
DICIOIfALES Y FUTURO 
DE SUBJUNTIVO Valí, valíó, valieron; valiera, valiese, valiere; etc., etc. 

Formas noMUfAUCS. infinitivo: valer, participio pasivo, valido, obrudnio: valiendo. 

Verbos as^r y desasir. — Este verbo, que se conjuga como partir, dis- 
crepa de él solamente en siete formas del primer grupo de tiempos; esto es, 
en las seis de singular y plural de presente de subjuntivo y en la primera 
persona del singular del presente de indicativo, como puede verse en el cua- 
dro siguiente: 

/ PRESENTE DE INDICATIVO, osgo, ases, ase; asimos, asís, asen. 

Grupo I.**. I PRESENTE DE IMPERATIVO, ase (tú), asid (vosotros). 

\ PRESENTE DE SUBJUNTIVO, asga, asgas, asga; asgamos, asgáis, asgan. 

Grupo 2.<^ PRETÉRITO IMPERFECTO. . asía, asías, asíamos, etc. 

Grupo 3.<* FUTUROS asiré, asirás, asiremos, etc.; asiría, asirías, asiríamos, «le. 

Grupo 4.** PERFECTOS así, asbte, asió, asimos; asiera, asiese, asiere, etc. 

Formas nominales. . infinitivo: asir, participio pasivo; asido, gerundio: asiendo. 



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126 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

Sns diferencias respecto al tipo partir están en que el final del radical lleva 
nna g en las siete formas dichas que no la lleva en las demás. Nótese la si- 
metría qne existe en el uso de la g entre pongo, ponga; tengo, tenga; valgo, 
valaa; hago, haga; asgo, asga, la cual g no pasa de las silabas go, ga; esto es, 
en las silabas en que se pronuncia sitave, y nunca entra en ge, gi. 

¿Cómo se explica en asgo, asga esa g, que respecto á todos los demás tiem- 
pos aparece como una adición, una epéntesis? Los dos grandes cultivadores 
de las lenguas romanas, Federico Diez y W. Meyer Lübke, consideran al 
verbo asir como continuador del latino apisci; pero ni uno ni otro nos ilu- 
minan con sus explicaciones, presentándolo como si fuera cosa evidente y 
exenta de toda duda. 

De ser el verbo asir derivado de apisci, presente de indicativo apiscor y 
subjuntivo apiscar, las formas asgo, asga procederían de las anteriores sin- 
copadas por pérdida de la sílaba pi, quedando as-co, as-ca; as-go, as-ga. Esto 
es á lo que nos autorizan las leyes generales de permut ación /ow^to y morfo- 
lógica latino-castellana. 

La significación de asir y de apisci concuerdan, pero la estructura de asir 
no es tan fácil derivarla de apisci. Por de pronto debemos tener presente que 
ni un solo verbo deponente latino, cual era apisci, ha pasado al castellano si 
primero no ha tomado la forma activa. Así mori, antes de formar morir, tomó, 
según hemos visto, la forma activa moriré, y sequi, antes de producir el verbo 
seguir, se convirtió en sequire; pues según esta misma ley general, que es 
constante y universal, antes de tener un asir, debiera esperarse un apiscere 
ó apiscire. Es más; por el carácter incoativo del verbo apiscor, apisci, antes 
que apisceri debiéramos esperar apiscere, apiscer, como de nascor, nasd, nas^ 
cer, nacer. Colocado así en este terreno, planteada la cuestión en la forma que 
las leyes generales de permutación nos autorizan, yo no encuentro en la foné- 
tica latino-castellana leyes que de *apiscere nos lleven sin violencia y sin pa- 
sar por otros estados intermediarios, que no se encuentran en la historia, al 
actual verbo castellano asir. 

El verbo apiscor, apiscar, ó apisco, apisca, es de forma incoativa, y las for- 
mas incoativas resistieron con su s muy bien hasta el siglo xvi, penetrando 
dentro de él. 

Las formas seo, sea se extendieron á todos los tiempos del verbo y hasta 
á las formas nominales, sustantivos y adjetivos. Apisco no nos presenta mues- 
tras de esto. Las formas incoativas perdieron su s; asir, al contrario, la con- 
serva por todo; las formas incoativas conservan en cambio la c; éste la ha per- 
dido en todos los tiempos. Por otra parte, las pérdidas tan violentas como 
supone apiscere para llegar á asir no se dan sin intermediarios, y la historia 
de esta palabra no los tiene. Por estas razones yo considero muy problemá- 
tica la procedencia que se asigna á este verbo. Sólo tiene en su abono la sig- 
nificación y las siete formas asgo, asga como duc^osas, ó á lo sumo pro- 
bables. 

¿No sería preferible hacerlo derivar del sustantivo asa, latín ansa, y ansa 
todavía en el lenguaje popular, que significa asidero, agarradero? También 
encuentro dificultad para esto,- porque los verbos denominativos, como sería 
el formado por asa, son de la primera conjugación, y así este verbo no sería 
asir, sino asar. 

Yo admito otra hipótesis, que es enteramente conforme á las leyes de nues- 
tra fonética y no está muy distante en la significación que entre nosotros 
tiene el verbo asir. Consiste esta hipótesis en hacerlo derivar del latino assue* 



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VBRBOS AISLADOS 127 

re. Yo me inclino á esta opinión porque las leyes de permutación fonética 
nada dejan que desear. Se^n esta opinión, císir seria, respecto del latino 
assuere, lo que batir es de batuere, Y asi como el presente de indicativo de 
batir es bato y el de subjuntivo bata, así los de asir debieran ser aso, asa 
respectivamente. La historia nos confirma en esta suposición. En el arcipreste 
de Fita, cop. 1324, se encuentra asa con la significación del actual asga,, 
presente de subjuntivo; dice así: 

«Tomóla en la falda, e levóla á su casa (á la culebra); 
Púsola 9erca el fuego, 9erca de buena blasa; 
Avivó la culebra; ante que la el asa (la coja, la cogiera), 
Entró en un forado desa cosina rasa.» 

Las formas asgo, asga son relativamente muy modernas; no son de asco, 
asea, síncopa de apisco, apisca; éstas hubieran dado aseo, azca, y antes de azco, 
azca, debiera encontrarse usado asco, asea, que no lo está. 

La introducción de la g de asgo, asga debe datar del siglo xv, como en 
otros- machos verbos. 

El verbo assuere significaba en latín coser-, el cambio de significación tam- 
poco tiene nada de extraño en la vida de las lenguas. La introducción de la^ 
en aso, asa es como la de valgo, valga, antes válo, vala; son obra de la analogía. 

Vebbo -caer. — Este verbo es continuador del latino cadere y con signifi- 
cación idéntica. Comparados el castellano actual caer con el latino cadere, 
aquél ha perdido la d entre vocales por la ley fonética sexta. La d de cadere 
se conserva en cadencia y decadente, codito y otras palabras. La raíz de todas 
estas palabras es cad, con la misma significación general de caer. Caer perte- 
nece a la segunda conjugación castellana, aunque en latín era de la tercera 
que ya desapareció, según dijimos en el capítulo de los sufijos formativos. 
Comparado caer castellano con cadere latino, se diferencia, aparte de la sínco- 
la de la d, en haber uniformado todos sus tiempos. El latino tenía cade para 
os presentes, cecidi para los perfectos, casum para los participios; el castella- 
no caer, cai, caido, ha hecho desaparecer aquellas diferencias, uniformando el 
radical en todos sus tiempos. Comparado este verbo con el tipo temer, presen- 
ta algunas diferencias en el grupo de los presentes. En los otros tres grupos 
de tiempos, caer concuerda en un todo con temer. La misma concordancia 
existe en las formas nominales, según puede advertirse en el siguiente cuadro: 

r PRBSBHTB DI INDICATIVO, teiuo, temes, teme; tememos, teméis, temen. 

Debiera ser: cao, caes, cae; caemos, caéis, caen. 

Pero es: caigo, caes, cae; caemos, caéis, caen. 

_ . - J / teme (tú), temed (vosotros). 

Grupo 1.0< IMPERATIVO \ ^/,. ^ / . . v 

I * cae (tú), caed (vosotros). 

' PBBSENTE DE SUBJUNTIVO, tema, temas, tema; temamos, temáis, teman. 
Debiera ser: caá, caas, caá; caamos, caáis. caan. 

Pero es: caiga, caigas, caiga; caigamos, caigáis, caigan. 

Grupo 2.^ PRETéiiTO IMPERFECTO. . caía, caías, caía; caíamos, caíais, caían. 

Grupo 3.° FUTUROS caeré, caerás, caeremos; caería, caerías, caeríamos; etc., etc. 

Grupo 4.*^ PERFECTOS caí, caíste, cayó, cayeron; cayera, cayeras; cayese, cayeses, cayesen, etc. 

Formas nominales.. . infinitivo: caer, participio pasivo: caído, gerundio: cayendo. 

De la inspección del cuadro precedente se saca en consecuencia .qué el ver- 
bo caer en el primer grupo tiene la sílaba ¿^, que no lleva temer ni debía lie- 



lo 



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128 MoaFOLOaíA del ybbbo 

varia caer^ según las leyes generales de la conjugación en siete formas, las 
seis del presente de subjuntivo j la primera del singular del presente de indi- 
cativo. Adviértese también que en los perfectos cayó, cayeron^ cayera, cayese, 
cayere, y en el gerundio cayendo, lleva éste una y donde aquél contiene una t . 
La y de cayó y demás formas mencionadas de los perfectos es la misma i de ^- 
mió, temiera, etc. La diferencia es orto^fíca» debida á que la i, cuando se arti- 
cula con la vocal siguiente, dando comienzo á silaba, es sustituida por la pala- 
dial consonante y. Que esta y de cayó, cayeron, cayera, cayese, cayere, cayendo 
es la misma i que se encuentra en todos los perfectos regulares, nos lo demues- 
tra la historia sin género alguno de duda: aCadioU de los otos toda la pesa- 
dumbrej> íBbro., S. D., 611). dCadieron grandes ientes, puehbs muy soheia- 
nosi> (ibíd., S. Mili., 244). <íGadió poressa culpa en peligro a iah (ibíd., S. D., 
677). La i se encuentra también sin la d: <íAmortepidos caieron comma de golpes 
graridesi> (ibíd.. Loor 60). Estas formas responden perfectamente al cadierit 
del latín vulgar, que por la acción de la analogía se formó á imitación de la 
forma sincopada audierit y concluyó por imponerse al ceciderit clásico: <íSi ca- 
dierit in guerra de morosi> (Pactos con los moros de Tudela, 1115). El proceso 
seguido por. estas formas cayó, cayera, etc., filó el siguiente: cadierunt, cadie- 
ron, caieron, cayeron. 

Esto nos da á conocer que los perfectos del verbo latino cadere, cader, 
caer, formados por analogía de los de la cuarta conjugación, se asimilaron á 
éstos en el segundo estadio, ó sea en el periodo sincopado, formándose un 
cudierit, pero no un cadiverit ni cadiverunt, sino cadierunt. Las formas con d 
se encuentran además en algunos otros tiempos: nMuchas veces cadriamos = 
(caderiamos) que por ti non caemos^ (Bbrc-, Loor 217). (nCadria asuspiedes de 
buena voluntadi> (St. Or., 121). Las formasjcon ¿í no se encuentran en el Poema 
del Cid; esto nada tiene de extraño; Berceo, á pesar de ser posterior al Poema 
del Cid, conserva muchos arcaísmos que no se encuentran en aquel poema. 
Berceo, en materia de arcaísmos, es el Salustio español. El dialecto gallego, 
en el gerundio, no lleva i ni y\ v. gr.: <íPouco á pouco iba caendoy> (Carva- 
jal, Espinas), 

Fáltanos explicar la sílaba ig de las siete formas antedichas del grupo de 
los presentes, intercalada entre el radical ca y los sufijos a, o. Esta sílaba ig 
hay que descomponerla en dos partes i -j- g, porque no han penetrado simul- 
táneamente las dos en estas formas. La i es anterior en siglos á la ^ de este 
verbo; la i, en una de las dos formas i ó y, se encuentra en los primeros mo- 
numentos del idioma castellano; esto prueba que es anterior todavía, que 
pertenece al período prehistórico, al que yo he llamado morfológico, de nuestra 
lengua. Para encontrar la g es necesario venir al siglo xv cuando menos. Hay 
que añadir que la paladial i ó y, en aquellos tiempos antiquísimos, se encuen- 
tra en formas en que hoy no se halla, tales como en cayer, caye, cayevms, si 
bien al lado de otras que no llevan dicha y, como caemos, cae, caer, igualmen- 
te que hoy las tenemos. Lo que no se encuentra es un cao al lado de cayo ni 
un coa al lado de cay a. De manera que antiguamente estas formas ñieron 
como sigue: cayo, caya, cayas\ cayamos, cayades, cayan; caes ó cayes, me ó 
caye, caemos ó cayemos^ caen ó coyen. Véanse los siguientes ejemplos: ^Gayen 
en un poco de logar moros muertos mile CGC yai> (P, del Cid), ^Por cayer so- 
bre el ninno un coto málopusoi> (Bbrc, Loor 37). aSi á nos ploguiere Minaya, e 
non nos caya enpesary> {P, del Cid). aQue sano e valient en el infierno cayasy> 
(Bbrc, S. D., 432). uMas avisate non cayas:» (Trat. de la Doc). ^Que non caya 
en laso donde sea dapnadoy> (L. Ayala, Rim. 175). aMuchas veces cadriamos 



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VfiBBOS AISLADOS 129 

que por U non caemosyy (Bero., Loor 217). <íExir deste mal sieglo, en el bono 
caería (id., 8. D., 488). Las formas cai/o, caya recibieron la g en el siglo xv, á 
imitación de otros verbos que ya llevaban esta gutural desde muy antiguo, 
como tengo y vengo, y con dicha g las conservamos. En cambio las formas caye,^ 
eayemos, caym^ cayer, cedieron el campo á caer, cae, caemos, caen; fenómeno que 
tiene bastante de extraño, porque la paladial y se ha conservado tenazmente; 
cf. huye, huyen, disminuyen, etc. En el dialecto Bable se conserva el infinitivo 
caier, ¿Cómo se explica la y de todas estas formas, cayo, cayos, y las antiguas 
eaye, cayen, cayer? ¿Son intrusas ó son el desarrollo natural de la vocal i, lo 
mismo que hemos visto en los perfectos? ¿Son acaso cayo, cayos lo mismo 
que Iiuyo, huyos; esto es, que suponen un cadio, codias, que con pérdida de la 
d resultó cayo, cayos? Si asi fuera, las formas cayes, cayer habfia que explicar- 
las por analogía de cayo, cayos, 6 admitir un cadier, cadies, que.iíon la pérdi- 
da de la misma d nos diera coyer, cayes. Si no proceden de cadio, codias, ¿pro- 
vienen de codo, codos, pasando por cao, caos, y luego, para evitar el hiato, ha- 
ber recibido la paladial y, á imitación áefuyo, fuyos,/uyes? ¿O finalmente, se 
pueden admitir los dos procedimientos, esto es, codo, codis, codere y cadio, co- 
dios, cadier? Tal vez sea esta la hipótesis más aproximada á la verdad, y con 
ella nos explicaríamos la existencia antigua y simultánea de las dobles formas 
cayer y caer, caye y cae, dando por resultado la imposición de caer, cae sobre 
coyer, caye y el olvido de éstas, y no tener que apelar de lo contrario á un 
procedimiento tan poco en armonía con nuestra fonética como es el áñjper- 
der una paladial, después de haberla mantenido tantos siglos y ser un sonido 
conservado en tantas formas análogas. Los orígenes de estas formas son oscu- 
ros; no poseemos un codias, ni un cao, coas, que nos pudiera orientar en esta 
materia, por cuya causa los orígenes de la y de dichas formas quedan sin ex- 
plicación satisfactoria. Como caer se conjugan sus compuestos decaer, recaer. 

Verbo ergmr. — Este verbo es continuador del latino erigere, compuesto 
de regere, que slgnifíca elevar. Ambos proceden de la raíz reg, idéntica á la aria 
rag, con la signiñcación de estirar, erigir, elevar, gobernar-, raiz que encontra- 
mos inalterable en el verbo reg-ir y modificada en rey, reino, reinar. El verbo 
er^mr supone un verbo erigiré en el latín vulgar, que por síncopa de la i media 
produjo ergir y después erguir. Este verbo presenta dos formas: una como los 
verbos de la primera clase, que transforma la e tónica en te-, otra que se ex- 
plica según los verbos de la clase quinta, como pedir, etc., ó sea de los que 
mudan la e del radical en i ante las vocales fuertes o, o, e, y ante los dipton- 
gos io, ie; en los demás casos mantienen la e. Véase el siguiente cuadro: 



Primero forma, e = ie. 

l.ojl 



PRESENTE DE INDICATIVO, yergo = (icrgo), yergues, yergue, yerguen. 

Grupo 1.° J IMPERATIVO yerguc (tú). 

, PRESENTE DE SUBJUNTIVO. ycFga, ycrgos, yer§a, yergan. 



La irregularidad ó diferencia respecto & partir se halla en las siete formas 
de este primer grupo, cuya e debía llevar acento. ' 

Segundo forma. 

¡PRESENTE DE INDICATIVO. irgo, irgues, irgue; erguimos, erguís, irguen, 
iMPBRATivo irgue (tú), erguid (vosotros). 

PRESENTE DE SUBJUNTIVO, irga, ít^is, irga; irgamos, irgáis, irgao. 



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130 MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

Oropo 2.*^ PEETÉBiTO iMPBEFECTO. . erguía, crguías, crguíamos; ctc, etc. 

Gmpo 3.° FUTUROS erguiré, erguirás, erguiremos; erguiría, erguirías, erguiríamos; etc., etc. 

Í PERFECTO DE INDICATIVO, erguí, erguiste, irguió; erguimos, erguísteis, irguieron. 
CONDICIONALES Y FUTURO» ..... ..... . . . . 

í irgwera, irguiéramos; irguiese, irgmésemos; irguiere, etc., etc. 
DE SUBUUiTITO ' 

Formas ftouuxuxa.. . infinitito: erguir, participio pasito: erguido, gerundio: irguiendo. 

La explicación dada para los verbos de las clases primera y quinta es la 
misma que debe aplicarse al verbo erguir en sus dos formas respectivamente. 

Los perfectos ergui, irguió, irguiera, trguiese, irguiere no son derivados de 
los latinos erexí, erexeram, etc., como tampoco lo es regí, rigiera de rexi y 
rexeram, TantS los perfectos regí, rigiera, rigiese, rigiere, como ergui, irguie- 
ra, irguiese,4rguiere, son formaciones nuevas del latín vulgar, hechas según 
la analogía de la tercera conjugación castellana ó cuarta latina sincopada: 
rexi hubiera dado rexe, reje, y erexi, erexe y ereje (cf. dixi, dixe, dije). Los dia- 
lectos gallego y asturiano tienen erguer^erguir, más próximo al original la- 
tino erigere: aCandovan a erguer a Hostia-» (Carvajal, op. cit.). aÉrguense 
a s humildes chouzasy> (ibíd.). 

Verbo oír. — Este verbo es continuador por sü significación y estructura, 
a iinque muy alterada, del latino audire. Tres sílabas tiene el latino audire, las 
t res han sufrido alteración para convertirse en el castellano oir, Áu, pasan- 
d o por el intermediario í?w (cf. el portugués ouvir), *oo, se contrajo en o; la í? 
p or la ley fonética sexta desapareció, y la c se perdió por la ley veintiuna; de 
es te modo au-di-re se transformó en o -ir. Los dos proceden de un mismo 
te ma, que conservamos íntegro en audi-ción audi-torio y audi-encia. 

El tema audi es derivado de la raíz au, que reforzada en aus se encuentra 
en auS'Culiar (escuchar), y transformada la « en r entre vocales en aurícula 
y en oreja (lat. vulgar aurelia, orelia, oreia, oreja), Oir pertenpece á la tercera 
conjugación, cuyo radical es o^au-\-d), y el sufijo formativo i-, el tema ver- 
bal es oi=(pdi=audi — ). Constituido así el tema verbal castellano, las dife- 
rencias que presenta respecto al tipo partir se reducen al grupo de los pre- 
sentes; en los otros tres grupos los dos verbos andan perfectamente acordes, 
si se tienen en cuenta las ligeras modificaciones ortográficas de la i y de la y, 
como en cayó y cayera. Véase el siguiente cuadro: 



í parto, parte-s, parte; parti-mos, partí-s, parte-n. 

/ PRESENTE DE INDICATIVO. J. , '*->r 

' ^ Oigo, oye-s, oye; oí-raos, oí-s, oye-n. 

_ . n 1 í parte (tú), parti-d (vosotros). 

Grupo 1.0 < IMPERATIVO í , ., , , ( 

i 1 oye (tu), oí-d (vosotros). 

( parta, partas, parta; partamos, partáis, partan. 
I oiga, oigas, oiga; oigamos, oigáis, oigan. 



PRESENTE DE SUBJUNTIVO, i ' 
« C 



Grupo 2.** PRETÉRITO IMPERFECTO. . oía, oías, oíamos; etc., etc. 

Grupo 3.° FUTUROS oiré, oirás, oiremos; oiría, oirías, oiríamos, etc. 

Grupo 4.® PERFECTOS ,. • . oí, oyó, oímos, oyeron; oyera, oyeras; oyese, oyeses, oyere. 

Formas nominales.. . infinitivo: oir. participio pasivo; oído, oercndio: oyendo. 

De la inspección de los cuadros precedentes se saca que el segundo grupo 
<na es enteramente conforme á partía, lo mismo que oiré, oiría. En el cuarto 
grupo, á la i de partió responde la y en oyó; ya hemos dicho que es ortográ- 



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VERBOS AlbLADOS ISl 

fica la diferencia; la y de oyó j oyera es la misma que la de temió y temiera, y 
esto se demuestra por la historia, lo mismo que en cayó y cayera: 



iiPadre, dixo el ninnOj nos vos negaré riada. 
Con ellos odi missa, riea-mientre cantada.y> 

dO dieron estas nuevas^ estos btcenos mandados. j> 

((Yaciendo á la sombra perdí todos cuidados, 
Odi sonos de aves dulces e modulados.» 

aOdió esta enferma estos dulces roidos.D 



(Berc, Mil., 360.) 
(Id., S.Mül,323) 

(Id., Mil., 7.) 
(Id., S. Mili., 139.) 



Esto9 arcaísmos, tan abundantes en Bérceo, son de un valor inestimable 
para señalar históricamente el proceso gradual fonético seguido por estas 
lormas hasta fijarse en lo que actualmente son. El proceso seguido por es- 
tas formas ha sido: audiverunt, aitdierunt, odieron, oieron, oyeron; audiveras, 
audieras, odieras, oieras, oyeras; audiendo, odiendo, oiendo, oyendo. Las for- 
mas de este verbo en las cuales se conserva la d, aun dentro del castellano, 
son bastantes: <íNin quiero qtie la digas nin la quiero odiry> ( Berc, S.D., 312). 
^T falló Martin Antolinez, odredes (odiredes) lo que a dicho7> (P. del Oíd), 
Pero las formas sincopadas son tan antiguas como el idioma castellano, y así 
al lado de las anteriores se encuentran oir, oyr, oiremos, oyrá, oia. 

De la inspección de los mismos cuadros sácase también que en las siete 
formas oigo, oiga¡ oigas, etc. , del presente de subjuntivo y de la primera per- 
sona de singular del presente de indicativo, existe además la sílaba ig, igual- 
mente que en caigo, caiga, que excede al tipo partir, y que en las formas que 
llevan el sufijo e, oyes, oye, oyen, figura la y, que tampoco se halla en par- 
te, partes, parten. Lo mismo que caigo, caiga, la sílaba ig hay que dividirla 
en dos i^g, porque estos dos elementos no pertenecen á una misma época; 
la g es relativamente muy moderna, y de poquísimo uso, por tanto, en toda 
la Edad Media. La « ó y es á mi juicio en algunas tbrmas tan antigua 
como el verbo latino audire, como que es el mismo sufijo formativo i de la 
tercera conjugación; en otras, á mi modo de ver, es una intrusión debida á 
la analogía, pero siempre mucho más antigua que la g. 

Explicación de las formas oigo, oiga, etc,, oyes, oye, oyen, del grupo de los 
presentes. — Tomando por punto de partida en la investigación de estas formas 
el clásico audio, audis, y aplicando á su desenvolvimiento, además de las leyes 
generales, la ley fonética octava de permutación latino-castellana; teniendo 
en cuenta además la regularidad y lo natural y gradualmente con que se han 
ido cambiando otras formas de este verbo, como audire, odire, odir, oir; audi- 
vi, audii, odi, oí, teníamos derecho á esperar, de conformidad con el italiano 
odo, odi, oda, que el presente de indicativo audio, audis, audit, etc., se hubiera 
transformado en odo, odes, ode, odimos, odides, oden, y audiam, audias, audiat, 
etcétera, en oda, odas, oda, y el imperativo audi en ode, Pero no sucedió asi, 
porque la ley fonética octava, que con tanta fidelidad se observa en la mayoría 
de los verbos, en este caso concreto, esto es, en audio, audias, etc., no se cum- 
plió, sino que la i, sufijo formativo, se conservó en dichas siete formas, pro- 
duciendo, después de la pérdida de la dental d, las formas arcaicas oyó, oyen, 
4)yas, oya, oyamos, oyades, oyan, que duran aún á fines del siglo xv. Véanse 
los siguientes ejemplos: 



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182 MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

€Abhat^ diwo el rey y quiero que me oyadesj> (Bebc, S. D., 132.) 

fLJR4iy^ por Dios que oyas eito,r> (Ibíd., 161.) 

(íOyan cielo» y cometas 
Mi oragionj» 

(G. DK Sboovia, AtU,^ m.) 

aRraega al ta Fijo suave 
Qne me oja mi rrogan9a.]> 

(ViLLASARD, Antolog. del Sr. M. P., 1.) 

iíSegun oyó grandes gritos. 
Llevemos estos cabritos.j> 

(J. DEL Encina. Ant. cit., IV.) 

La 1/ de oyó, ot/a, etc., es para mí la misma i de atedio, audias\ esto es^ el 
sufijo formativo i, cuyo proceso fonético fué el siguiente: atidio, odio, oio, ayo; 
audias, odias, oías, oyas. Esta forma dominó en toda la Edad Media; después 
se reforzó con la g, resultando oigo al lado de oyó j oiga al lado de oya. La 
forma oigo, oiga, yo creo que no puede ponerse antes del siglo xrv: €Que lo 
oiga de tu lengua, e sea yo alegradoj> {P, de José, 147). 

«Por mucho que ayunes e fagas oración, 
Y oigas muchas misas e muy luengo sermón, 
Si pas en ti no ovieres, estarás en ocasión.» 

(L. Ayala, Rim. 536.) 

Sin embargo, en Berceo, Sacrif. 96, la he encontrado una vez: ^Oygamos 
del ministro)). La inserción de la g, ¿es debida á inñuencias dialectales, portu- 
guesas ó gallegas? Decimos esto, porque el portugués tiene oupo = oupa donde 
ooaotroa oigo, oiga, j en el Fuero Juzgo se encuentra ozga, y en el Libro de 
Alexaudre: ^Quiero que me ozcadesT> (2283). <íQuiero que me ozcadesT> (742, ibí- 
dem). ^Ozcasme, dixo Paris, ca te quiero desir mi demanda^» (ibíd., 346). La 
y de üijñs^ úy&, oyas, que se conserva todavía entre nosotros, es intrusa; di- 
cha y es inorgánica, al menos para las formas audis, avdit, audi; éstas no de- 
Lían dar más que odes, ode, ode. Yo explico las formas oyes^ oye, etc., por 
una invasión analógica de la forma odio, oyó, que se extendió á las demás per- 
donas de este tiempo j hasta el imperativo; de manera que, según esta hipó- 
tesis, aquellas formas, después de recibida la influencia analógica, faeron odio, 
odies, odie; odiemos^ odiedes, odien; odie (tú). Y con pérdida de la d, oyó, oyes, 
oye; oyemos, oyedes, oyen; oye (tú). Respecto á las formas oyes, oye, oyen, la 
pt qi^e conservan en la actualidad, es una prueba; respecto á odiemos (actual 
oímos, oh), tenemos el testimonio de Berceo, donde dice: Wdiemoslo dezir 
a los mas ancianos — Qm la luna es nuestra, el sol de los chrisUanos:» (S. Mili., 
404). €MucM% veces odiemos dezir e reiraen> (ibíd., S. Mili., 478). El lenguaje 
popular continúa diciendo: oyemos por oímos; oyéis por ois. 

El portugués y el gallego transforman en v y & la ¿? original de audireí 

ccChist... calados non ouhides 
O xemir d'o sen alentó.)) 

(Cabv., op. cit.) 

«Non sei que vago concertó extraño, 
Xamais oubido por ser humano.» 

(Carv., op. cit) 



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VERBOS AISLADOS 188 

Verbo yacer. — Este verbo es continuador del latino iacere = estar ten- 
dido, estar echado; de aquí la denominación de estatizas yacentes. Proceden de 
la TVÁzjac, que significa arrojar, lanzar, j que es la misma que se hallaba en 
otro verbo latino, iacere, j en la palabra castellana pro-yec-tü. El verbo iaáre 
pertenecía á la segunda conjugación por el sufijo e larga, y á la segunda con- 



jugación pertenece también en castellano. 

El verbo yacer, conjugado como temer, no discrepa de él en los grupos se- 
gundo, tercero y cuarto, pero sí en el primero, ó de los presentes, como pnede 
verse en el siguiente cuadro: 

I temo, temes, teme; tememos, teméis, temen, 
yago, 
yaigo, yaces, yace; yacemos, yacéis, yacen, 
yaico, 
( teme (tú), temed (vosotros). 

Grupo 1.» I ..«.umo. ... ^*f <"'' ^^'^ <"'«^''- 

\ yaz. 

Ítema, temas, tema; temamos, temáis, teman, 
yaga, yagas, yaga; yagamos, yagáis, yagan, 
yazga, yazgas, yazga; yazgamos, yazgáis, yazgan, 
yazca, yazcas, yazca; yazcamos, yazcáis, yazcan. 
Grupo 2.° PiET. iMPBBF. . yacía, yacíamos, etc. 

Grupo 3.0 FDTUBOS yaceré, yaceremos; yacería, yaceríamos. 

Grupo 4.<> PBKFECT08.. . . yací, yació, yacieron; yaciera, yaciese, yaciere. 
Formas nominales. . iicnN.: yacer, pakt. pas.: yacido, gbk.: yaciendo. 

En la Edad Media se usaban mucho las formas yogui, yoguió; yoguieron, 
yoguiese; yazré, yazria, que han desaparecido. 

De las tres formas que presentan la persona primera del singular de presente 
de indicativo y todo el presente de subjuntivo, yago y yaga son las más anti- 
guas y las que corresponden al desenvolvimiento natural de los presentes la- 
tinos iaceo, iaceas, los cuales por la ley octava debían convertirse en iaco, 
iaca, y por la ley sexta en yago, yaga. En conformidad con esto, yago, yaces, 
yace, yacemos, yacen, yaga, yagas, etc., son las formas que dominan exclusi- 
vamente en toda la Edad Media: <LBien tien que yago mtcertoy> (Alex., 1411). 

«Yo pecador mezquino, en pKjblado, qué fago? 
Bien como e bien bebo, bien visto e bien yago.» 

(Bbbc, S. D., 6.) 

Las formas yazco, yazca son posteriores, lo mismo que yazgo, yazga; ignoro 
la época en que la analogía, la falsa analogía, ejerció su acción sobre este 
verbo, creando estas formas á imitación de los verbos de forma incoativa. 

En otro lugar de esta obrita, ó sea al tratar de los verbos con suñjo 
incoativo, hicimos ver que había muchos verbos que á primera vista figura- 
ban haber recibido el suñjo- seo, sea en su totalidad; pero que realmente no 
habían recibido más que la « ó la z, segün el período en que hubieran recibido 
la influencia analógica. Este verbo es de aquéllos; este verbo no ha recibido 
más que la z,j la debió recibir en la edad moderna, porque la z de este sufijo 
no tomó incremento hasta la segunda mitad del siglo xv, y puede asegurarse 
que la s de seo, precedente de zco, no la recibieron. De seguro que no se en- 

MOBFOLOGÍA DEL VERBO.— 11 



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134 MOBFOLOGÍA DEL VERBO 

ouentran fonnas yasco, ya^go, Fandado en esto, j en que no he podido dar 
con estas formas, ni con yazco, gazca, yazgo, yazga, creo que su fecna no debe 
ponerse antes de los Reyes Católicos. Aparte de esta cuestión cronológica, las 
formas zco^ zea, zgo^ zga, se explican por los de la clase tercera de irregulares. 
El portugués dice jazo, faces, jaza donde nosotros yazgo, yaces, yazga. 

La segunda persona del singular del imperativo tiene dos formas: yace y 
la apocopada yaz. La forma yaci, yaciste, yació es también más moderna que 
yogui, yogo, yoguieron. 

Verbo pudrir ó podrir. — Este verbo supone en el latín vulgar un verbo 
putrire-, en la época clásica era putreseere. El verbo *putrire, castellano pu- 
drir, es un verbo denominativo formado sobre la base del adjetivo putris, 
putre, latino. 

Tanto el adjetivo como el verbo son derivados de la raíz pu, que la en- 
contramos en el castellMio pu s ea pu-rulento, pú-trido, pu4re/acto. 

La raíz 2^2^ y sus derivados contienen la idea áefeÜdz, hediondez, podre- 
dumbre (* ). 

Se conjuga como partir. La única diferencia que lleva este verbo sobre par* 
tir consiste en el uso de la w ó de la o del radical. La vocal originaria es la u. 
La dificultad está en cuándo se ha de emplear la t^ y cuándo la o. La Real 
Academia aconseja el uso de la u originaria en todos los modos, tiempos y 
personas, exceptuando el participio pasivo, que debe usarse siempre con o, j 
el infinitivo ya con o, ya con u: podrido, podrir y pudrir. En los demás, pudro, 
pudrimos, pudra, pudramos, pudría, ptulriré,pudri, pudriera, pudriendo. 

Verbo ver. — Este verbo es continuador del latino videre, que tenía la 
misma significación que el castellano; con él se relacionan vi-sión por vid- 
sion, pro-vid-encia, en-vid-ia (acto ó hábito de mirar mal contra otro), prudente 
por pro-vid-ente. Todas estas palabras proceden de la raíz vid, que en general 
significa ver; cf. e-vid-ente, e vid-encia, id-ea por vid-ea, etc. 

El verbo videre, en la época del latín vulgar, cambió la i de la raíz en e, 
como se ve claramente en el italiano vedere, en los arcaicos castellanos veder 
y veer y en el actual ver. El proceso fonético seguido por videre, hasta llegar 
á ver filé videre, vedere, veder, veer, ver. Lo mismo el verbo latino videre que 
el castellano ver son de la segunda conjugación. La d de videre, vedere, se con- 
servó por bastante tiempo en el castellano arcaico, en tal manera que sin gran 
dificultad podría reconstituirse un paradina completo. 

Comparado el verbo actual ver con el tipo temer, las diferencias de conju- 
gación se hallan en los grupos primero y segundo, ó sea en los presentes y en 
el pretérito imperfecto. En los presentes la diferencia se halla en siete for- 
mas, que son la primera del singular del presente de indicativo y las seis del 
presente de subjuntivo. Consiste la diferencia en que el radical, que es la v 
únicamente para la mayor parte de los tiempos de este verbo, lleva en dichas 
eiete formas una e de más, siendo por tanto el radical ve. 

Lo mismo acontece en el imperfecto de indicativo ve-i-a, todo lo cual pue- 
de observarse en el siguiente cuadro sinóptico. Sean 

Verbo tem-e-r; rad., tem; suf. format., e\ 8uf. del inf., r. 

» v-c-r; » t); » e; » r. 

O) l^ara la etimología de todos estos verbos, véanse Vahicbk., Etym. Wort^ y Bkbal, Dic, Btim. Lat. 



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► 1.» < 



YERBOS AISLADOS 1S5 

( tem-o, tem-es, tem-e; • tem-emos,' tem-éb, tem-eo. 

PBRS. DE IRDICAT. { . 

I v-e-0, v-es, v-c; v-emos, v-eis, t-ciu 



-, - ft 1 ( tem-c (tu), teni-edÍ(Tosotros). 

Grupo 1.® < iMPKtATivo. . . . J ]'* ^; ■_ ; 

I l v-e (tú), v-ed (vosotros). 

f ( tem-a, tem-as, tem-a; tem-amos, tem-áis, tem-an. 

\PRBS. DE subí.. . ? 

( v-e-a, v-e-as, v-c-a; r-e-amos, v-e-áis, r-e-an. 

. M A ( temi-a. temí-as, temi-a; temí-amos, t«mí-a{s, temí^an. 

Grupo 2.0 PEET. IMPKRF. . . J , , , , , . 

' veí-a, veí-as, rei-a, veí-amos, veí-«u, veí-an. 

Grupo 3.** FUTtJsos ve-ré, ve-rás, ve-remos; ve-ría, ve-rías, ve-ríamos; etc., etc. 

Grupo 4.° pfiRFECTOS vi, viste, vio, vieron; viera; viese; viere; etc., etc. 

FosMAs KOMiNALES. . INF.: ve-r. PAST. PAS.: vis-to. GBR.: viendo. 

Comparando las formas del cuadro precedente, sácase en consecuencia que 
unas llevan por radical solamente la letra v y otras la sílaba ve. La irregula- 
ridad afecta exclusivamente al radical, que no conserva su uniformids^ en 
todo el verbo como la conservan los regulares. La flexión, si exceptuamos el 
participio pasivo, es completamente regular. ' 

Las formas que llevan por radical la letra v exclusivamente son las más 
numerosas; ellas comprenden: 

1.® El infinitivo con los dos futuros: 

Cf. tem-er; lem-eré; tem-ería. 
v-er; v-eré; v-ería. 

2,® Cinco formas del presente de indicativo con todo el imperativo: 

Cf. tem-es, tem-e, tem-emos; tem-éis, tem-en; tem-e, tem-ed. 
v-es, v-e, v-emos; v-eis, v-en; v-e, v-ed. 

3.** Todo el cuarto grupo y el gerundio: 

Cf. part-í; part-iera; part-iese; part-iere; part-iendo. 
v-í; v-iera; v-iese; v-iere; v-iendo. 

Total, 45 formas. 

Las formas que llevan por radical la silaba ve son 13 solamente, y son 
las que siguen: 

2 .** Todo el presente de subjuntivo: 

tem-a, tem-as, tem-a: tem-amos, t«m-áis, tem-an. 
ve-a, ve-as, ve-a; ve-amo?, ve-áis, ve-an. 
Cf. prove-a. 

2.^ Todo el pretérito imperfecto de indicativo: 



tem-ía, tem-ías; tem-íamos, tem-íaís, etc. 
ve-ía, ve-ías; ve-íamos, ve-íais, etc. 
Cf. prove-ía. 



3.** La primera persona del singular del presente de indicativo: 



tem-o. 

ve-o. 

Cf. prove-o. 



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136 MORFOLOGÍA DEL YBRBO 

El compuesto proveer, que es regalar, lleva en todas sus formas el radical 
ve; este verbo es de radie»»! uniforme; cf. prove-er, prove-eré, prove-ee^prove-edy 
prove4, prove-yendOy etc., etc. 

¿Cómo se explican estos fenómenos? Sencillamente; j para comprenderlos 
nos basta saber que el radical del verbo ver, para llegar desde el latino videre 
hasta la forma actual ver, ha pasado por cuatro estados en muchas de sus 
formas, y en otras sólo por tres, como se ve á continuación: 

1.° Estado ciático videre videas vidi. 

2.« — de añtnilaeión. . . . vedere. . . . *Tedas. 

5.* — de sincopa veer veas *tU. 

4.0 — de contracción. . . . ver vi. 

Conviene también que distingamos el grupo de los perfectos con el gerun- 
dio de los otros tres, ó sea del I.**, 2.** y 3.** con el infinitivo. 

Hecho esto, decimos que de las formas de los tres grupos I.**, 2.** y 3.® con 
el infinitivo, que suman 33, han pasado los cuatro estados 20, ó sea las que 
en estos grupos llevan por radical la letra e;, y se han quedado en el tercer es- 
tado 13, ó sea las que llevan por radical la silaba ve. En este estado tercero 
ha quedado todo el verbo compuesto proveer. ^ 

¿Y en qué consiste que 20 de aquellas formas han llegado al cuarto estado 
y las 13 restantes con todo el yerbo proveer se han queoado en el tercero, ó 
sea en el de sincopa? 

La razón de esta diferencia se halla en que en el verbo ver se han contraído 
todas las formas en qne concurrian dos ee, y donde no concurrían no se ha 
verificado la contracción. En el Yerbo proveer no se ha contraído ninguna, ni 
siquiera los grupos homogéneos ee. La contracción ó falta de contracción es lo 
que ha producido aquellos fenómenos, lo ^ue ha traído el radical biforme para 
el verbo ver. Esta misma ley de contracción alcanza á las formas del cuarto 
grupo. 

Semin esto, las formas del radical del verbo ver pueden dividirse en dos 
grandes grupos: 1.**, formas contractas; 2.^, formas sin contraer. Vamos i pre- 
sentarlas, siquiera sea rápidamente. 

Formas contractas. — Primer grupo. — Proceso fonético i 

(vides, videt, videmas, videtis, vident. 
vedes, vede, vedemos j . ^ } veden, 
'ó veedes » 



\ 



Pies, db indicativo { ' 'ó veedes ' 

vees, vee, veemos, vees, veen. 

ves, ve^ vemos, veis, ven. 

Ivide, videte. 

vede, vedet. 

vee, veed. 

ve, ved. 



Pruebas históricas de este proceso. — Del estado clásico no presentamos 
ejemplos. ^Vien Jo vedes que yo fwn detrayo^ (P^ del Cid). ^Ya lo vee él 
pid que del rey non auie gracia-» (ibid.). ^Amigos, dixo Job, agora que vos 
vedesi^ (L. Ayala, Rim. 924). <íDo vees lafermosa, oteas con raposia:» (Fita, 
187). €Ca omne que non vede, non debie seer nado:» (Bbrc, S. D., 888). 



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VEBBOS AISLADOS 137 

^Veemos cada dia pasar esto de fecho:» (Fita, 137). ^Por nos murió en cruz 
€ommo veedes:» (Berc, Loor. 92). Las formas del verbo proveer son también 
comprobantes históricos del tercero de estos estados: provee (tú), proveed 
(vosotros). 

Gfrtipo tercero con el infinitivo, — El proceso fonético de estas formas ha sido 
el Bigaiente: videre, veder, veer, ver. Como los futuros absoluto j condicio- 
nado están formados sobre la base del infinitivo, y en este verbo su radical 
ha sufrido las mismas alteraciones que en aquella forma nominal, he aquí 
por qué los agrupamos. 

Ejemplos que comprueban el proceso fonético de estas formas. — «Fa vedie de 
la casa lo qtcel veder quisoj> (Berc, S. D., 219). aVenian lo veer sobre sy 
cada conceioi^ (Albx., 24). <LQue con los dos (oios) veervos en infierno dam- 
nados» (Berc, S. Mili., 276). ^Dezia: ay mezquino mando veeré el día:» 
{Albx., 24). ^Veremos vuestra mugier membrada fija dalgoi^ (P. del Cid). 

La concurrencia de las dos ee del tercer estado se trató de evitar por la in- 
serción de la paladial, según la ley fonética doce, y para evitar el hiato; v. gr. : 
^E mando que dentrasen a veyer su fi^ura^ {P. de José, 187J. (.(Esto que vos 
veyedes en uentura lo ouiestesj> (Lib. de Apol., 9). El uso de esta inserción no 
prevaleció, sino el de la contracción, convirtiéndose veer en ver^ vees en ves^ 
etcétera, etc. El compuesto proveer es una excepción, el caal ni admite la pa- 
ladial y ni la contracción, sino que, como hemos dicho, permanece en la for- 
ma sincopada. En cambio los demás verbos compuestos de ver, como prever, 
entrever, siguen en todo al simple, empleando las formas contractas donde 
aquél las emplea y manteniendo sin contraer las que aquél tampoco contrae. 
Abí pre-ver, pre-ven, pre-vió, pre-viendo y no pre-veyendo. 

Cuarto grupo ó de los perfectos. — Formas contractas. — Las formas corres- 
pondientes á los cuatro tiempos de este grupo, con el gerundio, conservan 
la i originaria de la raíz tal cual era en los tiempos clásicos: cf. vidi, vi-, vi- 
dit, vido arcaico, vio actual; pro esta i originaria, perteneciente á la raíz, 
se transformó en vocal de ñexión, en sufijo especial formativo, como lo es el 
de part'i, part'iste, part-ió. De este modo el radical vid, vi, quedó reducido á 
la simple letra v. 

Para comprender esto mejor, tenemos que hacer algunas observaciones, las 
cuales nos harán ver al mismo tiempo cómo los cuatro tiempos de este grupo 
y el gerundio tienen todas sus formas contractas; contracción que resulta de 
la fusión de dos ii, una de la raíz, otra del sufijo. 

La actual forma vi, que se encuentra en los perfectos y en el gerundio, 
^ el resultado inmediato de la contracción de dos ii. Esto que parece sola- 
mente una verdad parcial, cual resulta de comparar las formas clásicas de 
este verbo con las castellanas actuales, se convierte en verdad general, teniendo 
en cuenta los estados intermediarios por que han pasado aquéllas para fijarse 
en éstas. 

En la Edad Media la infiuencia analógica ejerció su acción sobre aquellas 
formas, introduciendo una i donde las leyes prosódicas, fonéticas y morfoló- 
gicas no permitían esperar más que e, o, con lo cual, y con la traslación del 
acento por la misma analogía de la tercera conjugación, se formaron los dip- 
tongos io, te. Y en efecto, así encontramos vidieron, vidiera, vidientes, vidien- 
do, donde en latín clásico era viderunt, videram, videntes, videndo. 

La misma tercera persona del singular vio, forma que puede explicarse per- 
fectamente por síncopa del tan usado vido, creo que también pasó por la for- 
ma vidio, como cayó y creyó pasaron por cadió y credió. 



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138 HOBFOLOaÍA DBL YASBO 

Con la creación de aqaella i resaltaroa todas las formas de estos tiempos y 
del sernndio con dos ii separadas por la d originaria de la raiz. De este modo 
resmtó también la asimilación en todas estas ñ)rmas. 

Con la pérdida de la d, por la leyfonética sexta, se produjo el contacto in- 
mediato de las a, j para evitarlo se contrajeron, resaltando las formas con - 
tractas actuales. De este modo también las dos n, qae pertenecían al radical 
nna j al sufijo otra, al verificarse la contracción hubo de quedar sacrificada 
necesariamente una de ellas, j esta fué la de la raiz, como lo prueba la coni> 
paración con partir: 

part-í, part-ió; part-ieron, part-iera, etc. 
v-i, v-íó; v-icron, v-iera, etc. 

Así el radical vid, vi quedó reducido á r como en el infinitivo. 

Estas observaciones nos permiten reconocer, como en los grupos anterio» 
res, cuatro estados para unas formas del perfecto y del gerundio y tres sola- 
mente para otras, con la particularidad de que todas ellas son formas contrac* 
tas entre dos ii, segün puede verse á continuación: 

1.° Estado clásico videras. . . vidi.. . vidcndo. 

2.0 — de asimilación por analogía . . vidieras .-. vYdiendo. 

5.® — sincopado viieras. . . vü. . . vüendo. 

4.° — contracto TÍeras. . . . vi.. . . viendo. 

Ejemplos que comprueban este proceso fonético, — No ponemos ejemplos del 
latín clásico. 

dVidi y logar htLenoy> (Bbbc , S. Or., 156). 
<íUna visión vido^por ondftd confortadoD (ibíd., S. D., 226). 
uMas de qvs ftbé passado los miraglos uidieroni) (ibíd., S. D., 286). 
aNumqua vidiestes bebdas tan mal desoapelladasj> (ibíd., S. Mili., 220). 
(üOtras tales vidieran en algunas sazonesi> (ibíd., S. Or., 143). 
dZonginos era ciego que nunquas vio alguandreD (P. del Cid) . 
<i.Ta iba vediendo la tela malpecadoj> (Bebc, S. D., 168). 
<íLos guales veyendo con voz doloridas (J. DE Mena, Antol , I.®). 

JBstas dos últimas formas, vediendo y veyendo, nos explican el gerundio 
prove-yendo, en las cuales se reconoce el radical ve, uniforme de todo el verbo 
proveer, hasta en proveyó, etc. 

Las formas sincopadas vi-i, vi-ieran, etc., no se encuentran; es probable 
que en la práctica se contrajeran ja las ii antes de perder la d, y que vidiera, 
por ejemplo, se pronunciara ya vieras. 

La conservación de la i de la raíz en estas formas nos enseña que las trans- 
formaciones en palabras tan complejas como el verbo no se aplican al mismo 
tiempo i todas las formas, sino que muchas veces guardan cierta independen- 
cia, no aceptando unas los cambios de las otras. Existe entre nosotros todavía 
la creencia muy arraigada de que, transformado el infinitivo, al cual miran 
nuestras gramáticas como tipo normal de los verbos» todas las demás formas 
tienen que aceptar en seguida la misma modificación. Esta creencia es uno 
de tantos prejuicios que liay que desterrar en lingüística, porque la historia 
de la lengua con frecuencia nos muestra lo contrario. 



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YBBBOS AISLADOS 189 

Formas no contractas. — ^Radical ve. 

Estas fonnas se hallaban también en la Edad Media en los perfectos j en 
el gerundio. Del gerundio hemos citado dos ejemplos. Véase del perfecto: 

nQuando esto veyeron los pueblos e las gentes» (Bbb., Mil., 863). 

El proceso fonético en las formas no contractas es más sencillo, como que 
revelan nn estado más antiguo, y consiste en la sincopa de la d originaria en- 
tre vocales, ó sea entre la i del radical, transformada por asimilación en e, y 
la vocal del sufijo posterior é inmediato á dicha d. Estas formas han auedado 
en el tercero de los cuatro estados que señalamos para los cambios de las for- 
mas contractas. Su proceso fonético es el siguiente: 



Grupo ±.^ i 



PBES. DE iNDic. video— vedo — veo. 
PIES. DB SDBJ. . videas-vedas— reas (<). 



Pruebas históricas, — De las formas vedo, veda no he podido encontrar 
ejemplos en castellano. La pérdida de la d en dichas formas debió verificarse 
antes que en otras. El italiano las conserva admirablemente; vedo, veda, al 
lado de veggo, veggio, vegga, veggia (*). 

Para evitar la concurrencia de los grupos eo,eaB& introdujo la paladial y, 
pero este uso no prevaleció: inCosa veyo en la qm mucho ms conuerta» 
(Apol., 802). nYo la vi assi veya la faz del Oriadori^ (Berc, S. D., 109). 

En portugués se conserva vefo, vefa, 

PBOCESO PON¿TICO 

!vid-e-bas, vid-e-bamus. 
ved -i— as, ved-i— amos, 
ve— í- -as, ve— ri — amos. 

Pruebas históricas,— <íNon vedian por do ir con la m^caderia:» (Poema de 
José, 52). aPorqm vedian que era el rey su despa^adoy> (Bebo., S. D., 169). 
€E toda esta coita vediala por trebeio» (ibíd., 170). Con la pérdida de la d re- 
sultó veia, forma usada ya en la Edad Media al lado de veie: <lE adoraron al 
que veies = veiasT>. 

Si con el radical ved se formó vedia, y de ésta procede el actual veia, con la 
forma más antigua vid se constituyó también vidia, y ésta produjo el via, 
usado ya en los primeros tiempos del idioma castellano, y entre nosotros al- 
guna que otra vez ¡jor los poetas. El proceso fonético seguido por esta se- 
gunda forma fué el siguiente: 

Tid-e-has, 
vid-i— as» 
vi— i— as, 
vi as. 

€Algo vie Myo Qid de lo que era pagado^ (P, del Cid), Esta segunda forma 
es contracta, y en ella se observan ios cuatro estados señalados á aquellas for- 
mas. En el dialecto Bable se encuentra en uso la forma via = veia. 

(*) Lu demás fonnu vea^ veamot^ etc., han seguido el mismo proceso. La pérdida de la e de video j vi- 
dcait Sé explica por la ley fonética séptima. 
O Véas« FoMAciABí, Gram. itol., 1882. 



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140 MOBFOLOQÍA. DBL YERBO 

El segando estado vidia también se encuentra en los docamen tos: 



aQuant la mia señor esto dizía 
Sabet a mí non vidia jt 



(Anón., Antol.y 1.®) 



Por último, en el participio pasivo, según la analogía, debíamos esperar un 
vedido 6 veido; pero, cosa extralla, ni tenemos el originario viso ni veido^ sino 
visto. Veido se conserva en proveído al lado de provisto. En la Edad Media 
se encuentra con alguna frecuencia veido al lado de visto: 

aYa lo querie aiieer de su grado vsydoD (Alex., 1127). 

Consecuencias para la práctica.'--'I>e la doctrina expuesta podemos sacar dos 
reglas prácticas segurisimas para el uso del verbo ver j los compuestos que 
le siguen: 1.*, en todas aquellas formas en que después de perderse la d del 
radical ved ó vid resultaba concurso de vocales idénticas, v. gr.: e^e, i-i, veri- 
ficóse la contracción, quedando reducido el radical á la letra v, ve-emos, vi-i; 
ve-mos, vi; 2.*, en todas aquellas formas en que después de perderse la d del 
radical ved, resultaba concurso de vocales diferentes, v. gr.: e-o, e-a, e-i, que- 
dó por radical la silaba ve^ por no poder verificarse la contracción; v. gr. : ve-o, 
ve^, ve-ia. Quedaron por tanto dos radicales en el verbo ver, ve j v; éstas son 
sus irregularidades, con la del participio visito. 

Verbo dar. — Este verbo es continuador del latino daré. Uno v otro pro- 
ceden de la raíz da, la cual es una de aquellas que se unen á los elementos de 
la flexión verbal sin necesidad de la vocal formativa á larga, propia de la pri- 
mera conjugación, ó que si se une con ella se contraen por terminar la raíz 
da en vocal idéntica á la del sufijo a. 

Esta raíz da se encuentra en dá-diva, da dor j poder-da-nte, da-tivo y cir- 
eun-da-r. 

Este verbo se conjuga como amar. Este verbo, en los grupos segundo, ter- 
cero 7 en las formas nominales, en nada discrepa del tipo amar-, daba, daré, 
daria, dar, dado, dando. 

En el primer grupo no hay más diferencia que la paladial y, añadida mo- 
dernamente á la forma do; doy, latín do, castellano arcaico doi €Do mas por el 
servicio que en mi as metido. Dote Gapadofia regno grande complido:» (Alk- 
XANDRE, 2473). (íDe vuestros dolores yo do solupiou)) (D. del Castillo; An- 
tologia, M. Pél., II, 210). 

El refuerzo de la paladial y debe datar de fines del siglo xrr y principios 
del XV. En el M. de Santillana encuéntranse ya muchas de estas formas mo- 
nosílabas, como voy, soy, doy y estoy. En el imperativo se encuentra algunas 
veces la metátesis dáldo por dcidlo, 

Orupo cuarto. — Este grupo se diferencia radicalmente de los perfectos de la 

Í)rimera conjugación; t<Klo él está calcado según la norma de los perfectos de 
a tercera, y se ajusta perfectamente al tipo partir. Esta diversidad tan radical 
se explica por la naturaleza del perfecto latino, que era dedi, dedisti, dederam^ 
dederas, é^issem, dedero. Estos perfectos resistieron la analogía de los per- 
fectos de la primera, según la cual debiera ser dé, dáste, dé, dimos, dirá, dase, 
dáre. Dedi perdió la reduplicación, como la perdieron todos, á excepción de 



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VERBOS AISLADOS 141 

loB perfectos de estar, y después de perder la reduplicación recibió todas las 
influencias de los perfectos de la tercera^ acento, fonética y diptongos io, ie, y 
asi resultó el cuarto grupo: 

Pbifbcto di, diste, dio; dimos, disteis, dieron. 

, diera, dieras, diéramos, dierais, etc. 

^ diere, dieres, diéremos, diereis, etc. 



SERIE SEGUNDA 

VERBOS AISLADOS, CUYOS PERFECTOS HAN RECIBIDO DE LOS PERFECTOS 
DB LA TERCERA CONJUGAOIÓN LA INFLUENCIA ANALÓGICA EN EL ORADO MEDIO 

Los verbos irregulares aislados, cuyos perfectos han recibido de los perfec- 
tos de la tercera conjugación la influencia analógica en su grado memo, son 
ios siguientes: 



hacer, 


querer. 


poner. 


caber. 


tener, 


estar. 


venir, 


poder. 


placer, 


saber. 


haber, 


andar. 



Estos verbos tienen como principio de unidad el haber recibido de los per- 
fectos de la tercera conjugación el dii)tongo ie, y además el acento en los con- 
dicionales en raj se j futuro de subjuntivo, conservando todos ellos en el 
pretérito perfecto el acento que les correspondia en latin y las consecuencias 
lonéticas de la i final de las personas primera y tercera del singular de este 
tiempo. Por esta razón el acento recae siempre en la penúltima sílaba, y de 
aquí el llamarlos verbos de perfecto grave, á diferencia de todos los demás que 
lo tienen mixto de agudo y grave. Todos estos verbos ofrecen la particularidad 
de transformar en las vocales débiles i, u la vocal del radical; v. grr.fecisti, 
hiciste. 

Yerbo hacer t sus compuestos satisfacer, rehacer, deshacer, etc. 
— Este verbo es continuador del latino faceré, pasando por el intermediario 
facer, que se conserva en satis-facer. Proceden de la raíz fac, que lleva la idea 
genera! de hacer, aria dha. Este verbo es uno de los de significación común, 
que unido á sustantivos forma muchas locuciones perifrásticas, que. son un 
gran recurso para las gentes de poca instrucción. 

• El verbo faceré pertenecía á la tercera conjugación latina; la analogía en la 
época del latín vulgar lo arrastró á la segunda, y en ella lo tenemos en caste- 
llano. Se conjuga como temer, pero presenta grandes diferencias respecto de 
a^uel tipo. Estas diferencias alcanzan al grupo 1.^ al 3.<>, al 4.® y al partici- 
pio pasivo, como se verá en los siguientes cuadros: 

l PBB8. DK iNDiCÁTiTO. . hago, haces, hace; hacemos, hacéis, hacen. 

Grupo 1.^ I iMraiÁTno hai (tú), haced (vosotros)- 

( PBBS. DB subjchtito. . haga, hagas, haga; hagamos, hagáis, hagan. 

Las diferencias de este ^upo consisten en transformar la c del radical, que 
hoy pronunciamos como dental, en la gutural suave g en siete formas. Óom- 



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142 MORFOLOGlái DEL VERBO 

parándolas con el castellano solamente, resalta muy extraño qae una dental 
aspirada se transforme en gatnral, pero recurriendo ai latín desaparece aque- 
lla extrafieza. Aquellas siete formas eran en \s,íia fació, facias, etc., y por la 
ley fonética octava convirtiéronse en *faco, áfacas, etc., y por la ley sexta á su 
vez estas últimas en fago, fagas, etc., tal cual se conserva en satisfago, saUs* 
fagas, etc. En el imperativo se encuentra haz, faz, en lugar de hace, face; esto 
se explica también por el latín fac, que como final de paJabra nosotros escri- 
bimos y pronunciamos haz, faz en satisfaz y satisface. 

Grupo 2.<^ pusT. iMPUFECTo. . . hacía, hadas, hadamos, etc., y satis-facía, -facíamos, etc. 

^ ^ A I POTuio ABSOLUTO. . . ha-ré, ha-rás, ha-remos, etc.; satis-fáré, -farás, -foremos. 

f pcTUio CONDICIONADO, ha-ría, ha-rías, ha-ríamos, etc.; satls-fáría, -fárías, -faríamios, etc. 

Las diferencias en este tercer grupo consisten en suprimir por síncopa la 
silaba ce, correspondiente á la final del radical c y vocal formativa e. For- 
madas sobre la base del infinitivo, estas formas debieran ser haceré, satis- 
faceré; haceria, satis-facería^ Las formas plenas es dificilísimo encontrarlas, 
como no sea en las perífrasis, con interposición de un pronombre; v. gr.: 
facer-lohé. Las formas sincopadas y con /'son las que aominan desde los 
primeros monumentos del idioma castellano: €Fará mal d la casa, non te- 
merá elpecadoi^ (Berc, S. D., 161). (íPor nula iongleria nofi lo farian reiría 
(ibídem, 89). 

La /inicial conservada en satisfaré, en ésta y en todas las demás formas, 
sufrió en este verbo el fenómeno tan conocido de transformarse en h. 

Grupo cuarto. — El verbo hacer y sus compuestos, incluso satisfacer, se 
sustrajeron en este grupo á la acción de la analogía del radical de los tiempos 
imperfectos, y como heiños dicho también á la de los perfectos de la tercera en 
cinco de las seis personas de este tiempo. La analogía empieza en la tercera 
persona del plural, hicieron^ ñcieron. Los tiempos del cuarto grupo no pu^en 
explicarse por el radical del presente en toda la parte material, y en la for- 
mal el pretérito perfecto, al menos en sus cinco primeras personas, tampoco 
por los perfectos de la tercera. La explicación nos la suministra el per^o 
latino, cuyo continuador es el perfecto castellano: 

( Latin, . . . feci, fecistí, fecit; féciínus, fecTstis, feceruot. 

Pbstkb. PEiVBCTO. | Costellano, hice, hiciste, hizo; hidmos, hicisteis, hideron. 

( satis-fice, -ficiste, 'ñto; -ficimos, -ficisteis, -fideron* 

Según el perfecto latino, debiera esperarse en caBtéüajiofeee, fedste, fszo,* 
etcétera, como lo encontramos en Berceo: ^Fepistes mah (Duelo 68); ^A los 
que él bienfezo3 (ibíd., 70), al lado de fizo, etc. 

El cambio de la vocal final i en e en hice, fice, respecto de feci, se explica 
por la ley fonética veintidós, y el de fedt en hizo, fizo por la misma ley; en 
cuanto al tránsito, por el intermediario hice, fice (ct fué, que primero era /«;-«). 
El italiano conserva la e enfece, y el portugués en algunos de estos perfectos, 
correspondientes á nuestros graves, tiene también e; v. gr.: houve, pode, sou- 
be. El cambio de la e de feci en i, fice, hice, tal vez es debida primero al acento, 
pasando después á las demás formas desprovistas de él por analogía. Consti- 
tuido el tipo hice, hicieron, ya no tienen dificultad alguna los tres tiempos 
restantes, porque están formados sobre la tercera conjugación. 



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VBBBOS AISLADOB 14S 



CeMDic. EK tcsly Beí hiciera, hiciéramos; hiciese, hiciésemos; hiciere, hiciéremos, etc. 
1 PUT. DE 8ÜBJ.. . \ satis-fidera, -ficiéramos; -fidese, -fidésemos; -fidere, -fidéremos, etc. 



Ahora se podrán apreciar las ventajas aue tiene la dasificación qne hemos 
hecho en cuatro grupos. Satisfacer es uno ae los verbos más difíciles de conju- 
gar de nuestra lengua; ¿podrá ofrecer alguna dificultad la conjugación de los 
mtuios haré y haria;/ar¿^ faria, y los perfectos hice, fice; hiciera, ftciera, etc.? 

FoiMAS NOMINALES. INFINITIVO: hacer, satisfacer, gebundio: haciendo, satisfadendo. 

Participio pasivo. — El participio pasivo es ?iecho y fecho en satisfecho. Pro- 
cede del latino facto, */ecto, feüo, *fetio = *feeio =^ fecho y hech4>. 

Satisfacer se conjuga exactamente igual que hacer, con la única diferencia 
de que el simple lleva ^ y el compuesto f. Satisfacer conserva por tanto la 
forma más antigua y más próxima al latín. En el imperativo tiene dos for- 
mas» satisfaz j satisface; ésta parece más antigua, pero no lo es. Satisfaz res- 
ponde á la latina satisfac, y la otra es una formación analógica como los otroa 
verbos. Lsífáe faceré se mantuvo tenazmente en los siglos xii, xiii y xiv. 
En el XV comenzó á alternar este robusto sonido con la débil aspiración h, 
acabando ésta por imponerse, á excepción de satisfacer. 

Lá Real Academia pone también a rarefacer, pero este verbo es de poquí- 
simo uso. 

Verbo venir y sus compuestos. — Este verbo, por su estructura y por sa 
si^ifícación, es continuador del latino venire. uno y otro se refieren ala raíz 
aria ga, ampliada en gvan, gvm, ven, que significa en general la idea de mo- 
vimiento local, como llegar, andar, venir. En las lenguas griega y latina, y 
en general en todas las itálicas, la rdz gven ha perdido la gutural g. 

Este verbo, p>or su tema verbal, pertenecía en los tiempos imperfectos á la 
cuarta conjugación latina ó temas en /; v. gr. : veni-re, y en los mismos tiem- 
pos pertenece también á la tercera castellana. En los tiempos perfectos no re- 
cibía el sufijo vi, característico de la cuarta conjugación, y esta circunstancia 
sirve para explicarnos el c[ue se diga vine, vino, por no haber tampoco reci- 
bido la influencia analógica de los de la tercera en el pretérito perfecto, á ex- 
cepción de la tercera persona del plural. 

Las diferencias con el tipo partir se hallan en los grupos 1.®, 3.® y 4.** y 
hasta en el gerundio; véanse los cuadros siguientes: 

¡PEES. DE indicativo, vengo, vienes, viene; venimos, venís, vienen. 
iMPEEATivo ven (tú), venid (vosotros). 

PEES. DE suBJ. . . . venga, vengas, venga; vengamos, vengáis, vengan. 

Las diferencias de este primer grupo consisten: 1.^ en insertar la gutural 
g en siete formas del presente de subjuntivo y primera persona del singular 
del presente de indicativo; 2.^, en reforzar la e tónica en las personas segunda 
y tercera del singular y tercera del plural del presente de indicativo, y 3.% en 
apocopar la e de la segunda persona del lingular del imperativo ven por vene. 
La apócope de la e del imperativo se explica por la ley treinta y una. El re- 
fuerzo de la e en ie se exphca por la ley veinte, lo mismo que los verbos de la 
primera clase de irregulares. La inserción de la ^ ante o, a, 6 sea en las siete 
formas dichas, es antiquísima; la encontramos ya en el P. del Cid: <íOrado al 
Criador, vengo mugier ondrada^. <iPasse la noche e venga la mannanai> (ibíd.). 



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144 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

El refuerzo en ie es también muy antiguo: uNon viene a la puente^ ca por el 
agua a vassado:» (P. del Gid). ^Fficerpas de Marruecos Valenpia vienen cercar 
(ibidem;. 

¿Oómo explicar la g ante o, a, de aquellas siete formas? Según las leyes de 
permutación latino-castellana, venio y venias debieran dar por la ley fonética 
octava veno, venas. De permanecer la i sin recibir la g, habría resultado veno, 
veñaSf etc., como vinea, vinia dio vifía, y como tinea, tinia dio tina. El ga- 
llego conserva estas formas veno, vena: nEsconsolado veno a chorar» (Lamas 
Carv., Espinas). La g de vengo y vengas no parece ser el desarrollo natural de 
la i originaria latina de venio, venias. 

Si no es el desarrollo natural de aquella i, ¿cuáles son los tipos que le han 
servido de imitación? 

El eminente lingüista W. Meyer Lübke, en el tomo II, pág. 236, de su ya 
citada obra, se contenta con decir: <KLa g espafiola es antigua en vengo y ten- 
go; más moderna en valgo y caigo (cf. válame Dios), por tanto el punto de 
partida es vengo. En español el latín vulgar de vengo serla viengo, mientras 
que venio se cambiaría en veno. Este célebre autor considera á vengo y tengo 
como tipos de todas las formas que llevan g ante o, a; pero esta suposición 
deja todavía la cuestión original sin resolver, y no sabemos si ellas mismas 
son efectos de la analogía, si reconocen formaciones enco, ca; v. gr.: venico, 
tenico (cf. el latín vulgar communico, castellano arcaico comungo, actual co- 
mulgo), ó si son el desarrollo de la i del sufijo. Federico Díez, Oram., 11, no 
dice nada. 

Grupo 2.^ PBET. iMPEBFECTO. Tenía, venias, ventamos, etc., etc. 

M .> n ( mjTUBO ABSOLUTO.. Vendré, vendrás, vendrá; vendremos, vendréis, vendrán. 

Grupo 3.'' I > » I > > 

( FDTUBO coNDic. . vendría, vendrías, vendría: vendríamos, vendríais, vendrían. 

Formados sobre la base del infinitivo, los futuros debían ser venire, verti- 
rás; veniria, venirias, etc., etc., pero no son asi. El proceso fonético en estas 
formas ha sido veniré,ven'ré,verné, ven-d-ré; veniria,ven-ria, ver-nia, ven-d- 
ria: <íMas venirá sopón que le veré bien andantes (F. González, 625). «Si ven- 
cemos pudieren, como venrran y rodos:» (L. de Apolonio, 101). «2>« lo que 
-non verná, bien danle largamentei> (Rab. D. Sem. Tob., 409). ¿El vemá bien 
lo veredesj> (Alf. Ok., 211). ^Ca yvemd Myo Qid el Campeadme (P.del Cid). 
<lNo vernien buscar en qual tierra uiuidesy> (Alex,, 900). Esta forma fué muy 
usada en toda la Edad Media, más que las dos primeras venirá y venrá. Sobre 
la base de venrá y venria, para evitar este asperísimo concurso, y por atracción 
del grupo nr, se introdujo la dental sonora d, que hoy conservamos. Aun se 
verificó otra transformación, debida á la asimilación de nr en rr; verrá = 
venrá: ^Mas mager seria tardi, que verria non dubdabom (Berc, Loor. U). 
Las formas vendrá, vendría triunfaron sobre todas. La primera vez que yo 
he encontrado á vendrá, alternando con vemá, es en la época de los Beyes 
Católicos: 

<iDÍ9Íendo con osadía, 

Sabiendo ningún recelo 

Me vendrá.» 

( J. M. DE ÜBBKA, AntoL, M. Pbl., IV.) 

Puede asegurarse que esta última forma no es anterior al siglo xy. 

Grupo 4.0 PBKT. PKEF. . vínc, viniste, vino; vinimos, vinisteis, vinieron. 



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YEBBOS AISLADOS 145 

Por la simple inspección de estas formas échase de ver la diferencia entre 
el radical ven del infinitivo y el radical latino ven, veni, con el de este tiempo 
vin, lo mismo que en los otros tres perfectos vin-íera, vin-üse, mn-iere, j hasta 
en el gerundio viniendo. Según el radical del infinitivo y el. radical general 
latino, y en virtud de las leyes fonéticas, debieran esperarse para este tiempo 
las formas siguientes: vene, venisUy vena-, venimos, venisteis, veneron 6 vente* 
ron. Alternando con las otras, encuén transe algunas de estas formas en los es- 
critores antiguos: « Veno pora Berceo a smprqpria posadas (Berc, S. Mili., 93). 
^Quando primieramientre veniste en este logarj> (ibíd., 114). nQue vos venis-- 
tesa ver esfa pecatrisi> (S. Ildef.). ^Veno al sancíiiario ont la luz atendiei^ 
(ibidem, 155). Tan antigua como ésta es la forma que actualmente poseemos, 
cuya diferencia consiste en transformar la vocal e del radical en i en todas 
las formas de los perfectos, lo mismo cuando es tónica que cuando es átona, 
lo mismo cuando sigue una vocal fuerte ó un diptongo que cuando sigue una 
débil; por estas razones, yo opino que no puede explicarse por las mismas le- 
yes que los perfectos de la clase sexta de irregulares, á no ser que se quiera 
decir que la analogía de las formas vino, viniera, etc., influyó para que se 
uniformase y pasara á viniste, finimos, vinisteis. 

Sea cualquiera la causa de esta mutación, lo cierto es que se constituyó 
desde muy antiguo el tipo vine, viniste, vino, vinimos, vinieron, y sobre esta 
base también se constituyeron las actuales formas de los condicionales en ra, 
en se y futuro de subjuntivo; v. gr.: viniera, viniéramos; viniese, viniésemos; 
viniere, viniéremos, y el gerundio viniendo, recibiendo de este modo toda la 
analogía de los perfectos de la tercera en estas últimas formas. La antigüedad 
de vine, viniste, vino, etc., se halla comprobada. por los documentos: <iEl án- 
gel Gabriel a él vino en suennoi> {P. del Oid). (uVinieron a furtarlos elpmblo 
aquedadoy> (Berc.,S.D., 377). <iiLo qmpor su mensaje vino á decin> (S.Ildef.). 

Formas nominales, inf.: venir, part. pas.: venido, ger.: viniendo. 

El ^sitioi^io venido es formación analógica, según los de la tercera; en latín 
era vento, y todo lo más que podría esperarse es viento. Es formación antiíjuí- 
sima: ^Venido es a moros, eondo es de christianosi> [P. del Oid). El participio 
venido reconoce en el latín vulgar su precedente venito, venita ; cf . itas et ve- 
nitas. Como venir se conjugan sus compuestos convenir, prevenir, provenir, 
intervenir, subvenir. 

Verbo querer. — Este verbo es continuador del latino quaérere por su es- 
tructura y significación. Por su estructura nos es fácil averiguarlo, teniendo 
en cuenta que el diptongo ortográfico ae latino se pronunciaba como simple 
e, cuando menos desde el tercer siglo de Jesucristo. En el latín vulgar, co- 
rrespondiendo la escritura á la pronunciación, encontramos escrita esta palabra 
con e sencilla, querere = clásico quaér'ire. Pertenecía á la tercera conjugación 
latina; la analogía lo arrastró hacia la segunda, y en ella se encuentra en cas- 
tellano. 

Respecto á su significado en el latín clásico y de la decadencia, era el de 
buscar; tsimhién preguntar y adquirir (cf. question y sus compuestos inquirir, 
requerir). En el oficio de difuntos se oye bien claro el «í» mane me quaesieris, 
non 8ubsistami>. Con esta significación el verbo quaérere no ha pasado al cas- 
tellano, sino con la afectiva de querer. La significación de querer la adquirió 
ya en el latín vulgar. Numerosos ejemplos la comprueban. Véanse algunos á 



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146 MORFOLOGÍA DBL TEKBO 

contínnación : €Et si ipse Christianus jurare mnims qmesierit =■ no quisiere a=s 
nolueriU. {Karta inter Christianos ei Judaeos, Mi^oz., colección de Fueros 
Municipales). ^Et si ipse Judcuus jurare non quaesisrih (ibid.)=s €SK no qui- 
siere furar eljudio^h, Íjíl significación qae quamerit tiene en estos ejemplos 7 
otros machos que pudiéramos citar es la misma que en latín tenían el verbo 
velU = querer^ j con negocian = fwlle, no querer. 

El verbo latino quaero era en época más remota qttairo, como lo hace supo- 
ner la ortografía de ae, que ea la época arenca e^SLOi, j esta suposición está 
confirmada por la inscripción numero 555 de Orelh^ citada por Yamcek 
[Etym. Wort), así como quaestor está por quaisior (Or., 556). Quaero y quai- 
ro eran modificaciones de qtmeso, conservado únicamente en quaeso 7 qtme- 
sumus con la significación de pedir, suplicar, transformando la « en r entre 
vocales, 7 conservándose solamente quaeso 7 quaesumus como preciosas reli- 
quias de su primitiva existencia. Todas estas formas se refieren por fin á la 
raíz ka, ampliada en kai, kais, quais, quaes, la cual en general significa pedir, 
preguntar, buscar. La s de esta raíz se conserva en las palabras castellanas 
cuestor 7 cuestión. Veamos ahora sus diferencias de flexión respecto al tipo 
temer: 

I { FUS. DK INDICATITO. quicTo, qoieres, quiere; qneremos, queréis, quieren. 

Grupo 1.® < iMPBtATiTO quiere (tú), quered (vosotros). 

f PKi». DE scBj. . . . quiera, quieras, quiera; queramos, queráis, quieran. 

Las diferencias que presenta el radical quer en estos tiempos consisten en 
transformar la e tónica en te, por la le7 veinte, en nueve formas, cuatro en el 
presente de indicativo, una en el imperativo 7 cuatro en el presente de sub- 
juntivo, lo mismo que en los irregulares de la clase primera. El dígtongo en 
e'ste verbo es antiquísimo: ^Quiero fer una prosas (Bebo., S. D., 1). Quieres 
(ibíd., 99], quieras (ibíd., 154). Encaéntranse en los documentos antiguos al- 
gunas formas tónicas sin diptongo: <íGon mis parrocfdanos quero yr folgam 
{Danza ele la Muerte), uBien se que con arte me queresfaserj> (ibíd.). El portu- 
gués conserva esta forma quero, quer es. 

Grupo 2.® PKBT. iMPERPECTO. quería, querías, queríamos, etc., etc. 

Grupo 3.° j * J querré, querrás, querremos; querría, querrías, querríamos, etc. 

Formados del infinitivo, debiera esperarse un quereré 7 quereria: €Áun cerca 
o tarde el rey quererme ha por amigoi> {F. del Gid). Las formas actuales perdie- 
ron la e por síncopa, forma tan frecuente en la Edad Media, sobre todo al lado 
de las vibrantes r 7 /, 7 la nasal n, 7 tan del agrado de gallegos 7 portugueses. 
Las formas sincopadas son mu7 antiguas, tanto como nuestro idioma, con la 
particularidad de haberse fijado mn7 pronto: (íMyo ^id querrá lo que ssea 
aguisado» {P. del Cid). nEn paridad fallar querría con amos:» (ibíd.). Estas 
formas querré 7 querría son las más ásperas que han quedado en los futuros 
castellanos. En la Edad Media se hallan futuros tan ásperos como éstos, de- 
bidos tal vez á influencias gallegas ó portuguesas; v. gr., marré, parra = pa- 
rirá: ílTus fijos con dolor parras» (L. Ayala, Bim. 1427). <iNaH morra por 
Achiles» (Alex., 629). Pero todas reobraron, á excepción de querré, 7 gracias 
á aquella reacción tenemos ho7 morirá, parirás. Compréndese que querré no 
ha7a reobrado en querere por el cúmulo de rr 7 de ees. Otro camino le que- 



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VERBOS AISLADOS 147 

daba, cual era echar mano de una d como otros muchos^ formando qttedré, 
X>ero esta nueva forma resultaba bastante cacofónica, lo mismo que oru/ra, j 
así acabó por fijarse querré, qtierriaj como honra j honrar, 

i nx. FnFicTO.. . quise, quisiste, quiso; quisimos, quisisteis, quisieron. 
Grupo 4.* I com». km ra t se. quisiera, quisiéramos; qubiese, quisiésemos. 
( FUTUio SB SUBJ. . quisíere, quisiéremos, etc., etc. 

Atendiendo al radical del infinitivo, debíamos esperar un quere^ queriste, 
querieron, etc. Según el perfecto latino qiiaesivi, formado como paarUvi, deinera 
esperarse un quesi, quesiste, qmsió, etc., siguiendo el mismo procedimiento 
que parUvi, aicdivi. Y si esto es así, ¿cómo se explica que el acento saltara 
nacia atrás cuando el desarrollo natural de esta forma quesivi, quesii, qmsi 
lo reclamaba en la ¿, teniendo además el influjo de la analogía de la tercera, 
que también lo reclamaba en el mismo puesto? Yo no me explico estos fenó- 
menos más que suponiendo que en el latín vulgar se formó algún tema espe- 
cial qmsi {}). Admitido este tema quesi, explícase muj bien por la ley foné- 
tica veintidós que resultara quise, quisiste, quiso (pasando por quise), Pris- 
ciano da á quaeso un perfecto quaesi\ de aquí resulta sin violencia nuestro 
perfecto quise. En este verbo, lo mismo que en veni, la e del radical se cambió 
en i en todas las formas de los cuatro tiempos del perfecto. Constituido el 
tipo quise, quiso, quisieron, se formaron como él quisiera, quisiese, quisiere, 
según la flexión de la tercera. La i de quise es antiquísima. Quisilo (Bebceo, 
Loor., 82). Quisiere (P, del Cid). 

FoiMAS NOMINALES. iNFiNiTr?o: querer, paiticipio pasito: querido, gbidnoio: queriendo. 

Verbo poner y sus compuestos. — Este verbo poner es continuador del 
\2X\n0 poneré, que significa también ^(W^, colocar, situarse. Es compuesto de 
la partícula je?<7 y del verbo latino sinere. La composición en los tiempos im- 
perfectos perdió la sílaba si, representante de la raíz en si-nere, si-vi, situm, 
que nosotros conservamos en po-si-ción, po-si-tivo y de^si-nmcia; esta es la 
razón de que aparezca tan desfigurado. En los tiempos perfectos y en los par- 
ticipios se hace más visible la composición. Las formas arcaicas posi»vi y po- 
sei-vi (*), así como las clásicas po-si-tum, no dejan la menor duda de (jue po- 
neré es compuesto de po-sinere, igualmente que nuestra palabra de-si-nencia 
lo es de la preposición dejel mismo verbo sinere en su forma de participio. 
Pero el verbo sinere, si-no, en los tiempos imperfectos se componía de la raíz 
si y el sufijo no; perdida la raíz si eapo-si-no, po-si-ne-re, quedó el tema 
pone al menos en los tiempos imperfectos, en el infinitivo, en el participio 
de presente y en el gerundio formado por los dos sufijos que entraban en la 
constitución de poneré por posinere. En los perfectos conservamos aquella 
raíz y un resto en el participio jt?w5-5-íí? por po-si-to. 

La raíz si es considerada por los modernos lingüistas como una metátesis 
de as =s sa, que en su origen significaba tirar, arrojar, lanzar, y en el domi- 
nio latino-castellano ^íw«r, colocar, dejar, etc., etc. De no ser por los grandes 
recursos de qne dispone la Gramática Comparada, sería poco menos que im- 
posible reconocer en el verbo poner un compuesto de la raíz si. Poner se con- 

(1) Véase en F. Díbz, II, 127, las formas quiñitii y conquUet En el Arcip. de Fita se YaiXU quuiste y 
^uemtet (761-762). Peisciano atribuye á qucLeso un perfecto quaet%\ de aquí queti^ quise, 

(2) Cf. Wanicbi, Etym. Worí. 



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148 MORFOLOGÍA DEL YSBBO 

juga como el tipo temer, Sas diferencias se hallan en los grupos 1.% 3.® y 4.^ 
7 en el participio pasivo; véanse los cnadros sigaientes: 

!piE8 DB üfDicATiyo. poDgo, pODCs, pone; ponemos, ponéis, ponen. 
iMPBRÁTiTO. pon (tú), poned (vosotros). 

PBSS. DB 8UBJ. . . . ponga, pongas, ponga; pongamos, pongáis, pongan. 

Las diferencias de este grnpd consisten en la existencia de la gatnral g en- 
tre el radical jE7(?n y los sufijos o, a, ó sea en siete formas de los presentes de 
snbjantivo é indicativo. La g áejpongo, ponga es la misma que la de valgo y 
salgo, vengo y tengo. En el imperativo la segunda persona del singular jtTon ee 
apócope depone, y se explica por la ley fonética veintiocho. La existencia 
de la ^ es muy antigua: ^Ponga enna gloriosa» (Bero., Mil., 180). uTanto que 
traspongamos^ (Albx., 1686). a^Entreponga plaseresj^ (Fita, 34). 

Grupo 2.** PBBT. iMPBBF. . ponía, ponías, poniamos, etc. 

Grupo 3.^ PDTDBOS. . . . pondré, pondrás, pondremos; pondría, pondrías, pondríamos, etc., etc. 

Formados estos tiempos sobre ía base del infinitivo, debiera esperarse un 
poneré, ponerás ^ ponería, ponerías. Así fué en su origen, pero ha sumdo variaa 
transformaciones para llegar á la actual pondré, pondría; estas son las formas 
más modernas. El proceso fonético seguido por estas formas ha sido el siguien-^ 
te: poneré, ponri, pomé, porré, pondré; ponería, ponria, pomía, porría, pon- 
dría. Tenemos con esto forma plena, sincopada, por metátesis, asimilaeión y 
epéntesis. 

Testimonios históricos de estos cambios: uPonerte-Jie en el otero cosa para ti 
sanaj> (Fita, 399). aPonerte-hs en el otero ó en aquel rastrojóla (ibid., 400). La 
espontaneidad {popular tiende hoy á decir poneré, ponerás. La sincopada ponrá 
es muy cacofónica y tal vez no se encuentra. No sucede así con porná, por nía* 
mas, formas de mucho uso en la Edad Media, lo mismo que verná: ^Pomá él 
su cabeza sobre el tu costadoj> (Bbrc, S. D., 722). <íAgora yotepoméi> (Pita,. 
552). uTe pornas en mah (Rabbi D. S. Tob., Prov. Mor., 432). ^Toda la 
culpa a uospomemosi> (P. Alp. Ono., 16S2), €E y pomian la stellai^ (ibid., 911). 
<íCa pomiamos espanto en ser desamparados:» (L. Ayala, Bim., 1335). Lo- 
mismo que en venir, en poner se encuentra otro futuro asperísimo, porré, po^ 
rría; v. gr.: ^Porré lo ante U que me has en/iadoi> (Bbbc, Mil., 658). ^N^on 
lo porras por plazo si creerme qui8ieresj> (ibfd., S. Mili., 87). 

Las formas epentéticas pondré y pondría, calcadas sobre la base sincopa- 
da j70nr^,i70nría, son las que han triunfado de todas las demás y las únicaa 
que actualmente poseemos. Atraída la d por el grupo nr, desapareció la aspe- 
reza que contenían. 

i PiBT. PEBPEGTO. . puse, pusiste, puso; pusimos, pusisteis, pusieron. 
Grupo 4.® I coND. Eii ra Y se. pusiera, pusiéramos; pusiese, pusiésemos. 
( FUTUBO DE subí. . pusiere, pusiéremos, etc., etc. 

El cuarto grupo, siguiendo la analogía y uniformidad del tema jsxme, de- 
biera eer poni, poniste, poniera, y á emplear esta forma hay tendencia espon- 
tánea. Los perfectos de este verbo hay que explicarlos por el latmo posui, j 
mejor for posi, tema formado en el latín vulgar que conserva el italiano |m>^ 



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YEBBOS AISLADOS 149 

posestí, yjos arcaicos casíelimoñ pose j poso (*). Admitiendo el tipoj^ow, que 
por la ley veintidós se convirtió en pose, posiste, poso (pasando por pose), luego 
verificóse una disimilación ante las vocales medias pose, poso en puse, puso. 
Esta forma se extendió á todas las demás del grupo, y así tenemos puse, puso, 
pusieron, pusiera, pusiese, pusiere: (íPosistete en presión^ (Pita, 762). <íQuatro 
messes possieronj> (Alf. Onc, 998). La forma pv>so es también muy antigua: 
<iMillan me puso nomne la mi buena nodriza (Bebo., S. Mili., 286). nQuando 
ennafacienda de Oeon uos pusioronj> (Alkx., 1208). Establecido el perfecto, 
las demás formas se explican por la influencia analógica de la tercera. 

FoBMAS NOMiNALBS. iifPiN.: poner. PABT. PA8.: puesto. GBR.: poniendo. 

Pussto es síncopa del latino pósito = posto, y reforzado puesto: ^Burgueses 
e burguesas por. Jas finiestras sonpuestosj> (P. del Cid). 

Vekbo poder. — Este verbo, que por su significación responde al latino 
posse, no puede considerarse como su continuador por la estructura, al menos 
en todas sus formas. Compuesto de pot y esse, podemos afirmar que en caste- 
llano y en italiano ha perdido todo el elemento correspondiente al verbo sus- 
tantivo. Sobre la base del radicsd pot se formó en el latín vulgar el verbo po- 
tere, que se conserva íntegramente en italiano, y de potere es una modificación 
nuestro verbo poder, por virtud de la ley fonética quinta. La analogía con la 
creación de temas paralelos fué poco á poco sustituyendo las antiguas formas 
de este verbo con las modernas creaciones; así, á poterat empezó por sustituir 
podibat; á posset, poteret. De las formas del antiguo posse, algunas se hallaban 
mejor dispuestas que otras para recibir aquellas influencias; tales eran los per- 
fectos potui, potueram, potuissem, etc. 

Formado ya este verbo sobre el radical pot, pod, entró á formar parte de 
la segunda conjugación; se conjuga, por tanto, como temer; veamos sus dife- 
rencias: 

í PBBS. DR iNDic. puedo, puedes, puede; podemos, podéis, pueden. 

Grupo 1.° < iMPBtATivo. . . puede (tú), poded (vosotros). 

I PRES. DE SUBJ. . pueda, puedas, pueda; podamos, podáis, puedan. 

La inspección de este cuadro nos da á conocer que la o del radical pod se 
ha reforzado en el diptongo vs por la ley veinte en nueve formas, igualmente 
que los verbos de la segunda clase de irregulares, y por la misma causa, que es 
principalmente la ley del acento. 

Grupo 2.° PBET. iMPERF. podía, podías, podíamos, etc. 

Grupo 3.° FUTutos. . . . podré, podrás, podrá, podremos; podría, potirías, podríamos, etc. 

En este grupo de los futuros, la diferencia se halla en haber perdido por 
síncopa el sufijo formativo e, á lo cual contribuyeron los sonidos anterior y 
posterior d-r, que permitían la articulación después de perder la vocal. La 
acción del acento en la vocal siguiente influyó también en estos futuros y en 
los de otros verbos. 

Atendiendo al infinitivo poder, sobre cuya base están formados estos dos 

(*) En inscripciones se ha encontrado la forma pon, con la cual concuerda el italiano poú-, arcaicamente 
fué po-ú-my pO'iei-xñ, Véanse Díbi, Gram., II, 127, y Vanicbk, Etym. Worf. 

MORFOLOGÍA DKL VERBO.— 12 



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150 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

tiempos, debíamos esperar para el primero un poderé, poderás, etc., y para el 
segundo poderia, poderlas, etc. En los documentos de la Edad Media se en- 
cuentran algunos ejemplos de estas formas plenas: 

«Que la prenda que hoy perdedes 
Cobrar no l& poderes = (poder ede8).y> 

(L. Enbiq., A?itol., IV.) 

Poderes es contracción áepoderees j éste de poderedes, según hicimos notar 
al hablar del proceso fonético de este exponente. 

aLos malos más malos fazer poderá.y) 

(D. P. DE PoRT., Antol., II.) 

üY los mis males sabidos 
No se poder an dezyr.» 

llbíd.) 

Pero desde muy antiguo hallamos las formas sincopadas, que son las 
actuales: ^Después qui nos buscare fallar -nos podrá» (P. del Cid), (a Por oro 
nin por plata nonpodrie escaparía (ibídj. aLa mülésima parte depirla non po- 
'dremosy> (Bbrc, S. D., 33). 

(ílQ,mGi\ podría tal deytado 
Amansar?» 

(L. Ayala, Rim. 1059 ) 

Grupo 4.° PKET. PESF. pude, pudiste, pudo; pudimos, pudisteis, pudieron. 

Según el radical pod^ y teniendo en cuenta que son perfectos graves, de- 
bíamos esperar ^<?¿¿e, podiste, podo;podimos, podisteis, podieron. Efectivamente, 
en la Edad Media fué así, y en Berceo sobre todo encontramos datos sufi - 
cien tes para restaurar estas formas y comprobar históricamente lo que racio- 
nalmente suponemos que debía suceder. Hay que añadir, sin embargo, ana 
observación importantísima, y es que las formas arcaicas comprueban la o del 
radical; pero en cuanto á los elementos de la flexión, éstos recibieron en todos 
los tiempos del grupo, incluso el pretérito perfecto, la influencia de la tercera, 
siendo grave-agudos, á diferencia del actual, que es grave exclusivamente; 
V. gr.: n&nnora benedicta, non tepodi servir» (Ébrc, Mil., 522). aNon podio 
al plazo al indio pagar» (Berc, Mil., 682). a Aun porgas podiéssemos muchos 
annos durar» (ibíd., 235). aTanto podio el monge la razón cancar» (ibíd.. Due- 
lo 7). (íQuerielo si podiesse escusar de Ion grado» (ibíd., 8. D., 122). ^Sacar 
non lo podieron dentre los matorrales» (ibíd., 50). ^Non querré sipodiero la ra- 
zón alongar» (ibíd,. Mil., 704). ^El su castillo, según ver podiste» (F. Imper., 
Antología, 1.% 

Pero al lado de esta forma grave-aguda se desarrolló paralelamente la otra, 
ó sea la de perfecto grave con cambio Año en u en la vocal del radical, y que 
es la que ha prevalecido y actualmente poseemos: aNolpudo guarir ^faísso-ge 
la guamizon» (P. del Cid). ^Sis pudiessen gr» (ibíd.). (uSil pudiessen prender» 
(ibídem). ^Buscáronle maestro el meior que pudieron» (Berc, S. D., 35). 
(íEntenderlo pudiestes amigos e sennores» (ibíd., 549). e:Mas en quanto pudieres 
guardarte de pecar» (ibíd., 518). auLo que meter pudiesse en cativos sacar» (ibí 



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VERBOS AISLADOS 151 

dem, 363). En el Poema del Cid no ge encuentran más que las formas actuales. 
Los condicionales en raj se j el futuro de subjuntivo kan corrido la misma 
iruerte que el pretérito perfecto, y hoy ñom pudiera, pudiese, pudiere, etc., etc, 

FoKMAS KoauíALBS. iNFuiiTiTo: poder. PART. PAS.: podido, orí.: pudiendo. 

Verbo placer. — Este verbo es continuador del latino placeré, que signi- 
ficaba agradar. Uno y otro proceden de la raíz plac, que significa aplacar, 
calmar (cf. plác-ido, aplac-ar), pedir, rogar (cf. su-plic-a y otros derivados), 
agradar, deleitar (cf. plac-er y displic ente). La raíz p^ac se considera como 
una modificación Aeprae (cf. prec-es, deprec-aciin). Teniendo su tema verbal 
en e larga, correspondía á la segunda conjugación latina, y en la segunda 
conjugación castellana continúa, siendo su tema verbal place, su infinitivo 
placer. Se conjuga como temer. 

Este verbo se usa en la tercera persona, ó sea como unipersonal. A pesar 
de esto, la Real Academia no se opone; antes es de opinión de que se conju- 
gue en todos sus modos, tiempos, números y personas con la irregularidad de 
los terminados en acer, ecer y ocer, empleándolo además en algunas personas 
con ciertas formas derivadas de los radicales pleg, plug, modificaciones foné- 
ticas de plac. Nosotros, siguiendo el espíritu de la Real Academia, vamos á 
presentarlo como quiere la docta Corporación: 

¡PIES. DE iHDic. . plazco, places/fplace; placemos, placéis, placen. 
IMPERATIVO. . . . place (tú) ó plai, placed (vosotros). 

PSBS. PE suBj.. . plazca, plazcas, plazca; plazcamos, plazcáis, plazcan. 

Las diferencias que presenta este grupo consisten en la existencia de la z 
en siete formas, las seis del presente de subjuntivo y la primera persona del 
singular del presente de indicativo. La z de todas estas formas es la misma 
que la de luzco, conduzco y algunos otros que en apariencia han recibido el 
sufijo SCO, zco, pero que en realidad no recibieron más que la z, porque sus 
radicales terminaban en c, y por una falsa analogía se introdujo la z, como si 
fueran verdaderas formas incoativas. La explicación es la misma que la que 
dimo9 para los verbos de la tercera clase de irregulares. 

Grupo 2.^ PBET. iMPEBFEc. DE iicDic. . placía, placías, placíamos; etc., etc. 

Grupo 3.° PUTüBOS ABSOL. Y coNDic. . placefé, placerás, placeremos; placería, placeríamos; etc., etc. 

[ PBKT. PEBF plací, placiste, plació; placimos, placisteis, placieron. 

Qrupo4.^< coND. EN ra y se placiera, placiéramos; placiese, placiésemos. 

( FUTCBO DE SUB/ placiere, placiéremos; etc., etc. 

FoBMAS NOMINALES. . INF.', placer. PABT. PAS.: placído. aEB.: placiendo. 

Conjugado así este verbo, no presenta más irregularidad que en el grupo 
de los presentes, por la inserción de una z, debida á una falsa analogía, por 
parecer en las otras formas, v. gr,: placer, que era de los incoativos, no sién- 
aolo, como tampoco lo es cocer ni hacer, y otros en que la c no es del sufijo seo, 
sino de la raíz, parte integrante de ella. Pero el uso no puede imponerse; esto 
que hemos hecho no es otra cosa que presentar la estructura que tendría si 
se usara ou todas sus formas; esto indica que no hay repugnancia fonética ni 
morfioiifipca por parte de su estructura, y mucho menos empleándose su com- 



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152 MORFOLOGÍA DEL VBBBO 

Eueeto complacer; pero eso no indica más qne la posibilidad de usarse en todas 
ks formas^ no el uso de hscho; éste no lo pcíede imponer ningún gramático, 
por grande que sea su autoridad. 

En latín se usaba algunas veces en las personas primera j segunda; cf. pla- 
cebo Domino; encastellano» la significación de agradar la asumió otro verbo, 
el mismo verbo agradar, derivado del sustantivo agrado, nombre formado so- 
bre la base del adjetivo grato, grata. De las formas expuestas, las usadas co- 
rrientemente son las terceras del singular y del plural. De ciento y pico de 
ejemplos que tengo recogidos de este verbo, sólo dos he encontrado usados 
en la segunda persona, uno en la del singular del presente de indicativo y 
otro en la segunda del singular del pretérito perfecto: uLoando á todos^ tú 
eres el que á mi mucho pbgtdste e plape8i> (Santill., Bias). Su uso es casi 
exclusivo en las terceras personas; v. gr.: qí Aquellos á quien las obras de los 
virtuosos plapen:» (Sant., ibid.). «Pláceme ir á la casa enna qual ella posáis 
(Bbrc, S. D., 103). (íPlazme, dijo el rey, esto por la fé miai> (ibíd., 185). 
^Qiie le piada e lo tenia por bieni> {Orón, de Alf. X, cap. XXV, citado por la 
Eeal Acad.), «Os plac€ráy> (Case. cit. por la K. Acad.). xaSepas que á los tos 
plazrá de corafoni> (Alex., 56). <íPlazria á sus parientes de ueerla transidait 
(Berc, S. D., 680). En estos futuros falta por síncopa el sufijo formativo e. 
€E placióle mucho al rey, e hobo gran plapery> {P, de José, 133). <lE placióle a 
lusuf e húbolo de otorgara (ibíd., 146). 

En el presente de subjuntivo se usan, además de plazca, en la tercera per- 
sona del úxi^2X plegué j plega: ^Plega aquel que oyó las oracionesy> (Pul- 
gar, Let. IX). üA élplega os vea bien casaday> (Gubv., Ep. fam. 2.®, YIII). 
a: Por cuya misericordia plegué á él (á J)io&) perñcionar á vuestra Señoría Rma.i» 
(M. Avila, carta XVIII). 
En nuestros dramáticos de los siglos xvi y xvii es más usado el plegué; 

«Plegué al cielo que no esté 
Muy alto aqueste balcón.» 

(Cald., Med. de su honra^ 1.*, 14.) 

«Muerta quedó! Plegué á Dios . 
Que venganza me dé 
El cielo.» 

(Ibíd., XVI.). 

iüPlega al señor nos de luz para ver estos dos abismos:» (M. Avila, carta 
XXXVIIl). ¿Son del mismo origen plazca, plegué j plega? ¿Proceden depre- 
cari ó precare los formas plegué y plega, ó proceden lo mismo que plazca del 
\ex\io placer! En cuanto á la significación plegué j plega, denotan deseo, son 
formas optativas ;^Za2:c« se emplea en sentido irónico, aseverativo, afirmativo, 
denotando arbitrariedad, despotismo-, <íHaz lo que te plazcay>. ^Yo gastaré lo 
que me plazca:», <lTú vendrás cuando te plazcan, <lEI declarará lo que leplaz- 
cay>. La circunstancia de ser plegué subjuntivo en e, como de la primera, hace 
sospechar ú plegué será continuador Aeprecari 6 precare (cf. plegaria y preca- 
ria, latino). La palabra j^Z^^am es indudable que procede de precaria. 

En el grupo de los perfectos hay también otras formas además de plació. 
Plació es perfecto grave-agudo y sigue á los perfectos regulares de partió, perp 
pingo B& perfecto grave. En la Edad Media se encuentra phgo, ploguiera, etct?, 
plugo y pluguiera, pluguiese, pluguiere^ más usado que plació: ^Plogo a myo 
pid^ {F. del Oíd), «iOras/eremos lo qu^ pluguiere anosi> (ibíd.). ^Si ploguiesse 



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VERBOS AISLADOS 158 

a Dios, quema-las ensayaría (ibíd.). <íTú eres el que a mi mucho ploguiste^ 
(Santill., Bias). ^Siempre meploguieron e fueron suatas las cosas qué á tÍ3. 
Al lado de la forma plogo 9;parec\6 plugo, que acabó por imponerse: 

iiSi vos pluguiere^ yo lo quiero sofrir.j> (L. Ayala, Rim 1119.) 
aNon los fice nin me plugo,y> (Santill., Doct, de Priva.) 

aPltiguiera á Dios que yo f aera 
Ese rústico pastor.» 

(J. DEL Encina, Ant., IV.) 

Las formas plugo, pluguieron, etc., proceden del perfecto latino placuit, y 
para fijarse en plugo ha debido pasar el tránsito siguiente: placuit 6 plácui, 
en plougue, plougo, plogo, plugo. El portugués conserva prouve, y antigua- 
mente |7r(7t^^t^. A estas formas portuguesas en ou responde al castellano, pri- 
mero con la o y luego con la u, pasando por otro intermediario fonético que 
no se ha escrito, *ploogo. 

En todas estas formas el cambio del radical plac y del sufijo ui debió co- 
menzar por la metátesis regresiva de la u, interponiéndose entre a-c, resul- 
tando *plauce. Luego debió seguir por todos sus grados *plauge, *plaugue, 
*plougo, *ploogo, plogo y plugo. Estas dos últimas formas son históricas, segón 
queda probado; ploogo es una suposición necesaria para explicar la pérdida de 
la u. Las restantes se explican perfectamente por las formas arcaicas i^víxi' 
guessA prougtie, prouguese. En los verbos que vamos á estudiar á continua- 
ción encontraremos cambios parecidos á los de placuit en plugo. 

El uso de estas formas de perfecto se halla r^ncido á las siguientes: 



PBBTéBITO PBBFECTO. . . . plugO, pluguierOD. 

Grupo 4.° { coNDicioNALBs Eir ra T se ) 

Y FÜT. DE SUUUNTITO. 



I pluguiera; pluguiese, pluguiere. 



En el presente de snhjxmíivo j^legue, plega, al lado de plazca, es probable que 
haya dos clases de formas, originarias de dos verbos latinos Áiferentea: plazc<t 
deplaceam; plegué y plega de procer, vulg. precem (cf. plegaria jprex, j pre- 
caria y el bable precar). En los perfectos plací, placiera, etc., y en plogo , 
plugo, plujguiera^ en mi opinión hay que reconocer dos formaciones diferen- 
tes: la primera es genuinamente castellana, como temi, temiera, etc.; la se- 
gunda yo opino que es de influencia gallega ó portuguesa. Los compuestos 
de placer, como complacer y desplacer, se conjugan como lo» verbos de la ter- 
cera clase de irregulares. 

Verbo caber.— Este verbo es continuador del latino capero, transfor- 
mando la ^ en ^ por la ley fonética quinta. Entre sus variadas significaciones 
tenía el verbo latmo las de coger, agarrar, tomar, prender-, significaciones <q[ue 
conservam*)s en cap-tura, eman-cip-ar, for-cep-s (tenaza ó agarrador), cautivo 
(lat. cap'tivus, el cogido), parti-eip-e (el que iomeí parte), y las de comprender, 
caber; v. gr.: cap-az, cap acidad (cf. plures non capit hic locus = no caben más 
aquí). La significación de coger se usa en el lenguaje popular como sinónima 
de caber, y así se oye decir á cada paso: no cogen más aquí, por no caben más 
aqui. Esta significación de comprensión, de capacidad, es la que ha conser- 
vado el verbo caber castellano. 



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154 MORFOLOGÍA. DEL VBttBO 

Uno y otro proceden de la raíz cap, qae tiene la significación general del 
verbo capere. Este verbo pertenecía á la tercera conjugación latina, por llevar 
el sufijo é breve en los tiempos imperfectos; la analogía lo arrastró hacia la 
segunda, y en ella continúa en castellano; se conjuga como temer. Veamos sus 
diferencias: 

!PRR8. DE iNDic. . quepo, cabes, cabe; cabemos, cabéis, caben. 
IMPERATIVO cabe (tú), cabed (vosotros). 

FRES. DE suEi. . . quepa, quepas, quepa; quepamos, quepáis, quepan. 

Atendiendo á la forma del radical cab, las diferencias se hallan: I."", en ha- 
ber mantenido lap del radical latino cap ante las vocales fuertes o, a; 2.^ en 
transformar la a del mismo radical en e. Estos dos fenómenos se verifican en 
siete formas: seis del presente de subjuntivo y una en la primera persona 
del singular del presente de indicativo. Las siete formas indicadas en que se 
lian verificado estos fenómenos eran en latín capto, capiam^ capias, capiat, ca- 
piamusy capiatis, capiant. En estas siete formas, según la ley fonética octava, 
debía de haberse perdido la f, resultando capo, capa, capas, etc., como sucedió 
en sus compuestos concipio, recipio (cast. concibo, recibo), concipias, recipias 
(cast. concibas, recibas), y en tal caso, es casi seguro que las formas qiiepo, 
guepa serían regulares cabo, caba, según quiere pronunciarlas la tendencia 
popular. La lengua, en este caso concreto, siguió otro procedimiento, que 
consistió en verificar una metátesis regresiva: *caipo, *caipa, en lugar de ca- 
pio^ capia, colocándose la * entre la a de la raíz y la ;?. Verificado este primer 
cambio, la lengua siguió transformando nuevameiite caipo, caipa en qeipo, 
qeipa, queipo, queipa, *queepo, *queepa, quepo, qicq>a (*j. 

¿Qué razón ha habido para que \&p se conservara ante dichas vocales c?, a? 
No tenemos en castellano pruebas históricas de estos cambios y que confir- 
men estas hipótesis. Los portugueses han conservado la metátesis cmbo, cai- 
ba, suavizando además lajt? en b. Para los que admiten que el diptongo ai se 
transforma inmediatamente en e, la explicación está con esto terminada. Pero 
lo mismo que al tratar de los sufijos formativos del perfecto amavi, amai, 
amei, amee, amé, así admito para esta forma el mismo tránsito; de manera que 
caipo, caipa debió transformarse en *qe¿po, * qeipa En el verbo saber, que ha 
sufrido las mismas alteraciones que caber, el portugués conserva sei, saiba. 
Esto nos autoriza para adminir antes de quepo y después de caipa las formas 
qeipo, qeipa. La inserción de la u entre la 3' y la e es ortográfica, exigida por 
la naturaleza de la ^ y la e. A muchas formas portuguesas en ei responde, se- 
gún viinos en el Prólogo, una e en castellano: amei, amé; sei, sé; hei, he, y por 
eso qepo ó quepo suponen un qeipo ó queipo, qeipa ó queipa. Acentuada la e, 
con la mayor energía del acento la e oscurecería á la i, y prolongando el so- 
nido e se desarrollaría una nueva e, dando por resultado que *queepo y *queepa 
se contrajeran en quepo y quepa. Quepo y quepa son las formas que queda- 
ron fijas desde muy antiguo: (íLa soberbia et ira que no falla do quepaif 
(Fita, 209). 

Grupo 2.° PEET. IMPERFECTO. Cabía, cabías, cabíamo<i, etc. 

Grupo 3.* FüTüBos cabré, cabrás, cabremos; cabría, cabrías, cabríamos, etc. 

Formado este grupo sobre la base caber del infinitivo, debiera esperarse 

(1) Los caminos de c en g y la inserción de la u son puramente ortográficos. 



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VERBOS AISLADOS 165 

caheré j caberla. Estas formas plenas las encontramos en la tendencia espon- 
tánea á decir caheré j caheria. Unas y otras han perdido la e, sufijo formativo 
entre la b del radical y la r, sufijo especial de los futuros y de los infinitivos. 
Esta pérdida se explica por el acento y la facilidad de articularse la labial 
b con la r seguida de vocal; cf. hombre al lado de orne ú home. Las formas 
sincopadas son las únicas que conocemos en la historia de los futuros. 

¡PRBT. P£BPBCTO.. . . cupe, cupíste, cupo; cupimos, cupisteis, cupieron. 
coNDic. RN ra Y se. cupiera, cupieras, cupiéramos; cupiese, cupiésemos; etc., etc. 
FUT. DE suuuNTiTO. . Cupiere, cupieres, cupiéremos; etc., etc. 

Para explicar estas formas nos basta hacerlo con las del pretérito perfecto, 
pues explicado éste las demás no oñ*ecen dificultad. 

Tomando por- término de comparación el radical cab, debiera esperarse 
cabi, cabio, cabieron, etc. Pero entre cabi y cabio, cupe y cupo, además de la 
diferencia característica de estos irregulares en el acento, falta del diptongo 
¿o y efectos fonéticos, observamos que en los segundos se conserva la p ori- 
ginal del radical latino, y que la a, después de pasar por otros intermeditffios, 
se convirtió en w. 

La ^ y la (? de las personas primera y tercera del singular, y el acento de 
la peniíltima, son fenómenos ya explicados y que pertenecen á todos los per- 
fectos de los verbos irregulares que han recibido la analogía en su grado 
medio. 

La u del radical es el sonido que tenemos que explicar. Para esto necesita- 
mos echar mano del latín, aunque no del latín clásico, sino del latín vulgar. 
Por el pretérito cepi (de cáp^eré) no se puede explicar la actual forma cupe. 
Tenemos que admitir en el latín vulgar la formación de un tema paralelo, 
capui, capuiste. La existencia de estas nuevas creaciones las confirma la his- 
toria. Capuimus se halla en un documento del año 886. conservado en la 
España Sagrada, XVII, y en otro de 1032 se halla aipuerit, forma que según 
Federico Diez {Gram., II, 167) se halla también en la Ley Sálica. Admitido 
el tema capui, la explicación de estas formas para el castellano es la siguiente: 

Proceso fonético. — ^La forma capui , por metátesis regresiva de la u, colo- 
cándose entre Ibl ay p del radical, dio caupi; caupi se transformó en coupi ó 
coupe por la ley fonética veintidós; coupe en *coope, copo, y copo, por último, 
en cupe. De manera que el proceso fonético de estas formas ha sido el siguien- 
te: capui, caupi, *coupe, *coope, cope, cupe. Las formas intermediarias caupi, 
coupi, coopi no se hallan en el castellano, pero caup se encuentra en el pro- 
venzal y coube en el portugués. La transformación del diptongo au en ou en 
el portugués es cosa corriente, lo mismo que la correspondencia castellana de 
una o á dichos diptongos. Es, pues, muy verosímil que el castellano, tomando 
por base las formas capui, capueril, etc., pasara por los intermediarios caupi, 
coupi^ coupe y coope antes de llegar á los históricos cope y cupe. La forma 
coope la explico yo por la prolongación de la o tónica, la cual, en virtud de la 
misma energía ael acento, hizo que esta o se sobrepusiera de tal modo á la u^ 
que la oscureció; y aquella prolongación de la o puede estimarse como una se- 
gunda o, sonido que, si no se escribe, la fonología no debe dejarlo pasar des- 
apercibido. 

Hay quien quiere explicar las formas cupe, cupo, cupiera, etc., como proce- 
dentes del cupivi latino, pretérito de cupio, que significa desear. Si atendemos 
á la mera estructura de cupe y cupivi, sincopado cupii, el parecido no puede 



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156 MORFOLOGÍA DEL YERBO 

ser mayor, y este parecido no deja de ser una tentación para admitir aquella 
procedencia. Sin embargo de esta semejanza exterior, no puede admitirse que 
cupe, cupo proceden de cupivi, cujm. Lo primero no nos consta por la historia 
que cupivi haya cambiado la significación en ninguno de los periodos del la* 
tin. Atendiendo á las leyes fonéticas y morfológicas, cupivi no hubiera dado 
cupe ni cope, sino cupii, cupi, cupiste, cupió, como petivi, petii, pedi, pediste, 
pidió. Estas son las leyes generales, y según estas mismas leyes es como hay 
que explicar las transformaciones, mientras que las leyes especiales no nos 
sean conocidas por la historia. Por estas razones, yo soy de opinión que no 
puede admitirse que cupe proceda de cupivi. Todas estas formas de pretéritos 
graves regularmente van acompañadas de un cambio en la vocal del radical; 
cupe sería la exceptuada si procediera de cupivi. 

FoiMAS NOMINALES. iNFiN.: Caber. PAKT. pasivo: cabido, gkk : cabiendo. 

El participio cabido no se puede explicar por el clásico capto, de capere; hay 
que suponer otro formado por analogía, capito. 

Verbo saber. — Este verbo es continuador del latino sápére, que originaria- 
mente significaba tener sabor, en sentido físico, material, como consta de este 
testimonio de Plauto: aCerte sdo ocdsam saepe sápereplus multo suem, cum 
manducatup (Plauto, Mil., II, 6, 104). Del sentido material pasó al figu- 
rado y espiritual, y así, por extensión de aquel sentido, vino á significar tmer 
buen gusto, discreción, talento, razón, saber: <íReete ego meam rem sapioi^ 
(Plauto, Pseud. I, 5, 81). Este verbo es derivado de la raíz europea sap, que 
tiene en general el mismo sentido primitivo de gustar, tener sabor, según se 
ve en sápido é insipido {}). En latín pertenecía á la tercera conjugación; la 
analogía lo arrastró á la segunda, y en ella sigue en castellano. Veamos sus 
diferencias con el tipo temer: 

; PRKS. DE iNDic. . Cüstell. actual. sé, sabes, sabe; sabemos, sabéis, saben. 
Grupo 1.** I IMPERATIVO. ... — sabe (tú), sabed (vosotrosi). 

f PRES. DE suBJ. . . — sepa, sepas, sepa; sepamos, sepáis, sepan. 

La inspección del cuadro precedente nos presenta las mismas diferencias 
que en el verbo caber, con la única diferencia de que en este verbo tenemos 
sé en lugar de *sepo, donde allí tenemos quepo. Las diferencias están además 
del apócope de sé por sepo: 1.®, en cambiar la a del radical sab en e en siete 
formas, que son las seis del presente de subjuntivo y la primera persona del 
singular del presente de indicativo; 2.®, en mantener la j» de supere en todo 
el presente de subjuntivo. La p, no sabemos por qué razón, se ha conservado 
lo mismo que en quepo. La pérdida de la sílaba po de sepo tampoco se sabe; 
su existencia hasta ahora es supuesta, si bien con grandes fundamentos de 
verosimilitud. La transformación de la ^ en ^ se explica lo mismo que la de 
qri^o y quepa. Según esto, el proceso fonético de sé (sepo), sepa, etc., ha de - 
bido ser: sapio (lat.), sapias; saipo, saipas; seipo, seipas; sei, see, seepas; »¿, 
sepas. De sapio, hasta llegar á sé, conservamos pocas formas. La forma scU- 
(po) se conserva en el provenzal; la forma sei en el portugués, y también en 
el castellano antiguo: aNon voló sey degin> (Albx., 2278) = Non vos lo sé de- 

(*) Bbeal, Dict. Etym. Laí.— Vaicicki, Etym. Wort. 



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VERBOS AISLADOS 157 

cir, fiOrepía do a Perdicas, ca sey que bien la embregóy> (ibíd., 2470), En el 
mismo libro de Alexandre se halla también la actaal forma sé: ^Ca sé que 
auenenpia nonpodedes auer:» (ibíd., 2469). De las formas del subjuntivo, en 
el portugaés se encuentra la metátesis de sapias en saiba, smbas. La forma 
setpa debemos suponerla lo mismo qae la de sai en sei antes de llegar á sepa. 
Las formas see, seepa deben también suponerse para efectuar la contracción 
ei en e. 

Del radical sab debiera esperarse que, así como se formó saber, se hubiera 
formado sabo, soba. Efectivamente; esta suposición se halla confirmada en 
los niños, por la tendencia espontánea con que tienden, llevados por la ana- 
logia de las demás formas, á decir siboy saba. Pero además se halla compro- 
bada por testimonios históricos: ^Quiero que sabades la materia qual eray> 
(Albx., 772). (íQualquier orne que lo saba pódela acusar:» (F. Juzgo, L. IV, 
tomo IV, L. VI). <íQuiero yo vos excusar á todos bimí sabades:» (Albx^, 2283). 
^8i decís que no sabéis, tampoco yo sabo» (P. de José, 262). No estará demás 
advertir que, salvo raras excepciones, la ji; j la & de la raíz con la e se fijaron 
desde los primeros tiempos del idioma: <!iBien sepa el abat que buen galardón 
dello prendrá"» (P. del Gid). <íBien lo sabemos que él algo ganó:» (ibíd.). ^Es 
dia a de plazo, sepades que non mas:» (ibíd.). 

Grupo 2.* PBET. iMPEiF. . . . Sabía, sabías, sabíamos, sabíais, etc. 

Grupo 3.** FUTUROS ACTUALES. . Sabré, sabrás, sabrá, sabremos, etc.; sabría, sabrías, sabríamos, etc. 

Formados estos futuros sobre la base del infinitivo, debiera esperarse en 
ellos las formas plenas saberé, saberia, que algunas veces se encuentran: 

«Dexad al senhor que de vos ordene, 
y él saberá darvos lo mejor.» 

(D Pbdko de Pokt., Ant., II, 283.) 

El bable conserva saberá. 

Las formas sabrá, sabría, que por síncopa han perdido el sufijo formativo e, 
y que son las que se han fijado, son muy antiguas: <iEl nombre de la madre 
decir non lo sabría-» (Bbrc, S. D., 8). uSabrá el salido a quien vino deson- 
draría {P, del Oíd). La labial b, unida á la r, contribuyeron con su facilidad 
de articulación á que el acento hiciera desaparecer la e átona y sufijo for- 
mativo. 

¡PKRT. PERF. ACTUAL. . supe, supíste, supo; supimos, supisteis, supieron. 
coNDic. EN ra T se. . supiera, supiéramos; supiese, supiésemos, etc. 
FUT. DE SUN supiere, supiéremos; etc., etc. 

La misma proporción fonética y morfológica que hay de caber á cupe y cu- 
piera hay de ^aber á supe y supiera, y las causas que han intervenido en los 
cambios son las mismas; la explicación es por tanto casi idéntica. 

En este verbo no tenemos que ir al latín vulgar á buscar sapui, como tuvi- 
mos que recurrir para capui, porque el clasicismo nos suministra esta forma; 
la explicación tiene que arrancar, no de saber, sabí, sino de sapui latino. 

El prfecto latino de sapere se nos presenta con diversas formas; éstas son: 
sapivi, sapi, sapui y sapii. Vanicek (Eiym. Wort), aduciendo ejemplos de 
varios autores, cita las tres primeras; D. Raimundo de Miguel la primera, 
tercera y cuarta; Breal (Dict. Etym.) y el P. Nonel, en su Análisis Morfoló- 



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158 MORFOLOGÍA DEL YEBBO 

gico de la Lengua catalana antiga, traen sólo la cuarta. Guardia presenta la 

Í)rimera y la cuarta en su Gramática latina. De las cuatro formas sapui, ó sea 
a cuarta, es la que nos puede dar cuenta de estos fenómenos. La forma sa- 
pui, para llegar á la actual supe, supo, supiera, etc., etc., ha tenido que pasar 
por los intermediarios siguientes: sapui,. saupi, soupe, soope, sope, supe. Como 
el estudio en estas formas versa sobre la parte del radical, es lo mismo adop- 
tar la primera persona que las otras. Sapui es la forma latina; saupi ó saupe 
se nos presenta en las formas provenzales saup y sauhi; soupe se halla con la 
labial suavizada en el portugués souhe, soubesü, soube. En el gallego se en- 
cuentra soupo: a A patria sua soupo salvaría. La forma soope es supuesta para 
facilitar la contracción sin violencia, y se considera producida por la energía 
del acento. La penúltima sope, sopo, sopiera, sopiese, hállase con frecuencia 
en nuestro castellano antiguo: fiLamaua a la puerta y sopieron el mandado:» 
(P. del Cid). i<Que no sopiesse ninguno esta su poridad:» nbíd.). «S¿ non do 
sopiéredes que somo8y> (ibíd.). (uSopose escobr¿n> (Bbro., S. D., 163). <íEt sopo 
do entraron lafoz e las montannasi> (ibíd., S. D., 436). La existencia de la o 
llega hasta fines del siglo xv: 

«El quien este jnego humano 
Supiere al9ar8e á su mano, 
Gozará destos proyechos.» 

(Caetagena, Ánt., III.) 

Las formas con u se sobrepusieron á las antiguas y las expulsaron. 

FoMAS NOMINALES. INF.: Saber. PAET. PAS.: sabido, cíer.: sabiendo, 

El verbo latino sápere carecía de participio pasivo; sabido es formado por 
analogía de los de la tercera conjugación; tal vez favoreció esta formación el 
adjetivo sápido. 

Verbo tener y sus compuestos. — El verbo tmer es continuador del la - 
tino tenere y proceden uno y otro de la raíz aria tan, lat. y cast. ten, que sig- 
nifica extender y tener asido. Esta raíz se encuentra además en bastantes pa- 
labras castellanas, coma ten-az, per-tin-az, ten-aza, ten-or, ten-tente. En latín 
llevaba el sufijo formativo é larga; pertenecía por tanto á la segunda conju- 
gación, y en ésta se halla en castellano. Las diferencias que presenta respecto 
al tipo temer se hallan en los grupos 1.°, 2.° j 3.°, como puede verse en los 
cuadros siguientes: 

i PBKS. DK iNDic. CastcU. ttctual. tengo, tiene?, tiene; tenemos, tenéis, tienen. 
Grupo 1.° j mPEBATiTO. . . — ten (tú), tened (rosotros). 

f PIES. DK SCN. . — tenga, tengas, tenga; tengamos, tengáis, tengan. 

De la inspección de este cuadro se saca en consecuencia que las diferencias 
del verbo tmer en el grupo de los presentes respecto al tipo temer y radical 
ten son de tres clases, y consisten: 1.*, en la apócope del sufijo formativo a de 
la segunda persona del singular del imperativo; 2.% en la existencia de la gu- 
tural g ante las vocales fuertes o, a, lo cual acontece en siete formas, oue son 
las seis del presente de subjuntivo y la primera persona del singular ael pre» 
senté de indicativo; 3.% en reforzar la vocal e del radical cuando es tónica, en 
el diptongo te, á excepción de los casos en que se encuentra la g antedicha, lo 



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VBUBOS AISLADOS 159 

cual se verifica en las personas segunda j tercera del singular y tercera del 
plural del presente de indicativo. La apócope del imperativo se explica por 
la ley fonética veintiocho, según la cual el castellano posee numerosos sus- 
tantivos y adjetivos en que se ha perdido la vocal final, cuando á dicha final 
le precedía una n; v. gr.: bmn y dmno; bien y bene; Martin, Martirio; Ju- 
lián, Juliano; pan, pañi; fin, ñni; etc, , etc.; cf. ven en el verbo venir. La 
existencia de la y obedece á la misma ley que en eb verbo venir, ó sea á la ley 
fonética trece, y es antiquísima en nuestra lengua, al menos en este verbo y 
sus compuestos: uTodo el bien que yo he, todo lo tengo delant» {P. del Cid), 
En este ejemplo se presentan los dos verbos he y tengo, de haber y tener, con 
significación igualmente posesiva. ^Digades al Conde que non lo tenga amah 
(ibídem). ^Non lo tenga ninguno esto a liviandad» (Bbrc, S. D., 82). aAtra- 
viésame el corazón, en él la tengo fincada» (^Fita, 671). aDios bos mantenga con 
vida» (P. Al/. Onceno, 1194). aTarifa tengo perdida» (ibíd., 1208). aPor esso 
ha menester que la lealtad se mantenga con verdad» (Partidas, Prólogo). La 
existencia de la g en este verbo es tan antigua como en vengo. Las dos ofre- 
cen la particularidad de evitar el diptongo ie donde se presenta la g, á pesar 
de la tonicidad de la e del radical. Así resulta tengo, tenga, al lado de tienes, 
tienen. Ten y ven son raíces en nasal dental, y las dos se apocopan en el im- 
perativo ten y ven (cf. lene, veni). 

La existencia del diptongo ie, refuerzo de la e tónica, obedece á la misma 
ley fonética diez y nueve que los irregulares de la primera clase. Es induda- 
ble que, de no llevar la gutural suave g, las personas primera del singular del 
presente de indicativo, y primera, segunda y tercera del singular con la ter- 
cera del plural del presente de subjuntivo, se encontrarían también reforza- 
das con el* mismo diptongo ie de tienes, tiene. Mas por la presencia de la g 
poseemos tengo, tenga, y no tiengo, tienga, ni tieno, tiena. 

La g que llevan tengo y t^iga ¿es el desarrollo natural de la e latina de te^ 
neo, teneas, pasando por el intermediario tenio, tenias? La misma explicación 
que hemos dado para vengo, vengas, de venio, venias, h9.j que dar para tengo, 
tengas. A uno y otro se oponen dos leyes fonéticas de permutación latino-cas- 
tellana muy seguras, que son la octava y la novena, segiin las cuales debié- 
ramos esperar teño, tena, ó de lo contrario, antes de tengo, tenga, teño y teña, 
como en el gallego: iiEn xa non teño qm7i consolé agoray> (Lam. Carv., Es - 
pinas). €En moita estima y en honra teñan» (ibíd.). La existencia de tengo y 
tenga es antiquísima, y la explicación de la g ofrece dificultades. 

Grupo 2.°. PBRT. iMPERF. . tenía, tenías, teníamos; etc., etc. 

Grupo 3.° FUTUROS tendi'é, tendrás, tendremos; tendría, tendrías, tendríamos, etc. 

Dada la formación de nuestros futuros, del infinitivo tener debía esperarse 
teneré, teñeras, teñera, etc.; tenería, tenerlas, tener ¿amos, pero no es así. Los 
futuros de este verbo, para llegar á los actuales tendré y tendría, han pasado 
por la serie de transformaciones siguiente: 1.* Formas plenas, teneré, tenería. 
Esta forma la hallamos en los futuros cuando introducen un pronombre per- 
sonal; V. gr.: (íGommo sodes muy bueno, tener-la-edes sin arch» (P. del Cid). 
<íSy bien me conocieses tenir-te-yes por pagado» (Apol., 490). aTenersan = 
(tener-se-han) por felices» (Albx., 2178). 2.* Formas sincopadas, perdiendo el 
sufijo formativo e, quedando ten-ré, ten -ría. Estas formas apenas si se encuen- 
tran usadas. En el gallego se conserva tenras = tiernas (lat. teñeras). 3.' Me- 



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160 MORFOLOGÍA DKL YERBO 

tátesis ter-né j ter-nia, usadas desde los tiempos más remotos del idioma: 
uTerni yo casteton don abremos grand emparai^ (P. del Cid), ^If teñirás omnes 
ouier lo iernan por fazannai> (Albx., 1865). ^Si non temía que todos eran 
consentidores^ (Berc, S. D., 742). €Non temía tantos presos el amor quantos 
timi> (Fita, 100). Al lado de estas metátesis, que nada tenían de armonio- 
sas» se desarrolló otra forma por asimilación entre la r j la n, más áspera to- 
davía; tal es terré y terria: arerraste por pagadoi> (Bero., S. D., 237). «^Asi 
como yo ereyo poco vos deterria^ (id., 375). (uTerriame sin ellos por pobre e 
menguadoy> (id., S. Laur., 13). Los compuestos siguieron las mismas alterna- 
tivas. Sobre la base sincopada ten-ré, ten-ria^ se introdujo una dental suave 
por eufonía, y así resultaron las actuales formas tendré, tendría. 

Según lo expuesto, el proceso fonético de estas formas fué el siguiente: te- 
neré, tenré, terne, terré, tendré; tenería, tenria, ternía, terria, tendría. El grupo 
n-r atrajo la dental d, que es su consonante fovorita, como de m-r lo es la b. 
La inserción de la d eufónica entre n-r es también muy antigua: ^No teftdrán 
fuerpapara vencer mí ánimo contento» (J. M. de Urrba, AntoL, IV). Esta 
última forma es la que se impuso á las demás, desapareciendo las otras. 

ÍPBBFBCTO DR iKDic. . Coit. aHual. tHve, tuviste, tave; tuvimos, tuvisteis, tuvieron. 
coNDic. EN ra Y se. — tuviera, tuvieras; tuvieses, tuviésemos. 

ruTcio DE 8CW. ... — tuviere, tuviéremos; etc., etc 

¿Cómo se explican estos fenómenos? No pueden explicarse estas formas 
como desarrollo natural de teni, teñíste, tenió, teniera, teniese, tentere. Para 
explicarlas tenemos que recurrir á los perfectos latinos tenuí, tenueram, te- 
nuíssem^ tenuero, y como el proceso fonético es el mismo para las cuatro for- 
mas, escogeremos la que ofrece mayor dificultad, que es el pretérito perfecto, 
en la seguridad de que, entendido éste, serán fácilmente comprendidos los de- 
más perfectos. Yo admito que estas formas de perfecto han sufrido las trans- 
formaciones fonético -morfológicas siguientes: 



Peet. peef., con pée- 
didadklaudelba- 
dical y simivogali- 
zacióh de u kn v. i 



Latin 1.^ tén-ui, tén-uisti, tén-uit; ten-uimus, ten-uistis, ten-uerunt. 

— 2.° té — vi, te — visli, té — vit; te — vimus, te— vistis, te— verunt. 

— 3.° té — ve, te — viste, té — ve; te — \imos, te — vistes, te — veron. 

y 

te — vo; 

— 4.° tó — ve, to — viste, té — vo; to— vimos, to — vistes, to — vieron, 

— 5." tú — ^ve, tu — viste, tú— vo; tu — vimos, tu — visteis, tu — vieron. 



En el cuadro precedente, las formas del número 1.** son históricas, como 
pertenecientes al latín clásico y al de otras épocas. De las del número 2.^ t&vi 
se encuentra en el bable; las demás son supuestas para explicar la transición 
á los números 3.*, 4.^ y 5.**, pero del todo conformes á las leyes fonético-mor- 
fológicas del idioma. En las formas de estos números últimos hay fenómenos 
comunes á todos los verbos irregulares de perfecto grave, que han recibido la 
influencia analógica en su erado medio, ae los cuales nos ocuparemos más 
adelante, y son la acentuación, las finales e, o y e\ diptongo íe; otros fenóme- 
nos son especiales de este verbo y sus compuestos; de ést¿ nos vamos á ocu- 
par. En éstos unos son fonéticos, como la pérdida de la n, la semivocaliza- 
ción de la ti en e^ y la transformación de la e del radical en u, pasando por la 
intermediaria o, y morfológicos, tal como la conservación del sufijo forma- 



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VERBOS AISLADOS 161 

tivo especial de perfectos latinos ui, convertido en vi, ve^ vo, vie^ los eiami- 
naremos por partes^ y con la mayor brevedad posible. 

La pérdida de la n del radical es un hecho qne no admite género de duda. 
En castellano resalta esta pérdida muy rara, por ser la n una de las conso- 
nantes predilectas de nuestra lengua, pero en portugués y en gallego la pér- 
dida de aquella nasal es muy frecuente entre dos vocales; asi dicen boa por 
bona, lúa por luna, cea por cena, vir por venir. La semivocalización de la u 
en e; es una consecuencia de la pérdida de la nasal n. En latín, la u, al unirse 
con las vocales, yendo delante de ellas, se transformaba en consonante h 6 v. 
En la Edad Media, la ortografía emplea casi siempre u donde hoy v, y hasta 
en lugar de h; tal vez /«nm empezó á pronunciarse ien'UÍ= ten-vi. Respecto á 
las formas del núm. 3.^ tampoco las tenemos en castellano; al menos yo no las 
he encontrado; pero las tienen el portugués, algún tanto modificadas, y el ga- 
lleo. Son tive, tiveste, gallego tivo, teve, tivemos, tivestes, tiveráo. La forma teve 
de la tercera persona del singular es la misma que nosotros hemos supuesto 
de conformidad con la ley fonética veintidós. El bable conserva la forma tevo, 
también del núm. 3.^. Yo reputo las formas del núm. 4.^ como originarías in- 
mediatas de las del núm. 3.**. La transformación de la e en o, ya tónica, ya 
átona, si no es una ley general en el tránsito del latín al castellano, tampoco 
es raro encontrarla, y con especialidad en la Edad Media. Vípera se decía en 
latín y en castellano víbora; episcopo en aquella lengua y en la nuestra obispo. 
En el libro de Alexandre se encuentran muchas formas dialectales, como vio- 
ron, vinioron, touioron, stablecioron, maniovioron, en las.cuales la o se halla en 
lugar de la e tónica de vieron, viniérofi, establecieron, etc. Mas lo que no deja 
lugar á duda acerca del cambio de la e de teve en o son las formas siguientes: 





LATÍN 




PORTUGUÉS 


CASTELLANO 
AKCAICO 


CASTELLANO 
ACTUAL 


sedi-t. 
credit 


(lat. 


vulg.). 


seve. 
crede. 
esteve 
teve. 




. SOVO 

crovo 

. estovo 

. tovo 


» 


stetít. . 
tenuit. 


y estede.. 


, estuvo. 
, tuvo. 



El bable tevo y el gallego tivo apoyan nuestra suposición. En vista de esta 
admirable concordancia, ¿será posible dudar que el castellano tovo no procede 
de una forma anterior tete, yendo como va casi siempre un grado ó dos más 
allá que el portugués en la marcha fonética, y siendo además dicha forma teve 
una consecuencia necesaria de la aplicación de las leyes fonéticas de permu- 
tación latino-castellana? Por si acaso alguno duda de la existencia, derivación 
y significado de las formas crovo y sovo, vamos á presentar algunos ejemplos: 

dLonginos era giego, qu3 nunquas vio alguandre.,.y> 
aAhrió sos oíos, cató á todas partes. 
En ti croTO = (creyó) al ora, por end es saltw de mulj> 

(P. del Cid.) 

üOrouierontelo todos,mas non saben la verdad)) íibíd.). (iBenedictos los valles 
do sovo = {estuvo, sedit) escondidoy> (Bbrc, S. Mili., 64). ^Tomesti á Berzeo, 
sovisthy poco tiempos* (ibíd., 115). ^Alli souieron ellas /ata que sannas soni^ 
(P. del Gid), Las formas tove, tovo, tovieron, toviera, toviese, toviere, son co- 



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162 MORFOLOGÍA DEL VBEBO 

rrientes y dominantes en la Edad Media: ^Toveldo = (tove-lo) enporidact=: 
Túvelo en secreto:» {P, del (M), <LDeniro en mi cort tuerto me tono grand» 
(ibídem). «E quando los touiere partirse a la cort» (ibíd.). ^Tovolo por buen 
fecho e por fecho fermosoy> (Bbrc, S. D., 268). <LVevir en atalcommo tu ma- 
dre tovieran (ibíd., 323). <íPor dona e por sancta esta vida tovioron:» (Alex., 
1773). ^Nos essa mantenemos que ellos maniovioroni^ (ibíd.). 

Al lado de las formas que llevan o en el radical encuéntrase ya desde muy 
antiguo las formas con Uy que son las que actualmente conservamos fijas: 
<íGon essos mantuvieron la ley sines retrecha:» (Bbrc, Sacrif. 215). <íPor eso 
tuvimos que era razón de mandar poner en este libro iamUen gualardon como 
escarmiéntoiy (Part. 1.*, tít. 1,®, Ley III). ¿Podrá dejar de reconocerse la in- 
fluencia dialectal en esta pluralidad de formas? 

Para terminar con estos perfectos, réstanos decir que el verbo tener y sus 
compuestos son los que ünicamenCe han conservado en los perfectos el sufijo 
formativo especial ui convertido en ve, vi, vo, vie; este último recibiendo ya 
la influencia de los de la tercera conjugación. Así ba quedado una pequeña 
reliquia de aquel elemento morfológico. En estos perfectos irregulares es don- 
de han quedado ciertos restos de los sufijos t, ui, si, que en general desapare- 
cieron ante la influencia de los perfectos de la primera y tercera conjugación.^ 
Tales son vi-ni-ste, tuviste, digiste y algunos otros. 

FoKMAS NOMINALES. INFINITIVO: tener. PABT. PA8.: tenido. «BK.: teniendo. 

El participio tenido está formado por analogía de los de la tercera; el latino 
era tentó. Como tener se conjugan sus compuestos detener, contener, sostener, 
retener, mantener, entretener, atenerse, obtener. En la Edad Media se encuentm 
el participio temido, forma tal vez intermediaria entre tenido y tentó, ó debido 
á la influencia gallego-portuguesa. 

Verbo haber. — El verbo ?iaber es de capital importancia en las lenguas 
neolatinas, y con especialidad en la castellana. El ha entrado en la formación 
sintética de los tiempos del tercer grupo, y con su intervención formamos tam- 
bién las perífrasis de los tiempos perfectos en activa y pasiva y las perífr^^is 
de futuro. Este verbo ha sufrido profundas alteraciones, tanto en su estruc- 
tura material como en su aspecto ideológico. De no ser por la historia de la 
lengua, con el castellano actual solamente, nos sería difícilísimo, cuando no 
imposible, reconocer el origen de alguna de sus mutiladas formas. 

Ideológicamente, un verbo atributivo de significación tan clara y tan pre- 
cisa, y de uso tan corriente, como lo era el verbo latino habere, con el trans- 
curso del tiempo, lenta y gradualmente ha llegado á perder casi por completo 
su significado posesivo, convirtiéndose casi exclusivamente en un mero ele- 
mento de relación, en un elemento formal para la estructura de otros verbos. 
Estos cambios, y con especialidad el ideológico, ofrecen al lingüista ense- 
ñanzas de marcado interés. 

Ellos nos ponen de manifiesto cómo en períodos abiertamente históricos, 
próximos á nosotros, á los cuales se nos figura estar asistiendo con nuestra 
presencia, hanse realizado cambios tan radicales, cuales son los de transfor- 
marse elementos materiales, de significación real, de vida independiente, ea 
elementos esencialmente formales, en elementos de mera relación. Con lo cual 
la doctrina aglutinativa de las lenguas arias adquiei*e en apoyo de sus teorías 
pruebas de irrecusable valor, y que son á su vez poderoso argumento contra 



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VERBOS AISLADOS 16«S 

los partidarios de la germinación lingüística , del desenvolvimiento abstracto 
y del idealismo subjetivista. Qaien ve tranHformarse el verbo latino hahere en 
un simple sufijo temporal de nuestros futuros absoluto y condicionado, ya no 
se extrañará de oir hablar de que en la constitación del imperfecto latino en 
ha jr del futuro en ho, y en general en todo el grupo de los perfectos, hayan 
tenido intervención tan grande los verbos sustantivos sum ^ fuo^ así como 
tampoco le causará admiración el que de nombres sustantivos como m&rced, 
uníaos á otros elementos, resulten pronombres personales, y que de pronom- 
bres á su vez se engendren verbos como tutear y ensimismar. Si las leyes que 
intervienen en la formación de los idiomas son las mismas en todos los tiem- 
pos, nada de extraño, ni mucho menos de imposible, tiene el que los exponen- 
tes personales de los verbos fueran pronombres en su origen y que los sufijos 
temporales y modales procedan de suatantivos, adjetivos, pronombres ó ver- 
bos. Este trasiego de elementos materiales á formales y viceversa, nos pone 
de manifiesto al mismo tiempo aue no son tan inviolables unas y otras cate- 
gorías de palabras, y así nos explicamos fácilmente el que tantos adverbios, 
preposiciones y conjunciones reconozcan en su origen elementos flexivos y 
variables que hoy ya no se conservan. 

Como las transformaciones que este verbo ha sufrido se refieren á su es- 
tructura material y á su ideología, surge de estas dos clases de cambios la ne- 
cesidad de estudiarlo separadamente, examinando primero las alteraciones 
de su estructura y luego su metamorfosis ideológica. 

Aspecto material del verbo haber. — Este verbo procede del latino habere, 
sin más alteración en el infinitivo y en otras muchas formas que la que ordi- 
nariamente han experimentado otros verbos análogos; haber es, respecto de 
hábere, lo que deber es á deberé. Haber y habere son originarios de la raíz hah, 
la cual parece relacionarse con otra raíz europea gaby que se encuentra en las 
lenguas eslavas y en la gótica. A pesar de la casi identidad de estructura y de 
significado entre los verbos haber castellano y los germánicos haban, haben = 
{tener), es muy cuestionable si aquél y éstos reconocen un mismo origen ('). 
La raíz hab se halla en hábito, habitar, en débil = (de habilis) hábil. El 
verbo haber pertenecía á la segunda conjugación latina, y en la segunda cas- 
tellana permanece. Su tema verbal es habe, su radical hab; veamos la dife- 
rencia que presenta con el tipo temer y su radical uniforme hab-. 

IPBKS. DK iHDic. . he, has, ha; habernos y hemos, habéis, han. 
iMPEíATivo. ... he (tú), habed (vosotros). 

PBRs. DE suBj. . . haya, hayas, haya; hayamos, hayáis, hayan. 

Antes de explicar las diferencias de estructura que ofrece este verbo, no 
está de más el aa vertir que la ortografía actual es contbrme á su origen etimo- 
lógico, mientras que en la Edad Media fué lo más incorrecta que puede ima- 
ginarse. 

En este grupo de tiempos hay que descartar las formas habernos, habéis y 
habed, que son regulares; las diíerencias se hallan en todas las demás. Proce- 
damos por partes. 

Presente de indicativo. — Primera persona. — La primera persona del singu- 
lar del presente de indicativo, mirada con relación á su origen latino habeo y 
á la uniformidad del radical, y según la ley fonética séptima, debiera ser habo. 

<«) Bbbal., Dict. Etym. Lat. 



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164 MORFOLOGÍA DEL YBRBO 

Esta forma habo no se halla en ninguna de las épocas de nuestra lengua; 
para explicarla tenemos que partir de otra base. La primera persona habeo, 
lo mismo que habeam, habeos del presente de subjuntivo, ya en la época de 
los Gracos transformaban la e del sufijo formativo en i; j así, en vez de ^- 
beas 7 hábeat se encuentra ubicas j abiat, lo mismo que pariat en vez de pa^ 
reaf. Brambach (*), tomándolas del Apéndice d^ Probo, de Velio Longo y 
Casiodoro, cita una porción de palabras, en las cuales se emplea la i en lugar 
de la e átona colocada delante de otra vocal; asi cavia por cavea, landa por 
lancea, sólia por solea, tinta por tínea, vinia por vinea. En la Edad Imperial 
se hallan también debiat y sludiat por debeat y studeat. Partiendo, pues, de 
estos datos, la forma Jiabeo latina se convirtió primeramente en habió. Per- 
dida la b por la ley fonética sexta, debió quedar haiOy como de habías hayas. 
La forma haio tampoco se encuentra en las lenguas neolatinas; tenemos <Hie 
limitarnos á decir que la o, sin saber por qué ley, se perdió y quedó hai. La 
forma hai ó ai se encuentra en el provenzal, en el francés y en el bable. Hai se 
transformó en hei^ según se conserva en el portugués y en el gallego; el cas- 
tellano, dando un paso más adelante, como en sei, sé; amei, amé, pasando por 
M, *heey acabó por ñjarse desde muy antiguo en he, lo mismo en la síntesis 
del futuro que fuera de ella: ^Empmnar-gelo he por lo que fuere guisador 
(P. del Cid), <íNon hepiedes ntn manos. Dos dientes he senyeros, corbos como 
focino^ (ApoL., 513). a Agora he perdido la cuyta que auiai> (ibíd., 544). Pro- 
ceso fonético: habeo, haUo, *haio, hai, hei, hee, he. 

Segunda persona, has. — Según el latín habes y la uniformidad del radical 
hab debiera esperarse la forma habes, lo mismo que en debei. Entre habes y 
has, el proceso fonético ha debido ser: habes, Mes, has. De las formas Mbes, 
haes no he hallado ejemplos en castellano ni en portugués; e^ italiano arcai- 
co, al lado de have, poseía el intermediario hae. 

Tercera persona, ha. —Según el latín habet y el radical hab, debiera ser 
Jiabe como debe. La forma habe la encontramos en el castellano arcaico: 
nGfrantpro nos aue esso contra nuestros pecadosi> (Bbrc, Loor. 99). Para lle- 
gar á la actual ha debió pasar por los intermediarios hae. 

Primera persona del plural, habernos y hemos. — Habernos es forma regular, 
y se encuentra en los documentos antiguos y modernos: ^Todos hacemos 
dello sabor et pagamientoi> (Bebo., S. D., 116). nHuevos avernos que nos dedes 
los marchosj> (P. del Cid). Lo mismo sucede con las personas segunda y ter- 
cera del plural: <LOido lo auedes, si bien os acordadesi> (Bbrc, S. D., 288). 
^Maguer son endosas, aven amargos dientes» (ibíd., S. Mili., 45). Pero habéis 
ha conservado la ^ y haben la ha perdido lo mismo qae< habes, pasando des- 
pués por *haen. La forma hemos, que es hoy la más usada, se explica por una 
formación analógica de la primera persona del singular he. Yo me alegro de 
coincidir en esta explicación con W. Meyer Lübke, quien en el tomo II de 
su obra Oram. des Langues Romanes, dice que es preferible admitir que hs* 
mos se halla formado según ?ie antes que hacerlo derivar por contracción del 
habemos. La segunda persona del singular del imperativo he, de poquísimo 
uso, ha seguido un procedimiento parecido al que han seguido has, ha, han. 

Subjuntivo. — Todas las formas de este tiempo se explican según el proce- 
dimiento indicado para la primera persona del singular del presente de indi- 
cativo, con la particularidad de que las formas del presente de subjuntivo han 
quedado reducidas á la pérdida de la 5 y á la conversión en consonante de la 

(O Die Neugestaltung dcr Lal. Orthogr., págs. 133 y 134. 



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YBRBOS AISLADOS 165 

yocal paladial i,Sa proceso fonético ha sido el siguiente: haheaty h/ihiat, ha- 
iñUy haia, haya, y lo mismo en las demás personas. La forma haya es anti- 
quísima: ^Desio qvs ellos fallaron nos parte non ayamosj> (P. del Cid). mDios 
haya la su alma si lo quiere oir:» (Bebo., S. D., 112). ^Amigos, diz, non aya- 
des dmterai> (ibid., 281). 

La tercera persona del singular del presente de indicativo recibe una y pa- 
ragógica, cuando se usa como unipersonal con significación de existir, haber; 
V. gr.: Hay Dios. Su origen debe remontarse al siglo xv, en que algunas for- 
mas monosilabas.recibieron dicha y paragógica, como soy, voy, day. 

Grupo 2.* PBBT. iMPKBF. . . había, habías, habíamos, etc. 

Grupo 3.^ FUTOKos habré, habrás, habremos, etc.; habría, habrías, habríamos, etc., etc. 

Formados estos tiempos según la base del infinitivo, debiéramos esperar 
que fueran haleré, haleria. En los documentos antiguos encontramos iJgunas 
veces estas formas plenas: ^Averán famhre efrio, temblor e ealenturai> (Bbrc, 
Signos, 84). iíAberán vida sin término, nunca an de moriri> (ibíd., 54). cFa- 
berá el que la probare mala muerte a morir j> (S. Ildef., 329). ^Sy yo fuese rey 
commo tu, ya vengado lo averya)) (P. Fer, Oonz,, 578). Pero la forma gene- 
ralmente usada en todas las épocas es la actual sincopada habré, habria: « Ca 
afirmar la dubda grant pesar avria:» (Bero., S. D., 73). (uBien lo ferredes que 
dubda non aura == (habrd)j> (P, del Cid), La sincopa de estas formas se ex- 
plica lo mismo qne la de sabré j cabré. Consiste en la supresión del sufijo for- 
mativo e, ocasionada por el acento de la final y favorecido por ser átona la 
misma e y poder articularse muy bien el grupo de consonantes bre que que- 
daba. El portugués y el gallego conservan la forma plena haverei, haverás, 
etcétera. 

!p«ET. p^RF. ACTDAL. . hube, hubiste, hubo; hubimos, hubisteis, hubieron. 
coNDic. EN ra Y se. hubiera, hubiéramos; hubiese, hubiésemos, etc. 
FUTUBO DB suBj. . . . hubiere, huUéremos; etc., etc. 

Para explicar las formas de este grupo hay que partir del perfecto latino 
habui, Jiabuisti, habui. Como todas las formas de este grupo, han sufrido la 
misma transformación en el radical y en el sufijo ui; nos concretaremos en 
nuestra explicación á las del pretérito perfecto, pues entendida ésta las de- 
más no ofrecen dificultad. 

El pretérito perfecto habui, etc., para llegar á fijarse en el actual hube, pasó 
por los intermediarios hauU, hoube, *hoobe, hobe, hube. De manera que el pro- 
ceso fonético gradual ha sido: habui, haubi, hoube, '*hoobe, hobe, hube. De to- 
das estas formas, ni haubi^ ni houbi, ni hoobe se encuentran en el castellano; 
haubi se supone racionalmente por comparación á saupi por sapui. La forma 
houve se conserva en portugués y en gallego. La cuarta, hoove, es una suposi- 
ción para facilitar el tránsito de ou en o por la contracción. La quinta y la 
sexta hállanse ya en nuestra lengua. Las formas de radical en o son emplea- 
das casi exclusivamente en los siglos xii, xiii y xiv. En el xv se encuentran 
bastantes formas con w. Ejemplos: ^Quieran la corneia diestraj> (P. del Cid). 
€Qice buen vassallo si ouiese buen sennon> (ibíd.). ^Quiera hy una bestia car- 
ga desaguisadaj> (Albx., 992). ^Panfilo et Nason yo los hobe castigadoi> 
(Fita, 419). <lE houieron gozoi» (Lib. de los Reyes de Oriente). tEsto habieron 
fecho:» (P. de José, 9). «Por cobdicia del hobieron a seyer malos:» (ibíd., 3). 
Las formas de radical en u acabaron por imponerse á las más pesadas en o: 

MORFOLOGÍA DEL VERBO.— 13 



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166 MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

<LNon vos lo hubiera a dar ni mmws fiadoi^ (P. de José, 9)# «F hubiese Jas 
ovejas e el ganado mayori> (ibíd*., 11). 

FoiMAs NOMiHALKS. IRF.: haber. PABT. FAS.: habido, geb.: habiendo. 

Aspecto ideológico del verbo haber castellano. — ^El verbo haber, en su trán- 
sito al castellano, ba sufrido cambios profundísimos en sn ideología, no infe- 
riores á los que experimentó en su estructura material. Desde la significación 
concreta y posesiva que tenía en latín basta convertirse en elemento mera- 
mente formal, abstracto, cual si fuera un simple sufijo formativo ó temporal, 
ha tenido que pasar por una serie de cambios interiores sucesivos, imposibles 
de señalar gráficamente por el procedimiento histórico. El verbo latino ha- 
bere tenía en aquella lengua una significación posesiva tan extensa, tan com- 
pleta y tan precisa al mismo tiempo, como restringida y casi anulada le ha 
quedado en castellano. 

En el castellano actual su función principal consiste en entrar en la cons- 
titución de los futuros sintéticos, en las perífrasis de los perfectos activos y 
pasivos y en las de los futuros de necesidad ú obligación. Con todo eso ha 
conservado su antigua independencia, ya manteniendo algo de su primitiva 
significación posesiva, ya recibiendo además otra significación, empleándose 
como unipersonal. Examinaremos el verbo haber en estos cinco diferentes con- 
ceptos, comenzando por aquellos en que mejor ha conservado su indepen- 
dencia: 

1*« El verbo haber conservando la significación posesiva original. 

El verbo haber& latino tenía ante todo una significación marcadamente po- 
sesiva, y tan extensa, que por ella se refería á objetos materiales» facultades, 
cualidadee j estados interiores; á relaciones del orden moral, religioso, civil; 
en una palabra, del orden social en general. Así se decía: habebat horios, pe- 
cuniamt liberalífatem^ prudentiam, Deum, ducem, regem, papam, imperato- 
rem¡ eUi., etc. Con esta misma significación y no menor extensión hállase em- 
pleado en todo el latín vulgar, y con la misma se conserva en el castellano 
arcaico, en tanto grado, que consideramos innecesario citar ejemplos. En la 
actualidad bu uso ha quedfado sumamente restringido, pero no del todo anu- 
lado; V, gr.: El que malas mañas ha, tarde ó nunca lus perderá. Bienaventu- 
rados los que han hambre y sed de la justicia. El verbo tener ^ cuya principal 
significación era tmer asido, ha sustituido al verbo haber en su significación 
posesiva, y mn él expresamos cuanto se expresaba con habere en el latín clá- 
sico, vulgar y castellano arcaico. 

2.'' El verbo hab^- en la significación de existir. 

El verbo haber conserva su posición independiente además usado como 
uniperfional. En est<í sentido, el verbo h^ber ha tomado la significación de 
existir. Auí decimos: Nú hay pueblo alguno que no crea que hay Dios. No hay 
qimn se atreva á lo contrario. Cuando el verbo haber, significando existir, y el 
sustantivo al cual atribuímos aquélla existencia, se halla en singular, en este 
caso es imposible decidir por la forma si el tal sustantivo se halla en nomina- 
tivo ó en acusativo, porque con la misma forma se expresa en el nominativo 
que en el acusa ti vo; v. gr.: Hay Dios y tiene Dios. Existe un Dios, el mundo 
time Dios. En estos casos el sentido de existir se declara á favor del nomina- 
tivo. Yo opino, y opino con fundamento, que los tales sustantivos se hallan 
«n acusativo con el verbo haber y no en nominativo. Abogan en mi favor la. 
Bignificación original posesiva, conservada en frases como El que tales mañas 



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VERBOS AISLAPOS . 1)57 

hay j segundo la falta de concordancia entre haber, que se halla siempre en 
singular, y los sustantivos, cuando se emplean en plural; v. gr.: Eay manchas 
que no se lavan con el agua. ¿Cómo explicar esta infracción tan palmaria de 
la concordancia? Sosteniendo que el sujeto de hay es indeterminado, está ocul- 
to, y que manchas es acusativo paciente del verbo haber, que á pesar de cam- 
biar su significado, no ha cambiado las relaciones formales que le correspon- 
dían. Usüd es pronombre de segunda persona por el sentido, y por su forma 
guarda la relación de tercera persona que le correspondía por su origen, cual 
era vuestra merced, y de conformidad con su antigua relación formal sigue 
concertándose con la tercera persona; es pronombre de segunda persona g'í^flrf 
sensum, es de tercera quoad formam. Lo mismo sucede con Jiay, habia, ha- 
¿rá, etc.; es verbo transitivo ^iíoaíí/(?7'wiúíiw, es intransitivo subjetivo g't/oúfíí 
sensum, y asi conserva el antiguo régimen á pesar de haber variado su signi- 
ficado. Esto nos explica muchísimos casos que parecen las mayores anomalías; 
por eso en la práctica de la lengua es de la mayor importancia conocer lo (|ue 
fueron las palabras en su origen, para explicar lo que parece absurdo con sig- 
nificaciones posteriores; una palabra tiene que cambiar mucho en lo material 
y formal, y á menudo sucede que se cambia lo material y persiste lo formal de 
la relación. En hay Dios, pues, el régimen es como si se dijera: el Universo 
tiene Dios. Igualmente en locuciones como éstas: no ha lugar á deliberar, no 
ha mucho que vivia, en las cuales el régimen que conservan por su forma es 
eíjuivalente á este otro: no tiene lugar, tiempo para deliberar. Estas doctrinas 
tienen su desarrollo natural en la Sintaxis, donde se estudia el uso de las for- 
mas conocidas en la Morfología: ^Afíos habia que trataban de entregar el rei- 
noy> (Mendoza. Guer. de Gran., 12). <íSiglos ha que con gran saña asomó un 
miperador:» (Agüil., E. Nac, 17). <íHabrá cuatro ó cinco años que estaba de 
escribientes (Moeat., El Gafé). 

3.® El verbo haber en \h,s perífrasis de futuro con un infinitivo. 
El verbo ?iaber, alternando con tener, entra á constituir las perífrasis de 
futuro de infinitivo, expresando las ideas de obligación, necesidad, deseo, re- 
solución, intención y hasta simple futurición. Estas perífrasis se forman con 
los verbos haber ó tener, el infinitivo del verbo que se conjuga y la preposición 
de ó]& conjunción que, puesta entre el auxiliar y el infinitivo. Con Mber 
aiempre empleamos deiYohe de amar, aqv^l ha de salir. ¿Cómo se explican 
estas formaciones, en las cuales la preposición no se halla al lado de ningún 
Bustantivo? Hay que reconocer que en estas formaciones la idea de necesidad 
ó de obligación no es tan precisa con el verbo haber como si se emplea el ver- 
bo tener, y más todavía si al verbo tener le acompaña un sustantivo como su 
complemento, del cual depende el infinitivo; v. gr.: To he de comprar un ca- 
ballo, yo tengo de comprar un caballo; yo tengo precisión, necesidad de comprar 
un caballo. Yo opino que estas locuciones, inclusas las formadas por haber, 
han reconocido en su origen la existencia de un sustantivo, del cual depen- 
día el infinitivo mediante una preposición, como en el ejemplo yo tengo nece- 
sidad de comprar un caballo. Para comprender mejor esto, hay que recordar 
que estas perífrasis, además de responder á las formadas con participios de 
futuro, V. gr., amaturus sum, amandus sum, sirven para traducir muchas ve- 
ces los gerundios latinos en genitivo; v. gt.ihabere spem mncendi,facultatem 
emendi = tener esperanza de vencer, facultad de comprar. Cuando las lenguas 
romanas perdieron las formas del gerundio latino, y aun antes de perderlas, 
empezaron por alternar estos nuevos giros del infinitivo con los antiguos del 
gerundio. En los Fueros de Logrofio y de Miranda de Ebro, otorgados por 



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168 MORFOLOGÍA DBL TURBO 

Alfonso YI el de Toledo en 1095 y 1099 respectivamente, encontramos expre- 
sados unos miamos pensamientos, valiéndose en el nno del procedimiento an- 
tiguo del gerundio en genitivo, regido de nn sustantivo, j en el otro sirvién- 
dose del infinitivo oon preposición, regido de un sustantivo, s^ún el giro 
nuevo que se iba introduciendo. En los dos procedimientos se emplea el ver- 
bo haber; en los dos está expreso el mismo o parecido sustantivo, en el nno 
sin preposición, en el otro con ella. Dice el Fuero de Logrofio: ^Et istos po- 
pulatores dé Logronto hábeant absolvía (m) licencia (m) per comprare here- 
dilates ut ubieumque voluerini emaprareh. tSi neeesse habuerirUper venderé, 
vendat». €Et hábearU absoluta (m) licencia (m) de comprare ropa, trapos, bes- 
tuiS3, etc., etc. £1 de Miranda de Ebro dice: ^Et iste populatores de Miranda 
habeant lieentiam liberam el quietam comparandi etaedpmdi ab illis qui ven- 
diderinti^. <íEt habeant lieentiam comparandi, etaccipiendi, etlucrandi)) (^). En 
el ejemplo si neeesse habuerintper venderé^ suprimido el neeesse, adjetivo in- 
declinable, que hace aquí veces de necessitatem, queda si habuerint per venderé 
= si hubieran de vender, venda = si hubieren ó tuvieren necesidad de vender, 
venda. To opino que el proceso histórico en estas locuciones de futuro ha sido 
éste: 1.^, crear formas de infinitivo regidas de un sustantivo con preposición, 
á la vez que este sustantivo iba regido de haber, para sustituir á los gerun- 
dios de genitivo j tiempos de obligación; 2.^, supresión del sustantivo r^do 
de haber, quedando implícita en el verbo y la preposición la idea de necesidad 
ú obligación. El verbo haber conserva en estas locuciones su carácter activo; 
él lleva toda la parte formal de persona, número, tiempo, y la significación 
posesiva de la necesidad, obligación de un estado, no del todo oscurecida. No 
debe sorprendemos el que la preposición no vaya después de un sustantivo; 
numerosos ejemplos tenemos de esta clase de elipsis. No son otra cosa que 
elipsis de sustantivos las locuciones: el de la capa, el de Madrid, él del verde 
gabán, las cuales son equivalentes á estas otras: el hombre de la capa, el vecino 
de Madrid, el caballero del verde gabán; locuciones en que á veces aparece el 
sustantivo que de ordinario se omite. Este, pues, debió ser el origen de las 
perífrasis de futuro con el verbo Jiaber; procedimiento que con el verbo tener 
se emplea todavía: Tengo precisión de, necesidad de, ó simplemente tengo de, 
sin sustantivo. 

4.® El verbo haber convertido en elemento abstracto j formal, en un mero 
sufijo para la formación de los futuros absoluto y condicionado. 

Para explicar cómo el verbo haber pudo entrar á constituir los futuros cas- 
tellanos, perdiendo su significación real, posesiva, y convirtiéndose en ele- 
mento formal, en sufijo temporal, nos basta partir de la misma construcción 
infinitiva sin preposición. En el latín vulgar encuéntranse ya construcciones 
equivalentes á nuestros futuros y á los futuros latinos. En este ejemplo, to- ■ 
mado del Cartulario de Eslonza (año 1178;: <i.Dum constet nos nudos in hoe se- 
culo natos fuisse, et habeo (por habemus) recedere tantum tollentes quantum in 
eo intulimusi>, la proposición de infinitivo habeo recedere (por habemus) sin 
violencia alguna puede traducirse por hemos de volver^ lo mismo que esta 
otra: ^Nudi ecciam recedere habeo (habemus) (año de 1181) = desnudos he- 
mos de volvería, y estimarse como perfectamente equivalentes á futuros por el 
sentido, los cuales recuerdan el ^memento homo quia pulvis es et in pulverem 
reverterisi>. Federico Diez cita algunas otras construcciones de infinitivo con 
exacta equivalencia de futuro, correspondientes á los siglos vii y viii: «Que 

(}) Colección de Fuerot municipalei y Cartas-Pueblas, por D. Tomás Muñoz y Rombko. 



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VERBOS AISLADOS Iñ^ 

sedmt vel sedera ?iabeiunt^8edebunt=: habrán de sentarse & se sentarán:». 
üSi interrogatus fueris qmmodo dicere hábes = como responderás ó has de reS' 
penden^, ^Non sis írisiis, domnipater^ guia Deus satis/acere Ubi ?iabet = Dios 
te ha de recompensar ó te recompensará:!^ {}). Esto en cnanto á la eqnivalencía 
de las perífrasis de infinitivo con los futuros simples. Respecto a la fusión 
material de ambos elementos, del infinitivo j del auxiliar, debió transcurrir 
largo tiempo sin que acabaran de unirse definitivamente en la síntesis que 
hov tienen. Hállanse ya totalmente ilindidos en el Poema del Oid; pero al 
laoo de las síntesis aparecen numerosas perífrasis: aura = haber -á se halla en 
aquel poema; abredeszshaber-hedes, en Berceo; pero en el arcipreste de Fita, 
que es posterior, tropezaremos también con verme-he, Juzgar-lo-han; mas en 
unas 7 otras formas es indudable que el sentido posesivo había quedado rele- 
gado al olvido; en ambas formaciones el auxiliar está ya reducido á elemento 
de relación, á un sufijo. La unión material debió empezar ^r la aproxima- 
ción de las dos palabras, colocándose habitualmente el auxiliar después del 
infinitivo, y pronunciándose el infinitivo con acento muy débil ó nulo, con- 
virtiéndose en una palabra proclítica, que acabó por perder totalmente su 
acento y apoyarse materialmente sobre el auxiliar para ser pronunciado con 
el acento de éste. Condición indispensable para la síntesis de los futuros debe 
estimarse la colocación pospositiva del auxiliar respecto del infinitivo. Las 
lenguas arias tienden á colocar los elementos de la flexión al final de la pala- 
bra, y esta condición debía cumplirse en el auxiliar fiaber, porque en los fu- 
turos dicho verbo lleva la flexión de que carece el infinitivo. A la colocación 
de los infinitivos después de los verbos auxiliares atribuyo el no haberse fun- 
dido en una sola palabra los dos verbos de la perífrasis, lo mismo que en los 
de perfecto, donde el verbo que lleva la flexión va delante, en vez de colo- 
carse detrás del futuro ó del participio. A esta colocación atribuyo también 
el que Ja declinación sea perifrástica y no sintética en nuestra lengua, porque 
los elementos de la flexión, que son las preposiciones, van delante de la pa- 
labra. 

Obsérvese lo que pasa en conmigo, contigo, consigo, que llevan preposi- 
ción por el fin en la silaba go; véase lo que acontece con los pronombres: 
colocados detrás de la palabra, se funden con ella en dame, ponte; puestos 
delante, permanecen separados: me-voy^ te vienes. Hubo conatos de una fle- 
xión sintética prepositiva, cual se ve en combinaciones como éstas: dalma, 
doro, dotros, en lugar de poner de alma, de- oro, de-otros, pero no prevaleció, y 
de todo aquello no nos ha quedado más que del y al. La circunstancia de la 
eicuación del auxiliar respecto del infinitivo debió ser por tanto requisito in- 
dispensable. Colocados de este modo habitualmente, el auxiliar se atrajo con 
su acento al infinitivo; el infinitivo asumió las funciones del tema verbal, 
conteniendo el radical y el sufijo formativo; la r del mismo infinitivo se con- 
virtió en sufijo especial formativo de los dos futuros, absoluto y condicionado, 
Ír el auxiliar haber, olvidado de su significación posesiva (todavía más que en 
as perífrasis de infinitivo), reducido á elemento formal, representó la persona, 
el número, la voz, el tiempo y el modo. Así quedaron constituidos los futu- 
ros, representándose por el auxiliar la parte subjetiva y circunstancial del 
verbo y por el infinitivo la parte atributiva del mismo. A esto contribuyó el 
que el infinitivo se uniera á formas completas del verbo haber, y no sólo á 
sus temas. 



(*) Véase Ftokeico Díez, Gram,, III, 297. 



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^ 



170 MOBFOLOaÍA BEL YERBO 

5/ El verbo haber entrando á formar \2i^ perífrasis de perfect4í activo jpcísive. 

Para explicar cómo el poeeaivo halere se convirtió en auxiliar de perfecto»^ 
hay que partir de otra clase de construcciones. Las construcciones sencillas 
del verbo habere con un acusativo paciente, como ^ffabetis ducem memorem 
vestri^ (Cío., in lat., 4.*), €habebat summam liberalitatemí^ (Nbp. Cimoií),. 
€urbem Romam a principio reges habtiere:» (Tac, AnnaL, 1.°), nunca hubie- 
ran engendrado Jas locuciones perifrásticas de perfecto á que nos referimos» 
Ni tampoco hubieran sido producidas por las de infinitivo; éstas llevan siem- 
pre la idea de futurición ; ni por las locuciones con participios de presente, 
como en ixhabes Q, Tubero, eonfitentem reumi> (Cíe, pro. Q. Lig.), porque el 
confitentem se refiere á acción no terminada y á una acción atribuida, no al 
sujeto de habes, sino al objeto del mismo ?uibes. 

Las periñrasis castellanas de perfecto, para constituirse tal cual hoy las po- 
seemos, han necesitado cumplir los requisitos siguientes: 1.® Existencia do 
dos verbos, uno el auxiliar ?iaber 6 habere, otro en la forma de participio pa- 
sivo. 2.° Que el sujeto agente de los dos verbos fuera uno mismo; v. gr.: «Fc^ 
he plantada una viña por mi manoj>; enteramente igual á la frase de Fray Luis 
de León: ^Por mi mano plantado tengo un huertoy>; es decir, que el poseedor 
sea el mismo que el plantador, el sujeto de haber el mismo que el de plantar. 
3.® Que uno y mismo fuera el objeto paciente de haber (con significación po- 
sesiva) y del verbo en la forma de participio; así, en el ejemplo anterior, la 
viña es objeto paciente de la posesión y objeto paciente *de la plantación. 
4,** Que como consecuencia de la condición anterior, el objeto de estos dos 
verbos tenía que ser dependiente de ellos en cuanto al sentido, por recibir la 
acción de los dos, si bien en la forma de concordancia el participio tenía que 
estar dependiente del sustantivo en género, número y caso: Yo he plantada 
tma viña; phntada está sometido gramaticalmente al sustantivo viña en gé- 
nero, número y caso, á pesar de que el sustantivo se halla en relación de pa- 
sividad y recepción respecto á plantar, cuya acción recibe. 

Combinaciones de esta índole son frecuentes, no sólo en el latín vulgar» 
sino hasta en los clásicos latinos. Ejemplos de los clásicos y traducción literal 
tie ellos: ^Verrm deorum templis bellum semper habuit indicturm (Cío., in 
Verr. 5.^, 12); ^ Yerres tuvo siempre la guerra declarada á los dioses». uSi Gu- 
rium ímndum salís habes cognitum)) (Cío., ad Fam. 13, 73); «/S¿ todavía no 
tienes á Gurion bastante conocidoi>. Ejemplos del latín vulgar: iiQuamvis ego 
eum {solarem) emptum abuerint (habuerim) propter V morabetinos auri> 
{Mon, dé Eshnm^ Venta de un solar en Villaf afilia); <í Aunque yo tuviera 
aquel solar comprado por cinco maravedises de oroi>, tPostguam eam sponsatam 
habuífj> (Dü Cakge, citado por F. Díez, Ghram,, II, 107 y 108); ^Después que 
/a tuvo desposadlas . En ejemplos de esta naturaleza se halla el germen primi- 
tivo, el primer paso de nuestros perfectos perifrásticos, y con todo eso hay 
todavía una inmensa distancia que recorrer en las transformaciones para Ile- 
gal" al estado actual, que alternando con éste se halla ya en los primeros mo- 
numentos del habla castellana. El estado que revelan los ejemplos latinos ci- 
tados es el mismo en que se halla el también citado de Fray Luis de León. 

Por aquí podrá empezar á vislumbrarse cuánto les falta á estas dos locu- 
ciones, 7J0 he plantado un huerto y yo tengo plantado un huerto, para ser sinó- 
nimas, y para ser consideradas, al menos gramaticalmente, como sustituibies 
la una por la otra, y como perfectamente equivalentes. La locución por mi 
mano plantado tengo un huerto es enteramente parecida á esta otra: Ego ha- 
beo damum a me (edificatam; es decir, yo soy el poseedor de la casa, yo el 



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VERBOS AISLADOS 171 

mismo que la edifiqué, de la misma manera que yo soy el poseedor del huerto, 
yo el mismo que lo planté. En este estado se hallaba el verbo haler cnando 
significaba tener, poseer, j se construía, como en los ejemplos citados, con nn 
sustantivo y nn participio dependiente de este sustantivo en género, número 
y caso. Hasta aquí es fácil al gramático seguir el proceso histórico de estos 
cambios. Ahora es cuando empieza la labor delicada, que se escapa á los ojos 
del observador más perspicaz^ y para cuyo proceso detallado no puede la his- 
toria de la lengua suministrar testimonios claros y precisos, teniendo que ce- 
der la observación al discurso no pocas veces, aun tratándose de un procedi- 
miento histórico, de hechos reales y positivos. 

Para llegar desde este estado al actual de nuestros perfectos perifrásticos, 
han tenido que ocurrir los hechos siguientes: 1.^ el verbo haler tuvo que 
perder la significación posesiva, y por tanto su carácter atributivo; 2.^, el 
verbo haler conservó sola y exclusivamente -toda su parte formal, como la 
persona, número, voz activa, tiempo determinado y modo; 8.®, el participio 
perdió la significación pasiva y conservó su carácter de tiempo pasado, con lo 
cual el sufijo formativo del participio quedó en sufijo formativo de perfectos; 
4.**, el mismo participio hubo de convertirse en activo; 5.^ el participio tomó 
las funciones del tema verbal; 6.*, el participio perdió la dependencia formal 
del sustantivo en género, número y caso; 7.**, que el sustantivo, que antes era 
dependiente del participio sólo en el sentido, quedó dependiente también en 
la forma; 8.*, en toda acción ejecutada por un sujeto es evidente que el con- 
cepto de la posesión de la misma acción va contenido implícita y explícita- 
mente en ella. En la construcción por mi mano plantado tengo vn huerto, el 
verbo tengo lleva exclusivamente el concepto de posesión explícito; mas en el 
verbo plantar, el concepto de la posesión va implícito. Al perder el veirbo 
haler la significación real de la posesión explícita, la posesión ha quedado 
representada implícitamente por el participio. De manera que en las cons- 
trucciones perifrásticas yo he plantado un huerto, el sujeto yo, que sigue siendo 
el agente, el autor de la acción de plantar, lleva representada su posesión en 
el participio; con lo cual se consigue que la significación posesiva, que antes 
llevaba expresa el verbo haler, no haya desaparecido por completo al con- 
vertirse en elemento formal. He quí una labor sutilísima de la espontaneidad 
popular. Estas son las diferencias que median entre tengo planUuia una viña 
y he plantado una viña. El auxiliar h/iler comunicó al participio los signos 
formales^ y con esto quedó anulada su pasividad, y con loe dos elementos se 
completó por rodeo ó perífrasis lo que antes se había expresado por una sín- 
tesis. 

¿Cómo no se verificó la síntesis de perfecto lo mismo que se verificó la de 
futuro? Yo lo atribuyo á la colocación del auxiliar haler, que habitualmente 
se situó delante del participio, y ya hemos dicho que es contrario á esta familia 
de lenguas el colocar los elementos de la flexión antes de la parte material. 

¿Podemos seguir históricamente la serie de cambios verificados así en el 
auxiliar como en el participio? Imposible. Tal vez algunos de ellos se reali- 
zaron simultáneamente. Yo opino que aun después de quedar amortiguada la 
acción posesiva de haler, y de tomar el participio su significación activa, con 
todo eso la concordancia de género, número y caso verificóse lo mismo que 
antes, sometiéndose exteriormente en la forma el participio á la ley del sus- 
tantivo, á pesar de estar éste recibiendo la acción del mismo participio. No 
de otra manera creo que debe entenderse el que en toda la Edad Media, al 
lado de perífrasis con participio independiente, se encuentren tantos con par- 



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172 MORFOLOaiA DEL VSBBO 

ticipio dependiente del sastantivOy en las eaales Be hace dificilieimo el averi- 
guar si el auxiliar ha perdido ya su significación posesiva ó no» y si es todavía 
un elemento» un verbo completo» ó tan sólo conserva la parte formal como 
auxiliar. 

Hay que advertir que si las perífrasis tomaron por base en su origen loa 
verbos transitivos, álos cuales {pertenecía el participio, despu^ se mcieron 
extensivas por analogía á participios de verbos intransitivos; v. gr.: hs ve- 
nido, he salido, he libado. Además, en la Edad Media muchos de los verbos 
intransitivos formaban sus perif rasis de perfectos con el auxiliar ser, cual lo 
hacen todavía en la actualidad el italiano y el francés. Pondremos algunos 
ejemplos en que el participio de la perífrasis aparezca, ya como dependiente» 
ya como independiente del sustantivo» objeto de la acción: 

^Por miedo del rey Alfonso, que asi lo auie parador (P. del Cid), En este 
ejemplo no se conoce si el participio se somete ó no al acusativo lo, porque éste 
es masculino ó neutro en singular. «Z>0 iodo conducho (Martín Antolínez) bien 
los ouo bastidos:» (al Oíd y á los suyos). En este segundo ejemplo» el participio 
bastidos depende de los en género» número y caso. ¿Es solamente exterior esta 
dependencia? nEn cuenta de sus aueres, de los que auien ganadosj> (fiachel e Vi- 
das» ibid.). La misma dependencia; hoy diriamos: de los que haUan ganado. 
¿Se ha de traducir = de los q^ue tenían ganados? ^Talo vedes que él rey le a 
ayradoi^ (ibíd.). No se sabe si es dependiente ó no» por ser masculino y sin- 
gular el le. ^Dexado ha las heredades e casas e paladosi^. El participio aexado 
es completamente independiente; lo mismo se expresaría hoy. De ser depen- 
diente» diría: dexadas. ^La misa acabada la an^ (ibíd.). En éste es depen- 
diente de misa, <íLcís puertas dexadas an abiertasj> (ibíd.). Dexadas es depen- 
diente Añ puertas. La subordinación es meramente externa en este ejemplo: 
an dexadas las puertas abiertas = han degado las puertas abiertas. 

^Elcastiello ganado ai> (ibíd.). Es dudosa la dependencia. aEn este castiello 
grandauer auemos priso^ (ibíd.). La misma duda. Cuando el sustantivo ó pro- 
nombre son masculinos y del número singular» no es posible conocer la depen- 
dencia ó independencia del participio: <íToda gloria del mundo auien aborre- 
ciday> (Bbec, S. D.» 41). Dependiente: ^Sielli non ouiesse la seyia canviada^ 
(ibíd., 45). ^Rindie gracias a Ghristo que le auie guiadoi^ (ibíd.» 66). Dudoso: 
€Tuyas son las coronas^ ten que las as ganadas^ (ibíd., 243). Dependiente: 
^Quandoovo orado:» (ibíd., 394). Dudoso: (nDes que la ?ia cobrada:» (Fita, 87). 
Dependiente: «la los puertos han passados:» {P. Alf. Onceno, 1001). Dei- 
pendiente: «Si* el pueblo non ouiera por él mucho rogadoy> (L. A Y ala, 
Kim. 109). En este escritor del siglo xiv se hallan muchísimos ejemplos en 
que el auxiliar es claramente elemento formal y el participio aparece inde- 
pendiente del sustantivo: eiHe perdido mis bestias (ibíd., 440)» mis armas «m- 
pennadoj>. a De la tierra de antanno dos terpios no he cobren:». En el Marqués 
de Sautillana todas las perit'rasis ó casi todas se hallan construidas con el 
verbo ?iaber como elemento formal é independiente el participio: ^Molestias e 
vexapiones que el mundo ha traydoy> (Santill.» üias). aPor informaciones 
d'aquellos que mas han visto:» (ibíd.). 

ccCa probadas 

Zas he yo muchas vegadas. j> (Ibíd.) 

En este ejemplo sigue el participio siendo dependiente. Afines del siglo xv 
se hace universal la perífrasis de participio independiente, con el auxiliar en- 
teramente reducido á elemento formal. 



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VBBBOS AISIJIDOS 173 

El verbo tener se encuentra, como ya hemos dicho, en el estado de partici- 
pio dependiente y con la significación posesiva menos oscurecida que en Mber. 

La dependencia de tener es parecida á ésta: €To ¡as he protadas muchas 
vegadas:!^, ^Láe puertas an dexadas ábiertas-h. <íLa misa la an acaladaí^. 

Yerbo estar. — Este verbo lleva en castellano una e de que carecía en la- 
tín; cf. stare. Estar es continuador del latino stare. La prótesis de la e no 
es más qud una aplicación de la ley fonética diez y ocho. Los dos verbos 

f>rovienen de la raíz sta^ que significa estar en pie,j que en general lleva 
a idea de permanencia. De ella provienen estatua, esta-do, esta-blecer^ esta- 
tura V otros muchos derivados. La raíz sta, está, lo mismo en latín aue en 
castellano, presenta la circunstancia de unirse á los exponentes personales y á 
los sufijos temporales sin el sufijo formativo a, por hallarse dicha raíz termi- 
nando en a; hay, sin embargo, quien opina que es una contracción por staa» 
Este verbo pertenecía en latín á la primera conjugación y en ella sigue en 
castellano. Su infinitivo es estar, su tema verbal esta; su radical es igual al 
tema por la razón antedicha; veamos las diferencias que presenta: 

ÍPRBS. DB iiiDiGATnro.. estoy, estás, está; estamos, estáis, están. 
Plus. DB iMPBBATivo. cstá (tú), estad (vosotroi>. 

PIES, os SUBJUNTITO. csté, estés, esté; estemos, estéis, estén. 

Las diferencias de este primer grupo consisten: 1.% en la adición de la pa- 
ladial y de estoy; ü.^, en conservar el acento original de la última sílaba en 
las personas primera, segunda y tercera del singular y en la tercera del plural 
de los presentes de indicativo y subjuntivo, y en la segunda del singular del 
imperativo. 

La y de estoy es relativamente moderna, lo mismo que la de soy, voy, doy. 
Aun en la segunda mitad del siglo xv se encuentra la forma está desprovista 
de dicha y; v. gr.: 

ccNo, ni se si entro ni salgo, 
Si 'sto dentro, si ^sto fuera.» 

(PüEETO Cabe., Antol., IV.) 

«Dios mío yete de aquí, 
Que tiemblo y esto erizado.» 

(Montes., Antol.^ IV.) 

Las formas sto, esto son más conformes á la original latina sto que la actual 
4Stoy, El portugués y el gallego tienen estou, la cual forma se conesponde 
mejor con esto que con estoy: aEstou solifío n'o mundo» (Lamas Carvajal, 
Espinas). 

El acento agudo de estoy, estás, está, están, esté, estés, esté, estén y está (tú) 
se explica porque las formas latinas eran monosilabas y llevaban el acento en 
la única sílaba que tenían; v. gr.: stó, stás, stés, etc. El castellano fielmente 
ha conservado aquel acento, á pesar del aumento de silaba que ha experimen- 
tado por la adición de la e del principio; y así, á las formas latinas stó, stás, 
M, stés, etc., responden las castellanas estoy, estás, esté, estés, etc., con su 
mismo acento y en la misma silaba en que lo llevaban aquéllas. 



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174 MOEFOLOaÍA DBL VERBO 

Grupo 3.® PBBTéBiTO iHPBBPBCTO estabo, estabas, estaba; estábamos, etc., etc. 

_ . I FUTUBO ABSOLUTO estaré, estarás, estará; estaremos, etc., etc. 

Grupo 3. ' 

I FUTUBO CONDICIONADO eétarfa, estarías, estaría; estaríamos, etc., etc. 

!PBBT¿BiT0 PEBFBCTO estuve, estaviste, estavo; estuvimos, estuvisteis, estuvieron. 
CONDICIONALES EN Fd Y 86.. estuvíera, estuviéramos; estuviese, estuviésemos; etc., etc. 
FUTCBO DE SUBJUNTIVO estuvicTe, estuvíeres, estuviéremos; etc., etc. 

Comparando estos perfectos con los del tipo amar, resaltan grandes dife- 
rencias. Como en los verbos precedentes, explicaré las formas del pretérito 
perfecto, porque entendidas éstas las de los demás tiempos no ofrecen difical- 
tad, por ser las alteraciones las mismas que en la tercera persona del plural 
de dicho tiempo. 

Las diferencias qne presenta el pretérito perfecto actual respecto al per- 
fecto amé j al tema verbal está son prosódicas, fonéticas y morfológicas, lias 
prosódicas y las fonéticas de las vocales finales e, o, te, son las mismas qne las 
de todos los perfectos graves que han recibido la influencia analógica en su 
grado medio. Las fonéticas del tema y radical se hallan en la u respecto de la a, 
y las morfológicas en el sufijo vi, ve, vo, vie» La mayor dificultad se halla en 
el sufijo vi y en la M que le precede. Siguiendo la conjugación regular, debiera 
ser: esté, estaste, esto, estamos, estasteis, estarán. De esto no hay huellas ni en el 
lenguaje popular ni en los documentos antiguos. Yo he creído por mucho tiem- 
po que estuve, estuviste, etc., pasando por los intermediarios históricos estoviy 
estoviste, estovo, estovimos, estovisteis, estovieron, procedían de estavi, estavisti, 
estavit, estavimos, estavistis, estaverunt, que se habría formado en el latín vul- 
gar á semejanza íq amavi, amavisti, amavit, etc., etc. Yo he abandonado esta 
opinión hace algún tiempo. Esta opinión tiene en contra de sí graves argu- 
mentos, y en su defensa nada más que la apariencia. Ni estavi, ni estavi, ni 
estuve, no he podido hallarlos en cuantos documentos he registrado del latín 
vulgar, con la circunstancia de haberlos venido buscando con empeño mucho 
tiempo. Tampoco se encuentran ni en el Poema del Cid, ni en el Libro de 
Alexandre, ni en Apolonio, ni en Santa Maria Egipciaca, En todas las obras 
de Berceo no se halla más que dos veces; una esiovi: €Estovi en tal delicio en 
qual nunca oyestesi^ (Sta. Oria., 197), y otras estoviestes: €¿Quien vos fizo com- 
panna mientre fuera estoviestkH (ibíd., 197). Encuéntrase también en el Fuero 
Juzgo: <LGa estonce será el Principe ben aventurado contra los enemigos cuando 
estovier bien con sos pueblos^ (F. Juzgo, Prólogo, L. III); en las Partidas: 
^Porque non habia fundamento ninguno sobre qus estuvieseis (Part. 1.% T. IV, 
libro X). Las formas en vi, ve, se van haciendo preponderantes en el siglo xiy, 
y en el xv puede decirse que acaban de imponerse por completo, fijándose, 
cual hoy las tenemos: dSsa noche los gallos con gran miedo estovieron^ 
(Pita, 1072). <íDelos que ay estuvieron — Pocos se acordaram (Sabbi D. 
S. TOB., Prov., 447). <lE quanto encerrado en ella estuviereis (ibíd., 599). 

Sería un hecho rarísimo el que habiéndose perdido el sufijo vi en todos ios 
verbos que lo llevaban, se encontrara en uno que no lo tuvo. Sabido es que el 
perfecto de stare era steti en latín, y todavía sería más raro que hubiera reci- 
bido dicho sufijo en pleno siglo xiii, cuando ya se habían olvidado del latín 
y cuando el romance entraba á ser lengua oficial. El silencio del latín vulgar 
y demás documentos citados es muy significativo en este sufijo. Lo usa lE^r- 
ceo,pero sólo dos veces y en una misma copla. De haber recibido aquel sufijo, 
lo racional es suponer que, siguiendo la ley de los perfectos de la pnmera con- 



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VERBOS AISLADOS 175 

jugaciÓD, se hubiera sinoopado como ellos» diciendo esté, estaste, esto, etc.; 
también plicui, secui y otros cambiaron el safíjo ui por vi, pero se contrajeron 
ea plegué j segtcé^ como amavi en amé. 

En atención á estos inconvenientes, para admitir en estovi, estuve la exis- 
tencia del antiguo sufijo vi de ama-vi, es necesario recurrir á otra hipótesia 
más sencilla j mejor confirmada por la historia. 

No hay necesidad de nuevas formaciones; la forma clásica steti, stetisti, etc.^ 
tan usada en el latin vulgar, es la que contiene la clave de la solución que bus- 
camos; yo admito que estuve, estuvo, etc., son ni más ni menos que el des- 
arrollo natural de las formas clásicas steti, stetit, pasando por algunos inter- 
mediarios, de cuya existencia encontramos testimonios en nuestra lengua y en 
las lenguas afines^ especialmente en la portuguesa, gallega y en el bable. Ya 
admito que estos perfectos han pasado por los intermediarios siguientes r 
1.0, stetit; 2.**, *estete; 3.**, estede; 4.®, estedo; 5.**, estodo; 6.^ estovo, y 7.", es- 
tuvo (*). 

La forma primera es la clásica, de la decadencia y del latin vulgar; la se- 
gunda, e^te, es una suposición legitima, por ser el efecto de las leyes fonéti- 
cas veintidós, diez y seis y dies y ocho. La tercera, estede, se halla en el por- 
tugués arcaico ('), y es además efecto de la ley fonética quinta. La cuarta^ 
estedo, al menos en cuanto á la (? final, se halla en el Libro de Alexandre, co- 
pla 546: «Non dio por ello nada e estiedo calladoT>. Estiedo no es más que uu 
reAierzo de estedo, que se explica por la ley fonética diez y nueve. La misma 
o se halla en numerosas formas como estvdo, estodo, estvdo, Esca o no es otra 
que la que llevan todos los perfectos graves, y es transformación de la i final 
átona, que pasando por la e intermediaria, como lo prueban el portugués, el 
verbo castellano fué y la ley fonética veintidós, é influida tal vez por la analo- 
gía de los perfectos normales, como amó, partió, acabó de fijarse, terminando 
así su evolución fonética. La quinta presenta dos formas, estodo y estevo. Esto- 
do, 6 sea la forma con la o, en la sílaba to, se halla en el Libro de Alexandre,- 
íkNoI estodieron bien se al ouiera feehoi^ (cop. 1613). ^El desierto do muchos 
años estodieron^ (ibíd., 269). «E están desausnidos — commo nunca estodie- 
ron:» {P. Alf, One, 989). La forma estevo ó estebo se conserva en el bable 
(Rato de Argíjelles). De la forma sexta, estovo, hemos citado ya varios 
ejemplos: oiEstovo byen medio dia en peso la faciendaí^ {P. ds Fem, Oonzá^ 
lez, 687). Las dos formas estodo y estovo deben ser consideradas como efec- 
to? de asimilación, la primera de estedo, la segunda de estevo, producidos por 
la atracción de la o final, lo mismo que en tova lo fué de tevo, teve, tevi. De la 
forma séptima tenemos el actual estuvo, que ya se encuentra en la Edad Me> 
dia:- <íDoce annos estuvo presoi> {P. de José, 113). La u de estuvo hay que con- 
siderarla como una disimilación de la o de estovo, producida por la necesidad 
de aligerar la pronunciación, evitando el hiato níediato ocasionado por el con- 
curso próximo de las oo; de manera que estuvo es á estovo lo que tuvo es á 
tovo y hubo á hobo. 

La única dificultad en todo este proceso se halla en la v de la silaba vo, por- 
que la o, según hemos dicho, es la misma que la de todos los perfectos graves, 
en admirable concordancia con la e final portuguesa y con la de nuestro per- 
fecto fué, de las cuales la o es un grado ulterior, un paso más adelante que el 
castellano dio en su desarrollo fonético. 

(*) Hacemos la comparación sólo con la 3.* persona, por ser la más asada y porque no resalte demasiado 
pesada. 

(«) Véase DÍKz, Gram., II, 175. 



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176 mtmrouoGÍA mos 



Todas hm tmufimuMaonet de «Mü, como ^esM», etUb, eüedú, esbdo, j 
€sievo, ettovot ettwo^ soo perfectanoite itgulaniy eítán ajortadas ertrícta- 
mente á las leyes de pennotacite laüno-caslidlaiiay j todas, á exoepcite de 
^Uü^ se hallan confirmadas por la hisUMia. 

Toda la dificultad estriba ea la 9 de esteve, e$Í9vo j eshwo. 

La r de estero^ estovo, eskwo, ¿es nna simple modificación, mi cambio fo- 
nético de la éi de e$tedo, ettodof Esta es mi opinidn, j pan sostoiola me 
fondo en los hechos sígnicntes: Si á los pernoctes latinos erMt (clásico credi- 
dif) j s^üt oofmBpon&a, eo-d castellaDo arcaico erovo j $ovo, después de pa- 
sar por los Intermediarios credo j sede, eegáa la ley fonética TÓntidós, y 
^eredo, *sedo, *erodo, *sodo, lo mismo que im^ de temmt, pasó pw tetfe, (ovo, 
iovo, es evidáite qoe la r de erovoj sovo (citados ya al hablar de ieve, tova, 
iovo, tuvo) es segmente una modmcadón fonética de 1^ doital snave d de 
^eredo, *sedo, *erede, *sede, credU, sodU. Lnego por las mismas raiones debe- 
remos coDclair qne la r de estuvo, estovo, estovo es ana simple modificación 
fonética de la d de estodo, estedo, estede, estete, stetiL 

El portagoés nos ofi-eoe en estas formas la sígoiente gradación: stotit, ^stde, 
^tede, estove. En el galleo se encastran estwe y estwo (Saoo y Abcb). De 
donde formando nna proporción fonética» podrraios establecer qne estovo esa 
estodo lo ^ne estove es á estedo, y pnes la t; de estove es indndablemente nna 
modificación fonética de la £? de estode, la «; de estuvo, estovo, estovo también 
lo serán respecto de la ¿i de estotlo, estedo. El portngaés y el gaU^;o tienen al- 
gunas otras formas en las cuales la v responde á nna d, además de las ya ci- 
tadas estede y esteve. 

Latí* aodire, laadare, stetit. 

PorrcGC^ *aadir, ^laudar, ^estele. 

— •oudir, ^loudar, estede. 

HisTÓiico ouTÍr, lourar. estere. 

fíSoD sei que vago concertó estrano, 
XamaÍB ouhido por ser hnmano.» 

(Lamas Carvajal.) 

Estodo, sin cambiar la d orgánica, sigaió en sn desarrollo transformándose 
«n estudo, lo mismo qne estovo en estuvo; con esto se engendraron formas pa- 
ralelas, nacidas ambas de estodo : ^Cortóla e estudo mas queda que un corderos 
<FiTA, 1389). €E estudo mas queda sin se mas quejara (ibid., 1390y. ^Estudo 
rosegada la mesquina-h (ibid., 1391). ^Estudo el ion rey como bon soffredon 
{L. de Alex., 2067). 

De otro de los intermediarios de estovo, ó sea de estedo y de estiedo, yo opi- 
no qne de estedo resultó otra nueva forma, que siguió procedimiento algún 
tanto diferente de estodo, pero muy en consonancia con el seguido por otros 
verbos de perfecto grave; me refiero á los arcaicos istido, eslieron, estidies' 
tes, etc., etc. Estas formas siguieron el mismo proceso que venü y vino, fecit 
jflzo-, esto es, transformaron la e intermedia de la raíz en la extrema semivo- 
•caH, y así estedo dio estido. En esta ley de los perfectos, que con mucha r^u- 
laridad han cambiado la vocal de la raíz media o en la extrema u, y los en é 
«n la extrema i, me fundo para suponer que estido procede directamente de 
^tedo, como vino de veno, fizo á^fezo, quiso de queso i ^Firme estido Achules, 
non duMó de esperarlo» (Alex., 637). ^Estido glorificado^^ (V.de S. Ilde/J. 
<íFifiemos muy grant duelo los que y estidiemosj> (Bbrc, Duelo 148). 



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VBEBOS AISLADOS 177 

De toda esta rianeza de formas eogendradas por el clásioo atetit sólo ha que*^ 
dado estuvo, y en los otros tiempos estuviera, estuviese, estuviere , etc. , etc. El 
perfecto es el único (}ae ha conservado la reduplicación y está prof andamento 
alterada. La gramática empírica, guiada por la apariencia, explica estuvo por 
estar hubo, pero sin aducir prueba alguna en pro de su aserto. 

FoBMAs HOMUTALBS. . iifPiifiT.: estar. PABT. PA8.: estado, abk.: estando. 

Ybrbo andar. — Este verbo se conjuga como amar; su radical es and; su 
tema verbal, anda. Es perfectamente regular en los tres primeros grupos r 
ando, andas; anda (tú); ande, andes; andaba, andabas; andaré, andarás; an^ 
daria, andarías, 

i PBRT. YKKf. DK iNDicAT. . . ande, andaste, ando; andamos, andasteis, andaron. 
Grupo 4.0 I CONDICIONALES KN ra Y 86.. andará, andáramos; ándase, andásemos; etc., etc, 
( FUTUBo DE SUBJUNTIVO. . . . andaré, andares, andaremos; etc, etc. 

Las formas de este cuarto grupo no se emplean en el lenguaje culto, pero 
están muy en uso en el lenguaje popular. No ha mucho tuve ocasión en un 
pueblo de presenciar un altercado entre un padre y dos hijos, sobre cierto 
utensilio oue los últimos habían echado á perder. Allí salieron á relucir casi 
tQ¿as las formas del cuarto grupo regular ae este* verbo, hasta tal punto que 
les ha quedado á los dos hijos el mote de D. lando, M, lando = lo ando. En el 
sabroso diálogo se oía: tú lo andaste, yo no lo ande, si no lo andaras, éste lo 
ando, los dos lo andaron, ¿por qué lo andasteis'^ etc. El verbo andar, en dicho 
diálogo, estaba tomado en el sentido de usar, tocar. 

Entre los escritores antiguos encuéntranse también usadas algunas de estaa 
formas: 

«Los caaallos a coyta qne eran mal f eridos, 
Andaron musiando fasta que fnessen caydos j) 

(Albx, 1605.) 

ccE la yertut del cielo so los pies andasse.j) 

(Bbrc, Duelo 201.) 

CiAndé lo más que pud aina los oteros, 
Llegué con sol templano al aldea de Ferreros.» 

(Fita, 959.) 

«Tanto ando por la montannya.» 

(Sta. M.» Egip.) 

Esta forma regular es la que se conserva en el italiano andai, andasti, como 
cantai, cantasti, y en el portugués andei, andaste. El gallego conserva también 
andei, andou, ándase al lado de las otras formas más usadas {}). 

Las formas nominales andar, andado, andando son también perfectamente 
regulares. 

Pero al lado de las formas populares del cuarto grupo ande, andaste, an- 
dará, etc., existe otro cuarto grupo irregular, que es el único que se usa en 
la escritura y el único también que emplean las personas cultas, y es como 
sigue: 

(«) Véase Saco i Ahci, Gram. gallega. 



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178 mobfolooía del yerbo 

ÍPKBFBCTO DB iNDicATiTO. . . anduTC, anduviste, anduvo; anduvimos, anduvisteis, anduvieron. 
coNDiciDifALBS EN ra ¥ 86.. anduviera, anduviéramos; anduviese, anduviésemos; etc., etc. 
FUTURO os SDBjcNTivo. . . . auduviere, anduvieres, anduviéremos; etc., etc. 

¿Cómo se explican las formas de este último cnarto grupo, que son las más 
modernas, las que han triunfado en el lenguaje culto, y que no tienen simila- 
res ni en el italiano ni en el portuguSí, aunque si en él gallego y en el 
bable? 

La explicación del verbo andar (andaré ital.) ofrece dos gravísimas difi- 
cultades. Proviene la una de su etimología; dificultad que es común á todas 
las lenguas que poseen el verbo andar, como la italiana, portuguesa, caste- 
llana y los dialectos gallego y bable. Nace la otra de la diversidad de formas 
■en el grupo de los cuatro perfectos, y esta es peculiar del castellano, del ga- 
llego y del bable. Es indudable Cfae la dificultad aumenta en los perfectos 
oon la dificultad que todavía contiene la etimología. 

Por eso antes de explicar las formas anduve, anduviera, etc., y otras como 
andido, andidieron, tenemos que decir algo acerca del estado en que se en- 
cuentra la cuestión etimológica de este verbo. 

Si el verbo andaré, andar se encuentra en el italiano, en el portugués, cas- 
tellano, gíillego y asturiano, puede afirmarse, sin género de duda, que trae su 
origen de la lengua madre, común á todos ellos, que es el latín. Mas si pro- 
viene del latín, ¿cuál es el verbo latino concreto del cual es continuador el 
italiano andaré y el castellano andar? Los romanistas más eminentes de 
nuestros días, al señalar al verbo andar diversa procedencia, nos muestran 
claramente que todavía no se hallan concordes respecto al origen de dicho 
verbo. La mejor señal para conocer si una cuestión está definitivamente re- 
suelta ó si permanece todavía sub itcdice, es el saber si existe acerca de ella 
unanimidad ó diversidad de pareceres entre las personas competentes en aque- 
Ha materia. Veamos si respecto al verbo andar existe unanimidad ó diver- 
gencia. Citaremos las principales opiniones, ocupándonos de ellas ligera- 
mente. 

Diversidad de origen atribuido al verbo andar,— Ori^fen latino i 1.**, de uám- 
bulare; 2°, Adnare; 3.% Enare, enatare; 4.**, *Anitare; 5.®, Adire; 6.^ Adi- 
tare-, 7.^ *Ambitare; 8.°, *Addere, addare-, 9.o, *Vadere, vadare; 10.% *Amb- 
daré. 

Origen céltico: 1.^, Aq Anc!ag = anda^=inde, agim^ss^venio-, 2.% Anna = 
anda-, andag, con asimilación de nd = nn\ 3.°; Aula-, ala (.de au = au, de 
üU'ferendi, au-fugiendi) , y de la raíz la-, que tiene significación de llevar y 
marchar. 

De estos tan diversos orígenes se ha pretendido hacer derivar los verbos 
4innar y anar de los provenzales y catalanes, aller de los firanceses y andar de 
los italianos, portugueses y españoles (*). 

Ambuíare, — La opinión de que el verbo andar procede de ambulare es sin 
disputa la más antigua. Nuestro canónigo y doctor Bernardo Aldrete dice: 
^Ambulare dixeron amblar, i cauallo de ambladura, i después andar i anda- 
duray> (*). 

(1) Véase á Gustavo Kobeting, De Verborum neo-latinorum Andaré, i4n(n)ar, Alien Originatione- 
Monasterii (Munster), Guestfallorum^ 1889, donde se hallan resumidas breve y doctamente las doctrinas re- 
lativas á estos orígenes. 

(2) Bel origen y principio de la Lengua Castellana, edic. de 1606. 



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VBBBOS AISLADOS 179 

Koerting (op. cit.) presenta jentre los modernos romanistas, defensores 
acérrimos de esta opinión, á Thomson, Gartner y Wolfflin; hace el resumen 
del proceso fonético admitido por estos autores, y lo rebate, á mi juicio, vic- 
toriosamente. 

Yo he participado también de esta opinión por mucho tiempo, aunque no 
del procedimiento seguido por dichos autores. Me fundaba para sostener 
€sta opinión: 1.^ en la significación de ambos verbos, en muchos casos idén- 
tica; 2.^ en lo frecuente que es el uso de atribulare en la baja latinidad; 
3.^ en que sin gran violencia se podría llegar por nuestras leyes fonéticas 
desde ambulare á andar Para lo cual el proceso fonético habría sido el si- 
guiente: ambulare, amblar, ambdar, anddar^ andar, Ambulare se habría 
transformado en amblar como fabulare en/ablar, entabulare en entablar-, lo 
cual confirmaba yo por el testimonio de Alexandre, cop. 1338, que dice: 
4LGaualgan pahfranes e muías ambladoresT> = {muías andadoras). La conver- 
sión de amblar en ambdar la explicaba yo por la transformación reciproca de 
la Z en ¿? y de lo í? en I, pues no es tan raro encontrar estos cambios. Así te- 
nemos Madrid y madrileño , odorífero y olor, medicina y melecina, lexar y de- 
jar, levantar y el vulgar devantar y otros. Ambdar se habría convertido á su 
vez en anddar por asimilación, para luego quedar en andar, como cobdo y 
codo, dubda y duda, cibdad y ciudad. La transformación de m en n habría sido 
una exigencia de la d, como en los ya varias veces citados conde, linde, senda. 
De este modo habría concluido su evolución fonética, y ambulare se encon- 
traría sin violencia convertido en andar. 

Esta opinión, á decir verdad, no destituida de fundamento, al menos ideo- 
lógica y fonéticamente, la tengo abandonada hace algún tiempo. Me fundo 
para esto: 1.^ en no haber encontrado ni en el latín vulgar, ni en el castella- 
no ai'caico, los estados intermediarios amblar, ambdar, anddar, supuestos por 
mí para llegar á andar; 2.% pero muy principalmente, en que en los grupos 
contractos bí, mi no se ha transformado nunca la Z en ¿?; así f oblar, hablar, 
Jalar, colmar, por comlar, de cumulare; antes por el contrario, el último, mi, 
ha atraído hacia sí una b, como aparece en semblar y semblanza, temblar, en- 
cumbrar, por simlar, y *simlanza, *tremlar, *encumlar, de los latinos simula- 
re, tremulare y cumidare. 

Adnare. — Este verbo, que en latín significa nadar, acercarse nadando, diri- 
girse 'por agua á algún punto, verificando una metátesis del grupo dn en nd, 
y tomando la significación general de movimiento, tendríase el neolativo an- 
daré, andar, Federico Diez y Koerting rechazan esta opinión, ftindándose 
en que no hay cambios de adn en and, y más todavía en la significación, 
pues andar, anar y aller expresan un movimiento contrario al de adnare; éste 
expresa movimiento ad quem, hacia un lugar, tendencia; los otros expresan 
movimiento a quo, desde un lugar, procedencia. 

Uñare, enatare. — ^La significación de estos verbos eran en latín salvarse á 
nado, ir nadando de un punto á otro. Según el docto romanista Cornu, del 
verbo enatare proceden andaré y andar, lo mismo que anar y aller. El verbo 
enatare reúne la circunstancia que no concurre en adnare, cual es la de ex- 

Í)resar movimiento, de procedencia, separación de algún punto, en virtud de 
a partícula e. Este verbo habría tomado la significación general de movi- 
miento, lo mismo que la tomó *adripare, *arripare, arribar. El proceso fonéti- 
co de enatare, andar, habría sido enatare, *anatare, *anitare, anidare, andaré, 
lindar. Contra esta opinión sostiene Koerting que, si anatare procediera de ena- 
tare, no sería por simple cambio fonético de e en a, sino morfológico, esto eñ. 



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180 MOKFOLOaÍÁ DEL VERBO 

por la adición de la preposición ad. En tal caso, andaré j andar tendrían la 
significación de venir, llegar ^ dirigirte Juwia, j no la de marchar, separarte de^ 
También encuentra difícil qae nn verbo * añilare, que estaría formado por 
analogía de los frecuentativos, se trasformara en italiano en ^anidare, 

* Añilare. — La opinión de que andaré, andar viene de ^añilare ha sido segai- 
da por Behrens. Según este autor, añilare se habría formado de aniti8=anatis 
(pneblos de la Mauritania Tin^tana), y añilare sería andar i semejanza de 
los anales. De manera que los italianos, franceses, portugueses y españoles ha- 
brían abandonado tantos verbos de movimiento como tenía el latín por apro- 
piarse éste tan Inverosímil. 

-áátW.— Algún italiano ha sostenido la opinión de que andaré y andar pro- 
cedían de adire, pero esta opinión es rechazada por ios mismos italianos. 

Adilare. — Federico Diez, s^^ún consta de su Diccionario etimológico y del 
tomo I de su Oramálica, siguiendo á Muratorí, admite <][ue el verl)o andaré^ 
andar, procede del frecuentativo adilare. La principal dificultad oue ofrece 
esta opinión es la fonética. ¿Oómo se introdujo la n de andaré, andar, que no 
tiene aditare? ¿Oómo se explica que en italiano no resultara anlmre ;f si an- 
daré? Porgue repugna al italiano el procedimiento seguido por Flechia, según 
el cual adilare, convertido en andilare, habría pasado por andlare, anddare^ 
andaré. 

^Ambitare. — Este verbo, que no se encuentra en ningún documento, se su- 
pone ser nn frecuentativo, formado del participio amUlm, de ambire =an¿Uir 
al rededor. Hablando de este verbo, dice Eoerting que no se puede dudar que 
el castellano y portugués andar puedan provenir de ambitare. Según el mismo 
autor, el célebre romanista Groeber es el defensor más decidido de esta pro- 
cedencia. Wilhelm Mejer Lübke parece ser de esta misma opinión, el cual, en 
el tomo II de su obra va citada, dice: «En fin, ambitare ha producido el italia- 
no andaré y el español y portugués andar n. 

*Addere, addare. — La opinión de que andaré viene de addere, *addare es 
patrocinada entre otros por el ilustre escritor francés Mr. Gastón Páris. Apo- 
yan su opinión en algunas frases latinas como acldere gradum^^acelerar eljpaso;, 
daré eese in/ugam^=huir. Aparte de la significación, se encuentra esta opmión 
imposibilitada para explicar la inserción de la n, 

*Vadere, vadare. — Según está opinión, defendida por Foerater, de vadere 
se habría formado * vadare, pasando de la tercera á la primera conjugación; va^ 
daré se habría cambiado en *vandare, y éste, con pérdida de la v inicial, en an- 
daré. Dice que ciertos pueblos de Cerdefia emplean aún ahora bandur y andar. 
La inserción de la n quiere explicarla lo mismo que la de render, rendir, pro- 
cedentes de redder ; pero la n de render, rendir, es por analogía de venderé 
y tendere. ¿Qué verbo habría servido de modelo para la analogía de vanda- 
re? No existe otro que mandare, que en italiano y también en español con- 
tiene la idea de enviar. Probablemente el vandare sardo es el mismo andaré, 
al cual por error han añadido una b, porque en el principio de los verbos unaa 
veces omiten la b, v, otras la ponen. La mayoría de los pueblos neolatinos han 
conservado la v inicial latina. 

*Amb'dare.—'Yí\ célebre lingüista italiano Ascoli presenta la hipótesis de 
que andaré v ayidar proceden de *amdare^=sam{b)dare. En tal caso, en su ori- 
gen este verbo significaría andar en derredor, andar en torno de, con una signi- 
ficación parecida á la de ambulare. En am{b)dare, con pérdida de la b, la 
transformación de m en n es legítima por la d siguiente. La significación de 
afular en castellano, portugués é italiano es muy semejante á la de ambulare^ 



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VERBOS AISLADOS 181 

Según Koerting, á quien debemos casi todo lo expuesto en esta reseña, au' 
daré y andar proceden de *amb daré; annar j anar del céltico auna, j el aller 
de los franceses del céltico aula, ala. 

Entre todas las hipótesis adoptadas para explicar la etimología de los ver- 
bos andaré y andar, las más aceptables nos parecen la de Groeber y Meyer, 
que los hace derivar de ambitare, y la de Ascoli y Koerting, que los consi- 
dera originarios de am{hydare. Hay que advertir, no obstante, que ninguna 
de las dos hipótesis nos explica satisfactoriamente las formas todas, actuales 
y arcaicas, regulares é irregulares, del verbo castellano andar. 

Cualquiera de las dos hipótesis que se adopte es suficiente para explicar- 
nos las formas de los grupos de tiempos l.o, 2.^ 3.® y formas nominales; 
ninguca de las dos basta para darnos cuenta de toda la diversidad de las del 
grupo cuarto. Con amUtare no podemos explicar las formas anduvo, ando- 
vo, andido, etc., etc. ; con am(b)'dare, am{h)-dedi, quedan sin explicación las 
formas regulares ande, andará, etc., etc. ; en ambos casos tenemos que recurrir 
á la analogía, si no queremos admitir un doble origen para el verbo andar. 

Ambitare tiene en su favor: 1.®, la significación de movimiento; 2.°, el 
origen real de ambire y ambiius; 3.^ la gran tendencia del latín vulgar á 
formar verbos frecuentativos; 4.*", el que todos los cambios fonéticos por que 
yo supongo haber pasado, desde ambitjare á andar, están conformes con núes- 
tras leyes fonéticas. Por tanto, ideológica y fonéticamente no ofrece dificul- 
tad el que andar proceda de ambitare. ¿Qué le falta? La confirmación histó- 
rica de aquellos cambios. 

El proceso fonético dsbió ser el siguiente: * ambitare, *ambitar, *ambidar, 
ambdar, andar; lo mismo que invitare se transformó en invitar, invidar y 
envidar (los vascongados dicen todavía invidar), y dubitare en *dubitar, *du- 
bidar, dubdar {Debíamos agora bien aquel dia dubdar, Bbbc, Loor. 174), 
dudar-, dubita, dubida, dubda, duda, 

Ambitare tiene en contra suya el no poder explicarse con él las actuales 
formas del cuarto grupo anduve, anduviera, anduviese, anduviere, ni las ar- 
caicas, de las cuales proceden éstas. 

El proceso fonético de am{bydare, para convertirse en andar, es más sen- 
cillo. Está reducido á perder la b ante la d, lo mismo que la perdieron los 
históricos dubda, dubdar y cobdo al transformarse en duda, dudar y codo. El 
cambio de i» en n es una exigencia de la d, lo mismo que hemos dicho al ha- 
blar de conde, senda y linde. 

Con el verbo am{b)dare, am{b)dedi, se explican satisfactoriamente nuestros 
perfectos actuales, anduve, anduviera, etc., etc., y sus antecesores los arcai- 
cos andovo, andero, andodo, andido, y esta circunstancia no es la que menos 
abona en favor del origen am{b)dare. 

Am{b)dare tiene en contra de sí el significado, y las formas regulares ande, 
andaste, andará, ándase, etc., las cuales no pueden explicarse por am[b)dedi, 
sino por andavi ó por analogía, pues ande es á a/ndavi, andai, andar, lo que 
amé es á amavi, amai, amar. Lo mismo que ambitare, tiene también en con- 
tra de si la falta de confirmación histórica de los estados intermedios. 

El mayor inconveniente que reúnen todas las hipótesis acerca del verbo 
andar es que las formas intermediarias no se hallan comprobadas por la his- 
toria. Esto nos demuestra lo que decimos en el Prólogo de esta obra; es á 
saber, que la Eonología necesita de la historia de los sonidos, y la historia á 
su vez del conocimiento de las leyes fonéticas j en una palabra, qne se com- 
plementan recíprocamente. 

MORFOLOGÍA DBL VERBO.— 14 



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182 MORFOLOGÍA DEL VEBBO 

Por ñtltar en el verbo andar la parte histórica de los estados intermediarios 
se ha dado lugar á la invención de tantas hipótesis sobre sa etimología. La 
Fonología y la Ideología no son por sí solas suíicientes para damos á cono- 
cer el origen de la palabra en este caso concreto. Cambios de significación 
más violentos encontramos en otras palabras, como en los perfectos fui j en 
sedere = ser, y los admitimos por hallarlos confirmados en los documentos. 
Ni tampoco creo qne tengan gran fuerza las objeciones que se hacen sobre 
cambios de algunas letras. 

Todo lo cual sirve para demostrarnos qne no sabemos con seguridad cuál 
es el verdadero origen de nuestro verbo andar, cuál es por tanto su etimolo- 
gía. Esto por lo que toca al aspecto etimológico de andar; veamos ahora de 
explicar el cuarto grupo de tiempos, ó sea el grupo de los perfectos anduve, 
anduviera, anduviese, anduviere. 

El verbo andar hemos visco que conserva un perfecto regular en el len- 
guaje popular, y que se encuentra en los documentos antiguos. Dicho per- 
fecto concuerda con el italiano, portugués y gallego, y es el desarrollo natural 
que podía esperarse de un tema de la primera conjugación; ande es á andar 
lo que amé es á amar. 

Pero además posee el actual anduve, anduviera, etc., y estas formas no 
pueden explicarse, á mi juicio, sin conocer otras varias que se encuentran en 
el castellano arcaico. El verbo andar, en los perfectos, tiene formas muy pa- 
recidas á las del verbo estar. Hay que señalar una diferencia entre los dos 
verbos, y es que en estar nos son conocidas las formas latinas steti, stetisti; en 
andar no sabemos cuál fué su pretérito perfecto, por no saber si proviene de 
amlmlavi, de amlitavi ó de am-dedi, según la hipótesis de Ascoli y de Koer- 
ting. Por eso, en lugar de trazar el proceso fonético á priori, como en el 
verbo estar, yo voy á presentarlo á posteriorL Y para no embarazar tanto la 
exposición, lo haré solamente con la tercera persona del singular del pretérito 
perfecto. 

En mi opinión, el proceso fonético ha sido el siguiente: anduvo, andovo, 
andevo j andodo; andedo, andede, andedi y andedit. 

Explicación de este proceso fonético, — Anduvo es continuador de andovo, 
como estuvo de estovo. Andovo es á su vez de andevo, como estovo de estevo, y 
también puede explicarse por andodo. Afidevo y andovo suponen andedo, como 
estevo y estodo suponen estedo. Andedo es continuador de andede, como estedo 
de estede, y, por último, andede supone andedi, andedit, como estede, estele^ 
stetii. 

Pruelas históricas de estas formas, — La forma anduvo es la que actual- 
mente poseemos. La primera vez que yo he encontrado esta forma es en Ber- 
ceo, pero una sola vez en todas sus obras: a Anduvo algo aprisa la primera 
semanaj> (Bbrc, S. D., 37). Eu el siglo xiv es cuando ya se encuentra con 
alguna más frecuencia. La forma andovo no se encuentra tampoco ni en el 
Poema del Cid, ni en el Libro de Alexandre, ni en el de Apolonio, ni en Santa 
Marta Egipciaca, ni en el Libro de los Reyes de Oriente, ni en la Vida de Sant 
YldíjlmBO, y tal \tz ni en el Fuero Juzgo ni en las Partidas', al menos yo no 
he dado con ella. Hay que venir al siglo xiv: aA omnes camineros que por 
ülU andouteroujf íL. Ayala, Eim. 1007). (nAndoue en el mundo non parando 
mimtes\^ (Dmiza de la Muerte, 20). 

Dg la forma andodo también se hallan algunos ejemplos: €Andodioron grant 
iiempo errados e t/rados^ (Alex., 2185). Leí fo^ms^ andevo 6 andebo la encon- 
tramos en el dtalecto asturiano. La o final de todos los perfectos graves sabe- 



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VEEBOS AISLADOS l83 

moa que es transformación de la e, como se ve en fué, j en el portugués esteve, 
eatede, al lado del gallego esUvo', anáevo, por tanto, proviene de amieve y an- 
dado de andede, Pero la e final en estos perfectos reconoce por origen una i 
átona, luego andede proviene de andedi, andedü. La explicación de la v de 
andevo es la misma que la de esteve, esteva ; esto es, una modificación de la d. 

Ahora podemos trazar á priori todo el proceso fonético de anduva: andedü, 
"^andede, *andedo, andevo, y andada, andovo, anduvo. 

De donde proceden andedü, * andede, *andedo, andevo, andovo, etc. ¿Son 
formaciones analógicas, á imitación de estede, esteve? ¿Proceden de *andavi, 
ya venga éste de amhulavi ó amUtavif La forma vi de anduviste, anduviste, 
al parecer es el mismo sufijo latino vi; pero esta opinión es inadmisible. Ya 
hemos dicho que en el siglo xii no se encuentra; en el siglo xiii es proble- 
mático; yo sólo la he hallado en Berceo una sola vez, y con la u temática, 
que es posterior á la o. Si las formas anduvo, andovo, son del siglo xiv, ó á 
lo sumo de la segunda mitad del xiii, ¿es posible admitir que el sufijo vi sea 
el mismo sufijo que se habría sincopado en todos, y que se introduce en el 
castellano cuando hacía siglos que el pueblo no lo conocía? XTn perfecto an- 
davi habría dado ande, como hemos visto en las formas populares y arcaicas. 
Para mi la v de estas formas no es otra cosa que una modificación fonética 
de la d, lo mismo ^ue en estuvo, estovo. 

Si no son originarias de andavi, ¿proceden por analogía de las formas 
estuvo, estovo, esteva? Tal vez. Yo me inclino á creer que son el desarrollo 
natural de una primitiva forma *am-dedü, ^an-dedü, y entonces me veo pre- 
cisado á reconocer como la única verdadera la hipótesis de Ascoli y de Koer- 
ting, esto es, la de que el verbo andar es compuesto del verbo dar, que hacía 
el pretérito dedi, dedisti, dedü, y de la partícula amb, am, an; y así del preté- 
rito am-dedit, an-dedit, por la ley fonética veintidós sería andede, por la ley 
de los perfectos graves andedo, por cambio de la ¿i en v andevo y luego an- 
dovo, anduvo. 

No sólo esto, sino que en la Edad Media la forma que estuvo más en boga, 
y por tanto más cercana á su origen, fué andido, andidieron, como estido, es- 
tidieron, etc., forma que empezó á decaer en el siglo xiv para extinguirse por 
completo antes de llegar á la Edad Moderna; v. gr.: <íí Andidieron todoí dia 
que vagar non se dant (P. del Gid), ^Benedictos son los montes do este sancto 
andida)) (Berc, S. Mili., 64). ^Quatro annos andido pastor con elganadoi^ 
(ibídem, S. D., 32). ^Dixoles que andidiessen de dia e de noch^ (Alex., 947). 

Estas formas son la confirmación plena de la existencia de un primitivo 
andedit, porque por la ley de los perfectos graves la e de la raíz, según adver- 
timos en estulo, se transformó en i, fecit eu fizo, venit en vÍ7io, quesit en quiso, 
stetit en estido, y asi también andedit en andido. 

Paralela á la forma estado tenemos en el Fuero Juzgo anduda. 

Comparación entre el proceso fonético de estuvo y anduvo: 

LATÍlf I-ATÍN 



Stetit *aD-dedit. 

*estete. 

estede *an-dede. 

estedo, estodo y estido. , . . *an-dedo, andodo y andido. 

estevo y estudo an-devo, andado. 

estoTO an-dovo. 

estuvo an-doTO. 



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1 



184 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

Si admitimos la hipótesis de Asooli, entonces los perfectos andero, andovoy 
anduvo, son el desarrollo natnral de andedit, j en tal caso los perfectos regu- 
lares ande son formaciones analógicas de amé, amó, etc.; si rechazamos en 
absoluto dicha hipótesis, y sostenemos que andar viene de ambitare, entonces 
ios perfectos anduvo, andovo, y andevo, andodo, andido, andvdo, hay que con- 
siderarlos como formaciones analógicas de ««^tii^o, estovo, estevo, etc., etc. Y de 
no ser así tenemos que admitir dos orígenes diferentes: uno ambitare, por el 
cual se explicaría ande, andaate; otro an-dedit, de an-dare, por el cual se ex- 
plicarían los demás. 

En espera de explicaciones más satisfactorias hacemos aquí alto en la del 
verbo andar. 

SERIE TERCERA 

VERBOS AISLADOS, CUYOS PERFECTOS HAN RECIBIDO DE LOS PERFECTOS DE 
LA 3.* CONJUGACIÓN LA INFLUENCIA ANALÓGICA EN EL GRADO MÍNIMO 

Los verbos llamados irregulares aislados, que en sus perfectos han recibido 
la influencia analógica en el grado mínimo, son: decir y sus compuestos; con- 
ducir y otros del latino ducere, y traer con los suyos. Estos verbos tienen como 
principio de unidad el acento en los condicionales ray sey futuro de subjun- 
tivo, según las leyes de los perfectos de la tercera conjugación regular . 

En el lenguaje popular y en los documentos de la Edad Media la influen- 
cia analógica aparece mucho mayor. Si hoy decimos dijeron, dijera, el pueblo 
tflmbién dice dijieron, dijiera, dijiese, y en los documentos castellanos de la 
Edad Media se decía dijieron, traxieron, dijiese, diañera. La reacción operada 
en los siglos xiv y xv hizo desaparecer tan pesadas formas y facilitó la pro- 
nunciación, reduciéndolas á una simple i. El diptongo ie, de la tercera con- 
jugación, se fundió en dicha semivocal i. 

Yerbo decir y sus compuestos. — Este verbo es continuador del latino 
dicere, conservando la misma signiñcación. Los dos proceden de la raíz dic, 
que significaba en general indicar, mostrar; cf. in-dic-e, in-dic-ar. Se conjuga 
como partir. Su tema verbal es deci y dice, y su radical la raíz dec y dic. Esto 
proviene de la alternativa fonética; la verdadera raíz, según su etimología, 
e&dic. 

Este verbo presenta muchas diferencias respecto al tipo partir. Las tiene 
en los grupos 1.**, 3.® y 4.^ y en las formas nominales. 

í PHES. DE INDICATIVO. . dígo, díccs, dicej decimos, decís, dicen. 

Grupo 1.0 I iMPEHATiYo di (tú), dccid (vosotros). 

( FRES. DE sDBjuifnvo. . diga, digas, diga; digamos, digáis» digan. 

La inspección de las formas precedentes del primer grupo nos da á cono- 
cer qne las diferencias de estos tiempos consisten: 1.*, en convertir la c gu- 
tural ante a, o (únicas formas en que dicha c del radical se debiera pronun- 
ciar como k) en la gutural suave g, lo cual sucede en siete formas, ó sea en 
las personas primera del singular del presente de indicativo y en todo el pre- 
sente de subjuntivo, conversión que se explica por la ley fonética quinta; es- 
tas formas eran en latín dico, dicam, dicas, etc., etc.; 2.% en ellas se verifica la 
alternativa vocálica, ó sea la conservación de la i original de dic ante las 



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VERBOS AISLADOS 185 

vocales fuertes a, e, o, digo, dices, dice, dicen; ley fonética que yo tengp seña- 
lada con el número 30, y á la cual he dado el nombre de ley de equilibrio fo- 
nético, mientras que la ^ se mantiene cuando la vocal de la silaba siguiente 
lleva i, como decimos, decis, decid; 8.*, en el imperativo se apocopa la silaba 
final ce en la segunda persona del singular, y así en lugar de esperar dice, te- 
nemos solamente di (tú). Los compuestos, como contrcdedr, desdecir, bendecir, 
maldecir, tienen completa la forma en dicha segunda persona del singular, y 
asi en ellos es bendice, maldice, contradice, los cuales siguen admirablemente Li 
ley de alternativa vocálica recordada, óyese también á personas conocedoras 
del idioma decir contradile (tú) y á otras contradiceU (tú). La apócope di por 
dice tiene ya su comienzo en el latín clásico, donde se decía dic en vez de dice. 
Esta forma se perdió gradualmente. En los compuestos está plena: ben-dice, 
mal-dice (tú). 

Todas las formas que hoy presenta el grupo de los presentes son antiquísi - 
mas. Ejemplos : ^Ascondense de Myo ^¿d, ca nol osan dezir nadai> {P. del Cid), 
<i3Ias dezidnos del Qid de que será pagadoi^ (ibíd.). «A los indios te dexesles 
prender do dizen monte OaÍuarii> (ibíd.). uMas del ^id Campeador yo non vos 
digo nadai> (ibíd.). ^Que mal diga mal el rey Alfonsos (ibíd.). ^Digamos que 
las leñaremos a tierras de Garrion^ (ibíd.). Algunas formas apocopadas se en- 
cuentran además en estos líiismos tiempos: ^Rsy, diz = (dice), merced tepidoíí 
(S. D., 136). 

«Corrí la cuesta a jaso, ca ¿w= (dice): quien da á la torre, 
Ante disse la piedra que sale el alhorre = (cardenal del golpe) » 

(Fita, 981.) 

Grupo 2.** PBKTÉEiTo IMPERFECTO, dccía, decías, decía; decíamos, decíais, decían. 

En este tiempo se cumple la ley treinta, de la alternativa vocálica 6 equi- 
librio fonético. 



Grupo 3.° I 



FUTUio ABSOLUTO.. . . diré, dirás, dirá; diremos, diréis, dirán. 
FUTURO coHDiciOKADO. diría, dirías, diría; diríamos, -diríais, dirían. 



Estando formados estos tiempos sobre la base del infinitivo, debiéramos es- 
perar las formas plenas siguientes: 

Futuro absoluto deciré, decirás, decirá; decire-nos, déciréis, decirán. 

Futuro condicionado. . . deciría, decirías, decir.a; deciríamos, deciríais, decirían. 

a:Dezir-vo8 he la verdad.» (P, del Cid.) 

Las formas plenas deciré, deeiria, que en la actualidad no se encuentran ya 
en el simple, consérvanse admirablemente en los compuestos; así se dice ben- 
deciré, bendecirás, bendecirá, bendeciremos, etc.; maldeciría, maldecirías, maU 
dedriu, moldeciriamos, etc. La primera pérdida que sifrió deciré, decirás, y 
deciria, decirias, etc., fué la del sufijo formativo i, quedando *dez'ré, *deZ'rut, 
y en cumplimiento de la ley fonética treinta, ó de alternativa vocálica, debía 
resultar, al menos en el futuro absoluto, dizré, y en el segundo, que debía ser 
dezria, por analogía se transformó en dizria. 

Este segundo estado lo confirman también los documentos: ^Dizremos 
nuestro seso, maguer somos menoresí> (Bbro., S. Mili., 401). ^^Non dizrien el 
adobo, loquele, nec sermones» (Berc, S. D., 232). Estas formas asperísimas 



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.186 MORFOLOGÍA DEL VERBO » 

desaparecieron felizmente, apelando á una nueva sincopa, en lugar de atraer 
una d, como en vendré, ó reaccionar hacia las formas plenas, como moriré. Y 
asi con la pérdida de la aspirada z resultaron las que actualmente poseemos: 
diré, diremos; diria, diriamos. Esta última forma, que es la más moderna, es 
también antiquísima : (íLa missa nos dirá, esta será de Sancta Trinidadi^ {Poe- 
ma del Cid), ^Si yo al dixiese cierto diria mah (L. Ayala, Rim. 1150). 

La coexistencia de estas formas podría engendrar dudas respecto á su prio- 
ridad histórica, pero la Fonología las resuelve en el orden gradual con que las 
hemos presentado: deciré, *dezré, dizré, diré; deciria, *dezria, dizria, diria. La 
ley de la alternativa vocálica se observa rigurosamente en estos dos tiempos, 
bendeciré, maldeciría, conservando la e ante la i, j en dizré, empleando la i ante 
la e; mas en dizria, como hemos dicho, la i se explica por analogía, lo cual 
prueba la intimidad del grupo, que sacrifica su ley fonética en el segundo, por 
llevar la misma alteración en el radical qne el primero. Lo mismo pasa en diré 
y diria. También se encuentra hendirán {AntoL, III, pág. 154). 

En la Edad Media no se observó con todo rigor la ley de la alternativa 
fonética, resistiéndose la i etimológica en muchas formas en que aquella ley 
pedía una e; v. gr.: <LDipie entre si mismo. Dios tu serás laudadoy> (Berc, S. 
D., 221). dDifirt una cosa, ca téngola pensaday> (id., S. Mili., 117). ^LNonpodi 
mas dipir, ca vagar non aviay> (id., T¿\\\,, 608). La ley de la alternativa foné- 
tica, ó de equilibrio fonético, exigía decie, decirt(e)'he, depir. Berceo, en esta 
materia, resulta más arcaico que el Poema del Cid, Los gallegos tienen mucha 
asimilación, como pidir, dicir, dicire, 

Orupo cuarto, --PsíTñ explicar este cuarto grupo hay que tomar por punto 
de partida el perfecto latino. El castellano en este grupo ha conservado la i 
etimológica de la raíz, sin someterse á la ley de la alternativa fonética, y ade- 
más contiene el sufijo si, transformado en Je, ji, después de pasar por otros 
intermediarios. La persistencia de la i etimológica, y la no sujeción á la fd- 
ternativa vocálica, se explica porque todos los perfectos graves tienen tenden- 
cia á modificar la vocal del radical en i ó en u. La i de la raíz favorecía en 
este verbo aquella tendencia. El proceso fonético y morfológico sufrido por 
estos perfectos ha sido el siguiente: 

ILalin dixi, dixisti, díxit; diximus, dixistis, dixerant. 

^ . . í dixe, dixiste, dixo; diximos, díxistes, dixeron. 

Cast. arcaico. \ ^. ' . . / j. j. . ^. . ^. 

K disse, dissiste, disso; dissimos, dissistes, disseron. 

Casi, actual. • dije, dijiste, dijo; dijimos, dijisteis, dij^:t>n. 

Todas estas formas son históricas; las primeras son de todas las épocas del 
latín. Las segundas y terceras coexisten en la Edad Media; v. gr.: ^Dixo 
Rachel e Vidas-, dargelos de gradoy> (P, del Cid), <i.Dixeron todos: plaznos que 
venga a convientoy> (Berc, S. Mili., 87). icSennor, disso, farello de buena mienH 
(ibídem, 90). <s.Non lis dissisti grapias en tu espidimientos) (ibíd., 116). ^Dixéles 
yo, sennores por Dios que me oyadesj>. ^Cay a los tos piedes, dissite mi ardura:!^ 
(ídem, S. D., 239). «Fo dixe: so perdido, si Dios no me acorre:» (Fita, 981). 

C(Dixe yo a ella, 
Homillome Wla.» (Fita, 999.) 

ccDixo el rey.» (Albx., 293.) 

En este grupo de perfectos se nota una quinta forma, en la cual se revela 
claramente la influencia analógica en mayor grado, llevando los diptongos á 



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VBhBOS AISLADOS 187 

formas que no los reclamaban. Estas formas están en consonancia con la ma- 
nera que tienen de pronunciarlas en los pueblos; v. gr.í <x^El logar do eatido 
endsnon lo dixieroni^ (Berc, S. D., 71)* niSennor, dissieron, valnosy> (ídem, 
S. Mili., 325). <iAnte vos lo dixiemosi> (ibid., S. D., 92). 

f Latin dixeram, dixeramus; dixissem, dixissemas; dixoro, dixérimus. 

ojjDicioxAiES Ki I rdíxera, díxéramos; dixesse, dixéssemos; dixere, dixéremos. 

ra Y se Y FD- / CasL arcaico, i ,. ... ' . ,. , ,. a- . 

Ti-Ro DR scBj.. i ( dissera, disséramos; dissesse, disséssemos; dissere, disseremos. 

\ Cast. actual. . dijera, dijéramos; dijese, dijésemos; dijere, dijéremos, etc. 

Las demás formas de este grupo han pasado por los mismos trámites que 
el pretérito perfecto. 

Citaremos algún ejemplo en apovo de esta doctrina: (nAbacUch lo dixera en 
la su escripturay> (Berc, Loor 27Í). ^Todo ctianto dixieraera verdal protut- 
day> (Alex., 300,). (uSi yo al dixiesse cierto diría mal» (L, Ayala, Rim. 1150). 
El uso de la/ se encuentra en el siglo XVI; ésta acaba por imponerse á las 
demás. El tránsito de a: ó 5S enj se verificó según la ley veintisiete. 

FoBMAS NOMiKALBS. INF.: dccir. PAiT. PA8.: dicho. GBK.: diciendo. 

Las formas decir, dicho, diciendo están perfectamente ajustadas á la ley 
de la alternativa vocálica. El participio pasivo dicho se forma de diclo. La 
transformación se explica diciendo que al lado de la t se desarrolló una i, con 
lo que dicto se transformó en *dictio, *dicio, dicho. 

El participio de bendecir, bendecido, presenta en Berceo una gradación sor- 
prendente: benedicto, beneito, benito, y benedicto, bendicto, bendito y hasta ben- 
dicho; V. gr.: nEl preste benedicto» (Berc, S. D., 49). ^Beneita la grey» (ibi- 
dem, 125). mM varón beneyto^ (ibíd., 147). ^Bendicho sea rey» (ibíd., 214). 
iüEste abbad benito» (ibíd., 214). ^Bendicto él preste» (id., S. Mili., 179). 

Las formas dijera, dijeras, dijeran, dijéramos, etc. ; dijere, dijeres, dijera- 
mos, etc., no debían llevar el acento en la sílaba /le; el latín reclamaba dijera, 
dijeras, dijéramos-, la analogía lo reguló según la base de la tercera conju- 
gación. 

Algunos ejemplos más sobre bendecir y maldecir: ^E a ti todas las gentes — 
Bendiran» (Jorge Manrique, AntoL, III). ^Bendicha fu la madre que te 
pudo engendrar» (Alex , 213\ •Vendichctíu la madre que a Dios concebiste» 
(LÓPEZ Ayala, Rim. 733). <¡i:Los reyes te bendiran en dulces cantos» (G. de 
Castro, AntoL, III, 156). <cA ti solo bendiran por soberano» (id., 157). dAr- 
mó la maldita unagrant trauesura» (Albx., 635). 

Bendecir y maldecir tienen dos participios, bendecido y bendito, maldecido y 
maldito. Son compuestos de decir, además de bendecir y maldecir, contradecir, 
desdecir y predecir. 

Conducir y demás compuestos del latino ducere. — Este verbo, lo 
mismo que aducir, deducir, inducir, introducir, producir, reducir, seducir, es 
compuesto del latino ducere, que no ha pasado al castellano. Todos se refieren 
á la raíz duc, que significa guiar. En latín eran todos de la tercera conjuga- 
ción, por llevar el sufijo e breve; la analogía los llevó en el latín vulgar á los 
temas en i, y en su consecuencia pertenecen á la tercera conjugación caste- 
llana. En lugar de un verbo completo presentaremos el elemento que es co- 



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188 MORFOLOGÍA DEL VBRBO 

mún á todos ellos, representando por nn guión la preposición que entra en su 
composición; así, en fugar de con-ducir^ de-ducir, pondremos sólo -dudr, y lo 
mismo haremos en las demás formas. El radical en estos verbos, además de 
la preposición con^ de, in, intro, pro, re, se, es la raíz duc, j el tema verbal 
áuei, 

¡PIES. DE iirDic. . . -diuco, -duces, -duce; -ducimos, -ducís, -ducen. 
iMPBBATiTO -duce (tú), -ducid (vosotros). 

PSES. DE SDBJ. . . . -duzca, -duzcas, -duzca; -duzcamos, -dascáis, -dozcan. 

Las diferencias que presenta este primer grupo respecto al radical duc y 
tema verbal duci consisten en la z ante las silabas guturales co, ca, lo cual 
sucede en siete formas, segün acontece con todos los verbos de la clase de los 
incoativos. Estas formas están ya explicadas en aquella clase; por tanto, no 
nos detenemos aquí más. 



Grupo 2.° PSET. iHPEBF. . . . -ducía, -ducías, -dudamos, etc., etc 
Grupo 3.*| 

Estos dos grupos son completamente regulares. 



FüTüio ABSOLUTO. . -ducifé, -ducirás, -dttciremos, etc., etOk 
FUTDBO coifDic. . . -ducíría, -ducirías, -duciríamos, etc., etc. 



, ( Lat. . dúxi, duxistí, diíxit; dúximus, duxlstis, duxerunt. 

f PBET. PEBF. \ . 

' \ Cast.. -duje, -dajiste, -dujo; -dujimos, -dujisteis, -dujeron. 

Or tj 4 • j ^^"^^^^^ "^ í ^^' • dúxeram, dúxeras, duxeramus; duislsem, duxisses, duxissemus. 

' \ ra ¥ se. i Cast.. -dujera, -dujeras, -dujéramos; -dujese, -dujeses, -dujésemos, etc. 

' FüTüBO DRr£a(. . dóxero, dúxeris, duxénmus, duxéritís, etc. 
SUBJUNTIVO. I Ca»í.. -dujere, -dujeres, -dujéremos, -dujereis, etc. 

Para explicar los tiempos de este grupo hay que recurrir al perfecto latino. 
La explicación de todas estas formas es la misma que la que hemos dado 
para los perfectos del verbo decir. La conservación de la u sin alteración en 
estos perfectos graves es debida á su naturaleza; pues como advertimos en el 
verbo decir, la tendencia de todos los perfectos graves es á convertir la vocal 
del radical en una de las dos extremas semivocales i, u. 

FoBHAS NOMiMALBS. INF.: -ducir. PáBT. FAS.: -ducido. CEB.: -dudendo. 

Verbo traer y sus compuestos. — Este verbo es continuador del latino 
trahere, que significa llevar arrastrando. Se refiere á la raíz trah, metátesis 
de targh, que en general contiene la misma significación de llevar arras- 
trando; cf. trac ción y a-trac-ción. 

El verbo trahere pertenecía á la tercera conjugación latina, por llevar el 
sufijo formativo e breve; el latín vulgar lo trasladó á la segunda, y en ella 
continúa en castellano. Su radical actual es tra, su tema verbal trae. Veamos 
las múltiples transformaciones que este verbo ha sufrido hasta fijarse en el 
actual. Los cambios que ha experimentado se hallan admirablemente com- 
probados por la historia de nuestra lengua. 

í pRRS. DE INDIO. . . . traigo, traes, trae; traemos, traéis, traen. 

Grupo l.<* \ iMPRHATivo trae (tú), traed (vosotros). 

V FIES. D8 SUN traiga, traigas, traiga: traigamos, traigáis, traigan. 



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VERBOS AISLADOS 189 

¿Ouál es el proceso fonético seguido por estas formas para llegar desde los 
latinos traho^ trahes, traham á los actuales traigo, traes, traiga, etc., etc.? 
Por los testimonios abundantes que nos han quedado de ellas, parece fuera de 
toda duda que en el castellano arcaico se siguieron dos caminos diferentes, 
pudiendo, no obstante, por uno y otro, y de conformidad con nuestras leyes 
fonéticas, llegarse á las actuales sin violencia alguna. El primer procedimiento 
es el genuinamente castellano; el segundo lo atribuyo á influencias gallegas y 
portuguesas. El primer proceso debió ser el siguiente: 

1.° Latín traho, trahis, trahit; trahímus, trahitís, trahunt. 

2.0 Cast. arcaico., traho, Irahes, trabe; trabemos, trahedes, traben. 

P«HS. DK iifDic. (5° — — . . trao, traes, trae; traemos, traheies, traen. 

4.® — — . . trayo, trayes, traye; trayemos, trayedes, trayen. 

5.** — actual. . traigo, traes, trae; traemos, traéis, traen. 

1.0 Latín. trabe; trabite. 

2.<* Cast. arcaico. . trabe (tú), trabed (vosotros). 

Impmativo. . . <^ 5.* — — . . trae (tú), traed (vosotros). 

4.** — — . , traye (tú), trayed (vosotros). 

5.0 — actual. . trae (tú), traed (vosotros). 

1.0 Latín trabam, trabas, trabat; trabamus, trabatis, trabant. 

2.0 Cast. arcaico., traba, trabas, traba; trabamos, trabades, traban. 

Pies, de subj. . ( 3.o — — . . traa, traas, traa; traamos, traáis, traan. 

4.0 — — . . traya, trayas, traya; trayamos,, trayades, trayan. 

5.0 — actual. . traiga, traigas, traiga; traigamos, traigáis, traigan (*). 

Pruebas históricas de todas estas formas, — Las del latín son de todas las 
épocas. 

Del núm. 2.'' ^Ellos vienen cuesta yuso e todos trahen calpasj> (F, del 
Cid). (íAuegaluon con sus fuerzas que trahen (ibíd.). ^Trahen 'para la cibdat 
llenas grandes carretasi^ (Albx., 1835). 

«:CobdÍ9Ías desordenadas 
Trahen perdidas dobladas.» 

(Tract. de la Doctrina.) 

Del núm. B.® De las formas del núm. 3.^ encontramos las que actualmente 
poseemos, traes, traen, traemos, traen. De trao, traa no he hallado ejemplos; 
pero las formas trayo, traya del núm. 4.** las suponen forzosamente: (íEn las 
manos langas que pendones traem {P. del Cid). (íTraes mala cubierta so el es- 
capulario)) (Beeo., Mili., 205). <íVeo que traedes muy grant akvosiai^ (ibí- 
dem, 205). 
Del núm. 4.^ 

ccBien lo vedes que yo non trayo auer.» 

(P. del Cid.) 

(icEsta mi danca traye de presente 
Estas dos doncellas que vedes fermosas.» 

(Danza de la Muerte.) 

«Lo que deyir vos quiero que non lo retrayade8.y> 

(Bebc, S. D. 228.) 
«A Lisbona la enbiado 
Que le trayan sus tesoros.» 

(Poema de Alfonso Onceno, 1224.) 

(*) Prescindimos de la ortografía, que en la Edad Media era y. 



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190 

Del Dúm. 5. 



MORFOLOGÍA DEL VEKBO 



Las formas traigo, traiga del núm. d.** son ]as más modernas. 
La primera vez que las he encontrado ha sido en la Dartza de la Muerte^ poe- 
ma que el Sr. Menéndez Pelayo coloca á fines del siglo xiv ó principios 
del XV {AntoL, III, pág. cxxxvii): 

«Venid camarero, desid a mi page 
Que traiga el cauallo que quiero luyr.» 

Estas formas, que tienen la misma explicación que caigo, caiga, son muy 
generales ya en el siglo xv, y unidas á las del núm. 8.**, que llevan e, fueron 
las que con ellas prevalecieron, fijándose con esto las actuales traigo, traes, 
traiga, etc., etc. 

Él segundo procedimiento, que yo atribuyo á influencias portuguesas ó ga- 
llegas, y que lo mismo que el anterior puede conducirnos á las actuales for- 
mas, es el siguiente: 

ÍLatin traho. 

Portugués. . . trago. 

Cast. arcaico, trago. 

Cast. actual. . traigo. 

/ 1.^ Latín trahain, trabas, trahat; trahaiuus, trahatis, trahaat. 

1 2.^ Portugués. . . traga, tragas, traga; tragamos, tragáis, tragSo. 

* J 3.® Cast. arcaico, traga, tragas, traga; tragamos, tragades, tragan. 

V 4.^ Casi, actual. , traiga, traigas, traiga; traigamos, traigáis, traigan. 

Pruebas históricas. — Las formas del latín son de todas las épocas. Las 
del núm. 2.° son las portuguesas para la primera persona del singular del 
presente de indicativo y para el presente de subjuntivo. Del núm. 3.** se en- 
cuentran bastantes en Fray Lorenzo de Segura de Astorga y alguna en el 
Fuero Juzgo. 

Esta circunstancia nos hace sospechar que el dialecto leonés fué el inter- 
mediario por el cuál penetraron estas formas de procedencia gallega ó por- 
tuguesa. 

Esta lengua tiene también su infinitivo arcaico trager; véanse algunos 
ejemplos: aMester trago fermoso, non es de ioglaria)) (Albx., 20). uSennor, 
recabdo trago, páranla verdadera)) (ibíd., 2032}. nEs mester, amigos, que tra- 
gamos las manos)) (ibíd., 1146). ^Deuemosla guardar en tal manera que non 

seamos tales nen tragamos enganoy> {Fuero Juzgo, Prol., Ley IX). Los 

ejemplos citados son de las formas correspondientes á traigo y traiga; el por- 
tugués, para las otras formas del presente de indicativo, no emplea la^, sino z; 
V. gr.: irazes = traes, traz = trae; infinitivo trazer = traher (are. trager) {}). 

Las actuales formas traigo, traiga, ¿están calcadas sobre la base trago, traga 
ó sobre trago, traga? Yo soy de opinión que sobre las primeras, lo mismo que 
caigo, caiga sobre cago, caga, y raigo, raiga sobre rayo, raga, y roigo, rotga 
sgbre ropo, roya. 

Grupo 2.® PBET¿EiTO iMPEBFECTO. traía, traías, traía; traíamos, traíais, traían. 

Al lado de las actuales encuéntranse formas con h en la Edad Media: 
^Trahian estas tres vírgenes una noble lechigas (Bbro., Sta. Oria,^ 126). 

(^) Véase Díbz, Gram.^ II, 180. 



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YERBOS AISLADOS 191 

<íTrahian en todas cosas todas tres igualdati> (ibíd,). mCa siempre la lengiui la 
traía todavía» {S. Ildefonso). 

Grupo 3,^ FUTUBOS. traeré, traerás, traeremos; traería, traerías, traeríamos; etc., etc. 

Algnna que otra vez se hallan también las formas con h: 

«Non traheria lo que porta 
Nin levaría tanto cargo.» 

(RabbiD. S. TOB.,49.) 



PK£TéuTO PBBFECTO. . traje, trajiste, trajo; trajimos, trajisteis, trajeron. 
Grupo 4.^ J coNDic. EN ra Y 86 ^ 

y FUT. BE SUBJ. . 



> trajera, trajéramos; trajese, trajésemos; trajere, trajéremos; etc., ete» 



Según la ley constante que han seguido los perfectos graves, de cambiar la 
vocal de su radical en una de las débiles », u, debiéramos esperar que de la 
raíz trah resultara truje, pasando por el intermediario troje, lo mismo que pía- 
cuit dio plogo, plugo; sapm, sopo, supo, etc. Efectivamente, la forma truje, 
trujo j trujieron, trujiera, etc., se encuentra en el castellano j)opular muy en 
uso. Lo mismo sucedió en la Edad Medía, llegando hasta el siglo XVii inclu- 
sive en la moderna: <íAI que lo trujere consigo no le pueden hacer ningún gé- 
nero de encantamienijo%y> {Quij,, 1.% XVIÍI). La Edad Media nos ha conser- 
vado fielmente la forma intermediaria trow. En aquella época hallamos la 
forma actual y las otras dos, de las cuales trujo se conserva, como hemos di- 
cho, en el lenguaje popular. En la Edad Media se mantiene la x, á la cual 
ha sustituido la/ en la moderna. 

Ejemplos: l.^ (íTroxote mensag divino, y> (Fita, 510.) 

«Por aquestas manos lo troxiste » (L. Ayala, Rim. 636.) 

(íTroícUte .... 
En tu seno virginal 
Al padre celestial.^!) (Villasand., AntoL, I.) 

2.« «En lugar de los seys mas de treynta tnixeroti.7) 

(P. Fern. González, 583.) 

«¿Qué fué de tanto galán/ 
¿Qué fué de tanta invención 
Como truxeronhy ( J. Manrique, Ant., III.) 

3.® «Poco á poco las traxistes 

En manos del parricida.» (bANTiLL., Bias.) 

üTraxéronlo á Napol.» (Cabvaj , Ant., II.) 

Encuéntrase también trayó^ trayeron y tragieron; este último como si estu- 
viera formado sobre la base trager (portuguesa antigua). La tendencia á decir 
trqjieron se conserva en el lenguaje popular: 

«¿Qué trayó 
Aquel que las colocó 
En las mentes humanales?» (Santill, Bias.) 



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192 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

«Trayeron en sangre la su camisa clara.» 

(P. Fern. González, 213.) 

dEasta {\ne á su misma casa la tragieron » 

(Bebc, St. Or , 99.) 

lias formas actuales traje^ trajera, etc., sod las menos alteradas respecto á 
las latinas iraxi, traxistiy iraxeram^ iraxissem, traxevo^ etc. La segunda y ter- 
cera, troxo j truxo, trujo, cumplen admirablemente la ley de los perfectos gra- 
ves, y las demás, como trayó, tragieron, muestran la tendencia á formar estos 
pretéritos según la base regular de los perfectos regulares de la tercera conju- 
gación con toda la influencia analógica. Aquella pluralidad de formas ha que- 
(kdo simplificada por las actuales, de pronunciación bastante áspera y des- 
agradable. 

Hubo también en la Edad Media una forma, irasqtte, frasco, trasquiemos, 
trasquiesen, con la misma significación de traer, la cual parece una metátesis 
de traw = trac-so = irasco, 

(íComenzó de traherla.i (Bebo , S Or., 140.) 

<í8i pudiera los tv4 siervos traer 
Presos e á mal traer. y> (L. Ayala, Rim 364.) 

(íDd hun ermitanyo santo oyemos retrayer,^ (Apol., 55.) 

1.0 Latín trahere. 

2.® Cast, arcaico., traher. 

FoBMAS MOMiifALES.— Infinitivo. (3.° — — . . traen. 

4.** — — . . trayer. 

5.0 — aclval. . traer. 

Past. pas. Lat. tracto. Cast. traído; formado por analogía de los temas en i ó de la tercera conjugación. 
Gkburoio. Lat. trahendo. Cast. trayendo; formado igualmente por analogía. 

El gallego tiene el gerundio iraendo, más próximo al latín. En el castellano 
arcaico no es raro encontrar formas sin la y, como caendo, cremdo. 

En el estudio de los verbos irregulares aislados, á fin de darles alguna uni- 
dad, tomamos por principio el ^rado de influencia analógica que los perfec- 
tos de la tercera conjugación ejercieron sobre ellos. 

Ha podido notarse que, aunque no en el mismo orden, muchos de los mis- 
mos verbos experimentan cambios fonéticos interesantes é idénticos, que per- 
miten agruparlos bajo otro punto de vista, lo cual vamos á hacer brevemente, 
presentándolos en tres cuadros: 

1.® Este primer cuadro comprende todos aquellos verbos irregulares aisla* 
dos que llevan la gutural explosiva suave g ante las vocales o, a en el primer 
grupo de tiempos, ó sea en el de los presentes. Estos verbos son los si- 
guientes: 



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VERBOS AISLADOS 



193 



PRESENTE DE INDICATIVO 

LATÍN CASTELLANO 



fació *faco, 

laceo •iaco, 

erigo ergo, 

dico dico, 

tenca. •teño, 

venio veno, 

pono pono, 

valco valo, 

salió «salo, 

¿asuo? aso, 

cado . cayo, 

audio oyó, 

rado rayo, 

rodo royo, 

tollo tolo, 

traho, trao trayo. 



fago, 

yago, 
yergo. 

digo, 
tengo, 
vengo, 
pongo, 
valgo. 

salgo. 

asgo, 
caigo. 

oigo, 
raigo, 
roigo. 

tolgo (are), 
traigo. 



hago, 
yazgo. 



PRESENTE DE SUBJUNTIVO 

LATÍN CASTELLANO 



lacias «íacas, fagas, 

iaceas *iaca8, yagas, 

erigas ergas, yergas. 

dicas dicas, digas. 

tensas ♦tenas, tengas. 

venias venas, vengas. 

ponas ponas, pongas. 

valeas valas, valgas. 

salías *salas, salgas. 

¿asnas? asas, asgas. 

cadas cayas, caigas. 

audias. oyas, oigas. 

radas rayas, raigas. 

rodas royas, roigas. 

tollas tolas, tolgas (are), 

trabas, traas.. . . trayas, traigas. 



hagas, 
yaigas. 



En los verbos latinos se observará la ausencia de la gutural suave g. ¿De 
dónde proviene este sonido? En los verbos /¿r^o y hago; yago, yazgo, j ergo, 
yergo j dico, que proceden de verbos cuyas i-adicales son guturales, en éstos 
la g es orgánica, es el resultado de la conversión de la fuerte c = A; en la co- 
rrespondiente suaVe g. En ergo, yergo ni aun se ha verificado semejante cam- 
bio. T>Q8Íe valgo hasta traigo, ambos inclusive, la g, se sabe por la historia, 
según lo dejamos demostrado, que es relativamente moderna, no siendo en 
general anterior al siplo xiv; por consiguiente, su existencia tiene que ser de- 
bida á la atracción que sobre dichos verbos han ejercido otros que llevaban 
desde mucho más antiguo aquel sonido, tales como pongo, vengo y tengo, los 
cuales ostentan ya dicha g desde los primeros tiempos de nuestro idioma. ¿Y 
éstos de dónde la recibieron? ¿Fueron acaso anteriormente formas en co, tales 
como *jp07iico, *tenico, * venteo, que á la manera de conmunico, vbtdico, indico, 
coloco, dieron por sincopa de la i ponco, pongo; temo, tengo; venco, vengo, igual- 
mente que aquellos otros dieron comungo y comulgo {}), vengo, yudgo, juzgo, 
cttelgo? Si no son asi, hay que reconocer que son formaciones analógicas por 
la atracción de verbos de esta naturaleza, de algunos que llevaban el sonido 
gutural ante estas vocales. 

Llama la atención que la g no haya pasado á las formas que llevan e ó i, 
diciéndose valges, ponges; en tal caso, el sonido se habría sacrificado á la or- 
tografía, pues estas formas no llevarían el sonido suave, sino el aspirado. Esto 
parece probar la tendencia de nuestro idioma á suavizar la pronunciación. 
Los sonidos n, I, r ante dichas vocales o, a, propenden en nuestro idioma á 
la atracción de dicha gutural, y hasta en las formas incoativas se nota esta 
tendencia. 

Asi, hay propensión á decir espontáneamente haiga, vaiga, reigo, suelgo, 
conozgo, pertenezga, lo mismo que se dijo y se dice mayorazgo de maioratico, 

(*) En el Fuero Juzgo son muy (recuentes las formas eomungar, comungue, descomungar, descoman- 
gado, de donde proceden comulgar, díscomulgar, excomulgar; así como judgar por judicar, de donde 
proviene después juzgar. 



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194 



MORFOLOGÍA DEL YERBO 



portazga de portáfico, fttzgo de indiewn, E^ extraüo qne el aufcor de la Gra- 
mática de las Lenguas Romanas ^ W. Meyer Lübke, diga que en Bogotá se ha 
desarrollado más la ^ de que dos ocupamos aue en España, citando como 
casos especiales á creiga, reiga, aiga, l^a. Si el célebre autor se dignara vi- 
sitar nuestras provincias, estudiando el castellano más de cerca ae lo que 
lo ha hecho, y menos por referencias, encontraría que no tenemos que ir á 
Bogotá en busca de raigas, y reigas, y haigas, suelgas, mueJgo, duelgo y otras 
muchas. Lo más probable será que de España hayan pasado á Bogotá aque- 
llas locuciones, como pasó la civilización y el idioma. 

Kesultado, que boy no tenemos pruebas directas para asegurar de dónde 
procede la g de tengo y vengo^ que son consideradas como tipos. 

2.** El segundo cuadro comprende los verbos irregulares aislados que en el 
grupo de los futuros han perdido por síncopa el suñjo formativo, introducien- 
do una gutural todos aquellos cuyas consonantes producían sonido áspero y 
difícil de articular después de la síncopa; estos verbos son los siguientes: 



FUTURO ABSOLUTO 




FUTURO CONDICIONADO 


caberé, 


cab-ré. 






cabe-ria. 


cab-ría. 




saberé, 


sab-ré. 






sabe^rfa. 


sab-ría. 




haberé, 


hab-ré. 






habe-ria, 


hab-ría. 




poderé. 


pod-ré. 






pode-ría, 


pod-ría. 




quereré, 


quer-ré. 






quere-ria, 


quer-ría. 




▼aleré, 


val-ré, 


val-d-ré. 


vale-ría, 


val-ría, 


val-d-ría. 


saliré, 


sal-rd, 


sal-d-ré. 


sali-ría, 


sal-ría. 


sal-d-ría. 


teneré, 


ten-ré, 


ten-d-ré. 


tene-ría, 


ten-ría. 


ten-d-ría. 


poneré, 


pon-ré, 


pon- 


d-ré. 


pone-ría, 


pon-ría, 


pon-d-ría. 


veniré. 


ven-ré, 


ven-d-ré. 


veni-ría, 


ven-ría, 


ven-d-ría. 


haceré, 


hai-ré, 


ha- 


~ré. 


hace-ría, 


haz-ría. 


ha— ría. 


deciré, 


diz-ré; 


di- 


—ré. 


deci-ría, 


diz-ría, 


di — ría. 



Todos estos verbos han perdido la « ó la «, sufijos formativos, por síncopa, 
y su pérdida se debe á la acción del acento y á los sonidos circundantes. Los 
cinco primeros, esto es, desde cabré hasta querré, no han tenido que introda- 
cir consonante epentética, porque los sonidos bre y dre se articulan bien y 
son de fácil y agradable pronunciación. Querré es el único que ha quedado 
con su natural aspereza. Los siguientes, después de la síncopa, quedaban con- 
vertidos en formas difíciles de pronunciar y cacofónicas. En el periodo de 
perfeccionamiento fonético se indrodujo, para suavizar dicha pronunciación, 
la dental suave d, y con eso desaparecieron aquellos defectos. Hazré y dizré 
tuvieron (jue apelar á nuevos desgastes, porque la inserción de la d formando 
hazdré, dizdré, lejos de mejorar, hubiera dificultado más la pronunciación. 
Los cambios de estos futuros se conoce claramente que obedecen á la eufonía, 
á perfeccionar la parte fonética, suavizándola y haciéndola grata al oído. 

8.^ El tercer cuadro comprende los verbos irregulares aislados que en el 
cuarto grupo, ó grupo de los perfectos, tienen los pretéritos perfectos graves, 
y al mismo tiempo transforman la vocal del radical en una de las semivocales 
ó débiles t, u, cuando dicho radical no lleva i ó u. Estos verbos son los si- 
guientes: 



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VERBOS AISLADOS 



195 



PRETÉRITO PERFECTO 



LATÍN 



F0SHA9 
SUPUESTAS 



POSTUGUéS 



CAST. ABCAICO 



caputt . 
sapuít. . 
placuit . 
habuit.. 
posit. . 
tenuit. . 
stetit. . 
*andedit. 
traxit. . 
quesit. . 
venit. . 
dixit.. . 
duxit. . 



*caupe . . 
*saupe. . 
*plaugue. 
*haube. . 
pose. . . 



coube copo , 

soube sopo , 

proague. . . . plogo 

houve hobo 

poz(e) poso , 

*teue teve. tovo , 

*estete estede y esteve.. estodo y estovo. . 

^andede. ... (*) andodo y andudo. 

*trauxe. . . . trouxe troxo 

*quese quiz(e) quiso 

*vene veio veno , 

*dixe dize dixo , 

*duxe dusse ...... duxo , 



CAST. ACTUAL 

cupo. 

supo. 

plugo. 

hubo. 

puso. 

tuvo. 

estudo y estuvo. 

andovo y anduvo. 

truxo y trujo (are). 

quiso. 

vino. 

dijo. 

condujo. 



La o final de todos estos perfectos es indudable que reconoce por interme- 
diaria la e\ QÍ.fu'é = fuit La transformación de la t átona en e es el resultado 
de la aplicación de la ley fonética veintidós. La transformación de la e en ^ 
es fenómeno bastante extendido. En estos perfectos influyó ein duda además 
la o final de todos los otros verbos. Todas estas alternativas pasaron ¿ los cua- 
tro tiempos del grupo. 

Es muy curioso el fenómeno que ofrecen estos verbos, siguiendo simétrica- 
mente unas mismas transformaciones los que en su origen tenían en la raíz 
una a. Aquellos que originariamente llevaban en la raíz una e han seguido 
dos procedimientos: unos transformándola constantemente en i^ otros eonvir- 
tiéndela primero en o para acabar por fijarla en w. 

Los que en su raíz llevaban alguna de las dos vocales extremas % u, en la^ 
cuales i banse transformando los demás, quedaron inalterables. 

Los verbos irregulares castellanos ofrecen un estudio muy intei^sante; pre- 
sentan series de fenómenos cuya causa, tal vez esencialmeate musical, desco- 
nocemos por completo. Yo admito que la o de los perfectos gravea castellaooa 
en la tercera persona del singular proviene de la i final átona, pasando por la 
e intermediaria, conservada en el pretérito /«á =fuity en sug correspondien- 
tes portugueses, y exigida por la ley fonética veintidós. Yéase en confircaa- 
ción los siguientes ejemplos: 

(O £sta forma no se halla en el portugués. Compárese la e portuguesa con el küit y el castellana, y s« verá 
que el proceso fonético del castellano ha sido: i-e-o. La i, por el latín; la e, por Li ley veintidós, y la o, la ac- 
tual y de la Edad Media. 



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196 



UOBFOLOGÍA DEL YBBBO 
PRETÉRITO PERFECTO, 3.* PERSONA DEL SINGULAR 



LATÍN 



P0ITUGU¿8 



CAST. AlCAICO CA8T. ACTDAL 



tennit teve toro. . . 

habuit houve hobo. . 

sedit seve soto. 

credit •crcde crovo. 

stetit estcde y e leve, estovo, . 

*andedit .... ¿andede?. . . . andovo.. 

capuit coube copo.. • 

sapuit soube sopo.. . 

placuit prougue. . . . plogo. . 

traxit trouxe troxo. . 

potnit, potit. . pode podo.. . 

dixit disse díxo. . . 

aduxit adusse aduxo. . 



tubo, 
hnbo. 



estuvo. 

anduvo. 

cupo. 

supo. 

plugo. 

trujo. 

pudo. 

dijo. 

adujo. 



CAPITULO III 



VERBOS COMPLEMENTARIOS 



Yo llamo verbos complementarios á aquellos que forman sus tiempos con 
temas procedentes de dos ó más raíces, á diferencia de los demás, que los cons- 
tituyen entrando una eola raíz por base de su estructura. Estos verbos son 
dos en castellano: ser é ir. 

Verbo ser. — Sin género de duda, es todavía mayor la importancia del 
verbo ser que la del verbo Mher. El verbo ser tiene una importancia capital 
metafísica, lógica y gramatical, que le hace colocarse en una esfera superior 
y diferente de todos los demás verbos. Metafísicamente, este verbo representa 
la noción más general, trascendental y abstracta; nada se concibe, ni material 
ni espiritual, ni creado ni increado, ni sustancial ni accidental, que no caiga 
dentro de la extensión universalísima, ilimitada y sin restricción de este con- 
cepto. Lógicamente, él solo forma clase aparte y enfrente de todos los demás 
verbos. Las proposiciones formadas con este verbo, haciendo de cópula, ten- 
drán siempre una univei*salidad á que no podrán alcanzar los verbos afribu- 
Utos. El es el único que puede servir de cópula expresa entre los términos del 
juicio, y la razón es muy sencilla. Entre los dos términos de una relación, 
cual es el juicio, ha de haber algo de común á los términos relacionados; sin 
este concepto común no hay unión posible, porque falta el vínculo que ha de 
ligarlos. El verbo ser, por el hecho de representar el concepto más universal, 
como es el concepto de ser, lleva consigo una noción que es común á la sus- 
tancia, que hace de sujeto, y á la cualidad, que es el atributo ó predicado, 
y este concepto común que lleva á los dos términos del juicio lo constituye 
en cópula ó lazo de unión entre dichos términos, que forman la materia de 
aquella operación mental. 

Gramaticalmente, el verbo ser tiene su vida independiente; pero además 
sirve, según hemos dicho, de cópula expresa en todas las proposiciones cuyo 
atributo no es verbal. 



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VERBOS COMPLEMENTARIOS 197 

El verbo ser entró en tiempos remotísimos á formar los pretéritos imper- 
fectos de indicativo y subjuntivo en la lengua latina, el futuro imperfecto 
de indicativo de ciertos verbos y los tiempos perfectos en una ú otra forma. 
Con él se formaba la mitad de la pasiva en latín, y con él la formamos 
nosotros toda entera. En la Edad Media, en nuestra lengua, lo mismo que 
hoy sucede en el italiano y en el francés, entraba á formar la voz activa pe- 
rifrástica con muchos verbos intransitivos; en este punto, el verbo ser ha sido 
reemplazado por haher entre nosotros. 

Constitución del verlo ser, — Este verbo, en castellano, se halla formado por 
tres raíces diferentes, que son ««, fu y sed. Es ^fu entraban en la constitu- 
ción del verbo sustantivo latino; sed en el verbo sedere, el cual en el latín 
vulgar tomó la significación abstracta del sustantivo al lado de la de perma- 
nencia, estar situado, estar sentado, que tenía en el latín clásico. No debe sor- 
prendernos el que dicho verbo sedere haya cambiado de significación; también 
cambió hahere, y comparare y pactare, y otros muchos; son hechos que ocu- 
rren en la vida de las lenguas, y al gramático no le queda más recurso que ad- 
mitirlos como son ó han sido. Negar que el verbo latino sedere entró á formar 
algunos tiempos de nuestro verbo sustantivo es cerrar los ojos á la luz, es re- 
chazar sistemáticamente las verdades más ciertas y evidentes. En el estudio 
de este verbo creemos conveniente, aunque sea invirtiendo el método hasta 
aquí seguido, empezar por lo más fácil, para terminar en lo más complicado 
y difícil. 

Raizfu. — Con esta raíz/w se formaban en latín los tiempos perfectos del 
verbo sustantivo y con la significación de ser. De ella estaba formado el par- 
ticipio futurus, del cual se conserva en castellano el adjetivo futuro, que tam- 
bién es sustantivo. De esta raíz, según los modernos lingüistas, procede tam- 
bién el sufijo temporal ha de los imperfectos de indicativo. En latín existían 
ciertos arcaísmos de la misma raíz, signos evidentes de haber sido usada en 
algún tiempo en mayor extensión que la que tenía en los tiempos clásicos; 
todos ellos han desaparecido en su tránsito al castellano. Esta raiz/t^, latino- 
castellana, tiene su correspondencia en el griego «ftS-w, en el umbro fu-ia y en 
la lengua sánscrita. En latín se completaban con ella los tiempos que falta- 
ban á la raíz es, y en sánscrito sucedía lo propio con as y hhu = (es y fu), 
completándose recíprocamente y con la misma significación de ser. En caste- 
llano,. sobre la base de la raíz/w no se forman otros tiempos que los cuatro 
del grupo de los perfectos. 



Lat.. fu-i, fu-istí, fu-¡t; Tu-imus, fu-istis, fu-erunt. 
i • • •• ) (^^(fgf^ fy_{^ fu-iste, fu-é; fii-¡mof«, fu-ísteis, fu-eroii. 

40 ' CONt 



...|i 



Qj.,jpQ 40 / CONDICIONAL EN ra. fuera, fueras, fuera; fuéramos, fuerais, fueran. 
J CONDICIONAL RN se. fuese, fueses, fuese; ^fuésemos, fueseis, fuesen. 
\ KiirRO DE suw. . . fuere, fueres, fuere; fuéremos, fuereis, fueren. 



De los cuatro tiempos de este grupo, los tres últimos siguen la ley general de 
la acentuación, lo mismo que los verbos de perfecto grave, como dijera, condu- 
jese, traje^'e; porque /w¿ras, castellano, es á fueras, latino, lo mismo que dijeras 
es á dixeras y fuésemos es á fuissémos, lo que trajésemos á traxiesemus. Son 
continuadores bastante fieles, al menos en la estructura, de los correspondien- 
tes latinos. 

Kespecto del pretérito perfecto necesitamos hacer algunas observaciones 
más, y por eso hemos establecido con él la comparación. Según la ley de los 

MORFOLOGÍA DEL VERBO^— 16 



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198 MORFOLOGÍA DEL VBBBO 

perfectos graves, debiéramos esperar qne el pretérito perfecto faera en las per- 
sonas primera y tercera del singular fm y fúo, contra las actuales fui y fuÁ^ 
y efectivamente, la historia de la lengua nos ha conservado estas formas al 
lado de las actuales: tEnnas nenas del mar fue yo criadas (Albx., 357>. 
uMesquino, diz, fue = (fui) en duro punió nadoy> (ibíd., 1025). 

La form^L fuo se eucuentra* sincopada, ó sea con pérdida de la ti =^, de 
la misma manera que en lugar de luo, suo decíase con tanta frecuencia to, so: 
tiFizo elincUn luego, la bendipionfo dada^ (Bero., S. D., 98). «^/ maestro fb 
bueno, e nudrió buen enadoi> (ibíd., 59). Esta contracción se extendió á otras 
formas del mismo grupo: ^Mandáronle que fose prender essa valíais (ibíd., 97). 
Encuén transe /(Wím, fustes, fuemos,fumos, Pero* al lado de todas estas formas, 
que han caído en desuso, hallábanse las actuales: <lEI que fui, commo dicen, el 
jprimer ermitannoy> (Berc, S. D., 56). Las formas /t^ y /(? de la primera y 
tercera persona respectivamente las considero yo posteriores á las actuales 
fui jfué. La primera es la misma forma latina, con el cambio del acento, de- 
bido á la ley de diptongo; la tercera, /w¿, es intermediaria de fuit y ytw =/o, 
lo mismo que iovo v tuvo deben mirarse como menos acaicas que f£ve, portu- 
guesa. Las demás lormsíñ, fuste, furon, fumos, son tal vez influencias dialec* 
tales. Las formas fui jfué agudas son efecto de la influencia analógica de la 
tercera conjugación. 

Raiz es. — Esta raíz es la misma que se encuentra en el griego ia-^tl, en el 
sánscrito as-ti, en el alemán is4 en el latín es tj en el castellano es ("). Pro- 
cedentes de esta raíz son en castellano también las palabras esencia, presencia 
y ausencia. En latín tenia esta raíz más extensión que en el verbo castellano. 
Con ella se formaban todos los tiempos imperfectos, mientras Iciue en nuestra 
lengua ha quedado reducida á dos tiempos, al pretérito impenecto de indi- 
cativo, ó sea al 2.** grupo, y al presente de indicativo, y no en su totalidad. 

Grupo 2.°. P«liT. IMPKIF. i ^ ' , 

\ Cast. . era, eras, era; éramos, erais, eran. 

La r de la raiz er es modificación de la s etimológica, la cual se transformó 
entre dos vocales ya en el dominio latino; de modo que era está por es -a, 

^ ^ . íLat.. . sum, es, est; sumus, eslia, suut 

Grupo 1." PIBSKNTK DB INDICATIVO, < ^ - 

'^ i Cast. . soy, eres, eí«; somos, sois, son. 

En este tiempo hay dos formas, eres y es, que indudablemente son proceden- 
tes de la raíz es. La forma eres se hace difícil de explicar, porcjue no puede con- 
siderarse como continuación de la latina es; habría que admitir para esto qne 
se había formado antes un eses 6 esis, y de esto no existen datos. Federico 
Diez, fundándose en que en el castellano antiguo se usaba alguna vez el im- 
perfecto eras en sentiao de presente, admite como posible que eres sea una 
modificación de eréis. El mismo cita á Delius, que la hace derivar del ftitoro 
eris (^). Esta misma opinión sigue W. Meyep Lübke (•). Por más que se nos 
haga muy violento el tener que admitir cómo un futuro, que ha desapareeido, 

(*) Para las raíces en y fu, cf. Vanicrk, Etym. Wort.; Rikal. Dict. Ktpm. Lat.. y V. Hkrit, P»^éri«49 
Gmm, Comp, 

(S) Diis. Gram,, 11. 158. 

(') Gram, de$ Lang, Rom., 11, pág. 266. 



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YERBOS COMPLEMENTARIOS 



19» 



haya podido dejar huellas, no en el futuro, sino en el presente, no nos queda 
otro recurso que admitir esta invasión, por estar conforme con las leyes foné- 
ticas, ó de lo contrario reconocer una forma esis para venir á parar á eris^ y por 
la ley fonética veintidós á eres: La forma es de la tercera persona está fuera de 
toda duda; en latín era es-t, y por la ley fonética diez y seis quedó en es. Las 
-cuatro formas restantes las explicaremos mejor paralelamente con la raíz sed. 

Baiz sed. — ^Yerbo sedere, infinitivo castellano seder, seer y se¡/er^ ser. De 
esta raíz sed, que se corresponde con la sánscrita sad y con la griega 
i8 = ffeS, formábase en latín el verbo sedere. Lo mismo el verbo que la raíz 
llevaban la idea de permanencia, de estar sentado, como se ve todavía en se- 
dentario, en pre-sidente, en süla=sél'la por sed-la, en cát-ed-ra por cath-ed-ra 
= cata-ed-ra = cafa-sed-ra = silla, y en sed-e (cf. sed-et ad dexteram Patris) 
j en sentar por sed-enlar. 

Del verbo sedere latino es continuador el castellanos^, después de pasar 
por los intermediarios seder y seer, ambos históricos. Con ser y sedere podemos 
formar la siguiente proporción: Ser es á seer, seder y sedere, lo que ver es á 
^eer, veder y vedere ó viderex pues así como ver pasó por los intermediarios 
históricos veer y veder ^ así también ser pasó por seer y seder, y de la misma 
manera que de ver ha quedado proveer, que no llegó á contraerse, así también 
de 5^ f\w^á6 poseer, que tampoco se contrajo, sino que uno y otro se fijaron 
en un estado más antiguo que los simples ver y ser, x siguiendo este paralelis- 
mo, hallaremos que lo que es vea, veas respecto de vedeas, videos, eso mismo 
es sea, seas respecto de sedea, sedeas. 

Para hacer ver que el verbo ser castellano procede del latino sedere, tene- 
mos que demostrar tres cosas: 1.^ que en el latín vulgar el verbo sedere tomó 
la significación de ser, la que tenía el latino esse; 2.®, que la estructura del 
mismo verbo debió sufrir las transformaciones indicadas en la gradación ser, 
^eer, seder, sedere, y 3.^ que todos estos cambios se hallan confirmados por la 
historia de la lengua. Para demostrar que el verbo sedere tomó la significación 
abstracta del sustantivo esse latino, tengo reunidos 227 ejemplos, tomados del 
latín vulgar; y en la imposibilidad de presentarlos todos en una obra tan re- 
ducida como ésta, voy á citar algunos de ellos. El primero que voy á citar 
está tomado de un libro antiquísimo de testamentos de la Catedral de Ovie- 
■do, acerca de los servicios que debían prestar las familias de criazón, que en 
Pravia poseía dicha Catedral. Pertenece al siglo ix, y se halla citado este tes- 
timonio en la Colección de Fueros del Sr. Muñoz, 1.°, 121, nota. Dice así: 



Cassata La familia ó individuos 

de la familia 

de Veremundo. . . de Veremundo 

Ectaz Ectaz 

debent de'ben 

federe ier 

piseatores pescadores 

in Nilone en el Nalón . 

Cassata La familia ó individuos 

de la familia 

de Cipriano. ... de Cipriano 

debent deben 

sedere ser 

baqueros vaqueros. 

Cassata.. ..... Los individuos de la ía- 

• . milia 

ée Freflán d« Froilán 

Calvo. Calvo 

debent deben 

<0 Cf. Müííoz, op. clt. 



sedere ser 

eqaarizos yegüerizos. 

Cassata Los individuos de la fa- 
milia 

Flayno de Flaino 

Guntriguiz Gontriguiz 

debent . deben 

sedere xer 

canaliaos ¿camineros? (*). 

Citi Citiz 

genuit engendró 

VeUití á VeUte 

Garciaz García, 

quorum cuyos 

progenies descendiente» 

debent deben 

esse ser 

canalizos reguero» 

et piseatores. ... y pescadores. 



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200 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

En este precioso testimonio encaénti^se cuatro veces el verbo sedere con la 
significación de ser tan clara, que todo comentario la oscurecería. Sólo hare- 
mos notar que, para mayor seguridad, con sedere alterna u na vez el clásica 
latino esse. 

El testimonio aducido es sólo para el infinitivo; veamos ahora otros en el 
presente de subjuntivo, con la misma significación en las fórmulas de exco- 
munión, alternando con süy presente de subjuntivo de esse: 



Quiquid Quienquiera que 

iedeat sea 

C[ui el que 

isla esta 

hereditate.' .... heredad 

voluerit quisiere 

demandare reclamar 

aut ó 

incontraríare. . . . contrariar 

in prímis desde luego 

sedeat sea 

excomunicatus. . . excomulgado 



de Patrem por el Padre ó del Padre 

et Filium y el Hijo 

et Spirítum. ... y el Espíritu 

Sanctum Santo, 

et sedeat y sea 

separatus separado 

de fide de la fé 

Katolica Católica 

et y 

ad Sancta de la Santa 

mater madre 

ecclesia Iglesia (*)• 



Queda probado hasta la evidencia que el verbo sedere tomó en el latín vul- 
gar la significación abstracta de ser=esse. 

Proceso fonético. — Sedere perdió la e final átona como todos los infinitivos, 
quedando seder por la ley fonética veintiuna. La pérdida de la d de seder se 
verificó por la ley fonética sexta, quedando seer, lo mismo que de crudélis, 
cruel ;fidelis, fiel; credere, creer; rodere, roer; r adere, raer; viderCy vedere^ veer. 

El infinitivo seer, ó mejor dicho la concurrencia de las dos ee, resolvióse en 
castellano por tres procedimientos: 1.°, conservándolos como creer, leer, pro- 
veer, poseer; 2.°, insertando una paladial, singularmente en la Edad Media; 
así creyendo, leyendo, poseyendo en lugar de creendo, leendo,poseendo (cf. leyen- 
do, credendo, posidendó), si bien no puede menos de reconocerse la influencia 
analógica de los gerundios de la tercera en estas formas; el gallego y el portu- 
gués conservan esta concurrencia; 3.°, por la contracción, como en pie por 
piee;fe'porfee,jé&t08]povpiede,fede, 

, El castellano seer empleó los tres procedimientos: el 1.% según se conserva 
en su compuesto poseer; el 2.°, en la Edad Media, al lado de los otros, que cedió 
el campo á la contracción, y el 3.**, el que actualmente poseemos. El mismo 
proceso fonético se siguió en el presente de subjuntivo y en la primera persona 
del singular del presente de indicativo, y además otro de conformidad con la 
ley fonética séptima, por el cual sedeo y sedeas se transformaron primero en 
sedo, sedas, como debeo, deheas en deho y debas. Así sedeo se transformó en««- 
do, seo y ¿sof y sedeas en sedas, seas, como vedeo en vedo, veo y vedeás en ve- 
das, veas; también se encuentra seyas. 

Pruebas históricas de estos cambios fonéticos. 

1 .'' Sedere es la forma latina ya citada, lo mismo que sedeat, 
2.* Seder: <í.He miedo de seder engannadaif (Anónim., sig. xiii, Antolo-- 
gia, M. PfiLAYO, I). 

<i) Donación de una heredad hecha al Monasterio de Eslonca en 1120. 



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VERBOS COMPLEMENTARIOS 201 

(íQuede linage sedes e buena parte venides.y> (Apol., 412.) 
3.* Seer: aEl criador nos lexe bien apressoa 8eery> (Albx., 4). 
«En la poridad seamos nos.» (P. del Cid.) 
aCa omne que 7wn vede, non dehie seer nado.D (Bebc, S. D., 388.) 

4.* Seyer: ^El pecado que nunca en paz sicele seyeri> (Apol., 6). 
«Por cohdicia del hohieron a seyer inalos.j> (P. de José, 3.^ 
dTu seyas oy de mi melezina.y> (Sta, Jf.* Egipciaca,) 

5.*. La forma actual contracta es también antiquísima: nAsmó de ser cléri- 
goy> (Bkro., S. D., 34). aSeré metido, acusado seréi> (F. del Cid). 

¿Qué tiempos están formados de la raíz 5^? Los siguientes: Infinitivo ser; 
futuros seré j seria; participio pasivo sido, arcaico seido; gerundio siendo, ar- 
caico seyendo; presente de subjuntivo sea, seas, sea, seamos, seáis, sean; im- 
perativo sé (iú), sed (vosotros): ^iVarones seet = (sedet) firmes por la fe que de- 
uedesi^ (Albx., 689). <iSed buenos mensajeros^» (P, del Cid), <iSed en uestro 
escanno commo rey e sennorj> (P, del Cid), En este ejemplo, el verbo sed con- 
serva Ja significación de sentar: <íSei=^{sé tú) mi mesaieroy> (Berc, Mil., 310). 
Sei, see = sede. El participio seydo está por sedido, formado según la ana- 
logía de la tercera: <íQue lo e seydo después de biuda)) ( J. Manrique, Anto- 
logia, III). £1 actual sido es contracción de seido 6 seydo. Gerundio sedendo=s 
seendo, seyendo =: siendo: nQí^e tu seyendo virgo oviesses criaturay> (Bercso, 
Loor. 21Ó). 

En el presente de indicativo hay que reconocer dos formaciones en algunas 
de sus personas: una sobre las antiguas formas latinas, otra sobre formas de 
sedere. Hay que eliminar las dos personas segunda j tercera del singular como 
originarias de la raíz es, y son, tercera del plural, que es continuadora de la 
latina sunt por las leyes fonéticas diez y seis y veintitrés. 

La primera persona del singular de este tiempo es en la actualidad y en 
toda la Edad Moderna soy, procedente de la latina sum, y lo mismo que son 
pertenece á la raíz es, siendo sum y sunt aféresis de es-u-m, esunt, y éstas de 
otras más antiguas, ^esrni, *esonti. 

Para llegar desde sum á la actual soy, ha tenido que pasar por algunos in- 
termediarios; el proceso fonético completo es el eiguiente: sum, so, soe, soy. 
Sum es la forma latina de todos los tiempos históricos. La segunda so es efecto 
de las leyes fonéticas quince y veintitrés, y se halla profusamente comprobada 
por la historia: «Cte yo só Rui Diaz Myo pidel de Bivari> {P. del Cid). aGra- 
Cías don abbat, e so mstro pagado» (ibíd.). Con esta forma arcaica so se co- 
rresponde la portuguesa sou. La tercera forma soe, cuyo origen, según W. Me- 
yer Lübke, es desconocido, se halla en el Libro de Alexandre: (íTerne se lo 
comfiriere, que soe bon escriuano:» (ibíd., 5). «Cta non soe de los mocuelos qm so- 
ledes uenfery> (ibíd., 1207). 

¿Está la forma soe en lugar de soi? porque el autor del Libro de Alexandre 
gusta mucho de la concurrencia de vocales fuertes; v. gr.: maores por maiores, 
traedor por traidor, lee por ley, terretorio por territorio, Troa por Trota, se por 
si. En el mismo autor se encuentra ya la actual forma soy: *(.8oy pecador e 
pleno de grant vipioi^ (ibíd., 1542). Pero en este caso nos queda la misma 



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■i 



202 MORFOLOGÍA OBL YEBBO 

V 

difícnltad, porque si ignoramos el origen de la é de soe, tampoco es conocida 
la i del mismo = y. Lo único que ¡^emos decir es que en el provenzal se 
halla la forma soi. El desarrollo de soy hay qne buscarlo especialmente en el 
siglo XV, aunque existe ja en el xiii y xiv: cCa por el soy yo mortah {P. de 
José, 219). « Yol dixe: de grado. Mas soy casadoy^ (Fita, 1032). 

Somos, — La primera persona del plural somos procede indudablemente del 
latino summus, que se explica por las leyes fonéticas diez y siete y veintitrés. 
Parece que la antigua forma so de la primera persona del singular influyó so- 
bre la primera del plural somos: dSomos en uestra merced, e hiuades mucho» 
annosi> (P. del Cid). 

La segunda persona del plural sois no puede explicarse por el latino estis^ 
ó hay que reconocer que es una forma analógica de so, somos, ó si no es una 
procedencia de sedetis; yo opino que es originada por esta última. De manera 
que las formas procedentes de la raíz es en este tiempo son: soy, eres, es, so- 
mos y son. 

Formas del presente de indicativo derivadas del verbo sedere. — Son formas de- 
rivadas de seclere la arcaica seo, la popular sernos y la actual sois. 

Seo. — Si de vedeo, vedo resultó veo, nada tiene de extraño que de sedeo, 
sedo resultara seo. Efectivamente, en la época arcaica del castellano encuén- 
trase con alguna frecuencia: 

(í£Jl auer ^ue me diste^ bien seo segurado, 
Buenos testigos tengo, bien te lo e pagado. y) 

(Berc, S. MiU., 689.) 

€Tu mueres gtce yo viva, en esto firms seo» (ibíd., Loor. 95). ^Quiero par^ 
ttr el regno quando conuosco seoí^ (Alex., 2470). Esta forma se extinguió en 
la Edad Media. 

Sernos. — La forma sernos está muy en boga todavía en el lenguaje popular. 
Esta forma procede de sedemos, lo mismo que vemos de vedemos, pasando por 
seemos, veemos. 

Sois. — Esta procede indudablemente de sedetis. Directamente, sois nos 
lleva á sodes por el intermediario soes, formas todas ellas comprobadas por la 
historia: «O sodes. Róchele Vidas, los mios amigis carosa {P. del Cid), ^Jíar- 
tin Antolinez sodes ardida langa (ibíd.). De esta forma abundan los ejemplos. 
El intermediario y sincopado soes lo encontramos en el siglo xiv: 

ce A la dan9a mortal yenit los nascidos, 
que en el mundo soes de cualquiera estado. d 

(Dwnga de la Muerte.) 

«Venid á mi dancá, pues soes mortal.» 

(Ibíd.) 

Y asi como al lado de soe hemos encontrado soy, asi al lado de soes también 
se encuentra la tercera y actual forma soys: 

ocEllas dixeron: Amigo, 
Non soys yos el que buscamos. x> 

(üiiWTiLL., Ant., 2.«) 



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V^EaBOS COMPLEMENTARIOS 208 

(Ibíd., Serr. III.) 



tfJaro por Santana 
Que non 9oys Tillana.)> 



uA ella volví 
Diciendo: Locana, 
¡Fj soyg V08 villana?)) 



(Ibíd.) 



¿Pero es sodes una modificación de sedes, como yo opino? Me fundo para 
ello: 1.", en la correBpondencia entre sedit, seve j sovo; entre estetit, estede, es- 
iodo j estovo, y entre credidit, credü, crede y crovo; 2.**, en un testimonio del 
Libro de Apolonio, que dice: ílQus de linage sodes, de bmna parte venides-» 
(Apol., 412). El Sr. Marqués de Pidal pone: <íQue de linage sedes é buena 
parte venides (^). Yo creo que las dos lecciones proceden de sedetis, pasando 
por sededes, seedes, sedes, sodes. De no ser así, hay que reconocer una influen- 
cia de las formas so, somos, son, como quiere Meyer Lübke. 

Formas derivadas de la raíz sed, y con el sentido de ser y estar, encuén- 
transe en abundancia en la Edad Media, en el pretérito imperfecto sedia, se- 
dias, etc. Las más notables son las de los perfectos sove, sovo, sortera, soviese, 
soviere, de que ya hicimos mención al hablar de tovo, tuvo y de estovo, estuvo. 
Vamos á añadir algún ejemplo más: dDezie a las y entes que souieseen queda- 
dasy> (ÁLEX., 405). «Las /atas essa noche encendidas souioron^ (ibíd., 2016). 
0i¿Del otero que sovi, qui me a derribado?!^ (Berc, Milag., 751). <íDario en es 
comedio non souo en uagari> íAlex., 1278). 

Todas estas formas han desaparecido. Las formas procedentes de la raíz sed 
entraron, lo mismo que las otras, á desempeñar las funciones de auxiliar en 
la voz pasiva. Es extraño que Meyer Lübke ponga el presente de subjuntivo 
como continuador de un siam, sias, siat vulgar, que entre nosotros no se co- 
noce. 

La forma sea, ni morfológica, ni fonética, ni históricamente, puede en 
castellano sostenerse que tenga el origen que parece atribuirle el célebre 
autor. Verdad es que en otro lugar (pág. 286, II), dice, hablando del portu- 
gués seja, que esta forma descansa evidentemente sobre sedeam, á pesar de 
haber colocado seja portugués con sea castellano en el mismo cuadro de los 
verbos de otros idiomas, c^ue cree proceden de siam, sias, siat, siamos, siatis, 
si^nt, más ó menos histórico. 

Vbbbo ir. — El verbo ir castellano es continuador del latino iré. Proceden 
de la raíz i, que en general significa marchar, pasar de un punto á otro. Esta 
raíz se encuentra en i-da, itinerario (cf. el lat. vulg. i-ta et venita), trans-i- 
to, sub'i'to y otras muchas. 

Este verbo era completo en latín, pero en castellano se encuentra fraccio- 
nado, y en lugar de los tiempos perdidos de esta raíz se encuentran formacio- 
nes procedentes de las raíces vad jfu; son, pues, tres las raíces que han in- 
tervenido en la constitución del verbo casteUano «r, y éstas son i, fu y vad. 
Empezaremos por la más sencilla, que es fu. 

Raiz /ii.— De esta raíz proceden los cuatro tiempos del cuarto grupo, ó 
grupo de los perfectos; mejor dicho, son los mismos cuatro tiempos que he- 

(«> V^tfte la edición de D. Flobrucio Jaubb. 



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204 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

mos señalado en el verbo ser y con la diferencia de qne sin cambiar la estroc- 
tura, recibieron en el latín vulgar la significación de marchar. Son por 
tanto: 

Grupo 4.° fui, fuiste, fué, fueron; fuera, fuéramos; fuese, fuésejuos; f^ere, fuéremos; etc., etc. 

No tenemos que hacer más operación sobre estas formas (jue probar que en 
el latín vulgar el clásico fui, fueram, etc., recibió la significación de movi- 
miento; pues de no hacer esto, podría atribuirse el origen de estos tiempos al 
verbo fuir, huir, principalmente por quien no tiene masen cuenta que el cas- 
tellano actual. Tenemos abundantes pruebas en el latín vulgar de este cambio 
de significado: ^aCavalleiro si de su tierra exierit, et ad Mauros fuerit» = «T^ 
él caballero si de su tierra saliere, y fuere á los Moros» (Confirm. de los Fue- 
ros de León por Doña Urraca en 1109). <íEt Cavalleiro qui ad Mauros non 
fuerit j> ^= <lY el Caballero que no fuere á los Moros» (ibíd.). ^Simili modo, qui 
hoves vel voceas quefuerint ad arandum pi^gnoraverit)) = ^Del mismo modo el 
que prenda/re los bueyes ó las vacas que fueren a arar» (Decreta que Dominus 
Aldefonsus Rex Leg,,. et Gall. conslituit, 1202). ^Didaco Pérez.,, pignoravit 
nostro ganato, et fuimus post illo)) = a Diego Pérez,,, prendó nuestro ganado, 
y fuimos en pos de éh (Fuero de Castrojeriz). n Alia vice fuimus ad Filero 
cum Alvaro Cosides» (ibíd.), <íOtra vez fuimos a Filero con Alvaro GosidesT^, 
^Ego fui ad domum S, lacobi et petivi benedictio7iemy> (Esp, Sag,, t, XÍX, 
siglo x). 

La formsí fui, fuy, áefuir, podría ofrecer alguna dificultad, como cuando 
dice Santi llana: aFuy de la caridaí e caridal mefuyó^. Las formas proceden- 
tes áefugir, fuir, huir, llevan generalmente una y, fuy o, fuy era, y otras el su- 
fijo si, so, xo; V. gr. : nFuxerunt á Asturias» = aFueron d Asturias ó huye- 
ron á Asturias» (Esp, Sag,, t. XXXVIII, trad. de la Crónica del Arzobispo 
D. Rodrigo). €El diablo fusso m^l crebantado» (Bbrc, Loor. 193). 

Para mí está fuera de duda que fui, fuera, etc., con la significación de 
marchar, son las mismas formas que las que se juntan con el verbo ser, 

Raiz i, — De esta raíz conservamos: a) El 2.** grupo de tiempos, que es: 

Latín. . . . ibain, ibas, ibat; ibamus, ibatís, ibant. 
Castellano, iba, ibas, iba; íbamos, ibais, iban. 

Jll sufijo ba latino se ha conservado íntegro en este verbo; es el único *de 
la tercera conjugación que lo mantiene, como recuerdo de lo que fué en otro 
período de la lengua, b) El infinitivo ir, j los futuros iré, irás, irá; iremos, 
iréis, irán; tria, irias, iría; triamos, iríais, irian, c) El participio pasivo ido, 
latín * lo, j el gerundio yendo = iendo, d) La segunda persona del plural del 
imperativo id (vosotros), cf. ile, it (P. del Cid), id. Encuéntrase también 
ide = ile: <LAued uestro conseio, e yde-uos = (ide vos) faulan) (Alex., 1449). 
Irnos é ides en el presente de indicativo, correspondientes á las latinas 
imus, ilis: oírnos a lafapienda a muy grant pereza» (Berc, S. Laur., 71). 
«Ciw tan cruas palabras me y des munsillando» (L. Ayala, Bim. 1100). Estas 
han sido sustituidas por vamos, vais, 

Raiz vad, — Con esta raíz vad, sánscrito gadh, se formaba el verbo latino 
vadere, que no se usaba más que en los tiempos imperfectos, con la significa* 
ción de marchar, pasar de un punto á otro. De esta raíz tenemos vad-o, in-vadir, 
in-va-sián, por *in'Vad'SÍon, e-vad-ir y e-vasion = ^e-vad-sion. 



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VERBOS COMPLEMENTARIOS 205 

Este verbo fué muy usado en el latín vulgar en los presentes, j de él nos 
han quedado las formas de aquel grupo, á excepción de id^ del imperativo, 
que procede de la raíz i. 



T PKKS. DR INDIC. . 



!Lat:. vado, vadis, vadit; vadímus, vaditís, vadunt. 
CaH. voy, vas, va; vamos, vais, van. 



_ _ „ f í LaL. vade. 

Grupo l.°í IMPKRATIVO. . . .{ ^ . 

^ \ > Casi. ve (tú). 



PRBS. DK SUBÍ. 



íLat.. vadam, vadas, vadat; vadamus, vadatts, vadan 
'j( Ca$t, vaya, vayas, vaya: vayamos, vayáis, vayan. 



Las diferencias entre las formas latinas y castellanas se explican: 1.", por 
la pérdida de la d entre vocales, según la ley fonética sexta; 2.**, por la inser- 
ción de la paladial y, según la ley fonética doce. 

De manera que el proceso fonético de vadas, etc., etc., ha sido vadas, vaas, 
nayas. En vas, va, vamos, vais, vas empleóse la contracción, lo cual no deja 
de ser raro. Vadis, vadit, vadimus, vadunt, debieron dar vaes, vae, vaemos, 
vaen; cf. caes, cae, caemos, caen. 

La primera pereona voy ha pasado de vado por vao, vo, voy, y la segunda 
del plural vadiíis, vadides, vaides, vais, si es que no está calcada sobre la base 
vam4)s. 

De estos cambios, supuestos con arreglo á las leyes fonéticas, se hace difícil 
encontrar ejemplos: aVades, amigo, con Diosi> (MtraiCA, AntoL, II). Esta 
forma nos autoriza á suponer que antes de perderse la d se transformaron 
vadis, vadit en vades, vade, y luego en vaes, vae. De esta manera puede ex- 
plicarse mejor la pérdida de la e ei). vas, va, conservada en ca-es, cae: nEl 
omne que enfdcienda e en lid uay {vai = va)"» (Albx., 1468). La forma vai 
se conserva en gallego. La forma voy se encuentra ya en el siglo xv. La 
forma anterior vo guarda exacta correspondencia con el gallego y portugués 
vou. La del imperativo ve, de vae, vade, es antigua: 

(LAmigo, ve tu via; 
Grádemelo á Dios, que ims con meioría.» 

(Berc, S. D., 350.) 

El gallego conserva irnos, ides, en lugar de nuestros vamos, vais. Estas for- 
mas se hallaban en el castellano arcaico. 

El presente de subjuntivo en gallego es vaya ó vaa, vayas ó vaas. Este 
procedimiento nos da á conocer que la inserción de la paladial y es posterior 
a la pérdida de la d en vadas, vaaa, cuyo proceso fonético ha sido, según he- 
mos d.\Ci\iox vadas, vaas, vayas, etc., etc. Esto nos impide admitir vadias, 
vaias, vayas, como algunos quieren suponer. 

No es exclusivo del castellano el completar un verbo con formas de diver- 
sas raices; también los tenia el latinen sum y sus compuestos, f&ro y los su- 
yos, /ocw j fio. En la actualidad los poseen el francés, el italiano, el portu- 
gués y el gallego. 



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HOe MORFOLOGÍA BBL YBBBO 



CAPITULO IV 

VERBOS DEFECTIVOS 

Se llaman asi los verbos que no se usan en todas las formas de que dispone 
la conjugación castellana. Asi, los unipersonales como llover, neva?', tronar, 
amanecer, anochecer, oscurecer, granizar, helar y otros, se usan tan sólo, por 
regla general, en la tercera persona del singular. Lo mismo sncede con los 
verbos concernir, convenir (en sentido de interés, me conviene). Otros como so- 
ler, abolir, garantir, no se emplean en ciertos tiempos. Sin embargó, la Mor- 
fología no tiene léjes especiales para excluir de su formación total á ninguno 
de los verbos que se miran como defectivos. Ninguna ley de estructura se 
opone á que se forme lloveré, soleré, abóles y garantes. El emplearlos en esta 
forma y dejar de emplearlos en otra es cosa que toca al uso; por tanto, los ver- 
bos defectivos donde principalmente deben estudiarse es en la Sintaxis. Por 
otra parte, estos verbos defectivos siguen en su formación las leyes generales 
de la conjugación regular, como sucede con granizar, y cuando no, están 
comprendidos en algunos de los irregulares, que quedan estudiados, ya por 
agrupaciones, como llover, llueve, llueva; amanecer, amanezca, ya en los aisla- 
dos, como raigo y roigo, no quedando nada por decir respecto a su estructura, 
que es de lo que principalmente se ocupa la Morfología. 

De estos defectivos, solamente de dos, qne son raer y roer, vamos á ocu- 
parnos brevemente. 

Raer y roer. — Estos verbos proceden de los latinos raáíere y rodero, con- 
vertidos en raer y roer por la ley fonética sexta. Sus raices son rai, rod. Los 
dos han suñrido transformaciones idénticas á las del verbo caer, quedando en 
los grupos segundo, tercero, cuarto y formas nominales en el mismo estado 
que aquél; por eso nada decimos de las formas de aquellos grupos. 

En el primer grupo, de las catorce formas que suman los tres tiempos, siete 
de ellas, raes, roes-, rae, roe-, raemos, roemos; raéis, roéis; raen, roen; rae, roe; 
raed, roed, se bailan igualmente en el mismo estado que las de caer. 

En las siete^r estantes, rao, roo; raa, raas; roa, roas, etc., ó sea en la prime- 
ra persona del singular del presente de indicativo y en todo el subjuntivo, 
los verbos raer y roer presentan algunas diferencias respecto á las de caer. 
Consiste esta diierencia en que de los cuatro estados por que han atravesado 
estas formas para llegar de cado por cao, cayo á caigo, y de rodo, rodo á raigo, 
roigo, que son las más modernas, el verbo caer ha perdido los estados inter- 
medios cao y cayo, coa y caya, mientras que raer y ro&r los han conservado» 
como puede verse en los siguientes cuadros: 





PRESENTE DE INDICATIVO 






1.* PBHSOITA DBL SIXODLAI 






Lalin. 


Castellano. 




cado. . 


.... cao 


cayo, 
rayo. 


caigo, 
raigo. 


rado. . 


rao. 


rodo. 


roo. 


royo, 


roigo. 



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VERBOS DEFECTIVOS 



207 



PRESENTE DE SUBJUNTIVO 



1." PP.RSONA DKL SINGULAR 

lAiUn. Castellano. 



vadam caá, caya, caiga. 

rndam.. . . . raa, raya, raiga, 
rodam roa, roya, roiga. 

2.' PERSONA DEL SINGULAR 

cadas caas, cayas, caigas. 

radas raas, rayas, raigas. 

rodas roas, royas, roigas. 

3." PERSONA DEL SINGULAR 

cadat caá, caya, caiga. 

radat raa, raya, raiga. 

rodat roa, roya, roiga. 





1.' PERSONA DEL PLURAL 


Latin. 


Castellano. 


cadainus.. 


. . caamos, cayamos, caigamos. 


radamus.. 


. . raamos, rayamos, raigamos. 


rodamus.. 


. . roamos, royamos, roigamoi^. 




2." PERSONA DEL PLURAL 


cadatis.. . 


. . caáis, cayáis, caigáis. 


radatís.. . 


. . raáis, rayáis, raigáis. 


rodatis.. . 


. . roáis, royáis, roigáis. 




3.* PERSONA DEL PLURAL 


cadant.. . 


. . caan, cayan, caigan. 


radant.. . 


. . raan, rayan, raigan. 


rodant.. . 


. . roan, royan, roigan. 



De estas formas, ¿caáles están en uso? Atendiendo á la eufonía, debieran 
preferirse las que llevan la paladial y, ó el grupo tg, á las simplemente sinco- 
padas, que se han originado por la pérdida de la d, j muy especialmente 
cuando concurren dos vocales idénticas, como en roo, raa, raas, etc., porque 
la razón de haberse introducido dichos sonidos y, ig, es indudable que ha sido 
el evitar el hiato que resulta del contacto de aquellas vocales. 

La Real Academia, en su Oramática, hablando de las formas del verbo 
raer, dice que raigo^ raiga deben ser preferidas á las demás, en lo cual atiende 
á la eufonía y al deseo de evitar la confusión con formas del verbo rayar. 

Ocupándose de las formas del verbo roer, manifiesta la docta Corporación 
que es preferible la forma roo á royo j roigo (á pesar de su cacofonía), j tra- 
tándose de las formas del subjuntivo roa, roas, etc., añade que no hay razón 
para dejar de conjugar el verbo roer en las formas regulares, que son roa, 
roas, etc. 

Gomo se ve, la Real Academia, á pesar de su grandísima autoridad, no 
proscribe en absoluto el uso de las triples formas roo, royo, roigo; raa, raya, 
raiga, contentándose con indicar las que le son más predilectas. Siendo de uso 
no muy común estos verbos, y con especialidad en ciertas formas, hácese di- 
fícil precigar su empleo. Los gallegos conservan también royo y roya al lado 
de roa. En la Edad Media eran preferidas las formas que llevaban la pala- 
dial: ^E sea guardado ea el comer, que non roya hueso)) {Libro de la Montería 
del Bey Don Alfonso, citado por la Real Academia). (íQuien coma la came, 
roya los huesosi> {Esiebanillo González, citado por la misma Real Academia). 
^Cuando nace la escoba, nace el asno que la royaj> (Refrán citado por Salva 
en su Gramática). ^Por el cabrón que traegrand barba se entiende los de monte 
faó á los del Oistel que traen grandes barbas e non consienten que ge las rayan 
(Libro de los Gatos, Lili). Quevedo prefiere las formas simplemente sinco- 
padas: 

«Yo te antaré mis Tersos con tocino 
Porque no me los roas, GongoríUa.}!> 

(Citado por la R. Academia.) 



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208 MORFOLOGÍA DEL VERBO 

«Tendrá menon zancajoB que le roan los maldicientes.)» 

(QüBV., La FisoTwmia.) 

En la Edad Media se encuentran algunas formas que mantienen la ¿/etimo- 
lógica: ^Con aquestos mis dientes rodrepoco á poquilloi> (Fita, 1405). ^Rodia 
cruda maiella, amarga pitanza-» (Bbrc, Duelo 165). Pero también se en- 
cuentra la firma actual roer: aMas quiero roer faha seguro en pas:» (Fita, 
1359). Con estos datos puede reconstituirse el infinitivo en todo su desarro- 
llo: rodere, roder^ roer, roier. 



FIN 



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ÍNDICE 



PAGINAS 

El método histórico en los estudios lingüísticos lá v 

La Fonología como auxiliar del método histórico v á vii 

Períodos en la historia del idioma castellano vii á xn 

Lá comparación en las lenguas xii á xiii 

La escuela empírica y el criterio de las apariencias xiii á xiv 

Inconvenientes y ventajas del método histórico y comparado xiv á xvi 

Morfología del verbo castelLmo. . , xvi á xviii 

Leyes fonéticas que han intervenido en la formación del verbo cas- 
tellano xviii á XXII 

El nuevo criterio de la analogía xxiiáxxviii 

Ideología general del verbo. — Su etimología, — Su concepto. — Su de- 
finición y división lá 4 

Complejidad del verbo castellano. — Su estructura. — Plan de las mate- 
rias que hay que estudiar en él 4 á 6 

Análisis del verbo castellano.-^— Parte subjetiva.— Las personas, los 

números y la voz. — Exponentes personales. 7 á 1& 

Parte circunstancial del verbo castellano. — Los tiempos y los modos. 

— Sufijos temporales y modales , 18 á 30 

Parte atributiva del verbo castellano. — Sufijo3 formativos especiales 

del verbo castellano 31 á 48 

Parte atributiva del verbo castellano. — De los sufijos formativos ge- 
nerales del verbo castellano 48 á 69 

Parte atributiva del verbo castellano. — Elemento invariable de la par- 
te atributiva ó radical • 69 á 77 

Del acento en el verbo castellano 77 á 81 

Resumen de los efectos de la analogía 81 

Parte sintética del verbo castellano. — La conjugación. — Su concepto. 

— Su número. — Grupos de tiempos ■. 82 á 8& 

Cuadros sinópticos de los tiempos sintéticos en activa 86 á 89 

Cuadros sinópticos de los tiempos perifrásticos en activa 89 á 90 

Cuadros sinópticos de la voz pasiva. . 90 á 93 

Cuadros sinópticos de la conjugación perifrástica de f utuío 93 á 94. 

Verbos que se rigen por leyes especiales, ó sea verbos malamente lla- 
mados irregulares 95 

Clase de la alternativa fonética entre la vocal e y el diptongo ¿e.. . . 95 á 98 

Clase de la alternativa fonética entre la vocal o y el diptongo ue, . . 98 á 101 



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210 ÍNDICE 

Clas^de los incoativos 101 á 105 

Clase de contracción de vocales ti 106 á 108 

^Cla8e de la alternativa fonética entre las vocales e, i 108 á 112 

Clase mixta de alternativa fonética y de contracción de vocales. ... 112 á 114 

Clase mixta de alternativa fonética 114 á 115 

Qose de la inserción de la paladial y contra el hiato 115 á 118 

Clase mixta de alternativa fonética en los verbos dormir y morir, . . 118 á 120 

Verbos irregulares aislados.— Serie primera 120 á 122 

Verbo salir 122 á 124 

Verbo valer x 124 á 125 

Verbos asir y desasir 125 á 127 

Verbo caer 127 á 129 

Verbo erguir 129 á 130 

Verbo oir 130 á 132 

Verbo yacer 133 á 134 

Verbo pudrir 134 

Verbo ver 134 á 140 

Verbo dar . , 140 á 141 

Serie segunda de verbos aislados 141 

Verbo hacer y sus compuestos 141 á 143 

Verbo venir 143 á 145 

Verbo quereí" 145 á 147 

Verbo poner 147 á 149 

Verbo poder 149 á 151 

Verbo placer ^ 151 á 153 

Verbo caber 153 á 156 

Yerbo saber . 156 á 158 

Verbo tener 158 á 162 

Verbo haber 162 á 173 

Verbo estar 173 á 177 

Verbo andar 177 á 184 

Serie tercera , 184 

Decir y sus compuestos 184 á 187 

Verbo conducir y otros compuestos de ducere, 187 á 188 

Verbo traer 188 á 192 

Cuadros sinópticos de verbos irregulares aislados 192 á 196 

Verbos complementarios. — Verbo ser 196 á 203 

Verbo ir 203 á 206 

Verbos defectivos 206 

Verbos raer y roer 206 á 208 



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FE DE ERRATAS 



PÁGINA 


LÍNEA 


DICE 


DEBE DECIR 


IX 

1 
1 

12 
12 


48 y 49 

15 

15 (nota) 

9 

34 


en siempJos 

Etymologischer 

dannaire 

No sacastes 


ensiemplos 

Etymologiscfiss 

dannarie 

Non sacastes 


14 


21 


en ees 


en aes 


33 
36 


37 
32 


plic-ni, fric-ní 
en amou. La forma amou 


plíC'UÍ, fric-ui 
en amau. La forma amau 


45 
51 


20 
26 


en amantte mont, 
los latinos moneo 


en amant, mont, 
los latinos moneo 




25 
2^ 


y justa 
defín ia-mos 


y junta 
defín-i-amos 


57 
57 
57 
63 


8 

22 
45 
19 


PARTICIPIO 

castellanos 

los de preño 

vosco 


PARTICIPIOS 

los castellanos 

los de premo 

no 'SCO 


€3 


19 


vo 


no 


63 


25 


VO SCO 


nO'Sco 


64 
66 


46 
12 


se conocen 
se debilitaba en í ó ^. 


no se conocen 
se debilitaba en t. 


66 


16 


de ae-to 


de ac'to 


71 
75 

76 
76 
76 


41 
33 
. 6 
18 
32 


capitel corinto 
conglobaba bajo 

exponente mus 

se fijaron tal vez 

un solo mus 


capitel corintio 

conglobaba en 

exponente mos 

se fijaron 

un solo mos 


76 

77 
78 


37 
29 
15 


sucede con mus 

de dos ó más silabas 

castellano termino 


sucede con mos 

de más de dos silabas 

castellano termino 


78 


36 
33 


pariii 

UíDfCATIVO 


parliu 

FÜT. CONDICIONADO 



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212 




FE ]>B KBRATAS 


PÁGINA 


LÍNEA 


DICE 


98 


40 


PERIFRÁSTICA 


94 


6 


FUTURO CONDICIONAL 


94 


11 


PRESENTE DB INDICATIVO 


94 


17 


FUTURO CONDICIONAL 


97 


18 . 


en siemptos 


101 


32 


disimulación 


112 


13 


disimulación 


116 


^¿ 


de clauderBy latino 


121 


8 


tres clases, 


121 


31 


de la tercera 


122 


29 


salió, 


126 


37 


Este verbo, 


140 


15 


ve-mos, vi; 


142 


40 


(cf . fii-é, que primero era 

fec-e). 


154 


40 y 41 


que *queepo y *qmepa se 
contrajeran en quepo y 
qu&pa. 


156 


21 


idíeete 


160 


31 y 32 


CON PÉRDIDA DB LA U 


160 


48 


y morfológicod, tal 


162 


20 


Tales son vi-ni-ste. 


164 


31 


por los intermediarios hae. 


170 


5 


(Cjc. in lat., 4.*), 


172 


2y3 


y si es todavía un ele- 
mento, 


184 


26 


en dicha semivocal / . 


189 


11 


trahedes, 


191 


1 


«Ga siempre la lengtrn 



^ 



DEBE DEClk 



PEBIFRASTICA DK rUTUUO 
FUTURO OONUlCiaNADO 

PKESlslMTE DE INFINITIVO 
FUTURO (JONDICIONADO 

ensiemjihs 

ditimiJacióu 

dÍBimüación 

dei latino daudere 

tres series 

de la tei^cera conj ligación 

Este yerlK) asir^ 

v^emoSj vi; 

(cf. fu-é), que primero era 

féc-e, 

^queepo y *qmepay y con- 

traídos quepo y que¡m^ 

COIÍ PÉRDIDA Da LA n 

y otroB morfológicoSj como 

Tales son vin-t-ste, 

por el intermediario h^té. 

rCiü. in Cat,, 4.»), 

y si es todavía 

en dicha semivocal / den la*'. 

traedes^ 

Que Múmpre en ¡a lengtta 



Tetnán de Chamartin.— Imp. d€ BalUy-Bailliire ^ HJj». 



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UlfREKlA BDITOIUAI íAiLLy-BAlLUlíRR t HTJ08 

- FUcí tiu ScMita An». tiAm. 14). Madrid - 



PRIMERA 



GRAMÁTICA ESPAÑOLA 



RAZONADA 



MaQoel Hilaria Díax-Robio y í^tmm. 



üi FAVA EDlClüN 



cxJnitEior- 



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